Las últimas observaciones sobre las deficiencias de la resolución del Pleno deben referirse a las palabras introductorias del primer punto, que rezan: «En desarrollo de las tesis fundamentales de las resoluciones de la Conferencia del Partido de 1908, el CC resuelve...» Esta formulación es resultado de una concesión a los mencheviques, y en esta circunstancia es tanto más necesario detenerse cuanto que aquí tenemos de nuevo un ejemplo de una actitud escandalosamente desleal hacia la concesión o de una escandalosa incapacidad para comprender el significado de las definiciones partidarias de la táctica.

En el proyecto de resolución, aprobado por la mayoría de la comisión y que, por consiguiente, tenía asegurada la mayoría de votos en el Pleno, constaba: «confirmando las resoluciones de diciembre de 1908 y desarrollándolas...». También aquí los mencheviques plantearon una exigencia de concesión a modo de ultimátum, negándose a votar la resolución en su conjunto si quedaban las palabras «confirmando», pues consideran que las resoluciones de diciembre de 1908 son el colmo del «fraccionalismo». Hicimos la concesión exigida, sin negarnos a votar la resolución sin las palabras de confirmación. En absoluto me inclinaría a lamentar esta concesión si hubiera alcanzado su objetivo, es decir, si hubiera encontrado esa actitud leal de los mencheviques hacia la decisión del partido sin la cual es imposible el trabajo conjunto. Nuestro partido no tiene otra definición de las tareas fundamentales de su táctica, organización y trabajo en la Duma en la época de la III Duma que las resoluciones de diciembre de 1908. Sin negar que en aquel tiempo la lucha fraccional era muy intensa, no nos empeñaremos en tal o cual palabra dura de aquellas resoluciones dirigidas contra los liquidacionistas. Pero en sus tesis fundamentales insistimos de modo incondicional, pues hablar del partido, del espíritu de partido, de la organización del partido sería lanzar en vano grandes palabras si desecháramos la única respuesta, dada por el partido y confirmada por un año de trabajo, a las cuestiones más importantes y cardinales, sin cuya respuesta no se puede dar un paso ni en la propaganda, ni en la agitación, ni en la organización. Estamos plenamente dispuestos a reconocer la necesidad de trabajar en común en la corrección de estas resoluciones, de revisarlas de acuerdo con la crítica de los camaradas de todas las fracciones y de los mencheviques del partido, incluidos, por supuesto; sabemos que algunas tesis de estas resoluciones seguirán siendo, probablemente bastante tiempo, discutibles en el partido y que en el futuro próximo no se conseguirá decidirlas más que por mayoría de votos. Pero, mientras no se emprenda y no concluya esta revisión, mientras el partido no dé una nueva respuesta a la cuestión de la valoración de la época de la tercera Duma y de las tareas que de ella se derivan, exigimos de modo incondicional que todos los socialdemócratas del partido, cualesquiera que sean sus puntos de vista, en su acción se guíen precisamente por estas resoluciones.

Parecería que esto es el abecé del espíritu de partido. Parecería que no pudiera existir otra actitud hacia las decisiones del partido. Pero el giro hacia el liquidacionismo que dio «Golos» después del Pleno le llevó también en esta cuestión a aprovechar la concesión de la mayoría del partido no para pasar a una posición leal de partido, sino para declarar inmediatamente su descontento con el alcance de la concesión. (Los golosistas olvidaron tan sólo, al parecer, que quien primero levantó una discusión en torno a la resolución de compromiso aprobada por unanimidad, manifestando descontento con ella y reclamando nuevas concesiones, nuevas correcciones, con ello mismo dio a la otra parte el derecho a exigir correcciones en otro sentido. Y de este derecho nos valdremos, naturalmente.)

El artículo de fondo de «Golos» nº 19–20, ya citado por mí, sobre los resultados del Pleno declara de inmediato que las palabras introductorias a la resolución son un compromiso. Esto es verdad, que se convierte en mentira al silenciar que el compromiso, fruto del ultimátum de los mencheviques, fue la renuncia de la mayoría del CC a la confirmación directa de *todas* las resoluciones de diciembre de 1908, ¡y no sólo de sus tesis fundamentales!

«Desde nuestro punto de vista —continúa «Golos»—, esta frase casa muy mal con el contenido inequívoco de los puntos más importantes de la resolución, marca cierto viraje en el desarrollo del partido; sin embargo, por supuesto, se halla en una sucesiva vinculación con todo el pasado de la socialdemocracia rusa, pero lo que menos» (!!) «se vincula es precisamente con la “herencia de Londres”{108}. No obstante, seríamos unos doctrinarios incorregibles si pensáramos que de un solo golpe se puede alcanzar la unanimidad de pensamiento absoluta en nuestro partido, si sacrificásemos un gran paso adelante en el movimiento en aras del localismo» (!!). «La corrección de estos errores de la resolución podemos dejársela a los historiadores».

