PARÍS, 1908
PREFACIO
[6-7] La ciencia, fruto del conocimiento y de la razón, sirve únicamente para asegurar nuestro poder real sobre la naturaleza. Solo nos dice cómo utilizar las cosas, pero nada dice sobre su esencia...
Así, mi tarea principal en el presente trabajo consistía en contraponer dos puntos de vista: el positivo, «científico» y el «pragmático». He tratado de ser, en lo posible, imparcial...
CAPÍTULO I
EL CENTRO ACTUAL DE LAS DISCUSIONES FILOSÓFICAS
§ 5. LA CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL DEL PENSAMIENTO

FILOSÓFICO MODERNO
[28-29] ¿Cuáles son, pues, en el planteamiento actual del problema filosófico general, las alternativas posibles? La alternativa solo puede ser una, ya que de lo que se trata es de
conservar en la unidad más estrecha posible la ciencia y la actividad práctica, sin sacrificar una por la otra, sin contraponerlas entre sí. Es decir, o bien la actividad práctica se derivará de la ciencia, o bien, al contrario, la ciencia se derivará de la actividad práctica... En un caso obtendremos sistemas racionalistas, intelectualistas y
positivistas: el dogmatismo de la ciencia. En el otro caso obtendremos sistemas del pragmatismo, del fideísmo o de la intuición activa (como el bergsoniano): el dogmatismo de la acción. Según los primeros sistemas, hay que conocer para actuar: el conocimiento
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produce la acción. Según los segundos, el saber se guía por las necesidades de la acción: la acción produce el conocimiento.
Pero que no piense el lector que estos últimos sistemas quieren resucitar el desprecio por la ciencia y la filosofía de la ignorancia. No, solo después de una seria investigación, sobre la base de una erudición científica, a menudo excelentísima, de profundas reflexiones críticas sobre la ciencia e incluso de un enérgico «pensar vivencialmente la ciencia», como les gusta expresarse a algunos de estos filósofos, llegan a deducir la ciencia de la práctica. Si con ello menoscaban la ciencia, es sin intención; muchos de ellos piensan, al contrario, poner de relieve así todo su valor...
§ 6. EL INTERÉS DE LAS DISPUTAS FILOSÓFICAS MODERNAS
[33-35] Admitamos, sin embargo, por un minuto, que la tesis del pragmatismo es correcta y que la ciencia no es más que un arte particular, un medio técnico para satisfacer ciertas necesidades. ¿Qué resultaría entonces?
Ante todo, la verdad se reduciría a una palabra vacía. Una proposición verdadera resultaría ser una receta para un procedimiento artificial exitoso. Y como hay varios procedimientos capaces de asegurarnos el éxito en las mismas circunstancias, como las necesidades de los distintos individuos son muy diversas, tendremos que aceptar la tesis de los pragmatistas: todas las proposiciones y razonamientos que nos llevan a los mismos resultados prácticos son equivalentes e igualmente verdaderos, todos los pensamientos que dan un resultado práctico son legítimos en igual medida. De este nuevo sentido de la palabra «verdad» se desprende que nuestras ciencias son construcciones puramente casuales, que podrían ser completamente distintas y, sin embargo, igual de verdaderas, es decir, igual de útiles como instrumentos de acción.
La bancarrota de la ciencia como forma real de saber, como fuente de la verdad: he aquí la primera conclusión. La legitimidad de otros métodos, muy distintos de los métodos del intelecto y de la razón, como, por ejemplo, el sentimiento místico, he aquí la segunda conclusión. Para llegar a estas conclusiones fue construida en esencia toda esta filosofía, que aparentemente se corona con ellas...
Qué fácil es, en tal caso, volver contra estos librepensadores sus propias armas. ¡Verdades científicas! Pero no son verdades más que de nombre. También son creencias, y además creencias de orden inferior, creencias que solo pueden ser utilizadas para la acción
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material; poseen únicamente el valor de instrumento técnico. La fe por la fe, el dogma religioso, la ideología metafísica o moral se hallan mucho más alto que ellas.
En todo caso, no deberían sentir ningún reparo ante la ciencia, porque su posición privilegiada se ha derrumbado.
Y en efecto, la mayoría de los pragmatistas se apresura a restablecer en sus derechos, en contraposición a la experiencia científica, la experiencia moral, la experiencia metafísica y, en especial, la experiencia religiosa...
[37] Para los metafísicos esto es un verdadero hallazgo. Junto con la restauración de la religión, el pragmatismo propicia la restauración de la metafísica. Después de Kant y Comte, el positivismo fue acaparando paulatinamente, a lo largo del siglo XIX, casi todo el dominio del conocimiento...
[39-40] Así, la posición pragmatista, al igual que otras posiciones que, sin ser tan filosóficas, originales e interesantes, conducen, no obstante, a conclusiones semejantes, tienen siempre por consecuencia la rehabilitación de formas normativas caducas del pensamiento humano, victoriosamente desplazadas desde mediados del siglo XVIII por el positivismo científico: la rehabilitación de la religión, la metafísica, el dogmatismo moral, es decir, en esencia, el autoritarismo social. He aquí por qué este es uno de los dos polos entre los cuales oscila todo el pensamiento moderno, toda la filosofía moderna. Es el polo de la reacción dogmática, del espíritu de autoridad en todas sus formas.
Por el contrario, el polo opuesto del pensamiento filosófico contemporáneo, la posición puramente científica,
que deduce la práctica del conocimiento y, por ende, subordina todo a la ciencia, se caracteriza principalmente por la aspiración a la emancipación y la liberación. Es aquí donde encontramos a los innovadores. Son los
herederos del espíritu del Renacimiento; sus padres y educadores directos son, en particular, los filósofos y científicos del siglo XVIII, del gran siglo de la liberación, del que tan acertadamente dice Mach:
«Quien aunque solo haya tenido la oportunidad, siquiera a través de la literatura, de participar de este auge y liberación, conservará para siempre, con respecto al siglo XVIII, un sentimiento de melancólico pesar».
§ 8. MÉTODO. - RESUMEN Y CONCLUSIONES
[48-49] Se tratará de su [de la ciencia] valor objetivo. Unos pensarán que es impotente para agotar toda la realidad que constituye su objeto, aunque admitan, desde cierto punto de vista, su necesidad...
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CAPÍTULO II
EL PROBLEMA DEL NÚMERO Y LA EXTENSIÓN.
LAS PROPIEDADES CUANTITATIVAS DE LA MATERIA
§ 2. LA VIEJA DISPUTA ENTRE EMPIRISMO Y APRIORISMO
[55] Pero la exclusión de todo elemento empírico, ¿no es también un caso límite inalcanzable? El matemático, observan los racionalistas, podría seguir multiplicando las riquezas de su ciencia, incluso si el mundo material desapareciera de repente. Sí, indudablemente, si desapareciera ahora;
pero, ¿podría haber creado la matemática si el mundo material no hubiera existido nunca?...
§ 3. LA FORMA MODERNA DEL PROBLEMA FILOSÓFICO
DEL NÚMERO Y LA EXTENSIÓN. LAS POSICIONES
«NOMINALISTA» Y «PRAGMÁTICA»
[61-62] Bergson, quien quizás más que ningún otro ha contribuido a difundir estas ideas en la literatura filosófica, no aceptaría sin reservas la expresión
«ardid artificial». A sus ojos, la ciencia es algo más y más elevado que un simple ardid en relación con la materia. Pero la materia, para él, no es la verdadera realidad; es una realidad menoscabada, regresiva y muerta. En cuanto a la verdadera realidad, viva, espiritual y creadora, las matemáticas y la ciencia en general ya no pueden tener otro carácter que el artificial y simbólico. En todo caso, sigue en pie que la acción sobre la materia, y no el conocimiento de su esencia, fue el fin para el cual las matemáticas fueron creadas por el intelecto, ese primer instrumento forjado bajo la presión de las necesidades prácticas frente a la materia...
¿No son acaso las matemáticas, más que todas las demás ciencias, las que inclinan en nuestros días a ciertos espíritus hacia el pragmatismo, hacia esa sofística del pragmatismo que es el agnosticismo científico? Efectivamente, es precisamente en las matemáticas donde nos sentimos más alejados de lo concreto y lo real, más cercanos al juego arbitrario de fórmulas y símbolos, tan abstracto que parece vacío...
§ 4. RACIONALISMO, LOGICISMO, INTELECTUALISMO
[65] El espacio inmóvil y homogéneo del geómetra no basta; hace falta también el espacio móvil y
heterogéneo del físico. El mecanismo universal de la naturaleza

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no significa que en la materia no haya más que geometría. Puede, según las hipótesis modernas, significar también que existe además liberación o transformación de energía, o movimiento de masas eléctricas...
§ 5. SIGNIFICADO GENERAL DEL PROBLEMA DE LA CANTIDAD:
EN EL FONDO ES EL PROBLEMA DE LA RAZÓN
[74] Ante todo, no cabe duda de que la razón, por muy desinteresada que sea, tiene una función utilitaria. Los científicos no son mandarines ni diletantes. Y el pragmatismo tiene razón al subrayar la utilidad de la razón, su utilidad excepcionalmente alta. Pero, ¿no se equivoca al afirmar que la razón no tiene otra función más que la utilitaria? ¿No pueden los racionalistas objetar muy razonablemente que la utilidad de la razón se explica precisamente porque, al deducir proposiciones de proposiciones, deduce a la vez unas de otras las relaciones entre los hechos de la naturaleza? Ello nos permite actuar sobre esos hechos; no es que en ello resida su finalidad, sino que se sigue de ella como consecuencia. La lógica y la ciencia de la cantidad, creadas por la mente en la medida en que analiza simplemente las relaciones que percibe, extienden su poder sobre las cosas mismas, porque las relaciones cuantitativas son a la vez leyes de las cosas y de la mente. Si conocer es saber hacer, no es porque, como piensan los pragmatistas, la ciencia haya sido creada por nuestras necesidades prácticas y para ellas, de modo que todo el valor de la razón esté solo en su utilidad, sino porque nuestra razón, al aprender a conocer las cosas, pone en nuestras manos instrumentos para actuar sobre ellas...
§ 6. LAS IDEAS DEL MATEMÁTICO POINCARÉ
[75-79] El gran matemático Poincaré* insiste especialmente en este carácter arbitrario de las matemáticas.
Por supuesto, nuestra matemática se corresponde plenamente con la realidad, en el sentido de que está adaptada para la expresión simbólica de ciertas relaciones en lo real;
no fue, en rigor, sugerida por la experiencia, la experiencia solo sirvió a la mente de motivo para crearla. Pero nuestra matemática, tal como se ha formado gradualmente para expresar cómodamente lo que necesitábamos expresar, es solo una entre las infinitas matemáticas posibles o, más bien, un caso particular de una matemática mucho
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* Poincaré: La Science et l'Hypothèse, livre I (Paris, Flammarion).

más general, a la cual trataron de elevarse los científicos del siglo XIX. Al darnos cuenta clara de esto, comprendimos de inmediato que la matemática, por su esencia y naturaleza, es absolutamente independiente de la aplicación que recibe en la experiencia y, por consiguiente, absolutamente independiente de la experiencia. Es una creación libre de la mente, la manifestación más brillante de su propia fuerza creadora.
Los axiomas, postulados, definiciones, convenciones, todos son, en esencia, sinónimos. Por lo tanto, cualquiera de las matemáticas concebibles puede llevar a conclusiones que, si se expresan de manera adecuada mediante un sistema apropiado de convenciones, serían perfectamente tan aplicables a lo real...
Esta teoría critica acertadamente el racionalismo absoluto e incluso el racionalismo atenuado de Kant. Nos muestra que la mente no tenía en absoluto que desarrollar, con necesidad ineluctable, precisamente la matemática que tan bien adaptada está para transmitir nuestra experiencia; en otras palabras, la matemática no es la expresión de una ley universal de la realidad, ya entendamos la realidad (por supuesto, la que nos es dada) al modo cartesiano, kantiano o de cualquier otra manera. Pero en Poincaré esta conclusión tiene un sentido completamente distinto que en el pragmatismo.
Algunos pragmatistas e incluso todos los comentadores de Poincaré que he tenido ocasión de leer, no han comprendido, a mi juicio, su teoría. Es un excelente ejemplo de tergiversación interpretativa. Han hecho de Poincaré —en este punto, como en otros, donde su error es aún más profundo— un pragmatista innominado... Para el pragmatista no existe el pensamiento puramente contemplativo y desinteresado, no existe la razón pura. Únicamente existe un pensamiento que quiere apoderarse de las cosas y, con este fin, tergiversa su representación de ellas en aras de la mayor comodidad. La ciencia y la razón son siervas de la práctica. En Poincaré, al contrario, el pensamiento se toma hasta cierto punto en el sentido aristotélico de la palabra. El pensamiento piensa, la razón razona para su propia satisfacción; y solo después, además, resulta que algunos resultados de su inagotable creatividad pueden sernos útiles también para otros fines, aparte de la satisfacción puramente espiritual.
Se puede no aceptar enteramente la teoría de Poincaré; pero no se la debe tergiversar para luego remitirse a su autoridad. No se ha prestado suficiente atención a su vínculo con el kantismo,
Poincaré
Poincaré y Kant

