El domingo 11 de octubre (nuevo estilo) se celebró en Bruselas la primera reunión del Buró Socialista Internacional tras el Congreso de Stuttgart. El congreso de representantes de distintos partidos socialistas fue aprovechado como un momento oportuno para las conferencias de periodistas socialistas y parlamentarios. La primera conferencia se celebró la víspera de la reunión del Buró, la segunda al día siguiente de la reunión, siendo necesario señalar que la composición de ambas conferencias casi no se diferenciaba de la del Buró: la mayoría de los miembros del Buró eran a la vez periodistas y parlamentarios. Sólo unos cuantos diputados socialistas belgas completaron la composición de la conferencia el lunes 12 de octubre.

La conferencia de periodistas se celebró el sábado a las 3 de la tarde. Se debatió la cuestión de regular y desarrollar las relaciones entre los órganos periódicos de los distintos partidos socialistas. Los belgas elaboraron una lista de corresponsales de entre los miembros de su partido, dispuestos a facilitar informaciones a los órganos de otros partidos sobre unos u otros temas (principalmente). Se expresó el deseo de que otras partidos elaboraran listas semejantes, señalándose la necesidad de indicar qué idiomas domina el corresponsal. Los boletines en el extranjero del partido socialista revolucionario («Russkaya Tribuna» en francés) y del socialdemócrata (en alemán) fueron señalados como publicaciones particularmente útiles para nuestros camaradas extranjeros{108}. Se indicó asimismo que para aquellos países donde existen distintos partidos socialistas o distintas tendencias en un mismo partido, es necesario indicar en las listas de corresponsales la pertenencia a uno u otro partido, etc. A los socialdemócratas rusos residentes en el extranjero les convendría aprovechar esta conferencia internacional para organizar de manera más adecuada la correspondencia a los órganos socialistas extranjeros.

La conferencia adoptó la decisión de que el Buró Socialista Internacional se pondrá en comunicación con aquellas naciones que no tengan periódicos socialistas diarios, respecto a la publicación de boletines regulares (en uno de los tres idiomas oficiales de la Internacional, o en los tres: francés, alemán, inglés). A continuación, el Buró preguntará a las redacciones de los periódicos socialistas diarios de los distintos países qué suma estarían dispuestas a pagar por la recepción regular de dichos boletines.

A esta decisión debe prestar especial atención el Buró en el Extranjero del Comité Central{109} de nuestro partido. La labor de informar a nuestros camaradas extranjeros sobre la socialdemocracia rusa dista mucho de ser satisfactoria, y la cuestión de regularizar este asunto, de editar un boletín del partido en tres idiomas en el extranjero, debería ser discutida seriamente de inmediato y hacer todo lo posible por llevar a la práctica ese plan.

A continuación, se discutió la propuesta del secretario del Buró, C. Huysmans, de que los socialdemócratas alemanes, que disponen de 70 órganos diarios del partido, tomasen la iniciativa de crear una oficina internacional de comunicaciones telegráficas y telefónicas entre las redacciones de los periódicos socialistas en Berlín, Viena, París, Bruselas, etc. Los delegados alemanes reconocieron que la realización inmediata de este plan era imposible, pero señalaron que recientemente se había creado en Alemania una oficina central de información del Partido Socialdemócrata Obrero Alemán y que, con el tiempo, cuando este servicio se afiance, se podrá pensar en convertirlo en internacional. La conferencia se dio por satisfecha con esta promesa, y la sesión se clausuró tras decidir que en adelante las reuniones del Buró Socialista Internacional se celebraran conjuntamente con las conferencias de periodistas socialistas de los distintos países.

Por la tarde, en la «Maison du Peuple»[42] tuvo lugar un mitin internacional en el que intervinieron delegados austriacos, alemanes, ingleses, turco y búlgaro, principalmente sobre el tema de los conflictos internacionales y la lucha del proletariado socialista de todos los países por la preservación de la paz. El mitin concluyó con la aprobación por unanimidad de una resolución del siguiente tenor: «El mitin internacional, reunido el 10 de octubre (n. s.) en la "Maison du Peuple", reafirma una vez más la enérgica decisión del proletariado mundial de defender la paz entre las naciones y luchar con todas sus fuerzas contra el militarismo capitalista, que arruina y oprime a todos los pueblos. El mitin expresa la certeza de que las distintas secciones nacionales de la Internacional Obrera aplicarán plenamente la resolución adoptada sobre esta cuestión por el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart.» La reunión se disolvió al canto de «La Internacional».

