Querido A. M.:

Es una lástima que no pueda ir a verle. De Bruselas ha llegado respuesta y no hay demora por ese lado. Pero no hay dinero, no hay tiempo, no se puede abandonar el periódico.

Por lo que juzgo de que tiene usted una cabra y de que eso es un hecho, su estado de ánimo es bueno, su disposición mental es correcta y su vida es normal. En cambio, a nosotros no nos van muy bien las cosas. Por culpa de esta filosofía con Al. Al. estamos como reñidos. Estoy descuidando el periódico a causa de mi borrachera filosófica: hoy leo a un empirocriticista y lo insulto con palabras soeces, mañana a otro y lo insulto con tacos. E Inocencio me reprende, y con razón, por descuidar el «Proletari». Las cosas no marchan armoniosamente.

Bueno, no se puede hacer otra cosa. Todo se molerá y hará harina.

Sería estupendo si pudiera usted escribir para el «Proletari» sin perjuicio de sus grandes trabajos.

Le estrecho la mano y muchos saludos a A. Vas. y a María Fiódorovna.

Suyo, Lenin

En la isla de Capri (Italia)