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del cual toma plenamente la teoría de los juicios sintéticos a priori, con la salvedad, sin embargo (aquí el racionalismo kantiano le parece a Poincaré aún demasiado rígido), de que estos juicios sintéticos a priori, sobre los cuales descansa toda nuestra matemática (la euclidiana), no deben considerarse como los únicos postulados posibles y necesarios de la matemática racional...
§ 7. LA RELACIÓN DE LAS CIENCIAS MATEMÁTICAS
Y LAS DEMÁS CIENCIAS DE LA NATURALEZA
[80] ¿Confiere la teoría de Poincaré a la experiencia la importancia que, al parecer, le pertenece? ¡Cosa extraña! Quisiera decir a los pragmatistas, que constantemente la han arrimado a sus fines y utilizado el nombre de su autor como pieza de artillería, que encuentro en ella muy poco de pragmático...
§ 8. INDICACIONES SOBRE LA EVOLUCIÓN GENERAL
DEL MÉTODO Y LOS CONOCIMIENTOS CIENTÍFICOS
[87] Y si la ciencia se desarrolla más tarde gracias a su utilidad material, no hay que olvidar que solo por su utilidad para la mente y para la satisfacción desinteresada de la razón, que aspira a conocer las cosas, se liberó en sus albores del empirismo grosero, convirtiéndose así en verdadera ciencia. Primero nos da el conocimiento de la realidad y solo después nos permite actuar sobre ella. Y necesariamente debe darnos primero el conocimiento para luego permitirnos actuar...
§ 9. LAS IDEAS DE MACH, LA RAZÓN Y LA ADAPTACIÓN DEL PENSAMIENTO
[90-91] ¿No nos da esto una valiosa indicación sobre la esencia y el significado de la lógica y del pensamiento racional, de los cuales las matemáticas siempre fueron consideradas una emanación pura? ¿Y acaso también sobre la esencia y el significado de la razón? No estamos lejos aquí del pensamiento de Mach, a quien también se ha declarado a menudo pragmatista innominado.
A nosotros nos parece mucho más cercano al racionalismo —en el sentido que, a nuestro juicio, debería darse en adelante a este término—, a un racionalismo que en modo alguno excluye la historia psicológica de la razón con sus caminos tortuosos, y que, principalmente, no disminuye en absoluto el papel de la experiencia,
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puesto que la razón no es más que la experiencia codificada y, a la vez, el código necesario y universal de toda experiencia, de modo que hay que tener en cuenta simultáneamente el momento de la evolución y la organización psicológica del hombre...
[93-96] Así pues, vemos que la razón, sometida al análisis abstracto en la conciencia de un ser racional, es capaz de concordar, mediante los principios que en ella se descubren y su desarrollo ideal, con las leyes del medio circundante y es capaz de expresarlas.
Vemos además que, dadas las propiedades de nuestro yo y del medio, la razón no puede ser distinta de lo que es: posee, por tanto, realmente, como afirman los racionalistas, necesidad y universalidad. Es incluso, en cierto sentido, absoluta, pero no en el sentido en que esta palabra es entendida por el racionalismo tradicional. Para este último significa que las cosas existen tal como las entiende la razón. Desde nuestro punto de vista, por el contrario, desconocemos cómo existen las cosas en sí mismas, y en la medida en que el relativismo kantiano o positivista afirma esto, tiene razón a su modo...
El número y la extensión, a pesar de su carácter abstracto, dimanan de la naturaleza de lo real, porque la realidad es multiplicidad y extensión, y porque las relaciones entre las cosas son relaciones reales, dimanantes de la naturaleza de las cosas.
Las matemáticas, al alejarse paulatinamente de los espacios accesibles a la percepción sensorial y elevarse al espacio geométrico, no se alejan, sin embargo, del espacio real, es decir, de las verdaderas relaciones entre las cosas. Más bien se aproximan a ellas. Según los datos de la psicología moderna, cada uno de nuestros sentidos nos da, al parecer, la extensión y la duración (es decir, ciertas conexiones y correlaciones de lo real) a su propia manera. La percepción comienza eliminando este momento subjetivo, dependiente del individuo o de las peculiaridades casuales de la estructura específica: construye un espacio homogéneo y único, y una duración uniforme, esas síntesis en las que se unifican todas nuestras diversas representaciones sensoriales de lo extenso y lo fluyente. ¿Por qué no habría de continuar la labor científica este movimiento hacia la objetividad? En todo caso, su rigor, su precisión, su universalidad (o necesidad, que es lo mismo) testimonian a favor de la objetividad de sus resultados. De modo que,
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Compárese
93-94
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el número, el orden, la extensión pueden, contrariamente a nuestros hábitos criticistas y subjetivistas de pensamiento, considerarse como propiedades de las cosas, es decir, relaciones reales, y tanto más reales cuanto que la ciencia los va liberando de las deformaciones individuales y subjetivas con las que originalmente nos fueron dados en las sensaciones concretas inmediatas. Lo que queda después de todas estas abstracciones, ¿no debería entonces considerarse con pleno fundamento como aquel contenido real e inmutable que se impone a los seres de todas las especies con idéntica necesidad, porque no depende ni del individuo, ni del momento del tiempo, ni del punto de vista?...
§ 10. LO QUE NOS ENSEÑA LA MATEMÁTICA
[97-98] La psicología muestra por su parte que todas nuestras sensaciones (esos datos inmediatos y últimos de la experiencia) poseen una propiedad: la extensividad o la extensión...
El espacio geométrico es el resultado de una interpretación abstracta del espacio óptico, una interpretación que despoja de propiedades individuales, generaliza y hace más accesibles a la mente las relaciones contenidas en ese espacio óptico. Complementaríamos de buen grado el pensamiento de Mach con la afirmación de que el objetivo de esta operación es dar a esas relaciones la expresión más rigurosa y precisa, universal y necesaria y, por tanto, objetiva...
[100] Así, la matemática nos descubre las relaciones entre las cosas desde el punto de vista del orden, el número y la extensión.
Al analizar las relaciones reales existentes entre las cosas, nuestra mente adquiere naturalmente la capacidad de formar relaciones análogas gracias a la asociación por semejanza. Puede, por tanto, idear también combinaciones que no se encuentran en la realidad, partiendo de las que sí se encuentran en ella. Habiendo formado primero representaciones que son copias de lo real, podemos luego formar otras que son modelos, como dice Taine en un sentido algo distinto.
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sensación
= lo último
Mach + objetividad
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§ 11. RESUMEN Y CONCLUSIONES
[103-105] El racionalismo absoluto parece tener pleno fundamento para afirmar, situándose en el terreno de una especie de realismo idealista, que las leyes de la razón coinciden con las leyes de las cosas. Pero, ¿no se equivoca al separar la razón de las cosas y al suponer que de sí misma, en un espléndido aislamiento, extrae la razón el conocimiento de las leyes que gobiernan las cosas?
Sí, el análisis de la razón coincide en su volumen con el análisis de la naturaleza. Sí, las matemáticas, al ocuparse del primero, se ocupan a la vez del segundo o, si se quiere, suministran algunos elementos necesarios para el segundo. Pero, ¿no es más fácil explicar esto por el hecho de que nuestra actividad psíquica se forma mediante la adaptación al medio y a las condiciones prácticas en que debe manifestarse?...
Si, por tanto, hay una enorme diferencia entre el racionalismo absoluto y la teoría esbozada más arriba en lo tocante a la génesis de los conceptos matemáticos, llegamos, en cambio, a conclusiones muy semejantes en la cuestión del valor y la competencia de la matemática: ese valor y esa competencia son absolutos, en el sentido humano de la palabra. En cuanto a un sentido sobrehumano y a un punto de vista trascendental, confieso que aún no he penetrado en su secreto y tengo muy poco afán de hacerlo. Si es posible alcanzar una comprensión humana de las cosas, dar su versión fiel al lenguaje del hombre, con eso me basta...
¿No es superficial y demasiado mezquina esta conclusión? El pragmatismo, a mi juicio, cae en el otro extremo, diametralmente opuesto a aquel en que cayó el racionalismo tradicional. Este último tomó el punto de llegada por el de partida y trasladó las propiedades del resultado al comienzo. El pragmatismo, por el contrario, aproxima el punto de llegada al de partida hasta su completa fusión y atribuye al resultado las propiedades del inicio. ¿No es más razonable pensar que la matemática, surgida del terreno del antropomorfismo utilitario, se liberó gradualmente de los estrechos límites de ese su primer horizonte? Perfeccionando incansablemente su análisis, llegó a algunas correlaciones reales, objetivas, universales y necesarias de las cosas.
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¡dorado término medio!!

