III. NOTAS Y ACOTACIONES EN LIBROS

JOSEPH DIETZGEN. «PEQUEÑOS ESCRITOS FILOSOFICOS”200

STUTTGART, 1903

EL SOCIALISMO CIENTIFICO

(“VOLKSSTAAT” 1873)

[2-8] El socialismo contemporáneo es científico. De la misma manera que las ciencias naturales no sacan sus tesis de la cabeza, sino que las toman de la observación sensual de la realidad material, exactamente del mismo modo las doctrinas socialistas y comunistas del presente no son proyectos, sino sólo reconocimiento de hechos que existen realmente...

La sociedad a que aspiramos se diferencia de la existente sólo por cambios de forma. Esto quiere decir que el mundo del porvenir existe ya de hecho, materialmente en el mundo de hoy como el pollo existe materialmente en el huevo. El socialismo comunista del presente no es tanto un partido político, aunque ya ha madurado considerablemente para ello, cuanto una escuela científica...

De la misma manera que las armas torpes de los antiguos fueron una etapa indispensable para llegar a los fusiles perfeccionados de distintos sistemas de hoy, las especulaciones metafísicas de Leibniz, Kant, Fichte y Hegel no fueron más que condiciones o vías ineludibles para lograr finalmente el conocimiento físico de que la idea, el concepto, la lógica o el pensamiento no son hipótesis, no son premisas, sino, ante todo, el resultado de un fenómeno material...

Para la religión la idea es la causa primera, lo que crea y pone en orden la materia. La filosofía como hija de la teología ha heredado, como es natural, mucha sangre materna. Tan sólo su desarrollo histórico a lo largo de las generaciones ha podido

200 En el libro de J. Dietzgen Kleinere philosophische Schriften. Eme Auswahl (Pequeños escritos filosóficos. Selección), 1903, entran 7 artículos publicados en 1870-1878 en los periódicos socialdemócratas alemanes Volksstaat (Estado Popular) y Vorwärts (Adelante), así como el trabajo Streifzilge cines Sozialisten in das Gebietder Erkenntnistheorie (Excursiones de un socialista por el campo de la teoría del conocimiento).

Las observaciones y acotaciones de V. I. Lenin en el libro de J. Dietzgen están hechas con lápices de distintos colores y, por lo visto, no en un mismo período. La mayor parte de las observaciones de Lenin fue escrita durante la redacción del libro Materialismo y empiriocriticismo, en el que fueron utilizadas en medida considerable (véase O.C., t. 18); por lo visto, Lenin volvio al libro de Dietzgen también en 1913 con motivo del artículo En el XXV aniversario de la muerte de Joseph Dietzgen ( tomo 23, págs. 122-1 25) . En varios casos Lenin señala las ideas acertadas de Dietzgen con la letra “a”, y los casos deabandonodel materialismo dialéctico, con la letra “0”. Con sus acotaciones, Lenin destaca la caracterización queda Dietzgen del partidismo en filosofía, la relación entre la filosofía y las ciencias naturales, el objeto de la filosofía, las categorías filosóficas básicas, el problema de la cognoscibilidad del mundo, la apreciación de Kant, Hegel y Feuerbach, la actitud ante C. Marx y F. Engels, así como el ateísmo militante de Josef Dietzgen. Al propio tiempo, Lenin hace constar la confusión de Dietzgcn en las categorías filosóficas, las tentativas de éste de “ampliar” el concepto de materia incluyendo en él “todos los fenómenos de la realidad y, por consiguiente, nuestra capacidad de conocer”, etc. (véase asimismo las notas 44 y 76).

surtir un resultado científico antirreligioso, el conocimiento irrefutablemente cierto de que el mundo no es un atributo del espíritu, sino, al contrario, el espíritu, el pensamiento, la idea son uno de tantos................

Hegel hizo llegar la ciencia, si no hasta la cumbre misma, en todo caso a una altura que dos de sus discípulos, Feuerbach y Marx la escalaron...

Marx, el fundador del socialismo científico, logra los más brillantes éxitos al aplicar la ley lógica de la naturaleza —el reconocimiento de la aplicabilidad absoluta de la inducción— a las ciencias que hasta ahora sólo han sido tratadas especulativamente con desdén...

Donde se trata de fenómenos concretos, valga la expresión, de cosas sensibles, este método del materialismo ha triunfado ya hace tiempo...

Si nos retiramos a la celda solitaria para buscar, en profunda especulación, por decirlo así, en las honduras de nuestro cerebro, el auténtico camino por el que nos proponemos marchar mañana, hay que tener en cuenta que semejante tensión del pensamiento sólo puede tener éxito porque ya antes, quizá sin darnos cuenta, con ayuda de la memoria, llevamos del mundo a la celda nuestra experiencia y nuestras vivencias.

En ello, hablando con rigor, consiste precisamente todo lo curioso de la especulación filosófica o deducción: ésta implica la posibilidad de conocimiento sin base materiál a partir de las profundidades del cerebro, mientras que, en realidad no es más que una inducción inconsciente, pensamiento y pruebas sobre una base material, pero indefinida y, por lo tanto, confusa.

Por otra parte, el método inductivo se distingue sólo por deducir conscientemente. Las leyes de las ciencias naturales son deducciones que el cerebro humano ha sacado del material empírico. Al espiritualista le hace falta material, y al materialista, espíritu...

“Nosotros —dice Federico Engels— presentamos la realidad tal y como es. Proudhon presenta a la sociedad moderna la exigencia de no transformarse con arreglo a las leyes de su propio desarrollo económico, sino de conformidad con las prescripciones de la justicia.201 Proudhon es aquí un típico representante del pedantismo anticientífico general.

El socialismo contemporáneo se halla muy por encima, ya merced a su origen filosófico. Esta escuela, teóricamente unánime, firme y cohesionada, hace frente a la infinita dispersión de sus adversarios políticos que resaltan por lo abigarrado sin fin de matices desde la izquierda hasta la derecha. Lo que la fe religiosa tiene en el dogma —la base definida firmemente de antemano—, la ciencia del socialismo inductivo tiene en los hechos materiales, (mientras el credo político del liberalismo posee también su genio, como digamos los conceptos ideales, las ideas de la “justicia” eterna o la “libertad” eterna, sobre los que, como pretende, se asienta...

A la vez que insistimos en que los intereses materiales son los dominantes en el mundo, no negamos con ello los intereses del sentido, del espíritu, del arte, de la

201 J. Dietzgen cita inexactamente el trabajo de F. Engels (Contribución al problema de la vivienda (véase C. Marx y F. Engels. Obras, 2 ed. en ruso. t. 18, pág. 269).

ciencia y otros ideales.

No se trata de una oposición ya eliminada entre los idealistas y los materialistas, sino de su suprema unidad...

Aquí el cristianismo trata de objetar asegurando que en las más diversas condiciones de producción ha predicado su verdad invariable. Si quiere probar de esta manera la independencia del espíritu respecto de la materia, de la filosofía respecto de la

economía, se olvida por completo de la frecuencia con que mudaba de capa...

[10-11] Por supuesto, el individuo puede elevarse por encima de su conciencia de clase y rendir lo debido al interés común. Sieyes y Mirabeau, pese a que pertenecían al primer estado, defendían los intereses del tercer estado. Pero estas excepciones no hacen más que confirmar la norma inductiva de que, al igual que en las ciencias naturales, lo material en política es una premisa para lo espiritual.

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El tomar el sistema hegeliano como punto de partida para el método materialista podría parecer, desde luego, una cosa

contradictoria porque, como es sabido, la “idea” ocupa en él un lugar aún más prominente que en cualquier otro sistema especulativo. Pero la idea hegeliana quiere y debe hacerse realidad y, por consiguiente, es un materialista disfrazado. Y a la inversa, la realidad se halla allí encubierta por la careta de la idea o del concepto lógico...

El método inductivo saca del hecho material la conclusión ideal. Es simplemente asombroso su parentesco con la concepción socialista, que coloca la representación ideal en dependencia de la necesidad física, el partidismo político, de las relaciones materiales de producción. Este camino científico corresponde también a las demandas de las masas, en lo tocante a las cuales se trata, en primer término, de la existencia material, mientras que la clase dominante insiste en el principio deductivo, en el prejuicio anticientífico de que el desarrollo espiritual, la educación y la enseñanza deben preceder a la solución material del problema social.

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LA RELIGION DE LA SOCIALDEMOCRACIA

SEIS PREDICAS

(“VOLKSSTAAT” 1870-1875)

[12-17] ¡Queridos conciudadanos! Los principios de la socialdemocracia contienen elementos para una nueva religión, la cual, a diferencia de las religiones precedentes, desea ser concebida y comprendida no sólo por el sentido y el corazón, sino también por la razón...

“Dios”, es decir, lo bueno, lo bello y lo sagrado, devendrá hombre, bajará de los cielos a la tierra, pero no como en los tiempos antiguos, con ayuda del milagro, sino por vía natural, terrenal...

Hasta el presente la religión era asunto del proletariado. Ahora, empero, al contrario, el asunto del proletariado comienza a devenir asunto religioso, o sea, comienza a apoderarse de los creyentes con todo el corazón, toda el alma, todos los sentidos y designios...

Nuestros adversarios —los escribas y los fariseos del Viejo Testamento— aparecen y desaparecen con los dogmas de su fe; no son capaces de lograr la auténtica emancipación, están condenados irreparablemente. Y quien se basa en la ciencia subordina su juicio a los hechos; es discípulo del Nuevo Evangelio. La contradicción entre la fe y el saber, entre el Viejo y el Nuevo Testamento existe no sólo desde los tiempos de la socialdemocracia...

“Aun nacido con cadenas, el hombre es libre.” ¡Nada de eso! El hombre nace con cadenas, pero la libertad tiene que conquistarla. Las cadenas más pesadas, el yugo más grave lo ha impuesto la naturaleza. El hombre lucha contra sus caprichos desde sus primeros días. Tiene que arrebatarle ropa y comida. Tras de él está la naturaleza con el látigo de las necesidades, y la gracia y la desgracia de ésta crea y destruye toda la grandeza del hombre. Y la religión sólo ha podido lograr semejante influencia porque prometió emancipar de esta esclavitud.. .

La religión se ha cultivado y consagrado desde tiempos tan remotos que ni siquiera quienes han renunciado desde hace mucho a la creencia en cierto dios personificado, cierto protector supremo del género humano, desean quedar sin religión. Para agradar a estos conservadores dejaremos la vieja denominación para la nueva esencia. No es sólo una concesión que hacemos al prejuicio para vencerlo más fácilmente, sino una denominación justificada por la esencia misma. Las religiones no se diferencian entre si ni más ni menos que todas ellas juntas se diferencian de la democracia antirreligiosa. Todas ellas tienen un mismo afán: liberar la humanidad atormentada de sus pesares terrenales, llevarla a la comprensión del bien, la belleza, el derecho y la divinidad. Sí, la socialdemocracia es la verdadera religión, la única Iglesia que brinda la felicidad por cuanto no procura la meta común en el camino de la fantasía, los rezos, los votos y los suspiros, sino en el camino real, activo, eficiente y verdadero, en el camino de la organización social del trabajo físico e intelectual...

Trátase de la emancipación del género humano en el sentido más auténtico de la palabra. Si hay, en general, algo santo, tenemos aquí, ante nosotros, el sanctasanctórum. No es un fetiche, no es un arca del testamento, no es un tabernáculo y no es un sagrario, sino un bien verdadero y tangible de toda la humanidad civilizada. Este bien o gloria no ha sido inventado, no ha sido una revelación, ha nacido del trabajo acumulado de la historia. Del mismo modo que de la basura del taller, de los materiales consumidos y del sudor del obrero nace brillante y magnificente el nuevo producto, de la oscuridad de la barbarie, de la esclavitud del pueblo, de la ignorancia, la superstición y la miseria, de la carne y sangre humana, irradiando la luz del conocimiento y la ciencia, ha nacido la riqueza del presente. Y esta riqueza constituye, precisamente, los firmes cimientos de la esperanza socialdemócrata. Nuestra esperanza de salvación no descansa sobre un ideal místico, sino sobre firmes cimientos materiales. ..

Lo que le da al pueblo el derecho de no sólo creer en la posibilidad de liberarse de las torturas milenarias, sino de ver dicha liberación, de procurarla activamente, es la fenomenal fuerza productiva, la asombrosa capacidad productiva del trabajo del pueblo...

[19] Es justo decir que incluso hoy el hombre depende de la naturaleza. No todos los obstáculos han sido superados. Todavía le queda mucho que hacer a la cultura, puede decirse incluso que sus tareas no tienen límite. Pero, en cierta medida somos ya los amos de la situación: conocemos el arma con que se puede vencer, sabemos cómo se puede convertir la fiera en útil animal doméstico. De la oración y la longanimidad hemos pasado al pensamiento y la creación. .,

[21-22] Por supuesto, aún siguen abriéndose nuevas fábricas, funcionan a plena marcha las existentes, aún siguen tendiéndose ferrocarriles, se cultiva la tierra, se fundan líneas de navegación, se abren canales y nuevos mercados de venta. La verdad se oculta todavía bajo la máscara de su contrario. El lobo se encubre con piel de cordero. Pero quien tiene ojos para ver ha de advertir la tendencia general, pese a las distintas contradicciones, ha de ver que hay superproducción, al igual que intermitencias en el funcionamiento de la industria, aunque las chimeneas sigan arrojando humo. Lo que no avanza al ritmo que por su naturaleza debe observar comienza a cojear. ¿Y quién podría negar que hay necesidad y hay fuerzas para duplicar, triplicar, decuplicar la producción? No importa que mejore la agricultura acá y allá, que se perfeccione una u otra máquina, considerado en conjunto, el desarrollo se ve estancado ante el problema del consumo...

¡Oh, vosotros, los miopes e insensibles, los que no podéis renunciar a vuestro capricho: el progreso mesurado y orgánico! ¿Acaso no veis que todas vuestras empresas liberales se convierten en insignificantes nulidades porque está en el orden del día la gran causa de la emancipación social? ¿Acaso no podéis comprender que a la paz le debe preceder la lucha; a la creación, la destrucción; a la organización planificada, el amontonamiento caótico de las cosas; a la tempestad, la calma, y a la distensión general, la tempestad? Ni la liberación de los distintos pueblos, ni la emancipación de la mujer, ni la reorganización de la escuela y el sistema de educación, ni la disminución de los impuestos y los ejércitos, ninguna de las demandas de la época puede ser cumplida antes de que caigan las cadenas que aherrojan al obrero a la pobreza, a las adversidades y a la miseria. La historia se ha

detenido porque reúne fuerzas ante una gran catástrofe...

II

[23-28] Hemos hallado en el movimiento socialdemócrata una nueva forma de religión, por cuanto tiene con ésta una meta común: emancipar el género humano de la miseria, con la que, impotente, hubo de comenzar la lucha por su existencia en el mundo de las adversidades...

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La religión cultivó el espíritu. Ahora bien, ¡qué sentido podría tener semejante cultura si no sirviese a que, mediante el espíritu, se cultivara el mundo real, la materia? Me doy perfecta cuenta, queridos oyentes, de que el cristianismo niega este único auténtico sentido terrenal de su existencia. Sé muy bien que el cristianismo afirma que su reinado no proviene de nuestro mundo y que su misión es salvar nuestra inmortal alma. Sin embargo, sabemos también perfectamente que no siempre uno logra lo que quiere y que uno hace efectivamente no siempre lo que se disponía a hacer. Comprendemos la diferencia entre lo que somos en realidad y lo que quisiéramos parecer. Y sobre todo el demócrata materialista está acostumbrado a valorar las personas no por los trozos de sus propios pensamientos, sino por lo que son en realidad. La meta material de la religión se hace realidad sólo a través de la cultura, de la cultura de la materia.

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Hemos dicho que el trabajo es el salvador y el emancipador del género humano. La ciencia y los oficios, la actividad intelectual y física no son más que dos encamaciones distintas de una misma esencia.

La ciencia y los oficios, al igual que Dios padre y Dios hijo, no son más que dos imágenes de un todo. Yo diría que esta verdad es el dogma cardinal de la Iglesia democrática, si es que en general se p puede denominar Iglesia la democracia y dar el nombre de dogmas al conocimiento mediante la razón. La ciencia fue huera especulación mientras no llegó a la conciencia de que el pensamiento, el estudio y la comprensión requieren la existencia del objeto material, del objeto palpable...

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La ciencia de los viejos revestía las más de las veces un carácter especulativo, es decir, querían crearla con el solo pensamiento sin la ayuda de la realidad sensible, sin la ayuda de la experiencia acumulada...

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La interpenetración de estas dos formas, de trabajo a lo largo de los siglos ha llevado la humanidad, por fin, al lugar en el que se han echado hoy los cimientos del templo de la democracia. Dichos cimientos consisten en el poderío de nuestra producción material, en la fuerza productiva contemporánea de la industria. Pero no sobreentendamos aquí sólo la fuerza espiritual. Los resultados del trabajo acumulados hasta el presente por vía del desarrollo histórico no constan sólo de las adquisiciones espirituales científicas, sólo del saber hacer, sino aún más de la existencia de una riqueza material, por cuanto esta última es instrumento indispensable del trabajo contemporáneo...

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No obstante, volvamos a la doctrina de nuestra Iglesia socialdemócrata, que considera que las riquezas acumuladas, tanto las materiales como las espirituales, son su piedra angular...

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De la misma manera que la diferencia entre la unidad y la diversidad —en la naturaleza de las cosas constituye, en realidad, un todo único y ha sido superada, de esa misma manera, la vida social del porvenir debe dar a las gentes iguales situación y significado sociales, igual derecho al aprovechamiento de la vida personal, sin privarlas, empero, de la distinción que a cada cual le indicarán su vocación especial y le permitirán ser feliz a su propia manera. ..

[31-32] La esclavitud antigua, feudal y burguesa moderna son pasos progresivos hacia la organización del trabajo..

De estimar que la religión consta de la fe en fuerzas y seres materiales supra o extraterrenales, de la fe en dioses y espíritus superiores, la democracia no tiene religión...

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En el lugar de la religión, la democracia pone el humanismo...

III

[33-43] En la religión, lo mismo que en la democracia, hallamos el afán común de emancipación. Pero vemos que en este sentido la democracia va más allá y no busca la emancipación en el espíritu, sino con ayuda del espíritu humano propiamente dicho en la carne, en la realidad material..

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Los “potentados y cultos” que se ocupan de la verdad y la ciencia sólo en la medida en que sirven a la acumulación de sus tesoros y la conservación de los privilegios son materialistas verdaderamente miserables, a quienes no importa nada que no sean los intereses egoístas de su propio estómago y de su bien cuidado cuerpo.

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No obstante, el liberalismo mantiene una actitud igualmente poco seria ante la fe que ante la falta de fe. Debido a su privilegiada situación social está condenado a la repugnante indiferencia, que no es ni fría ni caliente. Su masonería religiosa, su protesta contra la superstición —toda fe es superstición— no pueden ser sinceras porque la educación religiosa del pueblo supone un poderoso puntal para su dominación social. ..

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Si el pueblo no cree en nada, ¿quién consagrará entonces nuestra propiedad y suministrará carne de cañón a la patria?

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El pequeñoburgués artesano, que advierte y se da cuenta de que las innovaciones industriales lo van desalojando de sus posiciones, no sabe nada ni quiere saber nada acerca de los descubrimientos y los inventos de la ciencia. Lo mismo ocurre con los “potentados y los cultos” en los problemas de la religión, que tienen la costumbre de decir que si no se puede demostrar la verdad de la religión resulta todavía más difícil demostrar lo contrario. Visto que sus intereses se contradicen con esta ciencia, no saben ni quieren saber

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que hace ya casi medio siglo desde que Feuerbach mostró clara y definitivamente que toda religión es un sucedáneo de la ignorancia humana...

El objetivo y las demandas del desarrollo histórico consisten en el afán de poner todos los factores y fuerzas materiales existentes al servicio de las necesidades humanas, utilizar la naturaleza y crear en el mundo un sistema armonioso con ayuda de nuestro espíritu...

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Y el mismo instinto natural que ha creado el mundo ha creado históricamente también su producto supremo: el gemís homo dotado de razón. Como hemos dicho ya, este desarrollo consiste en lograr que las multiformes manifestaciones de la naturaleza y del mundo sean comprensibles para la razón humana...

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No son viles las cosas de por sí, las que la religión venera, sino que es vil la esencia religiosa que no conoce límites en su veneración...

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Cuanto más bajo es el nivel de desarrollo de la idea de la deidad, más concreta es; cuánto más modernas son las formas de la religión, más confusas y más tergiversadas son las ideas religiosas. El desarrollo histórico de la religión se distingue por su gradual desintegración.. .

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Para los hombres cultos y progresistas, el bendito nombre de Dios no es más que la letra A, el comienzo del abecé de su concepción del mundo. Una vez pasado el comienzo, el mundo avanza de por sí y de modo uniforme sin conocer obstáculos. Todo en el mundo es natural, sólo el comienzo del mundo les parece a estos cristianos no cristianos sobrenatural o divino. Esta es la razón de que no quieran abandonar la fe en la existencia de Dios, fe que, por cierto, como hemos dicho ya, tiene el buen propósito de tener por la brida a los “incultos”...

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El puntal religioso último y, por lo tanto, el más fuerte para las mentes en general imparciales es la innegable racionalidad de la naturaleza o del Universo. ¿A quién se le ocurrirá negar el asombroso orden de los fenómenos naturales, su armonía, organización o carácter regular? Sin hablar ya de los innumerables ejemplos individuales anticuados, al estilo de los huevos verdes, azules y abigarrados del cuco, que siempre se asemejan por el color y las dimensiones a los huevos de las aves en cuyo nido pone el cuco los suyos, a cada paso se ve la racionalidad universal que dispone de todo lo que vive, respira, se arrastra y vuela, ya sea la materia, un animal o el hombre, como de un eslabón necesario del todo único...

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Existe la manera inculta, de la que, no obstante, resulta difícil deshacerse, a saber: medir el mundo exterior por el rasero del mundo interior de uno. Por perseguir sus fines con ayuda de la voluntad y la conciencia, el hombre supone que también tras la racionalidad universal de la naturaleza se oculta un ser análogo a él y también dotado de conciencia y voluntad. Donde el librepensamiento está tan desarrollado que ya no se puede hablar de deidad personificada, el hombre no puede, sin embargo, renunciar al misticismo filosófico que cuenta cuentos sobre la voluntad y representación de cosas inconscientes, sobre la filosofía de lo inconsciente.

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No se puede negar que en la materia muerta vive el vivificante afán de organizarse y que, por lo tanto, el mundo material no es un mundo muerto, sino vivo. Sólo en forma comparativa se puede hablar de su voluntad y objetivo. No obstante, esta inteligencia universal sólo se manifiesta confusamente en el instinto animal y no halla expresión pura y definida más que en la función del cerebro humano, dicho en otros términos, en nuestro conocimiento. Exactamente de la misma manera que no se puede decir que el crepúsculo, por más luz que haya, es un día despejado, no se puede aGrmar que la racionalidad extrahumana, la voluntad, la idea o la inteligencia de la naturaleza merecen estas denominaciones. Me he permitido antes, estimados conciudadanos, hablar de eso con el único propósito de desacreditar, en fin de cuentas, esta manera de expresarse. Indudablemente, las cosas naturales tienen su razón. ¿Cómo podía ser de otro modo, cómo podía aparecer, sin la ayuda de la religión, el hombre dotado de razón? Quien reconozca la razón, este resorte de todo sistema y racionalidad, como producto natural, no puede menos de reconocer la racionalidad sistemática de la naturaleza. No obstante, el espíritu del hombre es un espíritu único. Ni la racionalidad del movimiento de los astros, ni en los huevos del cuco, ni el sentido común en la construcción de la colmena de abejas, de la cabeza de la hormiga o del mono, la única fuerza suprema que merece esta denominación, es la conciencia, el espíritu o la razón en forma de funciones del cerebro humano.

