EDITORIAL «SHIPÓVNIK». SAN PETERSBURGO, 1910  
INTRODUCCIÓN  
[52-53] Hoy es ya bastante bien conocida la correlación mutua de nuestras fuerzas sociales en la época de la abolición del derecho de servidumbre. Por eso hablaremos de ello sólo de pasada, sólo en la medida en que sea necesario para esclarecer el papel asumido en este asunto por nuestro periodismo de vanguardia, encabezado entonces por N. G. Chernyshevski. Todo el mundo sabe que este periodismo defendió con ardor los intereses del campesinado. Nuestro autor escribió un artículo tras otro, defendiendo la liberación de los campesinos con tierra y afirmando que el rescate de las tierras entregadas en adjudicación a los campesinos no podía representar ninguna dificultad para el gobierno. Demostraba esta tesis tanto con consideraciones teóricas generales como con los más detallados cálculos ejemplificativos...  
Si al liberar a los campesinos nuestro gobierno no olvidó ni por un minuto los beneficios del erario público, pensó muy poco en los intereses de los campesinos. En la operación de rescate se tuvieron en cuenta únicamente los intereses fiscales y los de terratenientes...  
[57-59] No sólo en cuestiones económicas hubo de librar Chernyshevski una polémica enconada. Y, además, sus adversarios no fueron únicamente los economistas liberales. Cuanto más influyente se hacía el círculo de «Sovreménnik» en la literatura rusa,  
NB* «Sotsial-Demokrat» núm. 1, pág. 152  
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* Las observaciones subrayadas con líneas oblicuas fueron escritas por V. I. Lenin en el ángulo superior de la página. Por ello, aquí y en adelante, cuando no es posible determinar exactamente a qué lugar se refiere la observación leninista, se reproduce todo el texto de la página correspondiente. (Nota de la Redacción.)  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
tanto más ataques llovían desde los más diversos flancos tanto sobre este círculo en general como sobre nuestro autor en particular. A los colaboradores de «Sovreménnik» se les consideraba gente peligrosa, dispuesta a derribar todas las famosas «bases». Algunos de los «amigos de Belinski», que al principio aún creían posible marchar al lado de Chernyshevski y sus partidarios, se apartaron de «Sovreménnik», como de un órgano de «nihilistas», y se pusieron a gritar que Belinski jamás habría aprobado la orientación adoptada por él.  
Así procedió I. S. Turguénev*. Hasta Herzen gruñó contra los «payasos» en su «Kolokol»... En general, todo hace ver que a Herzen lo indujeron a error sus amigos liberales, como Kavélin. Los «payasos» —o «silbadores», como los llamaban en Rusia— no se burlaban de las denuncias, sino de aquellas personas ingenuas que no podían ni querían ir más allá de inocentes denuncias, olvidando la moraleja de la fábula de Krylov «El gato y el cocinero»**.  
El propio Herzen hubo de ver muy pronto cuán malos eran, en sentido político, aquellos amigos liberales que envenenaban sus relaciones con Chernyshevski. Cuando se vio obligado a romper con K. D. Kavélin, quizá él mismo se dijo que los «biliosos» no andaban completamente descaminados***.  
Por lo demás, la mayoría de los artículos en «Svistok» («El Silbato»), que suscitaban el especial descontento de los bien educados liberales, no pertenecían a N. G. Chernyshevski. Él sólo tomaba parte en él de tarde en tarde, pues estaba abrumado por otros trabajos.  
a Al. Iv. Hertsen, publicadas por M. Dragománov en Ginebra en 1892.  
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Hasta aquí «Sotsial-Demokrat» núm. 1, pág. 152  
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* Chernyshevski relata que Turguénev aún podía soportarlo a él hasta cierto punto, pero en cambio ya no toleraba definitivamente a Dobroliúbov. «Usted es una simple serpiente, pero Dobroliúbov es una de anteojos», le decía a Chernyshevski. (Véase la carta ya citada «En muestra de agradecimiento». Obras, t. IX, pág. 103.)  
** Sobre el artículo «Very dangerous» y sobre sus consecuencias más o menos conjeturales, véase, entre otros, el libro del Sr. Vetrinski «Hertsen». Spb., 1908, pág. 354.  
*** La historia de esta ruptura puede seguirse a través de las cartas de K. Dm. Kavélin e Iv. S. Turguénev  

[61-66] Mientras tanto, el estado de ánimo se elevaba, al menos en una parte de la «sociedad» rusa. Se agitaba la juventud estudiosa, surgían organizaciones revolucionarias secretas que imprimían sus proclamas y programas y aguardaban una próxima insurrección campesina. Ya sabemos que Chernyshevski reconocía plenamente la posibilidad de que sobreviniera un «tiempo serio» en Rusia, y aún veremos cuán fuertemente se reflejó el ascenso del estado de ánimo social en su actividad publicística. Pero ¿tuvo él alguna relación con las sociedades secretas? A esta pregunta no se puede aún responder con seguridad, y, además, ¿quién sabe si algún día dispondremos de datos para resolverla? Según opinión del Sr. M. Lémke, que ha estudiado excelentemente el caso de N. G. Chernyshevski, «se puede suponer (subrayado suyo) que fue este último quien escribió aquella «proclama a los campesinos señoriales» por cuya redacción el tribunal lo declaró culpable». El Sr. M. Lémke confirma su conjetura señalando el lenguaje y el contenido de esta proclama. Nosotros encontramos que estos indicios no carecen de fundamento. Pero nos apresuramos a repetir junto con el Sr. Lémke que «todo esto son consideraciones más o menos probables, y nada más»*. También nos parece bastante fundada la opinión del Sr. Lémke de que la conocida hoja «Velikoruss» fue, en parte, obra de las manos de Chernyshevski. El Sr. Lémke corrobora su suposición con las palabras del Sr. Stajévich... Estamos plenamente de acuerdo con el Sr. Stajévich: por su lenguaje y contenido, «Velikoruss» recuerda en efecto mucho los artículos publicísticos de Chernyshevski...  
Es sabido que los eslavófilos veían con muy buenos ojos la lucha de los rusinos de Galitzia contra los polacos. Chernyshevski siempre simpatizó con los pequeño-rusos. Veía un gran error en la actitud negativa de Belinski hacia la naciente literatura pequeño-rusa. En el libro de enero de «Sovreménnik» de 1861 publicó un artículo muy favorable con motivo de la aparición del órgano pequeño-ruso «Osnova». Pero no podía contemplar con aprobación incondicional la lucha de los rusinos galitzianos contra los polacos. No le gustaba, en primer lugar, que los rusinos buscaran el apoyo del gobierno vienés.  
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«Sotsial-  
Demokrat»  
núm. 1, pág. 157  

* M. K. Lémke. «El caso de N. G. Chernyshevski». Býloye, 1906, núm. 4, pág. 179.  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
Tampoco le gustaba el papel influyente del clero en el movimiento de los rusinos galitzianos. «De los asuntos mundanos —escribió— deben encargarse gentes mundanas».  
Por último, a Chernyshevski tampoco le gustaba el planteamiento exclusivamente nacional de una cuestión en la que él veía, ante todo, una cuestión económica. En el artículo «Falta de tacto nacional» («Sovreménnik», 1861, julio), dirigido contra el periódico de Lvov «Slovo», Chernyshevski atacó con dureza el nacionalismo excesivo de este órgano. «Muy bien puede ser —escribió— que, examinando más de cerca las relaciones vivas, el «Slovo» de Lvov viera en el fondo del asunto una cuestión completamente ajena a la cuestión de las nacionalidades: la cuestión de clases. Muy bien puede ser que viera de un lado y de otro tanto a rusinos como a polacos: gentes de distinta nacionalidad, pero de la misma posición social. No creemos que el mujik polaco sea hostil al alivio de las cargas y, en general, de las condiciones de vida de los campesinos rusinos. No creemos que los sentimientos de los terratenientes de la nación rusina en este asunto difieran mucho de los sentimientos de los terratenientes polacos. Si no nos equivocamos, la raíz de la cuestión galitziana se halla en las relaciones de clase, y no en las nacionales».  
La hostilidad mutua entre las nacionalidades que integraban Austria tanto más debía parecer a Chernyshevski una falta de tacto cuanto que el gobierno vienés, entonces como antes, extraía de ella grandes beneficios. «Cuando se piensa bien en ello, no sorprende la larga existencia del Imperio austriaco —escribía en la revista política del mismo número de «Sovreménnik» donde se publica el artículo «Falta de tacto nacional»—: ¡cómo no va a mantenerse, con el excelente tacto político de las nacionalidades encerradas dentro de sus fronteras!». Los alemanes austriacos, los checos, los croatas y, como hemos visto, los rusinos, todos parecían a Chernyshevski igualmente «desatinados». Temía que, en particular, la «insensatez» eslava, puesta a prueba en 1848-1849, volviera a llegar muy lejos. A comienzos de los años sesenta Hungría libraba una lucha tenaz contra los centralistas reaccionarios vieneses.  
El descontento de los húngaros llegó a tal grado que en cierto momento se podía esperar en su país una explosión revolucionaria. Nuestro autor manifestó más de una vez en sus revistas políticas el temor de que, en caso de un movimiento revolucionario en Hungría, los eslavos austriacos volvieran a presentarse como dóciles instrumentos de la reacción. La táctica de entonces de muchas tribus eslavas de Austria no podía sino reforzar tales temores, ya que los eslavos austriacos se permitían vanagloriarse del vergonzoso papel que habían desempeñado en los acontecimientos de 1848-1849. Condenando severamente esta táctica, Chernyshevski demostraba que les habría sido más ventajoso, al contrario, apoyar a los enemigos del gobierno vienés, de los cuales podrían haber obtenido concesiones muy sustanciales. Esto lo decía a propósito de las relaciones de los croatas con los húngaros, y lo mismo repetía a los rusinos. «El partido de clase, hostil a los rusinos —leemos en el artículo «Falta de tacto nacional»— está dispuesto ahora a hacer concesiones... He aquí sobre lo que no estaría de más que reflexionara el «Slovo» de Lvov; tal vez las concesiones que están dispuestos sinceramente a hacer quienes le parecen enemigos, tal vez esas concesiones sean tan grandes que satisfagan plenamente a los campesinos rusinos, y en todo caso es indudable que esas concesiones son mucho mayores y mucho más importantes que todo lo que los campesinos rusinos puedan obtener de los austriacos»...  
Por último, en la primera parte de la novela «Prólogo» se describe la actitud amistosa de Volguin hacia Sokolovski (¿Serakovski?). A Volguin le gusta la abnegada fidelidad de Sokolovski a sus convicciones, la ausencia en él de mezquindad egoísta, la capacidad de dominio de sí mismo, unida a una apasionada vehemencia de auténtico agitador. Volguin lo llama un verdadero hombre y piensa que nuestros liberales podrían aprender mucho de él. Todo esto es muy interesante*, pero esto tampoco esclarece en absoluto las relaciones prácticas  
Hasta aquí «Sotsial-Demokrat» núm. 1, pág. 158  
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* Volguin apreciaba sobre todo en Sokolovski su «juicio», manifestado en el hecho de que en 1848, en Volinia, él solo, entre todos sus compañeros de ideas, no perdió la cabeza y examinó con toda sangre fría las posibilidades de una insurrección armada, que resultaron ser casi nulas.  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
de Chernyshevski con la causa polaca.  
Chernyshevski tenía entonces unos 34 años. Se encontraba en plena floración de sus fuerzas intelectuales y, ¡quién sabe hasta qué altura habría podido elevarse en su desarrollo! Pero ya no le quedaba mucho tiempo para vivir en libertad.  
Era el jefe reconocido del partido extremo, un propagandista sumamente influyente del materialismo y del socialismo. Se le consideraba el «cabecilla» de la juventud revolucionaria, se le culpaba de todos sus estallidos y agitaciones.  
Como sucede siempre en estos casos, la murmuración exageraba las cosas y atribuía a Chernyshevski incluso intenciones y acciones que nunca tuvo. En «Prólogo del prólogo», Chernyshevski mismo describe los chismes compasivo-liberales que circulaban en Petersburgo acerca de las supuestas relaciones de Volguin (es decir, de él mismo) con el círculo londinense de los desterrados rusos... [71-73]  
¿En qué consistía el secreto del extraordinario éxito de «¿Qué hacer?». En lo mismo que consiste en general el secreto del éxito de las obras literarias: en que esta novela daba una respuesta viva y comprensible para todos a preguntas que interesaban intensamente a una parte considerable del público lector. De por sí, las ideas expuestas en ella no eran nuevas; Chernyshevski las había tomado enteramente de la literatura europea occidental.  
La prédica de las relaciones libres y, sobre todo, sinceras y honestas en el amor del hombre hacia la mujer había sido abordada mucho antes por George Sand en Francia *. Lucrecia Floriani, por las exigencias morales que plantea en el amor, no se diferencia en nada de Vera Pávlovna Lopujova-Kirsánova. Y en cuanto a la novela «Jacques», fácil sería extraer de ella una serie bastante larga de citas que muestran que en la novela «¿Qué hacer?» se reproducen casi por completo, a veces, los pensamientos y razonamientos del héroe amante de la libertad y abnegado  
idem «Sotsial-Demokrat» núm. 1, pág. 165-166  

