Como es sabido, la prensa burguesa de Inglaterra y Alemania, y en especial los periódicos callejeros, llevan ya tiempo desarrollando una campaña chovinista, azuzando a un país contra otro. La competencia entre los capitalistas ingleses y alemanes en el mercado mundial se torna cada vez más encarnizada. La antigua primacía de Inglaterra y su dominio indiscutido en el mercado mundial han pasado a la historia. Alemania es uno de los países capitalistas de desarrollo particularmente rápido, y los productos de su industria buscan cada vez más salida en el extranjero. La lucha por las colonias y los choques de intereses comerciales se han convertido en la sociedad capitalista en una de las causas principales de las guerras. No es de extrañar, pues, que los capitalistas de ambos países consideren inevitable una guerra entre Inglaterra y Alemania, y que los representantes de la casta militar, aquí y allá, la consideren directamente deseable. Los chovinistas ingleses quieren socavar la fuerza de un peligroso competidor, quebrando el poderío naval de Alemania, aún inmensamente más débil en este terreno que Inglaterra. Los junkers y generales alemanes, con el borbónico Guillermo II a la cabeza, se lanzan ávidos al combate con Inglaterra, confiando en la posibilidad de aprovechar la superioridad de las fuerzas terrestres y soñando con acallar, con el estruendo de las victorias militares, el descontento creciente de las masas obreras y la agudización de la lucha de clases en Alemania.

Contra el peligro creciente de guerra han decidido manifestarse públicamente los obreros ingleses y alemanes. Los periódicos obreros de ambos países libran desde hace tiempo una lucha consecuente contra el chovinismo y el militarismo. Pero ahora se ha hecho necesaria una declaración de la voluntad de la clase obrera más impresionante que la realizada a través de los órganos de prensa. Los obreros ingleses decidieron enviar una delegación a Berlín para proclamar, mediante una grandiosa manifestación, la decisión solidaria del proletariado de uno y otro país de hacer la guerra a la guerra.

La manifestación tuvo lugar en Berlín el domingo 20 (7) de septiembre. En esta ocasión los diputados obreros ingleses pudieron intervenir sin obstáculos ante el proletariado berlinés. Dos años atrás, cuando J. Jaurès decidió hablar en Berlín, en nombre de la clase obrera francesa, en una reunión de masas socialdemócratas con el fin de protestar contra los chovinistas de la burguesía, el gobierno alemán le prohibió hablar ante los obreros alemanes. Esta vez el gobierno alemán no se atrevió a expulsar a los delegados del proletariado inglés.

Una enorme asamblea obrera fue convocada en uno de los mayores salones de Berlín. Hasta 5.000 personas llenaron el local de inmediato, y muchos miles tuvieron que quedarse en el jardín y en la calle. El orden lo mantenían representantes obreros elegidos, con brazaletes rojos. El camarada Legien, conocido dirigente de los sindicatos obreros de Alemania (los llamados "libres", es decir, en realidad, sindicatos socialdemócratas), saludó a la delegación inglesa en nombre de toda la clase obrera de Alemania organizada política y sindicalmente. Hace cincuenta años —dijo— ya manifestaban en favor de la paz los obreros franceses e ingleses. Entonces, detrás de los socialistas de vanguardia no había aún masas organizadas. Ahora, los sindicatos de Inglaterra y Alemania cuentan juntos con 4 1/3 millones de miembros. En nombre de este ejército intervienen ahora los delegados ingleses y la asamblea de Berlín, declarando que en manos de la clase obrera está la decisión sobre la cuestión de la guerra y la paz.

El delegado obrero inglés Maddison, en su discurso de respuesta, estigmatizó el acoso chovinista de la burguesía y entregó el "Mensaje de los obreros de Gran Bretaña a los obreros de Alemania" {99}, firmado por 3.000 obreros. Entre los firmantes, señaló, hay representantes de las dos corrientes del movimiento obrero inglés (es decir, tanto socialdemócratas como partidarios del "Partido Laborista Independiente", que aún no se sitúan en un punto de vista socialista medianamente consecuente). En el mensaje se señala que las guerras sirven a los intereses de las clases poseedoras. Las masas obreras soportan todas las cargas de las guerras; las clases poseedoras extraen provecho de las calamidades populares. ¡Que se unan, pues, los obreros para luchar contra la casta militar, para asegurar la paz!

Tras los discursos de otros diputados ingleses y del representante de la socialdemocracia alemana, Richard Fischer, la asamblea concluyó con la aprobación unánime de una resolución que estigmatiza "la política egoísta y miope de las clases dominantes y explotadoras" y expresa la disposición a actuar de acuerdo con la decisión del Congreso Internacional de Stuttgart, es decir, a luchar contra la guerra con todas las fuerzas y medios. La asamblea se disolvió en orden, cantando la Marsellesa obrera. No hubo manifestaciones callejeras. La policía berlinesa y las autoridades militares locales vieron defraudadas sus expectativas. El orden alemán se caracteriza por que ni la más pacífica manifestación obrera transcurrió sin una demostración policial y militar. La guarnición de Berlín fue movilizada. Destacamentos de tropas fueron emplazados según un plan riguroso en los más diversos lugares de la ciudad, preferentemente de modo que no fuera fácil advertir dónde estaban escondidos los soldados y en qué número. Patrullas policiales recorrían las calles y plazas cercanas al salón de la asamblea y, en especial, el camino de allí al palacio. El palacio estaba rodeado por un verdadero anillo de policías disfrazados y de destacamentos de tropas ocultos en los patios. Se organizó un complejo sistema de piquetes policiales: grupos de policías permanecían en las esquinas de las calles, oficiales de policía fueron destacados a todos los lugares "importantes", policías en bicicleta cumplían funciones de reconocimiento e informaban a las autoridades militares de cada paso del "enemigo", los puentes y pasos sobre el canal eran custodiados por triplicado. "Protegían a la monarquía amenazada", escribe sarcásticamente el "Vorwärts" {100} a propósito de todas estas medidas del gobierno de Guillermo II.

Era un ensayo —agregamos por nuestra parte—. Guillermo II y la burguesía alemana ensayaban la lucha militar contra el proletariado insurrecto. Tales ensayos son, sin duda y en todo caso, útiles tanto para las masas obreras como para los soldados. Ça ira (¡eso marchará!), como dice la canción obrera francesa. Repetidos ensayos conducen, puede que aún muy lentamente, pero con toda seguridad, al gran desenlace histórico.

Escrito entre el 8 (21) de septiembre y el 2 (15) de octubre de 1908.

Publicado por primera vez en 1933 en la Recopilación Leninista XXV.

Se imprime según el manuscrito.