Un héroe de Turguéniev reformó del siguiente modo unos versos del gran poeta alemán:

es decir: «quien quiere conocer a su enemigo, debe ir al país de ese enemigo»{140}, conocer directamente las costumbres, la moral, los métodos de razonar y de actuar del enemigo.

Y a los marxistas no les vendría mal echar un vistazo a cómo han reaccionado ante la conmemoración del vigésimo quinto aniversario de la muerte de Marx los órganos políticos influyentes de diferentes países, en particular los periódicos burgueses liberales y «democráticos», que combinan la posibilidad de influir en las masas de lectores con el derecho de hablar en nombre de la ciencia oficial, de Estado, titulada y profesoral.

Comencemos nuestro examen por *Rússkie Viédomosti*. Es el periódico profesoral más tranquilo (y el más aburrido), el más científico (y el más alejado de la vida viva). En su articulejo con motivo del vigésimo quinto aniversario de la muerte de Carlos Marx (núm. 51 del 1 de marzo) predomina un tono seco, acartonado: la «objetividad», como se la llama en el lenguaje de los «ordinarios» y «extraordinarios»… Hechos y hechos menudos: a esto trata de limitarse el autor del artículo. Y, como historiador imparcial, está dispuesto a reconocer los méritos de Marx, al menos por el pasado, que ya ha muerto y del que se puede hablar como si fuera un muerto. *Rússkie Viédomosti* reconoce en Marx tanto a una «figura excepcional», como a un «gran hombre de ciencia», y a un «destacado dirigente del proletariado», un organizador de masas. Pero ese reconocimiento se reduce al pasado: ahora —dice el periódico— «se hacen realmente necesarios nuevos caminos», es decir, nuevos caminos del movimiento obrero y del socialismo, que no se parezcan al «viejo marxismo». En qué consisten exactamente esos nuevos caminos, el periódico no lo dice directamente: es un tema demasiado vivo para los profesores y un asunto demasiado «imprudente» para los virtuosos del arte de «callar con tacto». Pero las insinuaciones son claras: «Muchas de sus (de Marx) construcciones han sido demolidas por el análisis científico y la crítica implacable de los acontecimientos. Entre los científicos casi no hay seguidores fieles a todo su sistema; la criatura espiritual de Marx, la socialdemocracia alemana, se ha desviado bastante del camino revolucionario trazado por los fundadores del socialismo alemán». Se ve que al autor le falta muy poco por decir: su deseo de corregir a Marx a la manera revisionista.

El señor Izgóiev se pasó de los socialdemócratas a los liberales (como él mismo declaró y como declaró sobre él el gran maestro del renegadismo, el señor Struve), precisamente cuando, después de los primeros éxitos fulminantes de la revolución, comenzaba el difícil período de una larga y tenaz lucha contra la contrarrevolución que se fortalecía. Y el señor Izgóiev es sumamente típico en este aspecto. Explica y muestra de manera excelente a quién benefician los remilgos profesorales al valorar a Marx, al servicio de quién está esa «ciencia» titulada. «Ese táctico politiquero —truena Izgóiev contra Marx— estorbaba enormemente al gran científico y le hizo cometer no pocos errores». El error fundamental, por supuesto, es que, además del marxismo «evolucionista» correcto, razonable, compartido por «la mayoría» (¿la mayoría de los filisteos?), vino al mundo un marxismo revolucionario maléfico, anticientífico, fantástico y «adulterado con el brebaje populista». Lo que más indigna a nuestro liberal es el papel de ese marxismo en la revolución rusa. ¡Piénsese nada más!: ¡llegar a hablar de dictadura del proletariado para realizar esa misma «revolución burguesa», o incluso de la «completamente fantástica en boca de marxistas dictadura del proletariado y el campesinado»! «No es de extrañar que el marxismo revolucionario, en la forma en que fue asimilado en Rusia por los bolcheviques de distintos matices, haya fracasado». «... Hay que pensar en afianzar la habitual constitución "burguesa" (comillas irónicas del señor Izgóiev)».

¡He ahí un octubrista ideológicamente acabado y políticamente maduro, plenamente convencido de que lo que ha fracasado es el marxismo y la táctica revolucionaria, y no la táctica kadete de compromisos, traiciones y felonías!