El día siguiente se dedicó enteramente a la reunión del Buró Socialista Internacional. El primer punto del orden del día —sobre la admisión del «Partido Laborista» inglés (Labour Party){110}— ocupó toda la sesión de la mañana. La cuestión reside en que, según los estatutos de la Internacional, pueden ser miembros de la misma, en primer lugar, los partidos socialistas que reconozcan la lucha de clases, y, en segundo lugar, las organizaciones obreras que se sitúen en el punto de vista de la lucha de clases (es decir, los sindicatos). El «Partido Laborista», formado recientemente en la Cámara de los Comunes inglesa, no se denomina abiertamente socialista y no reconoce de manera decidida y clara el principio de la lucha de clases (cosa que, dicho sea entre paréntesis, exigen de este partido los socialdemócratas ingleses). Pero es evidente que, tanto en la Internacional en general como en el Congreso Socialista de Stuttgart en particular, este «Partido Laborista» fue admitido, pues, en esencia, dicho partido es una organización de tipo mixto, que se sitúa entre los dos tipos definidos en los puntos 1 y 2 de los estatutos de la Internacional, y que constituye la representación política de las trade unions inglesas. No obstante, la cuestión de la admisión de este partido fue planteada, y lo fue por él mismo a través de la llamada «Partido Laborista Independiente» (Independent Labour Party, I.L.P., como dicen los ingleses), que constituye una de las dos subsecciones de la sección británica de la Internacional. La otra subsección la constituye la «Federación Socialdemócrata».

El «Partido Laborista Independiente» exigía el reconocimiento directo de que el «Partido Laborista» forma parte de la Internacional. Su delegado, Bruce Glasier, insistió en la enorme importancia de esta representación parlamentaria de cientos de miles de obreros organizados, que marchan hacia el socialismo de manera cada vez más decidida. Se expresó con gran desdén acerca de los principios, las fórmulas y el catecismo. Kautsky le respondió, desmarcándose de esa valoración despectiva de los principios y del objetivo final del socialismo, pero pronunciándose plenamente a favor de la admisión del «Partido Laborista», por cuanto libra la lucha de clases en la práctica. Kautsky propuso una resolución del siguiente tenor:

«Tomando en consideración las resoluciones anteriores de los congresos internacionales, que admiten a todas las organizaciones que se sitúan en el terreno de la lucha de clases proletaria y reconocen la lucha política, el Buró Internacional declara que el ‘Partido Laborista’ inglés es admitido a los congresos socialistas internacionales, pues, aun sin reconocer expresamente (ausdrücklich) la lucha de clases proletaria, la lleva a cabo en la práctica y se sitúa en su terreno por su propia organización, que es independiente de los partidos burgueses.»

Con Kautsky estuvieron los austriacos, de entre los franceses Vaillant y, como demostró la votación, la mayoría de las pequeñas naciones. Se opusieron, ante todo, Hyndman, representante de la «Federación Socialdemócrata» inglesa, que exigió que la situación se mantuviera como antes hasta que el «Partido Laborista» no reconociera expresamente el principio de la lucha de clases y del socialismo; luego Roussel (guesdista, que era la segunda delegada francesa), Rubanovich, del partido socialista revolucionario, y Avramov, delegado de la fracción revolucionaria de los socialistas búlgaros.

Tomé la palabra para sumarme a la primera parte de la resolución de Kautsky. Es imposible negar la admisión al «Partido Laborista», es decir, a la representación parlamentaria de las trade unions, una vez que los congresos han admitido anteriormente a todas las trade unions en general, incluso a aquellas que habían transferido su representación a parlamentarios burgueses. Pero la segunda parte de la resolución de Kautsky es incorrecta, dije, pues en realidad el «Partido Laborista» no es verdaderamente independiente de los liberales y no practica una política de clase plenamente autónoma. Propuse, por tanto, una enmienda: decir al final de la resolución, a partir de las palabras «pues»... —

