¡Señores! Ante la Duma ya ha intervenido una serie de oradores que han expuesto los puntos de vista fundamentales de los distintos partidos sobre la cuestión de la tierra. Es hora de hacer un balance. Es hora de darnos una respuesta clara y precisa a las preguntas: ¿en qué consiste la esencia de la disputa? ¿Cuál es la dificultad de la cuestión de la tierra? ¿Cuáles son los puntos de vista fundamentales de todos los partidos principales, cuyos representantes se han pronunciado en la Duma? ¿En qué divergen decisiva e irrevocablemente entre sí los distintos partidos en la cuestión de la tierra?

En la Duma se han expuesto cuatro puntos de vista principales sobre la cuestión agraria por los representantes de cuatro partidos o corrientes partidistas principales. El diputado Sviatopolk-Mirski expuso los puntos de vista de las «derechas», agrupando bajo esta palabra a los «octubristas», monárquicos, etc. 1). El diputado Kutler *) expuso el punto de vista de los kadetes, o del llamado «partido de la libertad popular». El dip[utado] Karaváiev 3) expuso los puntos de vista de los trudoviques. Le complementaron, en esencia de acuerdo con él, los diputados Zimin 4), Kolokólnikov 5), Baskin 6), Tijvinski 7). Por último, mi camarada, Tsereteli 8), expuso las concepciones del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. El representante del gobierno, el ministro Vasílchikov 9), expuso los puntos de vista del gobierno, que se reducen, como mostraré detalladamente *) en mi discurso, a una conciliación de los puntos de vista de las «derechas» y de los «kadetes».

Veamos, pues, en qué consisten los puntos de vista fundamentales de estas cuatro orientaciones políticas en la cuestión agraria. Comenzaré en el orden en que hablaron los diputados en la Duma, es decir, por las derechas.

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*) En el manuscrito, la palabra «detalladamente» está tachada con lápiz negro y de puño y letra de Vladímir Ilich está escrito encima «luego». Ed.

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El punto de vista fundamental del d[iputado] Sviatopolk-Mirski es el punto de vista de todos los llamados partidos «monárquicos» y de todos los octubristas, el punto de vista de la enorme masa de terratenientes rusos. El d[iputado] Sviatopolk-Mirski lo expresó de manera excelente con sus propias palabras: «Así pues, señores, abandonad [toda] idea de aumentar la superficie de la posesión de tierra campesina, salvo en casos excepcionales de verdadera estrechez de tierra». (Cito según el informe del periódico «Továrisch» 10), por ser el más completo, pues las actas taquigráficas aún no han salido).

Esto está bien dicho: directa, clara y simplemente. Abandonad la idea de aumentar las tierras de los campesinos — he aquí el punto de vista real de todos los partidos de derecha, desde la Unión del Pueblo Ruso hasta los octubristas. Y sabemos perfectamente que precisamente tal es el punto de vista de la masa de los terratenientes rusos y de los terratenientes de otras naciones que habitan Rusia.

¿Por qué los terratenientes aconsejan a los campesinos abandonar la idea de ampliar la posesión de tierra campesina? El dip[utado] Sviatopolk-Mirski lo explica: porque las haciendas de los terratenientes están mejor organizadas que las campesinas, son más «cultas» que las campesinas. Los campesinos, dícese, son «grises, oscuros, ignorantes». Ellos no pueden, como veréis, prescindir de la dirección de los terratenientes. «De tal cura, tal parroquia», bromeó el dip[utado] Sviatopolk-Mirski. Él cree firmemente, por lo visto, que el terrateniente siempre será el cura, que los campesinos siempre serán ovejas pasivas, siempre se dejarán esquilar.

¿Siempre, señor Sviatopolk-Mirski? ¿Siempre, señores terratenientes? ¡Ay, no os equivocaréis en esto? ¿No habrán permanecido hasta ahora los campesinos como «ovejas pasivas» porque eran demasiado «oscuros e ignorantes»? Pero todos vemos ahora que los campesinos se vuelven conscientes. Los diputados campesinos en la Duma no van hacia las «derechas», sino hacia los trudoviques y los socialdemócratas. Discursos como el de Sviatopolk-Mirski ayudarán incluso a los campesinos más oscuros a discernir dónde está la verdad, si realmente se puede ayudar a los partidos que aconsejan a los campesinos abandonar la idea de ampliar la posesión de tierra campesina.

He aquí por qué saludo de todo corazón el discurso del dip[utado] Sviatopolk-Mirski y los discursos de todos los futuros oradores de los escaños de la derecha sobre esta cuestión. ¡Continuad con el mismo espíritu, señores! ¡Ayudáis de manera excelente a abrir los ojos incluso a los campesinos más oscuros!

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Se dice: las haciendas de los terratenientes son más cultas que las campesinas... ¡Los campesinos no pueden prescindir de la dirección de los terratenientes!

Y yo os diré: toda la historia de la posesión de la tierra y de la hacienda de los terratenientes en Rusia, todos los datos sobre la hacienda terrateniente actual muestran que la «dirección» terrateniente siempre ha significado y significa violencias desmedidas sobre los campesinos, un ultraje sin fin sobre la persona de los campesinos y las campesinas, significa la explotación más descarada, más desvergonzada, nunca vista en ningún lugar del mundo (en ruso esto significa: despojo) del trabajo campesino.

Tal grado de opresión y abatimiento, tal miseria como la de los campesinos rusos, no se encuentra no ya en Europa occidental, sino ni siquiera en Turquía.

Mi camarada, Tsereteli, ya ha hablado de cómo se repartían las haciendas pobladas a los favoritos temporales y a los preferidos de las «esferas» cortesanas. Yo quiero detener vuestra atención en la cuestión de la hacienda, tocada por el dip[utado] Sviatopolk-Mirski, quien habló de la proverbial «cultura» de los terratenientes.

¿Sabe este diputado lo que los campesinos llaman otrabotki o panschiná? ¿Lo que la ciencia económica llama economía de prestación personal (otrabótochnoie joziáistvo)?

La economía terrateniente de prestación personal es herencia directa, supervivencia directa de la hacienda feudal, de la hacienda de corvea de los terratenientes.

¿En qué consistía la esencia de la hacienda feudal? En que los campesinos recibían del terrateniente una parcela para alimentar a su familia, y a cambio de ello debían trabajar tres días (y a veces más) en la tierra del terrateniente. En lugar de pagar al trabajador con dinero, como se paga ahora en todas partes en las ciudades, se pagaba con tierra. De la parcela recibida del terrateniente, el campesino apenas podía alimentarse. Y por este sustento, el campesino mismo y toda su familia debían cultivar la tierra del terrateniente con los caballos del campesino, con los aperos o «inventario» campesinos. Tal es la esencia de la hacienda feudal: una parcela miserable en lugar de pago por el trabajo; el cultivo de la tierra del terrateniente con el trabajo campesino y el inventario campesino; la coacción del campesino a trabajar bajo el garrote del terrateniente.*)

En tal hacienda, el campesino mismo debía convertirse en siervo, porque sin coerción por la fuerza, ni una sola persona sentada en una parcela se pondría a trabajar para el terrateniente. Y lo que era este derecho de servidumbre para los campesinos, — de esto los propios campesinos saben demasiado, recuerdan demasiado bien.

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*) En el manuscrito, el final de la frase, comenzando con las palabras «parcela miserable», está subrayado con lápiz negro. Ed.

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El derecho de servidumbre se considera abolido. Pero de hecho, en manos de los terratenientes ha quedado hasta ahora tal poder (gracias a las tierras por ellos saqueadas), que aún hoy mantienen al campesino en dependencia servil — mediante los otrabotki.

Los otrabotki, eso es precisamente la servidumbre contemporánea. Cuando mi camarada Tsereteli en su discurso a propósito de la declaración del gobierno habló del carácter feudal de la posesión terrateniente de la tierra y de todo el actual poder estatal en Rusia, — un periódico, que se arrastra ante el gobierno, — el nombre de este periódico es «Nóvoie Vremia», — levantó un griterío sobre la falsedad dicha por el diputado Tsereteli. No, el diputado del partido obrero socialdemócrata dijo la verdad. Sólo los ignorantes redomados o los escribas venales*) pueden negar que los otrabotki son una supervivencia directa de la servidumbre, que nuestra hacienda terrateniente se sostiene con los otrabotki.