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Nuestro espíritu es un ser espiritual supremo. Sin embargo, no tengan miedo, venerables y atentos oyentes, de que lo subamos al alto pedestal de la deidad religiosa. Lo alto y lo bajo en el sentido de la realidad significa sólo lo más o menos organizado. Cuanto menos autónomas son las partes de una cosa, cuanto más intensamente funcionan como órganos comunicándose con las otras partes de un todo, más alto se halla ese último en el orden natural de las cosas. Nuestra conciencia es el órgano central general, un medio universal de relación. Lo que es no lo es de por sí, como el señor Dios, sino, según la concepción democrática, sólo en relación con las otras cosas. Los científicos à la Vogt discuten mucho acerca de lo que es distinto gradualmente y lo que es distinto en absoluto, acerca de si el hombre y el mono constituyen dos especies poco distintas o dos géneros completamente diferentes...

IV

[44—50] Hablando en rigor, es un procedimiento de los curas el dirigirse a ustedes, estimados compañeros, desde la altura del ambón. El ambón, el cristianismo y la religión son cosas y nombres de los que se ha abusado ya tanto que al hombre sincero le debe repudiar cualquier trato con ellos.

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Sin embargo, hay que acercarse a ellos lo más posible a fin de deshacerse definitivamente de todo eso. Para echar del templo al alterador del silencio resulta indispensable abrazarlo. Tal es la dialéctica de la vida...

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Si bien el cristianismo y el socialismo tienen mucho de común , quien lograse convertir a Jesucristo al socialismo merecería en justicia el nombre de pernicioso embrollador. No basta con conocer la semejanza general de las cosas, hay que conocer también en qué se distinguen. El objeto de nuestra atención no es lo que el socialista tiene de común con el cristiano, sino lo que tiene de particular, lo que lo distingue de este último.

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Hace poco se dio al cristianismo el nombre de religión del servilismo. Es ésta efectivamente la denominación más afortunada. Es servil, por supuesto, cualquier religión, pero la cristiana es la más servil de todas. Tomemos al azar cualquier sentencia cristiana corriente. En mi camino se alza una cruz con la inscripción: “¡Ten piedad, misericordioso Jesús! ¡Santa María, ruega por nosotros!” Vemos aquí la indecible resignación del cristianismo en toda su mísera insignificancia. Pues quien cifra así todas sus esperanzas en la misericordia es efectivamente un ser miserable...

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Nosotros, los demócratas no religiosos, tenemos la ventaja de ser plenamente conscientes del estado de cosas... ¿Acaso los primeros cristianos querían abandonar el mundo? ¿Acaso no esperaban más bien que Jesucristo, cual rey poderoso y victorioso, bajara a tierra para cambiar el mal orden terrenal existente e instaurar otro, mejor, pero, no obstante, también terrenal? Así dice el razonador sofista, al que no le importa la verdad y que sólo quiere adornar su librepensamiento ambiguo y su cobardía con el sonoro nombre de la religión y del cristianismo...

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Nosotros no deseamos respaldar la cobardía, que quiere presentar la abjuración de la fe como reconstitución del auténtico cristianismo y no quiere así renunciar al nombre. Es preciso desacreditar el nombre para acabar con la causa misma. ..

Lo que el cristianismo tiene de verdadero, digamos la mortificación de la carne como buen antídoto contra la libre concupiscencia o el amor a toda la humanidad, superior al nacionalismo, eso no se propone negar la socialdemocracia. Al contrario, se atiene firmemente á' eso incluso si el mundo restante se vuelve loco por el odio a los franceses. Lo único que la socialdemocracia no quiere, lo mismo que el cristianismo o cualquier religión en general, es hacer pasar la verdad mundana por gloria celestial...

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Deseamos también querer al enemigo, hacer el bien a quienes nos odian, pero sólo cuando el enemigo, ya inofensivo, ha sido derribado a tierra. Y diremos junto a Herwegh :

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El solo amor no nos salvará, No nos aportará la dicha. — Que el odio con su espada Rompa las cadenas de la esclavitud. ¡Basta ya de amor! El amor no nos redimirá: Debemos descargar con odio Nuestra espada sobre el enemigo.

[51-56] La libertad científica, que subordina todas las cosas y cualidades al bien del hombre, es perfectamente una libertad antirreligiosa. La verdad religiosa consiste precisamente en que de modo artificial pone por las nubes cualquier cualidad natural y mundana, la arranca del torrente vivo de la vida y la condena al estancamiento en este pantano religioso.

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Por consiguiente, estimados compañeros, cuando, con frecuencia, yo llamo “científica” a la verdad simple, lo único que quiero decir con ello es que la verdad científica se llama también mundana o sencilla. En este punto hay que ser claro porque el clericalismo científico se esfuerza muy seriamente para acudir en ayuda del clericalismo religioso. Superaríamos pronto la más burda superstición si la monstruosa ambigüedad no procurase rellenar por doquier las lagunas de la ciencia. Ante todo, la costura piojenta es el ignorar la teoría del conocimiento, el no comprender el espíritu humano. De la misma manera que los temibles fenómenos naturales hacen ser supersticioso al lapón o al habitante de la Tierra del Fuego, el milagro interior de nuestro proceso de pensar mete al profesor en la cintura de la superstición. Los más ilustrados librepensadores que han renunciado ya a la religión y al nombre de cristiano, se hunden en el tremedal de la ignorancia religiosa, mientras no distinguen aún claramente la verdad religiosa de la común, mientras la capacidad cognoscitiva, este órgano de la verdad, es tierra ignota para ellos. Después de ser materializado todo lo celestial por la ciencia, a los profesores no les quedaba más que subir a los cielos su profesión, la ciencia. La ciencia académica debe, a su juicio, ser de otra calidad, de otro carácter, distinto de, digamos, la ciencia del campesino, del tintorero, del herrero. La agricultura científica se diferencia precisamente de la economía campesina corriente porque sus procedimientos, su conocimiento de las llamadas leyes de la naturaleza son más extensos y completos...

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Despreciamos hasta lo más hondo del alma la frase pomposa de la “educación y la ciencia”, los discursos sobre los “bienes ideales” en boca de lacayos titulados que hoy embrutecen al pueblo con el idealismo alambicado con el mismo celo que en tiempos los sacerdotes paganos lo mistificaban con los primeros misterios de la naturaleza que habían conocido...

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Los profesores enredados por la religión convierten el reino de Dios en reino del espíritu científico. Del mismo modo que el antípoda del Dios bueno es el diablo, el antípoda del profesor clerical es el materialista.

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La concepción materialista del mundo es tan vieja como, la incredulidad religiosa. En nuestro siglo, desarrolladas a partir de las ¡formas más primitivas, las dos tendencias han alcanzado paulatinamente la claridad científica. Pero la ciencia académica no desea reconocerlo porque las conclusiones democráticas encerradas en el materialismo suponen un peligro para su honorable situación social. Feuerbach dice: “La peculiaridad característica del profesor de filosofía consiste en

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que no es filósofo, y a la inversa, el rasgo característico del filósofo es que no es profesor”. Hoy hemos ido más allá.

No ya sólo la filosofía, sino la ciencia en general se ha adelantado a sus servidores. Incluso donde la auténtica ciencia materialista se ha apoderado de la cátedra, sigue adherida a ella, en forma de remanente idealista, la sandez religiosa y anticientífica, cual cáscara que no se desprende del pollo ya nacido...

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La necesidad socialista de equitativa distribución popular de los productos requiere democracia, requiere dominación política del pueblo y no tolera la dominación de la camarilla que con pretensiones de intelecto se apodera de la parte del león.

Al objeto de fijar límites razonables a esta insolente codicia hay que comprender claramente la correlación entre el espíritu y la materia. Así, la filosofía deviene asunto que afecta muy de cerca a la clase obrera. Sin embargo, estimados compañeros, no quiero decir con ello en absoluto que cada obrero sin falta deba hacerse filósofo y estudiar la correlación entre la idea y la materia. El que todos comamos pan no quiere decir que todos debemos saber moler el grano y cocer el pan. Pero de la misma manera que la clase obrera no puede prescindir de molineros y panaderos, tiene necesidad de profundos investigadores que hallen los misteriosos caminos de los servidores de Baal y desentrañen sus tretas. Los ocupados en trabajo físico subestiman aún con frecuencia el inmenso significado del trabajo intelectual. El instinto fiel les sugiere que los escritorzuelos que marcan la pauta de nuestra época burguesa son sus adversarios naturales. Ven que el arte del fraude se encubre con el rótulo legal del trabajo intelectual. De ahí es muy comprensible el afán de subestimar el trabajo intelectual y exagerar el valor del trabajo físico. Hay que hacer frente a este materialismo burdo...

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La emancipación de la clase obrera reclama que domine totalmente la ciencia de nuestro siglo. La sola indignación con la injusticia de que es víctima no basta aún para la liberación, pese a nuestra superioridad en número y fuerza física. Hay que recurrir a la ayuda del arma de la razón. Entre los distintos medios de este arsenal está la teoría del conocimiento o la teoría de la ciencia, es decir, Ja comprensión del método del pensamiento científico es un arma universal contra la fe religiosa, arma que ha de desalojarla de sus últimos y más recónditos escondrijos.

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Sólo la ciencia del espíritu puede acabar con la fe en Dios y en dioses, en Moisés y los profetas, la fe en el Papa, la Biblia, el emperador con su Bismarck y su Gobierno, en fin, con la fe en las autoridades...

Al acabar de esta manera con el dualismo del espíritu y la materia, esta ciencia le quita la última base teórica a la existente hasta entonces doble división en gobernantes y gobernados, en opresores y oprimidos...

El espíritu no es un fantasma, no es el aliento de Dios. Los idealistas y los materialistas coinciden en que pertenece a la categoría de las “cosas terrenales”, vive en la cabeza del hombre y no es otra cosa que la expresión abstracta, el nombre colectivo de las ideas simultáneas que se suceden la una a la otra...

Lo mismo que la línea y el punto son sólo conceptos matemáticos, los contrarios no son una realidad, sino sólo artificios lógicos, lo que significa que existen sólo relativamente. Sólo en lo relativo es pequeño lo grande y grande, lo pequeño. Exactamente de. la misma manera el cuerpo y el espíritu son sólo contrarios lógicos, y no efectivos. Nuestro cuerpo y nuestro espíritu están tan estrechamente ligados que el trabajo físico es absolutamente inconcebible sin la participación del trabajo intelectual; el trabajo manual más sencillo requiere la participación de la razón. Por otra parte, la fe en la metafísica o la incorporeidad de nuestro trabajo intelectual es un contrasentido. Hasta la investigación más abstracta supone cierto esfuerzo de todo el cuerpo. Todo trabajo humano es, a la vez, trabajo físico e intelectual. Quien comprenda algo en la ciencia del espíritu sabe que las ideas no provienen sólo del cerebro, por consiguiente, subjetivamente de la materia, sino que deben tener siempre como objeto o contenido algún material. La substancia cerebral es el sujeto del pensamiento, y su objeto es la infinita materialidad del mundo...

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NB

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[58-59] De la misma manera que el maquinista guarda con más cuidado un clavo pequeño que una rueda grande, nosotros exigimos que el producto de nuestro trabajo se distribuya según las necesidades, que el fuerte y el débil, el ágil y el torpe, la fuerza intelectual y la física, por cuanto son humanas, que todos ellos trabajen en comunidad humana y disfruten de lo adquirido.

En contra de esta demanda, estimados compañeros, se rebela la religión. Y no sólo la conocida de todos, la habitual religión de los curas, sino asimismo la religión depurada, elevada y magisterial de los idealistas alucinados...

NB α

El cristianismo quiere ejercer la dominación en el mundo en virtud de su carácter divino. ¡Vana aspiración! Inconsciente y contra su propia voluntad, el cristianismo se somete a la naturaleza de las cosas...

α

La verdad sencilla y científica no se funda en una perso na . Sus bases están fuera*, en sus propios materiales, es una verdad objetiva... * Al citar en Materialismo y empiriocriticismo este lugar, V. I. Lenin explica entre paréntesis: “es decir, fuera de la persona” (véase 0. C., t. 18, pág. 268). —Ed.

NB α

Honremos a los grandes hombres que nos señalan el camino con la luz del conocimiento, pero sólo nos respaldaremos en sus palabras mientras se basen en la realidad material.

V

[60-67] De la misma manera que tenemos la necesidad práctica común de lograr el poder sobre las cosas del mundo, tenemos nuestra necesidad teórica universal de observarlas sistemáticamente. Queremos conocer el comienzo y el final de todo. En la base de los bárbaros gritos sobre la religión universal, imperecedera e inevitable, se halla algo justo y cierto. La absurda negación de

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ello sería un nihilismo ruso al que la Internacional202 con toda razón puso en la calle...

Él hombre requiere congruencia razonable en su cabeza jiara tener la posibilidad de aplicarla en la vida práctica.

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Nosotros, los demócratas y defensores de la Comuna de París experimentamos también esta necesidad. Los intermediarios y sacamuelas serviles podrían, partiendo de ello, atribuirnos una religión. Rechazamos resueltamente esta palabra. Y no porque no reconocemos que entre la sabiduría religiosa y la socialdemócrata haya algo común o afín, sino porque queremos recalcar la diferencia, porque no sólo internamente, sino también por fuera, en el proceder y la denominación no queremos tener nada con la causa de los curas...

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NB α

La religión primitiva de los caníbales se ha convertido en religión ilustrada a lo cristiano; la filosofía sentó la cultura, y después de muchos sistemas inestables y pasajeros logró, por fin, el irrefutable sistema de la ciencia, el sistema del materialismo democrático...

Nos damos el nombre de materialistas. Del mismo modo que la religión es el nombre común que se da a todas las creencias, el materialismo es un concepto elástico...

Lo que distingue a los materialistas filosóficos es que ponen en el principio, al frente de todo, el mundo corpóreo, y la idea o espíritu los consideran como efecto, mientras que los adversarios, al estilo de la religión, deducen las cosas de la palabra (“y dijo Dios, y se hizo”), deducen el mundo corpóreo a partir de la idea. Tampoco los materialistas disponían hasta el momento de convincente material científico. Ahora, nosotros, los socialdemócratas, nos llamamos materialistas, nombre con el que los adversarios quisieran humillarnos, sabiendo que el réprobo vuelve a gozar de estima. Exactamente con el mismo derecho podríamos llamarnos idealistas, ya que nuestro sistema descansa sobre los resultados generales de la filosofía, sobre la investigación científica de la idea, sobre el conocimiento exacto de la naturaleza del espíritu. Lo poco que son capaces nuestros adversarios de comprendernos se ve de las contradictorias denominaciones que nos dan. Ora somos burdos materialistas que procuran sólo los bienes materiales, ora, cuando se trata del porvenir comunista, somos incorregibles idealistas. En esencia, somos lo uno y lo otro a la vez. La realidad sensible y auténtica es nuestro ideal. El ideal de la socialdemocracia es material...

α

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Así, comenzamos a reflexionar, pero jamás reflexionamos sobre el comienzo mismo. Sabemos de una vez y para siempre que el pensamiento debe partir de un comienzo dado, de un fenómeno terrenal, y que, por consiguiente, el problema del comienzo del comienzo no tiene sentido y se contradice con la ley general del pensamiento. Quien habla del comienzo del mundo presupone el comienzo del mundo en el tiempo. Aquí cabe la pregunta: ¿y qué había antes del comienzo del mundo? “No había nada.” Estas son palabras que excluyen la

NB

α

202 Por lo visto trátase del acuerdo del Congreso de la I Internacional celebrado en la Haya (1872), que censuró la secreta “Alianza de la Democracia Socialista”, anarquista, y expulsó de la Internacional a los dirigentes de la misma con M. A. Bakunin al frente.

una a la otra...

Toda la metafísica que Kant designa como problema de Dios, libertad e inmortalidad se descarta definitivamente en nuestro sistema merced al conocimiento de que el juicio y la razón son facultades absolutamente inductivas. Esto quiere decir que el mundo deviene perfectamente comprensible si disponemos y ordenamos las cosas estudiadas, con arreglo a sus propiedades generales, en clases, especies, conceptos y géneros. Es una verdad tan banal de la que ni siquiera valdría la pena hablar si la fe en los milagros o la superstición no divagaran aún acerca de la deducción...

NB

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Los candiles de la filosofía, el uno tras otro, han impulsado tanto el asunto que nosotros, los socialdemócratas, que nos mantenemos sobre sus hombros, comprendemos con toda diafanidad la naturaleza mecánica de todo conocimiento: religioso, especulativo y matemático. La idea de que semejante resultado científico lleve un matiz partidista, aunque parezca contradictoria, es, empero, fácilmente comprensible, puesto que la socialdemocracia es un partido que no defiende intereses estrechos de partido, sino los intereses comunes...

NB

α NB

El misticismo filosófico es un resto de la fe religiosa no digerido. Para acabar radicalmente con ambos es necesario convencerse de que los hechos no se asientan sobre bases lógicas, sino, al contrario, el fundamento último de toda lógica es el hecho, la cosa, el ser.

NB α

Tengo que pedir perdón a los compañeros por darles el trabajo de escuchar tantos detalles; sé que sólo unos cuantos querrían ahondar en estas explicaciones detalladas, pero unos cuantos ya está bien. Lo mismo que no hay necesidad que cada cual calcule el movimiento de los planetas, es necesario que algunos de nosotros ofrezcan a los altos representantes del profesorado oficial el material en el que pudieran devanarse los sesos...

Pero, cuando la gente se reúne y expresa sus sentimientos e ideas, se lanzan gendarmes contra ella. ¿Es esto un sistema, lógica o proceder consecuente? Sí, lo es, pese a todo. Es un sistema de infamia. Todo lo que ellos* hacen y dicen se reduce a la idea lógica: somos la nata de la sociedad y queremos serla eternamente... * Los ideólogos del “orden vigente” —Ed.

VI

[67-70] El tiempo fue aportando más y más fenómenos, nuevas experiencias y nuevas cosas que no habían sido previstas. No se correspondían con el sistema existente, por cuya razón había que crear cada vez un sistema nuevo hasta que nosotros, los socialdemócratas, resultamos bastante listos para tener un sistema bastante extenso para todos los fenómenos habidos y por haber. ,.

α NB

α

Toda la ciencia no puede concentrarse en un individuo y, aún menos, en un concepto cualquiera. Sin embargo, afirmo que nosotros disponemos de semejante concentración. ¿Acaso en el concepto de materia no entra toda la materialidad del mundo?

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Por lo tanto, todo conocimiento posee una forma universal común, a saber: el

α

método inductivo...

La inducción es una cosa conocida en las ciencias na turales; pero el que en ella se encierra la sabiduría sistemática mundial llamada a expulsar toda superficialidad —religiosa, filosófica o política— es ya un adelanto de la social— democracia.

α

Darwin enseña que el hombre procede de un animal. También estima que hay diferencia entre el animal y el hombre, pero sólo como entre dos productos de una misma materia, dos especies de un mismo género, dos resultados de un mismo sistema. Semejante disociación sistemática aplicada en forma consecuente la desconocen nuestros adversarios, lo mismo que la unidad razonable. ¿Cómo se puede menos de alabar el viejo decoro religioso? En él había, al menos, un sistema. El mundo terrenal y de ultratumba, los señores y los esclavos, la fe y el saber, todo se hallaba bajo el dominio de quien dice: “Yo soy el señor Dios tuyo”...

NB α

El diablo era entonces nada más que un instrumento, y el ser terrenal, nada más que una prueba pasajera antes de la vida eterna. Una cosa obedecía a otra, había un centro de gravedad, había un sistema. Por lo menos en comparación con la ambigüedad y la masonería contemporáneas se observaba entonces cierta integridad...

La rabia reaccionaria se dio cuenta de las consecuencias revolucionarias del sistema inductivo. Ya el maestro Hegel echó tierra al fuego que había encendido...

α

Con arreglo al sistema religioso, Dios es la “causa primera”. Los masones idealistas se proponen demostrarlo todo con ayuda de la razón. Los materialistas empedernidos buscan en los átomos ocultos las causas de todo lo existente, mientras que los socialdemócratas lo demuestran todo por vía inductiva. Nosotros avanzamos en principio por vía inductiva, es decir, sabemos que por vía deductiva, a partir de la razón, no se puede lograr el menor conocimiento; sólo mediante la razhn, a partir de la experiencia se pueden lograr conocimientos.. .

NB

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[72-75] En el lugar de la religión, la socialdemocracia pone la sabiduría mundial sistemática.

Esta sabiduría halla su fundamento, su “causa primera” en las circunstancias efectivas. La sabiduría de los demás progresistas procede exactamente de la misma manera en las ciencias naturales; en el medio familiar y de negocios es igualmente racional. Sólo cuando se trata de asuntos del Estado procura demostrar, si no con la palabra divina, en todo caso con revelaciones de la razón. ..

El uso de un mismo término entorpece la razón, lo mismo que “Padrenuestro”. Por eso, para variar, quiero denominar nuestro sistema “sistema de la verdad empírica”. Los sacamuelas de los demás partidos hablan, además, de verdades divina, moral, lógica, etc. Pero nosotros no conocemos verdad divina ni humana, la única que conocemos es la verdad empírica. Con ayuda de denominaciones especiales podemos clasificarla, pero el carácter común de todas se mantiene. Las verdades,

βα NB

α

llámense como se llamen, se asientan sobre la experiencia física real y material...

Por diferentes que sean, grandes o pequeñas, ponderables o imponderables, espirituales o corpóreas, todas las cosas del mundo se asemejan por representar objetos empíricos de muestra capacidad cognoscitiva, el material empírico el intelecto...

β

¿Qué puede, pues, impedirnos reducir todas las cosas al concepto "verdad empírica" o "fenómeno empírico"? Y luego podemos subdividirlas en orgánicas e inorgánicas, física y morales, buenas y malas, etc., etc. Merced al género común, todas las contradicciones se concilian y se unen, todo vive bajo un mismo techo. La diferencia es sólo de forma, mientras que en esencia todo esto son fenómenos de un mismo orden. El último fundamento de todas las cosas es el fenómeno empírico. Se llama material empírico la proteomateria general.

β

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α

Es absoluta, eterna y omnipresente. Donde termina, termina también todo entendimiento.

Se podrá llamar con todo fundamento el sistema inductivo también sistema dialéctico. Aquí hallamos los que confirman más y más las ciencias naturales, a saber, que también las diferencias substanciales no son más que diferencias de grado. Por más claros que sean los caracteres que distinguen lo orgánico de lo inorgánico, el reino animal del reino vegetal, la naturaleza, sin embargo, muestra que las lindes desaparecen, que todas las diferencias y todos los contrarios se funden. La causa actúa, y la acción causa. La verdad es fenoménica y el fenómeno es verdadero. Lo mismo que el calor es frío y el frío es cálido y ambos se diferencia sólo por los grados, de la misma manera lo bueno es relativamente malo, y lo malo, bueno. Todo esto son correlaciones de la misma materia, son formas o especies de experiencia física...

Dios, la razón pura, el orden moral mundial y muchas cosas más no constan de material empírico, no son formas de fenómenos físicos, por lo cual negamos su existencia. Sin embargo, los conceptos de estos objetos existentes en el pensamiento surgieron por vía natural y existen en la realidad. Podemos someterlos perfectamente a nuestra investigación inductiva como material. A las palabras "experimental, físico", etc., se suele atribuir un sentido más estrecho, por lo cual les añado el término "empírico"...

NB

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MORAL DE LA SOCIALDEMOCRACIA

DOS PREDICAS

(“VOLKSSTAAT" 1875)

I

[77] Nuestro partido, estimados compañeros, procura lo mismo a que aspiraban las mentes de vanguardia de todos los tiempos y pueblos, procura la verdad y la justicia. Rechazamos la verdad y la justicia de los curas. Nuestra verdad es la verdad material, corpórea o empirica de la ciencia precisa, que primero queremos conocer y, en consonancia con ello, aplicar en la práctica...

α

En mi última conferencia he desarrollado con detalle la idea de que nosotros, los demócratas internacionales, argumentamos sistemáticamente todos nuestros pensamientos con hechos corpóreos o empíricos. A la luz de la moral contemporánea, el propio "sistema" debe justificarse. Aceptamos la ley moral sólo en la medida en que puede ser argumentada de modo materialista...

confer

[79] En efecto, el “amor libre” no es menos moral que la limitación cristiana a una cónyuge, y en la poligamia nos indigna no tanto la profusa diversidad de amor cuanto la venalidad de la mujer, la caída del hombre, el vergonzoso poder de Mammón...