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[107] Tiene su fundamento en la naturaleza de las cosas, exactamente igual que nuestra razón y nuestra lógica, de las cuales es una aplicación particular, y que se formaron, en esencia, de manera análoga.
Qué más da por qué camino nos hayamos acercado a la realidad, si, investigándola paso a paso, terminamos por abarcarla por todos lados.
CAPÍTULO III
EL PROBLEMA DE LA MATERIA
§ 1. PANORAMA HISTÓRICO Y ESTADO ACTUAL
DEL PROBLEMA DE LA MATERIA
[109-111] Ante todo, tras los fracasos de los filósofos-«físicos», la gran tradición filosófica de los griegos, con los eleatas y Platón a la cabeza, pone en duda la existencia misma de la materia. La materia no es más que apariencia o, como mínimo, un mínimo límite de existencia; la ciencia de las cosas materiales puede ser, a su vez, solo una ciencia puramente relativa; la verdadera ciencia existe únicamente sobre los objetos espirituales. Así, el problema de la materia comienza a resolverse mediante la eliminación del problema mismo. La materia solo puede existir como un límite indefinible del espíritu y en calidad de funciones del espíritu, y todo lo que se refiere a la materia es un ser de orden inferior...
Así, las disputas sobre la realidad del mundo exterior, sobre el idealismo, el espiritualismo, el materialismo, el mecanicismo, el dinamismo, producen cada vez más la impresión de un juego anticuado y estéril que debe dejarse a la filosofía clásica, entendiendo esta expresión en el sentido en que la entendía Taine: en el sentido de filosofía para los cursos superiores del liceo...
[113] El materialismo vulgar toma de ella [la física] tanto todo lo que tiene de sólido como todo lo que tiene de exagerado y monstruoso. ¡Qué hallazgo para el espíritu religioso si logra probar que la física nada sabe de las cosas sobre las que nos permite actuar, y que sus explicaciones no son en absoluto explicaciones!
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§ 2. LA CRISIS DE LA FÍSICA A FINALES DEL SIGLO XIX:
LA FÍSICA ENERGÉTICA
Y en efecto, en tanto esta esperanza filosófica nacía y se fortalecía en la mente de los cultivados y sinceramente creyentes, en la física todo parecía concurrir a favorecer su justificación y realización...
[114-117] Contra esta física mecanicista tradicional surge una nueva física, la física energética. — «Surge contra»: ¿es esta la expresión correcta?
Respecto a un gran número de físicos, sería quizás más correcto decir:
«se emplea indistintamente» (según la necesidad) a la par que el método mecanicista.
La energía no es, en efecto, más que la capacidad de producir trabajo, es un concepto mecánico que siempre puede ser evaluado mecánicamente, es decir, mediante el movimiento y la ciencia del movimiento. Helmholtz, Gibbs y muchos otros no rompieron en absoluto con la tradición mecanicista al añadir a la mecánica un nuevo capítulo que la generalizaba en sus aplicaciones a las realidades físicas. Ellos no quisieron otra cosa y, de hecho, no hicieron otra cosa que corregir y desarrollar ulteriormente la concepción mecánica en consonancia con los progresos de la física, como se ha hecho siempre desde los tiempos de Galileo y Descartes...
Así, la expresión «energética» tiene, en primer lugar, un sentido según el cual forma parte de la física, tal como esta ciencia es reconocida por todos los científicos. Añadamos que en Francia esta parte de la física se llama más a menudo termodinámica y, aunque esta palabra, por su composición etimológica, es demasiado estrecha para el contenido que designa, tiene la ventaja de eliminar la posibilidad de todos los malentendidos provocados por la polisemia de la palabra «energética».
El segundo sentido en que se usa esta palabra se refiere ya no a una sola parte de la física, sino a la teoría general de la física, considerada en su conjunto...
Esta ley no era incompatible con la concepción mecánica. Esta última podía afirmar con pleno fundamento que las distintas manifestaciones de la energía no son en esencia más que distintos fenómenos provocados por una misma realidad fundamental: el movimiento...
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OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE A. REY «LA FILOSOFÍA MODERNA»
[120-123] ... Algunos físicos se negaron a ver en la física una simple continuación de la mecánica clásica. Quisieron sacudirse el yugo de la tradición, encontrándola, como todo verdadero revolucionario, demasiado estrecha y demasiado tiránica. De ahí la crítica minuciosa y, luego, la revisión de los principios fundamentales de la mecánica. De estos esfuerzos surgió una nueva concepción de la física; acaso no tan opuesta a la anterior como a veces se ha afirmado, pero en todo caso introduciendo en ella profundos cambios.
En general, puede decirse que, al encontrar que la mecánica clásica era una base insuficiente para la física, ella [la física] dejó de ver en los fenómenos físicos lo que hasta entonces siempre se había visto en ellos: distintos modos de movimiento, que justamente constituían el objeto de estudio de la mecánica clásica. Hasta ahora, explicar un fenómeno físico, estudiarlo, significaba reducirlo a formas de movimiento: a movimientos de masas materiales, de átomos, o a oscilaciones del medio transmisor universal: el éter. Así pues, toda explicación física podía exponerse esquemáticamente mediante la geometría del movimiento.
La nueva concepción con la que ahora se quería sustituir a la anterior consistía, ante todo, en la renuncia más completa a todas las representaciones figurativas, a esos «modelos mecánicos», como dicen los ingleses, sin los cuales antaño no existía la verdadera física. Mach
los llama severamente, simplemente, «mitología». Como toda mitología, es algo pueril; pudo ser útil cuando no sabíamos mirar las cosas directamente; pero quien puede caminar solo no usa muletas. Desechemos, pues, las muletas del atomismo y
los torbellinos etéreos. La física, llegada a la edad madura, ya no necesita de burdas imágenes para venerar a sus dioses. El lenguaje abstracto de las matemáticas es el único capaz de expresar de manera decente los resultados de la experiencia. Solo él sabrá relatarnos lo que es, sin añadir ni ocultar nada, con el más estricto rigor. Magnitudes definidas algebraicamente, y no geométricamente, y menos aún mecánicamente; la variación
de valores numéricos, medidos con ayuda de una escala convencional, y no cambios sensorialmente perceptibles, medidos por desplazamientos en el espacio respecto a un punto de referencia inicial: tales son los materiales de la nueva física; es una física de conceptos, en oposición a la física mecanicista o figurativa...
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Esta nueva teoría general de la física, que ya había sido vislumbrada por Rankine en 1855, fue desarrollada especialmente por Mach, Ostwald y Duhem. «El fin de toda ciencia es sustituir la experiencia por las operaciones mentales más breves posibles», dice Mach; esta fórmula puede ponerse como epígrafe de la Energética científica...
§ 3. LA INTERPRETACIÓN FILOSÓFICA DE LA ENERGÉTICA
[127] Está claro cómo una filosofía que desea anular los argumentos extraídos de la ciencia contra ciertos dogmas determinados y contra la posición religiosa en general, podría utilizar esta ingeniosa interpretación. ¿Esgrimís ciertas verdades físicas contra ciertas creencias? Pero la nueva física aspira solo a una cosa: quiere retornar a las representaciones de la gran época de la fe. Tras el embate impetuoso de tres siglos, retorna, como el hijo pródigo, al seno del tomismo más ortodoxo.
Y, lo que es aún peor, un eminente científico, conocido por la precisión matemática y la elegancia matemática de sus trabajos, conocido en particular por su activa propaganda de las ideas de la nueva física, por la asombrosamente clara y puramente francesa forma en que las expone, y por sus magníficas generalizaciones en el campo de la mecánica energética, este científico mismo ha creído posible adherirse a esta interpretación filosófica de las nuevas teorías científicas. Hablamos de Duhem.
Por supuesto, él se ha esforzado en delimitar estrictamente sus puntos de vista científicos de sus representaciones metafísicas...
[130-134] Desarrollando este punto de vista, la nueva filosofía pudo deducir casi de inmediato, de los intentos contemporáneos de reforma de la física, el carácter puramente descriptivo de esta física, que no aspira a explicación alguna. Pero esto viene como anillo al dedo al «fideísmo». La ciencia es impotente para salir de los límites de las cualidades; por tanto, debe limitarse a describirlas. Debe ser un simple análisis de las sensaciones, por emplear la expresión de Mach, que, sin embargo, nuestra nueva filosofía teme tomar prestada de él en su sentido genuino, que posee un carácter plenamente «científico».
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OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE A. REY «LA FILOSOFÍA MODERNA»
En la literatura contemporánea es bastante frecuente encontrar —en exposiciones de muy diversa calidad— consideraciones de este género: las ciencias de la materia no nos dicen nada de lo real, pues la materia, tal como ellas la entienden, la materia misma, en el sentido vulgar de la palabra, no existe. Ya la simple percepción cotidiana deforma la realidad exterior. La construye enteramente según las necesidades de nuestra actividad. La ciencia luego reelabora estos materiales brutos. Aquello que nos muestra bajo el nombre de materia es solo un esquema tosco, en el que toda la viva riqueza de lo real se ha tamizado a través de la criba de las leyes científicas, o una mezcla heterogénea de elementos abstractos, arbitrariamente aislados o combinados, y enteramente inventados por nosotros mismos. Con esto se despeja el camino para la justificación de las formas más místicas del idealismo...
Sin detenernos en estos errores extremos, se puede, no obstante, notar incluso en espíritus serios y cultivados una tendencia a abordar las ciencias físicas con una crítica semejante a la que Poincaré, contrariamente a sus propias y enérgicas afirmaciones, sometió las ciencias matemáticas. Desde este punto de vista, la física representa, al igual que las matemáticas, un lenguaje simbólico cuyo fin es simplemente hacer las cosas más comprensibles, haciéndolas más simples y claras, más accesibles para la comunicación y, sobre todo, más maleables en la práctica. Hacer comprensible significa, por tanto, deformar sistemáticamente las representaciones intuitivas que recibimos directamente de la realidad, para utilizar mejor esta última en la satisfacción de nuestras necesidades.
La comprensibilidad, la racionalidad no tienen nada en común con la naturaleza de las cosas; son solo instrumentos de acción.
§ 4. CRÍTICA DE LA CRÍTICA MODERNA DE LA FÍSICA
Esta interpretación de la ciencia física, a pesar de que la inmensa mayoría de los físicos la ha acogido con un silencioso desprecio, no puede ser ignorada por la crítica filosófica. Si los científicos tienen derecho a decir: el perro ladra, el viento se lo lleva, la crítica filosófica, interesada forzosamente en el valor social y educativo de las doctrinas, se ve obligada a detenerse aquí.
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[136-138] La mayoría de los partidarios de la nueva filosofía se dirigen exclusivamente a los científicos que están por la física energética y rechazan resueltamente la física mecanicista. Pero los partidarios extremos de la física energética constituyen, en general, entre los físicos, una minoría muy insignificante. En su mayoría, los físicos siguen siendo mecanicistas; por supuesto, modifican las representaciones mecánicas para ponerlas de acuerdo con los nuevos descubrimientos, pues no son escolásticos. Pero constantemente tratan de representar y explicar los fenómenos físicos con ayuda de movimientos accesibles a la percepción sensorial.
No hay que olvidar, por otra parte, que si bien la energética ha dado una serie de elegantes teorías y exposiciones, casi todos los grandes descubrimientos de los últimos tiempos los debemos a los físicos mecanicistas; todos estos descubrimientos están vinculados a los intentos de representarse la estructura material de los fenómenos. Vale la pena reflexionar sobre esta circunstancia.
Al aspirar a comunicar a la física teórica el rigor geométrico, la energética decidió simplemente convertirla en una exposición más concisa y económica de los datos experimentales, pero ¿puede la teoría de la física reducirse a un simple instrumento de exposición económica? ¿Puede desterrar por completo la hipótesis de una ciencia que siempre fue fecundada por la hipótesis? ¿No debe orientarse constantemente al descubrimiento de lo real con ayuda de teorías que, como vemos en las teorías mecanicistas, son siempre anticipaciones de la experiencia, intentos de representarse intuitivamente lo real?
¿No se sigue de aquí que construir una filosofía de la física apoyándose exclusivamente en físicos puramente energéticos significa estrechar de modo incomprensible la base sobre la cual debe erigirse esa filosofía? La nueva filosofía se dirige, en esencia, en busca de confirmación de sus ideas solo a quienes pueden estar predispuestos en su favor, y estos constituyen una ínfima minoría. Es, por supuesto, un ardid cómodo, pero un ardid.
Y además, ¿están tan predispuestos en su favor como ella imagina?
Esto es más que dudoso. Casi todos los científicos a los que remiten el pragmatismo o el llamado nominalismo se han protegido de él con serias reservas, incluido Poincaré. Dirijámonos ahora a estos científicos.
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OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE A. REY «LA FILOSOFÍA MODERNA»
§ 5. LO QUE PIENSAN LOS FÍSICOS MODERNOS
[138-144] La física es, así, una ciencia de lo real, y si aspira a expresar eso real de un modo «cómodo», lo que expresa es, de todos modos, lo real mismo. La «comodidad» reside únicamente en los medios de expresión. Pero lo que se oculta tras esos medios, que la mente puede variar en busca de los más cómodos, es la «necesidad» de las leyes de la naturaleza. Esta necesidad no es establecida por el libre arbitrio de la mente. Al contrario, la sujeta, la encierra en los estrechos marcos de sus medios de expresión. Con la exactitud que permiten los errores de los datos experimentales y las pequeñas diferencias que siempre existen entre los fenómenos físicos sometidos a una misma ley (porque nunca son idénticos, sino solo muy semejantes), con esa exactitud, la ley de la naturaleza nos es dictada desde fuera y por las cosas mismas: expresa una relación real entre las cosas.
Duhem dirá también que no se puede considerar el experimento del físico como un calco de la realidad. Todo experimento físico consiste en mediciones, y las mediciones presuponen multitud de convenciones y teorías...
Duhem nunca privará de esta veracidad a los teoremas físicos: representan una descripción de lo real. Más aún, la teoría física no solo da una descripción exacta de lo real, sino que representa su descripción ordenada, pues siempre aspira a una clasificación natural de los fenómenos físicos: a una clasificación natural, es decir, a una clasificación que reproduzca el orden de la naturaleza. Ningún dogmático, ya sea Descartes, Newton o Hegel, ha exigido jamás más...
Y, por otra parte, si este último [Duhem] cree en la necesidad de la metafísica junto a la ciencia, ¿por qué se adhiere precisamente a la metafísica tomista? Porque le parece que concuerda mejor con las conclusiones de la física...
El «cientismo» de Ostwald está muy próximo a la posición del gran mecánico vienés Mach, quien, sobre esta base, rehúsa incluso el título de filósofo.
La sensación es lo absoluto. Por medio de nuestras sensaciones conocemos la realidad. Pero la ciencia es el análisis de nuestras sensaciones. Analizar las sensaciones significa descubrir las relaciones exactas entre ellas, descubrir
¡ja, ja!!
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el orden de la naturaleza, empleando esta expresión en su sentido más objetivo, pues el orden de la naturaleza no es otra cosa que el orden de nuestras sensaciones...
En los artículos críticos escritos contra Mach por los racionalistas, a veces se le ha reprochado una tendencia al pragmatismo. Se le ha acusado de relativismo escéptico.
La sensación es, evidentemente, algo humano. No obstante, es absoluta, y la verdad humana es la verdad absoluta, porque para el hombre es la verdad completa y única, la verdad necesaria.
[147] Se puede suponer la existencia de microbios, aunque sean invisibles hasta el momento en que algún reactivo los ponga de manifiesto. ¿Por qué no tendríamos derecho a suponer una cierta estructura de la materia que la experiencia pueda desvelar algún día?
§ 6. LA MATERIA DESDE EL PUNTO DE VISTA
DE LA FÍSICA MODERNA: PANORAMA GENERAL
[148-150] ¿Qué sentido tiene, en tal caso, la campaña iniciada por Brunetière y continuada por espíritus de mentalidad religiosa, sinceros sin duda, pero que desean destruir todo lo que pudiera servirles de piedra de tropiezo, qué sentido tiene esta campaña que conduce, si no al pragmatismo, al menos a una determinada variedad de pragmatismo?...
Del mismo modo que en matemáticas designamos con los términos de orden, número y espacio ciertos grupos de relaciones de los cuales dependen nuestras sensaciones, y de igual modo que las ciencias matemáticas tienen por objeto esas relaciones, así designamos con el nombre muy general de materia un enorme número de otras relaciones, mucho más complejas, de las que también dependen nuestras sensaciones. La física estudia esas relaciones. Es lo único que queremos expresar cuando decimos que la física es la ciencia de la materia...
[152] A muchos podría parecerles natural la idea de que el objeto de la física son los elementos susceptibles de ser abarcados por esas relaciones, dándoles un contenido real y como llenándolas.
Así fue precisamente el pensamiento de Spencer en su clasificación de las ciencias. Sin embargo, esta idea no puede considerarse acertada. Los elementos de la realidad son constatados por nosotros directamente, de manera inmediata, como algo que no puede no ser.
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OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE A. REY «LA FILOSOFÍA MODERNA»
Su existencia no necesita justificación. No se puede preguntar si es posible que fueran distintos de como son. Afirmarlo equivaldría a restaurar el viejo ídolo metafísico de la cosa en sí, es decir, en esencia, un verbalismo ocioso en una u otra forma. La experiencia hay que aceptarla simplemente. Se justifica a sí misma, pues para la mente positiva ella es, en la esfera científica, la justificación de toda afirmación.
[154-155] Entonces, ¿la crítica agnóstica de la ciencia es justa después de todo? ¿Existe alguna cosa en sí inaccesible para la ciencia? Etc., etc. ¡De nuevo estamos ante la metafísica con su inevitable juego de palabras! Tratemos de aclarar esta cuestión lo más claramente posible.
Si relativo significa lo que tiene que ver con relaciones, entonces la física es relativa. Pero si relativo significa incapaz de penetrar en la base de las cosas, entonces la física, tal como la entendemos, ya no es relativa, sino absoluta, porque la base de las cosas, aquello a lo que inevitablemente llega el análisis al explicarlas, está constituido por las relaciones o, mejor dicho, por el sistema de relaciones del que dependen nuestras sensaciones. Las sensaciones, lo dado, están impregnadas de subjetividad: esos fulgores fugitivos son lo que hace de ellos el sistema de relaciones que, probablemente, no se repetirá nunca más en una forma exactamente igual, y que determina mi estado y el estado del medio en el momento considerado. Pero entonces aparece el científico y aisla lo universal que forma parte de ese momento individual, las leyes cuya compleja expresión es él, las relaciones que lo han hecho ser lo que es.
Todas las leyes científicas nos dicen, en esencia, por qué y cómo lo dado es tal cual es, por qué está condicionado y creado, porque analizan las relaciones de las que depende. Y nos desvelarán la verdad humana absoluta cuando este análisis sea completo, si es que puede llegar a serlo.
§ 7. DATOS CONCRETOS DE LA FÍSICA MODERNA
[156-161] Todas las relaciones de las que dependen las transformaciones, la degradación, la dispersión o disipación de la energía, están agrupadas en una teoría física general que se denomina energética.
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L a e s e n c i a d e l a g n o s t i c i s m o d e R e y
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¡ja, ja!