¿En qué consiste la esencia de los otrabotki? En que la tierra del terrateniente no se cultiva con el inventario del terrateniente, ni con la contratación de obreros, sino con el inventario del campesino, sojuzgado por el terrateniente vecino. Y el mujik se ve obligado a caer en la servidumbre porque el terrateniente se ha apropiado las mejores tierras, dejando al mujik sobre «arenilla», arrinconándolo en una parcela miserable.

Los terratenientes se han adueñado de tanta tierra, que a los campesinos no ya que no puedan llevar su hacienda, sino que «no tienen dónde soltar una gallina». Los comités provinciales de terratenientes en 1861 y los terratenientes — mediadores de paz (se les llamó mediadores de paz, debió ser, porque miraban con buenos ojos a los terratenientes) — liberaron de tal modo a los campesinos, ¡que una quinta parte de la tierra campesina resultó recortada por los terratenientes! Liberaron de tal modo a los campesinos, que por la parcela que quedó a los campesinos después de este despojo, ¡obligaron al mujik a pagar tres veces más! Pues para nadie es un secreto que durante el «rescate» de 1861, al mujik se le hizo pagar mucho más de lo que la tierra valía. Para nadie es un secreto que entonces se obligó al mujik a rescatar no sólo la tierra campesina, sino también la libertad campesina. Para nadie es un secreto que la «beneficencia» del rescate estatal consistió en que la hacienda estatal arrancó de los campesinos más dinero por la tierra (en forma de pagos de rescate) del que entregó a los terratenientes.

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*) En la palabra «escribas» está tachada con lápiz la letra «s» en el original ruso. Ed.

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Fue una unión fraternal del terrateniente y del funcionario «liberal» para despojar al mujik.

Si el señor Sviatopolk-Mirski ha olvidado todo esto, los campesinos, seguramente, no lo han olvidado. Si el señor Sviatopolk-Mirski no sabe esto, que lea lo que escribía hace todavía treinta años el prof[esor] Janson en su «Ensayo de investigación estadística sobre las parcelas y pagos de los campesinos» 11) y lo que mil veces se ha repetido desde entonces en toda la literatura estadístico-económica.

Al campesino lo «liberaron» en 1861 de tal modo, que de inmediato cayó en el lazo del terrateniente. El campesino está tan oprimido por las tierras acaparadas por el terrateniente, que no le queda sino morir de hambre o caer en la servidumbre. ¡Y el campesino ruso «libre» en el siglo XX se ve todavía forzado a caer en la servidumbre del terrateniente vecino — exactamente igual que en el siglo XI caían en servidumbre los «smerdy» (así llama a los campesinos la «Verdad Rusa») y se «inscribían» bajo los terratenientes! Las palabras cambiaban, las leyes se promulgaban y desaparecían, los siglos transcurrían — y la esencia de la cuestión seguía siendo la misma.

Los otrabotki, eso es precisamente la dependencia servil del campesino, que se ve forzado con su inventario a cultivar las tierras vecinas de los terratenientes. La economía de otrabotki *) es la misma hacienda feudal, remozada, maquillada, vuelta del revés.

Para aclarar mi idea, citaré uno del abismo de ejemplos de que está llena la literatura sobre la hacienda campesina y terrateniente. Existe una extensa publicación del departamento de agricultura, correspondiente a principios de los años 90 y basada en informaciones obtenidas de los propietarios sobre el sistema de la hacienda terrateniente en Rusia («Datos agrícolas y estadísticos obtenidos de los propietarios». Ed. del d[epartamen]to de agricultura. Fasc. V. SPB. 1892). Procesó estos datos el señor S. A. Korolenko — no confundir con V. G. Korolenko; no es el escritor progresista, sino un funcionario reaccionario, eso es este señor S. A. Korolenko 12).

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*) En el manuscrito, la palabra «otrabótochnoie» está subrayada con lápiz negro. Ed.

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En el libro procesado por él, en la página 118, se puede leer: «En el sur del distrito de Elets (provincia de Oriol)*), en las grandes haciendas de los terratenientes, junto al cultivo por obreros anuales, una parte considerable de la tierra es cultivada por campesinos a cambio de la tierra que se les da en arriendo. Los antiguos siervos (¡escuchad, señor Sviatopolk-Mirski!) — continúan tomando tierra en arriendo de sus antiguos terratenientes y a cambio de ello cultivan su tierra. Tales aldeas continúan (¡notad esto!) llevando el nombre de «bárschina» de tal terrateniente.» Esto está escrito en los años 90 del siglo pasado, cuarenta**) años después de la proverbial «liberación» de los campesinos. ¡Cuarenta**) años después de 1861 existe la misma «bárschina», el mismo cultivo con inventario campesino de la tierra de los antiguos terratenientes!

Se me objetará tal vez que éste es un caso aislado. Pero todo aquel que esté familiarizado con la hacienda terrateniente en la franja central de tierra negra de Rusia, todo aquel que haya visto siquiera un atisbo de la literatura económica rusa, deberá reconocer que esto no es una excepción, sino una regla general. En las provincias propiamente rusas, precisamente allí donde predominan los terratenientes auténticamente rusos — (¡no en vano son tan caros a toda la gente auténticamente rusa de los escaños de la derecha!) — predomina hasta hoy la economía de otrabotki.

Me remitiré, por e[jemplo], a un trabajo científico tan conocido como el libro «Influencia de las cosechas y de los precios del grano», compilado por una serie de científicos. Este libro salió en 1898. 14). El predominio de la economía de otrabotki entre los terratenientes está demostrado en él con respecto a las provincias de: Ufá, Simbirsk, Samara, Tambov, Penza, Oriol, Kursk, Riazán, Tula, Kazán, Nizhni Nóvgorod, Pskov, Nóvgorod, Kostromá, Tver, Vladímir y Chernígov, es decir, en 17 provincias rusas.

Predominio de la economía de otrabotki... ¿qué significa esto? Significa que la tierra del terrateniente es cultivada con el mismo inventario campesino, con el trabajo del campesino arruinado, empobrecido, sojuzgado. ¡He ahí cómo es esa «cultura» de la que hablaba el dip[utado] Sviatopolk-Mirski y de la que hablan todos los defensores de los intereses de los terratenientes!

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*) En el manuscrito aquí, con lápiz negro, de puño y letra de Vladímir Ilich, está escrito encima «(Vetchinin)», 13). Ed.
**) En el manuscrito la palabra «cuarenta» está tachada con lápiz negro y está escrito encima «treinta». Ed.

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Los terratenientes, por supuesto, tienen mejor ganado, al que le va mejor en la cuadra señorial que al mujik en la isba campesina. El terrateniente, por supuesto, tiene mejores cosechas, porque los comités de terratenientes ya en 1861 se preocuparon de recortar las mejores tierras de los campesinos y registrarlas a nombre de los terratenientes. Pero de la «cultura» de la hacienda de los terratenientes rusos se puede hablar sólo en son de burla. En la masa de las haciendas no hay hacienda terrateniente alguna, sino que se lleva la misma hacienda campesina, la tierra es arada por el caballo campesino agotado, es cultivada con el viejo y malo inventario campesino.

En ningún país de Europa se ha conservado hasta ahora esta hacienda feudal en grandes y grandísimas parcelas de tierra con la ayuda del campesino sojuzgado, — en ninguno, excepto Rusia.

La «cultura» terrateniente es la conservación del feudalismo terrateniente. La cultura terrateniente es la usura con respecto al campesino empobrecido, al que se despluma por completo y se le sojuzga por una desiatina de tierra, por el pastoreo, por el abrevadero, por el bosque, por un pud de harina dado en préstamo al mujik hambriento en invierno con intereses impíos, por un rublo de dinero mendigado por la familia campesina...