[81 —82] Aquí debo exponer en breve y con precisión ante los compañeros en qué consiste la esencia de la moral y qué es la verdadera moral. Ateniéndonos a nuestro sistema materialista, nosotros en semejantes investigaciones nos interesamos en primer término en el material, en este caso en el material moral. No saldremos del cuadro de la terminología común usada habitualmente. Las auténticas castañas son las que en el mundo entero se llamarán castañas en su significado usual...

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Sólo el materialismo económico, sólo la organización comunista del trabajo físico, a la que aspira la socialdemocracia, han de unir efectivamente la humanidad...

NB

En boca de un socialista, el desarrollo humano no es un valor ideal, una perfección espiritual para la que no hay rasero material y que se puede interpretar falsamente de la manera que se quiera. Para nosotros, el desarrollo humano consiste en nuestra creciente capacidad de someter la naturaleza. Para este gran objeto, la religión, el arte, la ciencia y la moral son simples acciones...

[85-87] La gente de sentido común sabe ahora que las ideas del animal o del vegetal no servían de modelo a su objeto, sino, al contrario, eran ellas mismas sus copias o abstracciones...

NB

Para nuestros adversarios nosotros, los socialistas, somos “materialistas”, es decir, gente sin vuelo ideal, que nos inclinamos torpemente sólo ante lo que se puede comer o beber o, al menos, que estimamos digno de atención sólo lo ponderable.

A fln de presentarnos en forma lamentable, atribuyen al concepto del materialismo el significado más estrecho y odioso. A este idealismo refinado le oponemos nuestra verdad moral, la idea o el ideal revestido de carne o que tiende a la encarnación ¿Dónde hallarán ustedes en el cielo o en la tierra un ideal tan verdaderamente razonable, moral y sublime como la idea de la democracia internacional? En ella las palabras del amor cristiano deben cobrar formas materiales. Que los afligidos hermanos en Cristo sean hermanos en lo hecho y la lucha mientras el valle de lágrimas religioso no se convierta en auténtico reino del pueblo. ¡Amén!

NB

bis ( β )

[93] Quien quiere ver en el surgimiento del mundo un principio divino, quien quiere lograr la verdad en cavilaciones abstractas y sacar el bien y el derecho del mundo interior sigue el mismo falso camino deductivo en el que la gente, valga la expresión, piensa con el vientre y comprende con el corazón...

LA FILOSOFIA DE LA SOCIALDEMOCRACIA

SIETE CONFERENCIAS

(“VOLKSSTAAT" 1876)

[94—97] Los primeros socialistas ingleses y franceses, que prenunciaban la tormenta ya a fines del siglo pasado, se daban perfecta cuenta del carácter rapaz e hipócrita de nuestros “caballeros de la propiedad libre”... Sin embargo, no comprendieron en absoluto que el único medio eficaz contra el mal social radica ya en la naturaleza misma de las cosas, que el proceso mundial inconsciente, además de plantearnos la tarea, ya contiene la clave para cumplirla...

Y así aparecen nuestros compañeros, Marx y Engels, en los II que se conjugan la orientación socialista y la ardiente fidelidad NB a la causa del pueblo con la indispensable cultura filosófica, merced a lo cual también en el dominio de las ciencias sociales han logrado elevarse de las hipótesis y conjeturas a la cumbre del conocimiento positivo. La filosofía les reveló el principio básico de que en la primera etapa no es el mundo que se adapta a las ideas, sino al revés, las ideas deben adaptarse al mundo. De ello sacaron la conclusión de que las auténticas formas estatales e instituciones sociales no se encuentran ya hechas en el mundo interior del hombre por vía especulativa, sino que deben deducirse de modo materialista a partir de las condiciones objetivas...

NB

NB

NB

Marx fue el primero en comprender que  el bien humano, considerado en conjunto, no depende de un político ilustrado cualquiera, sino de la fuerza productiva del trabajo social...

Marx comprendió, y este conocimiento es el fundamento de la ciencia social, que el bien humano depende del trabajo material, y no de las fantasías espiritualistas. Ahora ya no buscamos este bien en las revelaciones religiosas, políticas o jurídicas; vemos cómo brota mecánicamente del desarrollo de la llamada Economía política. No son la ciencia y la educación las que pueden acercamos a este bien, sino el trabajo productivo que, por cierto, con el concurso de la ciencia y la educación, se hace más y más productivo.

Aquí se trata de qué es lo que ocupa el primer lugar: ¿el trabajo mecánico o la ciencia espiritualista? A primera vista puede parecer que no es más que una sutileza sofista, pero, en realidad, el problema reviste inmensa importancia para llegar a una concepción acertada. Ante nosotros se plantea el problema de antes: ¿idealista o materialista? con la particularidad de que ya es tan claro que no cabe la menor duda acerca de cuál debe ser nuestra respuesta. Por dar preferencia al “grosero” trabajo nos acusan, a los socialistas, de persecutores de la educación...

NB

Uno se pregunta: ¿qué es lo primario: el pensamiento o el ser, la teología especulativa o las ciencias naturales inductivas? Las gentes se sienten orgullosas y tienen derecho de sentirse orgullosas del espíritu que traen en la cabeza, pero no deben atribuir en forma puramente pueril el significado

NB

principal en el mundo a lo que para ellas es lo principal. Son idealistas quienes exageran el valor del entendimiento humano, quienes lo deifican y se inclinan a atribuirle un poder milagroso religioso o metafísico. Esta secta es cada día numéricamente menor; incluso sus últimos mohicanos se han sacudido desde hace mucho tiempo la superstición religiosa, pero todavía no consiguen abandonar la “fe” en que tales conceptos como, digamos, justicia, libertad, belleza, etc., crean el mundo humano. Por supuesto, en cierto grado esto es justo, pero, ante todo, es el mundo material quien crea el contenido de nuestros conceptos; es él quien determina lo que cabe entender por libertad, justicia, etc. Es muy importante que tengamos una idea clara de la esencia de este proceso, ya que de él se desprende el método a emplear para dar a nuestros conceptos un contenido acertado. El problema de qué es lo primario: el espíritu o la materia es un gran problema general acerca de la verdadera orientación y el camino cierto de la verdad...

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NB

[100—101] La unanimidad teórica de la socialdemocracia, que hemos subrayado antes, se debe a que no buscamos más la salvación en los planes subjetivos, sino que vemos que se desprende ineludiblemente del proceso mundial como producto mecánico del mismo.

NB

Lo único que nos queda es limitar nuestra actividad a la ayuda durante el parto. El ineludible proceso mundial, que ha creado los planetas y ha formado paulatinamente a partir de sus substancias ígneas en estado líquido cristales, plantas, animales y al hombre, nos impulsa también ineludiblemente a la aplicación racional de nuestro trabajo, hacia el incesante fomento de las fuerzas productivas...

NB

La seguridad de la socialdemocracia se asienta en el mecanismo del progreso. Somos conscientes de nuestra independencia respecto de la buena voluntad de quien sea. Nuestro principio es puramente mecánico, nuestra filosofía es materialista.

[101] Sin embargo, el materialismo de la socialdemocracia es mucho más rico y tiene una base más profunda que todos los sistemas materialistas precedentes. Acogió su contrario —la idea— con la clara especulación, ha dominado plenamente el mundo de los conceptos y ha superado la contradicción entre la mecánica y el espíritu. Entre nosotros el espíritu de la negación es, a la vez, positivo, nuestro elemento es la dialéctica.

“Cuando yo —escribe Marx en una carta particular— me libere del fardo económico escribiré la Dialéctica. Las verdaderas leyes de la dialéctica las tiene ya Hegel, aunque en forma mística. Hay que liberarlas de esta forma’203. Por cuanto temo que tendremos que esperar todavía mucho hasta que Marx nos alegre con el trabajo prometido y, visto que yo he estudiado desde mis años jóvenes mucho y por cuenta propia esta disciplina, trataré de ofrecer a la mente investigadora la posibilidad de conocer algo la filosofía dialéctica. Es el sol central, del que parte la luz que nos alumbra no ya sólo la economía,

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203 Por lo visto trátase de una carta —que no se ha conservado— de C. Marx a J. Dietzgen del 9 de mayo de 1868, en la que le propone escribir una reseña del primer tomo de El Capital. Acerca del propósito de Marx de escribir la Dialéctica recuerda Dietzgen en una de sus cartas a Marx. Análoga idea expuso Marx en la carta a F. Engels del 14 de enero de 1858 : “Si algún día se hallase tiempo para semejantes trabajos —escribía Engels— yo expondría con gran satisfacción en dos o tres pliegos de imprenta en forma accesible al sentido común humano lo racional que hay en el método que descubrió Hegel y que, a la vez, mistificó” (C. Marx y F. Engels. Obras, 2ª ed. en ruso, t. 29, pág. 2 12).

sino todo el progreso de la cultura y que, en fin de cuentas, ha de alumbrar toda la ciencia hasta sus “últimos cimientos”.

Mis compañeros saben que no he cursado la escuela superior, que soy un simple curtidor que ha aprendido la filosofía de modo autodidacta. Para mis trabajos filosóficos sólo puedo emplear mis horas de asueto. Por eso publicaré mis artículos con ciertos intervalos, centrando más la atención no tanto en su conexión interna cuanto en que cada uno se pueda leer separadamente. Y por cuanto concedo poca importancia a los trastes sabihondos, no seré muy verboso; omitiré igualmente todo lo que no puede más que oscurecer nuestro tema...

NB

II

[102-104] En el prefacio a su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra, Federico Engels habla ya de la superación de la filosofía por Feuerbach204. Pero a Feuerbach la teología le ha dado tanto trabajo que apenas le ha quedado voluntad y tiempo para lograr la victoria total y definitiva sobre la filosofía...

NB

El anciano que quiere comenzar de nuevo la vida para repetirla, lo que desea, hablando en rigor, no es repetirla, sino corregirla. Reconoce que el camino recorrido no es el cierto, pero, se inclina, por lo visto, a la conclusión contradictoria de que este camino, pese a todo, le ha enseñado muchas cosas. La misma actitud crítica que este anciano sostiene ante su pasado la mantiene la socialdemocracia ante la filosofía. Esta última es precisamente el falso sendero por el que hubo que extraviarse para llegar a conocer el camino de la verdad. Para seguir el camino cierto, sin dejar que ninguna sandez religiosa o filosófica nos desoriente, hay que estudiar meticulosamente el más incierto de los caminos inciertos: la filosofía.

sehr gut!

Quien comprenda esta exigencia en el sentido literal la hallará, desde luego, absurda...

Todo lo que existe realmente está sujeto a constantes cambios y el movimiento del mundo es tan ilimitado que cada cosa en cada momento concreto ya no es la que era antes...

NB

La socialdemocracia se pronunció en contra de la palabra “religión” y yo insisto aquí en que se pronuncie igualmente contra la palabra “filosofía”. Sólo que para la fase de transición yo admito la posibilidad de hablar de “filosofía socialdemócrata”. Y en el porvenir la dialéctica .o, la: doctrina general de la ciencia, sería una denominación adecuada para esta disciplina crítica...

[106-108] Cada uno de ellos* posee un remanente más o menos considerable de misticismo supersticioso, fantástico que los deslumbra. Una prueba elocuente de ello encontramos en las palabras del señor von Kirchmann, que dijo en su Lección de filosofía popular (como informa * profesores y, auxiliares de cátedra —Ed.

204 J. Dietzgen aduce inexactamente la idea de F. Engels : en el Prefacio a La situación de la clase obrera en Inglaterra Engels habla de la “superación feuerbachiana de la especulación hegeliana”.

Volkszeitung del 13 de enero del año en curso (1876)  que la filosofía no es más ni menos que la ciencia de los conceptos superiores del ser y del saber..

Vuelve a aparecer ante nosotros nuestra vieja y remozada conocida. Ahora se llama “ciencia de los conceptos superiores del ser y del saber”. Así se llama en el “lenguaje popular”...

Admitamos que la filosofía y las ciencias naturales tratan de un mismo objeto, se valen de los mismos medios, pero el modo de usarlos es distinto. Uno se pregunta involuntariamente: ¿y qué resulta de esta diferencia? Los resultados de las ciencias naturales son conocidos de todos. Y ¿en que se expresan los resultados de la filosofía? Von Kirchmann nos revela el misterio: la filosofía protege la religión, el Estado, la familia y la moral. Por lo tanto, la filosofía no es una ciencia, sino un medio de defensa contra la socialdemocracia. Pero en este caso no debe asombrar el que los socialdemócratas posean su propia filosofía especial...

sehr gut!

“Las ciencias especiales, lo mismo que el sentido común en general, logran sus conocimientos con ayuda del intelecto a partir de la experiencia, del mundo material... * La experiencias material del mundo —Ed.

Erfahrung = Material

NB

der Well*

Los seguidores y adoradores contemporáneos de la filosofía clásica tienen la misión de proteger la religión, el Estado, la familia y la moral. Tan pronto como dejan de cumplirla dejan de ser filósofos y se convierten en socialdemócratas. Todos los que se dan el nombre de “filósofo”, todos esos profesores y auxiliares de cátedra, pese al aparente librepensamiento, están envueltos más o menos en la red de la superstición y el misticismo, todos ellos, en realidad, se diferencian poco el uno del otro y constituyen, en oposición a la socialdemocracia, una sola masa in puncto puncti** reaccionaria e inculta... ** En fin de cuentas.— Ed.

III

[109-110] Por lo común se plantea el “método” como rasgo característico que distingue la filosofía de las ciencias especiales. Pero el método especulativo de la filosofía no es otra cosa que el dirigirse sin sentido a la nebulosa indeterminación. Sin material alguno, cual araña que saca la tela de su trasero, e incluso más, sin fundamento, sin la menor premisa, el filósofo procura sacar su sabiduría especulativa de la cabeza...

NB

Los graves libros no son más que evidentes aglomeraciones del veneno que ha arraigado profundamente en la carne de los pueblos desde su infancia y que ahora está aún difundido entre las más diversas capas de la población. Un modelo aleccionador nos ha ofrecido hace poco el sabio profesor Biedermann en su polémica con los obreros. El profesor exige a los socialistas, “en lugar de nebulosas y vagas insinuaciones, un cuadro claro del régimen social que, a juicio de éstos y de conformidad con sus deseos, debe instaurarse entre nosotros en el porvenir. Es particularmente interesante obtener de ellos claras indicaciones acerca de cómo se hará realidad consecutivamente todo esto”...

bien

dit!

Cuando pensamos en la organización futura de la sociedad nos respaldamos, en primer término, en el material ya conocido.

Nosotros pensamos de modo materialista...

IV

[116-123] En los artículos anteriores, la filosofía se presenta como vástago de la religión, que llegó a ser lo mismo que ésta, un soñador, aunque con menos pretensiones...

Por lo visto, Dühring presentía toda la inutilidad del oficio del filósofo, ya que le otorga, además, la “aplicación práctica”. A su juicio, la filosofía no debe sólo dedicarse a la intelección científica del mundo y la vida, sino confirmarlo con todos sus designios, su contemplación del mundo y su actitud ante la organización de la vida. Y este camino lleva a la socialdemocracia. Visto que el filósofo ha avanzado tanto, pronto llegará al conocimiento total y rechazará resueltamente la filosofía. Cierto es que el hombre en general no puede prescindir de cierta contemplación del mundo, pero de la filosofía, como género especial de aquélla, es muy fácil prescindir. Su mundivisión es algo que se halla entre lo religioso y lo rigurosamente científico...

NB

Volvemos a repetir una vez más: el método es un rasgo distintivo de la religión, la filosofía y la ciencia. Todas ellas buscan la sabiduría. El método religioso de la revelación la busca en el monte Sinaí, tras las nubes o entre los fantasmas. La filosofía se dirige a la razón humana, pero mientras ésta se halle envuelta en la niebla religiosa no podrá comprender a sí misma, pregunta y procede erróneamente, sin fundamento, de modo especulativo o al azar. Finalmente, el método de la ciencia exacta tiene por base el material del mundo sensible de los fenómenos. Y una vez que reconocemos este método como el único modo racional de acción del intelecto, toda fantasía pierde su razón de ser.

NB

Si un filósofo auténtico ve estas disquisiciones se sonreirá sarcásticamente y, si nos digna con sus objeciones, tratará de demostrar que los partidarios de las ciencias especiales son unos materialistas no críticos que aceptan sin la menor comprobación el mundo empírico sensible de la experiencia como verdad...

NB

α

Pero en la vida del pueblo, donde se trata de señores y siervos, de trabajo y ganancias, de derechos y deberes, de leyes, costumbres y normas, al cura y al profesor-filósofo se les confiere ampliamente la palabra y cada uno de ellos tiene su método especial para... disfrazar la verdad. La religión y la filosofía, que antes eran errores inocentes, devienen ahora, cuando los gobernantes están interesados en la reacción, medios sutiles de engaño político.

sehr gut!

La lección que nos ha ofrecido en el artículo precedente el profesor Biedermann nos ha enseñado que no cabe recurrir a la nebulosa indeterminación, ni siquiera en

búsqueda de la verdad. Aquí la filosofía se opone al sentido común humano. No busca, como lo hacen todas las ciencias especiales, ciertas verdades empíricas, sino al igual que la religión, trata de hallar un tipo totalmente especial de verdad, la verdad absoluta, quimérica, no fundada en nada, sobrenatural. Lo que es real para el mundo —lo que vemos, oímos, olemos, palpamos, nuestras sensaciones corporales— no es bastante real para ella. Los fenómenos de la naturaleza son para ella nada más que fenómenos o “apariencias” de las que no quiere saber nada...

NB

α

El filósofo poseído de prejuicios religiosos, quiere saltarse los fenómenos de la naturaleza, tras este mundo de los fenómenos busca no se sabe qué otro mundo de la verdad con ayuda del cual debe explicarse el primero...

Cabe remarcar que he atribuido a Descartes mucho más de lo que hizo en realidad. El asunto es el siguiente: nuestro filósofo resultó tener dos almas: una corriente, religiosa, y otra, científica. Su filosofía era un producto mixto de la una y la otra. La religión lo obligó a creer que el mundo sensible no es nada, mientras que la mentalidad científica trató de demostrar lo contrario. Descartes comenzó por lo perecedero, por la duda en cuanto a la verdad sensible, y con las sensaciones corpóreas de su ser demostró lo contrario. Sin embargo, la corriente científica no podía manifestarse a la sazón de modo tan consecuente. Sólo el pensador imparcial, al repetir el experimento de Descartes, descubre que si en la cabeza pululan ideas y dudas, sólo la sensación corporal nos convence de la existencia del proceso de pensar. El filósofo tergiversó el hecho; quería demostrar la existencia incorpórea del pensamiento abstracto, estimaba que se podía demostrar científicamente la verdad sobrenatural del alma religiosa y filosófica, mientras que en la realidad sólo hizo constar la corriente verdad de las sensaciones corporales...

NB NB

Los idealistas, en el buen sentido de la palabra, son todos hombres honrados. Tanto más los socialdemócratas. Nuestro objetivo es el gran ideal. Y los idealistas en el sentido filosófico son unos irresponsables. Afirman que todo lo que vemos, oímos, palpamos, etc., todo el mundo de los fenómenos que nos rodea no existe en absoluto, todo eso no son más que fragmentos de ideas. Afirman que nuestro intelecto es la única verdad, que todo lo demás no son otra cosa que “representaciones”, fantasmagorías, sueños vagos, apariencias en el mal sentido de la palabra. Todo lo que percebimos del mundo exterior, a su juicio no son verdades objetivas, cosas reales, sino sólo un juego subjetivo de nuestro intelecto. Y cuando al sano juicio humano le indignan, pese a todo, semejantes afirmaciones, tratan de demostrarle de modo muy convincente que, aunque vea a diario con sus propios ojos que el sol sale en el Este y se pone en el Oeste, la ciencia tiene que persuadirlo tanto que aprenda a conocer esta verdad con ayuda de sus imperfectos sentidos. . * Las observaciones de V. I. Lenin subrayadas con líneas inclinadas fueron escritas en un ángulo de la página. Por eso aquí y en adelante, cuando no se puede determinar con exactitud a qué lugar se refiere la observación de Lenin, se cita todo el texto de la página. —Ed. ** Apariencias en el mal sentido de la palabra. —Ed.

NB*

Ersckeinun

gen im

bösen Sinne * *

NB α

También la gallina ciega, como dice el refrán, halla su grano ora acá, ora allá. Semejante gallina ciega es el idealismo filosófico. También él ha recogido un grano, a saber, la idea de que lo que vemos, oímos y palpamos en el mundo no son objetos reales. En las ciencias naturales, la fisiología de los sentidos se acerca, a su vez, cada día más y más al hecho de que los abigarrados objetos que ve nuestro ojo no son más que abigarradas sensaciones visuales, que todo lo burdo, lo delicado y lo pesado que percibimos no son otra cosa que sensaciones de lo pesado, lo delicado o lo burdo. Entre nuestros sentidos subjetivos y las cosas objetivas no existe la menor diferencia absoluta. El mundo es el mundo de nuestros sentidos...

sehr gut!

En el mundo, las cosas no existen “en sí”, sino que reciben todas sus propiedades a través de la interconexión . . . Sólo a determinada temperatura el agua es un líquido, en el frío deviene densa y dura, y con el —calor se convierte en vapor, por lo común corre de arriba abajo, pero, al tropezar en su camino con un pan de azúcar, comienza a subir.

En sí no tiene propiedad alguna, existencia alguna, pero las recibe sólo en relación con otros objetos.

NB

Todo no es más que propiedad o predicado de la naturaleza; ésta no nos rodea en su objetividad o verdad sobrenatural, sino en todas partes, con sus multiformes y fugaces fenómenos.

Los interrogantes de cómo sería el mundo sin ojos, sin sol o sin espacio, sin temperatura, sin intelecto o sin sensaciones son absurdos y sólo unos tontos podrían reflexionar sobre ellos. Cierto es que en la vida y la ciencia podemos delimitar, delimitar y clasificar hasta lo infinito, pero al hacerlo no debemos olvidar que las cosas y los fenómenos forman un todo único y se hallan interconexos. El mundo es sensible, y nuestros sentidos, nuestro intelecto son perfectamente terrenales. Esto no es todavía la “frontera” del hombre, pero quien quiere pasarla llega al absurdo. Si demostramos que el alma inmortal del cura o el indudable intelecto del filósofo son de una misma naturaleza, la más común y corriente, que todos los demás fenómenos del mundo, habremos demostrado que “los demás” fenómenos son tan verdaderos e indiscutibles como el indiscutible intelecto de

Descartes. No sólo creemos, pensamos, suponemos o dudamos de que nuestras sensaciones existen, sino que las percibimos efectivamente. Y a la inversa, toda la verdad y la realidad se asientan sólo en los sentidos, en las sensaciones corpóreas. El alma y el cuerpo o el sujeto y el objeto, como se suele decir hoy, son de un mismo género terrenal, sensible y empírico.

NB

“La vida es un sueño”, decían los antiguos; ahora la filosofía nos comunica una novedad: “el mundo es nuestra representación”...

La esencia de la filosofía socialdemócrata es asentar sus principios sobre las sensaciones corpóreas, y no basar la verdad sobre la “palabra divina” y sobre los “principios” tradicionales...

NB

V

[123-130] El señor Dios creó el cuerpo humano a partir de un trozo de arcilla y le inspiró un alma inmortal. Desde entonces existe el dualismo o la teoría de los dos mundos. Uno, físico, el mundo material, una porquería, y el otro, espiritual o el mundo mental de los espíritus, el aliento del Señor. Este cuento lo han eternizado los filósofos, es decir, lo han adaptado al espíritu de la época. Todo lo que está al alcance de la vista, el oído y la sensación, en una palabra, la realidad física se considera aún barro sucio; en cambio, con el espíritu pensante se relaciona la idea del reino de no se sabe qué verdad, belleza y libertad sobrenaturales. Lo mismo que en la Biblia, en la filosofía la palabra “mundo” tiene un dejo malo. Entre todos los fenómenos u objetos de la naturaleza, la filosofía sólo presta atención a uno, el espíritu, el conocido aliento del Señor; y sólo porque la confusa razón de la filosofía lo estima algo superior, sobrenatural, metafísico...

