A. DEBORIN. «MATERIALISMO DIALÉCTICO»

[39-41] Como concepción del mundo, el materialismo dialéctico da respuesta —no absoluta, por supuesto— a la cuestión de la estructura de la materia, del mundo; sirve de base a la más brillante teoría histórica; sobre el terreno del materialismo dialéctico, la política y la moral se convierten, en cierto sentido, en ciencias exactas. El materialismo dialéctico —correctamente entendido, por supuesto— introduce en todas partes una corriente fresca de criticismo gnoseológico, siendo ajeno a todo dogmatismo.

En el presente artículo nos proponemos detener la atención del lector sólo en el aspecto gnoseológico del materialismo dialéctico, el cual, en este caso, como método, como principio rector de la investigación, no da soluciones absolutas a los problemas, sino que contribuye, ante todo, a su correcto planteamiento. El materialismo dialéctico, como teoría del conocimiento, se divide en una parte formal o lógica y una parte real o material.

Para el conocimiento primitivo, la vivencia es idéntica al objeto de la vivencia, el fenómeno al ser, a la cosa en sí. El mundo de las vivencias internas constituye para el hombre primitivo también el mundo de las cosas. Desconoce la distinción entre el mundo interior y el exterior. Esta forma primitiva de conocimiento, en una determinada etapa del desarrollo de la cultura, entra en contradicción con la aspiración del hombre social a dominar las fuerzas de la naturaleza, con la nueva etapa superior de la cultura. Con la ampliación de las necesidades humanas, con el aumento y la acumulación del material empírico, con la creciente frecuencia de las colisiones entre las percepciones y el mundo exterior, se manifiesta cada vez más...
¿para qué emplear palabras «ajenas» inexactas?
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OBSERVACIONES AL ARTÍCULO DE A. DEBORIN «MATERIALISMO DIALÉCTICO»

el contraste entre las percepciones y las cosas, entre el mundo de las vivencias internas y el mundo de las cosas. Es entonces cuando madura la necesidad de nuevas formas de conocimiento. ... Nos interesa directamente el proceso lógico que en la filosofía moderna ha llevado al materialismo dialéctico.