¡Y estos señores de los escaños de la derecha aún discursean sobre la explotación de los campesinos por los judíos, sobre los intereses judaicos! Pues [ni un] millar de comerciantes judíos despojarán así al mujik ruso como lo despojan los terratenientes auténticamente rusos, ortodoxos. ¡Ningún interés del peor usurero puede compararse con los intereses que cobra el terrateniente auténticamente ruso, que en invierno contrata al mujik para el trabajo de verano o le obliga a pagar por una desiatina de tierra con dinero y con trabajo y con huevos y con gallinas *) y sabe Dios con qué más!

Esto parece una broma, pero esta broma amarga se parece demasiado a la verdad. He aquí un ejemplo fáctico de lo que paga el campesino por una desiatina de tierra (ejemplo tomado del conocido libro de Karýshev sobre los arriendos campesinos): por una desiatina el campesino debe cultivar 1½ desiatinas, más traer 10 huevos y 1 gallina, más dar un día de trabajo femenino. (Véase la pág. 348 del libro de Karýshev.) 15)

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*) En el manuscrito la palabra «gallinas» está corregida con lápiz negro por la palabra «gallos». Ed.

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¿Qué es esto? ¿«Cultura» o la explotación feudal más desvergonzada?

Una mentira clamorosa dicen sobre los campesinos, calumnian a los campesinos aquellos que quieren hacer creer a Rusia y a Europa que nuestros campesinos luchan contra la cultura. ¡Mentira! Los campesinos rusos luchan por la libertad contra la explotación feudal. El movimiento campesino se desplegó más ampliamente, más audazmente, la lucha campesina contra los terratenientes fue más aguda y masiva precisamente en aquellas provincias auténticamente rusas donde más firmemente se sostiene, más se ha arraigado el feudalismo auténticamente ruso, los otrabotki auténticamente rusos, la servidumbre, el ultraje sobre el campesino empobrecido y endeudado.

Los otrabotki no se sostienen por la fuerza de la ley — ¡por la ley el campesino es «libre» de morir de hambre! — se sostienen por la fuerza de la dependencia económica *) de los campesinos. Ninguna ley, ninguna prohibición, ninguna «supervisión» ni «tutela» pueden hacer absolutamente nada contra los otrabotki y la servidumbre. Para eliminar esta úlcera en el cuerpo del pueblo ruso existe un solo medio: la supresión de la propiedad terrateniente de la tierra **), pues ella es, en la abrumadora masa de casos, hasta ahora propiedad feudal, fuente y sostén de la explotación feudal.

Todas y cada una de las habladurías sobre la «ayuda» a los campesinos, sobre la «mejora» de su situación, sobre la «asistencia» a ellos en la adquisición de tierra, y d[emás] discursos p[or el] e[stilo], predilectos de terratenientes y funcionarios, todos ellos se reducen a evasivas y subterfugios vacíos, en tanto se elude la cuestión fundamental: conservar o no la propiedad terrateniente de la tierra.

Ahí está el quid del asunto. Y yo en particular debo prevenir a los campesinos y a los diputados campesinos: no se puede permitir que se eluda esta esencia del asunto. No se puede confiar en ninguna promesa, en ninguna palabra bonita, mientras no se haya esclarecido lo más principal: ¿quedará la propiedad terrateniente de la tierra en manos de los terratenientes o pasará a los campesinos?

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*) En el manuscrito las palabras «dependencia económica» están subrayadas por segunda vez con lápiz negro. Ed.
**) En el manuscrito las palabras «la supresión de la propiedad terrateniente de la tierra» están subrayadas dos veces con lápiz negro. Ed.

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Si queda en manos de los terratenientes, — quedarán los otrabotki y la servidumbre.*) Quedará la penuria y las hambrunas constantes de millones de campesinos. Los sufrimientos de una extinción lenta por el hambre — he aquí lo que significa para los campesinos la conservación de la propiedad terrateniente de la tierra.

Para mostrar claramente cuál es esta esencia de la cuestión agraria, hay que recordar las principales cifras sobre la distribución de la propiedad de la tierra en Rusia. Los datos estadísticos sobre la posesión de la tierra en Rusia — los más nuevos que existen — corresponden a 1905 **). El Comité Central de Estadística los recopiló mediante una encuesta especial, cuyos resultados completos aún no han sido publicados. Pero los principales resultados ya se conocen por los periódicos.

En total se cuentan en la Rusia E[uropea] hasta 400 millones de desiatinas. De los 395½ millones] — sobre los cuales hay datos preliminares — pertenecen al fisco, a la familia imperial, a las iglesias e instituciones 155 mill[ones] de des[iatinas], a personas privadas — 102 mill[ones] de des[iatinas], tierra campesina de parcela — 138½ mill[ones] de des[iatinas]. 16)

A primera vista puede parecer que la mayor parte de la tierra está en manos del fisco, que, por lo tanto, la cuestión no está en absoluto en las tierras de los terratenientes. Pero esto es un error que se comete a menudo y que hay que eliminar de una vez por todas. Al fisco le pertenecen, es cierto, 138 millones de des[iatinas], pero casi toda esta tierra corresponde a las provincias del norte, Arjánguelsk, Vólogda, Olónets, y además a tales localidades donde es imposible practicar la agricultura. El propio gobierno, según cálculos exactos de los estadísticos (me remito, por ejemplo], al señor Prokopóvich y a su libro «La cuestión agraria en cifras» 17), no podría reunir más de 7 con algo millones de desiatinas de tierras fiscales que se pudieran dar a los campesinos.

Esto significa que no se puede hablar seriamente de las tierras fiscales. Tampoco cabe hablar de los reasentamientos de campesinos en Siberia. Esto ya ha sido suficientemente aclarado por el orador trudovique en la Duma. ¡Que los propios señores terratenientes, si realmente creen en la utilidad de los reasentamientos en Siberia, se trasladen ellos mismos a Siberia! A esto los campesinos, quizás, accederían... Pero la propuesta de curar la penuria campesina con Siberia la acogerán, seguramente, con burla.

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*) En el manuscrito toda la frase está subrayada con lápiz negro. Ed.
**) En el manuscrito «1905» está subrayado con lápiz negro. Ed.

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Con respecto a las provincias rusas, y en particular a las provincias centrales de tierra negra, donde es más fuerte la penuria campesina, se trata precisamente de las tierras de los terratenientes y de ninguna otra. En vano discurseaba el dip[utado] Sviatopolk-Mirski sobre los «casos excepcionales de estrechez de tierra». La estrechez de tierra en la Rusia central no es una excepción, sino la regla. Y los campesinos están estrechados precisamente porque demasiado holgadamente, demasiado espaciosamente se han instalado los señores terratenientes. «La estrechez campesina» — eso significa el acaparamiento por los terratenientes de una masa de tierras.

«La falta de tierra campesina» significa la abundancia de tierra terrateniente.

He aquí, señores, cifras simples y claras. La tierra campesina de parcela es de 138½ millones de des[iatinas]. La de propiedad privada — 102 mill[ones] de des[iatinas]. ¿Cuántas de estas últimas pertenecen a los grandes propietarios? Setenta y nueve millones y medio de desiatinas de tierra pertenecen a propietarios que poseen más de 50 des[iatinas] cada uno. ¿Y a qué número de personas pertenece esta enorme masa de tierra? A menos de 135 mil (la cifra exacta es 133.898 propietarios).

Reflexionad bien sobre estas cifras: 135 mil personas de los más de cien millones de habitantes de la Rusia Eur[opea] poseen casi ochenta millones de desiatinas de tierra!!

Y junto a esto, 12¼ (¡doce y cuarto!) millones de hogares campesinos de parcela poseen 138½ millones de desiatinas. A un gran propietario, a uno (digamos para simplificar) terrateniente le corresponden 594 desiatinas *). A un hogar campesino le corresponden 11⅓ desiatinas **).

¡He ahí lo que el señor Sviatopolk-Mirski y sus correligionarios llaman «casos excepcionales de verdadera estrechez de tierra»! ¿Cómo no va a haber «estrechez» campesina general, cuando un puñado de ricos de 135 mil personas tiene 600 des[iatinas] cada uno, y millones de campesinos tienen 11 desiatinas por hacienda? ¿Cómo no va a haber «falta de tierra» campesina con tan enorme y excesiva abundancia de tierra terrateniente?