«puesto que ella (el "Partido Laborista") representa el primer paso de las organizaciones realmente proletarias de Inglaterra hacia una política de clase consciente y hacia un partido obrero socialista». Esta enmienda fue presentada por mí a la Mesa. Kautsky no aceptó mi enmienda, declarando en su siguiente intervención que la Mesa Internacional no puede tomar decisiones basándose en «expectativas». Pero la lucha principal se desarrolló entre los partidarios y los adversarios de la resolución de Kautsky en su conjunto. En la votación, Adler propuso dividirla en dos partes, y ambas fueron aprobadas por la Mesa Internacional, la primera con 3 votos en contra y 1 abstención, la segunda con 4 votos en contra y 1 abstención. La resolución de Kautsky se convirtió así en decisión de la Mesa. Rubanovich se abstuvo en ambas votaciones. Señalaré también que Victor Adler, hablando después de mí y antes del segundo discurso de Kautsky, me objetó de la siguiente manera: – cito según el informe del órgano socialista belga «Le Peuple», que ofrecía los informes más detallados y precisos de las sesiones – «la propuesta de Lenin es seductora (séduisante, Adler dijo: verlockend, tentadora), pero no puede hacernos olvidar el hecho de que el "Partido Laborista" se ha situado al margen de los partidos burgueses. No nos corresponde juzgar cómo lo ha hecho. Reconozcamos el hecho del progreso».

Tales fueron los debates en la Mesa Internacional sobre la cuestión examinada. Me permitiré ahora detenerme más detalladamente en estos debates para explicar la posición que adopté a los lectores de «Proletari». Los argumentos de V. Adler y K. Kautsky no me convencieron, y sigo considerándolos incorrectos. Al decir en su resolución que el «Partido Laborista» «no reconoce directamente la lucha de clases proletaria», Kautsky emitió sin duda una cierta «expectativa», un cierto «juicio» sobre cuál es la política del «Partido Laborista» ahora y cuál debería ser. Pero Kautsky lo expresó indirectamente, y además de tal manera que resultó una afirmación, en primer lugar, incorrecta en esencia y, en segundo lugar, que da pie a interpretaciones torcidas del pensamiento de Kautsky. Que el «Partido Laborista» en Inglaterra, al separarse en el parlamento (¡no en las elecciones! ¡no en toda su política! ¡no en su propaganda y agitación!) de los partidos burgueses, da el primer paso hacia el socialismo y la política de clase de las organizaciones de masas proletarias, es indiscutible. Esto no es una «expectativa», sino un hecho. Es precisamente ese hecho el que nos obliga a aceptar en la Internacional al «Partido Laborista», ya que hemos aceptado en ella a los trade unions. Por último, precisamente esa formulación haría que centenares de miles de obreros ingleses, que respetan incondicionalmente las decisiones de la Internacional pero que aún no se han hecho plenamente socialistas, reflexionaran una vez más sobre por qué se les reconoce que han dado sólo el primer paso, y cuáles deben ser los pasos siguientes por este camino. En mi formulación no hay ni sombra de pretensión de que la Internacional se ponga a resolver las cuestiones concretas y detalladas del movimiento obrero nacional, se ponga a determinar cuándo exactamente y qué pasos ulteriores es necesario dar. Y que en general se necesitan pasos ulteriores, esto no puede dejar de reconocerse respecto a un partido que no acepta de manera directa y clara el principio de la lucha de clases. Esto lo reconoció Kautsky en su resolución indirectamente, en lugar de reconocerlo directamente. Resultó como si la Internacional garantizara que el «Partido Laborista» de hecho sostiene una lucha de clases consecuente, ¡como si bastara que la organización de los obreros se separara en el parlamento en un grupo obrero independiente para volverse en todo su comportamiento independiente de la burguesía!

Es indudable que Hyndman, Roussel, Rubanovich y Avramov adoptaron en esta cuestión una posición aún más incorrecta (que Rubanovich no corrigió, sino que embrolló con su abstención en la votación de ambas partes de la resolución). Cuando Avramov dijo que admitir al «Partido Laborista» significa alentar el oportunismo, fue una opinión clamorosamente incorrecta. Baste recordar aunque sea las cartas de Engels a Sorge. Durante toda una serie de años, Engels insiste tenazmente en que los socialdemócratas ingleses, con Hyndman a la cabeza, cometen un error al actuar de manera sectaria, al no saber unirse al inconsciente pero poderoso instinto de clase de los trade unions, convirtiendo el marxismo en un «dogma», cuando debe ser una «guía para la acción»{111}. Cuando existen condiciones objetivas que frenan el crecimiento de la conciencia política y de la independencia de clase de las masas proletarias, hay que saber trabajar paciente y perseverantemente codo a codo con ellas, sin hacer concesiones en los propios principios, pero también sin renunciar a la actividad en el seno de las masas proletarias. Estas lecciones de Engels han sido confirmadas por el desarrollo ulterior de los acontecimientos, cuando los trade unions ingleses, cerrados, aristocráticos, pequeñoburguesmente egoístas, hostiles al socialismo, que produjeron una serie de traidores directos a la clase obrera, vendidos a la burguesía por un puestecillo ministerial (como el canalla de John Burns), – comenzaron no obstante a acercarse al socialismo, torpe, inconsecuente, tortuosamente, pero a acercarse al socialismo. Que ahora en Inglaterra el socialismo crece rápidamente en la clase obrera, que el socialismo se convierte en este país de nuevo en un movimiento de masas, que la revolución social se avecina en Gran Bretaña, – sólo los ciegos pueden no verlo.

