Los chovinistas trabajan. Se difunden intensamente rumores sobre los armamentos de los japoneses, sobre que han concentrado 600 batallones en Manchuria para atacar a Rusia. Turquía, al parecer, se arma activamente para declarar la guerra a Rusia esta misma primavera. Se prepara, según dicen, una insurrección en el Cáucaso con el objetivo de separarse de Rusia (¡solo faltaba que empezaran a gritar sobre los planes de los polacos!). La persecución contra Finlandia se calienta con patrañas sobre su armamento. Se lleva a cabo una encarnizada campaña contra Austria a propósito de la construcción de un ferrocarril en Bosnia. Se intensifican los ataques de la prensa rusa contra Alemania, la cual, supuestamente, azuza a Turquía contra Rusia. La campaña se lleva no solo en la prensa rusa, sino también en la francesa – sobre cuyo soborno por el gobierno ruso recordó tan oportunamente hace poco un socialdemócrata en la Duma.

La prensa burguesa seria de Occidente se niega a reconocer toda esta campaña como un engendro de la fantasía de los periodistas o una estafa de gente que persigue sensaciones. No, evidentemente, de los "círculos gobernantes" – léase: del gobierno zarista de las Centurias Negras o de una banda secreta de la corte, algo así como la famosa "cámara estelar"– emana una consigna completamente definida, se sigue una "línea" sistemática, se ha adoptado un "nuevo curso". La prensa extranjera relaciona directamente el cierre de la comisión de la Duma para la defensa del Estado a todos los diputados que no son miembros de ella, es decir, no solo a los partidos revolucionarios, sino también a los kadetes, con esta campaña chovinista; se dice incluso que el gobierno ruso, para rematar definitivamente su burla del "constitucionalismo", se propone solicitar los créditos para los refuerzos militares fronterizos no a toda la Duma, sino solo a la comisión de las Centurias Negras y octubristas.

He aquí algunas citas de periódicos europeos, en absoluto socialistas, que no pueden ser sospechados de optimismo respecto a la revolución rusa:

"Las victorias alemanas sobre Francia (en 1870) encendieron, como señaló en una ocasión Bismarck, la ambición de los militares rusos, y también ellos extendieron la mano en busca de laureles militares. Por razones políticas, religiosas e históricas, Turquía parecía un objeto particularmente adecuado para este fin (la guerra con Turquía de 1877-1878). Evidentemente, la misma opinión sostienen también ahora ciertos círculos en Rusia, que han olvidado las lecciones de la guerra japonesa y no comprenden las verdaderas necesidades del país. Puesto que en los Balcanes ya no queda ningún 'hermanito' que liberar, hay que inventar otros medios para influir en la opinión pública rusa. Y estos medios, hay que decir la verdad, son aún más burdos que los de entonces: se quiere presentar a Rusia como rodeada de enemigos internos y externos".

"Los círculos gobernantes de Rusia quieren intentar fortalecer su posición con los viejos medios, a saber: la represión violenta del movimiento de liberación en el interior y la distracción de la atención del pueblo respecto de la penosa situación interna mediante el despertar de sentimientos de nacionalismo, mediante la creación de conflictos diplomáticos que quién sabe cómo pueden terminar".

¿Cuál es, pues, el significado de esta nueva línea chovinista en la política de la autocracia contrarrevolucionaria? A una política así, después de Tsushima y Mukden, solo pueden lanzarse personas a las que se les hunde definitivamente el suelo bajo los pies. La experiencia de dos años de reacción no ha dado, a pesar de todos los esfuerzos, ningún apoyo interno medianamente firme a la autocracia de las Centurias Negras, no ha creado ningún elemento de clase nuevo, capaz de renovar económicamente la autocracia. Y sin esto, ningún salvajismo, ningún frenesí de la contrarrevolución puede sostener el régimen político actual de Rusia.

Tanto Stolypin como los terratenientes de las Centurias Negras y los octubristas comprenden que sin la creación de nuevos apoyos de clase no pueden mantenerse en el poder. De ahí su política de arruinar hasta los cimientos al campesinado, de romper violentamente la comuna para despejar el camino al capitalismo en la agricultura a cualquier precio. Los liberales rusos, los más doctos, los más instruidos, los más "humanos" – como los profesores de "Rússkie Védomosti"– resultan, en este sentido, incomparablemente más torpes que los Stolypin. "No sería nada sorprendente – escribe el editorialista de dicho periódico el 1 de febrero – si, al decidirse, por ejemplo, la suerte de las disposiciones temporales de noviembre, los comuneros-eslavófilos de ayer apoyaran el intento del ministerio de destruir la comuna mediante la consolidación de la tierra en propiedad personal de los dueños de cada casa... Se puede incluso pensar que los objetivos defensivos, comunes a la mayoría conservadora de la Duma y al ministerio, les sugerirán a aquella y a este medidas aún más agresivas que los famosos decretos de 1906... El cuadro resulta sorprendente: un gobierno conservador, con la ayuda de los representantes de los partidos conservadores, prepara una reforma radical en el ámbito de las relaciones agrarias, las que menos se prestan a cambios bruscos, decidiéndose a una medida tan radical por consideraciones abstractas sobre la preferencia de una forma de posesión frente a otra".