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*) En el manuscrito las palabras «594 desiatinas» están subrayadas por segunda vez con lápiz negro. Ed.
**) En el manuscrito las palabras «11 ⅓ desiatinas» están subrayadas por segunda vez con lápiz negro. Ed.

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El señor Sviatopolk-Mirski nos aconsejaba «abandonar la idea» de aumentar la posesión de tierra campesina. No, la clase obrera no abandonará esta idea. Los campesinos no abandonarán esta idea. Millones y decenas de millones no pueden abandonar esta idea, no pueden detener la lucha por el logro de su objetivo.

Las cifras que he dado muestran claramente por qué se lucha. Los terratenientes, que tienen por término medio 600 des[iatinas] por hacienda, luchan por sus riquezas, por las rentas que constituyen [no menos de], probablemente, más de 500 millones de rubl[os] al año. Y los terratenientes más grandes — muy a menudo son también los más altos dignatarios al mismo tiempo. Nuestro Estado, como ya dijo justamente mi camarada Tsereteli, defiende los intereses de un puñado de terratenientes, y no los intereses populares. No es de extrañar que tanto la masa de los terratenientes como todo el gobierno luchen con encono contra las reivindicaciones campesinas. No se ha visto aún en la historia de la humanidad ejemplos de que las clases dominantes y opresoras renuncien voluntariamente a sus derechos a la dominación, a la opresión, a las rentas de miles de los campesinos y obreros sojuzgados.

Los campesinos, en cambio, luchan por la liberación de la servidumbre, de los otrabotki, de la explotación feudal. Los campesinos luchan por tener la posibilidad de vivir medianamente como seres humanos. Y la clase obrera apoya en todas partes a los campesinos contra los terratenientes, los apoya en interés de los propios obreros, sobre los cuales también pesa el yugo terrateniente, — los apoya en interés de todo el desarrollo social, que es frenado [y aplastado] por el yugo del poder terrateniente.

Para mostraros, señores, lo que los campesinos pueden y deben obtener con su lucha, os presentaré un pequeño cálculo. El ministro de agricultura, señor Vasílchikov, dijo: «ha llegado el momento de recurrir para esclarecer esta cuestión ya no tanto a la elocuencia de las palabras, cuanto a la de las cifras, los hechos y la realidad». Estoy total, plenamente de acuerdo con el señor ministro. Sí, sí, precisamente así, señores: más cifras, más cifras sobre las dimensiones de la propiedad terrateniente de la tierra y sobre las dimensiones de la propiedad campesina de parcela. Ya os he dado las cifras sobre cuánta tierra terrateniente «excedente» hay. Ahora daré las cifras sobre las dimensiones de la penuria campesina de tierra.

Por término medio, como ya he dicho, cada hogar campesino posee 11⅓ desiatinas de tierra de parcela. Pero este cálculo medio encubre la penuria campesina de tierra, porque la mayoría de los campesinos tiene parcelas por debajo de la media, y una minoría insignificante por encima de la media.

De los 12¾ millones de hogares campesinos, 2 mill[ones] 860 mil (tomo con redondeo) hogares tienen parcelas de menos de 5 des[iatinas] por hogar. Tres millones 320 mil tienen de 5 a 8 des[iatinas]. Cuatro millones 810 mil tienen de 8 a 20 des[iatinas]. Un millón 100 mil hogares tienen de 20 a 50 des[iatinas] y sólo un cuarto de millón — más de 50 des[iatinas] (estos últimos tienen por término medio, probablemente, no más de 75 desiatinas por hogar).

Supongamos que 79½ millones de des[iatinas] de tierras de los terratenientes se destinan a ampliar la posesión de tierra campesina. Supongamos que los campesinos — conforme a las palabras [del miembro] partidario del sindicato campesino, el sace[rdote] Tijvinski, — no desean desposeer a los terratenientes y dejan a cada uno de ellos hasta 50 des[iatinas]. Esto es, seguramente, una cantidad demasiado alta para «cultos» señores como nuestros terratenientes, pero tomaremos por ahora, para el ejemplo, esta cifra. Después de deducir 50 des[iatinas] para cada uno de los 135 mil terratenientes, quedarían liberadas para los campesinos 72 (setenta y dos) millones de desiatinas de tierra. No hay fundamento para restar de esta suma los bosques (como hacen algunos escritores, por ej[emplo], el señor Prokopóvich, cuyas cifras he utilizado más de una vez), pues los bosques también rinden ingresos, y es imposible dejar este ingreso en manos de un puñado de terratenientes.

Añadid a estos 72 millones las tierras fiscales aprovechables (hasta 7,3 mill[ones] de des[iatinas]), luego todas las tierras de la familia imperial (7,9 mill[ones] de des[iatinas]), las eclesiásticas y monásticas (2,7 mill[ones] de des[iatinas]), — obtendréis una suma de hasta 90 millones de desiatinas. *) Esta suma es suficiente para ampliar la posesión de tierra de todos los hogares campesinos más pobres a no menos de 16 des[iatinas] por hogar.

¡¿Comprendéis, señores, lo que esto significa?!

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*) Aquí está añadido (con lápiz): «Cálculo detallado (para el caso de consultas) al final del 3er cuaderno» 18). Ed.

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Sería un gran *) paso adelante, libraría a millones de campesinos del hambre, elevaría el nivel de vida de decenas de millones de obreros y campesinos, les facilitaría la posibilidad de vivir medianamente como seres humanos, como viven los ciudadanos medianamente cultos de un Estado «culto», y no como vive la tribu en extinción del actual campesinado ruso. Esto no libraría, por supuesto, a todos los trabajadores de toda miseria y opresión, — (para ello es necesaria la transformación de la sociedad capitalista en socialista) — pero en proporciones enormes les facilitaría la lucha por esa liberación.

Más de 6 millones de hogares campesinos, más de la mitad del número total de campesinos tiene, como ya he dicho, menos de 8 des[iatinas] por hogar. Su posesión de tierra sería más que duplicada, casi triplicada. ¡Esto significa que la mitad del campesinado, eternamente en penuria, hambrienta, que deprime el precio del trabajo de los obreros en las ciudades, en las fábricas y talleres, — la mitad del campesinado podría sentirse gente!

¿Y el señor Sviatopolk-Mirski o sus correligionarios pueden seriamente aconsejar a millones de obreros y campesinos abandonar la idea de una salida así, plenamente posible, realizable y cercana, de una situación insoportable, desesperada?

Pero no es sólo esto, que la gran mitad de los hogares de la campesinada pobre podría casi triplicar su posesión de tierra a costa de nuestros demasiado abundantes en tierra señores terratenientes. Además de estos seis millones de hogares pobres hay todavía casi cinco (la cifra exacta es 4,8) millones de hogares campesinos que tienen de 8 a 20 des[iatinas]. De estos cinco millones de familias, no menos de tres millones también, indudablemente, viven en la miseria en sus miserables parcelas. ¡Y estos tres millones de hogares podrían llevar su posesión de tierra hasta 16 des[iatinas] por hogar, es decir, aumentarla en una vez y media, y algunos incluso al doble!

En resumen general resulta que del número total de 12¾ millones de hogares campesinos, 9 millones de hogares podrían mejorar su situación en proporciones enormes (¡y la situación de los obreros, a quienes ellos dejarían de deprimir los precios!), a costa de la tierra de los señores terratenientes, demasiado abundantes en tierra y demasiado acostumbrados a la hacienda feudal!

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*) En el manuscrito está tachada con lápiz negro la palabra «gran» y está escrito encima «enorme». Ed.

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He aquí lo que dicen las cifras sobre las dimensiones comparativas de la gran propiedad terrateniente y la insuficiente propiedad campesina.

Temo mucho que estas cifras y hechos no gusten al amante de las cifras y los hechos, el s[eñ]or ministro de agricultura, Vasílchikov. Pues él nos dijo en su discurso, tras el deseo de recurrir a las cifras: ... «Al hacerlo, no se puede dejar de expresar el temor de que las esperanzas que muchos vinculan a la realización de tales reformas (es decir, amplias reformas agrarias), al ser comparadas con las cifras, no tengan posibilidades de su plena realización»...