Prosigamos. Pasemos de la prensa rusa a la alemana, que actúa en una atmósfera libre, cara a cara con un partido socialista abierto que expresa sus puntos de vista en decenas de órganos cotidianos. Uno de los periódicos burgueses más ricos, de mayor difusión y más «democráticos» de Alemania, el *Frankfurter Zeitung*, dedica un amplio editorial al vigésimo quinto aniversario de la muerte de Marx (núm. 76 del 16 de marzo, nuevo estilo, Abendblatt[147]). Los «demócratas» alemanes van directamente al grano. «Se comprende de suyo —nos dicen— que la prensa socialdemócrata haya homenajeado a su maestro en numerosos artículos en este día. Pero incluso en un influyente periódico nacional-liberal se ha reconocido a Marx, aunque con las reservas de costumbre, como un gran hombre. Sí, por supuesto, fue grande, pero fue un gran corruptor».

El periódico, que representa lo más granado de esa variedad del terrorismo ideológico que se llama liberalismo europeo, explica que no pone en duda en absoluto la probidad personal de Marx. Pero sus teorías han causado un daño incalculable. Al introducir el concepto de necesidad y regularidad en el ámbito de los fenómenos sociales, negar el significado de la moral y el carácter relativo y condicionado de nuestro conocimiento, Marx fundó una utopía anticientífica y una verdadera «iglesia» de sus seguidores sectarios. Y su principal idea perniciosa es la lucha de clases. ¡Ahí está todo el mal! Marx se tomó en serio el viejo dicho de *two nations*, de dos naciones dentro de cada nación civilizada: la nación de los «explotadores» y la nación de los «explotados» (estas expresiones anticientíficas las encierra el periódico en comillas de implacable ironía). Marx olvidó la verdad evidente, clara, comprensible para todas las personas sanas, de que en la vida social «el fin no es la lucha, sino el acuerdo». Marx «desgarró al pueblo en pedazos, porque machacó en la cabeza de los suyos a martillazos que no hay nada en común entre ellos y los demás, que son enemigos a muerte».

«¿Qué puede ser más natural —pregunta el periódico— que la socialdemocracia, que coincide con muchos de la burguesía en numerosas reivindicaciones prácticas, trate de acercarse a ellos? Pero esto no se logra precisamente debido a la teoría marxista. La socialdemocracia se ha condenado a sí misma al aislamiento. Durante algún tiempo se pudo pensar que se avecinaba un cambio de principio en este sentido. Fue cuando los revisionistas iniciaron su campaña. Pero resultó ser un error, y la diferencia entre los revisionistas y nosotros consiste, entre otras cosas, en que nosotros hemos comprendido ese error y ellos no. Los revisionistas pensaban y todavía piensan que se puede, de alguna manera, seguir aferrado a Marx y aun así convertirse en otro partido. Vana esperanza. A Marx hay que tragarlo entero o desecharlo por completo; con medias tintas no se consigue nada...».

¡Cierto, señores liberales! ¡A veces os ocurre decir la verdad sin querer!

«...Mientras la socialdemocracia venere a Marx, no se deshará de la idea de la lucha de clases ni de todas las demás cosas que tanto dificultan la tarea de convivir con ella... El mundo científico está de acuerdo en que de las teorías político-económicas del marxismo ni una sola ha resultado ser correcta...».

Así es. Así es. Habéis expresado magníficamente, señores, la esencia de la ciencia burguesa, del liberalismo burgués y de toda su política. Habéis comprendido que a Marx no se le puede tragar a trozos. Los señores Izgóiev y los liberales rusos aún no lo han comprendido. Pronto lo comprenderán también.

Y, para concluir, he aquí el órgano conservador de la república burguesa, el *Journal des Débats*{141}. En el número del 15 de marzo, el periódico escribe a propósito del aniversario que los socialistas, esos «salvajes igualitaristas», predican el culto a sus grandes hombres, que el principal mal de las doctrinas de Marx, que «odiaba a la burguesía», es la teoría de la lucha de clases. «Él predicaba a las clases obreras no conflictos temporales acompañados de treguas, sino una guerra santa, una guerra de exterminio, de expropiación, una guerra por la tierra prometida del colectivismo... utopía monstruosa...».

Escriben bien los periódicos burgueses cuando algo les toca realmente en lo vivo. Y da más alegría vivir cuando se ve cómo se forja y se consolida la unidad ideológica de los enemigos liberales del proletariado en todo el mundo, porque esa unidad es una de las garantías de la unión de los millones del proletariado internacional, que conquistará para sí, cueste lo que cueste, su tierra prometida.

*El Proletario* núm. 25, (25) 12 de marzo de 1908.

Se imprime según el texto del periódico *El Proletario*.