Esta teoría nada nos dice sobre la naturaleza de las energías consideradas, y por consiguiente tampoco sobre la naturaleza de los fenómenos físico-químicos. Simplemente describe a expensas de qué, cómo y en qué dirección se efectúa un cambio de estado físico o químico de un cuerpo dado.
Los físicos energetistas afirman que es imposible ir más lejos, que la energética nos da la explicación completa, necesaria y suficiente de los fenómenos materiales, es decir, el conjunto de todas las relaciones de las que dependen. Para dar mayor objetividad a su punto de vista, algunos incluso elevan la energía a una especie de sustancia que sería la auténtica sustancia material, la causa eficiente real de todas nuestras sensaciones, la imagen según la cual debemos construir nuestra representación de la naturaleza.
La energía sustituye aquí a los corpúsculos de las teorías atomísticas. Desempeña el mismo papel y posee un ser del mismo género: es la base de las cosas, su naturaleza última, lo absoluto...
Los mecanicistas afirman, por el contrario, que es posible ir más lejos. La energética se queda, en su opinión, como en la superficie de las cosas, y sus leyes deben, o bien reducirse a otras leyes más profundas, o bien al menos completarlas, presuponiéndolas en su base.
A la escuela mecanicista pertenece, como ya se ha dicho, la inmensa mayoría de los físicos y, en especial, los físicos experimentadores, a quienes la física debe sus más recientes éxitos.
Los partidarios de esta escuela critican, ante todo, el concepto de energía y demuestran que no se le puede elevar, como hacen algunos, a la categoría de esencia física o metafísica.
NB.
Plus loin*, que la energética interpretada materialistamente (pág. 157) 216
NB
¡qué bromista este «positivista»!
Mecanicistas versus energética.

* - Más lejos. (Nota del editor.)

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La energía de un sistema significa solo la capacidad de ese sistema para producir trabajo:
es potencial cuando el trabajo producido no puede manifestarse; es actual, o cinética, en el caso contrario. Por consiguiente, el concepto de energía es correlativo al concepto de trabajo, y este último es un concepto mecánico. Así, la energía no puede ser, evidentemente, obtenida en la experiencia sin recurrir a la mecánica y al movimiento. Pero entonces, ¿no debe la energética, si quiere dar una explicación inteligible de los fenómenos físico-químicos, unirse con la mecánica, exponerse en una conexión de continuidad con ella y, por tanto, compaginarse con la consideración de las representaciones mecánicas?...
La mecánica, la física y la química forman desde este punto de vista un vasto sistema teórico, y la mecánica constituye la base fundamental de ese sistema, así como el movimiento constituye la última esencia de los fenómenos físico-químicos.
Los mecanicistas modernos, por supuesto, ya no afirman que la mecánica actual, así como las leyes que gobiernan las transformaciones de la energía, hayan alcanzado su forma definitiva, que la ciencia haya encontrado sus bases inconmovibles. Al entrar en contacto con la crítica energética —este es un logro que la ciencia contemporánea le debe indiscutiblemente—, han renunciado al estrecho dogmatismo de los viejos puntos de vista mecanicistas y atomísticos. Consideran que los nuevos descubrimientos deben ampliar el horizonte científico e introducir cambios incesantes en la representación del mundo exterior. ¿Acaso no estamos presenciando, en los últimos cincuenta años, una reconstrucción, casi un derrocamiento de la mecánica clásica? Los viejos marcos fueron desbordados, ante todo, por el principio de conservación de la energía (Helmholtz) y por el principio de Carnot.
Los fenómenos de radiactividad, al permitirnos penetrar más hondo en la naturaleza del átomo, han llevado a pensar en la posibilidad de una estructura eléctrica de la materia y en la necesidad de completar los principios de la mecánica clásica con los principios del electromagnetismo.
Y en efecto, la concepción mecanicista aspira ahora a adoptar la forma que se designa como teoría electrónica. Los electrones son los últimos elementos de toda realidad física. Estas simples cargas eléctricas, o bien modificaciones del éter distribuídas simétricamente alrededor de un punto, representan perfectamente, en virtud de las leyes del campo electromagnético, la inercia, es decir, la propiedad fundamental de la materia. Esta última es, por
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Teoría electrónica = «mecanismo»

tanto, no otra cosa que un sistema de electrones. Según el carácter de las modificaciones del éter (modificaciones todavía desconocidas), los electrones son positivos o negativos; el átomo material está compuesto de unos y otros en igual
cantidad, o al menos posee cargas positivas y negativas de igual magnitud, hallándose la carga positiva, al parecer, en el centro del sistema. Los electrones negativos o, quizás, no todos, sino
solo una parte de ellos, se mueven alrededor de los demás, como los planetas alrededor del sol. Las fuerzas moleculares y atómicas aparecen así como simples manifestaciones del movimiento de los electrones, al igual que las distintas formas de energía (luz, electricidad, calor).
De aquí se sigue una conclusión notable: el concepto de conservación de la masa (o de la cantidad de materia), que junto con el concepto de inercia yacía en la base de la mecánica, no puede, al parecer, ser mantenido
en la mecánica electromagnética: en esta última, la masa ponderal permanece constante solo a velocidades medias, inferiores a un décimo de la velocidad de la luz; pero, siendo función de la velocidad, aumenta con ella tanto más rápido cuanto más nos aproximamos a la velocidad de la luz. Esta hipótesis presupone o bien la existencia de cargas eléctricas de signo opuesto y del éter, o bien únicamente del éter, del cual el electrón es una simple modificación.
Por último, en nuestros días, los trabajos del doctor Le Bon* y de algunos físicos ingleses nos permiten, aparentemente, concluir que ni la cantidad de materia ni siquiera la cantidad de energía permanecen constantes. Una y otra no representan más que relaciones, dependientes del estado del éter y de su movimiento **.
[163-171] En nuestra época, nada queda ni debe quedar de esta representación. Hemos llegado a un punto de vista diametralmente opuesto. Todos los físicos están dispuestos a revisar los principios fundamentales de su ciencia o a limitar su aplicación tan pronto como se hace necesario debido a la aparición de nuevos datos experimentales...
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* Gustave Le Bon; L'Evolution de la Matière. — L'Evolution des Forces. (Flammarion, éditeur.)
** Aparentemente se produce una transformación de la materia en energía y de la energía en materia. Por materia debe entenderse, por supuesto, solo la materia ponderal, y por energía, solo la capacidad de producir trabajo que puede ser manifestada...

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Pero, ¿debe concluirse de ello que los físicos abandonan así la esperanza de llegar a los principios fundamentales y a los elementos cada vez más profundos con los cuales será explicada y abarcada una porción cada vez más extensa de lo dado? Tal conclusión, aunque se oponga al error de los viejos mecanicistas, sería un error no menos peligroso. El espíritu actual de las ciencias físico-químicas, el espíritu científico moderno, no es de los que retroceden ante lo desconocido.
Los físicos de vanguardia ya no temen, como hemos visto, poner en tela de juicio los principios de conservación de la masa o de la materia ponderal.
La verdad no está dada ya hecha; se va formando cada día más. He aquí la conclusión que debe repetirse sin cesar. Gracias a la labor científica, nuestro espíritu se amolda cada día mejor a su objeto y penetra más profundamente en él. Las afirmaciones que nos parecía poder formular como resultado del estudio de las ciencias matemáticas aparecen también aquí de manera casi necesaria y, como mínimo, de un modo muy natural. El progreso científico establece a cada instante entre las cosas y nosotros una correspondencia a la vez más íntima y más profunda. Comprendemos mejor y más...
La disputa entre energetistas y mecanicistas, disputa a menudo muy animada, especialmente por parte de los energetistas, no es, en esencia, más que un momento del progreso de las ciencias físico-químicas, y además un momento necesario.
Ante todo, la energética ha prevenido contra ciertos abusos de los modelos mecánicos, contra la tentación de tomar esos modelos por realidades objetivas. Luego ha profundizado la termodinámica y ha puesto de manifiesto el valor universal de sus leyes fundamentales, las cuales, en vez de limitarse a las investigaciones relativas al calor, tienen una aplicación legítima y necesaria a las ciencias fisicoquímicas en toda su extensión. Al ampliar el significado de estas leyes, la energética ha contribuido poderosamente a precisar su fórmula. Más aún: si desde el punto de vista de los descubrimientos la energética se ha mostrado menos fecunda que el mecanicismo, sigue siendo, con todo, un instrumento notable de exposición: sobrio, elegante y lógico. Finalmente, y esto se advierte sobre todo entre los químicos, como Van't Hoff, Van der Waals
El agnosticismo = materialismo vergonzante 217

y Nernst, pero también se encuentra cada vez más a menudo entre los físicos, ambas teorías son aceptadas de buen grado, eligiéndose en cada caso la que mejor se presta a la investigación. Se aplican conjuntamente;
se parte de las ecuaciones generales de la mecánica o de las ecuaciones generales de la termodinámica, según si el camino así tomado parece más simple o más afortunado. El hecho es que las teorías físicas son, en medida esencial, hipótesis, instrumentos de investigación y de exposición, o bien de organización. Son formas, marcos que deben ser llenados con los resultados de la experiencia. Y solo estos últimos constituyen el contenido verdadero y real de las ciencias físicas.
En ellos convergen todos los físicos, y su número continuamente creciente, cada vez más armonioso y coincidente, caracteriza, por supuesto, el progreso de la física, su unidad y su perdurabilidad. Son la piedra de toque de las teorías, de las hipótesis que han servido para su descubrimiento y que aspiran a organizarlas, sin alterar su afinidad real, reproduciendo con la mayor exactitud posible la estructura de la naturaleza. Y sin embargo, esas teorías, aunque siempre son hipotéticas y, por consiguiente, siempre pierden algo —y a veces mucho— a medida que la experiencia nos aporta nuevos descubrimientos, nunca mueren del todo. Se funden, transformándose en otras nuevas, más abarcadoras y más adecuadas.
«... Debemos considerar como un resultado eminente de la teoría cinética la traslación de la atomística a la ciencia de la electricidad... Mediante esta prodigiosa ampliación de su horizonte, la atomística ha derramado una luz completamente nueva sobre una serie de procesos físicos y químicos...» *.
§ 8. RESUMEN Y CONCLUSIONES
Si lo desconocido es ilimitado, sería, con todo, incorrecto en nuestra época llamarlo incognoscible, como se hacía de pasada hace algunos años.
Los repetidos e irreparables fiascos de los intentos metafísicos obligaron a la física a constituirse como ciencia mediante la exclusión decidida del problema de la materia. A partir de entonces solo buscaba las leyes de los fenómenos particulares. Era una «física sin materia»...
Conforme a la historia, repetida invariablemente por la mente humana desde que se esfuerza por conocer las cosas, la ciencia toma del mundo de las quimeras metafísicas un nuevo objeto de estudio. La naturaleza de la materia ya no es un problema metafísico, pues se convierte en un problema de orden experimental y positivo. Es cierto que este problema
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?
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* W. Nernst. Revue générale des Sciences, 15 mars 1908.

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no está resuelto científicamente; aún queda lugar para muchas sorpresas; pero una cosa puede considerarse, a partir de ahora, como lograda: lo resolverá la ciencia, no la metafísica.
Por lo demás, yo pienso, y he tratado de demostrarlo en otro lugar, que las representaciones cinéticas estarán siempre estrechamente ligadas al progreso de la física, porque representan un instrumento sumamente útil, si no necesario, de descubrimientos, y porque están mejor adaptadas a las condiciones de nuestro conocimiento. He aquí por qué veo el porvenir de la física en la continuación de las teorías mecanicistas. Y he aquí por qué acabo de decir que la teoría energética probablemente se disolverá, como el antiguo mecanismo, en un cinetismo más flexible y más severo desde el punto de vista de la admisión de hipótesis...
CAPÍTULO IV
EL PROBLEMA DE LA VIDA
§ 1. INTRODUCCIÓN HISTÓRICA
[173-174] Con el problema de la vida nos acercamos a las divergencias fundamentales que pueden separar a la filosofía de la ciencia. Hasta ahora, la disputa ha sido, puede decirse, predominantemente teórica. La mayoría de los filósofos que merecen este nombre admiten que, en la práctica, los resultados científicos son válidos para la materia. Si desde el punto de vista especulativo podían oponer una u otra objeción a esta validez suya, reconocen, con todo, que todo ocurre como si las conclusiones de la ciencia fueran, si no justificadas de derecho, al menos aplicables de hecho a la realidad material. Esta última, en cierto grado, puede ser expresada por relaciones matemáticas, mecánicas y físico-químicas...
[177] Barthez y la escuela de Montpellier, creyendo firmemente que los fenómenos de la vida solo pueden estar condicionados por una causa especial, los refieren a una fuerza vital, distinta tanto de las fuerzas materiales como del alma: de ahí proviene el nombre de vitalismo dado a esta teoría...
§ 3. LA LÍNEA DE DEMARCACIÓN ENTRE
MECANISMO Y NEOVITALISMO
[189-190] Si intentamos sintetizar de algún modo el neovitalismo según sus principales representantes, científicos o filósofos, llegaremos, al parecer, a esto:
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la crítica que los neovitalistas hacen del mecanicismo biológico se entrelaza estrechamente con la crítica que la filosofía pragmatista, antiintelectualista o agnóstica ha hecho de las ciencias matemáticas y físico-químicas. Nos parece que cambiamos de problema al pasar de la materia a la vida. En esencia, sin embargo, estamos de nuevo, como lo insinuamos al principio, ante el mismo problema fundamental, y este problema es siempre el problema del valor de la ciencia en cuanto saber. Solo cambian los términos particulares en que se plantea en esencia.
En efecto, ¿qué reprochaba a las ciencias matemáticas o físico-químicas la nueva filosofía? Que son un simbolismo arbitrario y utilitario, creado para las necesidades prácticas de nuestra mente, de nuestra razón, las cuales son facultades de acción, pero no facultades de conocimiento. Así, cuando trasladamos a los hechos biológicos el método físico-químico, trasladamos, por supuesto, también los resultados que nos permite alcanzar, las consecuencias que implica en lo tocante al valor de esos resultados. De modo que el mecanicismo físico-químico será una fórmula excelente, que nos proporciona un dominio práctico de las cosas vivas; será completamente impotente para ilustrarnos acerca de lo que es la vida misma. Como las ciencias físico-químicas en el dominio de la materia, el mecanicismo físico-químico en el dominio de la vida nos permitirá actuar, y nunca conocer...
[192-194] Los neotomistas resucitan en la materia la fuerza, la aspiración, el deseo, la reaniman con un soplo pagano, sin embargo, de hileísmo, del que los griegos, y en particular Aristóteles, nunca, al parecer, pudieron prescindir del todo. Por otra parte, tergiversan la doctrina helénica. Para ellos la materia no posee otra actividad fuera de aquella fuerza que el creador depositó en ella: un recuerdo, por así decirlo, de su creado y un signo indeleble de ello que lleva consigo...
Y los nominalistas, que están en parentesco muy próximo con este movimiento neoescolástico *, y los pragmatistas, coqueteando a cada paso con estas filosofías de la fe (demasiado a menudo habría que
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* Los neoescolásticos, o neotomistas, se afanan en particular por rehabilitar las interpretaciones escolásticas del aristotelismo, por tanto, las doctrinas filosóficas de Santo Tomás. — Los nominalistas insisten en el carácter simbólico, artificial y abstracto de la ciencia, en el enorme abismo que se abre entre la realidad y sus fórmulas. — Los pragmatistas tienen una doctrina similar, pero apoyada en una metafísica más general. Todo conocimiento está orientado a la acción; por consi-