¡Temores vanos, señor ministro de agricultura! ¡Precisamente al ser comparadas con las cifras, las esperanzas de los campesinos de librarse de los otrabotki y de la explotación feudal deben tener posibilidades de su plena realización! Y por muy desagradables que sean estas cifras para el s[eñ]or ministro de agricultura, Vasílchikov, o para el señor Sviatopolk-Mirski y otros terratenientes, ¡estas cifras no se pueden refutar!

Pasaré ahora a las objeciones que se pueden hacer contra las reivindicaciones campesinas. Y, por extraño que parezca oír a primera vista, — al examinar las objeciones contra las reivindicaciones campesinas tendré que analizar los argumentos principalmente del representante del partido de la llamada «libertad popular», el señor Kútler. 19)

La necesidad de esto no se deriva en absoluto de que yo desee polemizar con el señor Kútler. Nada de eso. Yo estaría muy contento si los partidarios de la lucha campesina por la tierra tuvieran que polemizar sólo contra las «derechas». Pero el señor Kútler, a lo largo de todo su discurso, objetó, en esencia, contra las reivindicaciones campesinas planteadas por los socialdemócratas y los trudoviques, objetó tanto directamente (por ej[emplo], la impugnación de la propuesta hecha por mi camarada Tsereteli en nombre de todo el p[artido] o[brero] s[ocia]ld[emócrata] de Rusia) como indirectamente, demostrando a los trudoviques la necesidad de limitar, de recortar sus reivindicaciones.

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El dip[utado] Sviatopolk-Mirski, en esencia, ni siquiera pensaba en convencer a nadie. Particularmente lejos estaba de él la idea de convencer a los campesinos. Él no convencía, sino que declaraba su voluntad, más exactamente: declaraba la voluntad de la masa de los terratenientes. Ningún aumento de la superficie de la posesión de tierra campesina — he ahí a lo que se reducía, hablando simple y llanamente, el «discurso» del dip[utado] Sviatopolk-Mirski.

El dip[utado] Kútler, al contrario, todo el tiempo convencía, y convencía principalmente a los campesinos, los convencía de que renunciaran a lo que él declaró en el proyecto de los trudoviques como irrealizable o excesivo, y en el proyecto de nuestro partido, el s[ocia]ld[emócrata], no sólo irrealizable, sino también «la mayor injusticia», como él se expresó sobre la propuesta del representante de la socialdemocracia.

Examinaré ahora las objeciones del dip[utado] Kútler y [todas] las bases principales de aquellos puntos de vista sobre la cuestión agraria, de aquellos proyectos de reforma agraria que defiende el partido de la lla[mada] «libertad popular».

Comencemos por aquello que el dip[utado] Kútler, objetando a mi camarada de partido, llamó «la mayor injusticia». «Me parece — dijo el representante del partido de los kadetes — que la supresión de la propiedad privada de la tierra constituiría la mayor injusticia, mientras existan los demás tipos de propiedad de bienes muebles e inmuebles»... Y luego más:... «Puesto que nadie propone suprimir la propiedad en general, es necesario reconocer con toda fuerza la existencia de la propiedad de la tierra.»

Así razonaba el dip[utado] Kútler, «refutando» *) a Tsereteli con la referencia a que «también la otra propiedad (excepto la de la tierra) ha sido adquirida por vías quizás aún menos loables». Y cuanto más pienso en este razonamiento del dip[utado] Kútler, tanto más lo encuentro... ¿cómo expresarlo más suavemente?..., extraño. ... «Es injusto suprimir la propiedad de la tierra, si no se suprimen otros tipos de propiedad»... ¡Pero permitid, señores, recordad vuestras propias premisas, vuestras propias palabras y proyectos! Pues vosotros mismos partís de que ciertos tipos de propiedad terrateniente son «injustos» e injustos hasta tal punto, que requieren una ley especial sobre los modos y vías de su supresión.

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*) Aquí está insertado con lápiz negro: «del s[ocia]l-d[emócra]ta». Ed.

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¿Qué es lo que resulta, en realidad? «La mayor injusticia» — ¡suprimir un tipo de injusticia, sin suprimir otros tipos de ella!! Así resulta de las palabras del señor Kútler. ¡Es la primera vez que veo ante mí a un liberal, y además a un liberal tan moderado, sensato, burocráticamente adiestrado, que proclame el principio: «todo o nada»! Pues el razonamiento del s[eñ]or Kútler está construido enteramente sobre el principio de: «todo o nada». Y, en calidad de socialdemócrata revolucionario, debo sublevarme resueltamente contra este modo de razonar.

Imaginad, señores, que tengo que sacar del patio dos montones de basura. Pero el carro que tengo es uno solo. Y en un carro no se puede llevar más de un montón. ¿Qué debo hacer? ¿Renunciar por completo a limpiar mi patio sobre la base de que sería la mayor injusticia llevarse un montón de basura, si no se pueden llevar de una vez los dos montones? Me permito pensar que aquel que realmente quiere una limpieza completa del patio, que aspira sinceramente a la limpieza, y no a la suciedad, a la luz, y no a las tinieblas, razonará de otro modo. Si realmente es imposible llevarse los dos montones de una vez, entonces saquemos primero el primer montón, el que se puede cargar de inmediato y subir al carro, — luego vaciemos el carro y volvamos a casa para ocuparnos del segundo montón.

¡Sólo eso y nada más, señor Kútler! ¡Sólo eso y nada más! Primero el pueblo ruso necesita sacar fuera en su carro toda esa basura que se llama propiedad feudal, terrateniente, y luego, con el carro vacío, volver al patio ya más limpio y empezar a cargar el segundo montón, empezar a quitar la basura de la explotación capitalista.

¡Choquemos las manos, señor Kútler, si sois un adversario real de toda basura! Venga, escribámoslo así, citando vuestras propias palabras, en una resolución de la D[uma] de E[stado]: «reconociendo, junto con el dip[utado] Kútler, que la propiedad capitalista no es más loable que la propiedad terrateniente feudal, la D[uma] de E[stado] resuelve librar a Rusia primero de esta última, para luego emprenderla con la primera».

Si el señor Kútler no apoya esta propuesta mía, entonces me quedará la suposición no desarraigada de que el partido de la «libertad popular», remitiéndonos de la propiedad feudal a la propiedad capitalista, simplemente nos envía, como se dice, de Pilatos a Herodes o — dicho más simplemente — busca subterfugios, escapa mediante la huida del planteamiento claro de la cuestión.

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Nunca hemos oído que el partido de la «libertad popular» quiera luchar por el socialismo (pues la lucha contra la propiedad capitalista es precisamente la lucha por el socialismo) *). Pero hemos oído mucho... muchísimo que este partido quiere luchar por la libertad, por los derechos del pueblo. Y he aquí que ahora, cuando se ha puesto a la orden del día la cuestión precisamente no de la realización inmediata [de la libertad] del socialismo, sino de la realización inmediata de la libertad, y de la libertad respecto al feudalismo, — ¡el señor Kútler de repente nos remite a las cuestiones del socialismo! El señor Kútler declara «la mayor injusticia» la supresión de la propiedad terrateniente que se apoya en los otrabotki y la servidumbre — por la razón, exclusivamente por la razón de que él se ha acordado de la injusticia de la propiedad capitalista...

Como queráis, esto es un poco extraño.

Hasta ahora pensaba que el señor Kútler no es socialista. Ahora llego a la convicción de que no es en absoluto un demócrata, no es en absoluto partidario de la libertad popular — la auténtica, no entrecomillada, libertad popular. Pues a tales personas que en la época de la lucha por la libertad declaran «la mayor injusticia» la supresión de aquello que arruina la libertad, que oprime y aplasta la libertad, — a tales personas nadie en el mundo ha aceptado jamás llamarlas y considerarlas demócratas...