NB

El filósofo que estima que el espíritu humano es, a la par que otros objetos, la meta del conocimiento, deja de ser filósofo, es decir, uno de quienes, al estudiar el misterio de la existencia en general, se aleja en la nebulosa indeterminación. Se vuelve especialista, y la “ciencia especial” de la teoría del conocimiento es su especialidad...

Tras la pregunta de si en nuestra cabeza hay un espíritu idealista noble o el corriente y preciso entendimiento humano, se oculta el problema práctico de si el poder y el derecho pertenecen a la aristocracia privilegiada o al pueblo llano...

NB

Los profesores se erigen en caudillos en el campo del mal. En el ala derecha manda Treitschke; en el centro, von Sybel, y en el ala izquierda, Jürgen Bona Meyer, doctor y profesor de filosofía en Bonn...

NB

En "el artículo precedente hablamos ya del truco cartesiano a que recurren casi a diario los profesores de la magia superior o la filosofía ante el público para desconcertarlo. El aliento del Señor se presenta como la verdad. Cierto es que este nombre goza de mala reputación: ante los ilustrados liberales no se puede hablar del alma inmortal. Por eso fingen ser sensatos materialistas, hablan de conciencia y de capacidad de pensar o conocer...

sehr gut!!

Nosotros sentimos en nuestro interior la existencia física de la razón pensante y exactamente de la misma manera sentimos fuera de nosotros montones de arcilla, árboles y matas. Tanto lo que sentimos en nuestro interior como lo que está fuera de nosotros no se diferencian mucho lo uno de lo otro. Lo uno y lo otro pertenecen a la categoría de los fenómenos sensibles, al material empírico, lo uno y lo otro son cosas de los sentidos. Cuando llegue el caso hablaremos de cómo distinguir aquí los sentidos subjetivos de los objetivos, lo interior de lo exterior, cien táleros efectivos, de cien táleros imaginarios. Y aquí hay que comprender que tanto la idea interior como el dolor interior tienen en igual medida su existencia objetiva y que, por otra parte, el mundo exterior se halla estrechamente ligado a nuestros órganos...

NB

Concedamos la palabra al propio Jürgen: “Y el que no cree por principio volverá una y otra vez a la verdad demostrada filosóficamente de que todo nuestro saber se asienta, pese a todo, en una creencia. La propia existencia del mundo sensible la admite como artículo de fe hasta el materialista.

NB

No tiene conocimiento directo del mundo sensible; conoce «directamente sólo la representación de él que existe en su imaginación. Cree que a esta representación suya corresponde lo representado, que el mundo representado es precisamente tal como se lo imagina, cree, por consiguiente, en el mundo sensible exterior partiendo de los argumentos de su espíritu”...

NB

La fe de Meyer está demostrada “filosóficamente”, sin embargo, Meyer sabe sólo que no sabe nada y que todo es fe. Es modesto en el saber y la ciencia, pero no lo es en absoluto en la fe y la religión. Mezcla constantemente la fe y la ciencia, por lo visto ninguna tiene para él mucha importancia.

sehr gut!

Así, “se ha demostrado filosóficamente” que “ha llegado el fin de todo nuestro conocimiento”. Para que el benévolo lector pueda comprender esto nos permitiremos comunicarle que el gremio de los filósofos ha organizado hace poco tiempo una asamblea en la que acordó solemnemente retirar del uso la palabra ciencia para poner en su lugar la fe. Todo saber se llama fe ahora. El saber no existe más...

NB

No obstante, el señor profesor se corrige a sí mismo y dice literalmente lo que sigue: la fe en el mundo sensible es fe en el espíritu propio. Por lo tanto, todo, tanto el espíritu como la naturaleza, vuelven a asentarse en la fe. No tiene razón sólo en que quiere subordinar también a nosotros, los materialistas, a la disposición de su gremio. Para nosotros este acuerdo no tiene la menor fuerza de obligación. Sostenemos la vieja terminología, nos quedamos con el saber y dejamos la fe a los curas y doctores en filosofía.

Por supuesto, también “todo nuestro saber” se asienta sobre la subjetividad. Es muy probable que el muro contra el que podíamos estrellarnos y que por eso consideramos impenetrable, puede ser, como digo, superado por gnomos, ángeles, diablos y otros fantasmas sin la menor dificultad, puede ser que toda esta masa de arcilla del mundo sensible no exista siquiera para ellos, pero ¿qué nos importa esto? ¿Qué tenemos que ver con un mundo que no sentimos, no palpamos?

Puede ser que lo que la gente llama niebla y viento son, en realidad, flautas o contrabajos celestiales, de modo puramente objetivo o “en y para si". Pero precisamente por eso no nos importa en absoluto semejante absurda objetividad. Los materialistas socialdemócratas razonan sólo sobre qué percibe el hombre por medio de la experiencia. Pertenece a ello también su propio espíritu, su capacidad de pensar o poder de imaginación. Lo que está al alcance de la experiencia lo llamamos verdad y sólo esto es para nosotros el objeto de la ciencia...

Desde que Kant hizo de la crítica de la razón su especialidad, se ha establecido que nuestros solos cinco sentidos son aún insuficientes para la experiencia, que para eso se requiere, además, la participación del intelecto...

NB

Sin embargo, el gran filósofo no consiguió olvidar el cuentecito de la arcilla, liberar plenamente el espíritu del peso de la niebla espiritual y separar la ciencia de la religión: El criterio que se tenía de la materia como cosa vil, ”cosa en sí” o verdad sobrenatural sujetaba a todos los filósofos cautivos en mayor o menor medida del engaño idealista, al que respalda

NB

exclusivamente la fe en el carácter metafísico del espíritu humano.

Se aprovechan de esta pequeña debilidad de nuestros grandes críticos los filósofos oficiales prusianos para preparar un nuevo sagrario religioso, por cierto, extremamente miserable.

“La fe idealista en Dios —dice J. B. Meyer— no es, por supuesto, el saber y jamás lo será; pero no es menos claro que la ausencia materialista de fe tampoco es, a su vez, el saber, sino sólo la fe materialista, igualmente incapaz de llegar a ser algún día el saber”...

NB

VI

[130-136] Todos repiten al unísono el refrán: “retornar a Kant”. En virtud de ello el problema que nos interesa adquiere un significado que transciende de la insignificante figura del general Jürgen. No querrán volver a Kant porque este gran pensador ha asentado un fuerte golpe al cuento del alma inmortal encerrada en la sucia arcilla, esto lo ha hecho efectivamente, sino porque su sistema, por otra parte, ha dejado una rendija por la cual se puede pasar de contrabando un poco de metafísica...

NB

Es perfectamente claro que toda sabiduría tergiversada se asienta sobre la utilización tergiversada de nuestro intelecto. Y nadie ha tratado con tanto empeño y éxito de estudiar este último, de crear la ciencia de la teoría del conocimiento como el tan venerado por todos Immanuel Kant. Pero entre él y sus tiralevitas de hoy existe una diferencia sustancial. En la gran lucha histórica Kant estuvo al lado de la cansa justa contra el mal; se valía de su genialidad para el impulso revolucionario de la ciencia, mientras que nuestros filósofos oficiales prusianos se pusieron con su “ciencia” al servicio de la política reaccionaria...

La maniobra con ayuda de la que Kant echó del templo la metafísica, dejando abierta para ella la puerta de servicio, viene señalada claramente en una frase de su prefacio o introducción a la Critica de la razón pura. Dado que no dispongo ahora en mis manos del texto, lo cito de memoria. La frase dice: nuestro conocimiento se limita a los fenómenos de las cosas. No podemos saber lo que son en sí...

NB

No se puede negar: donde hay fenómenos hay también algo que aparece. Pero, ¿qué puede decirse si este algo es el propio fenómeno, si los fenómenos aparecen ellos mismos? No habría nada ilógico o absurdo si en todas partes de la naturaleza los sujetos y los predicados fuesen del mismo género. ¿Por qué, pues, lo que aparece debe ser forzosamente de calidad distinta de la del fenómeno? ¿Por que las cosas “para nosotros” y las cosas “en sí” o el fenómeno y la verdad no pueden constar de un mismo material empírico, ser de un mismo género?

NB NB

Respuesta: porque el prejuicio acerca del mundo metafísico, porque la fe en la sucia arcilla y en la verdad sobrenatural, extravagante, que debe radicar en él, arraigaron también en la cabeza del gran Kant. Proposición: donde hay fenómenos que podemos ver, oír y palpar debe haber oculto algo más, lo llamado verdadero o sublime, que no se puede ver ni oír ni palpar. Esta

NB

proposición es ilógica, a despecho de Kant...

El intelecto debe operar sólo en conexión consciente con la experiencia materialista, y todo intento de dirigirse a la nebulosa indeterminación es vano y no tiene sentido.

NB

Pero, según Heine, el profesor de Koenigsberg tenía un sirviente, hombre del pueblo, que se llamaba Lampe, para el cual, según se afirma, los castillos en el aire eran una necesidad de su alma. Se apiadó de él el filósofo y sacó la siguiente conclusión: visto que el mundo de la experiencia guarda estrecha relación con el intelecto, aquél no ofrece más que experimentos intelectuales, es decir, fenómenos o fragmentos de los pensamientos. Las cosas materiales, conocidas a través de la experiencia, no son verdades auténticas, sino sólo apariencias en el mal sentido de la palabra, fantasmas o algo parecido. Las cosas reales, las cosas “en sí”, la verdad metafísica no se conocen a través de la experiencia, hay que tener fe en ellas, con arreglo al conocido argumento de que donde hay fenómeno debe haber también algo (metafísico) que aparece. * Apariencias en el mal sentido de la palabra.— Ed.

Erscheinun

gen im

bösen Sinne des

Wortes*

NB

Así, se salvó la fe, se salvó lo sobrenatural, y esto le agradó mucho no sólo a Lampe, sino también a los profesores alemanes en la “Kulturkampf” por la “instrucción pública” contra los odiados y radicales ateos socialdemócratas. Aquí precisamente Immanuel Kant resultó ser una persona necesaria, les ayudó a hallar el punto de vista intermedio apetecido, aunque no científico, pero en cambio muy práctico...

¡muy bien!

Los socialdemócratas están firmemente convencidos de que los jesuitas clericales son mucho menos nocivos' que los “liberales”. De todos los partidos el más abominable es el del término medio. Este se vale de la educación y la democracia como de un rótulo falso para ofrecer subrepticiamente al pueblo su mercancía adulterada y desacreditar los principios genuinos. Cierto es que estos hombres tratan de justificarse alegando que proceden a ciencia y conciencia; creemos de buen grado en que saben poco, pero estos canallas no quieren saber nada, no quieren aprender

¡muy bien!

NB

Desde los tiempos de Kant ha pasado casi un siglo; durante ese período han vivido Hegel y Feuerbach, ha triunfado la desdichada economía burguesa que desvalija al pueblo y lo tira de patitas sin trabajo y sin salario a la calle cuando ya no puede sacar nada de él...

2 escuelas en filosofía

Nuestros educandos, los actuales obreros asalariados, están bastante desarrollados para comprender la filosofía socialdemócrata, que sabe distinguir los fenómenos de la naturaleza como material de la verdad teórica o científica, experimental, empírica, materialista o, si se quiere, también subjetiva, por una parte, de la metafísica pretenciosa o sobrenatural, por otra.

NB !!

Lo mismo que en la política, en consonancia con el desarrollo económico que diezma las clases medias y crea propietarios y desposeídos, los partidos se agrupan más y más en dos campos: de un lado los patronos, y del otro, los trabajadores, también la ciencia se divide en dos clases fundamentales: allá, los metafísicos, acá, los físicos o materialistas. Los elementos intermedios y los charlatanes conciliadores, cualquiera que sea su rótulo,— espiritualistas, sensualistas, realistas, etc., etc., en su camino se dejan llevar ya por una corriente, ya por otra. Nosotros exigimos decisión, queremos claridad. Los oscurantistas retrógrados se dan el nombre de idealistas, y deben llamarse materialistas todos quienes procuran la emancipación de la mente humana del galimatías metafísico. Para que los nombres y las definiciones no nos desorienten, debemos tener siempre presente que la confusión general en este problema no ha permitido hasta ahora establecer una terminología exacta.

NB NB NB

escrito

en

Si compararnos los dos partidos con los estados sólido y líquido, el término medio será gelatinoso. Semejante indeterminación vaga es una de las principales propiedades de todas las cosas del mundo. Tan sólo la capacidad cognoscitiva o la ciencia están en condiciones de poner las cosas en claro, del mismo modo que para determinar el calor y el frío la ciencia ha creado el termómetro y ha acordado estimar que el punto de congelación es el límite exacto en el que toda la diversidad de temperaturas se divide en dos clases. Los intereses de la socialdemocracia reclaman que recurra al mismo procedimiento en lo concerniente a la sabiduría mundial, que divida todas las ideas en dos categorías: la fantasía idealista, que precisa de la fe, y el discurso materialista y sensato.

sehr gut!

NB

VII

[136-142] Aunque nosotros, los socialdemócratas, seamos ateos no religiosos, tenemos una fe, es decir, el abismo que media entre nosotros y los religiosos es profundo y ancho, pero, lo mismo que en el caso i de cualquier abismo, se puede tender un puente sobre él. Me propongo llevar a mis compañeros demócratas a este puente y mostrarles desde él la diferencia entre  el desierto en el que vagan errantes los creyentes, y la tierra prometida de la luz y la verdad.

NB

El objetivo

es “conciliar” ) ) )     NB

NB

El más sublime mandamiento del cristianismo reza: “Amarás a Dios por encima de todo a y tu prójimo como a ti mismo”. Así pues, Dios por encima de todo, pero ¿qué es Dios? Es el comienzo y el fin, el creador del cielo y la tierra. No creemos en su existencia, sin embargo, hallamos razonable el sentido del mandamiento de amarlo por encima de todo...

NB

Debemos comprender que, aunque el espíritu está llamado a dominar sobre la materia, esta dominación debe ser sin falta extremamente limitada.

NB

Con ayuda de nuestro intelecto podemos dominar sobre el mundo material sólo formalmente. En los detalles, quizá, podemos orientar conforme a nuestro juicio sus cambios y movimientos, pero, considerada en conjunto, la substancia de la cosa, la materia en general es superior a la inteligencia humana. La ciencia está en condiciones de convertir la fuerza mecánica en calor, electricidad, luz, fuerza química, etc., es posible que consiga convertir la fuerza en materia y la materia en fuerza y presentarlas como distintas formas de una misma esencia; no obstante, está en condiciones de modificar sólo la forma, mientras que la esencia permanece eterna, invariable e indestructible. El intelecto puede seguir las vías de los cambios físicos, pero no son más que vías materiales por las que el orgulloso espíritu sólo puede avanzar, pero que no es capaz de señalar. El sano juicio

libertad necesidad

NB libertad y necesidad

NB libertad y necesidad

humano debe tener siempre presente que, a la par con “el alma inmortal" y con la razón, orgullosa por su conocimiento, no es más que una partícula subordinada del mundo, aunque nuestros “filósofos” contemporáneos se ajetrean aún con el truco de cómo convertir el mundo real en “representación” del hombre. El mandamiento religioso —amarás a Dios por encima de todo— significa en boca de un buen socialdemócrata: amarás y honrarás el mundo material, la naturaleza física n la existencia sensible como primera base de todas las cosas, como ser sin comienzo ni fin, que ha existido, existe y existirá en los siglos de los siglos...

NB

Se llama fenómeno corpóreo, físico, sensible o material el género común al que pertenece todo ser, lo ponderable y lo imponderable, el cuerpo y el espíritu...

Aunque oponemos lo físico a lo espiritual, la diferencia sólo es relativa; no son más que dos tipos de existencia, ni más ni menos opuestos que los perros y los gatos, que, pese al conocido odio, pertenecen a una misma clase o género, al género de los animales domésticos.

NB

NB

Las ciencias naturales, en el sentido estrecho y habitual de la palabra, por más que sea convincente su demostración del origen de las especies y del desarrollo del mundo orgánico a partir del inorgánico, no puede ofrecernos una concepción monista del mundo (doctrina sobre la unidad de la naturaleza: la unidad del “espíritu” y la “materia”, de lo orgánico y lo inorgánico, etc.), hacia lo que tiende con tanta avidez nuestra época. Las ciencias naturales llegan a todos sus descubrimientos sólo mediante el intelecto. La parte visible, ponderable y palpable de este órgano pertenece, por cierto, al dominio de las ciencias naturales, pero su función, el pensar, es ya objeto de otra ciencia, a la que se puede dar el nombre de lógica, teoría del conocimiento o dialéctica. La última esfera de la ciencia —la comprensión o la incomprensión de las funciones del espíritu— es, por lo tanto, patria común de la religión, la metafísica y la claridad antimetafísica. Aquí se halla el puente que arranca de la humillante esclavitud supersticiosa para llegar a la libertad resignada; también en el dominio de la libertad, orgullosa por sil conocimiento, reina la resignación, es decir, la subordinación a la necesidad material, física.

La inevitable religión, que para los “filósofos” se convierte en metafísica inevitable, se convierte para el sano juicio humano en una irresistible necesidad teórica de concepción monista del mundo. La fuerza-materia existente, que se denomina también mundo o ser, la mistifican los teólogos y filósofos, ya que no comprenden que la materia y el intelecto pertenecen a una misma especie, ya que invierten la correlación entre los dos. Lo mismo que nuestra noción de la Economía política, nuestro materialismo es una conquista científica histórica. Nos distinguimos de modo perfectamente definido tanto de los socialistas del pasado como de los materialistas de antes. Con estos últimos lo único que tenemos de común es que reconocemos la materia como premisa o fundamento primero de la idea. * Concepción monista del mundo.— Ed.

Monistische Weltanscha

uung*

Partidos en

filosofía

NB

La materia es substancia para nosotros, y el espíritu, nada más que un accidente; el fenómeno empírico es para nosotros un género, y el intelecto, nada más que una especie o forma del mismo...

Donde hay intelecto, saber, pensamiento, conciencia, debe haber también, a su vez, objeto, material, que está sujeto al proceso de conocimiento y es, consiguientemente, lo más importante. En ello consiste precisamente el viejo problema que divide a los idealistas y los materialistas: ¿qué es lo “principal”, la materia o el intelecto? Ahora bien, tampoco éste es un problema, sino una frase huera, nada más que palabras. La auténtica disparidad entre los partidos consiste en que uno quiere convertir el mundo en un sortilegio, mientras que el otro no quiere saber nada de eso...

Visto que nosotros podemos percibir todos los fenómenos Cfr. de la naturaleza sólo a través del intelecto, también todas nuestras percepciones son fenómenos intelectuales. Perfectamente cierto. Pero entre éstas se halla una percepción o fenómeno especial que se considera preferentemente “intelectual”. Trátase del corriente sano juicio del ser humano, de la razón, del intelecto o la capacidad cognoscitiva, mientras todo lo restante, o sea, toda la masa, se llama materia. Por lo tanto, todo se reduce a que la materia, la fuerza y el intelecto, por separado y juntos, tienen un mismo origen. * Véase el presente tomo, pág. 419.— Ed.

Cfr. pág. 142*

?))

El denominar los fenómenos del mundo materiales o intelectuales es lo mismo que dedicarse a lamentable logomaquia. El problema consiste en si todas las cosas son de una misma especie o el mundo debe ser dividido en sortilegio sobrenatural y misterioso, por una parte, y arcilla natural o asquerosa, por otra.

NB

? NB

Para ponerlo en claro no basta con deducir todo de los átomos ponderables como lo hacían los viejos materialistas. La materia no es sólo ponderable, es también olorosa, de vivos colores, sonora y ¿por qué no razonable?..

NB

El prejuicio de que los objetos del tacto son más comprensibles que los fenómenos del oído o de los sentidos en general impulsaba a los viejos materialistas a sus especulaciones atomísticas, los llevó a considerar lo táctil como causa primera de todas las cosas. Hay que ampliar el concepto de materia. Entran aquí todos los fenómenos de la realidad y, por consiguiente, nuestra capacidad de conocer y explicar.

Y cuando los idealistas dan el nombre de “representación” o califican de “intelectuales” todos los fenómenos de la naturaleza, nosotros reconocemos de buen grado que no se trata de cosas “en si”, sino sólo de objetos de nuestra sensación. A su vez, también el idealista aceptará que entre las sensaciones denominadas mundo objetivo [142] existe una cosa especial, un fenómeno especial que se denomina sensación subjetiva, alma o conciencia. En consonancia con ello, está perfectamente claro que lo objetivo y lo subjetivo pertenecen a un mismo género, que el cuerpo y el alma son de un mismo material empírico.

?

?

NB

Una persona sin prejuicios no puede tener dudas acerca de que el material espiritual o, mejor dicho, el fenómeno de nuestra capacidad cognoscitiva es una parte del mundo, y no al revés. El todo rige la parte; la materia, el espíritu, al menos en lo principal, aunque, a veces el espíritu humano rige el mundo. Precisamente en este sentido debemos querer y respetar el mundo material como el mayor bien, como la causa primera, como el creador del cielo y la tierra...

NB

Los socialdemócratas se dan el nombre de materialistas porque quieren decir con ello sólo que no reconocen nada que transcienda de los límites del juicio humano que funciona científicamente, que hay que poner fin a todo sortilegio...

---------------

LO INCONCEBIBLE

EL PROBLEMA FUNDAMENTAL

DE LA FILOSOFIA SOCIALDEMOCRATA

(“VORWÄRTS" 1877)

[143-147] Los curas y los profesores coinciden en la negación de la capacidad cognoscitiva absoluta del intelecto humano, en la negación de la posibilidad de lograr la claridad indiscutible y le atribuyen nada más que el carácter de juicio limitado de súbdito fiel...

NB

Los filósofos profesionales han dado un paso adelante y han sustituido la ciencia celestial con la terrenal; pero aquí, en fin de cuentas, sostienen la misma postura ambigua que los “progresistas” en política. La misma mezcla de mediocridad y mala voluntad que mantiene a estos últimos alejados de la libertad y a los profesores apartados de la sabiduría. No desean renunciar a la búsqueda de lo misterioso; si no en los cielos, si no en los sacramentos, al menos en la naturaleza debe haber algo místico, inconcebible, en la “esencia de las cosas” y en “los últimos fundamentos deben haber lindes absolutas o “limites de nuestro conocimiento de la naturaleza”. Sobre la socialdemocracia recae el deber de pronunciarse contra semejantes místicos incorregibles en defensa de la radical ausencia de límites para el intelecto humano.

NB NB

Por supuesto, hay muchas cosas desconocidas, ¿quién lo negará? ...

La capacidad del intelecto humano es tan ilimitada que con la marcha del tiempo hace más y más descubrimientos, a la luz de los cuales toda la erudición anterior parece ignorancia infranqueable. Y aunque defienda, de esta manera, nuestra capacidad cognoscitiva absoluta, soy perfectamente consciente de la limitación de todos los hombres y de todos los tiempos y, por lo tanto, pese a todo mi tono presuntuoso, en realidad, soy un hombre muy modesto...

Quizá la razón desempeñe el papel principal, pero sólo en relación con los objetos corrientes: nuestros cinco sentidos y los objetos materiales del mundo...

NB

“En este mundo” nadie jamás ha oído hablar de un intelecto superior al humano. Pero, en lo concerniente a cómo están las cosas en el “otro mundo” con los ángeles, gnomos y ninfas, la historia no dice nada. E incluso si aceptamos esta puerilidad, si admitimos que en la luna y las estrellas pululan espíritus no terrenales, estos últimos, una vez que cuecen pan, deben hacerlo a partir de harina, y no de hojalata o de madera. Exactamente de la misma manera, si estos espíritus sobrenaturales poseen juicio, éste debe ser de la misma naturaleza común, poseer la misma estructura que el nuestro...

Si en los cielos y las esferas quiméricas existen cosas de género completamente distinto de las terrenales, deben tener asimismo otras denominaciones: visto que no sabemos hablar en este idioma (el de los ángeles), no está fuera de lugar callarse

cuando se trata de “algo superior”, metafísico o misterioso.

