El «gran día parlamentario» en la Duma del 27 de febrero suscita una valoración conmovedoramente unánime de nuestros partidos burgueses. Todos están contentos, todos se alegran y se enternecen, desde las Centurias Negras y *Nóvoye Vremia* hasta los kadetes y *Stolichnaya Pochta*, que «antes de morir» aún tuvo tiempo de escribir (número del 28 de febrero):

«La impresión general (de la sesión de la Duma del 27 de febrero) es muy buena»… «Por primera vez en la vida social y estatal de Rusia, el gobierno informa abiertamente al país sobre sus puntos de vista en cuestiones de política exterior…»

También nosotros estamos dispuestos a reconocer que el gran día parlamentario, si no «por primera vez», sí puso de manifiesto de manera especialmente patente la profunda unidad de los centurionegristas, el gobierno, los liberales y los «demócratas» del tipo de *Stolichnaya Pochta*, unidad en las cuestiones fundamentales de la «vida social y estatal». Por eso, consideramos absolutamente necesario examinar con atención la posición adoptada ese día y a raíz de ese día por todos los partidos.

El líder del partido gubernamental de los octubristas, Sr. Guchkov. Se dirige «con un ruego a los representantes del gobierno» para que expliquen la verdadera situación en el Lejano Oriente. Explica desde lo alto de la tribuna de la Duma la importancia de la economía en los gastos, – por ejemplo, en lugar de 60 000 rublos al año para el embajador en Tokio, 50 000 rublos. ¡Reformamos, no es broma! Dice que «en la prensa han encontrado cabida» noticias alarmantes sobre la política en el Lejano Oriente, sobre la amenaza de guerra con Japón. Por supuesto, el líder de los capitalistas no dice que la prensa rusa está amordazada: ¿para qué? En el programa la libertad de prensa puede figurar. Eso es necesario para un partido «europeo». Pero luchar de hecho contra el silenciamiento de la prensa, desenmascarar abiertamente la venalidad notoria de los influyentes órganos de prensa rusos, eso es ridículo esperarlo del Sr. Guchkov, así como del Sr. Miliukov. En cambio, sobre la vinculación de la política interior y exterior, el Sr. Guchkov dijo la verdad, es decir, soltó el verdadero trasfondo de esa comedia que la Duma representó el 27 de febrero.

«La circunstancia – proclamaba – de que avanzamos rápidamente por el camino de la pacificación y el apaciguamiento, debe indicar a nuestros adversarios que el intento de defender sus intereses (por parte de Rusia) esta vez será incondicionalmente exitoso». Los centurionegristas y octubristas aplauden. ¡Cómo no! Ellos, desde el principio, comprendían perfectamente que el quid de la cuestión discutida y de toda la actuación solemne del gobierno en la persona del Sr. Izvolski consiste en proclamar la política contrarrevolucionaria de nuestros Muraviov los colgadores como obra de pacificación y apaciguamiento. Hay que mostrar a Europa y al mundo entero que ante el «enemigo exterior» se alza una «Rusia unida», que pacifica y apacigua a un puñado de insurrectos (¡en total, apenas un centenar de millones de campesinos y obreros!) para asegurar el éxito de los «intentos de defender sus intereses».

Sí, el Sr. Guchkov supo decir lo que se requería de él, lo que requerían los terratenientes y capitalistas unidos.

El profesor Kapustin, octubrista «de izquierda», esperanza de los kadetes, anhelo de los partidarios de la paz social con el poder, se apresuró a seguir los pasos de Guchkov, aderezando su política con una repugnante y untuosa hipocresía liberal. «Dios quiera que se difunda la fama (acerca de la Duma) – de que cuidamos el dinero del pueblo». Cincuenta mil al año para el embajador, ¿acaso no es un ahorro de nada menos que diez mil? ¿Acaso no es un «magnífico ejemplo» que «mostrarán nuestros altos dignatarios al tomar conciencia del importante y difícil momento que atraviesa Rusia»?… «Nos esperan reformas radicales en las más diversas esferas de la vida del país, y para ello son necesarios amplios medios».