La Internacional habría actuado de manera absolutamente incorrecta si no hubiera expresado directa y decididamente su más completa simpatía por este enorme paso adelante del movimiento obrero de masas en Inglaterra, su aliento al gran viraje iniciado en la cuna del capitalismo. Pero de esto no se sigue en absoluto que al «Partido Laborista» se le pueda ya reconocer de hecho como un partido independiente de la burguesía, que sostiene la lucha de clases, socialista, etc. Había que corregir un error indudable de la «Federación Socialdemócrata» inglesa, pero no había que crear ni sombra de aliento a otros errores, indudables y no menos importantes, de los oportunistas ingleses que dirigen el llamado «Partido Laborista Independiente». Que estos dirigentes son oportunistas es indiscutible. R. MacDonald, jefe del I.L.P., llegó a proponer en Stuttgart modificar el segundo punto de los estatutos de la Internacional de manera que, en lugar del reconocimiento de la lucha de clases, sólo se exigiera la buena fe (bona fides) de las uniones obreras para ingresar en la Internacional. El propio Kautsky captó inmediatamente las notas oportunistas en las palabras de Bruce Glasier y se deslindó de ellas en su discurso ante la Mesa, pero, por desgracia, no en su resolución. El discurso en la Mesa fue pronunciado para una docena de personas, mientras que la resolución está escrita para millones.

Tengo ante mí periódicos de ambas corrientes del socialismo inglés con comentarios sobre la sesión de la Mesa Internacional. El órgano del «Partido Laborista Independiente (¡hum! ¡hum!)», el «Labour Leader»{112}, se regocija y dice directamente a decenas de miles de obreros ingleses que la Mesa Socialista Internacional no sólo ha reconocido al «Partido Laborista» (esto es verdad y era necesario hacerlo), sino que «ha reconocido también la política del I.L.P.» («Labour Leader», Oct. 16, 1908, p. 665). Esto no es verdad. La Mesa no ha reconocido eso. Es una interpretación oportunista ilegítima de una pequeña torpeza en la resolución de Kautsky. La pequeña torpeza empieza a dar frutos bastante grandes. Y para colmo vienen en ayuda las malas traducciones: no en vano dicen los italianos que los traductores son traidores (traduttori – tradittori). Todavía no ha aparecido la traducción oficial de las resoluciones de la Mesa a los tres idiomas oficiales, y se desconoce cuándo aparecerán. En el texto de Kautsky se dice que el «Partido Laborista» «se sitúa en el terreno de la lucha de clases» (final de la resolución; en el original: sich… auf seinen, d. h. des Klassenkampfs, Boden stellt), mientras que en la traducción de los socialdemócratas ingleses resultó: «se sitúa en el terreno del socialismo internacional»; – en la traducción de los oportunistas ingleses (I.L.P.) resultó: «adopta la posición del socialismo internacional» (ibídem). ¡Vaya usted ahora a corregir tales errorcillos en la agitación ante los obreros ingleses!

Estoy lejos de pensar en acusar a Bruce Glasier de tergiversar la resolución. Estoy seguro de que no podía tener eso en mente. Pero eso ni siquiera es tan importante. Lo importante es la utilización del espíritu precisamente de la segunda parte de la resolución de Kautsky en el trabajo práctico de masas. En la misma página de «Labour Leader», otro miembro del «Partido Laborista Independiente», al describir sus impresiones sobre la reunión del Buró y el mitin en Bruselas, se queja de que en el mitin «apenas se notaba el énfasis en el lado ideal y ético del socialismo», —el cual lado, se dice, siempre se enfatiza en nuestros mítines del I.L.P.,— y en cambio predominaba «en su lugar» (in its stead) «el dogma estéril y carente de inspiración (barren and uninspiring) de la guerra de clases».