— El psicologismo de Hume, Berkeley y otros opera, principalmente, con el mundo psíquico-sensorial. Las imágenes sensoriales son los objetos del conocimiento. El resultado al que ha llegado el desarrollo
|del empirismo inglés| reza: Esse = percipi, — existe lo que está dado en la percepción, y todo lo que está dado en la percepción tiene ser objetivo, existe...
Kant comprendió que el conocimiento auténticamente científico sólo es posible mediante la «intuición matemática». La intuición sensorial no incluye en sí las condiciones necesarias para un conocimiento universalmente obligatorio. Las imágenes sensoriales no son capaces de abarcar todo el conjunto de los fenómenos que han de ser conocidos. Y Kant realiza el tránsito del psicologismo al transcendentalismo...
[43] La filosofía hegeliana representa el último y conclusivo eslabón de esta cadena.
Hemos visto que en Hume, Kant y Fichte el sujeto fue colocado por encima del objeto, que fue declarado algo inseparable del sujeto...
[48-58] Las categorías, es decir, los puros conceptos universales, como tiempo, espacio, causalidad, son, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, por un lado, determinaciones lógicas, y por otro lado, formas reales de las cosas...
La limitación del transcendentalismo consiste en que no extiende sus derechos a la esfera real de las cosas y considera las categorías sólo como formas subjetivas de la conciencia y, además, a priori. En cuanto a los fenómenos, el transcendentalismo los envuelve en formas categoriales, es decir, lógico-universales, que posibilitan formular leyes estrictamente matemáticas de la naturaleza, darles un carácter universal. Pero el transcendentalismo, al igual que el fenomenalismo sensualista, no tratan sino con los fenómenos. Para ellos el ser, las cosas en sí, son inaccesibles...
El materialismo dialéctico alcanza la «incondicionalidad» y la universalidad del conocimiento declarando las formas como «intuiciones» universales, objetivamente reales. Sobre esto se basa la posibilidad del conocimiento matemático o, si se quiere, «geométrico», es decir, exacto, de la realidad. El espacio «geométrico» y el «tiempo puro» son intuiciones universalmente reales
¡vaya!
?
?
y constituyen el presupuesto del conocimiento «matemático» del mundo sensorial...
Pero al mismo tiempo, la conciencia dialéctica revela la capacidad de elevarse a la «intuición» de la naturaleza como un «todo», a la intuición de la necesidad, del condicionamiento interno del orden universal de la naturaleza...
El hombre conoce en la medida en que actúa y en la medida en que él mismo está sometido a la acción del mundo exterior. El materialismo dialéctico enseña que el hombre es incitado a la reflexión principalmente por las sensaciones que experimenta en el proceso de su acción sobre el mundo exterior... El materialismo dialéctico, partiendo de la consideración de que sólo es posible dominar la naturaleza sometiéndose a ella, nos prescribe concordar nuestra actividad con las leyes universales de la naturaleza, con el necesario orden de las cosas, con las leyes universales del desarrollo del mundo...
Parménides vio, de este modo, la verdadera esencia de las cosas («lo uno») en lo que puede ser conocido por el pensamiento o la razón y que está detrás de los fenómenos cambiantes y transitorios. Con esto separó las percepciones sensoriales de su base, el mundo fenoménico del metafenomenal...
Si para los metafísicos racionalistas la verdadera realidad está dada en el concepto, para los sensualistas es real lo dado en la percepción sensorial o en la intuición. Lo que está más allá de los sentidos es inaccesible al conocimiento. El objeto del conocimiento lo constituyen los fenómenos, que son elevados a la realidad absoluta. El contenido de la conciencia empírica es cambiante y transitorio. El fenomenalismo rechaza el sustrato real de las cualidades. Está dada la diversidad, la multiplicidad de los fenómenos, pero no hay unidad sustancial...
Kant se las ingenió para combinar la tesis del fenomenalismo sobre la incognoscibilidad de las cosas en sí mismas con la tesis de los racionalistas metafísicos sobre la existencia de un ser absolutamente real, de las «cosas en sí».
Los materialistas franceses, con Holbach a la cabeza, contraponían la naturaleza, como esencia metafísica de la cosa, a sus propiedades. Esta contraposición significa, en cierto sentido, el mismo dualismo que el de la «cosa en sí» y los «fenómenos» en Kant...
Seríamos, no obstante, injustos con el materialismo francés si lo identificáramos
¡uf!
¡mentira!
con el kantismo. El materialismo del siglo XVIII reconoce, a pesar de todo, la cognoscibilidad relativa incluso de la esencia de las cosas...
El materialismo francés, partiendo de la misma consideración de que la materia actúa sobre nuestros sentidos externos, reconoce, empero, que algunas propiedades de las cosas en sí mismas son cognoscibles. Pero el materialismo francés no es suficientemente consecuente, ya que enseña que sólo son cognoscibles algunas propiedades de las cosas, mientras que su «esencia» o «naturaleza» misma está oculta para nosotros y no es plenamente cognoscible...
Esta contraposición de las propiedades de la cosa a su «naturaleza» fue tomada por Kant de los agnósticos, de los fenomenalistas-sensualistas (directamente de Hume)...
A diferencia del fenomenalismo y el sensualismo, el materialismo considera las impresiones que recibimos de las cosas en sí como poseedoras de significación objetiva. Mientras que el fenomenalismo (y el kantismo) no ve ningún punto de contacto entre las propiedades de las cosas y su «naturaleza», es decir, el mundo exterior, los materialistas franceses subrayan ya de manera determinada que las cosas en sí mismas, al menos en parte, son cognoscibles precisamente sobre la base de las impresiones que producen en nosotros, que las propiedades de las cosas son, hasta cierto punto, objetivamente reales...
[60-62] El materialismo dialéctico pone en la base del ser la sustancia material, el sustrato real. El materialismo dialéctico ha contemplado el mundo «como un proceso, como una materia que está en continuo desarrollo» (Engels). El ser inmutable e incondicional de los metafísicos se transforma en un ser cambiante. Se reconoce la realidad sustancial como cambiante; los cambios y los movimientos, como formas reales del ser. El materialismo dialéctico supera el dualismo del «ser» y el «no ser», la contraposición metafísicamente absoluta de lo «inmanente» y lo «trascendente», de las propiedades de las cosas a la cosa misma. Sobre el terreno del materialismo dialéctico se crea la posibilidad de vincular científicamente la cosa en sí con los fenómenos, lo inmanente con lo trascendente, y de superar la incognoscibilidad de las cosas en sí —por un lado—
hasta lo sumo* ¡torpe!
Esto es un embrollo
N.B.

