En el último Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, el de Londres, se discutió la cuestión de la actitud hacia los partidos burgueses y se adoptó la correspondiente resolución. En el Congreso provocó especiales controversias el pasaje de esa resolución en el que se habla del engaño de los liberales al pueblo[146]. A los socialdemócratas del ala derecha de nuestro partido ese pasaje les pareció sumamente incorrecto. Llegaron incluso a declarar que no era marxista hablar en la resolución del «engaño» de los liberales al pueblo, es decir, explicar la adhesión de determinados sectores de la población a un partido dado (en nuestro caso, al kadete) no por los intereses de clase de esos sectores, sino por los procedimientos «inmorales» de la política de tal o cual grupo de parlamentarios, abogados, periodistas, etc.

En realidad, tras esos argumentos presentables, vestidos con un ropaje pretendidamente marxista, se ocultaba la política de debilitar la independencia de clase del proletariado y de subordinarlo (de hecho) a la burguesía liberal. Pues los intereses de la pequeña burguesía democrática que sigue a los kadetes, esos señores no los defienden en absoluto con seriedad, sino que los traicionan con su política de coqueteo y de pactos con el gobierno, con los octubristas, con el «poder histórico» de la autocracia zarista.

La actual lucha por el sufragio universal en el Landtag (Dieta) prusiano suministra un material sumamente interesante para esclarecer con nuevos hechos esta cuestión, una de las cuestiones fundamentales de la táctica socialdemócrata en todos los países capitalistas. La socialdemocracia alemana ha enarbolado la bandera de esta lucha. El proletariado de Berlín, y tras él el de todas las grandes ciudades de Alemania, ha salido a la calle, ha organizado imponentes manifestaciones de decenas de miles de personas, ha dado comienzo a un amplio movimiento de masas que ya ahora, desde sus mismos comienzos, ha provocado actos de violencia por parte de las autoridades constitucionales, el empleo de la fuerza militar y la paliza a masas desarmadas. ¡La lucha engendra lucha! A estas violencias respondieron con orgullo y audacia los dirigentes del proletariado revolucionario. Pero aquí surgió la cuestión de la actitud hacia la burguesía democrática (y liberal) en la lucha por el sufragio. Y los debates entre los socialdemócratas revolucionarios alemanes y los oportunistas (revisionistas, como los llaman en Alemania) sobre esta cuestión se asemejan de modo notable a nuestras polémicas acerca del engaño de los liberales al pueblo.

El órgano central del Partido Socialdemócrata Obrero Alemán, «Vorwärts», publicó un editorial cuyo contenido e idea fundamental están claramente expresados en su título: «¡La lucha por el sufragio es lucha de clases!». Como era de esperar, este artículo, a pesar de exponer de forma positiva tan sólo verdades socialdemócratas por todos conocidas, fue considerado por los oportunistas como un desafío. Se recogió el guante. El camarada Südekum, conocido trabajador en el campo del socialismo municipal, emprendió resueltamente una campaña contra esa «táctica de sectarios», contra el «aislamiento del proletariado», contra el «apoyo de los socialdemócratas a las centurias negras» (los reaccionarios, como dicen más suavemente los alemanes). ¡Pues también para el oportunista alemán, introducir la lucha de clases en una causa común al proletariado y a los liberales significa apoyar a las centurias negras! «La implantación del sufragio universal en Prusia en lugar del actual sistema de las tres clases no es asunto de una sola clase», escribía Südekum. Y señalaba que era asunto de «la población urbana contra los agrarios, de la democracia contra la burocracia, del campesinado contra los terratenientes, de la Prusia occidental contra la oriental» (es decir, de la parte industrial y, en general, capitalista más avanzada del país contra la económicamente atrasada). «Se trata ahora de agrupar en este punto a todos los amigos de la reforma, cualesquiera que sean las demás cuestiones que los separan».

El lector ve que todos estos son argumentos muy conocidos, que el ropaje aquí es también rigurosamente, ortodoxamente «marxista», hasta la indicación de la situación económica y los intereses de determinados elementos de la democracia burguesa («democracia urbana», campesinado, etc.). Y apenas hay necesidad de añadir que la prensa liberal-burguesa alemana viene repitiendo, de modo sistemático y desde hace decenios, esa misma nota, acusando a la socialdemocracia de sectarismo, de apoyar a las centurias negras, de no saber aislar a la reacción.