¡Asombroso, pero cierto! Semejante razonamiento les parece inaudito a los “filósofos”. Siguiendo a Kant, no dejan de machacar: podemos concebir sólo los fenómenos de la naturaleza, pero qué se oculta tras ellos —la “cosa en sí” o el misterio— es inconcebible. No obstante, este misticismo, todo este misterio, no son otra cosa que una idea absurda que estos señores se forman sobre el intelecto...

versus

Kant

Cierto es que existe lo incomprensible y lo inconcebible, existen límites para nuestra capacidad cognoscitiva; pero sólo en el sentido común y corriente, exactamente de la misma manera que existe lo invisible y lo inaudible, que existen límites para la vista y el oído...

Yo repito: la idea exagerada acerca del intelecto, las irracionales demandas en cuanto a nuestra capacidad cognoscitiva, dicho en otros términos, la ignorancia teóricocognoscitiva es la causa de toda superstición, de toda metafísica religiosa y filosófica...

[149] Primero había que superar la metafísica o las ideas sobrenaturales para que pudiéramos llegar a la sensata idea de que nuestro intelecto es una facultad corriente, formal, mecánica.

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LOS LIMITES DEL CONOCIMIENTO

("VORWÄRTS" 1877)

[151-152] La Redacción de Vorwärts ha recibido hace poco una carta anónima sobre el problema que nos ocupa, perteneciente a la pluma de un especialista que quería demostrar en forma perfectamente objetiva que la filosofía y la socialdemocracia son dos cosas distintas, que se puede pertenecer de toda el alma al partido y, sin embargo, no estar de acuerdo con la “filosofía socialdemócrata” y que, por ende, está claro que el órgano central no debería admitir que se imprima a los problemas filosóficos un carácter netamente partidista.

NB NB

La Redacción de Vorwärts ha sido tan amable que me ha permitido conocer la carta que guarda relación inmediata con mis artículos. Cierto es que el autor expresó perfectamente claro el deseo de no despertar con sus objeciones una discusión pública, porque, como dice, la polémica periodística descarta la posibilidad de debatir seriamente semejantes problemas; yo, en cambio, estimo que difícilmente considerará indiscreto el que sus observaciones y reproches nos sirvan de medio para aclarar un problema de extraordinaria importancia para mí y para él y, como se ve por el interés universal que despierta, para toda nuestra generación. Por lo que se refiere a la solidez, creo que los gruesos infolios no son más útiles para semejante fin que los breves artículos de periódico. Al contrario, hay tanta palabrería que ocupa numerosos tomos sobre el particular, que debido a) ello la mayor parte del público va perdiendo interés por dicha cuestión.

Ante todo no estoy de acuerdo con la idea de que la filosofía y la socialdemocracia son cosas distintas y no tienen nada que ver la una con la otra. Es cierto que se puede ser militante activo del partido y, a la vez, ser un “filósofo crítico”, quizá, incluso, buen cristiano. En la práctica debemos ser extremamente tolerables e, indudablemente, ningún socialdemócrata pensará en imponer un uniforme a los militantes de su partido. Pero debe ponerse un uniforme teórico quien guarda una actitud de respeto ante la ciencia. La unidad teórica, la coordinación sistemática es el objetivo final y un alto privilegio de toda ciencia...

NB

La socialdemocracia no procura leyes eternas, ni instituciones implantadas de una vez y para siempre, no procura las formas petrificadas, sino el bien de la humanidad en general. La ilustración espiritual es el medio más indispensable para ello. Es asunto socialista de primer orden el saber si el aparato cognoscitivo tiene límites, o sea, si es un aparato subordinado, si las investigaciones científicas ofrecen los conceptos verdaderos, la verdad en la forma superior y última instancia o no dan más que míseros “sucedáneos” sobre los que reina lo inconcebible, en una palabra, todo lo que se denomina teoría del conocimiento...

NB

[156-160] Al hablar de Kant dicen que su sistema “fijó con bastante exactitud los límites del conocimiento formal” . Pero precisamente este punto ponemos en tela de juicio con toda nuestra fuerza, en este punto la filosofía socialdemócrata discrepa

totalmente de la profesional. Kant no fijó con la debida exactitud los límites del conocimiento formal, ya que con su famosa “cosa en sí” ha mantenido la fe en otro conocimiento, superior, en la razón sobrehumana, sobrenatural ¡Conocimiento formal! ¡Conocimiento de la naturaleza! Que ansíen los “filósofos” otro conocimiento, pero tienen que mostrar dónde está y en qué consiste.

Del conocimiento efectivo de que nos valemos a diario ellos hablan con el mismo desprecio que los antiguos cristianos hablaban de la “carne endeble”.

Phänomen

El mundo real es un fenómeno imperfecto, y su verdadera esencia es un misterio...

NB

Si las ciencias naturales se contentan por doquier con el fenómeno, ¿por qué, pues, no contentarse también con la fenomenología del espíritu? Tras los “límites del conocimiento formal” se oculta invariablemente la razón suprema, ilimitada, metafísica; tras el filósofo profesional, el teólogo y lo “inconcebible” propio de ambos...

NB

Ahora bien, ¿qué es lo inconcebible? se pregunta en la mencionada carta enviada a la redacción de Vorwärts...

A esta pregunta el filósofo profesional contesta explicando que el "ser” como reposo absoluto no puede convertirse de manera alguna en movimiento absoluto de la idea. Estas palabras, prosigue el adversario, fijan el límite del conocimiento, es decir, lo inconcebible. Ahora bien, ¿acaso se desprende de ello que debemos negar su existencia, que jamás nos acercaremos a ello? Por supuesto que no. Cada tentativa científica de acercarse a ello, de comprender o, al menos, de percibirlo, nos acerca a este punto oscuro y arroja nueva luz sobre él, incluso si no conseguimos nunca ponerlo en claro del todo. En la persecución de este fin consiste la misión de la filosofía, en oposición a la misión de las ciencias naturales, que examinan nada más lo dado y explican sólo los fenómenos.

Explica los fenómenos: ¡fenómeno! ¡he, he!

Así, el objeto de la filosofía —lo inconcebible— es un pájaro del que con ayuda de nuestra capacidad cognoscitiva podemos arrancar, ora acá, ora allá, una pluma, pero jamás estaremos en condiciones de desplumarlo del todo, y el ave debe quedar eternamente inconcebible. Si examinamos más atentamente las plumas arrancadas por la filosofía . conocemos por ellas el ave: aquí trátase del espíritu humano. Volvemos a vernos en el límite decisivo que separa los materialistas de los idealistas: para nosotros, el espíritu es un fenómeno de la naturaleza, para ellos, la naturaleza es un fenómeno del espíritu. Y estaría bien si se contentaran con eso. Pero no, detrás se oculta el mal propósito de erigir el espíritu en no se sabe que “ser” de orden superior y reducir todo lo demás a la categoría de la nulidad...

NB NB

Y nosotros, por el contrario, afirmamos: lo que en ciertas condiciones es concebible no es inconcebible. El que quiere comprender lo inconcebible no hace más que tonterías. Del mismo modo que con el ojo sólo puedo ver lo visible, con el oído lo audible, con la capacidad cognoscitiva sólo puedo concebir lo concebible. Y aunque la filosofía socialdemócrata enseña que todo lo que existe es 'indiscutiblemente

cognoscible, con ello no se niega que haya algo que no se puede concebir. Esto se podría reconocer, pero no en el “sentido . filosófico” doble y absurdo que no se sabe dónde, en las “esferas quiméricas” vuelve a convertir lo inconcebible en lo concebible. Nosotros enfocamos el problema en serio, no sabemos nada de ningún conocimiento superior, además del humano común y corriente, sabemos positivamente que nuestra razón es una razón verdadera y que es igualmente inconcebible la existencia de otra razón, distinta cardinalmente de la nuestra, lo mismo que son imposibles los círculos cuadrangulares. Situamos el intelecto entre las cosas corrientes, que no pueden cambiar de naturaleza sin cambiar su denominación.

La filosofía socialdemócrata está plenamente de acuerdo con la “profesional” en que “el ser no se transforma de manera alguna en pensamiento”, como tampoco cualquier parte suya. Pero no estimamos en absoluto que la misión del pensamiento sea transformar el ser; la misión es sólo ponerlo en orden formal, hallar clases, normas, leyes, en una palabra, hacer lo que nosotros denominamos “conocimientos de la naturaleza”. Es concebible todo lo que se sujeta a clasificación, y es inconcebible todo lo que no puede transformarse en idea. Nosotros no podemos, no debemos y no deseamos esto, por cuya razón renunciamos a ello. Pero podemos hacer lo contrario: transformar el pensamiento en ser, dicho con otras palabras, podemos clasificar la capacidad de pensar como uno de tantos tipos de ser...

NB

NB

Estimamos que el intelecto, lo mismo que la materia es un fenómeno empírico. El pensamiento y el ser, el sujeto y el objeto se hallan en igual medida dentro de los límites de la experiencia. Distinguir el uno como reposo absoluto del otro como movimiento absoluto es un error desde que las ciencias naturales lo reducen todo al movimiento. Lo que el compañero “filósofo” dijo sobre lo inconcebible, a saber, que todo intento científico nos acerca a lo desconocido, aunque jamás consigamos lograr la plena claridad, se refiere ya sin la menor mistificación también al objeto de las ciencias naturales, a lo que no se ha conocido. El conocimiento de la naturaleza tiene su finalidad ilimitada, y sin “límites” misteriosos avanzamos más y más hacia lo ignoto, sin llegar nunca a la plena claridad; y eso significa que la ciencia no tiene límites...

NB

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NUESTROS PROFESORES EN LOS LIMITES DEL CONOCIMIENTO

(“VORWÄRTS" 1878)

I

[162-164] En el “Quincuagésimo Congreso de naturalistas y médicos alemanes” celebrado en Munich, en septiembre de 1877, el profesor von Nágeli, de Munich, volvió a hablar de la conocida conferencia de su compañero —Du Bois-Reymond—, de Berlín y pronunció un excelente discurso sobre los “límites del conocimiento científico”. Hay que ser justo con el señor profesor de Munich y decir que en cuanto a veracidad y claridad ha superado sustancialmente a su predecesor de Berlín, pero, con todo y con eso, no ha logrado elevarse hasta el nivel de su época. Ha llegado casi a explicar el problema; pero un pequeño punto, el final, que ha omitido, es precisamente el cardinal: se refiere al gran abismo que media entre la física y la metafísica; la ciencia sensata y la fe romántica.

Como es sabido, su predecesor quería demostrar que semejante límite insuperable existe efectivamente y que a la fe hay que asignar en todo caso una esfera especial. Sólo a este papel de pequeño refugio para el romanticismo religioso le debe su informe el aparente significado y la difusión. Desde entonces exultan los secuaces de lo inconcebible. Cierto es que el profesor von Nägeli no está muy contento con esta exultación, pero su alta posición profesoral no le permite sostener la lucha con toda energía. Tras demostrar a su predecesor clara, exacta y explícitamente que no había comprendido el conocimiento de las ciencias naturales, resumió en los siguientes términos:

“Si bien Du Bois-Reymond terminó su informe con las palabras aplastantes: “Ignoramos et ignorabimus"*, yo quisiera exponer al acabar el criterio convencional, pero consolador, de que los frutos de nuestra investigación no son simplemente saber, sino conocimientos efectivos, que contienen el germen del crecimiento casi (!) infinito, sin la menor pretensión a la omnisciencia. Si damos prueba de razonable moderación, si, como mortales y seres perecederos, nos sentimos satisfechos con la comprensión humana, sin atentar al conocimiento divino, tenemos derecho a decir con toda seguridad: "Sabemos y sabremos" ... * “No sabemos y no sabremos.” —Ed.

El romanticismo religioso de Du Bois-Reymond denomina todos los frutos de la investigación científica “simplemente saber”, pero no “conocimientos efectivos” hasta los que el pobre juicio humano no consigue llegar...

II

[166-167] “Por lo que se refiere a la capacidad de nuestro Yo de conocer las cosas de la naturaleza, aquí tiene un significado decisivo el indiscutible hecho de que, no importa como se estructure nuestra capacidad de pensar, sólo las percepciones sensorias nos ofrecen datos acerca de la naturaleza. Si no pudiéramos ver, oír, gustar o palpar nada, no sabríamos en general que existe, además, algo fuera de nosotros,

no sabríamos en general que existimos físicamente”.

Es una palabra audaz. Nos atendremos a ella y veremos si el señor profesor también se le atiene...

“Nuestra capacidad de percibir la naturaleza con nuestros sentidos directos es limitada, por lo tanto, en dos aspectos. Probablemente (!) nos faltan sensaciones para esferas enteras de la vida de la naturaleza (por ejemplo, ¿para los gnomos; los espíritus, etc.? J. D.), y en la medida en que las poseemos, por el tiempo y el espacio, afectan una parte infinitamente pequeña del todo.”

Es verdad, la naturaleza es superior al espíritu humano, es su objeto inagotable...

NB

...Nuestra capacidad de investigar es limitada sólo por cuanto es ilimitado su objeto, la naturaleza...

NB

III

[168] Nosotros reconocemos sólo un mundo, único, “el que nos presentan nuestras percepciones sensorias”. Recordamos a Nágeli sus propias palabras acerca de que donde no podemos ver, oír, palpar, gustar y oler nada tampoco podemos saber nada...

versus

Kant

NB

Lo incognoscible, absolutamente fuera del alcance de nuestros sentidos, no existe para nosotros y tampoco existe “en sí”, de modo que ni siquiera podremos hablar de ello sin alejamos al dominio de la fantasía...

versus

Kant

IV

[171] Quien se siente atraído por el otro mundo, siente deseo de salir del mundo de la experiencia para ir al de los presentimientos o la divinidad, quien sólo habla de eso es ya bien un testarudo, ya un pícaro y charlatán...

NB

173-174 Quisiera ayudar al lector a comprender lo que, según tengo entendido, no han comprendido todavía nuestros profesores, a saber, que nuestro intelecto es un instrumento dialéctico, instrumento que concilia todos los contrarios. El intelecto crea la unidad con ayuda de la diversidad y se hace consciente de la diferencia en la similitud...

NB

“Ahora bien ¿qué es este mundo subordinado al espíritu humano? Ni siquiera un grano de arena en la eternidad del espacio, ni siquiera un segundo en la eternidad del tiempo, sino sólo una parte insignificante de la verdadera esencia del Universo.” Exactamente del mismo modo habla también el cura. Y muy bien, mientras debe servir sólo. de expresión exaltada del sentimiento ante la grandeza del ser; pero es un disparate absoluto por cuanto el profesor Nágeli desea decir con ello que nuestro espacio y nuestro tiempo no son partes de lo infinito y la eternidad, un disparate absoluto si debe significar “que la verdadera esencia del Universo” está oculta fuera de los fenómenos, en la impenetrable religión o metafísica...

NB

V

[178] La unidad por la que pugna Nágeli la pierde tan pronto como se acerca éste al “mundo del presentimiento” y a la “omnisciencia” divina, y el profesor Virchow la pierde ya en cuanto se refiere a la diferencia entre lo orgánico y lo inorgánico. Es todavía más odioso para él el nexo entre el hombre y el animal y le parece absolutamente indiscutible la oposición entre el cuerpo y el alma porque su unidad podría producir en la “cabeza del socialista” la más espantosa confusión y conduciría sin falta al derrocamiento de toda la sabiduría profesoral.

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EXCURSIONES DE UN SOCIALISTA POR EL CAMPO DE LA TEORIA DEL CONOCIMIENTO

PREFACIO

[180-181] Si no esclavos, debemos permanecer eternamente sirvientes de la naturaleza. El conocimiento puede ofrecernos sólo una libertad posible, que es, a la vez, la única libertad razonable...

NB

Quien quiere ser un auténtico socialdemócrata debe perfeccionar su modo de pensar. El método perfeccionado de pensar ayudó a los fundadores reconocidos, a Marx y Engels, a elevar la socialdemocracia hasta el punto de vista científico en el que se halla en el presente... * Marx y Engels = reconocidos fundadores.— Ed.

NB

Marx und

Engels = anerkannte

Stiftem *

I

“EN LAS PROFUNDIDADES DE LA NATURALEZA NO PUEDE PENETRAR ESPIRITU

MORTAL ALGUNO”

[183-186] Análogo a como los idólatras deifican las cosas más comunes y corrientes —piedras y árboles—, atribuían al “espíritu mortal” algo divino y misterioso primeramente la religión y, luego, la filosofía. Lo que la religión denominaba fe y mundo sobrenatural, la filosofía llamaba metafísica. Sin embargo, no debemos dejar de tener en cuenta la ventaja de la metafísica, su buen propósito de convertir su objeto en ciencia, lo que, en fin de cuentas, consiguió. De la sabiduría mundial metafísica nació, algo así como bajo su protección, la disciplina especial de la modesta teoría del conocimiento.

Antes de que la filosofía pudiese penetrar en la esencia del espíritu mortal hubo que mostrarle con la aplicación práctica de las ciencias naturales que el aparato espiritual del hombre posee, en realidad, la dudosa capacidad de explicar la esencia intrínseca de la naturaleza...

NB

Merced al concepto “Universo”, que existe en la cabeza humana, el hombre sabe a priori, como si este saber fuera innato, que todas las cosas y cuerpos celestes se hallan en el Universo y poseen una naturaleza universal común a todos ellos. El espíritu mortal no es excepción de esta ley científica...

??

La fe en el espíritu inmortal, sobrenatural, religioso impide el conocimiento de que el espíritu humano ha sido creado y reproducido por la naturaleza misma, por lo cual es una criatura de ésta, respecto al que la naturaleza no siente especial recato.

No obstante, la naturaleza es recatada: jamás se descubre de golpe y totalmente. No puede descubrirse por entero en virtud de que es inagotable por sus dotes. Y el espíritu mortal, criatura de la naturaleza, es un candil que alumbra no sólo lo exterior de la naturaleza, sino también su interior. Separar

NB

lo interior de lo exterior respecto de la esencia única físicamente infinita e inagotable de la naturaleza significa sembrar la confusión en los conceptos...

“El gran espíritu” de la religión es la causa del menoscabo del espíritu humano, de lo que tiene la culpa el poeta que niega la capacidad de este espíritu de “penetrar en las profundidades de la naturaleza”. Pero, el inmortal espíritu sobrenatural no es más que un reflejo fantástico del espíritu mortal físico. La teoría del conocimiento, en su forma más desarrollada puede probar perfectamente este enunciado.

NB

NB

Dicha teoría nos muestra que el espíritu mortal toma todas sus representaciones, ideas y conceptos de un mundo monista único, que las ciencias naturales denominan “mundo físico”...

Merced a sus conocimientos, el espíritu mortal penetra en las mayores profundidades de la naturaleza, pero no puede rebasar de sus límites, y no porque sea limitado, sino porque la madre es la naturaleza infinita, la infinitud natural, fuera de la cual no hay nada.

NB

El hijo natural ha heredado de su maravillosa madre la conciencia. El espíritu mortal viene al mundo con la capacidad de comprender que es hijo de su buena madre naturaleza que le ha dotado de la capacidad de crearse excelentes imágenes de todos los demás hijos de su madre, de todos sus hermanos y hermanas. Por lo tanto, el “espíritu mortal” posee imágenes, representaciones o conceptos del aire y el agua, la tierra y el fuego, etc., y posee, a la vez, la conciencia de que estas imágenes creadas por él son excelentes, verdaderas. Por cierto, se convence en la experiencia de que las creaciones de la naturaleza son mutables y observa, por ejemplo, que el agua consta de los más distintos tipos de agua, en los que una gota no es absolutamente igual a otra, pero ha heredado una cosa de su madre, sabe de por sí, a priori, que el agua no puede cambiar su naturaleza universal que es propia de ella como agua sin dejar de ser agua; sabe por eso, proféticamente valga la expresión, que, pese a todos los cambios que se producen en las cosas, su naturaleza universal, su esencia universal no puede cambiar. El espíritu mortal jamás puede saber si es posible o no una u otra cosa en su madre inmortal; pero el que el agua es mojada en todos los casos y que el espíritu, incluso si ha estado por encima de las nubes, no puede cambiar su naturaleza universal, lo sabe el espíritu mortal indiscutiblemente en virtud de la naturaleza que posee desde el nacimiento...

NB ? ?

[189-190] Del mismo modo que la capacidad de la vista guarda estrecha relación con la luz y el color o la capacidad subjetiva del tacto, con la propiedad objetiva de ser táctil, el espíritu mortal se halla unido estrechamente al enigma de la naturaleza. Sin las cosas del mundo exterior accesibles al juicio ningún juicio dentro de la cabeza puede ser efectivo...

NB

La filosofía ha descubierto el arte de pensar; el que, al propio tiempo haya prestado mucha atención al examen del problema del ser más perfecto, del concepto de la divinidad, de la “substancia” de Espinosa, de la “cosa en sí” de Kant y del “absoluto” de Hegel se debe a que el sensato concepto del Universo, que no tiene' nada ni por encima, ni al lado, ni fuera de sí es el primer requisito del pensar justo y consecuente

que sabe respecto de sí y de todos los objetos posibles e imposibles que todo pertenece a un todo único, eterno e infinito que nosotros denominamos cosmos, naturaleza o Universo...

[192] La ley de la lógica natural y de la “naturaleza” lógica dice que cada cosa pertenece a su género, que los géneros y especies son, por cierto, variables, pero no en medida tan excesiva como para poder transcender de los límites del género universal, de los límites de lo natural. Por eso no puede haber espíritu que penetre tan hondamente en la esencia de la naturaleza para que pueda doblarla y esconderla como se dice en el bolsillo.

¿Acaso esta seguridad que nos ha dado la naturaleza es algo maravilloso? ¿Acaso no está claro que esta parte pensante de la naturaleza ha heredado de su madre el convencimiento de que la omnipotencia de la naturaleza es una omnipotencia racional? ¿No sería aún más incomprensible si la hija comenzara a pensar que su madre es omnipotente y omnipresente en el sentido opuesto a la razón?...

NB

II

LA VERDAD ABSOLUTA Y SUS MANIFESTACIONES NATURALES

[192-204] ¿Fue Goethe o Heine? Me viene a la memoria una sentencia de uno de ellos: sólo los pobres son modestos. Yo renuncio a toda modestia indigente, ya que pienso que podré hacer un pequeño aporte a la gran causa de la ciencia. Refuerza esta mi opinión Neue Zeit de mayo de 1886, donde el emérito Federico Engels, en su artículo sobre Ludwig Feuerbach hace elogios de mis trabajos205. En semejantes casos lo substancial va tan ligado a lo personal que la excesiva modestia pueda ser un estorbo para la aclaración de lo substancial...

NB

El año de 1848 con sus reaccionarios, constitucionalistas, demócratas y socialistas despertó en mi entonces joven alma la necesidad irresistible de adquirir un punto de vista crítico e incontrovertible, un criterio positivo acerca de qué es indudable e indiscutiblemente verdadero, bueno y justo, propiamente dicho, en todo lo escrito y oído en pro y en contra. Visto que tenía muchas dudas en cuanto a la existencia de Dios, y no sentía la menor fe en la Iglesia, me fue muy difícil hacerme una composición de lugar en medio de todo eso. En mis búsquedas di con Ludwig Feuerbach y traté de conocer su doctrina; el estudio minucioso de esta última me permitió avanzar mucho. Aún en mayor medida mi sed de saber se sació con el Manifiesto del Partido Comunista que cayó en mi campo visual merced a los periódicos durante el

NB NB

205 Trátase del trabajo de F. Engels Ludwig Feuerbachy el fin de la filosofía clásica alemana, en el que se valora altamente el libro de J. Dietzgen La esencia del trabajo cerebral del hombre. “Y, cosa notable, esta dialéctica materialista, que era desde hacía varios años nuestro mejor instrumento de trabajo y nuestra arma más afilada, no fue descubierta solamente por nosotros, sino también, independientemente de nosotros y hasta independientemente del propio Hegel, por un obrero alemán: Joseph Dietzgen” (C. Marx y F. Engels. Obras, 2ª ed. en ruso, t. 21, pág. 302).

proceso de los comunistas de Colonia. Pero más que nada debo mi sucesivo desarrollo, en fin de cuentas, después de conocer los distintos plumíferos filosóficos en mi solitaria vida rural, a la Contribución a la critica de la Economía política, de Marx, aparecida en 1859. En el prefacio a este libro se dice que el modo — aproximadamente así dice la frase que cito— de que se vale el hombre para conseguir el pedazo de pan, el nivel cultural al que la presente generación se ve forzada a trabajar físicamente, condiciona el nivel intelectual o lo que piensa y debe pensar de la verdad, el bien y el derecho, Dios, la libertad y la inmortalidad, la filosofía, la política y la jurisprudencia206... El enunciado que cito lleva al buen camino y nos enseña cómo están las cosas en lo tocante al conocimiento humano y la verdad absoluta y relativa.