Despierte, señor profesor, sacúdase el polvo de archivo del viejo populismo, observe lo que han hecho dos años de revolución. Stolypin le ha vencido a usted no solo por la fuerza física, sino también porque comprendió correctamente la necesidad práctica más acuciante del desarrollo económico: la ruptura violenta de la vieja propiedad de la tierra. El gran "viraje", ya irrevocablemente realizado por la revolución, consiste en que la autocracia de las Centurias Negras antes podía apoyarse en las formas medievales de propiedad de la tierra, y ahora está obligada, total e irrevocablemente obligada, a trabajar con febril rapidez en su destrucción. Porque ha comprendido que sin la ruptura de los viejos ordenamientos agrarios no puede haber salida de esa contradicción que explica del modo más profundo la revolución rusa: ¡la propiedad de la tierra más atrasada, la aldea más salvaje, y el capitalismo industrial y financiero más avanzado!

Entonces, ¿están ustedes a favor de la legislación agraria de Stolypin?, nos preguntarán con horror los populistas. ¡Oh, no! ¡Tranquilícense! Estamos incondicionalmente en contra de todas las formas de la vieja propiedad agraria en Rusia, tanto la latifundista como la de las parcelas campesinas. Estamos incondicionalmente a favor de la ruptura violenta de esta vieja realidad podrida, putrefacta y que envenena todo lo nuevo, estamos a favor de la nacionalización burguesa de la tierra, como la única consigna consecuente de la revolución burguesa, como la única medida práctica que dirige todo el filo de la ruptura históricamente necesaria contra los terratenientes, ayudando a que de la masa campesina surjan propietarios libres sobre la tierra.

La particularidad de la revolución burguesa rusa consiste en que la política revolucionaria en la cuestión fundamental de la revolución, la cuestión agraria, la llevan a cabo las Centurias Negras y los campesinos junto con los obreros. Los abogados y profesores liberales defienden algo lo más inerte, absurdo y utópico: la conciliación de dos métodos opuestos y mutuamente excluyentes para romper lo caduco, y además una conciliación tal que, en general, no haya ruptura. O la victoria de la insurrección campesina y la ruptura total de la vieja propiedad de la tierra en beneficio del campesinado renovado por la revolución, es decir, la confiscación de la tierra terrateniente y la república. O la ruptura de Stolypin, que también renueva, renueva de hecho y adapta a las relaciones capitalistas la vieja propiedad de la tierra, pero solo enteramente en interés de los terratenientes, a costa de la ruina ilimitada de la masa campesina, de su expulsión violenta de las aldeas, del desalojo, de la muerte por hambre, del exterminio con la cárcel, la deportación, los fusilamientos y las torturas de toda la flor de la juventud campesina. Llevar a cabo una política semejante, de una minoría contra la mayoría, no es fácil, pero económicamente no es imposible. Debemos ayudar al pueblo a comprender esto claramente. Y el intento de salir, mediante una reforma ordenada, pacíficamente, sin violencia, del ovillo infinitamente enredado de contradicciones medievales creado por los siglos de historia rusa, es el sueño más torpe de los anquilosados "hombres en un estuche". La necesidad económica provoca incondicionalmente y llevará a cabo incondicionalmente el "cambio más brusco" en los ordenamientos agrarios de Rusia. La cuestión histórica consiste solo en si lo llevarán a cabo los terratenientes, dirigidos por el zar y Stolypin, o las masas campesinas, dirigidas por el proletariado.

"La unificación de la oposición": tal es el tema del día de la prensa política rusa. El periódico policial-stolypiniano "Rossía" se regocija: "¿Unificación? Entonces, también los kadetes son revolucionarios; ¡a por el kadete!". El kadete "Rech", saturado de arriba abajo del deseo funcionarial de demostrar que los kadetes pueden ser moderados no peor que los octubristas, hace un mohín melindroso, derrama torrentes de indignación "moral" por los intentos deshonestos de acusarle de revolucionarismo y declara: nosotros, por supuesto, saludamos la unificación de la oposición, pero esta unificación debe ser un movimiento "de izquierda a derecha" (editorial del 2 de febrero). "Tenemos la experiencia de errores políticos y desilusiones. Cuando la oposición se unifica, naturalmente, se unifica sobre el programa mínimo del partido más moderado de los que entran en su composición".

