Usted debe comprender, y comprenderá, por supuesto, que si un hombre del partido ha llegado al convencimiento de la profunda incorrección y el daño de una prédica conocida, está obligado a pronunciarse contra ella. Yo no habría armado tanto ruido si no me hubiera convencido de manera absoluta (y me convenzo cada día más a medida que me familiarizo con las fuentes originales de la sabiduría de Bazárov, Bogdánov y Cía.) de que su libro es absurdo, dañino, filisteo, clerical por entero, de principio a fin, de las ramas a la raíz, hasta Mach y Avenarius. Plejánov tiene toda la razón contra ellos en lo esencial, solo que no sabe, o no quiere, o le da pereza decirlo de forma concreta, detallada, sencilla, sin atemorizar excesivamente al público con sutilezas filosóficas. Y yo, cueste lo que cueste, lo diré a mi manera.

¿Qué «Conciliación» puede haber aquí, querido A. M.? Por favor, es ridículo siquiera mencionarlo. El combate es absolutamente inevitable. Y los hombres del partido deben dirigir sus esfuerzos no a embadurnar, o aplazar, o escabullirse, sino a que el trabajo práctico necesario del partido no sufra. De esto debe usted preocuparse, y 9/10 de los bolcheviques rusos le ayudarán en ello y le darán las gracias.

¿Cómo hacerlo? ¿Con la «Neutralidad»? No. No puede ni podrá haber neutralidad en semejante cuestión. Si se puede hablar de ella, acaso sea en un sentido condicional: hay que separar toda esta pelea de la fracción. Hasta ahora han escrito «al margen», fuera de las publicaciones de la fracción, sigan escribiendo así en adelante. Solo de esta manera la fracción no estará comprometida, no se verá enredada, no se verá obligada mañana o pasado mañana a decidir, a votar, es decir, a convertir la pelea en algo crónico, prolongado, sin salida.

He aquí por qué estoy en contra de meter filosofía alguna en la revista. Sé que me insultan por esto: ¡quiere tapar la boca a los demás, sin haber abierto aún la suya! Pero reflexione usted con sangre fría.

La revista con filosofía. Nº 1: tres artículos de Bazárov, Bogdánov, Lunacharski contra Plejánov. Un artículo mío, donde se dice que los «Ensayos sobre filosofía del marxismo» son berdiáevismo y clericalismo.

Nº 2: tres veces tres artículos de Bogdánov, Bazárov, Lunacharski contra Plejánov y Lenin en tono exasperado. Un artículo mío, donde se demuestra, desde otro ángulo, que los «Ensayos sobre filosofía del marxismo» son clericalismo.
Nº 3: ¡alaridos e improperios!

Puedo escribir seis o doce artículos contra los «Ensayos sobre filosofía del marxismo», un artículo contra cada autor y cada aspecto de sus concepciones. ¿Puede esto prolongarse así? ¿Hasta cuándo? ¿No hará esto inevitable la escisión a consecuencia de la agudización y el encono sin fin? ¿No atará esto a la fracción con la decisión: decídete ya, analiza ya, termina ya la «discusión» con un voto…

Piense bien en esto, si teme la escisión. ¿Acaso los cuadros prácticos se encargarán de difundir libros con semejante «combate»? ¿No es mejor el otro camino: como antes, escriban al margen, fuera de las publicaciones de la fracción. Pélense al margen, la fracción mientras tanto esperará.

Si existe la posibilidad de atenuar el encono inevitable, es solo así, a mi juicio.

Usted escribe: los mencheviques saldrán ganando con la pelea. Se equivoca, se equivoca profundamente, A. M. Ellos saldrán ganando si la fracción bolchevique no se separa de la filosofía de los tres bolcheviques. Entonces ganarán definitivamente. Pero si la pelea filosófica transcurre fuera de la fracción, los mencheviques quedarán reducidos definitivamente a la política, y eso será su muerte.

Yo digo: separar la pelea de la fracción. Por supuesto, en personas vivas, esta separación es algo dificililla, dolorcilla. Hace falta tiempo. Hacen falta camaradas solícitos. Aquí ayudarán los cuadros prácticos, aquí debe ayudar usted; aquí está la «psicología», aquí tiene usted las cartas en la mano. Creo que usted podría ayudar mucho en esto, si, naturalmente, tras leer mi librito* contra los «Ensayos» no cae usted contra mí en la misma furia en que yo he caído contra ellos.

Piense bien lo de la revista y respóndame rápido. Dudo un poco si vale la pena que vayamos juntos a verle ahora. ¿Para qué crispar los nervios de manera superflua? «Largas despedidas…» y sin pelea no se puede pasar. ¿No es mejor, sin largas negociaciones y solemnes…

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* Se refiere al libro «Materialismo y empiriocriticismo» (véase Obras completas, 5ª ed., tomo 18). N. de la Red.