Otra objeción del señor Kútler estaba dirigida no contra el socialdemócrata, sino contra el trudovique. «Me parece — decía el señor Kútler — que se pueden imaginar condiciones políticas bajo las cuales el proyecto de nacionalización de la tierra (se trata del proyecto del Grupo del Trabajo, y el señor Kútler lo caracteriza de manera inexacta, pero no es ésta ahora la esencia de la cuestión) podría obtener fuerza de ley, pero yo no puedo imaginarme en el futuro próximo tales condiciones políticas bajo las cuales esta ley sería realmente realizada».

Otra vez un razonamiento sorprendentemente extraño, y extraño no desde el punto de vista del socialismo (¡nada de eso!), ni siquiera desde el punto de vista del «derecho a la tierra» u otro principio «laborista» — no, extraño desde el punto de vista de esa misma «libertad popular» de la que tanto oímos hablar al partido del señor Kútler.

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*) En el manuscrito el final de la frase desde las palabras «la lucha contra» está subrayado con lápiz negro. Ed.

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El señor Kútler todo el tiempo convencía a los trudoviques de que su proyecto es «irrealizable», de que persiguen en vano el objetivo de «rehacer desde la raíz las relaciones agrarias existentes», etc., etc. Ahora vemos claramente que la «irrealizabilidad» la ve el señor Kútler en nada más que en las condiciones políticas del tiempo actual y del futuro próximo!!

¡Permitid, señores, pero esto es directamente una especie de niebla, una confusión de conceptos imperdonable! Pues nosotros aquí precisamente por eso nos llamamos representantes del pueblo, precisamente por eso nos consideramos miembros de una institución legislativa, porque discutimos y proponemos el cambio de las malas condiciones por otras mejores. Y de repente, cuando discutimos la cuestión del cambio de una de las peores condiciones, se nos objeta: «irrealizable... ni ahora... ni en el futuro próximo... las condiciones políticas».

Una de dos, señor Kútler: o bien la Duma misma es una condición política, — y entonces es indecoroso para un demócrata adaptarse, amoldarse a las limitaciones que aún pueden provenir de otras «condiciones políticas». O bien la Duma no es una «condición política», sino una simple cancillería que toma en cuenta lo que place o no a los que están arriba, — y entonces no tenemos por qué hacernos pasar por representantes del pueblo.

Si somos representantes del pueblo, entonces debemos decir lo que piensa y quiere el pueblo, y no lo que place a las alturas o a cualesquiera otras «condiciones políticas». Si somos funcionarios, entonces, quizás, estoy dispuesto a comprender que declaremos de antemano «irrealizable» aquello sobre lo cual nos ha dado a entender la «superioridad» que no le place.

... ¡«Las condiciones políticas»!... ¿Qué significa esto? Significa: los tribunales militares de campaña, la seguridad reforzada, la arbitrariedad y la falta de derechos, el Consejo de Estado y otras tan amables ins-ti-tu-cio-nes **) del Imperio Ruso. ¿El señor Kútler quiere adaptar su proyecto agrario a lo que es realizable bajo los tribunales militares de campaña[,] la seguridad reforzada y el Consejo de Estado? No me sorprendería que por esto el señor Kútler fuera recompensado... no con la simpatía del pueblo, no, sino... ¡con una condecoración por servilismo!

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*) Las últimas tres palabras en el manuscrito están corregidas con lápiz negro así: «las limitaciones pueden provenir». Ed.
**) La palabra «instituciones» en el manuscrito está fuertemente subrayada con lápiz negro. Ed.

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El señor Kútler puede imaginarse tales condiciones políticas bajo las cuales el proyecto de nacionalización de la tierra podría obtener fuerza de ley... ¡Pues claro! ¡Un hombre que se llama demócrata no puede imaginarse condiciones políticas democráticas...! Pero la tarea de un demócrata, que figura como representante del pueblo, consiste no sólo en «imaginarse» toda clase de cosas buenas o malas, sino también en presentar al pueblo proyectos, declaraciones, exposiciones verdaderamente populares.

Que no se le ocurra al señor Kútler referirse a que yo propongo apartarme de la ley o violarla en la Duma... ¡Nada de eso! No existe tal ley que prohíba hablar en la Duma de la democracia y presentar proyectos de ley realmente democráticos *). Mi colega, Tsereteli, no ha violado ninguna ley cuando presentó la declaración de la fracción s[ocia]ld[emócrata], que habla tanto de la «expropiación de la tierra sin rescate» como del Estado democrático.

¡Pues el razonamiento del s[eñ]or Kútler se reduce por entero a que, ya que nuestro Estado no es democrático, no debemos nosotros tampoco presentar proyectos de ley agrarios democráticos! Por mucho que le deis vueltas a los razonamientos del s[eñ]or Kútler, no encontraréis en ellos ni un solo grano de otra idea, de otro contenido. Puesto que nuestro Estado sirve a los intereses de los terratenientes, no podemos nosotros (¡los representantes del pueblo!) escribir tampoco en los proyectos agrarios lo que no place a los terratenientes... No, no, señor Kútler, esto no es democratismo, esto no es libertad popular, esto es algo muy, muy alejado de la libertad, cercano al servilismo **)...

Veamos ahora lo que dijo propiamente el señor Kútler sobre el proyecto agrario de su partido.

El señor Kútler, ante todo, hablando de la tierra, objetaba a los trudoviques respecto a la «norma de consumo» y respecto a si alcanzaría o no la tierra.

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*) En el manuscrito, antes de la palabra «proyectos de ley», está insertado con lápiz negro: «agrarios». Ed.
**) La palabra «servilismo» en el manuscrito está tachada y con lápiz negro está escrita encima la palabra «servilismo» (en español en el original se nota la corrección de estilo). Ed.

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El señor Kútler tomó la «norma de 1861», la cual, dícese, es aún más baja que la norma de consumo, y comunicó que «según su cálculo aproximado» (¡la Duma no oyó ni una palabra sobre este cálculo y no sabe absolutamente nada de él!) incluso hasta esta norma faltan 30 mill[ones] de desiatinas.

Os recordaré, señores, que el d[iputado] Kútler habló después del representante del grupo del trabajo Karaváiev, y objetó precisamente a él. Y el dip[utado] Karaváiev dijo directa y claramente en la Duma y lo confirmó al público mediante una carta especial al periódico «Továrisch» (21 de marzo) que para aumentar la posesión de tierra campesina hasta la norma de consumo se necesitan hasta 70 millones de desiatinas. Dijo también que la suma de las tierras fiscales, de la familia imperial, eclesiásticas y de propiedad privada corresponde precisamente a esta cifra.

El dip[utado] Karaváiev no indicó la fuente de sus cálculos, no familiarizó a la Duma con el método de obtención de esta cifra. Mi cálculo, basado en una fuente por mí exactamente indicada y además oficial y la más nueva del Comité Central de Estadística, dio una cifra de más de 70 mill[ones] de des[iatinas]. Sólo de las tierras de propiedad privada hay libres para los campesinos 72 mill[ones] de des[iatinas], además las de la familia imperial, fiscales, eclesiásticas, etc.*) dan más de 10 y hasta 20 mill[ones] de des[iatinas].

En todo caso, el hecho sigue siendo un hecho: objetando al dip[utado] Karaváiev, el dip[utado] Kútler trataba de demostrar la insuficiencia de la tierra para ayudar a los campesinos, pero no pudo demostrarlo, dando cifras infundadas y, como he mostrado, cifras incorrectas.

En general, debo preveniros, señores, contra el abuso de estos conceptos: «norma de trabajo», «norma de consumo». Nuestro partido o[brero] s[ocia]ld[emócrata] actúa de manera mucho más correcta, evitando todas estas «normas». Estas «normas» introducen algo funcionarial, de cancillería en la viva y combativa cuestión política. Estas «normas» confunden a la gente y oscurecen la verdadera esencia del asunto. Trasladar la disputa a estas «normas», incluso ponerse a discurrir sobre ellas ahora, significa, en verdad, repartir la piel del oso antes de haberlo matado, — y además repartir esta piel verbalmente en una asamblea de tales personas que, seguramente, no repartirán la piel en la práctica, cuando matemos al oso.

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*) En el manuscrito aquí está insertado con lápiz negro: «tierras». Ed.