Lo que transmito ahora como vivencia personal es una experiencia adquirida también por la humanidad a lo largo de los siglos. Si yo hubiese sido el primero en situar estos problemas y el afán de llegar a la verdad absoluta en la nebulosa indeterminación, seguiría siendo el tonto que espera infinitamente la respuesta. Sin embargo, el que no haya sido tonto, sino que haya obtenido una respuesta satisfactoria lo debo a la marcha histórica de las cosas, que me ha impulsado a plantear los mencionados problemas en una época en que toda una serie de generaciones anteriores personificadas por sus mejores mentes se ha dedicado al estudio de los mismos, preparando la explicación que, como se infiere de lo dicho, me dieron Feuerbach y Marx. Con ello quiero decir que lo que me han dado estos hombres de ciencia no ha sido sólo su asunto individual, sino el producto comunista del movimiento de la cultura que remonta a los tiempos prehistóricos...

NB

Para conocer mejor la naturaleza de la verdad absoluta es preciso, en primer término, superar el prejuicio arraigado de que es de género espiritual. Nada de eso, podemos ver, oír, oler, tocar e, indudablemente, también conocer la verdad absoluta, pero ésta no entra por entero en el conocimiento, no es un espíritu puro. Su naturaleza no es corpórea ni espiritual, ni una cosa ni otra, es universal, tanto corpórea como espiritual. La verdad absoluta no tiene naturaleza especial, su naturaleza es, más bien, la naturaleza de lo universal. Expresándonos sin alegorías: la naturaleza natural universal y la verdad absoluta son idénticas. No hay dos naturalezas: una corpórea y otra espiritual; existe sólo una naturaleza, en la que se encierra todo lo corpóreo y todo lo espiritual...

NB NB

El conocimiento humano, en tanto que verdad relativa, nos une a otros fenómenos y relaciones del ser absoluto. Sin embargo, hay que distinguir la capacidad dé conocer, el sujeto que trata de conocer, del objeto, pero esta diferencia debe ser limitada, debe ser una diferencia relativa, porque tanto el sujeto como el objeto no son sólo diferentes, sino que se parecen el uno al otro por ser partes o fenómenos de la esencia universal que nosotros denominamos Universo...

NB

Lo que nosotros conocemos son verdades, verdades relativas o fenómenos de la naturaleza. La naturaleza misma, la verdad absoluta no se puede conocer directamente, sino sólo por mediación de sus fenómenos. Ahora bien, ¿de

NB

206 Véase C. Marx y F. Engels. Obras, 2ª ed. en ruso, t. 13, págs. 7-8.

dónde podemos saber que tras estos fenómenos se oculta la verdad absoluta, la naturaleza universal? ¿Acaso esto no es un nuevo misticismo?

Desde luego. Puesto que el conocimiento humano no es algo absoluto, sólo es el artífice que crea ciertas imágenes de la verdad, imágenes verdaderas, auténticas y veraces, de suyo se comprende que el cuadro no agota el objeto, que el pintor se queda tras su modelo. Jamás se ha hablado de la verdad o del conocimiento nada más absurdo que lo que dice de ella la lógica ordinaria desde hace ya milenios: la verdad es la coincidencia de nuestro conocimiento con el objeto del mismo. ¿Cómo puede el cuadro “coincidir” con el modelo? Aproximadamente, es verdad. Pero, ¿qué cuadro no corresponde aproximadamente a su objeto? Cualquier retrato se parece más o menos. Ahora bien, un retrato parecido íntegra y plenamente es una idea absurda.

NB NB

Por lo tanto, sólo podemos conocer la naturaleza y sus partes relativamente; ya que toda parte, aún siendo sólo una parte relativa de la naturaleza, posee, no obstante, una naturaleza absoluta, la naturaleza de lo natural íntegro de por sí, que no se agota en el conocimiento.

NB

¿De dónde sabemos, pues, que tras los fenómenos de la naturaleza, tras las verdades relativas se halla la naturaleza absoluta, universal e ilimitada, que no se descubre plenamente ante el hombre? Nuestra vista es limitada, lo mismo cabe decir de nuestros oído, tacto y conocimiento; sin embargo, sabemos en lo concerniente a todas estas cosas que son partes limitadas de lo ilimitado. ¿De dónde sabemos esto?

Este saber es innato. Nos ha sido dado con la conciencia. La conciencia del hombre es el conocimiento de su personalidad como parte del género humano, de la humanidad y del Universo. Saber significa dibujarse imágenes y ser consciente de que tanto las imágenes como las cosas de las que han sido copiadas tienen una madre común de la que todas ellas proceden y a cuyo seno vuelven. Este seno materno es precisamente la verdad absoluta; es plenamente verdadero y, con todo y con eso, es místico, o sea, es fuente inagotable de conocimiento y, por lo tanto, es incognoscible hasta el fin.

Lo que conocemos en el mundo y sobre el mundo, a que es verdadero y cierto, no es más una verdad conocida, o sea, una modalidad, especie o parte de la verdad. Si digo que el conocimiento acerca de la verdad infinita y absoluta es innato en nosotros, que es el único e íntegro saber a priori, también, pese a todo, la experiencia confirma este saber innato. Llegamos a saber que todo comienzo y todo fin no es más que un comienzo relativo y un fin relativo, que tiene por base lo absoluto que ninguna experiencia puede agotar. Llegamos a saber en la experiencia que toda experiencia es una parle de lo que, usando la expresión de Kant, transciende de los límites de toda experiencia. * Acerca de la experiencia.— Ed.

Über die Ersahrung *

NB  versus

Kant

El místico dirá, quizá: por consiguiente, hay algo que nos saca fuera de los limites de la experiencia física. Nosotros le contestamos: sí y no a la vez. Para el viejo metafísico que no reconoce límites no hay nada semejante. Para la conciencia que se ha dado cuenta de su esencia toda partícula, ya sea una partícula de polvo, piedra o madera,

es algo incognoscible hasta el fin, es decir, cada partícula es un material inagotable para la capacidad cognoscitiva humana y, consiguientemente, es algo que transciende de los límites de la experiencia.

Cuando digo que la conciencia de que no hay comienzo y fin del mundo físico es una conciencia innata, y no adquirida mediante la experiencia, que es una conciencia existente a priori y anterior a toda experiencia, debo añadir, pese a todo, que inicialmente existe sólo como germen y que con ayuda de la experiencia en la lucha por la existencia y con ayuda de la selección sexual se ha desarrollado y ha llegado a ser lo que es en el presente...

NB

La insana mística separa, en oposición a la ciencia, la verdad absoluta de la relativa. Hace dos categorías de la cosa que aparece y la “cosa en sí”, es decir, del fenómeno y de la verdad, hace dos categorías que se diferencian loto caelo * la una de la otra y no “entran en forma superada” en ninguna categoría general. Esta mística nebulosa convierte nuestro conocimiento y nuestra capacidad de conocer en "sucedáneos” que nos permiten sentir en el firmamento transcendente la verdad personificada, el espíritu sobrehumano, sobrenatural. * Por entero, en toda la línea, por principio.— Ed.

versus Kant

NB

NB

La resignación ha convenido siempre al hombre. Sin embargo, la afirmación acerca de que el hombre no es capaz de conocer la verdad tiene un sentido doble, digno e indigno del hombre. Todo lo que llegamos a conocer, todas las conclusiones científicas, todos los fenómenos son partes de la verdad efectiva, auténtica y absoluta. Aunque esta última sea inagotable y no pueda ser reproducida con exactitud en el conocimiento o la representación, los cuadros que ofrece la ciencia acerca de ella, cuadros excelentes en el sentido humano, relativo, de esta palabra lo mismo que las oraciones que aquí escribo, tienen un sentido determinado y exacto y, a la vez, no lo tienen si a alguien se le ocurre tergiversarlas o interpretarlas falsamente...

Espinosa dice: existe sólo una substancia: universal, infinita o absoluta. Todas las demás substancias, las llamadas finitas se desprenden de ella, brotan de ella o se hunden en ella; su ser sólo es relativo, pasajero, accidental. Todas las cosas finitas las estimaba Espinosa con pleno fundamento nada más que modos de la substancia infinita, de la misma manera que nuestras ciencias naturales modernas sostienen el criterio de la eternidad de la materia y de lo inagotable de la fuerza, es decir, confirman plenamente la tesis de que todas las cosas finitas son modos de la substancia infinita. Sólo en algo, aunque muy substancial, tendría la filosofía sucesiva que corregir a Espinosa

Corregir a

Espinosa

De conformidad con Espinosa, la substancia infinita, absoluta, posee dos atributos: es infinita en el espacio y posee un pensar infinito. Pensamiento y extensión, tales son los dos atributos de la substancia absoluta en la teoría de Espinosa. Esto es un error: precisamente el pensar absoluto carece de todo fundamento...

Lo que Espinosa llamaba substancia infinita, lo que nosotros llamamos Universo o verdad absoluta es tan idéntico a los fenómenos finitos, a las verdades relativas con que tropezamos en el Universo, como es idéntico el bosque a sus arboles o, en

general, como es idéntico el género a sus especies. Lo relativo y lo absoluto no se hallan tan lejos lo uno de lo otro como lo dibujaba al hombre el deficientemente desarrollado sentido de lo infinito, que se llama religión...

La filosofía, al igual que la religión, vivía con objeto la fe en la verdad asbsoluta y excesiva. La solución)  del problema se halla en el conocimiento de que la verdad absoluta no es más que la verdad generalizada, que esta última no vive en el espíritu —en todo caso en él, no más que en cualquier parte— sino en el objeto del espíritu, al que nosotros damos el nombre común de “Universo”.

La verdad absoluta en

el objeto

La verdad excesiva, absoluta, a la que la religión y la filosofía designaban con el nombre de Dios, era una mistificación del espíritu humano que se mistificaba a sí mismo de esta manera fantástica. El filósofo Kant, que se ocupaba en criticar la capacidad cognoscitiva de nuestro espíritu, hallaba que el hombre no puede conocer la verdad excesiva, absoluta. Nosotros añadimos a eso: el hombre no puede conocer excesivamente ni siquiera los objetos comunes y corrientes. Pero si se vale modestamente de su capacidad y la aplica relativamente, ya que se debe mantener precisamente esta actitud ante todo, lo tiene todo abierto y nada se oculta de él y puede conocer y comprender igualmente la verdad general.

Versus Kant

De manera análoga a como nuestro ojo puede ver todo, aunque con ayuda de cristales, y, sin embargo, no todo, puesto que no puede ver ni los sonidos ni los olores, ni, en general, nada invisible, nuestra capacidad cognoscitiva puede conocer todo y, no obstante, no todo. No puede conocer lo incognoscible. Pero esto es también excesivo, un deseo excesivo.

Verdad absoluta

Si reconocemos que la verdad absoluta que la religión y la filosofía buscaban en lo excesivo o transcendente existe realmente como Universo material y que el espíritu humano no es más que una parte corpórea o real, efectiva y activa de la verdad general llamada a reflejar las demás partes de la verdad general, con ello será resuelto totalmente el problema de lo limitado y lo ilimitado. Lo absoluto y lo relativo no están tan excesivamente delimitados, ambos se hallan en interconexión de modo que lo ilimitado consta de infinitos limitados, y cada fenómeno limitado encierra la naturaleza de lo infinito...

NB

III

EL MATERIALISMO CONTRA EL MATERIALISMO

[204-215] “La percepción de la total tergiversación en que el idealismo alemán incurría hasta entonces, llevó necesariamente al materialismo; pero, adviértase bien, no a aquel materialismo puramente metafísico del siglo XVIII” —dice Federico Engels207.

Anti- Dühring, S.

207 Véase C. Marx y F. Engels. Obras, 2 ed. en ruso, t. 20, pág. 24. En la cita de Dietzgen, después de la palabra “metafísico” se omiten las palabras “exclusivamente mecanicista”; más adelante, Dietzgen aduce el pasaje íntegro

Este materialismo moderno que se deduce aquí del absolutamente insostenible idealismo alemán y uno de cuyos fundadores es Federico Engels se suele comprender mal, aunque constituye el principal fundamento teórico de la socialdemocracia alemana. Sometámoslo, por eso, a un examen más detallado.

NB

Lo mejor de todo es caracterizar este materialismo especialmente alemán o, si se quiere, socialdemócrata, mediante su oposición al “materialismo metafísico, exclusivamente mecanicista del siglo XVIII”; y si luego lo contrastamos con el idealismo alemán, de cuyo descarrío ha nacido, aparecerá con toda diafanidad el carácter de su base socialdemócrata que, en virtud de su denominación materialista, suele despertar equivocaciones.

NB

Antes de nada una pregunta: ¿por qué Engels califica de “metafísico” el materialismo del siglo XVIII? Metafísicos eran quienes no se contentaban con el mundo físico o natural y no echaban de la cabeza jamás el mundo sobrenatural, metafísico; en el prefacio a su Crítica de la razón pura, Kant reduce el problema de la metafísica a tres palabras: Dios, libertad e inmortalidad. Es sabido que el santo Dios era un espíritu, un espíritu sobrenatural que creó el mundo natural, físico, material. Los famosos materialistas del siglo XVIII no eran amigos o adoradores de este cuento bíblico. El problema de Dios, libertad e inmortalidad, por cuanto esto se refiere al mundo sobrenatural, no interesaba en absoluto a estos ateos; se atenían al mundo físico y, por lo tanto, no eran metafísicos.

Consiguientemente, Engels los llama metafísicos en otro sentido. Los materialistas franceses e ingleses del siglo pasado lograron a duras penas superar el gran espíritu primario, que vive tras las nubes, pero siguieron ocupándose con el espíritu humano, derivado. Dos concepciones opuestas de este espíritu, de su naturaleza, origen y esencia separan a los materialistas de los idealistas. Estos últimos estiman que el espíritu humano y sus ideas son producto del mundo sobrenatural, metafísico. Sin embargo, no se contentaban con la sola fe en este origen tan remoto y mantenían ante él una actitud mucho más seria desde los tiempos de Sócrates y Platón, procurando argumentar científicamente su fe, demostrar y explicarla, exactamente de la misma manera como demuestran y explican las cosas físicas del mundo concreto. Así los idealistas trasladaban la ciencia de las propiedades del espíritu humano del reino sobrenatural y metafísico al mundo real, físico, material, que se manifiesta como mundo con propiedades dialécticas, donde el espíritu y la materia, pese a su dualidad, están unidos, es decir, son algo así como hermano y hermana, de la misma sangre, de la misma madre.

NB

Inicialmente los idealistas eran adeptos convencidos de la premisa religiosa de que el espíritu ha creado el mundo, pero no tenían razón, ya que, en fin de cuentas, tras sus búsquedas se vio que, al contrario, el mundo material, natural, es algo primario, no creado por espíritu alguno, que más bien dicho mundo creó a partir de sí mismo y desarrolló al hombre y su intelecto. Así resultó que el espíritu supremo no creado sólo es una imagen fruto de la fantasía del espíritu natural, crecido a la vez que la cabeza humana y dentro de ella.

NB

El idealismo, que debe su denominación a que consideraba que la idea general y las ideas que surgen en la cabeza humana se hallan, tanto en el tiempo como por el significado, por encima del mundo material y le preceden, emprendió su obra de modo sumamente soñador y metafísico; pero, en el desarrollo sucesivo fue disminuyendo el carácter soñador, y el idealismo se fue tornando más y más sensato, de modo que el filósofo Kant contestó a la pregunta hecha a sí mismo de cómo es posible la metafísica como ciencia: la metafísica como ciencia es imposible, el otro mundo, es decir, el sobrenatural sólo se puede imaginar y concebir mediante la fe. Por lo tanto, el descarrío se fue superando paulatinamente, y el materialismo contemporáneo vino a ser producto del desarrollo filosófico, al igual que científico general.

materialismo

dialéctico

En vista de que lo insostenible del idealismo personificado por sus últimos representantes famosos —Kant, Fichte, Schelling y Hegel— era puramente alemán, el resultado de ello —el materialismo dialéctico— es preferentemente producto de origen alemán.

El idealismo deduce del espíritu el mundo corpóreo, siguiendo las huellas de la religión, donde el gran espíritu, pairando sobre las aguas, sólo debe decir: “hágase” para que surja todo. Semejante deducción idealista es metafísica. Pero, como se ha dicho ya, los últimos representantes famosos del idealismo alemán no eran ya metafísicas tan furibundos. Se liberaron en grado considerable del espíritu celestial, sobrenatural, procedente del otro mundo; pero no se liberaron de los sueños con espíritu natural de nuestro mundo. Como es sabido, los cristianos deificaban el espíritu, y estaban tan penetrados de esta deificación los filósofos que no pudieron contenerse y menos de hacer de nuestro intelecto el creador o el productor del mundo material incluso cuando el objeto sensato de su investigación era ya el espíritu humano físico. No cesan de trabajar para comprender claramente la relación entre nuestras representaciones mentales y las cosas materiales que nos imaginamos, concebimos y comprendemos.

NB

Para nosotros, materialistas dialécticos o socialdemócratas, la capacidad espiritual de pensar es un producto desarrollado de la naturaleza material, mientras que, de conformidad con el idealismo alemán, ocurre precisamente lo contrario. Por eso Engels habla de la “tergiversación” de este modo de pensar. El desmedido interés por el espíritu vino a ser una supervivencia de la vieja metafísica. Los materialistas ingleses y franceses eran, valga la expresión, adversarios prematuros de los soñadores. Este carácter prematuro les impedía dejar totalmente de ser también soñadores. Eran demasiado radicales e incurrieron en un error opuesto. Del mismo modo que los idealistas filosóficos tenían la manía del espíritu y lo espiritual, los materialistas ingleses y franceses no se ocupaban más que del cuerpo y lo corpóreo. Los idealistas estaban poseídos de la idea, y los viejos materialistas, de la materia; unos y otros eran soñadores y, por lo tanto, metafísicos; unos y otros delimitaban desmedidamente el espíritu y la materia. Ninguno de los dos partidos se elevó hasta la conciencia de que la naturaleza es una y única, general y universal, no es en absoluto sólo material o sólo espiritual, sino lo uno y lo otro a la vez.

NB!!

Los materialistas metafísicos del siglo pasado y sus seguidores modernos todavía no extintos subestiman demasiado el espíritu humano y la investigación de sus esencia y su auténtica aplicación, exactamente de la misma manera que los idealistas exageran extraordinariamente su valor... Para los viejos materialistas sólo la materia es el sujeto supremo, mientras todo lo demás es un predicado subordinado a éste.

NB

En este modo de pensar se encierra una exageración del sujeto y una subestimación del predicado. Se pierde de vista que la relación entre el sujeto y el predicado es indudablemente variable. El espíritu humano puede convertir sin el menor inconveniente cualquier predicado en sujeto y, a la inversa, cualquier sujeto en predicado. El color blanco níveo, aunque no sea palpable, es tan substancial como la nieve de color blanco. Estimar que la materia es la substancia o la causa principal, y que sus predicados o propiedades no son más que apéndices secundarios es un viejo y limitado modo de pensar que no cuenta en absoluto con las conquistas de los dialécticos alemanes. Por fin, hay que comprender que los sujetos se forman exclusivamente a partir de los predicados.

NB

La afirmación de que el pensamiento es una secreción, un producto del cerebro, del mismo modo que la hiel es una secreción del hígado, no suscita discusiones, pero, a la vez, no cabe olvidar que nos vemos aquí ante una muy mala e insuficiente comparación. El hígado, sujeto de esta percepción, es algo palpable y ponderable; exactamente de la misma manera, la hiel es lo que segrega el hígado, es su producto y efecto. En este ejemplo, tanto el sujeto como el predicado, o sea, tanto el hígado como la hiel son palpables y ponderables, pero con eso se vela precisamente lo que querían, hablando con propiedad, decir los materialistas al presentar la hiel como efecto, y el hígado como causa. Esta es la razón de que debamos recalcar con especial fuerza lo que en este ejemplo es absolutamente indiscutible, pero se pierde totalmente de vista en la comparación del cerebro y el pensar. A saber: la hiel no es tanto resultado de la actividad del hígado cuanto de todo el proceso vital...

NB

Al declarar que la hiel es producto del hígado, los materialistas no niegan en absoluto ni deben negar que ambos son objetos equivalentes de investigación científica. Pero cuando se dice que la conciencia, la capacidad de pensar, es una propiedad del cerebro, significa que sólo el sujeto táctil debe ser el único objeto digno, de modo que así se ha acabado con el predicado)espiritual.

NB

Este modo de pensar de los materialistas mecanicistas lo denominamos limitado porque todo lo palpable y ponderable lo convierte en cierto sentido en sujeto, portador de todas las demás propiedades, sin notar que esta tangibilidad excesivamente exaltada desempeña en el todo mundial un papel tan subordinado, predicativo como cualquier otro sujeto subordinado de la naturaleza universal.

NB

La relación entre el sujeto y el predicado no explica ni la materia, ni el pensamiento. Sin embargo, para aclarar el nexo entre el cerebro y el pensar, es importante comprender el nexo entre el sujeto y el predicado.

NB

Quizá nos acerquemos a la solución del problema si elegimos otro ejemplo, en el que el sujeto sea material, y el predicado, de índole que deja lugar a dudas en cuanto a si pertenece a la categoría material o espiritual. Si, por ejemplo, los pies andan, los ojos ven, los oídos oyen, surge la pregunta de si el sujeto y el predicado pertenecen a la categoría de lo material, si la luz que vemos, el sonido que oímos y el movimiento que realizamos con los pies son algo material o no material. Los ojos, los oídos y los pies son sujetos táctiles y ponderabas, mientras que los predicados —la vista y la luz, el oído y el sonido, el movimiento y los pasos (sin hablar ya de los pies que realizan el movimiento)— no son táctiles ni ponderables.

¿Cuál es, pues, la extensión del concepto de la materia? ¿Pertenecen los colores, la luz, el sonido, el espacio, el tiempo, el calor y la electricidad a dicho concepto o hay que buscar una categoría distinta para ellos? Con la sola distinción del sujeto y el predicado, de las cosas y las propiedades no nos basta. Cuando el ojo ve, el ojo táctil es, en todo caso, sujeto. Pero exactamente de la misma manera se puede, invertir la frase y decir que la vista imponderable, las fuerzas de la luz y la vista son los hechos principales, los sujetos, y el ojo material no es más que un instrumento, una cosa secundaria, un atributo o predicado.

Una cosa es evidente: las substancias no tienen más importancia que las fuerzas, y las fuerzas, no tienen más importancia que las substancias. Es limitado el materialismo que da preferencia a la substancia y se deja llevar por lo material a cuenta de la fuerza. Quien convierte las fuerzas en propiedades o predicados de la substancia no ha comprendido la relatividad, la movilidad de la diferencia entre el sujeto y la propiedad.

NB NB

El concepto de materia y materialidad ha sido hasta ahora extraordinariamente confuso. De la misma manera que los abogados no consiguen llegar a un acuerdo acerca del comienzo de la vida del niño en el vientre de la madre, o que los lingüistas discuten acerca del comienzo de la lengua, acerca de si el grito llamativo o el cantar amoroso del ave es lenguaje o no, de si hay que incluir el lenguaje de la mímica y los gestos en la misma categoría que el lenguaje articulado o no, exactamente de la misma manera discuten los materialistas de la vieja escuela mecanicista acerca de lo qué es la materia: ¿entra en este concepto sólo lo palpable y lo ponderable o todo lo visible, oledero, audible y, por fin, si toda la naturaleza es material para investigación y, en consonancia con ello, todo puede denominarse material, hasta el espíritu humano, puesto que sirve de material a la teoría del conocimiento.

NB

Por consiguiente, el rasgo que distingue los materialistas mecanicistas del siglo pasado de los materialistas socialdemócratas, que han pasado por la escuela de los idealistas alemanes, consiste en que los últimos han extendido el concepto limitado de materia sólo táctil a todo lo material.