* — hasta el extremo sumo. Ed.

y el «subjetivismo» de las cualidades —por otro lado, ya que «la naturaleza de la cosa, como observa con toda razón Plejánov, se descubre precisamente en sus propiedades». Precisamente sobre la base de las impresiones que recibimos de las cosas en sí mismas, tenemos la posibilidad de juzgar acerca de las propiedades de las cosas en sí mismas, acerca del ser objetivamente real...
Lo «inmanente» adquiere un carácter objetivamente real; lo «trascendente», que está más allá de los fenómenos en la esfera de lo «incognoscible», se convierte, de esencia misteriosa inaccesible a nuestros sentidos, en contenido «inmanente» de nuestra conciencia, en objeto de la percepción sensorial. Lo «inmanente» se vuelve «trascendente» en tanto adquiere significación objetivamente real, en tanto permite, a base de las impresiones, juzgar las propiedades de las cosas; lo «trascendente» se vuelve «inmanente» en tanto es declarado situado en la esfera de lo cognoscible, aunque más allá del sujeto. En el mismo sentido se pronuncia Beltov. «Según esta teoría —dice él—, la naturaleza es, ante todo, un conjunto de fenómenos. Pero como las cosas en sí constituyen la condición necesaria de los fenómenos, en otras palabras, como los fenómenos son suscitados por la acción del objeto sobre el sujeto, nos vemos obligados a reconocer que las leyes de la naturaleza no tienen sólo una significación subjetiva, sino también objetiva, es decir, que la relación mutua de las ideas en el sujeto corresponde —cuando el hombre no se equivoca— a la relación mutua de las cosas fuera de él»**. De esta manera se resuelve, de un modo único correcto y científico, el problema de la interrelación de los fenómenos y las cosas en sí —este importantísimo problema del conocimiento, con el que tanto batallaron Kant, los metafísicos y los fenomenalistas...
[62] La unidad del ser y el no ser es el devenir —enseña la dialéctica. Traducida al lenguaje materialista concreto, esta proposición significa que en la base de todo lo que existe está la materia, la cual se encuentra en un proceso de desarrollo ininterrumpido...
[64-65] El cuerpo, por consiguiente, no se agota en su perceptibilidad, como suponen los fenomenalistas-sensualistas,
Algunas verdades correctas están expuestas en una forma endemoniadamente rebuscada, abstrusa*.
¿Por qué Engels no escribía en ese lenguaje de jerigonza?
N.B.
N.B.

* — oscura. Ed.
** N. Beltov. «Crítica de nuestros críticos», pág. 199.

sino que existe de manera completamente independiente de nuestras percepciones, existe «para sí», como «sujeto». Pero si el cuerpo existe independientemente de nuestras percepciones, en cambio las percepciones dependen enteramente del cuerpo que actúa sobre nosotros. Sin este último no hay percepciones, ni representaciones, ni conceptos, ni ideas. Nuestro pensamiento está determinado por el ser, es decir, por las impresiones que recibimos del mundo exterior. A consecuencia de ello, también nuestras ideas y conceptos tienen una significación objetivamente real...
El cuerpo que actúa sobre nuestros sentidos es considerado como la causa de la acción que produce, es decir, de la percepción. Los fenomenalistas impugnan la posibilidad misma de semejante planteamiento del problema. El mundo exterior, opinan los inmanentistas, no sólo es inaccesible a la percepción, sino que es además impensable, si es que tal mundo existiera...
[67] Es necesario admitir también que nuestras percepciones, como resultado de la acción de dos factores —el mundo exterior y nuestra «sensorialidad»—, no son idénticas por su contenido a los objetos del mundo exterior, el cual nos es inaccesible de manera directa, inmediata*...
[69-75] La cosa en sí, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, constituye el objeto tal como existe por sí mismo, «para sí». En este sentido, Plejánov define la materia «como el conjunto de las cosas en sí, en tanto que estas cosas son la fuente de nuestras sensaciones»**. Esta cosa en sí o materia no es un concepto abstracto que está detrás de las propiedades concretas de las cosas, sino un concepto «concreto». El ser de la materia no se separa de su esencia o, a la inversa, su esencia no se separa de su ser...
Un objeto desprovisto de toda cualidad o propiedad no puede siquiera ser pensado por nosotros, no puede existir, no tiene ser alguno. El mundo exterior es construido por nosotros a base de nuestras percepciones, sobre la base de las impresiones que son provocadas en nosotros por el mundo exterior, por los objetos en sí mismos... Entre el mundo exterior y el interior existe una conocida diferencia, pero también una semejanza determinada, de modo que al conocimiento
*
N.B.
!
? N.B.
??