* Observemos, de paso, que Las afinidades electivas de Goethe también representa una palabra en defensa de tales relaciones. Esto lo comprenden bien algunos historiadores alemanes de la literatura alemana, los cuales, no atreviéndose a censurar a un escritor tan prestigioso y, al mismo tiempo, no osando estar de acuerdo con él por mojigatería filistea, balbucean por lo común algo completamente incomprensible a propósito de las extrañas paradojas del gran alemán.  

de George Sand *. Y no sólo George Sand predicaba la libertad en las relaciones de este género. La predicaron también, como es sabido, Robert Owen y Fourier, que ejercieron una influencia decisiva en la concepción del mundo de Chernyshevski**. Y todas estas ideas ya en los años 40 encontraban entre nosotros una cálida simpatía... Pero hasta la aparición de la novela «¿Qué hacer?» estos principios eran compartidos sólo por un puñado de «elegidos»; la masa del público lector no los comprendía en absoluto. Incluso Herzen no se decidió a expresarlos en toda su plenitud y claridad en su novela «¿Quién tiene la culpa?». A. Druzhinin en su relato «Polinka Saks»*** resuelve la cuestión de manera más definida. Pero este relato es demasiado pálido; además, sus personajes, pertenecientes a la llamada alta sociedad —la de los funcionarios y los títulos—, no tenían ningún interés para los «raznochintsi» que constituían, tras la caída del régimen de Nicolás, el ala izquierda del público lector.  
[75-77] En los sueños de Vera Pávlovna vemos un rasgo de las concepciones socialistas de Chernyshevski al que, lamentablemente,  
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* En su diario, Chernyshevski anotó el 26 de marzo de 1853 la siguiente conversación con su novia: «“¿Acaso cree usted que podría engañarla?” — “No lo creo, no lo espero, pero también he reflexionado sobre ese caso”. — “¿Qué haría usted entonces?” — Le conté Jacques de George Sand. “¿Qué, usted también se pegaría un tiro?” — “No creo”, y dije que procuraría conseguirle George Sand (no lo ha leído, o en todo caso no recuerda sus ideas)» (Obras, t. X, parte 2, secc. 3, pág. 78).  
Consideramos que no está de más señalar otro pasaje de las conversaciones de Chernyshevski con su novia: «Y cuáles serán esas relaciones: ella dijo anteayer: tendremos mitades separadas, y usted no debe aparecerse ante mí sin permiso; esto yo también habría querido arreglarlo así, y quizá pienso en ello más seriamente que ella: ella comprende, probablemente, sólo que no quiere que la importune, y yo entiendo con esto que, en general, todo marido debe ser sumamente delicado en sus relaciones conyugales con la mujer» (ibíd., pág. 82). Casi con las mismas palabras sostiene una conversación Vera Pávlovna con Lopujov en la novela «¿Qué hacer?».  
** Huelga recordar la enérgica prédica que llevó a cabo Robert Owen en este sentido. En cuanto a Fourier, citaremos aquí sus siguientes y profundas palabras: «les coutumes en amour... ne sont que formes temporaires et variables, et non pas fond immuable» (Oeuvres completes de Ch. Fourier, t. IV, p. 84).  
*** «Sovreménnik», 1847, núm. 12.  
**** Estas cifras, escritas por V. I. Lenin, indican las líneas de la página 72 del libro de G. V. Plejánov. (Nota de la Redacción.)  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
hasta los últimos tiempos no prestaron suficiente atención los socialistas rusos. En estos sueños nos atrae la conciencia, plenamente asimilada por Chernyshevski, de que el régimen socialista sólo puede basarse en la aplicación amplia a la producción de las fuerzas técnicas desarrolladas por el período burgués. En los sueños de Vera Pávlovna, enormes ejércitos del trabajo se ocupan de la producción en común, trasladándose del Asia Central a Rusia, de los países de clima cálido a países fríos. Todo esto, ciertamente, se podía imaginar también con la ayuda de Fourier, pero que el público lector ruso no lo conocía se ve incluso por la historia posterior del llamado socialismo ruso. En sus representaciones de la sociedad socialista, nuestros revolucionarios llegaban a menudo hasta imaginarla como una federación de comunas campesinas que labran sus campos con el mismo arado antediluviano con el que escarbaban la tierra aún en tiempos de Vasili el Oscuro. Pero, como es natural, semejante «socialismo» no puede en modo alguno ser reconocido como socialismo. La liberación del proletariado sólo puede realizarse en virtud de la liberación del hombre del «poder de la tierra» y, en general, de la naturaleza. Y para esta última liberación son absolutamente necesarios aquellos ejércitos del trabajo y aquella aplicación amplia a la producción de las modernas fuerzas productivas de las que hablaba Chernyshevski en los sueños de Vera Pávlovna y de las cuales nosotros, en nuestro afán de «practicidad», nos hemos olvidado por completo.  
Chernyshevski estuvo presente en el surgimiento entre nosotros de un nuevo tipo de «hombres nuevos».  
Este tipo está presentado por él en la persona de Rajmétov. Nuestro autor saludó con alegría la aparición de este nuevo tipo y no pudo negarse el placer de trazar aunque fuera un perfil borroso del mismo. Al mismo tiempo, preveía con tristeza cuántos tormentos y sufrimientos habría de sobrellevar el revolucionario ruso, cuya vida debía ser una vida de dura lucha y pesada abnegación. Y he aquí que Chernyshevski nos presenta en Rajmétov a un verdadero asceta. Rajmétov positivamente se tortura  
NB  
cf. con «Sotsial-  
Demokrat»  
núm. 1  
1 — «revolucionario» en «Sotsial-  
Demokrate» (núm. 1, pág. 173)  

a sí mismo. Es completamente «despiadado consigo mismo», según expresión de su patrona. Se decide incluso a probar si podrá soportar el tormento, y con este fin pasa toda la noche sobre un fieltro erizado de clavos.  
Muchos, y entre ellos Písarev, vieron en esto una simple extravagancia. Estamos de acuerdo en que algunos detalles del carácter de Rajmétov podrían haberse representado de otro modo. Pero todo el conjunto del carácter sigue siendo, con todo, enteramente fiel a la realidad: en casi cada uno de nuestros más destacados socialistas de los años 60 y 70 había una no pequeña dosis de rajmétovismo...  
Como epígrafe de nuestro primer artículo sobre Chernyshevski, escrito bajo la impresión fresca de la noticia de su muerte y completamente reelaborado en la presente edición, tomamos las siguientes palabras de nuestro autor de su carta a su esposa: «Nuestra vida, la tuya y la mía, pertenece a la historia; pasarán cientos de años, y nuestros nombres seguirán siendo queridos para la gente, y los recordarán con gratitud cuando ya no existan quienes vivieron con nosotros». Esta carta fue escrita el 5 de octubre de 1862, es decir, en el momento en que su autor se encontraba ya en prisión.  

