Querido Al. M.:

He recibido hoy su carta y me apresuro a responder. Ir a verle sería inútil y perjudicial: no puedo ni quiero hablar con personas que se han lanzado a predicar la unión del socialismo científico con la religión. El tiempo de los cuadernos ha pasado. Discutir es imposible, y desgastar los nervios en vano es una estupidez. Hay que separar la filosofía de los asuntos del partido (de la fracción): a ello obliga también la resolución del CC.

Ya he enviado a la imprenta la declaración de guerra más formal que cabe 159. Aquí ya no hay lugar para la diplomacia —claro está, no hablo de la diplomacia en el mal sentido, sino en el bueno.

La «buena» diplomacia de su parte, querido A. M. (si usted tampoco ha creído en dios), debería consistir en separar nuestros asuntos comunes (es decir, contándome a mí también) de la filosofía.

Una conversación sobre otros asuntos, aparte de la filosofía, no resultaría ahora: sería artificial.

Sin embargo, si realmente esos otros asuntos, no filosóficos, sino, por ejemplo, los de «Proletariy», requieren una conversación precisamente ahora y precisamente donde usted está, podría ir (no sé si encontraré dinero: justamente ahora tengo dificultades), pero repito: solo con la condición de que no hable de filosofía ni de religión.

Y a usted pienso visitarlo sin falta, cuando tenga tiempo libre, una vez terminado el trabajo, para conversar.

Le estrecho fuertemente la mano.

Su Lenin

A M. F. un gran saludo: ella, supongo, no estará por dios, ¿verdad?

En la isla de Capri (Italia)