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llamarlas más bien filosofías de creyentes), se han creído con derecho a decir que las ciencias de la materia no agotan el contenido de su objeto. Para conocer verdaderamente, hay que «ir más lejos»...
Para el vitalista, la vida desempeña el papel de fuerza creadora; pero precisamente porque depende, además, de las condiciones materiales, no es en absoluto una creación de la nada. Como resultado de su acción, dará, por supuesto, algo nuevo e imprevisto, pero, para llegar a ello, actuará sobre los elementos precedentes, que combinará, y en particular comenzando por los elementos preexistentes, a los cuales añadirá los suyos. Las mutaciones observadas por el botánico De Vries (quien, siendo mecanicista, las explica de otro modo) serían aquí incluso la manifestación y la prueba de esas adiciones creadoras.
§ 4. EL NEOVITALISMO Y EL MECANISMO SE DIFERENCIAN SOLO
POR HIPÓTESIS FILOSÓFICAS QUE COMPLEMENTAN LA CIENCIA
[204] Pero en el método vitalista, las entelequias y las dominantes no tienen nada en común con los elementos representados alegóricamente: los fines no son susceptibles de representación, porque no existen materialmente —al menos no existen todavía, pues se hallan en proceso de devenir, de realización gradual.
§ 6. EL MECANISMO NO ES MÁS QUE UNA HIPÓTESIS
[216-218] Pero sería contrario a todas las lecciones de la experiencia afirmar que en los fenómenos vitales todo puede reducirse a leyes físico-químicas y que el mecanicismo ha sido verificado experimentalmente en toda su extensión. Nosotros, por el contrario, sabemos muy poco de la vida...
¿Para qué entonces molestarse con las teorías mecanicistas?, surge el pensamiento. ¿No habría que expulsar de la ciencia estas hipótesis tan generales, cuya verificación supone la culminación completa de la ciencia? Nos encontramos aquí de nuevo con la opinión profesada, como ya hemos visto, por un cierto número de físicos a propósito de la física, y precisamente
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¡se le escapa!
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guiente, solo conocemos aquello que interesa a nuestro modo de acción. Todas estas filosofías son agnósticas en el sentido de que niegan, para nosotros, la posibilidad de alcanzar, con ayuda de nuestras facultades mentales, un conocimiento adecuado y exacto de la realidad...

a propósito de las teorías mecanicistas en la física. Recordemos que algunos energetistas querían expulsar de la física las hipótesis mecanicistas por considerarlas generalizaciones no susceptibles de verificación, inútiles e incluso peligrosas. Y entre los biólogos encontramos a algunos científicos que ocupan la misma posición y que se adhieren directamente a esos físicos energetistas...
En biología, la escuela energética se distingue de la escuela mecanicista con menos nitidez que en la física. Más bien representa solo una tímida apariencia de mecanicismo, pues se contrapone a la teleología y postula la correspondencia de los fenómenos vitales con los fenómenos inorgánicos.
§ 7. CONCLUSIONES GENERALES; INDICACIONES SOBRE BIOLOGÍA
[223-224] La materia viva manifiesta claramente propiedades vinculadas al hábito y la herencia: todo ocurre como si recordara todos sus estados anteriores. En tanto, la materia inanimada, se dice, nunca manifiesta esta propiedad. Sería incluso una contradicción imaginarse algo semejante. Todos los fenómenos materiales son reversibles.
Todos los fenómenos biológicos son irreversibles.
En estas conclusiones se olvida que el segundo principio de la termodinámica podría ser llamado principio de evolución o de herencia **...
[227] La ciencia no puede decidirse a considerar como aislados para siempre los diversos órdenes de hechos en razón de los cuales se ha dividido en ciencias particulares. Esta división tiene causas plenamente subjetivas y antropomórficas. Surge únicamente de las necesidades de la investigación, que obligan a disponer las cuestiones por series, a concentrar la atención por separado en cada una de ellas, a comenzar por lo particular para llegar a lo general. La naturaleza en sí misma es un todo.
un aspect timide du mécanisme*
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Aproximación al materialismo dialéctico

* - una tímida apariencia de mecanicismo. (Nota del editor.)
** Clausius lo llamó principio de entropía, lo que corresponde exactamente a la palabra evolución, pero tomada no del latín, sino del griego.

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CAPÍTULO V
EL PROBLEMA DEL ESPÍRITU
§ 2. EL VIEJO EMPIRISMO Y LAS VIEJAS
CONCEPCIONES ANTIMETAFÍSICAS:
EL PARALELISMO PSICOFISIOLÓGICO
[242-246] Aunque el racionalismo metafísico constituye la gran tradición filosófica, sus viejas afirmaciones no pudieron, a priori, dejar de suscitar objeciones por parte de los espíritus críticos. Por lo demás, en todas las épocas vemos filósofos que tratan de resistir las corrientes racionalistas y metafísicas. Son, ante todo, los sensualistas y materialistas, luego los asociacionistas y fenomenistas. En sentido general se les puede llamar empíricos.
En vez de oponer el espíritu a la naturaleza, tratan de volver a colocar el espíritu dentro de la naturaleza. Solo que continúan entendiendo el espíritu de manera tan simplista e intelectualista como aquellos a quienes critican...
La teoría empírica se representaba el espíritu aproximadamente de la misma manera que el atomismo representa la materia. Es un atomismo psicológico en el que los átomos son sustituidos por estados de conciencia: sensaciones, representaciones, sentimientos, emociones, sensaciones de placer y de dolor, movimientos, estados volitivos, etc. ...
Así, nuestros estados psicológicos son solo el conjunto de conciencias elementales correspondientes a los átomos que componen nuestros centros nerviosos. El espíritu es paralelo a la materia. Expresa, en la forma que le es propia, en su lenguaje, lo que la materia expresa, a su vez, en la forma que le es propia y en otro lenguaje. El espíritu, por una parte, la materia, por otra: dos traducciones mutuamente inversas de un mismo texto.
Para los idealistas, el texto original es el espíritu; para los materialistas, es la materia; para los espiritualistas dualistas, ambos textos son igualmente originales, pues la naturaleza se escribe simultáneamente en los dos lenguajes; para los monistas puros, tenemos que hacer dos traducciones de un texto original que se nos escapa...
§ 3. LA CRÍTICA MODERNA DEL PARALELISMO
[248-249] Cuando se dice que la conciencia es una y continua, hay que guardarse de pensar que con ello se resucita la teoría de la unidad y la identidad del «yo», que constituía la piedra angular del viejo racionalismo. La conciencia es una, pero nunca permanece idéntica a sí misma, como, por lo demás, todo ser vivo. Cambia constantemente, no como una cosa creada

de una vez por todas y que sigue siendo ella misma, sino como un ser que se crea constantemente: la evolución es creadora. La necesidad del concepto de identidad y permanencia solo existiría cuando hiciera falta, para recuperar las apariencias reales, imponer a los estados multiformes, que se descubren, al parecer, bajo esas apariencias, un vínculo de síntesis y unidad. Pero si se supone que la realidad es por esencia continua y que las lagunas que se encuentran en ella son artificiales, desaparece la necesidad de apelar al principio de unidad y permanencia.
Las teorías del pragmatismo angloamericano son extraordinariamente afines a estas arriba descritas. Estas teorías son muy heterogéneas, sobre todo en las aplicaciones morales y lógicas que se ha tratado de deducir de ellas. Pero aquello que constituye su unidad y permite agruparlas reside precisamente en los rasgos comunes de la solución que han dado al problema de la conciencia. W. James, el gran psicólogo del pragmatismo, ha dado a esta solución su forma más nítida y más acabada. Su concepción contradice simultáneamente, y casi por iguales fundamentos, tanto la concepción del racionalismo metafísico como la del empirismo...
[251-252] W. James afirma además que solo llegó a esta teoría porque siguió con el máximo rigor las reglas de la experiencia: y la llama «teoría del empirismo radical», o «de la experiencia pura». Para él, el viejo empirismo seguía estando impregnado de ilusiones metafísicas y racionalistas. Él ha tratado de liberarlo completamente de ellas.
Estas nuevas teorías de la conciencia han conquistado sin duda, en muy poco tiempo, grandes simpatías: los ingleses Schiller, Peirce, los americanos Dewey y Royce, en Francia y en Alemania científicos como Poincaré, Hertz, Mach, Ostwald, y, por otra parte, casi todos los que quieren renovar el catolicismo manteniéndose fieles a él, pueden ser asociados con la corriente de ideas cuya exposición más sistemática ha sido dada por Bergson y James. Es además indudable que estas simpatías parecen merecidas en gran medida...
[254-255] Veremos, en relación con el problema del conocimiento y la verdad, que el pragmatismo en efecto ha conducido no pocas veces a conclusiones escépticas, pero estas conclusiones distan mucho de ser necesarias. El propio
«Teoría de la experiencia»
de James
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James, Mach y los curas

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James, quien en algunos momentos parece muy cercano al irracionalismo escéptico, ha observado cierta vez que en una interpretación rigurosa de la experiencia no debe considerarse que la experiencia nos da nociones solo de hechos aislados, sino que también nos da, y en particular nos da, nociones de las relaciones existentes entre los hechos...
Así, la nueva orientación que se ha manifestado en la filosofía y que ha recibido el nombre de pragmatismo, señala, al parecer, un progreso indiscutible en las concepciones científicas y filosóficas del espíritu.
§ 4. CONCEPCIÓN GENERAL DE LA ACTIVIDAD PSICOLÓGICA
[256-261] Ahora cabría precisar en qué consisten las relaciones que forman el mundo psicológico y cómo se distinguen de las relaciones que constituyen el resto de la naturaleza y la experiencia. Sobre este asunto, el físico vienés Mach ha dado, quizás, las indicaciones más claras*. En toda experiencia, lo que está dado depende de una multitud de relaciones que se dividen, ante todo, en dos grupos: las que son comprobadas de manera idéntica por todos los organismos externamente análogos al nuestro, es decir, por todos los testigos; y las que difieren según el testigo. La psicología tiene por objeto todas estas últimas, y su conjunto forma lo que llamamos actividad psicológica. Hablando con más precisión, las primeras no dependen de nuestro organismo ni de la actividad biológica. Las segundas dependen de ellas íntima e inevitablemente...
Las matemáticas, la mecánica, la física, la química, la biología: todas son ciencias, cada una de las cuales aísla un grupo de relaciones del conjunto de relaciones contenidas en lo dado, y que son independientes y deben considerarse independientemente de nuestra organización. Son relaciones objetivas, objeto de la ciencia de la naturaleza, cuyo ideal es la exclusión de lo dado de todas las relaciones que hacen que ese dato dependa de nuestro organismo...
La experiencia nos muestra la influencia mutua de lo biológico y lo psicológico, el sistema de relaciones entre ellos. ¿Por qué no considerar cada uno de estos dos órdenes de hechos como dos órdenes de hechos naturales que actúan y responden uno sobre otro, como todos los demás órdenes de hechos naturales: los fenómenos térmicos, eléctricos, ópticos, químicos, etc.? Entre todos estos órdenes no hay ni más ni menos diferencia que entre el orden biológico y el orden psicológico. Todos los fenómenos deben considerarse en un mismo plano y estimarse capaces de condicionarse unos a otros.

* Année psychologique 1906, XII-e année. (Paris, Schleicher.)

