La situación política actual se caracteriza por los siguientes rasgos:

a) La vieja autocracia feudal se desarrolla transformándose en una monarquía burguesa que encubre el absolutismo con formas pseudoconstitucionales. El golpe de Estado del 3 de junio y la institución de la III Duma consolidaron y reconocieron abiertamente la alianza del zarismo con los terratenientes de las Centurias Negras y las altas capas de la burguesía comercial e industrial. Habiendo emprendido definitivamente, por necesidad, la vía del desarrollo capitalista de Rusia y esforzándose por mantener precisamente una vía que conserve a los terratenientes feudales su poder y sus ingresos, la autocracia maniobra entre esta clase y los representantes del capital. Sus pequeñas rencillas se utilizan para sostener el absolutismo que, junto con estas clases, libra una furiosa lucha contrarrevolucionaria contra el proletariado socialista y el campesinado democrático, que demostraron su fuerza en la reciente lucha de masas.

b) La política agraria del zarismo actual se distingue por el mismo carácter bonapartista burgués. Ha perdido toda fe en la ingenua devoción de la masa campesina a la monarquía. Busca la alianza con los campesinos ricos, entregándoles la aldea al saqueo. La autocracia realiza esfuerzos convulsivos para demoler cuanto antes toda la propiedad comunal de la tierra y consolidar exclusivamente la propiedad privada de la tierra. Tal política agudiza cien veces todas las contradicciones del capitalismo en la aldea y acelera la división de la aldea en una ínfima minoría de reaccionarios y una masa revolucionaria proletaria y semiproletaria.

c) La burguesía liberal, encabezada por el partido de los kadetes, que emprendió el camino contrarrevolucionario ya en los primeros grandes movimientos de masas de la revolución, continúa por esa vía, acercándose aún más a los octubristas y, con su agitación zarista-nacionalista —que expresa el crecimiento de la autoconciencia de la burguesía como clase—, sirve de hecho al absolutismo y a los terratenientes feudales.

d) Las masas campesinas, como lo muestra incluso su representación oprimida y falseada en la III Duma, continúan —a pesar de todas las persecuciones contra los elementos democráticos de la aldea— permaneciendo, con todas sus vacilaciones, del lado de la revolución democrático-agraria, que, al suprimir por completo la propiedad terrateniente de la tierra, garantizaría el desarrollo más rápido, amplio y libre de las fuerzas productivas en la Rusia capitalista. La ley del 9 de noviembre solo acelera la división de las masas campesinas en fuerzas irreconciliablemente hostiles y conscientemente políticas.

e) Sobre el proletariado se han abatido y se abaten la mayor parte de los golpes, tanto por parte de la autocracia como del capital, que se unifica y avanza rápidamente. A pesar de ello, el proletariado conserva, en comparación con las demás clases, la mayor cohesión y la mayor fidelidad a su partido de clase, con el cual lo fusionó la revolución. El proletariado prosigue la lucha por sus intereses de clase y profundiza su conciencia de clase socialista, siendo la única clase capaz de dirigir consecuentemente una nueva lucha revolucionaria.

f) En general y en conjunto, es indudable que las tareas objetivas de la revolución democrático-burguesa en Rusia siguen sin resolverse. La persistente crisis económica, el desempleo y las hambrunas demuestran que la política novísima de la autocracia no puede garantizar las condiciones del desarrollo capitalista de Rusia. Esta política conduce inevitablemente a la profundización del conflicto entre las masas democráticas y las clases dominantes, al crecimiento del descontento en nuevas capas de la población, a la agudización y profundización de la lucha política de las distintas clases. En semejante situación económica y política, una nueva crisis revolucionaria madura de manera inevitable.

g) El agravamiento general en el mercado mundial, explicado principalmente por los cambios de la situación industrial de Europa Occidental en dirección a la crisis, que pasó en 1908 a la forma de depresión, y por los movimientos revolucionarios en Oriente, que señalan la creación de Estados capitalistas nacionales, intensifica la competencia, conduce a la multiplicación de los choques internacionales, agudizando con ello la contradicción de clase entre la burguesía y el proletariado y haciendo la situación internacional general cada vez más revolucionaria.

Partiendo de este estado de cosas, la Conferencia de toda Rusia del POSDR reconoce que las tareas fundamentales del partido en el momento actual son las siguientes:

1) Explicar a las amplias masas del pueblo el sentido y la significación de la política novísima de la autocracia y el papel del proletariado socialista, el cual, llevando a cabo una política de clase independiente, debe dirigir al campesinado democrático en la política actual y en la lucha revolucionaria futura.

2) El estudio integral y la amplia popularización de la experiencia de la lucha de masas en 1905-1907, que ha proporcionado lecciones insustituibles de táctica socialdemócrata revolucionaria.

3) El fortalecimiento del POSDR, tal como se formó en la época revolucionaria; el mantenimiento de las tradiciones de su lucha irreconciliable tanto contra la autocracia y las clases reaccionarias como contra el liberalismo burgués; la lucha contra las desviaciones del marxismo revolucionario, contra la mutilación de las consignas del POSDR y contra los intentos de liquidar la organización ilegal del POSDR, que se manifiestan entre algunos elementos del partido que han cedido a la influencia de la descomposición.

Es necesario tener en cuenta que solo contribuyendo al proceso, ya claramente perfilado, del paso de las funciones del partido a manos de los propios obreros socialdemócratas, solo creando y fortaleciendo las organizaciones ilegales del partido, se puede encauzar al partido por la vía de su desarrollo correcto.

4) La contribución integral a la lucha económica de la clase obrera, de acuerdo con las resoluciones de los congresos de Londres y Stuttgart.

5) La utilización de la Duma y de la tribuna de la Duma para la propaganda y agitación socialdemócrata revolucionaria.

6) La tarea del día es ante todo la prolongada labor de educación, organización y cohesión de las masas conscientes del proletariado. Luego, supeditada a esta tarea, es necesaria la extensión del trabajo de organización al campesinado y al ejército, sobre todo en forma de propaganda y agitación escrita, debiendo prestarse la atención principal a la educación socialista de los elementos proletarios y semiproletarios en el campesinado y en el ejército.

Presentado el 23 de diciembre de 1908 (5 de enero de 1909).

Publicado por primera vez en 1929-1930 en las 2ª y 3ª ediciones de las Obras de V. I. Lenin, tomo XIV.

Se publica según el texto escrito por una mano desconocida (copia hectográfica).