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NB  
2 — «revolucionarios rusos»  
3 — «enorme» («Sotsial-  
Demokrat»  
núm. 1, pág. 174)  
NB  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
PARTE PRIMERA  
CONCEPCIONES FILOSÓFICAS, HISTÓRICAS Y LITERARIAS  

DE N. G. CHERNYSHEVSKI  
SECCIÓN PRIMERA  
CONCEPCIONES FILOSÓFICAS DE N. G. CHERNYSHEVSKI  
Capítulo primero  
CHERNYSHEVSKI Y FEUERBACH  
[81] En la primera edición de esta obra —cuyo primer artículo, que trataba, entre otras cosas, de las concepciones filosóficas de Chernyshevski, fue escrito a fines de 1899— expresamos la convicción de que, por sus concepciones filosóficas, nuestro autor era un discípulo de Feuerbach. Esta convicción nuestra se basaba, naturalmente, ante todo en la comparación con las concepciones de Feuerbach de aquellos pensamientos de Chernyshevski que tenían una relación más o menos próxima con la filosofía...  
Capítulo tercero  
POLEMICA CON YURKÉVICH Y OTROS  
[102-103] «... La unión de cualidades completamente heterogéneas en un mismo objeto es una ley general de las cosas». Lo mismo sucede con aquella cualidad que llamamos capacidad de sensación y pensamiento. Su distancia de las llamadas cualidades físicas del organismo vivo es inmensamente grande. Pero esto no impide que sea una cualidad del mismo organismo que al mismo tiempo posee extensión y capacidad de movimiento...  
Ellos* por lo general se guardan mucho de poner de relieve los fundamentos que les impiden reconocer la capacidad de percepción como una de las propiedades de la materia, y prefieren refutar lo que ningún materialista destacado ha dicho,  
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no inmensamente (aunque aún desconocemos esta «medida»)  
NB  

* Los adversarios del materialismo. (Nota de la Redacción.)  

al menos en los tiempos modernos, es decir, que la percepción es lo mismo que el movimiento*...  
[106-108] También el proceso de combustión de la madera va acompañado de muchos fenómenos que no son propios del proceso de su lenta descomposición. Sin embargo, no hay una diferencia esencial entre estos dos procesos. Por el contrario, en esencia es uno y el mismo proceso; sólo que en el primer caso se realiza muy deprisa, y en el segundo, sumamente despacio. Por eso las cualidades propias del cuerpo que se halla en este proceso, en el primer caso tienen una gran fuerza, y en el segundo se distinguen por una «debilidad microscópica, que en la vida cotidiana es completamente imperceptible». Aplicado a la cuestión de los fenómenos psíquicos, esto significa que también en estado no organizado la materia no está privada de aquella capacidad fundamental de «sensación» que tan ricos frutos «espirituales» produce en los animales superiores. Pero en la materia no organizada esta capacidad existe en un grado sumamente débil. Por eso es completamente imperceptible para el investigador, y nosotros podemos, sin riesgo alguno de incurrir en un error más o menos notable, equipararla a cero. Pero no hay que olvidar, con todo, que esta capacidad es propia en general de la materia y que, por consiguiente, no hay fundamento para considerarla como algo milagroso allí donde se manifiesta con fuerza especial, como vemos, por ejemplo, en los animales superiores en general, y sobre todo en el hombre. Manifestando —con la cautela necesaria dadas las condiciones de nuestra prensa de entonces— tal idea, Chernyshevski se aproximaba a materialistas como La Mettrie y Diderot, quienes, a su vez, se situaban en el punto de vista del spinozismo, despojado de innecesarias adherencias teológicas...  
[107] Yurkévich afirmaba también que las diferencias cuantitativas se transforman en cualitativas  
NB  
NB  

* Admitimos que los materialistas antiguos, por ejemplo, Demócrito y Epicuro, pudieron tener ciertas imprecisiones a este respecto, aunque esto está lejos aún de estar demostrado: pues hay que recordar que las concepciones de estos pensadores han llegado hasta nosotros de forma incompleta.  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
no en el objeto mismo, sino en su relación con el sujeto sensible. Pero esto es un error lógico muy grosero. Para cambiar en su relación con el sujeto sensible, el objeto debe previamente cambiar en sí mismo...  
... Dudýshkin en «Otéchestvennie Zapiski», tras enumerar punto por punto los argumentos supuestamente irrefutables de Yurkévich, escribía, dirigiéndose a Chernyshevski:  
«Parece claro; ya no se trata de algún otro, sino de usted, no de la filosofía y la fisiología en general, sino de su ignorancia de estas ciencias. ¿A qué viene, entonces, el pararrayos de la filosofía seminarista? ¿Para qué mezclar cosas completamente distintas y decir que todo esto lo sabía usted ya en el seminario e incluso ahora lo recuerda de memoria?»  
A esto Chernyshevski respondió que el desconocimiento por Dudýshkin de los cuadernos seminaristas no le había permitido comprender de qué se trataba. «Si usted se hubiera tomado el trabajo de ojear esos cuadernos —prosigue—, habría visto que todas las deficiencias que el Sr. Yurkévich descubre en mí, esos cuadernos las descubren en Aristóteles, Bacon, Gassendi, Locke, etc., etc., en todos los filósofos que no fueron idealistas. Por consiguiente, a mí, como escritor particular, esos reproches no me atañen en absoluto; atañen propiamente a la teoría que considero útil popularizar. Si usted no lo cree, eche un vistazo al «Diccionario Filosófico», perteneciente a la misma corriente que el Sr. Yurkévich y publicado por el Sr. S. G.: verá usted que allí se dice lo mismo de todo no idealista: que no sabe psicología, que desconoce las ciencias naturales, que niega la experiencia interna, que cae de bruces ante los hechos, que mezcla la metafísica con las ciencias naturales, que rebaja al hombre, etc., etc...».  
Capítulo cuarto  
DOCTRINA DE LA MORAL  
[111-112] En general, en la concepción de Chernyshevski sobre el egoísmo racional es muy notable la tendencia, propia de todos los «períodos ilustrados» (Aufklärungsperioden), a buscar en la razón un apoyo para la moral, y en la mayor o menor racionalidad calculadora del individuo una explicación de su  
no lógico, sino gnoseológico  
NB  

carácter y de sus actos. A veces los correspondientes razonamientos de Chernyshevski se parecen como dos gotas de agua a los razonamientos de Helvecio y de sus partidarios. Casi con la misma fuerza recuerdan los razonamientos de Sócrates, representante típico de la época de la Ilustración en la antigua Grecia, quien, erigiéndose en defensor de la amistad, demostraba que es provechoso tener amigos, pues pueden ser útiles en la desgracia. Semejantes |exageraciones de la racionalidad| se explican porque los ilustradores por lo común no supieron situarse en el punto de vista del desarrollo*...  
SECCIÓN  
II  
CONCEPCIONES HISTÓRICAS DE N. G. CHERNYSHEVSKI  
Capítulo segundo  
EL MATERIALISMO EN LAS CONCEPCIONES HISTÓRICAS DE CHERNYSHEVSKI  
[159-161] Chernyshevski aplicó las concepciones de Feuerbach a la estética, y aquí alcanzó, como veremos más abajo, resultados en cierto sentido harto notables. Pero también aquí sus conclusiones no fueron plenamente satisfactorias, porque un concepto completamente correcto del desarrollo estético de la humanidad presupone una elaboración previa de una comprensión general de la historia. En cuanto a esta comprensión general de la historia, Chernyshevski sólo logró dar algunos —ciertamente muy acertados— pasos en dirección hacia su elaboración. Ejemplos de tales pasos pueden servir las extensas citas que acabamos de hacer de sus obras...  
Capítulo tercero  
EL IDEALISMO EN LAS CONCEPCIONES HISTÓRICAS DE CHERNYSHEVSKI  
He aquí lo que leemos en su artículo dedicado al conocido libro de V. P. Botkin: «Cartas sobre España» (Sovreménnik, 1857, libro 2.º):  
«La división del pueblo en castas hostiles suele ser uno de los más fuertes obstáculos para la mejora de su porvenir; en España no existe esta perniciosa división, no hay una enemistad irreconciliable entre estamentos, cada uno de los cuales estaría dispuesto a sacrificar las más preciosas conquistas históricas con tal de perjudicar al otro estamento; en España toda la nación se siente como un todo único. Esta peculiaridad es tan inusitada entre los pueblos de Europa Occidental que merece  

* Con más detalle sobre esto, véase nuestro libro: «Beiträge zur Geschichte des Materialismus – Holbach, Helvetius und Karl Marx». Stuttgart, 1896.  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
la mayor atención y, por sí sola, puede considerarse como una garantía del feliz porvenir del país»*.  
No es una errata, porque algunas páginas más abajo Chernyshevski dice en el mismo artículo:  
«Sobre la mayor parte de las naciones civilizadas, el pueblo español tiene una ventaja indiscutible en un aspecto sumamente importante: los estamentos españoles no están divididos entre sí ni por odios arraigados ni por una oposición sustancial de intereses; no constituyen castas hostiles unas a otras, como lo vemos en muchas otras tierras de la Europa Occidental; por el contrario, en España todos los estamentos pueden tender amistosamente hacia un mismo objetivo» **...  
[163-165] En ellos*** surgía una predisposición a contemplar también desde el punto de vista idealista la historia pasada de la humanidad. Como consecuencia de ello, en sus razonamientos sobre esta historia tropezamos muy a menudo con las más indudables y, al parecer, más evidentes contradicciones: hechos que se interpretaban, al parecer, en un sentido completamente materialista, reciben de repente una explicación completamente idealista; y a la inversa, las explicaciones idealistas se ven frecuentemente rasgadas por digresiones plenamente materialistas. Esta inestabilidad, este paso constante, perceptible para el lector contemporáneo, pero imperceptible para el autor, del materialismo al idealismo y del idealismo al materialismo, se hace sentir también en los razonamientos históricos de Chernyshevski, quien en este aspecto recuerda mucho a los grandes utopistas de Occidente. En última instancia, él, como ellos, se inclina, repetimos, al idealismo.  
Esto se ve bien en su interesante artículo «Sobre las causas de la caída de Roma (imitación de Montesquieu)», publicado en «Sovreménnik» en 1861 (libro 5.º). En él se alza enérgicamente contra aquella opinión muy difundida de que el Imperio Romano de Occidente pereció a consecuencia de su incapacidad interna para un desarrollo ulterior, mientras que los bárbaros, que pusieron fin a su existencia, trajeron consigo nuevas semillas de progreso...  
Aquí no se habla para nada ni de las relaciones sociales internas de Roma, que causaron su debilidad y que fueron señaladas ya por el propio Guizot en el primer artículo de sus «Essais sur l’histoire de France», ni de aquellas formas de convivencia que condicionaban la fuerza de los bárbaros germanos en la época de la caída del Imperio Romano de Occidente. Chernyshevski olvidó incluso las célebres palabras de Plinio, citadas por él mismo en otro lugar: latifundia perdidere Italiam (los latifundios perdieron a Italia). En su «fórmula del progreso» —como se expresaron más tarde entre nosotros— no hay lugar para las relaciones internas de un país dado.  
Todo se reduce al desarrollo intelectual. Chernyshevski declara resueltamente que el progreso se basa en el desarrollo intelectual y que «su aspecto radical consiste directa y precisamente en los éxitos y el desarrollo de los conocimientos». Ni siquiera  