Cuando Kautsky escribió su resolución sobre los ingleses, no tenía en mente al «independiente» inglés, sino al socialdemócrata alemán…

El órgano de los s.-d. ingleses «Justice» publica las amargas palabras de Hyndman contra la mayoría del Buró, que «echa por la borda los principios en aras de la conveniencia de los tránsfugas». «No tengo la menor duda —escribe Hyndman— de que si al Partido Laborista se le hubiera planteado un ultimátum directo por parte del Buró, se habría sometido de inmediato y habría decidido ajustarse a la orientación del socialismo internacional.» Y en otro artículo del mismo número se aducen hechos que demuestran que, en la práctica, el «Partido Laborista Independiente» presentó a una parte de sus miembros bajo una bandera confusa, la del «liberalismo y el Partido Laborista Independiente» (liberal-labour alliance), y que a algunos «independientes» los apoyó el ministro liberal John Burns («Justice», 17 oct. 1908, pág. 4 y 7).

No, si Hyndman lleva a cabo el plan del que informa, a saber: plantear de nuevo esta cuestión en el Congreso Socialista Internacional de Copenhague (en 1910), el POSDR deberá luchar por la corrección de la resolución de Kautsky.

El segundo punto del orden del día fue la cuestión de la acción común del proletariado y de los socialistas de los diferentes países contra los conflictos internacionales y coloniales con los que amenaza la política de los gobiernos burgueses. Vaillant presentó una resolución, que fue aprobada con muy pequeñas modificaciones. En el debate, los delegados austríacos señalaron que su partido, en las delegaciones, se pronuncia oficialmente contra la política de Francisco José y confirma el reconocimiento por parte de los socialistas del derecho de todas las nacionalidades a la autodeterminación. Pero, al oponerse a la política de Francisco José, también estamos en contra —dijeron los austríacos— de la política de Abdul Hamid o de Eduardo VII. Nuestra tarea es hacer recaer sobre el gobierno la responsabilidad por las consecuencias de sus actos. Los ingleses expresaron el deseo de declaraciones más precisas por parte de los s.-d. austríacos contra su gobierno, pero los austríacos no fueron más allá de lo señalado. Avramov, delegado de los socialistas búlgaros (los «estrechos», es decir, los s.-d. revolucionarios; en Bulgaria hay también «amplios», es decir, s.-d. oportunistas), insistió en que se mencionara a la burguesía imperialista de los propios Estados balcánicos, pero la correspondiente enmienda fue rechazada. En cuanto a la proclamación de la independencia búlgara —declaró Avramov—, los socialistas búlgaros se manifestaron resueltamente contra los partidos burgueses, por considerar esa proclamación una aventura perjudicial desde el punto de vista de la clase obrera. Bruce Glasier propuso insertar en la resolución una indicación sobre la necesidad de organizar manifestaciones internacionales, pero se decidió transmitir este deseo a los diferentes partidos nacionales a través del Buró. Van Kol (delegado de los s.-d. holandeses) propuso insertar una protesta contra la violación del Tratado de Berlín por las potencias, pero retiró la propuesta antes de la votación: se señaló que no es tarea de los socialistas defender expresamente los tratados de los Estados burgueses. El texto de la resolución aprobada por el Buró Internacional es el siguiente:

«Constatando ante todo que los socialistas ingleses y alemanes, con sus manifestaciones en favor de la paz; los socialistas franceses, con su agitación contra la expedición marroquí; los socialistas daneses, con su propuesta en favor del desarme, han actuado de acuerdo con las decisiones de la Internacional; tomando en consideración además que el peligro de guerra subsiste, que el imperialismo capitalista continúa intrigando en Inglaterra y en Alemania, que la expedición y aventura marroquí continúa, que el zarismo, buscando ante todo nuevos empréstitos, procura enredar la situación para consolidarse en su lucha contra la revolución rusa, que en la Península Balcánica la injerencia de las potencias extranjeras y sus miras egoístas atizan, más que nunca, las pasiones nacionales y religiosas, que en los últimos tiempos la proclamación de la independencia de Bulgaria y, en particular, la anexión a Austria de Bosnia y Herzegovina han aumentado el peligro de guerra y lo han hecho más cercano, que, por último, en todas partes las conspiraciones de los gobiernos, sus armamentos intensificados, el militarismo y la competencia capitalista y el saqueo de las colonias constituyen una amenaza para la paz, —

el Buró Socialista Internacional reafirma una vez más que el partido socialista y el proletariado organizado son la única fuerza capaz de preservar la paz internacional, y que consideran su deber salvaguardarla.