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¡No os preocupéis, señores! Los campesinos mismos se repartirán la tierra, cuando la tierra caiga en sus manos. Los campesinos sabrán fácilmente cómo repartir la tierra, — con tal que obtengan la tierra. ¡Y los campesinos no preguntarán a nadie cómo deben repartir la tierra! ¡Los campesinos no permitirán a nadie inmiscuirse en cómo se repartan la tierra! Vacías son esas habladurías sobre cómo repartir la tierra. No estamos aquí en una cancillería de agrimensura, ni en una comisión de ordenación de tierras, sino en un órgano político. Debemos ayudar al pueblo a resolver una tarea económica y política, ayudar al campesinado en su lucha contra los terratenientes, como clase que vive de la explotación feudal. Esta tarea viva, perentoria, es oscurecida por las conversaciones sobre las «normas».

¿Por qué la oscurecen? Porque en lugar de la verdadera cuestión de si hay que tomar o no 72 mill[ones] de des[iatinas] de los terratenientes para el campesinado, se discute una cuestión accesoria y, a fin de cuentas, nada importante sobre las «normas». Con esto se facilita la elusión de la cuestión, la evasión de una respuesta sustancial. Las disputas sobre la norma de trabajo y de consumo y qué otra norma hay, enredan el verdadero quid de la cuestión: ¿hay que tomar 72 mill[ones] de des[iatinas] de tierra de los terratenientes para los campesinos o no? Se intenta demostrar si es suficiente o insuficiente la tierra para tal o cual norma *).

¿Para qué estas demostraciones, señores? ¿Para qué estas palabras vacías, esta agua turbia en la que a algunos les es fácil pescar a río revuelto? ¿Acaso no está claro por sí mismo que lo que no hay no se puede juzgar, que los campesinos quieren la tierra no inventada, sino la tierra vecina de los terratenientes, que conocen muy bien? Y hay que hablar no de «normas», sino de la tierra de los terratenientes, no de si son suficientes todas esas normas, sino de cuánta tierra terrateniente. Todo lo demás son simples subterfugios, evasivas, incluso intentos de cegar a los campesinos.

Por ejemplo, el d[iputado] Kútler, así es como eludió la verdadera esencia del asunto. El trudovique Karaváiev, mal que bien, dijo directamente: 70 millones de desiatinas. ¿Qué respondió a esto el dip[utado] Kútler? A esto no respondió. Enredó la cuestión con las «normas», es decir, se desvió directamente de la respuesta a si está de acuerdo, si su partido está de acuerdo en entregar toda la tierra de los terratenientes a los campesinos o no.

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*) En el manuscrito la última frase está destacada con lápiz negro en un párrafo aparte. Ed.

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El dip[utado] Kútler aprovechó el error del dip[utado] Karaváiev, que no planteó la cuestión con suficiente claridad y nitidez, y eludió la esencia del asunto. ¡Y en esto está todo el quid de la cuestión, señores! Quien no está de acuerdo en entregar realmente toda la tierra de los terratenientes a los campesinos (recuerdo que he convenido en dejar 50 des[iatinas] a cada terrateniente, ¡para no desposeer a nadie!) — ése no está por los campesinos, ése no quiere una ayuda real a los campesinos. Pues si permitís que se oscurezca o se aplace la cuestión de toda la tierra de los terratenientes, entonces todo el asunto se pone en entredicho. Entonces se pregunta: ¿quién va a determinar qué parte de la tierra de los terratenientes se debe dar a los campesinos? ¿Quién la determinará? ¿Acaso 9 mill[ones] de des[iatinas] de 79 — es también una «parte» y 70 mill[ones] de des[iatinas] — es una «parte»? ¿Quién lo determinará, si no lo determinamos nosotros, si la D[uma] de E[stado] no lo dice clara y resueltamente?

El dip[utado] Kútler no en vano calló sobre esta cuestión. El dip[utado] Kútler alardeó con la palabra «expropiación forzosa». ¡Señores, no os dejéis seducir por las palabras! ¡No os dejéis engañar por frases bonitas! ¡Mirad la esencia del asunto! Cuando me dicen: «expropiación forzosa», yo pregunto *): ¿QUIÉN obliga A QUIÉN? Si millones de campesinos obligan a un puñado de terratenientes a someterse a los intereses del pueblo, entonces eso es muy bueno. Si un puñado de terratenientes obliga a millones de campesinos a someter su vida a la codicia de ese puñado, entonces eso es muy malo.

¡Y he aquí que el dip[utado] Kútler supo eludir completamente esta pequeña cuestión! Con su razonamiento sobre la «irrealizabilidad» y sobre las «condiciones políticas», él, en esencia, incluso llamaba al pueblo a resignarse a que está sometido a un puñado de terratenientes.

El dip[utado] Kútler habló inmediatamente después de mi camarada Tsereteli. Y Tsereteli, en la declaración de nuestra fracción s[ocia]ld[emócrata], hizo dos declaraciones plenamente definidas, que resuelven claramente precisamente esta cuestión, la cuestión cardinal y principal. Primera declaración: la transferencia de las tierras a un Estado democrático. Democrático, esto significa aquel que expresa los intereses de la masa popular, y no los intereses de un puñado de privilegiados. Debemos decir directa y claramente al pueblo que sin un Estado democrático, sin libertad política, sin una representación popular con plenos poderes, ninguna transformación agraria en favor de los campesinos es posible. Segunda declaración: la necesidad de una discusión previa de la cuestión de la tierra en comités locales igualmente democráticos.

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*) Aquí en el manuscrito está insertado con lápiz negro la palabra: «me». Ed.

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¿Qué respondió a esto el dip[utado] Kútler? Con el silencio. Mala es esa respuesta, señor Kútler. Habéis callado precisamente sobre la cuestión de si los campesinos obligarán a los terratenientes a ceder a los intereses del pueblo, o si los terratenientes obligarán a los campesinos a ponerse al cuello un nuevo lazo de un nuevo rescate ruinoso.

Callar sobre tal cuestión es imperdonable.

Sobre los comités locales, señores, hablaron en la Duma, además del s[ocia]ld[emócra]ta, también los socialistas populares (d[iputado] Baskin) y los socialistas-revolucionarios (dip[utado] Kolokólnikov). De los comités locales se ha hablado ya hace tiempo en la prensa, habló de ellos también la primera Duma. No debemos olvidarlo, señores. Estamos obligados a esclarecer bien, tanto para nosotros como para el pueblo, por qué se ha hablado tanto de esta cuestión y cuál es su verdadero significado.

La primera D[uma] de E[stado] discutió la cuestión de los comités locales de tierras en la decimoquinta sesión, el 26 de mayo de 1906. Plantearon la cuestión miembros del grupo del trabajo, que presentaron una declaración escrita firmada por 35 miembros de la Duma (entre ellos dos socialdemócratas, I. Savéliev 20) e I. Shuválov 21). La declaración fue leída por primera vez en la Duma en su 14ª sesión, el 24 de mayo de 1906 (véase la página 589 del «Acta taquigráfica» sobre las sesiones de la primera D[uma] de E[stado]); luego **) fue publicada y se discutió al día siguiente. Cito íntegramente los lugares principales de esta declaración:

...«Es necesario crear de inmediato sobre el terreno comités, elegidos sobre la base del derecho electoral universal, igual, directo y secreto, para el trabajo preparatorio necesario, tal como: la elaboración, con arreglo a las condiciones locales, de las normas de consumo y de trabajo del uso de la tierra, la determinación de la cantidad de tierra aprovechable, la parte en ella de tierra arrendada y cultivada con inventario propio y ajeno... etc. En vista de la necesidad de la adaptación más completa posible de la ley de la tierra a toda la diversidad de las condiciones locales, es conveniente que estos comités tomen la más viva participación en la discusión general de las bases mismas de la reforma agraria, expuestas en los distintos proyectos presentados a la Duma»... Los trudoviques proponían por ello elegir sin demora una comisión y elaborar de inmediato el correspondiente proyecto de ley.

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*) En el manuscrito aquí está insertado con lápiz negro: «los intereses». Ed.
**) Aquí en el manuscrito está insertado con lápiz negro «esta declaración». Ed.

