24 de marzo de 1908.

¡Querido A. M.! Recibí su carta acerca de mi pelea con los machistas. Comprendo y respeto plenamente sus sentimientos, y debo decir que recibo algo parecido de los amigos de Petersburgo, pero estoy profundamente convencido de que usted se equivoca.

Usted debe comprender y comprenderá, por supuesto, que cuando un hombre de partido ha llegado al convencimiento de la profunda incorrección y el daño de una prédica determinada, está obligado a alzarse contra ella. Yo no habría armado ningún escándalo si no me hubiera convencido incondicionalmente (y cada día me convenzo más a medida que me familiarizo con las fuentes originales de la sabiduría de Bazárov, Bogdánov y Cía.) de que su libro es absurdo, nocivo, filisteo, clerical de principio a fin, de las ramas a la raíz, hasta Mach y Avenarius. Plejánov tiene toda la razón contra ellos en lo esencial, solo que no sabe o no quiere o le da pereza decirlo de manera concreta, detallada, simple, sin atemorizar en exceso al público con sutilezas filosóficas. Y yo, cueste lo que cueste, lo diré a mi manera.

¿Y qué «reconciliación» puede haber aquí, querido A. M.? Pero, por favor, hasta es ridículo mencionarlo. La batalla es absolutamente inevitable. Y los hombres del partido deben orientar sus esfuerzos no a embadurnar, aplazar o escabullirse, sino a que la labor práctica del partido, indispensable, no sufra. De esto debe usted preocuparse, y 9/10 de los bolcheviques rusos le ayudarán en ello y le darán las gracias infinitamente.

¿Cómo hacerlo? ¿Con «neutralidad»? No. La neutralidad en una cuestión así no puede ni podrá existir. Si cabe hablar de ella, es solo en un sentido condicional: hay que separar toda esta pelea de la fracción. Hasta ahora han escrito «al margen», fuera de las publicaciones de la fracción, sigan haciéndolo así. Solo de esta manera la fracción no se verá comprometida, no se verá envuelta, no se verá forzada mañana o pasado a decidir, a votar, es decir, a convertir la pelea en algo crónico, prolongado, sin salida.

He aquí por qué estoy en contra de meter filosofía alguna en la revista 156. Sé que por esto me insultan: ¡quiere taparles la boca a otros, cuando él mismo aún no ha abierto la suya! Pero piense usted con sangre fría.

Revista con filosofía. Nº 1: tres artículos de Bazárov, Bogdánov, Lunacharski contra Plejánov. Uno mío, donde se dice que los «Ensayos de filosofía del marxismo» = berdiáevismo y clericalismo.

Nº 2: tres por tres artículos de Bogdánov, Bazárov, Lunacharski contra Plejánov y Lenin en tono exaltado. Uno mío, donde se demuestra, desde otro ángulo, que los «Ensayos de filosofía del marxismo» = clericalismo.

Nº 3: ¡aullidos e insultos!

Puedo escribir seis o doce artículos contra los «Ensayos de filosofía del marxismo», un artículo contra cada autor y cada aspecto de sus concepciones. ¿Puede esto prolongarse? ¿Hasta cuándo? ¿No hará esto inevitable la escisión, como resultado de una agudización y un encono infinitos? ¿No atará esto a la fracción a una decisión: decídete ya, ponte en claro, termina ya la «discusión» con un voto...

Piense bien en esto, si teme la escisión. ¿Se pondrán los prácticos a difundir libros con tal «lucha»? ¿No es mejor otro camino: sigan escribiendo como antes, al margen, fuera de las publicaciones de la fracción. Péguense al margen, la fracción esperará por ahora.

Si existe alguna posibilidad de atenuar el encono inevitable, es solo así, a mi juicio.

Usted escribe: los mencheviques saldrán ganando con la pelea. Se equivoca, se equivoca profundamente, A. M. Saldrán ganando si la fracción bolchevique no se separa de la filosofía de los tres bolcheviques. Entonces ganarán definitivamente. Pero si la pelea filosófica se desarrolla fuera de la fracción, los mencheviques quedarán reducidos definitivamente a la política, y ahí les será la muerte.

Digo: separar la pelea de la fracción. Por supuesto, en personas vivas esta separación es algo difícil y doloroso. Se necesita tiempo. Se necesitan camaradas solícitos. Aquí ayudarán los prácticos, aquí debe usted ayudar — aquí se trata de la «psicología», y entre sus manos está el libro. Creo que usted podría ayudar mucho en esto, si es que, por supuesto, después de leer mi librito contra los «Ensayos», no monta en cólera contra mí como la que monté yo contra ellos.

Piense bien en lo de la revista y contésteme cuanto antes. Dudo un poco si vale la pena que vayamos juntos a verle ahora. ¿A qué venir a crisparle a uno los nervios innecesariamente? «Despedidas largas»... y sin pelea no se puede pasar. ¿No sería mejor, sin largas negociaciones y solemnes e inútiles reuniones, resolver más sencillamente el asunto de la revista? Esto no son más que preguntas que le hago para consultarle.

Un gran saludo a M. F. Iré sin falta a Capri y trataré de arrastrar a mi mujer, solo que quisiera hacerlo con independencia de la pelea filosófica.

Le estrecho fuertemente la mano. Suyo, Lenin

P. D. Adjunto una información importante sobre un espía que hay entre ustedes.

Enviado desde Ginebra a la isla de Capri (Italia)