El Buró exhorta a los partidos socialistas de todos los países, de acuerdo con la resolución del Congreso Internacional de Stuttgart, a redoblar su vigilancia y su actividad, tensando todas las fuerzas en la dirección indicada, y propone a los comités centrales y directivas de los partidos, a sus fracciones parlamentarias, a sus delegados en el Buró, que busquen junto con el secretariado del Buró Socialista Internacional medios y medidas prácticas, tanto nacionales como internacionales, que, de conformidad con las respectivas circunstancias concretas, más puedan contribuir a la prevención de la guerra y a la preservación de la paz.»

El tercer punto del orden del día fue la propuesta de la sección británica de convocar regularmente el Buró Socialista Internacional dos veces al año. No se aprobó una resolución obligatoria sobre esta cuestión. Solo se expresó un deseo en tal sentido. Por lo visto, la inmensa mayoría no considera necesarias reuniones más frecuentes que una vez al año (como ha sido hasta ahora), —por supuesto, salvo casos extraordinarios.

El cuarto punto del orden del día consistió en la propuesta del Buró de modificar el monto de las cotizaciones de cada partido para el sostenimiento del Buró. Hasta ahora, los ingresos nominales del Buró se componían de 14.950 francos al año (unos 6.000 rublos); se ha propuesto elevar esta suma a 26.800 francos o, deducidos los atrasos habituales, a 20.000 francos (8.000 rublos) en números redondos. Para ello, cada partido debería pagar al año 100 francos por cada voto que le corresponde en los congresos socialistas internacionales. Rusia tiene 20 votos y deberá pagar, por consiguiente, 2.000 francos: de ellos, 700 francos los s.-r., 1.000 francos los s.-d. y 300 francos los sindicatos. Hasta ahora, Rusia pagaba 1.500 francos al año, de los cuales nosotros pagábamos 900 francos (por acuerdo con el partido de los s.-r.). Tampoco se adoptó una decisión obligatoria sobre esta cuestión. Se encargó al Buró que contactara con los partidos nacionales y se expresó el deseo de que las cotizaciones fueran de 100 francos al año por cada voto.

El quinto punto se refería a la modificación del número de votos para Suecia —elevado a 12 votos— y para Hungría —se aplazó el aumento general y se añadieron 2 votos para Croacia. Se admitió asimismo una subsección armenia de la sección turca, antes incluso de que esa sección turca se hubiera constituido —los socialistas armenios en Turquía se niegan, al parecer, a «esperar» a los turcos—, concediéndose a esta subsección 4 votos. Sería deseable que nuestros camaradas, los s.-d. armenios que conocen la situación del socialismo armenio en Turquía, expresaran su opinión sobre esta cuestión.

El sexto punto del orden del día concernía a la admisión del partido socialdemócrata de Chile. Este partido se formó tras una escisión del partido democrático en Chile. Los s.-d. chilenos también fueron admitidos sin debate.