…¡Lejos queda Iudushka Golovliov de este parlamentario! Un profesor en la tribuna de la Duma, entusiasmándose con el magnífico ejemplo de los altos dignatarios… Pero qué hablar del octubrista, cuando los liberales y los demócratas burgueses no se quedan lejos de este servilismo.

Pasemos al discurso del ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Izvolski. A él, por supuesto, sólo le hacía falta un gancho en el espíritu del que Kapustin le ofreció en bandeja. Y el ministro se extendió sobre la necesidad de reducir los gastos, – o revisar las plantillas, para ayudar a los embajadores «que carecen de medios propios». Izvolski subraya que habla con permiso de Nicolás II, y glorifica «la fuerza, la razón y el patriotismo del pueblo ruso», que «aplicará todas sus fuerzas, tanto materiales como espirituales, para consolidar las actuales posesiones asiáticas de Rusia y para su desarrollo integral».

El ministro dijo lo que la camarilla le encargó decir. La palabra al líder de la oposición, Sr. Miliukov. Éste declara de inmediato: «El Partido de la Libertad del Pueblo, en la persona de la fracción aquí presente, ha escuchado con profunda satisfacción las palabras del ministro de Asuntos Exteriores y considera un deber saludar su primera intervención ante la representación del país con la explicación de las cuestiones relativas a la política exterior rusa. No hay duda de que en el momento actual… el gobierno ruso necesita… apoyarse en la opinión pública rusa para sus propios fines».

En efecto, es absolutamente indudable. Para sus propios fines, el gobierno contrarrevolucionario necesita apoyarse en lo que en el extranjero podría tomarse (o hacerse pasar) por la opinión pública rusa. Eso es necesario especialmente para obtener el empréstito, sin el cual amenazan la bancarrota y el fracaso de toda la política estolipiniana del zarismo, calculada para largos años de medidas violentas sistemáticas y masivas contra el pueblo.

El Sr. Miliukov se aproximó directamente al verdadero significado de la solemne salida a escena de los Sres. Izvolski, Guchkov y Cía. Esta salida fue encargada por la banda centurionegrista de Nicolás II. Cada detalle de esta manifestación policial-patriótica fue pensado de antemano. Las marionetas de la Duma representaban una comedia al son de la camarilla autocrática: sin el apoyo de la burguesía europea occidental, Nicolás II no puede sostenerse. Hay que obligar a toda la burguesía rusa, tanto de derecha como de izquierda, a expresar solemnemente su confianza en el gobierno, en su «política pacífica», en su solidez, en sus intenciones y capacidad de pacificar y apaciguar. Esto era necesario como una firma en blanco en un pagaré. Para ello pusieron en acción al más «grato» para los kadetes, al Sr. Izvolski; para ello encargaron toda esa desvergonzada hipocresía sobre el cuidado del dinero del pueblo, sobre las reformas, sobre la intervención «abierta» del gobierno con la «explicación» de la política exterior, aunque para todo el mundo está claro que no querían explicar ni explicaron absolutamente nada.

¡Y la oposición liberal cumplió obedientemente el papel de marioneta en manos de la monarquía policial-centurionegrista! En un momento en que una declaración decidida de la verdad por parte de la minoría burguesa de la Duma habría desempeñado, sin duda, un gran papel e impedido (o dificultado) que el gobierno obtuviera miles de millones para nuevas expediciones punitivas, horcas, cárceles y estados de protección reforzada, el partido de los kadetes «se postró a los pies» del adorado monarca y procuró ganarse su favor. El Sr. Miliukov se esforzaba en ganarse el favor demostrando su patriotismo. Se daba aires de experto en política exterior, basándose en que en no sé qué antesalas había recogido informaciones sobre Izvolski como liberal. El Sr. Miliukov firmaba conscientemente el pagaré, «saludando» solemnemente al ministro zarista en nombre de todo el partido kadete y sabiendo perfectamente que al día siguiente todos los periódicos europeos dirían, como obedeciendo una consigna: la Duma por unanimidad (excepto los socialdemócratas) expresó su confianza al gobierno, aprobó su política exterior…