No se puede objetar nada en contra de que los materialistas extremos distingan lo ponderable o táctil de lo oledero, lo audible y, finalmente, del mundo de las ideas. Sólo podemos reprocharles el empleo abusivo de esta distinción, el que pierdan de vista lo similar y lo común en las cosas o propiedades y diferencian “de modo metafísico” o loto caelo la

NB Materia y

espíritu

materia ponderable y táctil, y no advierten el significado de la clase general, que abarca los contrarios.

Las ciencias naturales modernas signen por el momento en muchos sentidos sosteniendo el punto de vista de los materialistas del siglo pasado. Estos materialistas eran teóricos generales, digamos filósofos de las ciencias naturales, por cuanto hasta hoy estas últimas limitan su investigación a lo mecánico, es decir, lo concreto, palpable y ponderable. Es cierto que las ciencias naturales han comenzado desde hace mucho tiempo a superar este punto de vista: la química ha transcendido ya la limitación mecanicista, y han aparecido nuevos conocimientos sobre los cambios de la forma de las fuerzas, el cambio de la fuerza de la gravedad en calor, electricidad, etc. Las ciencias naturales, empero, siguen siendo limitadas. La investigación del espíritu humano y de todas las relaciones que origina en la vida humana, es decir, políticas, jurídicas, económicas, etc., las excluyen las ciencias naturales de la esfera de sus estudios, ya que se hallan todavía bajo la influencia del viejo prejuicio de que el espíritu es algo metafísico, criatura de no se sabe qué otro mundo.

NB

El reproche de limitación no se lo deben las ciencias naturales a la delimitación de los conocimientos mecánicos, químicos, electrotécnicos, etc., asignándoles esferas especiales, sino a que esta clasificación exagera, pierde de vista el nexo entre el espíritu y la materia y hasta hoy día no está en condiciones de liberarse del modo “metafísico” de pensar...

NB

No son los distintos criterios que tienen los hombres de las estrellas o los animales, las plantas o las piedras los que los dividen en materialistas e idealistas; el elemento determinante es exclusiva y únicamente el criterio de la relación entre el cuerpo y el espíritu.

NB

El convencimiento del error absoluto del idealismo alemán, que no dejaba de considerar el espíritu como primer fundamento metafísico, creador y productor de las materias tangibles, visibles, olederas, etc., ha llevado ineludiblemente al materialismo socialista que se da el nombre de “socialista” porque los socialistas Marx y Engels establecieron por vez primera y con precisión que las relaciones materiales, precisamente las económicas, de la sociedad humana constituyen la base que condiciona, en última instancia, toda la superestructura de las instituciones jurídicas y políticas, al igual que las representaciones religiosas, filosóficas, etc., de cada época histórica. En lugar de explicar, como antes, el ser del hombre a partir de su conciencia, ahora se explica, al contrario, la conciencia a partir del ser y, más que nada, de la situación económica del hombre, del modo de conseguir el pan.

El materialismo socialista entiende por “materia” no sólo lo ponderable y palpable, sino todo el ser real, todo lo que se halla en el Universo, y éste lo contiene todo, puesto que todo, incluido el Universo, no son más que dos denominaciones de una misma cosa; y el materialismo socialista quiere abarcarlo todo con un concepto, una denominación, una clase, no importa que esta clase universal se llame realidad, naturaleza o materia.

Nosotros, los materialistas modernos, no nos atenemos a la limitada opinión de que la materia ponderable y táctil es materia par excellense; estimamos que tanto el olor de las flores como los sonidos y toda clase de olores también son materia. No

consideramos que las fuerzas son puro predicado de la substancia y que ésta, la substancia tangible, es una “cosa” que domina sobre todas las propiedades. Enfocamos la substancia y las fuerzas de modo democrático. Unas y otras tienen para nosotros igual valor; consideradas por separado, no son más que propiedades, apéndices, predicados o atributos del gran todo, la naturaleza. No se puede estimar que el cerebro es el señor, y las funciones espirituales son su servidor. Nosotros, los materialistas contemporáneos, afirmamos que la función es una cosa tan independiente como la substancia cerebral palpable o cualquier otra cosa material. También las ideas, su fuente y naturaleza son materia igualmente real que merecen ser investigadas en idéntica medida que todo lo demás.

Somos materialistas porque no erigimos el espíritu en ningún monstruo “metafísico”. La fuerza del pensar no es para nosotros una “cosa en sí”, como tampoco la fuerza de la gravedad o una gleba. Todas las cosas no son más que eslabones de la gran cadena universal; sólo ella es eterna, verdadera y constante, no es un fenómeno, sino la única “cosa en sí”, la verdad absoluta.

Visto que nosotros, los materialistas socialistas, tenemos un concepto que une la materia y el espíritu, las relaciones espirituales como la política, la religión, la moral, etc., son también relaciones materiales; y el trabajo material, sus substancias y los problemas del estómago son para nosotros sólo la base, la premisa, el fundamento de todo el desarrollo espiritual, por cuanto lo animal precede en el tiempo a lo humano, lo que no es óbice en absoluto para que valoremos altamente al hombre y su intelecto.

Lo que distingue el materialismo socialista es que no subestima, como los materialistas de la vieja escuela, el espíritu humano, pero tampoco exagera su valor, como los idealistas alemanes, y en su valoración no pierde el sentido de la medida y enfoca el mecanismo, lo mismo que la filosofía desde un ángulo crítico dialéctico, cómo eslabones del proceso mundial único y del progreso mundial...

[218-226] Por cuanto no coincidimos con los viejos materialistas, que estiman que han explicado ya bastante lo que es el intelecto, calificándolo de propiedad del cerebro, tampoco podemos quitarnos de encima nuestro objeto, el espíritu humano, con un golpe de cuchillo. La vía especulativa, que trata de comprender mediante su raciocinio la esencia del espíritu en las secreciones internas de la cabeza, no puede ser nuestra vía, puesto que los idealistas especulativos han logrado con ello demasiado insignificantes resultados. De pronto y muy a propósito aparece Haeckel con su criterio del método acertado de la ciencia. Haeckel aborda el espíritu humano tal y como éste ha actuado a lo largo de la historia, y esto nos parece ser un método perfectamente justo...

La primera combinación espiritual comme il faut ha sido el descubrimiento de Darwin, publicado sólo en 1859, acerca de la selección natural en la lucha por la existencia, así opina Haeckel, pero nosotros nos permitimos tener otro criterio sobre el particular.

Que el estimado lector no me entienda mal: no queremos poner en tela de juicio el que Darwin y Haeckel han unido con acierto su espíritu individual con el mundo de las plantas y los animales y han creado puros cristales del conocimiento, lo único que

queremos es hacer constar que el materialismo dialéctico moderno sostiene el punto de vista de que Darwin y Haeckel, por grande que sea su mérito, no han sido los primeros y únicos en lograr semejantes cristales. Los “pobres” zoólogos de museo y los botánicos de herbarios también nos han dejado una partícula de auténtica ciencia...

Mediante la percepción y la recolección de hechos y la descripción de los mismos se logra una nueva luz, mejor dicho, aumenta la luz lograda antes. El mérito de Darwin es grande, pero no tanto como para que Haeckel considere la “ciencia” algo que es superior a la combinación diaria del espíritu humano con los hechos materiales.

Viejo materialismo

En la primera parte de la presente investigación se señala que el materialismo limitado, además de estimar que el espíritu humano es una propiedad del cerebro —nadie lo discute—, deduce de este enlace directa o indirectamente que el predicado de la racionalidad o capacidad cognoscitiva que se atribuye al cerebro no es un objeto substancial de la investigación, sino, al contrario, el estudio del cerebro material puede brindar bastantes elementos para explicar las propiedades del espíritu. En oposición a ello, nuestro materialismo dialéctico muestra que el problema debe enfocarse, de conformidad con la indicación de Espinosa, bajo el ángulo del Universo, sub specie aeternitatis*. En el Universo infinito la materia de los viejos y ya envejecidos materialistas, la materia táctil no tiene el menor derecho de considerarse más substancial, es decir, más directa, clara o determinada que cualquier otro fenómeno de la naturaleza... * Desde el punto de vista de la eternidad.— Ed.

NB NB

Los materialistas que convierten la materia tangible en substancia, y la función cerebral intangible sólo en accidente, minimizan demasiado esta función. A fin de formarse una idea más afortunada y acertada de ella es preciso, en primer término, volver al hecho de que son hijos de una misma madre, que son dos fenómenos de la naturaleza que explicamos describiéndolos, dividiéndolos en clases, especies y subespecies.

NB α( β)

Si hacemos constar en lo concerniente a la materia, lo que, por cierto, no suscita objeciones, que es un fenómeno de la naturaleza, y decimos lo mismo acerca de la capacidad espiritual del hombre, sabemos todavía muy poco de lo uno y lo otro; pero sabemos que son hermanos y que nadie puede separarlos demasiado el uno del otro; nadie puede trazar entre ellos diferencias tolo genere, loto coelo**. ** De todo género; por entero, en toda la línea, por principio. —Ed.

Si queremos saber más, digamos, acerca de la materia, debemos proceder tal y como lo hacían en el pasado los zoólogos de museo y los botánicos de herbarios, debemos conocer sus distintas clases, familias y especies, investigarlas, describir su origen, desaparición y transformación la una en la otra. Esto es, precisamente, la ciencia de la materia. Quien quiere más, quiere los desmedido, no sabe lo que es el conocimiento, no comprende ni el órgano de la ciencia ni su empleo. Sil los viejos materialistas estudian especies particulares de la materia, proceden, sin duda, de modo científico, pero cuando investigan la materia abstracta, su concepto general, resultan absolutamente impotentes en esta ciencia abstracta. El mérito de los idealista consiste

Mérito del idealismo NB

en que, al menos, han impulsado tanto la capacidad de usar el abstracción y los conceptos son productos habituales de la naturaleza y no hay ni puede haber nada que no pertenezca a la única categoría ilimitada del mundo natural.

Nuestro materialismo se distingue por su conocimiento específicamente acentuado de la naturaleza común del espíritu y la materia. Donde este materialismo contemporáneo hace objeto de su investigación el espíritu humano, lo considera como cualquier otro material de investigación, es decir, lo mismo que los zoólogos de museo, los botánicos de herbarios y los darvinistas proceden en la investigación y la descripción de sus objetos. No cabe duda que con su clasificación fueron los primeros quienes arrojaron luz sobre miles de especies, pero era una luz insuficiente, y Darwin la reforzó tanto que este alumbrado suplementario ofuscó la luz inicial. Pero también los viejos clasificadores debían tratar de “conocer” antes de clasificar, por cuya razón también el conocimiento darvinista no es otra cosa que una clasificación que sirve de base al concepto del desarrollo, clasificación que merced a la descripción de los procesos de la naturaleza ofrece un reflejo más exacto de los hechos recogidos...

Teoría materialista del

conocimiento

α |β

Descripción

y explicación

La teoría materialista del conocimiento se reduce al reconocimiento de que el órgano humano de conocimiento no emite luz metafísica alguna, sino que es un fragmento de la naturaleza, que refleja otros trozos de la naturaleza y cuya esencia creadora se pone en claro merced a nuestra descripción del mismo. Semejante descripción requiere que el teórico del conocimiento o filósofo examine su objeto con la misma exactitud que el zoólogo al animal que investiga. Si se me reprocha el no hacerlo inmediatamente, diré que no se puede olvidar que Roma no fue construida en un día.

Reflejo de otras

partes de la

naturaleza

Lo que asombra es que estos eruditos naturalistas, que comprenden perfectamente que el eterno movimiento de la naturaleza, merced a la adaptación, la herencia, la selección natural, la lucha por la existencia, etc., ha creado, a partir del protoplasma y los moluscos, los elefantes y los monos, no están en condiciones de comprender que de la misma manera se ha desarrollado también el espíritu. ¿Por qué, pues, lo que ha podido ocurrir con los huesos no ha podido ocurrir con la razón?...

De la misma manera que el zoólogo de museo estudió sus animales mediante la descripción de la clase, la especie y la familia, en las que se distribuyen, de esta misma manera el espíritu humano debe ser investigado mediante el estudio de las distintas especies de este espíritu. Cada individuo posee su propio intelecto, y todos los intelectos pueden considerarse como derivaciones de un espíritu común. En parte, este espíritu humano común, lo mismo que el individual, tiene su desarrollo en el pasado y, en parte, en el porvenir. Ha pasado por distintas y multiformes metamorfosis y, si las observamos y llegamos al comienzo del género humano, llegaremos a la fase en que la centella divina desciende al grado del instinto animal. Hecho fiera, el espíritu humano viene a ser, de esta manera, un puente que lleva a

NB Tránsito gradual de

la materia al

espíritu

los auténticos espíritus animales. Y así llegaremos hasta ,el espíritu de las plantas, los árboles y los montes. Esto quiere decir: llegamos así hasta la comprensión de que entre el espíritu y la materia, lo mismo que entre todas las partes de la unidad universal de la naturaleza existen transiciones paulatinas y diferencia gradual, y no metafísica, que desaparece.

Visto que el viejo materialismo no ha comprendido estos hechos, visto que no ha logrado entender la materia y el espíritu como imágenes abstractos de los fenómenos concretos y, a pesar de su librepensamiento religioso y la baja valoración del espíritu divino, no sabía de dónde había aparecido el espíritu natural, y como consecuencia de este desconocimiento no pudo superar de ninguna manera la metafísica, Federico Engels calificó de metafísico este materialismo impotente, incapaz de orientarse en la ciencia abstracta, y de dialéctico el materialismo de la socialdemocracia, que, merced al idealismo alemán, que le había precedido, pasó por una escuela mejor.

NB

Desde el punto de vista de este materialismo, el espíritu es el nombre colectivo de los fenómenos espirituales, al igual que la materia es el nombre colectivo de los fenómenos materiales, y ambos forman un mismo concepto y tienen un mismo nombre: fenómenos de la naturaleza. Es éste un nuevo modo teórico cognoscitivo de pensar que penetra en todas las ciencias particulares, en todas las ideas y establece la tesis de que todas las cosas del mundo deben ser enfocadas sub specie aetemitatis, desde el punto de vista del Universo. Este Universo eterno está tan unido a sus fenómenos temporales que toda la eternidad es temporal, y todo lo temporal es eterno.

También el modo substancial de pensar de la socialdemocracia explica de manera nueva este problema, cuya solución le ha costado tanto trabajo al idealismo al plantear el problema: ¿en qué consiste el pensar verdadero? ¿cómo distinguir las ideas subjetivas de las objetivas? La respuesta es la siguiente: no cabe hacer excesiva diferencia; tanto la mejor representación como la más verdadera idea sólo pueden ofrecer una imagen de la diversidad universal que existe en uno y fuera de uno. No es tan difícil distinguir los cuadros reales de los que son fruto de la fantasía, y cualquier pintor sabrá hacerlo con la mayor precisión. Las representaciones fruto de la fantasía han sido tomadas de la realidad, y las representaciones más verídicas de la realidad se animan necesariamente con el aliento de la fantasía. Las representaciones y los conceptos verídicos nos prestan grandes servicios precisamente porque no poseen verdad ideal, sino sólo relativa.

α

α

α α

Nuestros pensamientos no pueden y no deben “coincidir” con sus objetos en el sentido metafísico exagerado de esta palabra. Queremos, debemos y podemos obtener sólo una idea aproximada de la realidad. Por eso también la realidad sólo puede aproximarse a nuestros ideales. Fuera de la idea no existen puntos matemáticos ni rectas matemáticas. Todas las rectas poseen en realidad una curvatura llena de contradicciones, de la misma manera que la suprema justicia va estrechamente ligada todavía a la injusticia. La naturaleza de la verdad no es ideal, sino substancial; es materialista; no se concibe con el pensamiento, sino con los ojos, los oídos y las manos; no es producto del pensamiento, sino, más bien, al contrario: el pensamiento es producto de la vida universal. El Universo vivo es la encarnación

de la verdad.

IV

DARWIN Y HEGEL

[226-233] Con ello queremos señalar que la filosofía y las ciencias naturales no distan tanto la una de las otras. El espíritu humano labora tanto en una como en otra esfera con arreglo a un mimo método. El método de las ciencias naturales es más exacto, pero sólo en cuanto al grado, y no en esencia...

NB

Reconocemos de buen grado que al ya casi olvidado Hegel le pertenece el honor de haber sido un predecesor de Darwin. Lessing* en su tiempo decía que Espinosa era un “perro muerto”. Exactamente de la misma manera ha caducado hoy Hegel, pese a que, en su tiempo, según su biógrafo Haym, tenía en el mundo literario el mismo peso que Napoleón I en el político. Espinosa, este “perro muerto”, ha resucitado desde hace ya mucho tiempo, y Hegel también contará con el merecido reconocimiento de las generaciones venideras. El que no goce de él en el presente no es más que un fenómeno pasajero. * En el texto hay una inexactitud: Dietzgen se refiere, por lo visto, al Prefacio de Hegel a la segunda edición de la Enciclopedia de ciencias filosóficas, donde se dice: “Lessing dijo en su tiempo que a Espinosa se le trataba como a un perro muerto”. —Ed.

NB

Como es sabido, el maestro decía que entre sus numerosos discípulos tan sólo uno lo había comprendido, e incluso éste lo había entendido mal. Esta incomprensión universal es, a nuestro juicio, más bien consecuencia de la poca diafanidad en lo que decía el maestro, y no de la incapacidad de los discípulos. Esto es indudable. No se le puede comprender perfectamente a Hegel porque el mismo no se comprendía del todo. Y, pese a ello, es un genial predecesor de la teoría darvinista del desarrollo; exactamente de la misma manera será justo si decimos al revés: Darwin es un continuador genial de la teoría hegeliana del conocimiento...

NB

Los vuelos a los cielos que emprenden esporádicamente los naturalistas y los destellos de pensamiento exacto de los filósofos deben señalar al lector que lo general y lo especial se hallan en armonía lo uno con lo otro...

Para poner en claro la relación entre Darwin y Hegel tenemos que tocar los más profundos y oscuros problemas de la ciencia. Precisamente uno de ellos es el objeto de la filosofía. El objeto de Darwin no deja lugar a dudas. Darwin conocía su objeto, pero cabe observar que, a pesar de conocer su objeto, Darwin quería investigarlo, es decir, no lo conocía hasta el fin. Investigó su objeto —“el origen de las especies”—, pero no hasta el fin. Esto quiere decir que el objeto de cualquier ciencia es infinito. Quienquiera que desee medir lo infinito o el más pequeño de los átomos ha de vérselas siempre con algo que no puede ser medido hasta el fin. La naturaleza, tanto considerada en conjunto, como en sus distintas partes, no puede ser investigada hasta el fin, es inagotable, es incognoscible hasta el fin, es, por lo tanto, sin comienzo y sin fin. El conocimiento

NB

El átomo es inconmensura ble, es infinito

El átomo es

inagotable

de esta infinidad efectiva es el resultado de la ciencia, mientras que el punto de partida de esta última ha sido la infinitud sobrenatural, religiosa o metafísica.

El objeto de Darwin es tan infinito como que el objeto de Hegel. El primero investigó el problema del origen dé las especies, y el segundo procuró explicar el proceso del pensamiento humano. Como resultado de lo uno y lo otro apareció la teoría del desarrollo.

Trátase de dos grandes hombres y una gran obra. Queremos probar que ambos trabajaron para lograr una misma meta, y no en sentidos opuestos. Elevaron la concepción monista del mundo a una altura y la confirmaron con descubrimientos concretos que antes no se conocían...

A nuestro Hegel le pertenece el mérito de establecer el autodesarrollo de la naturaleza sobre la más amplia base y de liberar la ciencia en su forma más general del punto de vista clasificador. Darwin critica el tradicional planteamiento clasificador desde el punto de vista de la zoología. Y Hegel lo hace de modo universal. La ciencia avanza partiendo de las tinieblas para llegar a la luz. Y la filosofía, que centra su atención en el esclarecimiento del proceso de pensamiento del hombre, ha avanzado; el que se haya detenido más bien instintivamente en su objeto especial lo sabía hasta cierta medida ya antes de Hegel...

NB

Hegel nos brinda la teoría del desarrollo; nos enseña que el mundo no ha sido creado, que no es un ser inmutable [233], sino un devenir que se produce a sí mismo. De la misma manera que en la teoría de Darwin todas las clases de animales se transforman la una en la otra, en la de Hegel todas las categorías del mundo —nada y algo, ser y devenir, cantidad y calidad, tiempo y eternidad, lo consciente y lo inconsciente, progreso y estancamiento— se transforman ineludiblemente la una en la otra...

NB

A nadie se le ocurrirá afirmar que Hegel ha llevado con brillantez su obra hasta el fin. Su teoría, lo mismo que la de Darwin, hizo poco para que fuera inútil el desarrollo sucesivo, pero dio un impulso a toda la ciencia, a toda la vida humana, un impulso de inmensa importancia. Hegel anticipó a Darwin, pero Darwin, lamentablemente, no conocía a Hegel, que le era tan afín. Con este “lamentablemente” no queremos reprochar al gran naturalista; únicamente queremos recordar que la obra del especialista Darwin debe enriquecerse con el trabajo del gran generalizador Hegel para ir así avanzando y llegar a aclarar más los problemas.

NB

α) NB

α)

Hemos visto que la filosofía de Hegel era tan oscura que el maestro hubo de decir de su mejor discípulo que no lo había comprendido bien. Han contribuido a aclarar la oscuridad tanto su sucesor Feuerbach y otros hegelianos, como todo el desarrollo científico, político y económico del mundo...

[235-243] Haeckel tiene toda la razón al afirmar que en nuestros más eminentes poetas y pensadores es acusada la tendencia a la “forma monista y más pura de fe”, al igual que el afán de concepción física de la naturaleza, que hace imposible toda metafísica y acaba en la ciencia con el Dios sobrenatural y todos los trastos de los

milagros. Pero cuando se entusiasma demasiado y dice que esta tendencia “ha hallado ya desde hace mucho tiempo su más perfecta expresión”, se equivoca de medio a medio, se equivoca incluso en lo tocante a sí mismo y su propio símbolo de fe. Ni siquiera Haeckel sabe todavía pensar de modo monista.

Aduciremos a continuación una argumentación más detallada de este reproche, pero queremos hacer constar previamente que no sólo Haeckel lo merece, sino toda la escuela de nuestras ciencias naturales modernas, ya que desprecia los resultados de casi tres milenios de desarrollo de la filosofía, que cuenta con una larga historia de ricas experiencias, con tan rico contenido como las ciencias naturales experimentales...

En estas palabras de Haeckel se exponen tres puntos que queremos destacar y que nos mostrarán que “la concepción monista del mundo” no ha hallado aún expresión perfecta en su representante más radical en el dominio de las ciencias naturales.

La vieja fe advierte la base primera general de todo el ser en su Dios personal, sobrenatural, indescriptible, inaccesible para nuestros conceptos, que es el espíritu, algo misterioso. La nueva religión à la Haeckel estima que la naturaleza, a la que da el viejo nombre de Dios, es precisamente la base primera de todas las cosas...

NB

La diferencia entre lo corriente, lo natural y lo que no es natural, entre la revelación física y la metafísica, la religión y la deidad es tan inmensa que la concepción, depurada de todo elemento exterior, de la naturaleza, tal y como la concibe el darvinista Haeckel, tendría todo el derecho de abandonar los viejos nombres y la religión divina asentada en la revelación, y pronunciarse “en forma demoledora” contra la última pertrechada con la concepción monista del mundo. Al negarse a hacerlo, el darvinismo hace patente nada más que la limitación de su NB teoría del desarrollo...

NB

NB

El que Haeckel, el más prestigioso representante del monismo de las ciencias naturales, sigue aún aferrado a esta muletilla dualista lo prueba claramente su tercer punto, en el que se afirma que “con la organización presente de nuestro cerebro” la última causa primera de todos los fenómenos es incognoscible.

¿Qué quiere decir incognoscible?

Todo el contexto de las frases en las que se usa este término muestra con absoluta elocuencia que nuestro naturalista se halla todavía envuelto enteramente en las redes de la metafísica. Ninguna cosa, ningún átomo es cognoscible hasta el fin. Todas las cosas son inagotables en sus misterios, son eternas e indestructibles... * Ningún átomo es cognoscible hasta el fin.— Ed.