El séptimo punto del orden del día se refería a la cuestión de los sionistas-socialistas en Rusia{113}. Como es sabido, antes del Congreso de Stuttgart se dirigieron al Comité Central de nuestro partido proponiendo que se les admitiera en la subsección socialdemócrata de la sección rusa de la Internacional. Nuestro Comité Central se negó, aprobando una resolución motivada en contra de la inclusión de los sionistas entre los socialdemócratas, aunque se llamaran a sí mismos «sionistas-socialistas». El representante de los s.-s. se presentó en Stuttgart, y en Stuttgart nuestra subsección se negó a admitirlo, mientras que los socialrevolucionarios se abstuvieron. Dado que, según los estatutos, los nuevos miembros de la Internacional solo pueden ser admitidos con el consentimiento de las secciones nacionales (y en caso de divergencia entre dos subsecciones nacionales, la cuestión la resuelve definitivamente el Buró Internacional), los s.-s. no pudieron llegar al congreso por la vía normal. Presentaron una queja al Buró, el cual adoptó entonces una decisión de compromiso: admitir al representante de los s.-s. en el congreso con voz consultiva. Ahora era necesario desentrañar la confusión creada: ¿son o no miembros de la Internacional los s.-s.? V. Adler se pronunció, como ya lo hiciera en Stuttgart, decididamente en contra de los s.-s., negándose a aplazar el asunto, como pedían los s.-s., que habían enviado un telegrama comunicando que no podían comparecer. La incomparecencia –dijo V. Adler– es a veces el mejor medio de defensa. Tomé la palabra para recordar una vez más la decisión de nuestro Comité Central y para señalar que la admisión de los s.-s. en contra de la voluntad de ambas subsecciones rusas sería una violación inadmisible de los estatutos de la Internacional. Rubanovich y el representante del «Sierp» (Sierp = Partido Socialista Obrero Judío{114}, admitido en Stuttgart por los socialrevolucionarios en su subsección), Zhitlovsky, pronunciaron encendidos discursos en contra de la no admisión de los s.-s.; Rubanovich no pudo, sin embargo, informar de otra decisión del partido socialrevolucionario más que la abstención en esta cuestión, y Zhitlovsky, a todas luces, viendo la inevitable exclusión de los s.-s., se defendía a sí mismo, demostrando con divertida vehemencia que, si los sionistas-socialistas eran territorialistas, ellos, los del «Sierp», también lo eran. Por supuesto, de ello se desprendía no que hubiera que admitir a los s.-s., sino más bien que difícilmente alguien más en la Internacional, aparte de los socialrevolucionarios, habría aceptado admitir también al «Sierp». Tomando la palabra por segunda vez, protesté categóricamente contra la maniobra de Rubanovich: imponer los sionistas a una subsección ajena, sin ofrecer al mismo tiempo una decisión de la suya propia en favor de los sionistas. Como resultado, el Buró aprobó por unanimidad (con dos abstenciones: Rubanovich y Vaillant) la resolución de Adler, que dice:

«El Buró constata que la admisión de los sionistas (con voz consultiva) se hizo exclusivamente con respecto a las sesiones del Congreso de Stuttgart; que los sionistas en la actualidad no están adheridos al Buró Internacional, y pasa a los asuntos corrientes».

El octavo y último punto del orden del día fue la confirmación, casi sin debate, de la composición especial de la delegación de los socialistas franceses en el Buró Internacional. Guevsde fue designado como uno de los delegados de Francia, y el segundo voto de Francia en el Buró se transfirió a dos delegados, Vaillant y Jaurès conjuntamente.

La sesión del Buró concluyó con la aprobación unánime de la resolución de simpatía hacia la revolución turca, propuesta por el delegado belga de Brouckère:

«El Buró Socialista Internacional saluda con alegría la caída del infame régimen que Abdul Hamid mantuvo durante tanto tiempo en Turquía con la ayuda de las potencias; saluda la posibilidad que se ha abierto a los pueblos del Imperio Turco de disponer ellos mismos de su propio destino, y la instauración de un régimen de libertad política que permitirá al naciente proletariado llevar su lucha de clases en estrecha unión con el proletariado de todo el mundo».

El lunes 12 de octubre tuvo lugar la sesión de la conferencia interparlamentaria. En el orden del día figuraban tres puntos: 1) la última sesión parlamentaria; 2) las reformas coloniales (informe de Van Kol); y 3) la actividad de los socialistas en favor de la paz en el seno de la Unión Interparlamentaria (informe de Lafontaine, diputado belga); luego, cuatro cuestiones: a) las condiciones de pago a los obreros de la construcción (en caso de quiebra de los empresarios); b) la votación por correspondencia; c) las nuevas listas de miembros de los grupos parlamentarios y de sus secretarios; y d) el envío de documentos.