El liberalismo ruso ha vivido en tres años una evolución que en Alemania requirió más de treinta años y en Francia incluso más de cien: la evolución de partidario de la libertad a un cómplice voluntario y vil del absolutismo. El arma específica de que dispone la burguesía en la lucha – la posibilidad de presionar con la bolsa, dificultar la obtención de dinero, desbaratar los «sutiles» planteamientos para nuevos empréstitos –, esta arma los kadetes pudieron utilizarla muchas veces en la revolución rusa. Y cada vez, tanto en la primavera de 1906 como en la primavera de 1908, ellos mismos entregaron su arma en manos del enemigo, lamieron la mano de los organizadores de pogromos y juraron lealtad.

El señor Struve se preocupó a tiempo de proporcionar a esta práctica un sólido fundamento teórico. En la revista *Rússkaya Mysl*, que en realidad debería llamarse *Pensamiento Centurionegrista*{139}, el Sr. Struve ya predica la idea de la «Gran Rusia», la idea del nacionalismo burgués, arremete contra la «hostilidad de la intelectualidad hacia el Estado», combate por milésima primera vez el «revolucionarismo ruso», el «marxismo», el «apostatar», la «lucha de clases», el «radicalismo banal».

Sólo podemos alegrarnos de esta evolución ideológica del liberalismo ruso. Porque, de hecho, este liberalismo ya se ha revelado en la revolución rusa exactamente como el Sr. Struve quiere hacerlo de manera sistemática, íntegra, meditada, «filosófica». La elaboración de una ideología contrarrevolucionaria consecuente es la clave cuando se tiene ya una clase plenamente formada y que ha actuado de manera contrarrevolucionaria en los períodos más importantes de la vida del país. La ideología correspondiente a la posición de clase y a la política de clase de la burguesía ayudará a todos y a cada uno a superar los restos de fe en el «democratismo» de los kadetes. Y es útil superar estos restos. Es necesario superarlos para poder avanzar en la obra de lucha realmente de masas por la democratización de Rusia. El Sr. Struve quiere un liberalismo abiertamente contrarrevolucionario. Nosotros también lo queremos, porque la «franqueza» del liberalismo ilustrará mejor tanto al campesinado democrático como al proletariado socialista.

Volviendo a la sesión de la Duma del 27 de febrero, hay que decir que la única palabra honesta y orgullosa de demócrata fue pronunciada por un socialdemócrata. El diputado Chjeidze subió a la tribuna, declaró que la fracción socialdemócrata votaría en contra del proyecto de ley, y comenzó a exponer los motivos de su voto. Pero tras sus primeras palabras: «Nuestra diplomacia en Occidente siempre ha servido de baluarte a la reacción y a los intereses…» el presidente le cerró la boca al diputado obrero. – «El reglamento permite exponer los motivos del voto», – mascullaban los kadetes. «Además de los motivos, también importa la forma», – respondió el bandido que se titula presidente de la III Duma.

Desde su punto de vista, tenía razón: ¡cómo atender al reglamento cuando estaba en juego la realización unánime de la manifestación patriótica encargada por la policía!

El diputado obrero se mantuvo aislado en esta cuestión. Tanto mayor es su mérito. El proletariado debe demostrar y demostrará que sabe defender los legados de la revolución democrática, a despecho de todas las traiciones del liberalismo y las vacilaciones del pequeñoburgués.

*Proletari* № 25, (25) 12 de marzo de 1908.

Se imprime según el texto del periódico *Proletari*