¿Con qué argumentos refutaban estas disquisiciones los socialdemócratas revolucionarios alemanes? Enumeraremos sus principales argumentos, a fin de que los lectores – juzgando los asuntos alemanes «desde fuera», «sin ira ni partidismo» – puedan ver si aquí predominan las alusiones a las condiciones especiales de lugar y tiempo, o bien los principios generales del marxismo.

Sí, nuestros librepensadores «exigen» en sus programas el sufragio universal, decía el «Vorwärts». Sí, ahora se dedican con particular celo a pronunciar pomposos discursos al respecto. Pero ¿luchan acaso por la reforma? ¿No vemos, por el contrario, que un movimiento verdaderamente popular, las manifestaciones callejeras, la amplia agitación entre las masas, la exaltación de las masas despiertan en ellos un mal disimulado temor, repugnancia y, en los mejores y escasos casos, indiferencia?

Hay que distinguir los programas de los partidos burgueses, los discursos de banquete y parlamentarios de los arribistas liberales, de su participación real en la lucha real del pueblo. De palabra, todos y cada uno de los politicastros burgueses, en todos los países parlamentarios, siempre se han desvivido por la democracia, traicionando al mismo tiempo a la democracia.

Sí, «dentro del partido liberal (librepensadores) y del Centro hay, sin duda, elementos interesados en el sufragio universal e igualitario», decía el «Vorwärts». Pero no son esos elementos los que dirigen los partidos burgueses, no son los pequeños artesanos, ni los semiproletarios, ni los campesinos semiarruinados. Ellos van a la zaga de los burgueses liberales, que se esfuerzan por apartarlos de la lucha, concertando a sus espaldas sus compromisos con la reacción, corrompiendo su conciencia de clase y no defendiendo de hecho sus intereses.

Para atraer a esos elementos a la lucha por el sufragio universal, hay que despertar en ellos la conciencia de clase, apartarlos de los inestables partidos burgueses. «Dentro del partido liberal (librepensador) esos elementos interesados en el sufragio universal constituyen una minoría impotente, a la que siempre se atiborra de promesas y se la engaña una y otra vez. La energía política de esos elementos está completamente paralizada. Y si realmente se puede forzar a los librepensadores o al Centro a hacer concesiones a la democracia mediante la amenaza de quitarles los votos de esos electores, precisamente la lucha de clases, que debilita a los partidos burgueses, es el único medio de empujar a la izquierda a la burguesía vacilante».

Pues los hechos políticos hace tiempo que han demostrado que para los librepensadores la reacción es menos odiosa que la socialdemocracia. «Por eso, no solo debemos flagelar con despiadada dureza todos los pecados de todos los partidos burgueses, sino también explicar, además, que todas sus traiciones en la cuestión del sufragio son el resultado necesario del carácter de clase de esos partidos».

De un día para otro, la cuestión de si nuestros kadetes son capaces de «luchar» por las reivindicaciones democráticas que figuran en su programa, o si solo las presentan para traicionar a los artesanos y campesinos que siguen a los liberales entregándolos a los octubristas, se planteará una y otra vez ante los socialdemócratas rusos, como ya se ha planteado más de una vez en el curso de la revolución. Por eso, a algunos en nuestro partido no les vendría mal meditar sobre los argumentos del «Vorwärts».

P. S. El presente artículo ya estaba en prensa cuando leímos en el núm. 52 del periódico «Rech» (del 1 de marzo) el artículo del Sr. K. D., corresponsal en Berlín de dicho periódico: «La crisis del liberalismo alemán». El autor toca la polémica del «Vorwärts» con Südekum en el tono habitual y con los procedimientos habituales de nuestros falsificadores liberales. Ni se le pasa por la cabeza exponer los argumentos de una y otra parte ni ofrecer citas textuales. Simplemente declara: «El oficioso «Vorwärts» cubre inmediatamente de lodo al hereje y, en un editorial de un tono desenvuelto y provocador sumamente desagradable, le acusa de ignorancia y de un inadmisible olvido de los dogmas del partido». Dejamos que el lector juzgue si al propio Südekum le parecerá «agradable» semejante defensa por parte de los kadetes. Pero tal es ya la suerte de los revisionistas de cualquier país: encontrar un apoyo acrecentado y un emocionado «reconocimiento» de sus esfuerzos por parte de la burguesía. La alianza de los Südekum con los señores Struve... para confirmar la justeza de nuestra posición, difícilmente podría imaginarse nada más «agradable».

«Proletari» núm. 25, 12 (25) de marzo de 1908.  
Se imprime según el texto del periódico «Proletari».