Sobre el primer punto del orden del día, se limitaron a confirmar, a propuesta de Pernerstorfer, la decisión del Congreso de Stuttgart: se invita a los secretarios de las fracciones parlamentarias a enviar al Buró Socialista Internacional informes escritos de las fracciones. Un breve intercambio de opiniones sobre las dos últimas de las «cuestiones» indicadas condujo al mismo recordatorio. Sobre las dos primeras «cuestiones», los materiales y las propuestas que algunos diputados socialistas tenían al respecto fueron señalados brevemente. El informe de Lafontaine fue aplazado a propuesta del ponente. Los austriacos y los alemanes señalaron a este respecto que estaban en contra de la participación de los socialistas en las conferencias parlamentarias burguesas en favor de la paz. El delegado sueco Branting aludió a las condiciones particulares que, según él, explicaban la participación de los socialdemócratas suecos en dichas conferencias. A propuesta suya, se incluyó en el orden del día de la siguiente conferencia interparlamentaria, que se celebrará simultáneamente con la próxima reunión del Buró, la cuestión del seguro estatal de los obreros.

El único punto del orden del día sobre el cual se leyó un breve informe y se produjo un debate no exento de interés resultó ser la cuestión de las reformas coloniales. El delegado holandés Van Kol, célebre por su resolución oportunista sobre la cuestión colonial en Stuttgart, intentó en su informe colar por un lado algo distinto su querida idea de un programa colonial «positivo» de la socialdemocracia. Dejando completamente de lado la lucha de la socialdemocracia contra la política colonial, la agitación entre las masas contra el saqueo colonial, el despertar del espíritu de réplica y resistencia entre las masas oprimidas de las colonias, Van Kol concentró toda su atención en la enumeración de posibles «reformas» de la vida colonial bajo el orden existente. Como un bienintencionado funcionario, enumeró los más variados temas, desde la propiedad de la tierra hasta las escuelas, el fomento de la industria, las prisiones, etc., subrayando a la vez la necesidad de ser más prácticos, de tener en cuenta, por ejemplo, que el sufragio universal no siempre es aplicable a los salvajes, que en ocasiones no se puede dejar de estar de acuerdo con la necesidad de establecer en las colonias trabajos obligatorios en lugar de prisiones, etc., etc. Todo el informe estaba impregnado, no del espíritu de la lucha de clases proletaria, sino del espíritu del más mezquino reformismo pequeñoburgués, e incluso peor, burocrático. Finalmente, se proponía la elección de una comisión de los cinco principales países poseedores de colonias para elaborar un programa colonial de la socialdemocracia.

Molkenbuhr, por parte de los alemanes, y algunos belgas intentaron seguir la línea de Van Kol, discutiendo con él sobre detalles, sobre si era necesario un programa común único, si esto no sería una esquematización, etc. A Van Kol esta forma de plantear la cuestión solo le venía bien, pues precisamente quería reducir todo a la «práctica» y demostrar que «en la práctica» las discrepancias son menores de lo que parecía en Stuttgart. Pero Kautsky y Ledebour dieron al problema un planteamiento de principios y atacaron la falsedad fundamental de toda la postura de Van Kol. Van Kol admite la inaplicabilidad, aunque sea en casos aislados, del sufragio universal –decía Kautsky–; eso significa que, de un modo u otro, se resigna al despotismo en las colonias, pues ningún otro sistema electoral propone ni puede proponer. Van Kol admite los trabajos obligatorios –decía Ledebour–; eso significa que abre las puertas a la política burguesa, que utiliza miles de pretextos diversos para mantener la esclavitud en las colonias. Van Kol se defendió con extraordinaria obstinación y de manera extremadamente pobre, demostrando, por ejemplo, que a veces es imposible prescindir de las prestaciones en especie, que «él mismo lo había visto en Java», que los papúes no saben lo que significa votar, que en las elecciones a veces decide entre ellos la superstición directa o simplemente el embriagarlos con ron, etc. Kautsky y Ledebour ridiculizaron tales argumentos, defendiendo la aplicabilidad incondicional de nuestro programa democrático general también a las colonias, la necesidad de poner en primer plano la lucha contra el capitalismo en las propias colonias. ¿Acaso las supersticiones de nuestros católicos «cultos» son mejores que las supersticiones de los salvajes? –preguntaba Ledebour. Si las instituciones parlamentarias y representativas no siempre son aplicables, decía Kautsky, la democracia es siempre aplicable, siempre es obligatoria la lucha contra cualquier desviación de la democracia. La línea de la socialdemocracia revolucionaria y la oportunista se manifestó con total claridad como resultado de estos debates, y Van Kol, viendo que su propuesta sería sin duda «enterrada con honores de primera clase», la retiró él mismo.

«Proletari» nº 37, 16 (29) de octubre de 1908. Firmado: N. Lenin

Se imprime según el texto del periódico «Proletari», cotejado con el manuscrito.