* Obras, t. III, pág. 38.  
** Ibíd., pág. 44.  
*** Los socialistas utópicos. (Nota de la Redacción.)  

se le ocurre que «los éxitos y el desarrollo de los conocimientos» pueden depender de relaciones sociales que en unos casos favorecen este éxito y este desarrollo, y en otros los obstaculizan. Las relaciones sociales se representan en él como simple consecuencia de la difusión de determinadas opiniones. Lo acabamos de leer: «se cultiva el conocimiento histórico; de esto disminuyen las falsas nociones que impiden a los hombres organizar su vida social, y ésta se organiza con más éxito que antes».  
Esto se parece muy poco a lo que decía nuestro autor en el artículo sobre el libro de Roscher. Allí resultaba, además, que es imposible e incluso ridículo juzgar a los sabios como a escolares: no conoció tal o cual ciencia y por ello se formó una opinión errónea. Allí resultaba, además, que la cuestión no está en la cantidad de conocimientos de un sabio dado, sino en cuáles son los intereses del grupo que él representa. En una palabra, allí resultaba que las opiniones sociales están determinadas por los intereses sociales, el pensamiento social por la vida social. Ahora resulta lo contrario. Ahora resulta que la vida social está determinada por el pensamiento social y que, si el régimen social tiene ciertos defectos, esto ocurre porque la sociedad, como un escolar, ha estudiado mal o poco y por eso se ha formado nociones erróneas. No se puede imaginar una contradicción más asombrosa...  
[170] La opinión de Herzen sobre la relación de Rusia con el «viejo mundo» se formó bajo la fuerte influencia de los eslavófilos y fue errónea. Pero incluso a una opinión errónea se puede llegar manteniendo un método más o menos correcto, del mismo modo que una opinión correcta puede obtenerse como resultado del empleo de un método más o menos erróneo. Por eso es lícito preguntarse cómo se relacionaba el método con ayuda del cual Herzen elaboró su opinión errónea, con el método que llevó a Chernyshevski a una negación y ridiculización completamente merecidas de esa opinión...  
Capítulo quinto  
CHERNYSHEVSKI Y MARX  
[188-190] Pueden recordarnos que, según nuestra observación, las reseñas de Chernyshevski que hemos analizado aparecieron ya después de que las concepciones históricas de Marx y Engels se hubieran estructurado en un todo armonioso. No lo olvidamos. Pero creemos que la cuestión no se resuelve aquí con simples consultas cronológicas. Las principales obras de Lassalle también aparecieron ya después de que las concepciones históricas de Marx y Engels hubieran adquirido una forma armoniosa; y sin embargo, por su contenido ideológico, esas obras también pertenecen a la época de transición del idealismo histórico al materialismo histórico. La cuestión no está en cuándo apareció una obra dada, sino en cuál fue su contenido...  
No vamos a repetir que Chernyshevski estaba todavía lejos de la ruptura con el idealismo y que su  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
representación del curso ulterior del desarrollo social era completamente idealista. Sólo rogaremos al lector que observe que el idealismo histórico de Chernyshevski le hacía otorgar en sus consideraciones sobre el porvenir el primer lugar a los hombres «progresistas», a los intelectuales, como se dice ahora entre nosotros, que deben difundir en la masa la verdad social por fin descubierta. A la masa le asigna el papel de soldados rezagados del ejército que avanza. Naturalmente, ningún materialista juicioso afirmará que el «plebeyo» medio, sólo por ser plebeyo, es decir, «hombre de la masa», sabe no menos que el «intelectual» medio. Sabe, por supuesto, menos que él. Pero no se trata de los conocimientos del «plebeyo», sino de sus actos. Y los actos de los hombres no siempre están determinados por sus conocimientos y siempre están determinados no sólo por sus conocimientos, sino también —y principalmente— por su posición, que sólo es iluminada y comprendida por los conocimientos que les son propios. Aquí hay que recordar de nuevo la tesis fundamental del materialismo en general y de la explicación materialista de la historia en particular: no es la conciencia la que determina el ser, sino el ser el que determina la conciencia. La «conciencia» del hombre de la «intelligentsia» está más desarrollada que la conciencia del hombre de la «masa». Pero el «ser» del hombre de la masa le prescribe un modo de acción mucho más definido que el que le prescribe al intelectual su posición social. He aquí por qué la concepción materialista de la historia permite hablar del atraso del hombre de la «masa» en comparación con el hombre de la intelectualidad sólo en un sentido determinado y, además, muy limitado: en cierto sentido, el «plebeyo» se atrasa indudablemente del «intelectual», y en otro sentido, indudablemente lo adelanta...  
Lo que en las concepciones históricas de Chernyshevski era una deficiencia, provocada por la falta de elaboración del materialismo feuerbachiano, se convirtió más tarde en la base de nuestro subjetivismo, que no tenía nada en común con el materialismo y que se alzaba resueltamente contra él no sólo en el terreno de la historia, sino también en el terreno de la filosofía. Los subjetivistas se llamaban jactanciosamente continuadores de las mejores tradiciones de los años 60. En realidad, ellos continuaban sólo los lados débiles de la concepción del mundo propia de aquella época...  
NB  
NB  
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Capítulo sexto  
ÚLTIMAS OBRAS HISTÓRICAS DE CHERNYSHEVSKI  
[199] Hacia esta teoría* Chernyshevski se muestra en general extremadamente negativo. Aunque expresa una concepción idealista sobre el curso del desarrollo histórico, sigue considerándose un materialista consecuente. Se equivoca. Pero su error radica en una de las principales deficiencias del sistema materialista de Feuerbach. Marx observó muy bien: «Feuerbach quiere habérselas con objetos concretos, realmente distintos de los objetos que existen sólo en nuestro pensamiento. Pero no llega a concebir la actividad humana como actividad objetiva. He aquí por qué en «La esencia del cristianismo» considera como actividad auténticamente humana sólo la actividad teórica»**... Al igual que su maestro, Chernyshevski también concentra su atención casi exclusivamente en la actividad «teórica» de la humanidad, a consecuencia de lo cual el desarrollo intelectual se convierte a sus ojos en la causa más profunda del movimiento histórico...  
[205] En Chernyshevski resulta que en la historia el vicio recibe siempre el castigo que merece. En realidad, los hechos históricos que conocemos no dan ningún fundamento para esta opinión, quizá consoladora, pero en todo caso ingenua. Sólo puede interesarnos la cuestión de cómo pudo surgir en nuestro autor. Y a esta pregunta se puede responder señalando la época en que vivió Chernyshevski. Fue una época de ascenso social, que tenía, por decirlo así, una necesidad moral de aquellas opiniones que reforzaran la fe en la derrota inevitable del mal...  
SECCIÓN TERCERA  
CONCEPCIONES LITERARIAS DE N. G. CHERNYSHEVSKI  
Capítulo primero  
SIGNIFICADO DE LA LITERATURA Y EL ARTE  
[221] La concepción del arte como juego, completada con la concepción del juego como «hijo del trabajo», arroja una luz sumamente brillante sobre la esencia y la historia del arte. Es la primera que  
Tal es la deficiencia del libro de Plejánov sobre Chernyshevski  

* Al idealismo. (Nota de la Redacción.)  
** Véanse sus tesis sobre Feuerbach, escritas ya en la primavera de 1845.  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
permite contemplarlas desde el punto de vista materialista. Sabemos que, al inicio mismo de su actividad literaria, Chernyshevski hizo un intento, muy logrado a su modo, de aplicar la filosofía materialista de Feuerbach a la estética. A este su intento dedicamos nosotros un trabajo especial*. Por eso aquí sólo diremos que, aunque este intento resultó muy logrado a su modo, sobre él, exactamente igual que sobre las concepciones históricas de Chernyshevski, se reflejó el defecto fundamental de la filosofía de Feuerbach: la falta de elaboración de su aspecto histórico o, más exactamente, dialéctico.  
Y sólo porque no estaba elaborado este aspecto en la filosofía asimilada por él, Chernyshevski pudo no prestar atención a cuán importante es el concepto de juego para la explicación materialista del arte...  
Capítulo segundo  
BELINSKI, CHERNYSHEVSKI, PÍSAREV  
[236] «Un goce sólido lo da al hombre sólo la realidad; un significado serio tienen sólo aquellos deseos que se basan en la realidad; se puede esperar éxito sólo en aquellas esperanzas que son suscitadas por la realidad, y sólo en aquellos asuntos que se realizan con ayuda de las fuerzas y las circunstancias que ella ofrece»**.  
Tal es el nuevo concepto de «realidad». Diciendo que fue elaborado por los pensadores modernos a partir de oscuras alusiones de la filosofía trascendental, Chernyshevski tenía en mente a Feuerbach. Y expuso de manera completamente fiel el concepto feuerbachiano de la realidad. Feuerbach decía que la sensibilidad o realidad es idéntica a la verdad, es decir, que el objeto en su verdadero sentido es dado sólo por la sensación. La filosofía especulativa suponía que las representaciones de los objetos, basadas únicamente en la experiencia sensible, no corresponden a la verdadera naturaleza de los objetos y deben ser verificadas con ayuda del pensamiento puro, es decir, del pensamiento no basado en la experiencia sensible.  
Feuerbach se alzó resueltamente contra esta concepción idealista. Afirmaba que las representaciones de los objetos basadas en nuestra experiencia sensible corresponden plenamente a la naturaleza de estos últimos. La desgracia está sólo en que nuestra fantasía a menudo tergiversa estas representaciones, las cuales entran por ello en contradicción con nuestra experiencia sensible. La filosofía debe expulsar de nuestras representaciones el elemento fantástico que las tergiversa; debe ponerlas en concordancia con la  