Este es un programa completamente claro: la hegemonía del liberalismo burgués, esta es mi condición, dicen los kadetes, de modo similar a como Falloux decía en 1871 a Thiers, que le pedía su apoyo: la monarquía, esta es mi condición.

"Stolíchnaya Pochta" {116} vio que decir directamente tales cosas es vergonzoso, deshonroso, y por eso "no está de acuerdo" con "Rech", saliendo del paso con vagas insinuaciones sobre el "estado de ánimo anterior a octubre" (¡la maldita censura impide un programa político claro!) e invitando, en esencia, a regatear. Es decir, "Rech" quiere dirigir, los revolucionarios quieren dirigir (la nueva unificación), ¿y yo no podría recibir una comisión por un honrado corretaje?

"Unificación": simpatizamos ardientemente con esta consigna, especialmente cuando aquí se insinúa – ¡aunque solo se insinúe! – el "estado de ánimo anterior a octubre". Solo que la historia no se repite, estimadísimos señores politicastros. Y las lecciones que nos ha dado la "historia de tres años" no pueden ser borradas por ninguna fuerza de la conciencia de las distintas clases. Estas lecciones son extraordinariamente ricas tanto por su contenido positivo (formas, carácter, condiciones de la victoria de la lucha de masas de obreros y campesinos en 1905) como por su contenido negativo (el fracaso de dos Dumas, es decir, el fracaso de las ilusiones constitucionales y de la hegemonía kadete).

Quien quiera estudiar sistemáticamente, reflexionar, asimilar, llevar a las masas estas lecciones, es bienvenido, estamos completamente a favor de la "unificación", a favor de la unificación para la lucha despiadada contra los renegados de la revolución. ¿No le gusta? Nuestros caminos se han separado.

La vieja consigna "anterior a octubre" es buena, y nosotros (¡no se ofenda el señor M. de la compilación "Nasha Mysl"! {117}) no la arrojaremos por la borda ("asamblea constituyente"). Pero es insuficiente. Es demasiado formal. Le falta la comprensión del planteamiento práctico de las cuestiones candentes por la vida. La completaremos con la gran lección de tres grandes años. Nuestro "programa mínimo", el "programa de nuestra unificación" es simple y claro: 1) confiscación de toda la tierra de los terratenientes; 2) república. Necesitamos una asamblea constituyente tal que pueda realizar esto.

La historia de las dos Dumas, de las Dumas kadetes, ha mostrado con sorprendente evidencia que la lucha real de las fuerzas sociales, esa lucha que no siempre fue consciente, que no siempre irrumpió al exterior, pero que siempre ejerció su influencia decisiva sobre todos los grandes desenlaces políticos, que siempre dispersó como polvo las artimañas de los profanos ingenuos y fraudulentamente hábiles del "constitucionalismo", esta lucha giró entera y completamente en torno a los dos "objetos" que hemos señalado. No son teorías abstractas, sino la experiencia real de la lucha de nuestras masas populares en las condiciones reales de la autocracia terrateniente rusa, lo que nos ha mostrado en la práctica la inevitabilidad precisamente de estas consignas. A quien sea capaz de asimilarlas, le proponemos "marchar por separado" y "golpear juntos", golpear al enemigo que devasta a Rusia, que extermina a miles de las mejores personas de Rusia.

"Se quedarán solos con ese programa de unificación". Eso no es cierto.

Lean los discursos de los campesinos sin partido en las dos primeras Dumas, y comprenderán que nuestro programa de unificación solo formula sus deseos, sus necesidades, las conclusiones elementalmente necesarias de esas necesidades. Contra quien no comprenda estas necesidades – desde el kadete hasta Peshejónov (él también predicó la "unificación" en Moscú, según nos escriben de allí) –, contra esos haremos la guerra en nombre de la "unificación".

Será una guerra tenaz. Supimos trabajar largos años antes de la revolución. No en vano nos llamaron duros como la roca. Los socialdemócratas hemos construido un partido proletario que no se desanimará por el fracaso del primer embate militar, no perderá la cabeza, no se dejará arrastrar por aventuras. Este partido marcha hacia el socialismo, sin atar su destino y su suerte al desenlace de tal o cual período de las revoluciones burguesas. Precisamente por eso está libre también de los lados débiles de las revoluciones burguesas. Y este partido proletario marcha hacia la victoria.

"Proletari" Nº 21, 26 (13) de febrero de 1908.

Se publica según el texto del periódico "Proletari"