Sin duda, contra esta concepción se objetará que no explica por qué hay experiencia y conocimiento de esta experiencia por parte del organismo. Pero, ¿no parece que se podría y se debería responder que esta pregunta, como todas las preguntas metafísicas, es una pregunta mal planteada, inexistente? Procede de la ilusión antropomórfica que siempre contrapone el espíritu al universo. No se puede decir por qué hay experiencia, pues la experiencia es un hecho y se impone como tal...
La experiencia, o, tomando un término menos equívoco, lo dado, hasta ahora nos ha parecido dependiente de relaciones matemáticas, mecánicas, físicas y de otro tipo. Cuando analizamos estas condiciones, nos parece, además, dependiente de ciertas relaciones de las que, en general, puede decirse que lo deforman según el individuo al que le es dado: estas deformaciones constituyen lo subjetivo, lo psicológico. ¿Podemos establecer —por supuesto, todavía de manera muy tosca y a distancia— el sentido general de estas nuevas relaciones, de estas deformaciones, es decir, la dirección en que el análisis científico, al progresar durante siglos, osa descubrir los (principios) más generales que ellas implican?
¿Por qué, en otras palabras, lo dado, en lugar de ser idéntico para todos los individuos, en lugar de ser un dato inmediato que forme un solo todo con el conocimiento que de él se tiene, se deforma subjetivamente? Se deforma hasta tal punto que un buen número de filósofos y el sentido común han llegado a romper la unidad de la experiencia y han erigido un dualismo insuperable de las cosas y del espíritu, que no es otra cosa que el dualismo de la experiencia tal como la tienen todos, en la medida en que las ciencias la corrigen, y de la experiencia tal como está deformada en la conciencia particular...
[271-272] Las imágenes no son idénticas a las sensaciones, como afirmaba el subjetivismo, si se da a esta palabra, equívoca por la vastedad de su significado, el sentido de vivencias inmediatas. En este punto, el análisis de Bergson distó mucho de ser infructuoso. La imagen es el resultado de ciertas relaciones ya contenidas en la experiencia inmediata, es decir, en la sensación. Solo que esta última contiene también muchas otras. Supongamos que estén dadas solo las relaciones que constituyen el sistema de la «imagen» (sistema parcial, comparado con todo el sistema de la sensación y
«la experiencia es un hecho» experiencia de individuos socialmente organizados

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de la experiencia inmediata); para decirlo con más precisión, supongamos que estén dadas solo aquellas relaciones de todo el sistema que implican para lo dado una dependencia del organismo, y entonces obtendremos precisamente la imagen, el recuerdo.
Al definir así el recuerdo, no hemos hecho más que reflejar los más recientes resultados de la psicología experimental y, al mismo tiempo, las ideas más antiguas del sentido común: el recuerdo es un hábito orgánico. Lo que el recuerdo tiene en común con la sensación primitiva son solo las condiciones orgánicas. Le faltan todas las relaciones inorgánicas contenidas en la sensación con lo que llamamos el medio exterior.
Esta dependencia completa de la imagen y esta dependencia parcial de la sensación respecto de las condiciones orgánicas permiten también comprender la ilusión, el engaño de los sentidos, el sueño y la alucinación, cuando las relaciones con el medio exterior están hasta cierto punto anormalmente interrumpidas, y para el individuo la experiencia resulta estar reducida a lo que ocurre en su organismo, es decir, a las relaciones que dependen de este último, por consiguiente, a lo puramente psicológico, a lo puramente subjetivo...
§ 5. EL PROBLEMA DEL INCONSCIENTE
[280] Nuestra vida plenamente consciente constituye solo una muy limitada parte del conjunto de nuestra actividad psicológica. Es como el centro de una proyección luminosa, en torno al cual se dispone una zona más amplia de penumbra, que gradualmente pasa a la oscuridad absoluta. La vieja psicología cometía un error muy grande al considerar como actividad psicológica solo la actividad plenamente consciente.
Por más que sea difícil exagerar el volumen que ocupa lo inconsciente en nuestra organización, tampoco habría que exagerar, como muy a menudo ha hecho cierta psicología pragmatista, el significado cualitativo de ese inconsciente.
Según algunos pragmatistas, la conciencia clara, la conciencia intelectual y racional, es la parte más superficial y más insignificante de nuestra actividad...
§ 6. LA PSICOLOGÍA Y EL CONCEPTO DE FINALIDAD
[285-286] Para la observación inmediata y superficial, la vida psicológica superior parece, por supuesto, totalmente impregnada de finalidad. Generalizando, mediante cierto procedimiento, de lo conocido a lo desconocido, vemos que desde hace mucho tiempo se han hecho intentos de interpretación teleológica de toda la vida
NB
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psicológica inferior. El reflejo más simple, como el parpadeo ante una luz demasiado intensa, los placeres y sufrimientos físicos más elementales, las emociones primitivas, ¿acaso no parecen todos estos hechos prescritos por el interés de la conservación y el progreso de la especie, o bien por la conservación y el progreso del individuo? Empezando por la ameba, ese rudimentario grumo de protoplasma que tiende hacia ciertas radiaciones luminosas y trata de evitar otras, toda la actividad que se considera posible llamar consciente, ¿no pertenece siempre a la categoría de la tendencia, y la tendencia no es la finalidad en acción?
Tampoco hay que asombrarse de que James, Tarde y muchos otros deduzcan de estos hechos que las leyes psicológicas tienen un carácter completamente distinto al de las demás leyes de la naturaleza. Son leyes teleológicas...
La concepción teleológica de la ley psicológica no es en esencia más que un revestimiento científico superpuesto a las concepciones metafísicas que hacen de la tendencia, de la voluntad de vivir, del instinto, de la voluntad y de la acción la base de todo lo existente. Ha sido, además, asimilada, explicada y desarrollada por los pragmatistas, partidarios de la primacía de la acción. Para ellos, psicología funcional y psicología finalista son términos sinónimos...
§ 7. EL PROBLEMA DE LA INMORTALIDAD
[294-296] La antítesis entre la actividad refractaria al análisis, la realidad, por un lado, y la relación, por otro, se desvanece, y tanto para el espíritu como para la materia debe ser enviada a la categoría de trastos viejos de la metafísica anticuada. Todo lo dado no es más que una síntesis, cuyo análisis se ocupa la ciencia, restableciéndolo en sus condiciones y, ulteriormente, descomponiéndolo en relaciones.
Pero, en tal caso, ¿qué será de la inmortalidad del espíritu, sobre todo de su inmortalidad personal, pues eso es lo que más nos importa desde hace dos mil años? ¡No seguir la ley de las cosas, no seguir la ley de todos los seres vivos, no desaparecer, no aniquilarse en lo otro! ¡Someterse a ese bello riesgo, inventado tardíamente por el mal jugador que es el hombre, mal jugador que desea ganar a la bella y exige que se falseen los dados en su favor!
Es indudable que un sistema de relaciones difícilmente puede parecer eterno o inmortal. Sin embargo, no hay en ello nada que sea una imposibilidad absoluta. ¡Inverosímil, sí! ¡Imposible, no!
Pero solo haría falta, en el terreno en que nos hallamos aquí, que la experiencia destruyera la inverosimilitud o, al menos, la transformara en verosimilitud.
NB
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Haría falta que nos obligara a descubrir, tras lo subjetivo, condiciones que subsistieran después de la desaparición del organismo, relaciones que lo hicieran parcialmente dependiente de algo distinto a ese organismo. Esto debe decidirlo la experiencia. Solo ella es capaz de disipar las dudas. A priori hablando, nada impide que se descubran ciertas condiciones, ciertas relaciones que impliquen la indestructibilidad —parcial al menos— de una parte de lo dado, por ejemplo, de la conciencia.
Pero ¿es necesario decirlo? La experiencia nunca nos ha mostrado nada semejante. No ignoro que los espiritistas afirman lo contrario. Pero es solo una afirmación. Sus experimentos —al menos aquellos que no están construidos sobre trucajes y engaños (¿y no son estos la mayoría?) —, en el estado actual de las cosas, pueden, a lo sumo, sugerir la idea de que existen ciertas fuerzas de la naturaleza, ciertos movimientos mecánicos cuyas manifestaciones conocemos muy mal, y cuyas condiciones y leyes, peor aún. Parece incluso probable que dependan del organismo humano y que se refieran simplemente al inconsciente psicológico y a la actividad biológica del organismo.
Y ante la miseria de las pretendidas verificaciones experimentales de la vida de ultratumba, la teoría de la inmortalidad del alma solo puede conservar la forma que ya le dieron Sócrates y Platón: es un riesgo que hay que correr, es una apelación a lo desconocido, y una apelación tal que tiene pocas probabilidades de recibir respuesta alguna vez...
CAPÍTULO VI
EL PROBLEMA DE LA MORAL
§ 1. LA MORAL IRRACIONAL:
MISTICISMO O TRADICIONALISMO
[301-306] Las nuevas filosofías son, por tanto, ante todo, doctrinas morales.
Y parece que estas doctrinas pueden definirse así: misticismo de la acción. No es una posición nueva.
Fue la posición de los sofistas, para quienes tampoco existía ni verdad ni error, sino simplemente el éxito. Fue la posición de los probabilistas y escépticos posteriores a Aristóteles, la posición de algunos nominalistas en los tiempos de la escolástica, la posición de los subjetivistas del siglo XVIII, a saber, Berkeley.
La inmortalidad y el agnosticismo de Rey
NB
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Las doctrinas de los anarquistas intelectuales, como Stirner y Nietzsche, se apoyan en las mismas premisas.
Así, en el repertorio del nominalismo y el pragmatismo actuales, las palabras son más nuevas que las cosas...
Cuando algunos modernistas, como Le Roy, encuentran en el pragmatismo una justificación del catolicismo, quizás no ven allí lo que algunos filósofos fundadores del pragmatismo querían extraer de él. Pero extraen de él conclusiones que pueden ser sacadas legítimamente y que, por lo demás, han sacado, o casi sacado, de él eminentes pragmatistas como W. James y los filósofos de la escuela de Chicago. Me parece que puedo decir incluso más. Pienso que Le Roy saca las únicas conclusiones que legítimamente deberían ser sacadas de este modo de pensar...
Para el pragmatismo es característico que sea verdadero todo lo que tiene éxito y todo lo que de un modo u otro está adaptado al momento: la ciencia, la religión, la moral, la tradición, la costumbre, la rutina. Todo debe tomarse en serio, y en serio debe tomarse aquello que realiza el fin y permite actuar...
¿Con qué se han destruido hasta ahora las tradiciones y los dogmas? Con la ciencia o, si se prefiere el instrumento al producto,
con la razón. La ciencia vive de libertad; la razón no es otra cosa, a fin de cuentas, que la libertad de discusión.
Además, la ciencia y la razón son ante todo revolucionarias, y la civilización greco-occidental construida sobre ellas ha sido, es y será una civilización de rebeldes. La rebelión ha sido hasta ahora nuestro único medio de liberación y la única forma en que hemos podido conocer la libertad. Me refiero a la rebelión espiritual de la razón que se domina a sí misma, y no a la rebelión tosca que no ha sido más que la envoltura —a menudo útil, a veces necesaria— del metal precioso que es la primera.
Así, la principal ayuda que puede prestarse a la tradición, a la conservación de los antiguos valores morales, por emplear un término de moda, es la devaluación de la ciencia. He aquí por qué el pragmatismo, el nominalismo, debían tener como consecuencia lógica, como muy bien lo ha visto la mayoría de los que se han adherido a él, en una comprensión razonable de la cosa, la justificación de ciertos motivos de acción: religiosos, sentimentales, instintivos, tradicionales. En el mismo plano que los motivos de acción extraídos del conocimiento científico, o, más lógicamente aún, en un plano más elevado, pues la ciencia apunta solo a la acción industrial, la nueva filosofía debía conducir a la legalización de la moral irracional: el impulso del corazón o la sumisión a la autoridad, el misticismo o el tradicionalismo.
El tradicionalismo
NB

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llega a veces incluso tan lejos que algunos (W. James, por ejemplo) no vacilan en retornar en moral al absoluto de las teorías racionalistas de la moral...
§ 4. LA CIENCIA DE LAS COSTUMBRES
[314] ... Para que sea posible esta concepción de la moral como arte racional, es evidentemente necesario que sea posible una ciencia de las costumbres. Aquí es donde la metafísica renueva sus esperanzas. En efecto, la sociología, de la cual esta ciencia de las costumbres es solo una parcela, apenas acaba de nacer. Sigue hallándose, como la psicología, solo que mucho menos adelantada que ella, en el período en que hay que disputar a los metafísicos el método, el objeto de la ciencia y su derecho a la vida. Parece, por lo demás, que la cuestión aquí, como en otros lugares, se resolverá en definitiva a favor de los esfuerzos científicos. No se puede impedir la cháchara de los metafísicos, pero se puede dar libertad a las palabras y a las acciones. Y he aquí que la sociología, gracias a los trabajos de Durkheim y su escuela, ha trabajado y actuado...
CAPÍTULO VII
EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO Y LA VERDAD
§ 1. LAS SOLUCIONES TRADICIONALES
[325-326] Los científicos, los puros científicos, se ocupan bastante poco, a decir verdad, de esta cuestión de la verdad. Les basta con llegar a afirmaciones que obtienen el asentimiento universal y que, por consiguiente, se presentan como necesarias. Para ellos, toda experiencia metódicamente realizada y debidamente controlada es verdadera. La verificación experimental es, dicen, el criterio de la verdad. Y los científicos tienen toda la razón, pues la práctica siempre ha justificado esta posición. Suponer que no siempre la justificará equivaldría a imaginar lo absurdo, a dudar por el placer de dudar...
[328-332] Los racionalistas modernos se han defendido enérgicamente de los ataques del pragmatismo cuando este afirmaba que la razón de los racionalistas tenía, en último término, como resultado asegurar a nuestro espíritu una copia fiel de la realidad. Y, en efecto, el pragmatismo reprochaba al racionalismo que desdobla el conocimiento en dos partes sincrónicas: los objetos, o cosas en sí, y las representaciones que de ellas se forma el espíritu...
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§ 2. LA CRÍTICA DE LOS PRAGMATISTAS
... James afirma que es verdadero todo lo que resulta verificado por la experiencia, y en otros momentos, todo lo que asegura un éxito cualquiera a nuestra actividad. Y si se acepta esta última proposición, casi con necesidad se impone la conclusión de que la verdad ya no existe. Pues lo que hoy tiene éxito puede no tenerlo mañana: caso nada raro en la práctica, como lo demuestran los cambios de las leyes y del derecho, de las reglas morales y de las creencias religiosas, de las opiniones científicas. La verdad de hoy es el error de mañana; la verdad a este lado de los Pirineos, error al otro lado. Tema banal. Y estas conclusiones, que el fundador del pragmatismo, Peirce, apartó resueltamente y combatió, de las cuales la gran filosofía pragmatista, en particular James, ha tratado de escapar mediante sutilezas, son las conclusiones que en líneas generales han sido aceptadas por la mayoría de los epígonos. Además, en relación con el problema de la verdad, el pragmatismo se ha convertido en sinónimo del escepticismo, así como en lo tocante a la moral o la fe se ha convertido en sinónimo del tradicionalismo irracional.
Y sin embargo, como en toda crítica, hay, por supuesto, una parte de verdad en la crítica que el pragmatismo hace al racionalismo. De él puede decirse lo que a menudo hay que decir de las teorías críticas: la parte destructiva es excelente, pero la parte constructiva deja mucho que desear. Es indudable que la teoría del espíritu-espejo de las cosas y de la verdad-copia es groseramente superficial. La evolución de las verdades científicas a través de todos los errores que jalonan el camino de la ciencia lo demuestra.
Por otra parte, cuando nos consideramos a nosotros mismos como un organismo que actúa en el medio del universo, es cierto que no podemos separar la esfera de la práctica de la esfera de la verdad, pues por todo lo que hemos dicho antes, y después de todas las lecciones de la ciencia, no podemos separar la verdad de la verificación experimental. Solo son verdaderas las concepciones que tienen éxito. Pero falta saber si son verdaderas porque tienen éxito, o tienen éxito porque son verdaderas. El pragmatismo siempre se inclina a resolver la alternativa en el primer sentido. El sentido común, al parecer, solo puede resolverla en el segundo...
§ 3. INDICACIÓN INDIRECTA SOBRE LA SOLUCIÓN
DEL PROBLEMA DE LA VERDAD
[333-334] Todos los conocimientos que nos da la experiencia están ligados entre sí y se sistematizan. Pero no se sistematizan como en el racionalismo, por la fuerza de una actividad situada por encima de ellos y que les impondría sus formas. Esta concepción, al querer
¡sic!
¡ja!