* Véase el artículo «La teoría estética de Chernyshevski» en la colección «En veinte años».  
** Obras de N. G. Chernyshevski. T. II, pág. 206.  

experiencia sensible. Debe devolver a la humanidad a la contemplación, no tergiversada por la fantasía, de los objetos reales, que predominaba en la antigua Grecia. Y en la medida en que la humanidad pasa a tal contemplación, vuelve a sí misma, porque las personas que se someten a las ficciones, ellas mismas sólo pueden ser seres fantásticos y no reales. Según palabras de Feuerbach, la esencia del hombre es la sensibilidad, es decir, la realidad, y no la ficción ni la abstracción...  
[242-243] «Cuando entramos en sociedad, vemos a nuestro alrededor a hombres en levitas o fraques de uniforme y sin uniforme; esos hombres tienen cinco pies y medio o seis, y algunos incluso más, de estatura; se dejan crecer o se afeitan el pelo en las mejillas, en el labio superior y en la barba; y nos imaginamos que vemos ante nosotros a hombres. Esto es un completo error, una ilusión óptica, una alucinación, nada más. Sin adquirir el hábito de una participación independiente en los asuntos civiles, sin adquirir sentimientos de ciudadano, el niño de sexo masculino, al crecer, se convierte en un ser de sexo masculino, de mediana edad, y luego de edad provecta, pero no se hace hombre, o al menos no se hace hombre de carácter noble» *.  
En las personas humanas y educadas, la falta de noble virilidad salta a la vista mucho más que en las personas ignorantes, porque la persona humana y educada gusta de hablar de materias importantes. Habla con entusiasmo y elocuencia, pero sólo mientras no se empiece a hablar del paso de las palabras a los hechos. «Mientras no se habla del asunto, y sólo hay que llenar el tiempo ocioso, la cabeza ociosa o el corazón ocioso con conversaciones y sueños, el héroe es muy resuelto; cuando el asunto llega al punto de expresar directa y exactamente sus sentimientos, la mayoría de los héroes empieza ya a vacilar y a sentir ya torpeza en la lengua. Los pocos, los más valientes, logran a duras penas reunir todas sus fuerzas y expresar con lengua balbuciente algo que da una idea confusa de sus pensamientos.  
Pero si a alguien se le ocurre agarrarse a sus deseos, decir: ustedes quieren esto y esto; nosotros estamos muy contentos; empiecen, pues, a actuar, y nosotros les apoyaremos, ante tal réplica una mitad de los héroes más valientes se desmaya, los demás empiezan a reprocharles  
«Sotsial-Demokrat» núm. 1, pág. 143  

* Obras, t. I, págs. 97-98.  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
muy groseramente por haberles puesto en una situación embarazosa, empiezan a decir que no esperaban de ustedes tales proposiciones, que pierden completamente la cabeza, no pueden discurrir nada, porque cómo es posible tan deprisa, y además ellos son personas honestas, y no sólo honestas, sino muy pacíficas, y no quieren someterles a ustedes a desagrados, y que en general ¿acaso se puede realmente afanarse en todo aquello de lo que se habla por no tener nada que hacer?, y que lo mejor es no emprender nada, porque todo está ligado a afanes e incomodidades, y nada bueno puede haber por ahora, porque, como ya se ha dicho, ellos de ningún modo se lo esperaban ni aguardaban, etc.» *.  
Un retrato, se puede decir, trazado por mano de un maestro. Pero el maestro que lo trazó no era un crítico, sino un publicista...  
[246-247] Es claro, sin necesidad de comentarios, que toda conclusión teórica sobre la capacidad de una clase o capa social dada para una acción práctica determinada necesita siempre, en cierto grado, ser comprobada por medio de la experiencia, y que, por consiguiente, puede considerarse fiable a priori sólo dentro de ciertos límites más o menos amplios. Así, por ejemplo, se podía predecir con plena fiabilidad que incluso la parte más culta de la nobleza no consentiría en sacrificar sus intereses a los campesinos. Tal predicción no requería en absoluto una comprobación práctica. Pero cuando era necesario determinar en qué medida la nobleza culta es capaz de hacer concesiones a los campesinos en su propio interés, entonces ya nadie podía decir de antemano con plena fiabilidad: no rebasará en esta dirección tal o cual límite. Aquí siempre se podía suponer que, en determinadas circunstancias, iría algo más allá de él, mostrando una comprensión algo más correcta de sus propias ventajas. Un práctico, como lo es en el caso que nos interesa Chernyshevski, no sólo podía, sino que debía intentar convencer a los nobles de que sus propias ventajas exigían ciertas concesiones a los campesinos liberados. Así, lo que podía parecer en su artículo una contradicción —la exigencia de un paso razonable y resuelto  
«Sotsial-Demokrat» núm. 1, pág. 144 — «caracterización maligna y certera del liberalismo ruso» 221  
.NB  
NB  

* Obras, t. I, págs. 90-91.  

de personas cuya incapacidad para la resolución y la razonabilidad es allí mismo reconocida y explicada como un producto necesario de las circunstancias—, en realidad no encerraba contradicción en sí. Semejantes seudocontradicciones pueden encontrarse también en la práctica política de personas que se mantienen en el firme terreno de la explicación materialista de la historia.  
Sin embargo, aquí es preciso hacer una reserva sumamente sustancial. Cuando el materialista, con una cierta circunspección, aplica sus conclusiones teóricas en la práctica, puede, con todo, responder de que en esas sus conclusiones hay algún elemento de la más indiscutible fiabilidad. Y esto porque, cuando dice: «todo depende de las circunstancias», sabe de qué lado hay que esperar la aparición de aquellas nuevas circunstancias que cambiarán la voluntad de los hombres en la dirección deseable para él; sabe bien que, en última instancia, hay que esperarlas del lado de la «economía» y que, cuanto más fiel es su análisis de la vida económico-social de la sociedad, tanto más fiable es su predicción sobre el desarrollo futuro de la sociedad.  
No ocurre lo mismo con el idealista, convencido de que «el mundo está regido por las opiniones». Si las «opiniones» representan la causa más profunda del movimiento social, entonces las circunstancias de las que depende el desarrollo ulterior de la sociedad se localizan principalmente en la actividad consciente de los hombres, y la posibilidad de influir prácticamente en esta actividad está condicionada por la mayor o menor capacidad de los hombres para el pensamiento lógico y para la asimilación de nuevas verdades descubiertas por la filosofía o la ciencia. Pero esta capacidad misma depende de las circunstancias.  
Así, el idealista, que ha reconocido la verdad materialista de que el carácter, y también, por supuesto, las opiniones del hombre dependen de las circunstancias, cae en un círculo vicioso: las opiniones dependen de las circunstancias; las circunstancias, de las opiniones. De este círculo vicioso nunca escapó el pensamiento del «ilustrador» en la teoría. En la práctica, la contradicción se resolvía por lo común mediante un reforzado llamamiento a todas las personas pensantes, independientemente de en qué circunstancias tales personas vivían y actuaban. Lo que decimos ahora puede parecer una innecesaria y, por ello, aburrida digresión. Pero en realidad esta digresión era necesaria para nosotros. Nos ayudará a comprender el carácter de la crítica publicística de los años 60.  
NB  
NB  
NB  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
[253-254] Pero a N. Uspenski le sucedía expresarse de manera aún más decidida. Escribía, por ejemplo: «De los campesinos actuales, hasta hace poco víctimas del estado de servidumbre, no hay nada que esperar: ¡no resucitarán!... la atrofia difícilmente será curada alguna vez por la medicina, porque esta enfermedad se basa en una lesión orgánica...»*. Con esto era ya completamente difícil estar de acuerdo para las «gentes de los años 70». De aquí provenía principalmente la actitud malévola de la crítica de esa época hacia N. V. Uspenski.  
El lector preguntará quizá: ¿y le era fácil al propio Chernyshevski, quien según parece consideraba entonces posible un amplio movimiento en el pueblo, descontento con las condiciones de la abolición del derecho de servidumbre, estar de acuerdo con la opinión completamente pesimista de N. V. Uspenski sobre los «campesinos actuales»? A esto responderemos que, por supuesto, no le habría sido fácil si se hubiera considerado obligado a estar de acuerdo incondicionalmente con N. V. Uspenski. Pero el hecho es que no estaba de acuerdo con él incondicionalmente. «... Tomen al hombre más vulgar, más incoloro, de carácter más débil, más trivial: por muy apática y mezquinamente que transcurra su vida, hay en ella minutos de un matiz completamente distinto, minutos de esfuerzos enérgicos, de decisiones audaces. Lo mismo se encuentra también en la historia de cada pueblo dado»**...  
[262] Písarev poseía un enorme talento literario. Pero por grande que sea el placer que proporciona al lector sin prejuicios el brillo literario de sus artículos, hay que reconocer, con todo, que el «pisarevismo» fue algo así como una reducción al absurdo del idealismo de nuestros «ilustradores»...  
[266] Algunos artículos sociológicos de Mijáilovski han sido traducidos ahora al francés y, si no nos equivocamos, al alemán. Una gran celebridad europea, hay que pensar, nunca la darán a su nombre. Pero es muy posible que merezcan elogios de uno u otro de aquellos pensadores europeos que retroceden «¡de vuelta a Kant!» por odio al marxismo. Tales elogios, contrariamente a la opinión de nuestro más reciente historiador de la literatura, no pueden tener nada de halagüeño. Pero es sumamente digna de notarse esta ironía de la historia, que convierte en instrumento teórico de la reacción lo que fue un inocente error teórico en un utopismo más o menos progresista.  

NB  
NB  
NB  
NB  

* Obras de N. V. Uspenski, t. II, 1883, pág. 202.  
** Obras de N. G. Chernyshevski, t. VIII, pág. 357.  

