¡Querido A. M.! No le respondí a su carta de inmediato, pues a propósito de su artículo o en cierta conexión con él tuvimos en la redacción, por extraño que parezca a primera vista, una riña bastante seria con Al. Al. ... Mmm, mmm... ¡yo hablaba en el lugar equivocado y por el motivo equivocado que usted pensaba! La cosa sucedió así. El libro "Ensayos sobre la filosofía del marxismo" agravó sobremanera las viejas divergencias entre los bolcheviques en cuestiones de filosofía. No me considero lo suficientemente competente en estas cuestiones como para apresurarme a intervenir en la prensa. Pero siempre he seguido atentamente nuestros debates partidistas sobre filosofía, comenzando por la lucha de Plejánov contra Mijáilovski y Cía. a finales de los 80 y hasta 1895, luego su lucha contra los kantianos en 1898 y los años siguientes (aquí ya no solo seguí, sino que en parte participé, como miembro de la redacción de "Zariá" desde 1900), y finalmente, su lucha contra los empiriocriticistas y Cía. Las obras de Bogdánov sobre filosofía las seguí desde su libro energeticista sobre "La concepción histórica de la naturaleza", libro que estudié durante mi estancia en Siberia. Para Bogdánov, esta posición fue solo una transición hacia otras concepciones filosóficas. Personalmente le conocí en 1904, y de inmediato nos obsequiamos mutuamente: yo – "Pasos", él – uno de sus trabajos filosóficos de entonces. Y yo en seguida (en la primavera o a principios del verano de 1904) le escribí desde Ginebra a París que él, con sus escritos, me disuadía en sumo grado de la justeza de sus puntos de vista y me convencía en sumo grado de la justeza de los puntos de vista de Plejánov. Con Plejánov, cuando trabajábamos juntos, conversamos más de una vez sobre Bogdánov. Plejánov me explicaba lo erróneo de las concepciones de Bogdánov, pero consideraba esta desviación de ningún modo desesperadamente grande. Recuerdo perfectamente que en el verano de 1903, Plejánov y yo, en nombre de la redacción de "Zariá", conversamos en Ginebra con un delegado de la redacción de "Ensayos sobre la cosmovisión realista", acordando cooperar: yo, sobre la cuestión agraria; Plejánov, sobre filosofía contra Mach. Su intervención contra Mach la puso Plejánov como condición para la cooperación, condición que el delegado de la redacción de los "Ensayos" aceptó plenamente. Plejánov consideraba entonces a Bogdánov como un aliado en la lucha contra el revisionismo, pero un aliado que se equivocaba en la medida en que seguía a Ostwald y luego a Mach. En el verano y el otoño de 1904, convergimos definitivamente con Bogdánov, como bolcheviques, y concluimos aquel bloque tácito, y que tácitamente apartaba la filosofía como un terreno neutral, bloque que perduró todo el tiempo de la revolución y nos dio la posibilidad de aplicar conjuntamente en la revolución aquella táctica de la socialdemocracia revolucionaria (= bolchevismo), que, según mi más profunda convicción, era la única correcta. Ocuparse de filosofía en el ardor de la revolución se podía poco. En la cárcel, a principios de 1906, Bogdánov escribió una cosa más, me parece que el III fascículo de "Empiriomonismo". En el verano de 1906 me lo obsequió y yo me puse a leerlo atentamente. Al leerlo, me enfurecí y me encolericé extraordinariamente: para mí se hizo aún más claro que él va por un camino archiincorrecto, no marxista. Le escribí entonces una "declaración de amor", una cartita sobre filosofía del tamaño de tres cuadernos. Le explicaba allí que yo, por supuesto, soy un marxista raso en filosofía, pero que precisamente sus trabajos claros, populares, magníficamente escritos me convencen de manera definitiva de su sinrazón en lo esencial y de la razón de Plejánov. Esos cuadernitos se los mostré a algunos amigos (a Lunacharski inclusive) y pensaba publicarlos bajo el título: "Apuntes de un marxista raso sobre filosofía", pero no llegué a hacerlo. Ahora lamento no haberlos publicado entonces de inmediato. Escribí hace unos días a Petersburgo pidiendo que busquen y me envíen esos cuadernos. Ahora han salido los "Ensayos sobre la filosofía del marxismo". Leí todos los artículos, excepto el de Suvórov (lo estoy leyendo), y con cada artículo literalmente me enfurecía de indignación. ¡No, esto no es marxismo! Y se meten en el pantano nuestros empiriocriticistas, empiriomonista y empiriosimbolista. ¡Asegurar al lector que la "fe" en la realidad del mundo exterior es "mística" (Bazárov), embrollar de la manera más vergonzosa el materialismo y el kantismo (Bazárov y Bogdánov), predicar una variedad de agnosticismo (empiriocriticismo) y de idealismo (empiriomonismo), enseñar a los obreros el "ateísmo religioso" y la "adoración" de las potencias humanas superiores (Lunacharski), declarar mística la doctrina de Engels sobre la dialéctica (Berman), beber de la fuente hedionda de unos "positivistas" franceses – agnósticos o metafísicos, ¡qué diablos los lleve, con su "teoría simbólica del conocimiento" (Yushkévich)! No, esto ya es demasiado. Por supuesto, nosotros, los marxistas rasos, somos gente no muy leída en filosofía, pero ¿por qué ofendernos ya tanto, presentándonos semejante cosa como filosofía del marxismo? ¡Yo me dejaré descuartizar antes que aceptar participar en un órgano o en un colegio que predique cosas semejantes!