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asegurar la solidez de la ciencia, conduce, al contrario, al escepticismo, pues hace del conocimiento una obra del espíritu, y este dualismo plantea inevitablemente la cuestión de si esa creación del espíritu, el conocimiento, no deforma lo dado. Aquí, por el contrario, nuestros conocimientos se sistematizan exactamente de la misma manera que nos son dados, y las relaciones de lo dado tienen el mismo valor que lo dado mismo. En realidad, lo dado inmediato y las relaciones en él contenidas constituyen un todo único y no pueden ser separados. Todos los actos de conocimiento tienen una misma naturaleza y un mismo valor...
§ 4. EL PROBLEMA DEL ERROR
[336-347] En el realismo absoluto *, en el que nos movemos hasta ahora, no parece haber lugar para el error. Pero recordemos que identificábamos experiencia y conocimiento solo en el punto de partida. Ha llegado el momento de mostrar lo que significa esta limitación.
Es un hecho establecido por la experiencia que los conocimientos de los distintos individuos no son exactamente iguales. A esto puede darse una doble explicación: o bien existen tantas realidades diferentes como individuos hay (lo cual es absurdo: caeríamos en el subjetivismo), o bien, y he aquí la alternativa a la que nos vemos forzados a adherirnos, puesto que lo dado es único y uno y lo mismo para todos, las diferencias entre los conocimientos que los individuos adquieren de él provienen de las condiciones en que se encontraban y se encuentran, en otras palabras, de ciertas relaciones individuales que existen entre ellos y lo dado, y que el análisis científico puede poner de manifiesto. Esta es la conclusión a la que nos han llevado otras consideraciones al discutir el problema de la conciencia. Hemos visto que lo dado contenía relaciones independientes del individuo cognoscente —relaciones objetivas— y relaciones por las cuales lo dado depende del organismo cognoscente —relaciones subjetivas—.
Una vez admitido esto, vemos que en la experiencia, y ya no en el punto de partida, sino a medida que la analizamos, se produce un desdoblamiento entre el factor del conocimiento y el objeto del conocimiento. Esta relación, según lo dicho
realisme absolu*
= materialismo histórico
!
NB

* - realismo absoluto. (Nota del editor.)

por nosotros, tiene el mismo valor que lo dado mismo. Se nos impone con el mismo derecho
que lo dado; de donde se desprende que la distinción entre el espíritu y el objeto no debe plantearse como algo original, sino como un producto del análisis, como dos relaciones muy generales que el análisis descubre en lo dado (W. James); y esta distinción extrae su valor del valor conferido desde el principio a la experiencia tomada en su conjunto, a la experiencia una e indivisible...
La verdad es lo objetivo. Lo objetivo es el conjunto de las relaciones que no dependen del observador. Prácticamente, es aquello que es reconocido por todos, que constituye el objeto de la experiencia universal, del asentimiento universal, entendiendo estas palabras en el sentido científico.
Al realizar el análisis de las condiciones de este asentimiento universal, al buscar tras este factor el derecho que él reclama, la causa que lo fundamenta, llegamos a esta conclusión:
la labor científica tiene por objetivo «dessubjetivar», despersonalizar la experiencia, prolongándola y continuándola metódicamente. Por consiguiente, la experiencia científica prolonga la experiencia tosca.
Y entre el hecho científico y el hecho tosco no hay diferencias de carácter.
A veces se ha dicho que la verdad científica es solo una abstracción. Por supuesto, es solo una abstracción si se considera la experiencia tosca, es decir, subjetiva e individual, pues excluye de esta experiencia todo lo que depende únicamente del individuo que conoce por medio de la experiencia. Pero esta abstracción, al contrario, tiene por objetivo reencontrar lo dado tal como es, independientemente de los individuos y circunstancias que lo alteran, descubrir lo objetivo, lo concreto por excelencia, lo real.
Sería interesante tratar de verificar esta teoría general mediante el análisis de algunos errores célebres. Por ejemplo, el sistema de Ptolomeo nos muestra la experiencia abarrotada de representaciones individuales, dependientes de las condiciones terrestres de observación astronómica: es el sistema estelar tal como se ve desde la Tierra. El sistema de Copérnico-Galileo es mucho más objetivo, pues suprime las condiciones dependientes del hecho de que el observador está situado en la Tierra. En un sentido más general, Painlevé ha hecho la observación de que la causalidad en la mecánica, en la ciencia de la época del Renacimiento y en la ciencia de nuestro tiempo, abarcaba
teoría del conocimiento
de Rey = materialismo vergonzante
NB

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las condiciones de aparición del fenómeno independientes del espacio y del tiempo. Pero ocurre que las condiciones de posición en el espacio y en el tiempo abarcan, sobre todo en mecánica, casi la totalidad de las condiciones subjetivas que ya no son suficientemente toscas como para excluirlas mediante consideraciones simplificadas.
Importante conclusión: el error no es la antítesis absoluta de la verdad. Como lo han afirmado muchísimos filósofos, no posee un carácter positivo, es más bien negativo y parcial, es en cierto sentido una verdad menor. Al despojarlo, gracias a la experiencia, de lo subjetivo que implica, llegamos gradualmente a la verdad. La verdad, en el pleno sentido de la palabra, una vez alcanzada, representa lo absoluto y el límite, pues es lo objetivo, necesario y universal. Solo que este límite está lejos de nosotros en casi todos los casos. Se nos presenta casi como un límite matemático al que nos aproximamos cada vez más, sin poder alcanzarlo nunca. Además, la historia de la ciencia nos muestra la verdad en devenir del desarrollo; la verdad no está hecha, sino que se está haciendo. Tal vez no se haga nunca, pero se irá haciendo cada vez más.
Al final, puede plantearse aún una pregunta: ¿no estamos todavía poseídos, en lugar de contentarnos con lo que es, por la misma vieja ilusión metafísica que consiste en empeñarse en saber por qué existen las cosas?
¿Por qué la experiencia tiene condiciones subjetivas? ¿Por qué su conocimiento no es para todos inmediatamente uno e idéntico? Al parecer, tenemos derecho a negarnos a responder; pero aquí, gracias a la psicología, se podría dar, según parece, una indicación positiva. Si la experiencia plena tuviera en alguna medida conocimiento de sí misma, como el dios de los panteístas, ese conocimiento sería efectivamente de manera inmediata uno e idéntico. Pero en la experiencia, tal como se nos presenta, el conocimiento de la experiencia se da fragmentariamente, y nosotros somos nosotros mismos solo para esos fragmentos de la experiencia.
verdad y error (aproximación al materialismo dialéctico)
?
jerigonza con la «experiencia» «experiencia»

La biología y la psicología nos enseñan que nos hemos formado o, mejor dicho, nos hemos ido formando en lo que somos mediante la adaptación, el equilibrio continuo con el medio. De donde se puede concluir en general que nuestro conocimiento debe, ante todo, responder a las necesidades de la vida orgánica. Además, al principio es limitado, confuso, muy subjetivo, como en la vida instintiva. Pero una vez que la conciencia ha aparecido en el juego de las energías universales, se conserva y se refuerza a causa de su utilidad práctica. Evolucionan y se desarrollan seres cada vez más complejos. La conciencia se vuelve más precisa, más definida. Deviene mente y entendimiento. Y al mismo tiempo, la adaptación a la experiencia, la correspondencia con ella, se hace más plena. La ciencia no es más que la forma superior de este proceso. Tiene derecho a esperar, incluso si nunca lo alcanza, un conocimiento que constituya ya un solo todo con lo dado, absolutamente adecuado al objeto: objetivo, necesario y universal. Teóricamente, su pretensión está justificada, porque se halla en la dirección de la evolución que ha tenido lugar hasta ahora. Prácticamente, esta pretensión, con toda probabilidad, nunca será satisfecha, pues señala el límite de la evolución, y para alcanzarlo haría falta un estado del universo completamente distinto del estado actual y una especie de identificación entre el universo y la experiencia del conocimiento...
La más artificial de todas las abstracciones es aquella que excluye de la experiencia los resultados del trabajo racional y los éxitos de la evolución.
Esta evolución se ha orientado decididamente por la práctica y hacia la práctica, pues se transmite y se efectúa gracias a la adaptación continua del ser a su medio. ¿Quién lo negaría en nuestros días? Esta es una de las victorias más decisivas del pragmatismo sobre el racionalismo desde ahora fósil. Pero no significa que lo verdadero esté determinado por la función de utilidad y éxito.
Significa, por el contrario, que lo útil, el éxito, son consecuencia de la posesión de la verdad...
l'expérience = le milieu?*

* - ¿la experiencia = el medio? (Nota del editor.)

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Para expresar con juicio y precisión las correlaciones entre práctica y verdad, habría que decir, pues, al parecer, no: es verdadero lo que tiene éxito, sino: tiene éxito lo que es verdadero, es decir, lo que es conforme a la realidad en lo tocante a la tentativa de acción. La acción directa es el resultado del conocimiento exacto de las realidades en cuyo medio se efectúa. Actuamos correctamente en la medida de nuestro conocimiento real.
§ 5. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO
Todos convendrán, supongo, en que afirmamos como verdadero y objetivo lo que no depende del coeficiente individual que se encuentra en cada individuo en el acto de conocimiento. Pero allí
donde se manifiestan divergencias, habrá que decir en qué momento desaparece el coeficiente individual. ¿Puedo yo, ante cualquier afirmación experimental, trazar una división entre lo constatado de manera universal y lo constatado solo por mí?
Hemos dicho, en sentido general, que la ciencia precisamente en todos los casos ha tratado de trazar esta división. En esencia, la ciencia no tiene otro objetivo. Podría definirse por este rasgo. Prácticamente, ya tenemos un primer modo de distinguir lo que es verdadero y objetivo de lo que es subjetivo e ilusorio. Verdadero será aquello que se obtenga mediante métodos científicos rigurosamente aplicados. A los científicos incumbe la tarea de elaborar, precisar y definir estos métodos. Este primer criterio es más riguroso que la regla demasiado vaga que hemos dado hasta ahora: el asentimiento universal. Pues el asentimiento universal podría ser solo un prejuicio universal...
Es preciso ponerse de acuerdo: la verdad que el hombre puede alcanzar es la verdad humana. Con esta palabra no queremos decir que sea relativa en el sentido escéptico de la palabra. Pero queremos decir que depende de la estructura de la especie humana y es válida solo para esta especie...
¡confunde relativa en sentido escéptico!!!