PARTE SEGUNDA  
CONCEPCIONES POLÍTICAS Y POLÍTICO-ECONÓMICAS  

DE N. G. CHERNYSHEVSKI  
SECCIÓN PRIMERA  
CONCEPCIONES POLÍTICAS DE N. G. CHERNYSHEVSKI  
Capítulo primero  
SOCIALISMO UTÓPICO  
[281-282] En conclusión, Chernyshevski dice sobre las ideas reformadoras: «Pronto veremos que han empezado a manifestarse en formas más razonables y a llegar a personas para las cuales son ya no una diversión exaltada, sino un asunto de propia necesidad, y cuando se ponga a preocuparse razonablemente de su bienestar aquella clase con la que querían jugar una comedia de títeres los saintsimonianos, entonces, probablemente, ese bienestar será mejor para vivir en el mundo que ahora»*. Esta es una observación sumamente importante. Muestra que en sus razonamientos sobre el porvenir del socialismo europeo occidental Chernyshevski se aproximó mucho a la teoría de la lucha de clases. Sin embargo, ya sabemos qué papel desempeñó esta teoría en sus concepciones históricas. A veces le ayudaba a explicar muy acertadamente algunos fenómenos históricos aislados; pero él la consideraba más bien como un obstáculo muy importante para el progreso que como una condición necesaria del mismo en una sociedad dividida en clases...  
El atraso del «plebeyo» europeo se explica en él por el hecho de que al pueblo aún no han llegado ciertos conceptos científicos. Cuando lleguen a él; cuando los «plebeyos» se familiaricen con las concepciones filosóficas «correspondientes a sus necesidades», entonces ya no estará lejano el triunfo  
NB  
NB  

* Obras, t. VI, pág. 150.  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
de los nuevos principios en la vida social de Occidente*. Chernyshevski no se plantea la cuestión de si existen en esta vida fenómenos que pudieran servir de garantía objetiva de que al «plebeyo» realmente llegarán, por fin, las nuevas ideas filosóficas. No necesita tal garantía, porque el aval completamente suficiente del triunfo de los nuevos principios es a sus ojos la naturaleza misma de estos principios, y también la naturaleza del hombre...  
Capítulo segundo  
SOCIALISMO UTÓPICO  
(Continuación)  
[289] Chernyshevski contempla la cuestión del socialismo, como todas las demás cuestiones generales del desarrollo histórico, desde el punto de vista del idealismo. Y esta actitud idealista ante los más importantes fenómenos históricos fue propia del socialismo de todos los países en el período utópico de su desarrollo. Este rasgo del socialismo utópico tiene una importancia tan enorme que es necesario detenerse en él, sin temer algunas repeticiones, plenamente posibles en este caso...  
Capítulo tercero  
EL PLAN «PROPIO» DE CHERNYSHEVSKI Y LA CUESTIÓN DE LA COMUNA AGRARIA  
[313] «Supongamos —dice, recurriendo a su método favorito de explicación por medio de «parábolas»—, supongamos que yo estaba interesado en la adopción de medidas para conservar las provisiones de cuya reserva se compone su comida. Claro está que si yo hacía esto propiamente por afecto a ustedes, mi celo se basaba en el supuesto de que las provisiones les pertenecen a ustedes y de que la comida preparada con ellas es sana y provechosa para ustedes. Imagínense, pues, mis sentimientos cuando me entero de que las provisiones no les pertenecen en absoluto a ustedes y de que por cada comida preparada con ellas se les cobra un dinero que no sólo no vale la comida misma, sino que ustedes en general no pueden pagar sin pasar extrema estrechez. ¿Qué pensamientos vienen a mi cabeza ante estos descubrimientos tan extraños?... ¡Qué tonto he sido al afanarme en un asunto para cuya utilidad no están aseguradas las condiciones! ¿Quién, sino un tonto, puede afanarse en conservar una propiedad en determinadas manos, sin haberse cerciorado antes de que  
NB  
¡demasiado!  

* Obras, t. VI, págs. 205-206.  

la propiedad llegará a esas manos y llegará en condiciones ventajosas?... ¡Mejor que se pierda toda esta provisión que no reporta más que perjuicio a la persona querida por mí! ¡Mejor que se pierda todo este asunto que les trae a ustedes sólo ruina! Rabia por ustedes, vergüenza por mi tontería: he aquí mis sentimientos» *.  
[315-316] Es necesario hacer la justicia a Chernyshevski de que ya al comienzo mismo de su actividad literaria mostró en sus razonamientos sobre la comuna mucha más reflexión que muchos y muchos «socialistas rusos» incluso a mediados de los años 90, cuando ya, al parecer, sólo un ciego podía no ver que nuestras famosas «bases seculares» se descosían por todas las costuras.  
Ya en abril de 1857 escribía: «no se puede ocultar que Rusia, que hasta ahora ha participado poco en el movimiento económico, se está viendo rápidamente arrastrada por él, y nuestro modo de vida, que hasta ahora ha permanecido casi ajeno a la influencia de aquellas leyes económicas que despliegan su poder sólo con la intensificación de la actividad económica y comercial, empieza rápidamente a someterse a su fuerza. Pronto también nosotros, quizá, nos veremos arrastrados a la esfera de la plena acción de la ley de la competencia»**...  
Claro está que cuando en un país asiático, familiarizado desde antiguo con los puentes colgantes, aparezcan ingenieros europeos, les será más fácil convencer a algún mandarín de que los novísimos puentes colgantes no representan una impía ocurrencia. Pero nada más. A pesar de sus puentes colgantes, el país asiático seguirá siendo, con todo, un país atrasado, y Europa, con todo, seguirá siendo su maestra. Lo mismo ocurre con la comuna rusa.  
Ella, quizá, facilitará el desarrollo de nuestra patria; pero el principal impulso para él vendrá, de todos modos, de Occidente, y renovar a la humanidad a nosotros, incluso con ayuda de la comuna, con todo, no nos corresponde...  
Capítulo cuarto  
SOCIALISMO Y POLÍTICA  
[318-319] «En los liberales y en los demócratas son esencialmente distintos los anhelos radicales, los motivos fundamentales. Los demócratas tienen en vista, en la medida de lo posible, eliminar el predominio de las clases superiores sobre las inferiores en la estructura estatal por un lado, disminuir la fuerza y la riqueza de los estamentos superiores y, por otro, dar más peso y bienestar a los estamentos inferiores. El camino para modificar en este sentido las leyes y sostener la nueva estructura de la sociedad les es casi indiferente. Por el contrario, los liberales no consentirán de ningún modo en otorgar la preponderancia en la sociedad a los estamentos inferiores, porque estos estamentos, a causa de su falta de instrucción y su escasez material, son indiferentes a los intereses que están por encima de todo para  

* Obras, t. IV, pág. 307.  
** Obras, t. III, pág. 185.  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
el partido liberal, a saber: el derecho a la palabra libre y al régimen constitucional.  
Para un demócrata, nuestra Siberia, donde el pueblo sencillo goza de bienestar, es muy superior a Inglaterra, donde la mayoría del pueblo sufre una fuerte indigencia. El demócrata, de todas las instituciones políticas, es irreconciliablemente hostil sólo a una: a la aristocracia; el liberal casi siempre encuentra que, con un cierto grado de aristocratismo, la sociedad puede alcanzar un régimen liberal. Por eso los liberales abrigan por lo común una enemistad mortal hacia los demócratas, diciendo que el democratismo conduce al despotismo y es funesto para la libertad»*...  
A continuación Chernyshevski esclarece su pensamiento con ayuda de argumentos que confirman aún más nuestra suposición de que por demócratas entiende a los socialistas. Dice: «Desde el punto de vista teórico, el liberalismo puede parecer atractivo para un hombre libre, por feliz destino, de las necesidades materiales: la libertad es una cosa muy agradable. Pero el liberalismo entiende la libertad de un modo muy estrecho, puramente formal. Consiste para él en un derecho abstracto, en un permiso sobre el papel, en la ausencia de prohibición jurídica. No quiere comprender que el permiso jurídico tiene valor para un hombre sólo cuando éste tiene medios materiales para disfrutar de ese permiso»**...  
[329-342] En la revista política del libro 6.º de «Sovreménnik» de 1859, tras informar que en Alemania se intensifica el movimiento que exige la intervención de la Unión Alemana en favor de Austria, observa: «no hablábamos de los plebeyos, sino propiamente de las clases en las que se concentra la opinión pública, que se ocupan de asuntos políticos, leen periódicos y ejercen influencia sobre el curso de los asuntos; esa masa, que en todas partes sirve de juguete del egoísmo y de la intriga» ***.  
Los «plebeyos» no leen periódicos, no se ocupan de asuntos políticos y no ejercen influencia sobre su curso. Así están las cosas ahora, mientras su conciencia duerme todavía profundamente. Y cuando despierte bajo la influencia del destacamento avanzado del ejército histórico actuante, formado por los «mejores hombres» que han asimilado las conclusiones de la ciencia moderna, entonces los «plebeyos» comprenderán que su tarea consiste en una reorganización radical de la sociedad, y entonces emprenderán la obra de esta reorganización, que no guarda relación directa  
Cf.  
«Sotsial-  
Demokrat»  
núm. 1  
pág. 124  
NB  
NB  

* Obras, t. IV, págs. 156-157.  
** Ibíd., pág. 157.  
*** Obras, t. V, pág. 249.  

con las cuestiones sobre las formas de la estructura política. Tal era la concepción predominante de Chernyshevski, que se manifiesta en la mayoría de sus numerosas revistas políticas*. Si a veces esta concepción, idealista por esencia, de la política cede lugar a otra, que es como un germen de la comprensión materialista, esto es sólo una excepción, completamente similar a la que encontramos al estudiar las concepciones históricas de Chernyshevski: el lector recuerda que en esas concepciones, también idealistas por esencia, se encontraban igualmente gérmenes de una concepción materialista de la historia. Aclaremos ahora con dos ejemplos qué carácter debían adquirir las revistas políticas de Chernyshevski bajo la influencia de la concepción que acabamos de señalar y que en él predominaba sobre la relación de la política con las tareas principales de la |clase obrera...|  
Debido a la diferencia teórica entre la concepción idealista y la materialista de la historia, Plejánov pasó por alto la diferencia práctico-política y de clase entre el liberal y el demócrata.  
... Semejantes argumentos, que llevaban a la conclusión de que el despótico gobierno austriaco actúa de manera completamente correcta, debían asombrar y en efecto asombraban a muchos lectores de «Sovreménnik». Producían la impresión no de indiferencia hacia las cuestiones de la libertad política, sino de directa simpatía hacia los oscurantistas. Los adversarios acusaron más de una vez a Chernyshevski de tal simpatía. Precisamente en vista de semejantes acusaciones, al final de su revista política de marzo de 1862 hace un irónico reconocimiento: «para nosotros no hay mejor diversión que el liberalismo, de manera que nos entran ganas de encontrar en algún sitio a unos liberales para burlarnos de ellos». Pero en realidad escribía sus paradójicas revistas, naturalmente, no para «burlarse» de  
?  
Cf. «Sotsial-  
Demokrat»  
núm. 1, pág. 144 ¡¡modificado!! 222  
NB  
NB  
NB  

* Estas revistas componen por extensión, al menos, dos tomos de las obras completas.  

