¡Querido camarada!

Ayer Kon me hizo una visita y me mostró su telegrama para usted, quejándose con gran nerviosismo y excitación de su tono imposiblemente brusco, «policial», que él —dice— menos que a nadie puede perdonarle a usted, como conocedor de los matices del idioma alemán. Creo que debo transmitirle a usted esta conversación, harto significativa, con Kon. Respondí, por supuesto, que no sé cuál es la neue Wendung*, pero que estoy seguro de que usted no habría enviado semejante telegrama sin motivos serios, —que acusar a Aleksinski, y más aún a usted, de querer entgegenarbeiten** a la investigación es más que ridículo 151.

Kon me dijo —en secreto (no de usted, por supuesto)— que contra Litvínov existen serios indicios para acusarlo, que él, Kon, conoce bien a Litvínov y no quisiera borrarlo de la faz de la tierra ni tomar medidas que entrañen para Litvínov algo excesivamente grave; no, pero él, Kon, considera sólo absolutamente necesario demostrar a Europa (y a la socialdemocracia alemana en especial) que el tribunal del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia no es una ficción y que este partido sabe deslindar su responsabilidad. «¿Acaso no se puede encontrar una forma para ello sin borrar a nadie de la faz de la tierra?» —exclamaba Kon. Respondí, por supuesto, que, en mi opinión, se puede perfectamente y que en vano se preocupa.

El tribunal se hará cueste lo que cueste, el partido lo hará, —¿de qué preocuparse aquí? Habrá escándalo, decía Kon, si Aleksinski impide el tribunal. ¡Tonterías!, decía yo. Aleksinski no quiere ni puede impedir el tribunal y la investigación. Y el escándalo ya existe y lo crean los mencheviques: mira —dice— el artículo «Es hora de acabar» en el núm. 1-2 de «Golos Sotsial-Demokrata»[La Voz del Socialdemócrata] 152. ¡¡Kon no lo había leído!! ¡Piénselo, mientras se desarrolla la investigación, mientras a Litvínov le tapan la boca, mientras no se pueden publicar las actas de la investigación, en el periódico se vierten anónimamente calumnias! ¡¡Cuál es la situación de Litvínov?? ¡Y este periódico es de hecho el órgano del Buró Central en el Extranjero 153, alimentado por él. ¡¡Y éstos son los jueces??! Así es como expliqué a Kon la conducta de Aleksinski. Para evitar toda clase de malentendidos y tergiversaciones, considero necesario transmitirle esto. Pues por muy extraño que me resultara que Kon se dirigiera a mí, el hecho es un hecho. Y me temo que él, representante del partido alemán en el Buró Central en el Extranjero, transmita mis palabras de manera inexacta. Creo que no se puede confiar en un informante así para los asuntos rusos

* — nuevo giro del asunto. (N. de la Red.)
** — contrarrestar, actuar en contra. (N. de la Red.)

ante la Vorstand* del partido alemán. Es necesario que usted mismo personalmente, como miembro de la alta instancia, hable con la Vorstand y les traduzca sin falta el artículo del núm. 1-2 de «Golos Sotsial-Demokrata». De lo contrario, son inevitables absurdos tan ofensivos para mí como que Kon pueda venir a mí y «quejarse» de que, ¡supuestamente, Aleksinski actúa contra el tribunal! Hay un límite para todo...

Le estrecho fuertemente la mano. Suyo, V. Uliánov

P. D. Responda sin falta inmediatamente: ¿autoriza que se publique en ruso en «Proletari» el artículo** que le envié (con la salvedad de que fue escrito para «Przegląd Socjaldemokratyczny»***) y para cuándo? Tenemos una crisis terrible de materiales para «Proletari», y espero con gran impaciencia su respuesta 154.

P. P. D. Después de mí, Kon vio a Riadovói y, al parecer, le insinuó que, de todas formas, mostró privadamente a sus amigos, los mek, el protocolo que usted prohibió mostrar 155...

¡Diablos, qué es esto!

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Enviada de Ginebra a Berlín

Se publica por primera vez, según el manuscrito