Esto suena como si los golosistas que estuvieron en el Pleno hubieran recibido una reprimenda por su «transigencia con los bolcheviques» de parte de sus legalistas rusos, como Potrésov y Cía., o de los redactores de «Golos» que no estuvieron en el Pleno, y como si se disculparan ante ellos. ¡Nosotros no somos doctrinarios, que los historiadores corrijan los errores de la resolución!

Osmémonos a señalar, ante esta magnífica declaración, que los socialdemócratas de partido elaboran resoluciones no para los historiadores, sino para guiarse en la práctica con estas resoluciones en su trabajo de propaganda, agitación y organización. El partido no tiene otra definición de las tareas de este trabajo para la época de la III Duma. Para los liquidacionistas, las resoluciones del partido, desde luego, son un cero, pues para ellos todo el partido es un cero, para ellos también todo el partido (y no sólo sus resoluciones) solo pueden ocupar con provecho y con interés los «historiadores». Pero los bolcheviques no quieren ni trabajarán con los liquidacionistas en una misma organización, como tampoco los mencheviques del partido. A los liquidacionistas les pediremos que se vayan con los bezgolovtsi{109} o con los enéses{110}.

Si los golosistas tuvieran una actitud leal hacia el partido, si en la práctica tuvieran en cuenta al partido y no a Potrésov y Cía., a la organización de socialdemócratas revolucionarios y no al círculo de literatos legalistas, habrían expresado de otro modo su descontento con las resoluciones de diciembre de 1908. Precisamente ahora, después del Pleno, habrían abandonado las risitas desdeñosas, impropias –sólo propias de los kadetes–, a costa de unas «decisiones» «clandestinas» de no sé qué. Habrían emprendido un análisis práctico de estas decisiones y su corrección, de acuerdo con su propio punto de vista, de acuerdo con su opinión sobre la experiencia de 1907–1910. Esto sí sería un trabajo por la unificación real del partido, por el acercamiento en una misma línea de actividad socialdemócrata. Al renunciar a esto, los golosistas en la práctica cumplen precisamente el programa de los liquidacionistas. En efecto, ¿cuál es el programa de los liquidacionistas en esta cuestión? Su programa consiste en ignorar las decisiones del partido, supuestamente clandestino, condenado a perecer, etc., contrapone a las decisiones del partido el «trabajo» informe de francotiradores que se autodenominan socialdemócratas y que se han instalado, entremezclados con liberales, populistas y bezaglavtsi, en distintas revistillas legales, sociedades legales, etc. No hace falta ninguna resolución, ninguna «valoración del momento», ninguna definición de nuestros objetivos inmediatos de lucha ni de nuestra actitud hacia los partidos burgueses; a todo esto nosotros lo llamamos (¡siguiendo a Miliukov!) «dictadura de círculos clandestinos cerrados» (sin advertir que, con nuestro amorfismo, con nuestra desorganización, con nuestra dispersión, ¡entregamos de hecho la «dictadura» a los círculos liberales!).

Sí, sí, es indudable que los liquidacionistas no pueden exigir otra cosa de los golosistas en la cuestión de la actitud hacia las resoluciones del partido que la burla despectiva y su ignorancia.

No se puede analizar seriamente la tesis de que la resolución del CC sobre la situación del partido en 1909–1910 está «lo que menos» vinculada con la herencia de Londres, porque el absurdo de esta tesis salta a la vista. Se mofan del partido diciendo: ¡estamos dispuestos a tener en cuenta «todo su pasado», pero no el pasado que está directamente vinculado con el presente, ni el presente! En otras palabras: estamos dispuestos a tener en cuenta lo que no determina nuestra conducta actual. Estamos dispuestos (en 1910) a tener en cuenta «todo el pasado» de la socialdemocracia, salvo aquel pasado que contiene decisiones sobre el partido de los kadetes de la época de 1907–1908–1909, sobre los partidos laboristas de la época de 1907–1908–1909, sobre las tareas de la lucha de la época de 1907–1908–1909. Estamos dispuestos a tenerlo todo en cuenta, menos aquello que hay que tener en cuenta para ser ahora un miembro del partido en los hechos, para llevar a cabo un trabajo de partido, para aplicar la táctica del partido, para orientar de modo partidario la actividad socialdemócrata en la tercera Duma. Del Bund hay que decir que en su órgano da cabida a burlas liquidacionistas similares contra la herencia de Londres en el artículo del camarada Iónov (p. 22). «Háganme el favor —escribe Iónov—, ¿qué relación guardan las resoluciones del Congreso de Londres con el momento actual y las cuestiones que figuran ahora en el orden del día? Me atrevo a esperar que ni el camarada Lenin con todos sus afines lo saben.»