[Página 561 del libro de G. V. Plejánov «N. G. Chernyshevski» con observaciones de V. I. Lenin.  
Reducida]  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
los liberales, ni para defender a los gobiernos despóticos. En su base se hallaba la idea de que, en presencia de determinadas relaciones sociales, las cosas no pueden marchar de otro modo que como marchan, y de que aquel que desea que marchen de otro modo debe dirigir sus esfuerzos a una transformación radical de las relaciones sociales.  
Obrar de otro modo significa sólo malgastar en vano el tiempo. Los liberales provocaban la burla de Chernyshevski precisamente porque proponían paliativos allí donde era necesaria una cura radical*.  
Segundo ejemplo. En abril del mismo año, a propósito del choque del gobierno prusiano con la cámara de diputados prusiana, Chernyshevski de nuevo parece tomar partido por el absolutismo en su lucha con el liberalismo. Según sus palabras, los liberales en vano se sorprendían de que el gobierno prusiano no les hiciera una concesión voluntaria, sino que prefiriera agitar al país disolviendo la cámara. «Nosotros encontramos —dice— que el gobierno prusiano debió obrar precisamente así»**.  
Esto también debía asombrar al lector ingenuo y parecerle una traición a la causa de la libertad. Se comprende por sí solo, sin embargo, que también aquí nuestro autor no empuñaba en modo alguno las armas en defensa del despotismo, sino que sólo quería aprovechar los acontecimientos prusianos para comunicar a los más perspicaces de sus lectores una concepción correcta de aquella condición principal de la que depende en última instancia el desenlace de todos los grandes choques sociales. Y he aquí lo que dice al respecto:  
«Así como las disputas entre diferentes Estados se conducen primero por la vía diplomática,  
Cf. «Sotsial-  
Demokrat»  
núm. 1, pág. 144, ¡el tono!  
NB  

* En sus «Ensayos de economía política», Chernyshevski, señalando la discordancia entre el orden económico existente y «las exigencias de la sana teoría», interrumpe a veces su exposición con la pregunta: «¿debe continuar un modo de vida en el que es posible semejante discordancia?» (véase, por ejemplo, Obras, t. VII, pág. 513). A la misma pregunta debían conducir a sus lectores también sus revistas políticas, especialmente aquellas de las que se desprendía aquella conclusión «incongruente» de que no tenían razón los enemigos del despotismo, sino sus defensores. Tal conclusión aparecía en Chernyshevski sólo como un argumento adicional contra el actual «modo de vida». Pero los liberales a menudo no lo comprendían.  
** Obras, t. IX, pág. 236.  

del mismo modo la lucha por los principios dentro del Estado mismo se conduce al principio por medios de influencia civil o por la llamada vía legal. Pero así como entre diferentes Estados la disputa, si tiene suficiente importancia, siempre llega a las amenazas militares, así también en los asuntos internos del Estado, si el asunto no es de poca monta...».  
Desde este punto de vista contemplaba lo que ocurría entonces en Prusia. Defendía y elogiaba al gobierno prusiano —es necesario advertirlo— únicamente porque «obraba de la mejor manera posible en favor del progreso nacional», destruyendo las ilusiones políticas de aquellos ingenuos prusianos que, sin saber sobre qué base, se imaginaban que el sistema de un gobierno verdaderamente constitucional se instauraría en su país por sí solo, sin lucha contra el viejo orden.  
Y si no manifestaba la menor simpatía hacia los liberales prusianos, e incluso se burlaba de ellos, esto se explica porque también ellos, según su justa opinión, querían alcanzar sus fines sin una lucha decidida contra sus enemigos políticos. Hablando del posible desenlace del choque entre la cámara y el gobierno, observa con gran perspicacia que «a juzgar por el actual estado del ánimo de la opinión pública en Prusia, hay que suponer que los adversarios del actual sistema se consideran demasiado débiles para una lucha militar y están dispuestos a someterse ante la primera amenaza decidida del gobierno de que recurrirá a medidas militares»*. Y así sucedió. Chernyshevski tenía razón en su desprecio hacia los liberales prusianos. Ellos en efecto querían que el orden constitucional se afirmara en Prusia por sí solo. No sólo no recurrieron a acciones decididas —de lo cual no se les podría culpar, ya que, dada la correlación de fuerzas sociales de entonces, era imposible—, sino que condenaban en principio toda idea de tales acciones, es decir,  
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* Obras, t. IX, pág. 241.  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
obstaculizaban, en la medida en que de ellos dependía, un cambio tal de las fuerzas sociales que permitiera recurrir a tales acciones en el futuro...  
En contraste con Lassalle, en sus razonamientos sobre los asuntos prusianos se presenta como un idealista mucho más consecuente que en muchos otros de sus artículos de contenido político o histórico. Esta diferencia también debe ser enteramente atribuida a cuenta de la «correlación de fuerzas sociales». En Prusia, por débil que fuera el capitalismo prusiano en comparación con lo que representa en la actualidad, ya comenzaba, con todo, el movimiento obrero en el sentido moderno de esta palabra; y en Rusia sólo empezaba a florecer aquel movimiento de los raznochintsi que se llama comúnmente movimiento de la intelectualidad...  
Las revistas políticas de Chernyshevski estaban destinadas a los «mejores hombres», que necesitaban saber qué debían enseñar a la masa atrasada. La tarea de los «mejores hombres» se reducía principalmente a la propaganda. Sin embargo, no exclusivamente a ella. El «pueblo sencillo», hablando en general, no figura en la escena política. Y lo que ocurre en esta escena —hablando también en general— poco atañe a sus intereses. Pero hay épocas excepcionales en el transcurso de las cuales la masa popular despierta de su letargo habitual y hace intentos enérgicos, aunque a menudo poco conscientes, para mejorar su suerte. En tales épocas excepcionales, la actividad de los «mejores hombres» pierde más o menos su carácter predominantemente propagandístico y se convierte en agitación.  
He aquí lo que dice Chernyshevski sobre semejantes épocas:  
«El progreso histórico se realiza lenta y pesadamente... tan lentamente que, si nos limitamos a períodos demasiado cortos, las oscilaciones producidas en la marcha progresiva de la historia por las casualidades de las circunstancias pueden eclipsar ante nuestros ojos la acción de la ley general. Para convencerse de su inmutabilidad, hay que examinar el curso de los acontecimientos durante un tiempo bastante prolongado... Comparen el estado de las instituciones y leyes de Francia en 1700 y ahora: la diferencia es extraordinaria, y toda ella en ventaja del presente; y sin embargo, casi todos estos ciento cincuenta años fueron muy pesados y sombríos. Lo mismo  
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es decir, democrático  
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ocurre en Inglaterra. ¿De dónde, pues, viene la diferencia? Se fue preparando constantemente por el hecho de que los mejores hombres de cada generación encontraban sumamente pesada la vida de su tiempo; poco a poco, al menos algunos de sus deseos se hacían comprensibles para la sociedad, y luego, en algún momento, al cabo de muchos años, en una ocasión feliz, la sociedad trabajaba durante medio año, un año, a lo sumo tres o cuatro, en la realización de al menos algunos de aquellos pocos deseos que habían penetrado en ella de parte de los mejores hombres. El trabajo nunca era exitoso: a la mitad de la obra se extinguía ya el celo, se agotaban las fuerzas de la sociedad y de nuevo la vida práctica de la sociedad caía en un largo estancamiento, y de nuevo los mejores hombres, si sobrevivían a la obra inspirada por ellos, veían sus deseos lejos de ser realizados y, como antes, debían afligirse por el peso de la vida. Pero en el corto período del noble impulso mucho se había rehecho. Es cierto que la reconstrucción se hacía a toda prisa, no había tiempo para pensar en la elegancia de los nuevos añadidos, que quedaban sin acabar en limpio; no había tiempo para preocuparse de las sutiles exigencias de la armonía arquitectónica de las nuevas partes con los restos conservados, y el período de estancamiento recibía el edificio reformado con multitud de pequeñas incongruencias y fealdades...»  
Las revistas políticas de Chernyshevski tenían por objeto precisamente mostrar a los «mejores hombres» que el viejo edificio del orden social contemporáneo se deterioraba cada vez más y que era necesario «emprender de nuevo la obra en amplias proporciones».  
Y, como se ve en todo, a él hacia el final del primer período —es decir, el período anterior a Siberia— de su actividad literaria empezó a parecerle que la sociedad prestaba cada vez más oído a su opinión y se mostraba cada vez más de acuerdo con él. En otras palabras, empezó a pensar que también en la historia rusa se aproximaba uno de aquellos bienhechores saltos que rara vez se producen en la historia, pero que en cambio hacen avanzar considerablemente el proceso del desarrollo social. El estado de ánimo de las capas avanzadas de la sociedad rusa subía en efecto rápidamente, y junto con él subía también el estado de ánimo de Chernyshevski. Él, que había encontrado en otro tiempo posible y útil explicar al gobierno sus propias ventajas en el asunto de la liberación campesina, ya ni piensa en dirigirse al gobierno. Toda clase de cálculos con él le parecen un pernicioso autoengaño. En el artículo «Un reformador ruso» («Sovreménnik», 1861, octubre), escrito con motivo de la aparición del libro  
M. Korf: «La vida  
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OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
del conde Speranski», Chernyshevski demuestra con detalle que ningún reformador debe hacerse ilusiones entre nosotros con semejantes cálculos. Los enemigos llamaban a Speranski revolucionario. Este juicio hace reír a Chernyshevski. Speranski tenía, en efecto, planes muy amplios de reforma, pero es ridículo llamarlo revolucionario por la dimensión de los medios con que pensaba valerse para la ejecución de sus propósitos. Sólo se sostenía por haber logrado granjearse la confianza del emperador Alejandro I. Apoyándose en esta confianza, pensaba realizar dichos planes. Y precisamente por eso Chernyshevski lo llama soñador...  
No cede a perniciosos apasionamientos en política sólo aquel que recuerda constantemente que el curso de la vida social está determinado por la correlación de fuerzas sociales. A quien quiere actuar de conformidad con esta tesis fundamental le toca a veces sobrellevar una penosa lucha moral...  
A comienzos de los años 60, el gobierno se propuso atenuar un tanto las restricciones de la censura. Se decidió redactar un nuevo estatuto de censura, y se permitió a la prensa pronunciarse sobre la cuestión de su propio encadenamiento. Chernyshevski no tardó en expresar a este respecto su propia opinión, que, como de costumbre, divergía fuertemente de la habitual opinión liberal. Chernyshevski reconoce que hay épocas en que la prensa puede resultar peligrosa para el gobierno de un país dado no menos que la metralla. Son precisamente épocas cuando los intereses del gobierno divergen de los intereses de la sociedad y se aproxima una explosión revolucionaria. Hallándose en semejante situación, el gobierno tiene todos los fundamentos para restringir la prensa, porque la prensa, al igual que otras fuerzas sociales, prepara su caída. En tal situación se hallaban casi todos los gobiernos franceses, a menudo cambiantes, del siglo actual.  
Todo esto está expuesto de manera muy circunstanciada y tranquila por Chernyshevski. Del gobierno ruso no se habla en todo el artículo hasta el final. Pero, al concluir, Chernyshevski pregunta inesperadamente al lector: ¿y qué si resultara que las leyes  
Cf. «Sotsial-  
Demokrat»  
núm. 1, pág. 161 «Sotsial-  
Demokrat», pág. 161 modificado 223  
Cf. omisión «Sotsial-Demokrat» núm. 1, pág. 162 224  

