En primer lugar y ante todo, es necesario comparar las bases teóricas de esta filosofía y del materialismo dialéctico. Esta comparación, a la que se dedicaron los tres primeros capítulos, muestra en toda la línea de las cuestiones gnoseológicas la reaccionariedad total del empiriocriticismo, que encubre con nuevos subterfugios, terminología y ardides los viejos errores del idealismo y del agnosticismo. Sólo por un desconocimiento absoluto de lo que es el materialismo filosófico en general y de lo que es el método dialéctico de Marx y Engels se puede hablar de la "unión" del empiriocriticismo con el marxismo.

En segundo lugar, es necesario determinar el lugar del empiriocriticismo, como una escuela muy pequeña de filósofos-especialistas, entre las demás escuelas filosóficas de la época contemporánea. Habiendo comenzado por Kant, tanto Mach como Avenarius no fueron de él hacia el materialismo, sino en la dirección contraria, hacia Hume y hacia Berkeley. Imaginándose que "depura la experiencia" en general, Avenarius en realidad sólo depuraba al agnosticismo del kantismo. Toda la escuela de Mach y Avenarius se encamina hacia el idealismo de un modo cada vez más definido, en estrecha unión con una de las escuelas idealistas más reaccionarias, los llamados inmanentistas.

En tercer lugar, hay que tomar en consideración la indudable conexión del machismo con una escuela de una rama de la ciencia natural contemporánea. Del lado del materialismo se mantiene invariablemente la abrumadora mayoría de los naturalistas, tanto en general como en esta rama especial, a saber: en física. La minoría de los nuevos físicos, bajo la influencia de la demolición de las viejas teorías por los grandes descubrimientos de los últimos años, bajo la influencia de la crisis de la nueva física, que puso de manifiesto de modo particularmente claro la relatividad de nuestros conocimientos, se deslizaron, por el desconocimiento de la dialéctica, a través del relativismo hacia el idealismo. El idealismo físico de moda de nuestros días es una afición tan reaccionaria y tan pasajera como lo fue el idealismo fisiológico de moda del pasado reciente.

En cuarto lugar, tras la escolástica gnoseológica del empiriocriticismo no puede dejar de verse la lucha de partidos en la filosofía, lucha que, en última instancia, expresa las tendencias y la ideología de las clases antagónicas de la sociedad moderna. La filosofía contemporánea es tan partidista como lo era hace dos mil años. Los partidos en lucha son, en esencia, encubiertos por nuevas etiquetas de profesoral charlatanería o por una escuálida apartidismo, el materialismo y el idealismo. Este último no es más que una forma sutil y refinada de fideísmo, el cual se mantiene sobre las armas, dispone de enormes organizaciones y continúa influyendo inexorablemente sobre las masas, volviendo en su provecho el más mínimo titubeo del pensamiento filosófico. El papel objetivo, de clase, del empiriocriticismo se reduce enteramente al servilismo a los fideístas en su lucha contra el materialismo en general y contra el materialismo histórico en particular.