Me sentí atraído de nuevo por los "Apuntes de un marxista raso sobre filosofía" y empecé a escribir[^1], y a Al. Al-ich – en el proceso de mi lectura de los "Ensayos" – le exponía mis impresiones, por supuesto, directa y crudamente.

¿Y qué tiene que ver aquí su artículo? – preguntará usted. – Pues tiene que ver que precisamente en un momento en que estas divergencias entre los bolcheviques amenazaban con agravarse especialmente, usted comienza manifiestamente a exponer las concepciones de una de las corrientes en su trabajo para "Proletari". Yo no sé, por supuesto, cómo y qué le habría resultado a usted en conjunto. Además, considero que el artista puede extraer para sí mucho de provechoso en toda filosofía. En fin, estoy plena e incondicionalmente de acuerdo en que en las cuestiones de creación artística usted tiene todas las cartas en la mano y que, extrayendo este tipo de concepciones tanto de su experiencia artística como de la filosofía, aunque sea idealista, usted puede llegar a conclusiones que aportarán un enorme beneficio al partido obrero. Todo esto es así. Y sin embargo, "Proletari" debe permanecer absolutamente neutral en toda nuestra divergencia en filosofía, sin dar a los lectores ni sombra de motivo para asociar a los bolcheviques, como tendencia, como línea táctica del ala revolucionaria de los socialdemócratas rusos, con el empiriocriticismo o el empiriomonismo.

Cuando yo, después de leer y releer su artículo, le dije a A. A-ich que estaba en contra de su publicación, aquel se puso más negro que una nube. Se cernía sobre nosotros directamente una atmósfera de escisión. Ayer reunimos a nuestra troika de la redacción en una sesión especial para discutir la cuestión. Entonces nos vino repentinamente en ayuda una estúpida salida en la revista "Neue Zeit". En el número 20, un traductor anónimo publicó allí un artículo de Bogdánov sobre Mach, y en el prefacio soltó que las divergencias entre Plejánov y Bogdánov ¡tienen tendencia a convertirse entre los socialdemócratas rusos en una divergencia fraccional entre bolcheviques y mencheviques! Con estas palabras, el tonto o tonta que escribió ese prefacio nos unió. De inmediato coincidimos en que una declaración sobre nuestra neutralidad es incondicionalmente necesaria ahora, en el primer número de "Proletari". Esto correspondía en extremo a mi estado de ánimo tras la aparición de los "Ensayos". Redactamos la declaración, la aprobamos por unanimidad, mañana sale en el número 21 de "Proletari" y se la enviamos a usted*.

En cuanto a su artículo, decidimos aplazar la cuestión sobre él, exponiéndole a usted en tres cartas de cada uno de los tres redactores de "Proletari" toda la situación y acelerando mi viaje y el de Bogdánov a verle a usted.

Así que usted recibirá una carta también de Al. Al. y del tercer redactor, de quien le escribí anteriormente.

Considero necesario decirle a usted mi opinión con toda franqueza. Cierta riña entre los bolcheviques sobre la cuestión de la filosofía la considero ahora completamente inevitable. Pero escindirse por esto sería, en mi opinión, una estupidez. Nosotros concluimos un bloque para llevar a cabo en el partido obrero una táctica determinada. Esa táctica la hemos llevado y la llevamos hasta ahora sin divergencias (la única divergencia fue sobre el boicot a la III Duma, pero, en primer lugar, nunca se agravó entre nosotros hasta el punto de insinuar una escisión; en segundo lugar, no correspondía a la divergencia de materialistas y machistas, pues, por ejemplo, el machista Bazárov estaba, como yo,

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* Véase V. I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed., tomo 16, pág. 421. Ed.

[^1]: 148 y a Al. Al-ich – en el proceso de mi lectura de los "Ensayos" – le exponía mis impresiones, por supuesto, directa y crudamente.