Kein Atömchen ist

auszukennen*

NB

La naturaleza está llena de misterios que son para la mente investigadora fenómenos de los más sencillos y comunes. La naturaleza es inagotable por la riqueza de problemas científicos.

Los investigamos, pero jamás llegamos hasta el fin. El sentido común humano tiene toda la razón al estimar que el mundo y la naturaleza no pueden ser investigados hasta el fin, pero tiene no menos razón cuando rechaza la idea metafísica de que el

mundo es inconcebible, por ser ésta una crasa necedad, una superstición. En nuestra investigación de la naturaleza jamás llegamos hasta el fin, sin embargo, cuanto más avanzan las ciencias naturales en sus investigaciones, más evidente resulta que no deben tener el menor miedo ante los misterios inagotables de la naturaleza, resulta evidente que aquí, valiéndonos de las palabras de Hegel, no hay nada que no esté a su alcance. De ello se infiere que a diario bebemos de la inagotable “base primera de todas las cosas” precisamente con ayuda de nuestro aparato cognoscitivo, cuya capacidad de investigación es tan universal e infinita como es infinitamente rica la naturaleza en misterios comunes y corrientes.

“¡Con la organización presente de nuestro cerebro!” ¡Desde luego! Nuestro cerebro, merced a la selección sexual y la lucha por la existencia ha de desarrollarse aún en toda su fuerza y de calar más y más hondo en la base primera de la naturaleza. Si estas palabras tienen dicho sentido, las aceptamos de buen grado. Pero el problema está en que el darvinista todavía enredado en la metafísica no les imprime este sentido Lo que quiere decir es que la mente humana es demasiado pequeña para investigar plenamente el mundo; por eso debemos creer en la existencia de un espíritu sobrenatural todavía “más alto” y no combatirlo “en forma demoledora”...

NB

Hegel expuso la teoría del desarrollo de modo mucho más universal que Darwin. Al decir esto no nos proponemos preferir o situar a uno de ellos por encima de otro, sino que sólo estimamos indispensable añadir el uno al otro. Darwin nos enseña que los anfibios y las aves no son especies aisladas la una de la otra, sino seres vivos que surgen el uno a partir del otro y que se transforman el uno en el otro, mientras que Hegel enseña que todas las especies, el mundo entero es un ser vivo que en parte alguna tiene límites inmutables; lo cognoscible y lo incognoscible, lo físico y lo metafísico se truecan constantemente lo uno en lo otro; lo absolutamente inconcebible es algo que no pertenece a la concepción monista del mundo, sino a la religiosa, la dualista...

NB

NB

De conformidad con nuestro monismo, la naturaleza es la última base de todas las cosas; es asimismo la base de nuestra capacidad cognoscitiva y, no obstante, según la concepción de Haeckel, esta capacidad es demasiado limitada para conocer la última base. ¿Cómo unir todo esto? ¡¿La naturaleza conocida como última base es, a la vez, “incognoscible”!?

El miedo ante las tendencias demoledoras se apoderó hasta de un teórico tan resuelto del evolucionismo como Haeckel; éste abandona su teoría y prefiere la fe de que el espíritu humano debe contentarse con los fenómenos de la naturaleza, de que no puede llegar a la auténtica esencia de la naturaleza; la última base primera resulta ser un objeto que no pertenece al dominio de las ciencias naturales... * Fenómenos. —Ed.

NB Erscheinungen *

Por lo que se refiere a las concepciones panteístas de nuestros mayores poetas y pensadores, las concepciones que culminan en el convencimiento de la unidad de Dios y la naturaleza, Hegel nos ha dejado una teoría particularmente característica. De conformidad con ella conocemos no ya sólo la unidad, sino igualmente la

diferencia entre las cosas. El pomeranio es tan perro como el dogo enano, pero esta unidad no descarta la diferencia. La naturaleza tiene muchas cosas de común con el omnibondadoso Dios: reina de una eternidad a otra. Visto que nuestra mente es su instrumento natural, la naturaleza sabe en general todo lo que está al alcance del saber; es omnisciente, pero, pese a ello, la sabiduría “natural” se diferencia tanto de la divina que hay bastantes causas científicas para la tendencia demoledora hacia el total desalojamiento de los conceptos de Dios, religión y metafísica, desalojamiento en el sentido razonable de la palabra, en la medida en que es posible. Las ideas confusas han existido siempre y existirán hasta la profunda eternidad...

El viejo conocimiento del mundo animal ofrece nada más que un cuadro incompleto, mientras el nuevo conocimiento, desarrollado por Darwin, nos brinda un cuadro más veraz, completo y auténtico, por consiguiente, la ventaja que se desprende de ello para nuestros conocimientos no se limita a la sola vida animal: al propio tiempo adquirimos conocimientos acerca de nuestra capacidad cognoscitiva, a saber: que esta última no es una fuente sobrenatural de la verdad, sino un instrumento análogo al espejo, que refleja las cosas del mundo o la naturaleza...

NB

[248-249] Kant razona de la siguiente manera: si bien nuestra razón tiene que limitarse al solo conocimiento de los fenómenos naturales, si en lo sucesivo no podemos saber nada, debemos, no obstante, tener fe en algo misterioso, superior, metafísico. Aquí debe ocultarse algo, “ya que donde hay fenómenos debe haber algo que aparece”, concluye Kant; esta conclusión se distingue por su precisión nada más que aparente. ¿Acaso no basta el hecho de que se exterioricen los fenómenos naturales, el que tras ellos no se oculte nada de sobrenatural, nada de incomprensible, nada que no sea la naturaleza misma? Bueno, dejemos esto. Kant expulsó la metafísica, al menos formalmente, de la ciencia para que se quedara en la fe...

versus Kant

NB

[251] Kant dejó a sus seguidores una idea extraordinariamente modesta, la de que el candil del conocimiento del género humano es demasiado insignificante para alumbrar el gran monstruo. Al demostrar que no es demasiado pequeño, que nuestra luz no es menor ni mayor, no es menos ni más milagrosa que el objeto a ser alumbrado, acabaremos con la fe en los milagros, en el monstruo, acabaremos con la metafísica. Así el hombre se va desprendiendo de su excesiva modestia, y nuestro Hegel ha contribuido bastante a ello.

NB

¿Qué es la metafísica? Por su denominación era una disciplina científica que arroja sombra aún en el presente. ¿Qué busca, qué quiere? Desde luego, ¡la ilustración! Ahora bien, ¿respecto de qué? Respecto de Dios, la libertad y la inmortalidad; esto suena en nuestros días a prédica de pastor. E incluso si designamos el contenido de estos tres conceptos con los nombres clásicos de la verdad, del bien y de la belleza, será, sin embargo, muy importante aclarar para uno mismo y para el lector qué es lo que, hablando en rigor, buscan y quieren los metafísicos; sin ello no se puede evaluar suficientemente y ofrecer una idea de Darwin, de Hegel, de lo que han hecho, de lo que no han captado y que por eso todavía deben hacer las generaciones venideras...

NB

V

LA LUZ DEL CONOCIMIENTO

[255-266] Podríamos aducir multitud de citas de la literatura moderna que hacen constar el absoluto abismo que media entre el conocimiento general de la naturaleza y la necesidad metafísica, así que el problema “¿dónde se debe buscar la luz? es infinitamente confuso. Ofrece un modelo verdaderamente clásico de semejante enredo la Historia del materialismo de F. A. Langc.

NB

De hacer abstracción de muchos aspectos brillantes y excelentes, pero secundarios, de este trabajo, así como del parentesco democrático del autor con el partido socialista, lo que hacemos constar con gran satisfacción, veremos, pese a todo, que el punto de vista filosófico de Lange no es otra cosa que el más pobre forcejeo en las trampas metafísicas de todos los tiempos. Precisamente esta indecisión permanente y esta falta de seguridad constituyen lo que da a la obra su significación, puesto que, si bien no se resuelve en ella el problema, no se resuelve nada, el problema se plantea de modo tan claro que su solución definitiva deviene inevitablemente cercana.

Luego aparecen los adversarios al estilo del doctor Gideon Spicker (Acerca de la actitud de las ciencias naturales ante la filosofía] y, al señalar este forcejeo, abusan de su justa crítica para desacreditar, en compañía de Lange, también el materialismo...

NB α

El materialismo, que resuelve con éxito el problema conocimiento— y la explicación de las más distintas esteras de la ciencia, hasta ahora no ha intentado explicar la esfera del conocimiento, por cuya razón su benevolente historiador no ha podido lograr la victoria completa sobre las ruinas del idealismo...

“Existen dos problemas ante los que el espíritu debe detenerse. No estamos en condiciones de comprender los átomos y no podemos explicar, a partir de los átomos y su movimiento, ni siquiera el más insignificante fenómeno de la conciencia... Por más que se den vueltas al concepto de la materia y sus fuerzas, siempre se tropieza con algo incomprensible. Por algo Du Bois-Reymond se va incluso tan lejos que llega a afirmar que todo nuestro conocimiento de la naturaleza no es, en realidad, todavía un conocimiento y que no brinda más que un sucedáneo de explicación... El punto que los clasificadores y apóstoles de la concepción mecanicista del mundo eluden con tanto desdén, es el problema de los límites del conocimiento de la naturaleza” (F. Lange. Historia del materialismo, t. II, págs. 148-150).

Esta referencia exacta, en realidad, sobraría, ya que son conocidos de todos semejantes criterios. Así opinan tanto Lange como Jürgen Bona Meyer y von Sybel, lo mismo dirían Schäflle y Samter si tuvieran que tocar el tema; así dice todo el mundo prestigioso por cuanto ha superado a los capuchinos. Pero Lange no conocía debidamente a los socialdemócratas, ya que de lo contrario sabría que también en este punto han enriquecido la concepción mecanicista del mundo.

“Un gran defecto de Hegel en comparación con Kant —dice Lange— consiste en que ha perdido totalmente la idea del modo de conocimiento de las cosas más general

que el humano.” Así Lange se lamenta de que Hegel no haya especulado en el conocimiento sobrehumano, y nosotros le contestaremos: la consigna reaccionaria de “¡retornar a Kant!” que suena ahora por todas las partes, proviene de la monstruosa tendencia a hacer retroceder la ciencia y subordinar el conocimiento humano a un “modo más general de conocimiento”. Se advierte en ella el deseo de volver a renunciar al dominio que ha conquistado el hombre sobre la naturaleza y sacar del trastero una corona y un cetro para el viejo espantajo con el fin de que se reinstaure la superstición. El afán filosófico de nuestros tiempos consiste en la reacción consciente o inconsciente contra la creciente a todas luces libertad del pueblo.

NB

Basta calar un poco en la idea metafísica de los “límites del conocimiento”, que pasa cual hilo de engarce por todo el famoso libro de Lange y que repiten con tanta frecuencia los hombres de ciencia contemporáneos, para reconocer en el acto que es una frase vacía. “Los átomos no pueden ser comprendidos, y la conciencia no tiene explicación.” Pero el mundo consta de átomos y de conciencia, de materia y de espíritu. Si lo uno y lo otro no se comprenden, ¿qué le queda, pues, a la razón para comprender y explicar? Lange está en lo cierto: propiamente dicho, nada. Como estiman, nuestra comprensión no es comprensión, sino sólo un sucedáneo. Posiblemente los animales grises, a los que se suele denominar asnos, no sean otra cosa que sucedáneos de asnos, mientras que los verdaderos deben buscarse entre los seres altamente organizados...

La luz del conocimiento hace que el hombre sea el señor de la naturaleza. Con ayuda del conocimiento puede el hombre tener hielo en verano, lo mismo que frutas y flores en el invierno. Sin embargo, esta dominación es siempre limitada. Todo lo que puede hacer el hombre sólo puede hacerlo con ayuda de fuerzas y materiales de la naturaleza.

[261] Lo mismo que en la producción técnica los fenómenos de la naturaleza se presentan en forma corpórea, en la ciencia los cambios de la naturaleza se nos presentan en su aspecto espiritual. Lo mismo que la producción deja, en última instancia, de satisfacer la exagerada demanda de creación, la ciencia o “conocimiento de la naturaleza” no satisface por entero nuestra exagerada demanda de explicación causal. Sin embargo, de la misma manera que una persona con sentido común no se quejará de que, para la creación, necesitamos eternamente material y de que a partir de la nada, de los buenos propósitos no podemos hacer nada, exactamente de esta misma manera quien cale en la naturaleza del conocimiento no querrá ir más allá de los límites del experimento. Tanto para la creación como para el conocimiento o la explicación, tenemos necesidad de material. Esta es la razón de que no haya conocimiento que pueda explicar de dónde proviene o dónde comienza el material. El mundo de los fenómenos o material es algo primitivo, substancial, sin fin ni comienzo ni origen. El material está presente, su existencia es material (en un sentido más lato de la palabra), y la capacidad humana de conocer o tomar conciencia es una parte de esta existencia material, al igual que todas las demás partes, puede cumplir sólo una función limitada y determinada, a saber, la de conocimiento de la naturaleza...

NB

Desde que el cuarto estado ha planteado sus pretensiones, nuestros hombres de ciencia oficiales se ven forzados a aplicar una política conservadora, reaccionaria.

Ahora se empeñan, quieren legitimar su error y marchan hacia atrás, hacia Kant. Con el difunto Lange durante una excursión ingenua, pero llena de deslices; ahora bien, muchos de sus seguidores son astutos jesuitas que se valen del trabajo de su predecesor como buen medio contra la nueva sociedad y nos obligan a llevar la crítica de la razón hasta sus raíces mismas.

Todo lo que percibimos, dicen los neokantianos, sólo se puede percibir a través de las gafas de la conciencia. Todo lo que vemos, oímos y sentimos debe llegar a nosotros a través de las sensaciones y, por consiguiente, a través del alma. Por eso no podemos percibir las cosas en su forma pura, verdadera, sino sólo tal y cómo aparecen ante nuestra subjetividad. Según Lange, “las sensaciones son el material del que se crea el mundo exterior real”. “El problema fundamental de que se trata (t. II, pág. 98) puede definirse con toda precisión. Es algo así como la manzana del pecado original según Kant: la relación entre el sujeto y el objeto en el conocimiento.”

Así se echa la culpa propia a la filosofía postkantiana. He aquí lo que dice Lange: “Según Kant, nuestro conocimiento se desprende de la interacción de ambos (el sujeto y el objeto): enunciado sencillo, pero que con frecuencia se pasa por alto. De dicho criterio se desprende —prosigue Lange— que nuestro mundo de los fenómenos no es sólo un producto de nuestra imaginación, sino el resultado de efectos objetivos y de sus representación subjetiva. Kant califica de objetico en cierto sentido lo que la humanidad considerada en conjunto debe conocer merced a su sensibilidad y razón, y no lo que un individuo conoce de una manera u otra mereced a un estado causal de ánimo o a la organización imperfecta. Calificaba de objetivo semejante conocimiento por cuanto hablamos sólo de nuestra experiencia; y a la inversa, lo calificaba de transcendente o, dicho con otras palabras, falso si extendemos este conocimiento a las cosas en sí, es decir, a las cosas absolutas, que existen independientemente de nuestro conocimiento"... * Lo objetivo. —Ed.

Objetiv, * según Kant

NB

Es verdad, los materialistas no se han dado hasta ahora el trabajo de tomar en consideración el elemento subjetivo de nuestro conocimiento y han admitido sin crítica los objetos sensibles como oro de ley. Este error debe ser corregido.

NB

Admitamos que el mundo es lo que es según Kant: una mezcla del sujeto y el objeto, pero insistiremos en que el mundo entero es una mezcla, una unidad; admitamos igualmente que esta unidad es dialéctica, o sea, consta de sus contrario, de la mezcla o la pluralidad. Y en esta pluralidad del mundo hay cosas, como digamos, tablas, piedras, árboles, montones de arcilla, a los que se da el indudable nombre de objetos. Yo digo: "se les da el nombre", pero no digo todavía que son objetos. Hay cosas tales como los colores, los olores, el calor, la luz, etc., cuya objetividad es ya más dudosa; luego vienen las cosas que se apartan aún más, como digamos, el dolor físico, la sed de amor, los sentimientos primaverales, que son indiscutiblemente subjetivos. Finalmente, hay objetos que son más subjetivos y son los más subjetivos en grado comparativo y superlativo, tales como los estados casuales de ánimo, los sueños, las alucinaciones, etc. Aquí no s acercamos a la esencia misma de problema.

El materialismo ha triunfado una vez que se debe reconocer que él sueño es un

proceso efectivo, indudable, aunque se considere subjetivo. En tal caso estamos dispuestos a adherirnos a los filósofos “críticos” que afirman que las tablas y las piedras, todas las cosas que se llaman objetos indudables son también percibidas por nuestros órganos de la vista y del tacto, por cuya razón no son objetos puros, sino fenómenos subjetivos. Reconocemos de buen grado que ya la idea del objeto puro o la “cosa en sí” es una necedad que, valga la expresión, ha desviado la vista hacia otro mundo.

La diferencia entre el sujeto y el objeto es relativa. Ambos son del mismo género. Lo que percibimos con la capacidad de entendimiento lo percibimos como parte de un todo y como una parte entera...

[268-272] La toma de conciencia de esta dialéctica alumbra y explica plenamente el afán místico de buscar la verdad más allá de lo visible, es decir, buscar el sujeto tras cada predicado. Sólo cuando no se sabe manejar de modo dialéctico los conceptos este afán puede adoptar una dirección tan falsa que buscará el sujeto fuera del predicado, la verdad fuera de los fenómenos. La teoría crítica del conocimiento debe reconocer que el propio instrumento de experiencia es experimento, por cuya razón pierden todo sentido las habladurías acerca de la necesidad de ir más allá de los límites de toda experiencia.

Si los filósofos modernos, con el historiador del materialismo al frente, al abordar la esencia misma del problema, declaran que el mundo son los fenómenos, es decir, objetos de conocimiento de la naturaleza, que este conocimiento tiene que vérselas con cambios, pero que nosotros buscamos un conocimiento superior u objetos eternos, substanciales, se ve claro que ya bien son estafadores, ya bien necios, que no se contentan con el estudio de todos los granos de arena de un montón de ésta, sino que tras cada grano buscan otro montón que no tiene granos de arena.

Quien ha roto totalmente con nuestro valle de las lágrimas, el mundo de los fenómenos, que se siente con su alma inmortal en el carro de fuego y se vaya al cielo. Pero quien quiere quedar aquí y tener fe en el poder salvador del conocimiento científico de la naturaleza debe fiarse en la lógica materialista. Y su §1 reza: el reino intelectual está en este mundo, y el § 2, la actividad que denominamos conocimiento, entendimiento y explicación puede consistir en la clasificación en géneros y especies de este mundo sensible penetrado de la unidad del ser; no puede ocuparse en otra cosa que no sea el conocimiento formal de la naturaleza. Otro conocimiento no existe.

Pero de pronto aparece el afán metafísico que no se contenta con el ‘‘conocimiento formal” y quiere, sin saber cómo, conocer. Le parece que no basta con la clasificación exacta con ayuda de la inteligencia de los datos empíricos. Lo que la historia natural denomina ciencia no es para él otra cosa que un sucedáneo, un saber mísero y limitado; exige espiritualización ilimitada de modo que las cosas se disuelvan por entero en el concepto. Ahora bien, ¿por qué este amable afán no quiere comprender que no hace más que plantear demandas excesivas? El mundo no proviene del espíritu, sino al revés. El ser no es una especie de intelecto, sino, al revés, el intelecto es una especie de existencia empírica. El ser es lo absoluto que es omnipresente y eterno; el pensar no es más que una forma especial y limitada del ser...

NB

NB

La ciencia o el conocimiento no deben sustituir la vida, la vida no es agotable por la ciencia porque es algo más. Esta es la razón de que con el conocimiento o la explicación no se pueda superar cosa alguna. Ninguna cosa puede ser conocida hasta el fin: esta guinda es tan poco como esta sensación. Si he estudiado y comprendido la guinda con arreglo a todas las exigencias de la ciencia: desde el punto de vista de la botánica, la química, la fisiología, etc., la he conocido efectivamente sólo después de haberla percibido a la vez, o sea, cuando la he visto, tocado y tragado... * ¡Fenómenos y esencia. — Ed.

NB

Erschenungen

und Wesen*

La lamentable crítica filosófica, frenética hoy, presenta la razón humana como un pobre diablo capaz de explicar sólo los fenómenos superficiales de las cosas, mientras que la auténtica explicación está cerrada para ella, la esencia de las cosas es inconcebible para ella. Y surge la pregunta: ¿tiene cada cosa su propia esencia, una multitud infinita de esencias o el mundo entero sólo es un todo integro? Aquí no cuesta trabajo ver que nuestra cabeza posee la facultad de ponerlo todo en relación, sumar todas las partes y dividir todas las sumas. El intelecto hace esencias de todos los fenómenos, y conoce las esencias como fenómenos de una gran esencia única: la naturaleza. La contradicción entre el fenómeno y la esencia no es una' contradicción, ni mucho menos, es una operación lógica—, una formalidad dialéctica. La esencia del Universo es un fenómeno, y sus fenómenos expresan la esencia.

NB

Por lo tanto, viva este afán, esta necesidad metafísica de buscar tras cualquier apariencia la esencia, pero con la condición de que reconozca que el “conocimiento formal de la naturaleza” es la única praxis razonable de la ciencia. El afán de ir más allá de los fenómenos para acercarse a la verdad y la esencia es un afán divino, celestial, es decir, científico. Pero no debe ir demasiado lejos, debe conocer sus límites. Debe buscar lo divino y celestial en lo terrenal y pasajero y no separar sus verdades y esencias de los fenómenos; debe sólo buscar los objetos subjetivos y la verdad relativa.

NB

NB

Quizá acepten esto último los kantianos, tanto viejos como nuevos, nosotros no podemos aceptar sólo su taciturna resignación, la mirada que echan furtivamente al mundo superior y con la que acompañan su teoría. No estamos de acuerdo con que “los límites del conocimiento” dejarán, pese a todo, de ser límites, con la particularidad de que la fe acompaña constantemente el juicio ilimitado. Su razón dice: “donde hay fenómenos debe haber también algo transcendente, algo que aparece”. Y nuestra crítica dice: “Lo que aparece es el fenómeno; el sujeto y el predicado son de un mismo género”...

NB

La concepción monista del mundo que tienen los naturalistas, los naturalistas en el sentido más estrecho de la palabra, es insuficiente... Nuestra opinión puede devenir monista merced a la teoría materialista del conocimiento. Tan pronto como comprendamos en general la relación entre el sujeto y el predicado no se podrá negar que nuestro intelecto es una especie o forma de realidad empírica. Por cierto, el materialismo ha establecido desde hace mucho tiempo esta tesis cardinal, que ha quedado como mera afirmación, más bien una anticipación.

NB

Para demostrarla se necesita un criterio general acerca de que la ciencia en general no quiere ni puede querer nada más que no sea la clasificación de las observaciones sensorias con arreglo a los géneros y las especies. El desmembramiento o la unidad desmembrada es todo lo que la ciencia puede y lo que desea.

Los salvajes deificaban el sol, la luna y otras cosas. Los civilizados hicieron del espíritu Dios, y la capacidad de pensar la convirtieron en fetiche suyo. En la nueva sociedad no debe haber esto. En ella las gentes viven en relación dialéctica, como una pluralidad en la unidad; y la suerte de la luz del conocimiento es también ser uno de tantos instrumentos.

101: Marx über Dialektik* [101: Marx acerca de la dialéctica.]

256: Lange— erbärmlichste Zapbelei in metaphysischer Schlinge.

[256: Lange: un pobre forcejeo en las trampas metafísicas.]

233: Hegel es superior a Darwin en la teoría del desarrollo.

[233: Hegel es superior a Darwin en la teoría del desarrollo.]

* El texto de la parte izquierda de la página lo escribió V. I. Lenin en la portada del libro de J. Dietzgen; las cifras señalan las páginas del libro de Dietzgen (véase el presente tomo, págs. 399, 462, 467.).— Ed.

Las acotaciones fueron hechas no antes de febrero y no más larde de octubre de 1908 Se publican por primera vez, según el original