* Esta señal indica que las palabras «directa, inmediata» deberían permutarse. Ed.
** «Das Bild dieses Seins außer dem Denken ist die Materie, das Substrat der Realität!», L. Feuerbach. «Werke», Bd. 2, S. 289.

del mundo exterior llegamos sobre la base de las impresiones, pero precisamente de las impresiones provocadas por los objetos del mundo exterior. A base de las impresiones recibidas por la acción del objeto sobre nosotros, nosotros atribuimos a éste determinadas propiedades. La impresión es la resultante de dos factores y como tal está inevitablemente condicionada por la naturaleza de estos dos factores y encierra algo que constituye la naturaleza de uno y otro factor, algo que les es común...
Sólo sobre el terreno del materialismo dialéctico, con su reconocimiento del mundo exterior, resulta posible construir una teoría del conocimiento puramente científica. Quien rechaza el mundo exterior, rechaza también la causa de nuestras sensaciones y cae en el idealismo. Pero el mundo exterior constituye también el principio de la regularidad. Y si en nuestras percepciones tenemos ante nosotros una concatenación determinada y ordenada de las mismas, esto ocurre sólo porque la causa de nuestras sensaciones, es decir, el mundo exterior, constituye la base de esta concatenación regular...
Sin la posibilidad de previsión no hay posibilidad de conocer científicamente los fenómenos de la naturaleza y la vida humana. ... Pero los objetos del mundo exterior se hallan en una relación de conexión causal no sólo respecto a nosotros, sino también entre sí, es decir, entre los propios objetos del mundo exterior existe una interacción determinada, cuyo conocimiento permite a su vez prever y predecir no sólo la acción de los objetos sobre nosotros, sino también sus relaciones y acciones objetivas, independientes de nosotros, es decir, las propiedades objetivas de las cosas...
El materialismo dialéctico no prejuzga en absoluto la cuestión de la estructura de la materia en el sentido de un reconocimiento obligado de la teoría atomística, o corpuscular, o de alguna tercera hipótesis. Y si triunfan nuevas teorías sobre la estructura de los átomos, el materialismo dialéctico no sólo no sufrirá un descalabro, sino que, por el contrario, recibirá su más brillante confirmación. ¿En qué consiste, realmente, la esencia de la nueva corriente en el campo de las ciencias naturales? Ante todo, en que el átomo, que los físicos consideraban inmutable y lo más simple, es decir, elemental e indescomponible,
¡palabra torpe y ridícula!
¡Ajá!
Plejánov guarda silencio sobre esta «nueva corriente», no la conoce.

como un «cuerpo», resulta compuesto de unidades o partículas aún más elementales. Se supone que en los electrones tenemos ante nosotros los últimos elementos del ser. Pero ¿acaso el materialismo dialéctico afirma que el átomo es la frontera absoluta del ser?...
Sería erróneo pensar, como nuestros machistas, que con el reconocimiento de la teoría electrónica se derrumba la materia como realidad, y con esta última, también el materialismo dialéctico, que considera a la materia como la única realidad y como el único instrumento válido para la sistematización de la experiencia... Si todos los átomos se componen de electrones, es ésta una cuestión no resuelta, una hipótesis que puede que no se confirme. Pero, aparte de esto, ¿acaso la teoría electrónica elimina el átomo?; ella únicamente demuestra que el átomo es relativamente estable, indivisible e inmutable... Pero la teoría electrónica no elimina el átomo como sustrato real...
Resumamos. Desde el punto de vista formal, el materialismo dialéctico, como hemos visto, posibilita un conocimiento universalmente válido y objetivo gracias a que las formas del ser son, desde su punto de vista, también formas del pensamiento, que a cada cambio en el mundo objetivo corresponde un cambio en la esfera de las percepciones. En lo que respecta al momento material, el materialismo dialéctico parte del reconocimiento de las cosas en sí, o del mundo exterior, o de la materia. Las «cosas en sí» son cognoscibles. Lo incondicional y lo absoluto son rechazados por el materialismo dialéctico. Todo en la naturaleza se halla en un proceso de cambio y movimiento, en cuya base se encuentran determinadas combinaciones de la materia. Un «tipo» de ser se transforma, de acuerdo con la dialéctica, en otro mediante saltos. Las novísimas teorías físicas no sólo no refutan, sino que, por el contrario, confirman plenamente la justeza del materialismo dialéctico.

Deborin no lo expone con claridad.
¡Correcto!
¡Término estúpido!

Las observaciones fueron escritas no antes de 1909.
Publicadas en parte en 1930
en el Recopilador leninista XII
Íntegramente por primera vez en 1958 en la 4ª edición de las Obras
de V. I. Lenin, tomo 38 Se publican según el original