Por lo demás, hay que terminar de una vez con algunos sofismas: la verdad válida para todo el género humano, la verdad humana, es para el hombre la verdad absoluta, pues si se supone, como lo hacen los partidarios del absoluto extrahumano, que no es la impronta de la realidad, ella es, al menos para el hombre, la única traducción exacta posible, el equivalente absoluto de ella...
[351-352] Un científico moderno, Poincaré, ha afirmado... que la física nunca trata con hechos idénticos, sino simplemente con hechos muy semejantes unos a otros. En tal caso, ¿para qué nos sirve la ciencia, pues si quiere ser rigurosamente exacta, cada nuevo hecho exige una nueva ley?
Esta objeción tiene el mismo carácter que la siguiente: cada hecho abarca lo infinito.
Por consiguiente, necesitaríamos una ciencia completa para tener sobre el más mínimo objeto el más mínimo conocimiento exacto. Se resuelve de la misma manera y casi por sí sola...
En resumen, lo dado es el objeto científico, pues es susceptible de análisis, y este análisis nos descubre las condiciones de su existencia. La ciencia es digna de crédito porque todo análisis que ella efectúa nos conduce gradualmente a intuiciones experimentales que tienen el mismo valor que lo dado; de modo que la ciencia posee el mismo grado de certeza que la existencia del universo que ella explica y que mi propia existencia, también cognoscible por mí mediante la intuición experimental.
CAPÍTULO VIII
CONCLUSIÓN GENERAL: LA FILOSOFÍA DE LA EXPERIENCIA
[354-357] Hallamos sin cesar, desde el comienzo mismo del pensamiento filosófico helénico, las mismas dos o tres orientaciones generales del espíritu metafísico. Son las orientaciones según las cuales todos los manuales clasifican habitualmente todavía los sistemas filosóficos bajo los nombres de materialismo, espiritualismo e idealismo.
En esencia, si se consideran las cosas desde el punto de vista muy general en que aquí nos situamos,
¡ja!
final = materialismo vergonzante

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es decir, desde el punto de vista de la «escala particular de valores» que nos da cada una de estas orientaciones, puesto que el espiritualismo y el idealismo presentan a menudo las analogías más estrechas, puede decirse que la metafísica siempre nos ha colocado ante dos grandes escalas de valores: la escala materialista y la escala idealista-espiritualista. Estas dos escalas son mutuamente opuestas, y cada una es casi la imagen invertida de la otra.
En la escala idealista-espiritualista, en lo alto de la escalera se encuentra el espíritu; es él quien confiere sentido y valor a todo lo demás, ya sea con el idealismo, representando la única realidad, puesto que las apariencias materiales son creadas por él o existen solo para él, ya sea con el espiritualismo, presentando, por encima de la realidad material, que solo constituye su soporte o su entorno, la realidad suprema en la cual la naturaleza culmina y por la cual se explica. — En la escala materialista, por el contrario, todo proviene de la materia y todo retorna a ella. Ella es el eterno e inmutable creador de todos los espectáculos del universo, incluyendo el espectáculo de la vida y el espectáculo de la conciencia. La vida no es más que un tipo particular —entre una infinita multitud de otros— de combinaciones que el ciego azar extrae de la materia primaria. La conciencia, el pensamiento, no son más que fenómenos de la vida; el cerebro los segrega como el hígado segrega bilis...
El pensamiento o, en el peor de los casos, algo del orden de lo inmaterial y del espíritu libre son necesarios tanto como principio supremo de explicación, como comienzo esencial del ser y de la creación. Colocad el espíritu, y todo en la naturaleza se volverá comprensible. Destruidlo, y la naturaleza se volverá incomprensible. Se evaporará en la nada.
El materialismo, por el contrario, afirma —si se me permite aplicar el mismo procedimiento simplificado— que toda experiencia que nos explica un hecho psicológico lo reduce a hechos orgánicos. La materia orgánica se reduce poco a poco a la materia inorgá-
NB
¡disparate el juicio sobre el idealismo y el materialismo!
3 000 años de idealismo y materialismo

nica. La fuerza no es más que una incitación al choque; es el movimiento, compuesto con otro. Por consiguiente, en la base de las cosas no encontramos más que el movimiento tosco y ciego.
Y he aquí que pronto hará tres mil años que estos sistemas de valores son retomados en cada generación, desarrollados, a veces precisados, muy a menudo oscurecidos por las argucias de un pensamiento que de ningún modo quiere reconocerse vencido. Y nosotros casi hemos avanzado tan poco como al principio.
¿No significa esto, en tal caso, que las cuestiones debatidas por estos sistemas contradictorios son ociosas y están mal planteadas? El deseo de establecer entre las cosas una jerarquía explicativa, ¿no es un prejuicio plenamente antropomórfico? ¿Y no pertenece este prejuicio en mucho mayor grado a las aspiraciones del sentimiento individual que a la discusión racional? En esencia, estos sistemas se plantean y se contrapuntean unos a otros con fines muy distintos al conocimiento objetivo, y la preocupación por ellos no tiene nada en común con la búsqueda imparcial de la verdad. Y como no tienen relación con la discusión positiva, no nos ocupemos más de su discusión.
O me equivoco de medio a medio, o la filosofía moderna en sus corrientes vivas y poderosas, como son el positivismo y el pragmatismo, se inclina hacia esta conclusión *...
[358-362] Si por filosofía se entienden esas especulaciones que, más acá o más allá de la experiencia, buscan el principio, el fin y la naturaleza de las cosas, los fundamentos inútiles de la ciencia o de la acción, sobrecargando lo que es directamente conocido con lo incognoscible que debe justificarlo, si, en una palabra, se entienden las viejas dialécticas, ya sean racionalistas o escépticas,
¡ja!!
W. James
sobre
el pragmatismo

* W. James, al definir el pragmatismo, insiste en la idea de que es un sistema que se aparta de las explicaciones apriorísticas, de la dialéctica y de la metafísica, para volverse constantemente hacia los hechos y la experiencia.

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idealistas o materialistas, individualistas o panteístas, esos científicos, al parecer, han obtenido la victoria. Todas esas metafísicas ya solo poseen un interés estético, que, por lo demás, puede ser apasionante para quienes les tienen afición: son sueños individuales de espíritus elevados y poco prácticos...
Las ciencias se componen a la vez del conjunto de ciertos resultados experimentales y de teorías de conjunto, conjuntos que siempre son en alguna medida hipótesis. Pero estas hipótesis son necesarias para la ciencia, pues, anticipando la experiencia futura y lo desconocido, es precisamente a ellas a quienes debemos los éxitos de la ciencia. Sistematizan todo lo conocido de modo que arrojen su luz sobre lo desconocido. ¿Por qué no habría de ser la filosofía, del mismo modo, una síntesis general de todos los conocimientos científicos, un esfuerzo por representarse lo desconocido en función de lo conocido, para ayudar a su descubrimiento y sostener el espíritu científico en su orientación verdadera? Se distinguiría de la ciencia solo por la mayor generalidad de la hipótesis; la teoría filosófica, en lugar de ser la teoría de un grupo de hechos aislados y bien delimitados, sería la teoría del conjunto de los hechos que nos presenta la naturaleza, un sistema de la naturaleza, como se decía en el siglo XVIII, o bien al menos una contribución directa a una teoría de este género.
El punto de vista filosófico no se opone al punto de vista científico; se yuxtapone a él. Incluso cuando el científico pone todos sus esfuerzos en alcanzar la positividad, es filósofo, pues la positividad misma es una filosofía...
La ciencia no debe distinguirse de la filosofía ni por el objeto (es uno y el mismo: dar cuenta de la experiencia), ni por el método (debe ser el mismo, pues la disciplina científica por su propia definición es la única disciplina con la que nuestra razón podría quedar satisfecha). No, la diferencia entre ellas reside solo en los puntos de vista, y lo que distingue, y debe ser lo único que distinga, el punto de vista científico del filosófico es que este último es mucho más general y siempre se presenta un poco como una aventura. ...
[364-369] La historia nos muestra que, cuando la ciencia se aleja demasiado de las preocupaciones humanas más generales, que constituyen la esencia
¡bocazas!*
¡necio!
¡zas, zas!
¡uf!

* - blagueur (francés) — fanfarrón, embustero. (Nota del editor.)

de la mayoría de los problemas filosóficos, cuando deja a otras especulaciones o a las creencias tradicionales el peso de la respuesta a esas preocupaciones, por necesidad o por excesiva prudencia, languidece o decae. Es necesario, pues, y absolutamente necesario, que las conquistas de la ciencia y del espíritu científico sean defendidas, llegado el caso aun contra ellas mismas, de la presunción excesiva o de la aventura, cuando rebasan sus derechos. Pues la excesiva audacia —como la que nos muestran, por ejemplo, ciertas generalizaciones materialistas— no es menos peligrosa para la ciencia en los espíritus sanos y rectos que en el vulgo su temor y su espíritu apocado. Por tanto, una de las tareas esenciales de la filosofía consiste en mantener la atmósfera general necesaria para el desarrollo de la ciencia, para el mantenimiento normal y la difusión del espíritu científico...
Pero, por supuesto, la filosofía solo podrá cumplir la doble misión a la que nos parece llamada: coordinar los esfuerzos de los científicos y servir a los descubrimientos con hipótesis inspiradoras, por una parte, y por otra crear la atmósfera necesaria para el progreso de la ciencia, únicamente si aspira a ser solo una síntesis organizadora de las ciencias, consideradas y entendidas tal como las ven y entienden los científicos, en una palabra, una síntesis hecha exclusivamente en el espíritu científico.
Es grato, sin embargo, ver, en menor medida por supuesto en el pragmatismo, pero aún en medida bastante alta, que las investigaciones filosóficas actuales, rompiendo decididamente con los extravíos metafísicos del período precedente, están muy concienzudamente informadas de los trabajos científicos, se esfuerzan por conformarse a ellos y extraen de ellos su inspiración.
Es indiscutible que en nuestros días se está formando un sentimiento científico muy vivo y muy nítido, que en unos se desarrolla paralelamente al sentimiento religioso o moral y como en otro plano, donde el choque es imposible, y que en otros ha sustituido a ese sentimiento religioso y sirve a la plena satisfacción de sus necesidades. A estos, según la bella expresión de Renan, la ciencia les ha dado símbolo y ley. Han ocupado la posición verdaderamente positiva, que ha conservado del viejo racionalismo su fe inconmovible en la razón humana, recibiendo a la vez del
defensa contra el materialismo

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE A. REY «LA FILOSOFÍA MODERNA»
triunfo indiscutible del método experimental el resultado indiscutible de que la razón no es más que el esfuerzo continuo del espíritu por adaptarse a la experiencia y conocerla cada vez más profundamente, la interpenetración de la realidad objetiva y el pensamiento subjetivo.
Me parece que el porvenir de la filosofía está de este lado, pues de este lado se encuentra la verdad. Como en todas las profecías, aquí no hay más que un acto de fe. Si se cumplirá, lo dirá el porvenir. Y como es un acto de fe, considero legítimos todos los demás actos de fe, a condición de que quienes los hacen procedan igual con respecto a mí. Considero incluso una suerte que una corriente de ideas tenga ante sí el flujo de las ideas contrarias; se afina, se desarrolla, se corrige y se precisa gracias a la crítica de los adversarios.
La posición filosófica que ha sido esbozada a lo largo de estos breves ensayos podría llamarse positivismo racionalista, positivismo absoluto o cientismo. Para evitar toda ambigüedad, quizás fuera mejor llamarla experimentalismo, lo que indicaría a la vez que reposa enteramente sobre la experiencia —pero, en contraposición al viejo empirismo, sobre la experiencia controlada, fruto de la experimentación científica— y que rehúsa, en su realismo absoluto y en su monismo experimental, salir de los límites de la experiencia.
La experiencia es ante todo e inmediatamente el conjunto de nuestras sensaciones, lo que llamamos fenómenos. Pero comienza por el análisis de sí misma tan pronto como la ocupan la atención, la reflexión, pues ese conjunto de sensaciones no es más que una visión tosca y muy superficial de lo dado. Casi en seguida, en él y bajo él, se reconocen algunas de las relaciones que en él están contenidas y constituyen su verdadera esencia.
La ciencia se esfuerza por efectuar gradualmente este análisis, que penetra cada vez más hondo en la naturaleza de lo dado.
experiencia =
Σ * sensaciones
!!
positivismo, experimentalismo, realismo
= «positivismo absoluto o racionalista»

* - suma. (Nota del editor.)

Si se quiere representar lo inmediatamente dado mediante un punto, entonces, para obtener la imagen de lo real dado, es preciso representarse que ese punto no es más que la proyección de una recta que se prolonga detrás de él. Esta recta puede dividirse en varios segmentos, cada uno de los cuales abarcará, sin que haya entre ellos tabiques impermeables, familias de relaciones de las que depende lo inmediatamente dado. Cada una de estas familias estará formada en virtud de una definición que se apoyará en las afinidades naturales con que esas relaciones están unidas entre sí. Serán las relaciones de número y posición, las relaciones mecánicas, físicas, etc., y, por último, las relaciones psicológicas, definidas por su dependencia del organismo al que pertenece lo dado. Cuantos grupos de relaciones de esta índole, tantas ciencias particulares.
La filosofía, por el contrario, intenta representarse la recta en toda su longitud y en toda su continuidad. Mas la línea en su conjunto, al igual que el punto mediante el cual se proyecta, lo inmediatamente dado, al igual que las relaciones que lo completan a medida que se analiza, llevan un mismo carácter.
Son datos de la experiencia. Y su conjunto constituye una misma experiencia: la experiencia humana.
Es nuestra constitución psicológica, y no la naturaleza de las cosas, lo que distingue el mundo de la percepción, el universo de la ciencia; y esta distinción es temporal y casual.
Por tanto, la experiencia solo necesita ser explicada. Explicarla significa simplemente exponer las relaciones que ella contiene y que ella misma lleva a nuestro conocimiento, si sabemos percibir sus lecciones. Y la ciencia comienza a ocuparse de ellas. Pero, siendo toda la realidad, la experiencia no necesita justificación: existe.
Fin.
«chose en soi»? *

* - «cosa en sí»? (Nota del editor.)

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE A. REY «LA FILOSOFÍA MODERNA»
ÍNDICE
. *. *. *. *.
- § 6. Ideas del matemático Poincaré.
Poincaré
.
.
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Pág. 6-7; 28-29 = dos líneas
33 = ¿verdad = ? para el pragmatismo y 35
49 = valor objetivo de la ciencia = centro
Matemáticas y pragmatismo - 62
80: los pragmatistas arrimaban a Poincaré; y Mach 90
Rey = agnóstico puro 94 (93)
98: Mach + objetividad = ¿Rey?!
100: Conceptos = copias de la realidad
Objetividad 105
113: materialismo vulgar*
Las observaciones fueron escritas en 1909.
Publicadas por primera vez en 1933
en el libro «Cuadernos filosóficos» Se publican según el original

* Escrito por V. I. Lenin al margen del anuncio editorial de nuevos libros adjunto al libro de A. Rey. (Nota del editor.)