sobre la prensa son efectivamente necesarias entre nosotros? «Entonces habríamos merecido de nuevo el nombre de oscurantistas, enemigos del progreso, aborrecedores de la libertad, panegiristas del despotismo, etc., como ya muchas veces nos hemos expuesto a tal reproche». Por eso él no quiere investigar la cuestión de la necesidad o no necesidad de leyes especiales sobre la prensa entre nosotros.  
«Tememos —dice— que una investigación concienzuda nos llevaría a la respuesta: sí, son necesarias»*. La conclusión es clara: son necesarias porque también en Rusia se aproxima el tiempo del «salto».  
En el mismo libro de marzo de «Sovreménnik» donde se publicó el artículo que acabamos de citar, apareció también una nota polémica: «¿Han aprendido?» a propósito de los conocidos desórdenes estudiantiles de 1861. Chernyshevski defiende en ella a los estudiantes del reproche de falta de voluntad de estudiar, que les hacían nuestros «guardianes», y de paso dice también muchas verdades amargas al gobierno. El motivo ocasional de esta polémica fue un artículo de un autor desconocido en los «San Petersburgo Vedomosti Académicos» titulado: «¿Estudiar o no estudiar?». Chernyshevski responde que, respecto a los estudiantes, tal pregunta no tiene sentido, pues ellos siempre quisieron estudiar, pero se lo impedían las restrictivas normas universitarias. A los estudiantes —personas que se hallan en una edad en que, según nuestras leyes, un hombre puede casarse, ingresar en el servicio del Estado y «puede ser jefe de un destacamento militar»— el reglamento universitario quería ponerlos en la situación de niños pequeños. No es de extrañar que protestaran. Les prohibían incluso organizaciones completamente inocuas, como las sociedades de ayuda mutua, absolutamente necesarias dada la desprovisión material de la mayoría de los estudiantes. Los estudiantes no podían dejar de sublevarse contra tales disposiciones, pues aquí se trataba de «un pedazo de pan y de la posibilidad de escuchar las lecciones. Este pan, esta posibilidad les eran arrebatados». Chernyshevski declara directamente que los redactores del reglamento universitario precisamente querían arrebatar la posibilidad  
NB  
idem «Sotsial-  
Demokrat»  
núm. 1, pág. 163  

* Obras, t. IX, págs. 130, 156.  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
de estudiar a la mayoría de las personas que ingresan como estudiantes en la universidad.  
«Si el autor del artículo o sus partidarios consideran necesario demostrar que este fin no fue tenido en cuenta en absoluto al redactar las normas, que publiquen los documentos relativos a aquellas deliberaciones de las que surgieron dichas normas». El autor anónimo del artículo «¿Estudiar o no estudiar?» dirigió su reproche de falta de voluntad de estudiar no sólo contra los estudiantes, sino también contra toda la sociedad rusa.  
De esto se aprovechó Chernyshevski para trasladar la discusión sobre los desórdenes en la universidad a un terreno más general. Su adversario admitía que existen algunos indicios del deseo de la sociedad rusa de estudiar. Prueba de ello eran, según su opinión, los «cientos» de nuevas revistas que surgen entre nosotros, las «decenas» de escuelas dominicales. «¡Cientos de nuevas revistas! ¿Pero dónde ha contado el autor esos centenares? —exclama Chernyshevski—. Y harían falta en efecto centenares, y ¿quiere el autor saber por qué no se fundan centenares de revistas nuevas, como sería necesario? Porque, dadas nuestras condiciones de censura, es imposible que exista una publicación periódica medianamente viva en ningún sitio excepto en algunas grandes ciudades. Cada ciudad mercantil rica necesitaría varios periódicos, al menos pequeños; en cada provincia haría falta que se publicasen varias hojas locales. No existen porque no pueden existir... Decenas de escuelas dominicales... Esto no es una exageración, no como los centenares de revistas nuevas: las escuelas dominicales en el Imperio, que tiene más de 60 millones de habitantes, se cuentan efectivamente sólo por decenas. Y harían falta decenas de miles, y pronto podrían organizarse efectivamente decenas de miles, y ya ahora existir, al menos, muchos miles. ¿Por qué, pues, hay sólo decenas? Porque se las mira con desconfianza, se las restringe, se las aprisiona, de modo que a las personas más consagradas a la causa de la enseñanza en ellas se les quita el deseo de enseñar».  
Tras invocar la existencia de «centenares» de nuevas revistas y de «decenas» de escuelas dominicales como aparentes indicios del deseo de la sociedad de estudiar, el autor del artículo analizado por Chernyshevski se apresuró a añadir que esos indicios son  

engañosos. «Al escuchar los gritos en las calles —relataba melancólicamente—, se dice que tal cosa ha ocurrido allí, y a uno se le cae el alma a los pies y se desengaña»... «Permítame usted, señor autor del artículo —replica Chernyshevski—, ¿qué gritos escucha usted en las calles? Los gritos de los guardias urbanos y los comisarios de barrio; esos gritos también los escuchamos nosotros. ¿Se refiere usted a ellos? Se dice que tal cosa ha ocurrido allí... ¿qué cosa, por ejemplo? Allí ha ocurrido un robo, aquí se ha abusado de la autoridad, allí se ha oprimido al débil, aquí se ha favorecido al fuerte; de esto se habla incesantemente. De estos gritos, audibles para todos, y de estas conversaciones cotidianas, en efecto, se le cae a uno el alma a los pies y se desengaña...».  
Es comprensible la impresión que debían producir semejantes artículos de Chernyshevski en los estudiantes rusos. Cuando más tarde se repitieron los desórdenes estudiantiles a fines de los años sesenta, el articulillo «¿Han aprendido?» se leía en las asambleas de estudiantes como la mejor defensa de sus reivindicaciones. Es comprensible también cómo debían recibir semejantes artículos provocativos los señores «guardianes». La «peligrosa» influencia del gran escritor sobre la juventud estudiosa se les hacía cada vez más indudable...  
Situándose en el punto de vista del socialismo utópico, Chernyshevski encontraba que aquellos planes por cuya realización se afanaban sus compañeros de ideas en Occidente podían realizarse bajo las más diversas formas políticas. Así lo decía la teoría. Y mientras Chernyshevski no salía de su campo, expresaba sin reparos esta su opinión. A comienzos de su actividad literaria, nuestra vida social como que prometía dar alguna confirmación, aunque sólo fuera indirecta, de la justeza de esta opinión: en nuestros hombres progresistas surgió entonces la esperanza de que el gobierno tomase la iniciativa de una solución imparcial de la cuestión campesina. Era una esperanza irrealizable, que Chernyshevski abandonó quizá antes que nadie.  
Y si en la teoría él continuaba viendo de manera confusa la ligazón de la economía con la política, en su actividad práctica —diciendo esto tenemos en vista su actividad de publicista— se alzaba como enemigo irreconciliable de nuestro viejo orden, aunque su peculiar ironía continuaba induciendo a error a muchos lectores liberales a este respecto.  
idem «Sotsial-Demokrat»  
núm. 1, 164  
NB  
Hasta aquí «Sotsial-  
Demokrat»  
núm. 1, 164  

OBSERVACIONES AL LIBRO DE G. V. PLEJÁNOV «N. G. CHERNYSHEVSKI»  
En realidad —si no en la teoría—, se convirtió en un hombre de lucha política irreconciliable, y la sed de lucha se manifiesta quizá en cada línea de cada uno de sus artículos correspondientes a 1861 y, en particular, al fatídico para él año de 1862.  
NB  

Las observaciones fueron escritas no antes de octubre de 1909 ni después de abril de 1911.  
Publicadas parcialmente por primera vez en 1933 en el Recopilador Leninista XXV.  
Publicadas íntegramente en 1958 en la 4.ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo 38.  
Se publican según el original.