¡Querido An. Vas.! Ayer le envié una carta «de trabajo» y le pedí que me enviara el número 105 de «Iskra»* y el «L. Feuerbach» de Plejánov. Hoy quisiera conversar un poco al margen de los quehaceres cotidianos.

Nuestros camaradas de Ginebra tienen un estado de ánimo deplorable. A menudo me sorprende lo poco que hace falta para que la gente poco independiente y no acostumbrada al trabajo político autónomo se desanime y se amilane. Y los bolcheviques ginebrinos se amargan de un modo desesperado. La lucha es seria; el III Congreso, naturalmente, no la ha terminado en absoluto, sino que solo ha abierto una nueva fase. Los iskristas son ágiles y diligentes, descarados como mercachifles, avezados por una larga experiencia de demagogia; mientras que entre los nuestros prevalece una especie de «estupidez concienzuda» o «concienzudez estúpida». No saben luchar por sí mismos, son torpes, inactivos, desmañados, tímidos... Excelentes muchachos, pero políticos de pacotilla. Les falta tenacidad,* 
espíritu de lucha, destreza, rapidez. Vas. Vas. es sumamente típico en este sentido: excelentísima persona, colaborador abnegado, hombre honestísimo, pero me temo que nunca llegue a ser un político. Es demasiado bueno, hasta cuesta creer que los folletos de «Galerka» hayan sido escritos por él. No aporta espíritu combativo ni al órgano (¡siempre lamenta que no lo deje escribir artículos amables sobre el Bund!), ni a la colonia. Reina un ambiente de lloriqueo, y a mí (¡llevo apenas tres semanas en la dacha y voy a la ciudad por 4 o 5 horas tres, y a veces cuatro, veces por semana!) todos me reprochan que sus asuntos no marchan, que los mencheviques son más avispados, etc., etc. Y nuestro CC, en primer lugar, tampoco es muy «político», también es demasiado bueno, también adolece de falta de tenacidad, agilidad, agudeza, de incapacidad para utilizar políticamente cada pequeñez en la lucha partidaria. Y, en segundo lugar, muestra un desdén altisonante por el extranjero y, sistemáticamente, no deja venir a los mejores camaradas o se los lleva de aquí. De modo que nosotros aquí, en el extranjero, nos quedamos rezagados. Falta fermento, sacudidas, impulsos. La gente no sabe actuar y combatir por sí misma. Faltan oradores en nuestras reuniones. No hay quien infunda ánimo, plantee los problemas de manera principista, sepa elevarse por encima de la ciénaga ginebrina hacia la esfera de intereses y cuestiones más serias. Y todo el trabajo se resiente. En la lucha política, detenerse es la muerte. Hay infinidad de demandas y no dejan de aumentar. Los novoiskristas no se duermen (ahora hasta han «interceptado» a los marineros llegados a Ginebra**, seguramente los han captado con su característico reclamo mercachifle en política y se dedican con ahínco al *marktschreien***, «aprovechando» a posteriori los acontecimientos de Odesa en beneficio de su camarilla). Nuestras fuerzas son imposiblemente escasas. No sé cuándo se pondrá a escribir Vas. Vas., y como orador y centro político está por debajo de toda crítica, más bien fomenta el lloriqueo en lugar de sacudir a la gente y darles un tirón de orejas pedagógico. Schwarz está ausente: escribe asiduamente y bien desde allí, incluso parece que mejor que aquí, pero solo escribe. Y, en cuanto a influir personalmente sobre la gente y saber orientar al público y las reuniones, rara vez es capaz, incluso cuando está en Ginebra. Aquí hay un centro grande, importante. Montones de rusos. Multitud de gente que va y viene. El verano es un momento particularmente intenso, pues de entre la infinidad de turistas rusos que visitan Ginebra, hay un cierto porcentaje de personas a las que hay que y se puede utilizar, sacudir, atraer, orientar.

Piense en todo esto y escríbame con más detalle (mejor a mi dirección personal: 3. Rue David Dufour). Recuerde que usted escribió que mi ausencia de Ginebra no supondría un perjuicio porque escribo mucho y desde lejos. Es cierto que escribe mucho, y que el periódico puede sacarse medianamente (pero no más que medianamente, ¡y nosotros necesitamos muchísimo más!). Pero el perjuicio no solo existe, sino que es enorme, y se hace más que patente con cada día que pasa. La influencia personal y las intervenciones en las reuniones tienen una enorme importancia en política. Sin ellas no hay actividad política, e incluso la propia labor escrita se vuelve menos política. Y, teniendo enfrente a un adversario que dispone de grandes fuerzas en el extranjero, cada semana perdemos tanto que quizá no lo recuperemos ni en un mes. La lucha por el partido no ha terminado, y no se la llevará a una victoria real sin tensar todas las fuerzas...

Le estrecho la mano. Suyo, N. Lenin

en Viareggio (Italia)

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Enviada desde Ginebra

Publicado por primera vez en 1934 en la Recopilación Leninista XXVI

Se publica según el manuscrito.

* Dicen que el editorial es una completa tontería. ¿No podría escribir pronto algo en contra? Si es así, telegrafíe.
** Se refiere a los participantes en el levantamiento del acorazado «Potemkin». (N. de la Red.)
*** gritan como mercachifles anunciando su mercancía. (N. de la Red.)