¡Pues sí, cómo voy a saber yo cosa tan complicada! ¡Cómo voy a saber yo que no se ha producido ningún cambio sustancial en las agrupaciones fundamentales de los partidos burgueses (centurias negras, octubristas, kadetes, populistas), en su composición de clase, en su política, en su actitud hacia el proletariado y hacia la revolución desde la primavera de 1907 hasta la primavera de 1910! ¡Cómo voy a saber yo que los pequeños cambios parciales que se pueden y vale la pena señalar en este terreno están indicados en las resoluciones de diciembre de 1908! ¡Cómo voy a saber yo todo esto!

Para Iónov, todo esto, por lo visto, no guarda relación con el momento actual ni con las cuestiones que figuran en el orden del día. Para él, esto es superfluo, una especie de definición partidaria de la táctica respecto a los partidos no proletarios. ¿Para qué cargarse? ¿No es más sencillo tachar ese afán de elaborar una definición partidaria de la táctica proletaria de «protección reforzada» y cosas por el estilo? ¿No es más sencillo convertir a los socialdemócratas en francotiradores, en salvajes que «libremente», sin ninguna «protección reforzada», resolverán las cuestiones del orden del día: hoy junto con los liberales en la revista «Nashí Pomói», mañana con los bezgolovtsi en un congreso de parásitos de la literatura, pasado mañana con los possianistas en una cooperativa{111}? Sólo que... sólo que, querida mariquita, ¿en qué se diferenciará esto de lo que persiguen los legalistas-liquidacionistas? ¡En exactamente nada!

Los socialdemócratas de partido que estén descontentos con las decisiones de Londres o con las resoluciones de diciembre de 1908 y que quieran trabajar en el partido, de modo partidario, criticarán estas resoluciones en la prensa del partido, propondrán enmiendas, convencerán a los camaradas, conquistarán para sí la mayoría en el partido. Podemos no estar de acuerdo con esas personas, pero su actitud hacia la causa será de partido; no ayudarán a la dispersión, como hacen Iónov, «Golos» y Cía.

Miren al señor Potrésov.

Este «socialdemócrata», que demuestra al público su independencia del partido socialdemócrata, exclama en «Nashá Zariá» nº 2, pág. 59: «¡Y cuántas son esas cuestiones sin cuya solución es imposible dar un paso, sin las que el marxismo ruso no puede ser una corriente ideológica que absorba de verdad toda la energía y la fuerza» (¿no se podría con menos frases, querido señor independiente!) «de la conciencia revolucionaria de la época! Cómo va el desarrollo económico de Rusia, qué desplazamientos de fuerzas produce en sordina la reacción, qué sucede en el campo y en la ciudad, qué cambios introduce ese desarrollo en la composición social de la clase obrera de Rusia, etc., etc. ¿Dónde están las respuestas o el inicio de respuesta a estas preguntas, dónde está la escuela económica del marxismo ruso? ¿Y qué ha sido de la labor política de pensamiento de la que antaño vivió el menchevismo? De sus búsquedas organizativas, de su análisis del pasado, de su valoración del presente?».

Si ese independiente no lanzara al viento frases forzadas, sino que pensara de verdad sobre lo que dice, vería una cosa muy sencilla. Si realmente es imposible dar un paso como marxista revolucionario sin resolver estas cuestiones (y esto es cierto), entonces su solución –no en el sentido de plenitud científica, de investigaciones científicas, sino en el sentido de determinar qué pasos y cómo hay que dar– debe ocuparse el partido socialdemócrata. Porque el «marxismo revolucionario» fuera del partido socialdemócrata es simplemente una frase de salón de un charlatán legalista, que quiere a veces vanagloriarse de que «nosotros también» somos casi socialdemócratas. El partido socialdemócrata ha dado un inicio de respuesta a las cuestiones señaladas, y lo ha dado precisamente en las resoluciones de diciembre de 1908.

Los independientes se las han arreglado con bastante astucia: en la prensa legal se golpean el pecho y preguntan: «¿dónde está el inicio de respuesta entre los marxistas revolucionarios?». Los independientes saben que en la prensa legal no se les puede responder. Y en la prensa ilegal, los amigos de estos independientes (los golosistas) desechan desdeñosamente la respuesta a las cuestiones «sin cuya solución es imposible dar un paso». Se consigue todo lo que necesitan los independientes (es decir, los renegados del socialismo) en todo el mundo: una frase sonora está presente, la independencia de hecho respecto al socialismo y al partido socialdemócrata también está presente.