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¿Cómo acogieron esta propuesta los diversos partidos? Los trudoviques y los socialdemócratas en sus órganos de prensa la apoyaron unánimemente. El partido de la lla[mada] «libertad popular», en su órgano principal «Rech», se pronunció categóricamente el 25 de mayo de 1906 22) (es decir, al día siguiente de la primera lectura del proyecto de los trudoviques en la Duma) contra el proyecto de los trudoviques. «Rech» sacó directamente el temor de que tales comités de tierra pudieran «desplazar la solución de la cuestión agraria hacia la izquierda» *).

«Rech» escribía: «Procuraremos, en la medida en que dependa de nosotros, conservar a los comités locales de asuntos de la tierra su carácter auxiliar**) y puramente práctico. Opinamos, por la misma razón, que constituir estos comités por medio del voto universal significaría prepararlos no para la resolución pacífica sobre el terreno de la cuestión de la tierra, sino para algo completamente distinto. La dirección de la orientación general de la reforma debe ser dejada en manos del Estado: por ello los representantes del poder estatal deben tener en las comisiones locales su lugar, si no con el propósito de decidir, al menos con el propósito de controlar la decisión de la instancia local. Luego — una vez más dentro de los límites de las bases generales de la reforma — en las comisiones locales deben estar representados, en lo posible de manera equilibrada, los intereses en colisión de las partes, que pueden ser conciliados sin quebrantar el significado estatal de la reforma emprendida y sin convertirla en un acto de violencia unilateral, que podría terminar en el fracaso total de todo el asunto.»

Esto es completamente claro y definido. El partido de la «libertad popular» valora la medida propuesta en su esencia y se pronuncia contra ella. El partido no quiere comités sobre el terreno que sean elegidos por voto universal, directo, igual y secreto, sino aquellos en los que deben estar representados de manera equilibrada tanto los puñados de terratenientes como los miles, las decenas de miles de campesinos. Y para el «control» deben participar los representantes del poder estatal.

Que reflexionen bien sobre esto los diputados campesinos. Que comprendan dónde está aquí la esencia, que se lo expliquen a todo el campesinado.

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*) Véase el periódico «Vperiod», Nº 1, del 26 de mayo de 1906, editorial «Los kadetes traicionan a los campesinos» firmada por G. Al-ski 23).
**) En el manuscrito la palabra «auxiliar» está subrayada con lápiz negro. Ed.

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Imaginad solamente, señores, de qué se trata. En los comités locales están representados por igual tanto los terratenientes como los campesinos, y un representante del gobierno — para el control, para la «conciliación». Esto significa: un tercio de votos a los terratenientes, un tercio — a los campesinos y un tercio a los representantes del Estado. ¡Y los más altos dignatarios del Estado, todos los que manejan los asuntos del Estado, son ellos mismos — los terratenientes más ricos! Resulta que ¡los terratenientes «controlarán» tanto a los campesinos como a los terratenientes! ¡Los terratenientes «conciliarán» a los campesinos con los terratenientes!

Sí, sí, esto será, indudablemente, una «expropiación forzosa», precisamente la expropiación forzosa por los terratenientes del dinero campesino y del trabajo campesino, — exactamente igual que en 1861 los comités provinciales de terratenientes recortaron a los campesinos una quinta parte de la tierra y les impusieron un precio doble por la tierra. ¡Tal reforma agraria significa nada menos que la colocación por los terratenientes de las tierras innecesarias para ellos y las peores a los campesinos a un precio triple, para sojuzgar aún más a los campesinos! Tal «expropiación forzosa» es mucho peor que un acuerdo voluntario de los campesinos con los terratenientes, porque en el acuerdo voluntario la mitad de los votos resulta ser de los campesinos, la mitad de los terratenientes. ¡En la expropiación forzosa kadete, en cambio, los campesinos tienen un tercio de los votos, y los terratenientes dos tercios: un tercio por ser terratenientes, el otro tercio por ser ellos también los funcionarios!!

Sobre la «liberación» campesina y el rescate de maldita memoria de 1861, el gran escritor ruso, uno de los primeros socialistas en Rusia, torturado por los verdugos del gobierno, Nikolái Gavrílovich Chernyshevski, escribía: mejor habría sido un trato voluntario de los campesinos con los terratenientes, que tal «liberación con tierra» *) a través de los comités provinciales de terratenientes **). En un trato voluntario sobre la compra de tierra, a los campesinos no se les podría haber arrancado tanto como se les arrancó por medio de la «conciliación» gubernamental de los campesinos con los terratenientes.

Y el gran socialista ruso resultó tener razón. Ahora, 16 años después de la proverbial «liberación con rescate», conocemos los resultados de la operación de rescate. El precio de venta de la tierra que recibieron los campesinos era de 648 millones de rublos, y a los campesinos se les obligó a pagar 867 millones de rublos, 219 millones de rublos más de lo que la tierra valía. 25) ¡Y durante medio siglo los campesinos se atormentaron, se extenuaron, pasaron hambre, se extinguieron en tales parcelas, bajo el yugo de tales pagos, bajo el yugo de la «conciliación» gubernamental de los campesinos con los terratenientes, — hasta que todo el campesinado llegó al actual estado insoportable!

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*) En el manuscrito las palabras «con tierra» están tachadas con lápiz negro y reemplazadas por las palabras «con rescate». Ed.
**) Sería bueno encontrar la cita exacta: parece que de «Cartas sin dirección» y también de algún otro lugar 24).

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Los liberales rusos quieren repetir una vez más una «conciliación» similar de los campesinos con los terratenientes. ¡Cuidado, campesinos! El partido o[brero] ***) os previene: decenas de años de nuevos tormentos, hambre, servidumbre, humillaciones y ultrajes — he aquí lo que acarrearéis al pueblo si accedéis a tal «conciliación».

La cuestión de los comités locales y del rescate — éste es el verdadero quid de la cuestión agraria. Y hay que dirigir toda la atención a que aquí no pueda haber oscuridades, medias palabras, ambigüedades y evasivas.

Y cuando, el 26 de mayo de 1906, se discutía esta cuestión en la primera D[uma] de E[stado], los kadetes que hablaron contra los trudoviques, Kokoshkin 26) y Kotliarievski 27), se libraron por completo con ambigüedades y evasivas. Insistieron en que la Duma no puede decretar de inmediato tales comités, — ¡aunque nadie proponía semejantes decretos! Hablaron de que esta cuestión está vinculada a la reforma del derecho electoral y del autogobierno local — es decir, simplemente postergaban el asunto perentorio y simple de la formación de comisiones locales que ayudasen a la Duma a resolver la cuestión agraria. Hablaron de «la tergiversación del curso del trabajo legislativo», del peligro de crear «sobre el terreno 80 o 90 Dumas», de que en «la creación de tales órganos como los comités locales, no hay en esencia necesidad alguna», etc., etc.

¡Todo esto sólo son evasivas, señores, una pura y continua elusión de la cuestión que la Duma debe resolver clara y definidamente: debe resolver la cuestión agraria un Estado democrático o el actual? ¿los campesinos, es decir, la masa de la población, deben predominar en los comités locales de tierras, o los terratenientes? ¿un puñado de terratenientes debe someterse a millones del pueblo o millones de trabajadores deben someterse a un puñado de terratenientes?

Y que no me vengan con discursos sobre la impotencia, la falta de fuerza y la falta de derechos de la Duma. Conozco muy, muy bien esto. Acepto de buen grado repetirlo y subrayarlo en cualquier resolución, declaración o manifiesto de la Duma. Pero en la cuestión dada no se trata de los derechos de la Duma — pues ninguno de nosotros ha pensado hacer la menor propuesta que viole la ley sobre los derechos de la Duma.

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***) En el manuscrito aquí está insertado con lápiz negro: «s[ocia]ld[emócrata]». Ed.

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Se trata de que la Duma exprese clara, definidamente y — lo principal — correctamente los intereses reales del pueblo, diga la verdad sobre la solución de la cuestión agraria, abra los ojos a la masa campesina sobre los escollos submarinos que yacen en el camino de la solución del problema de la tierra.

Por supuesto, la voluntad de la Duma no es aún ley, ¡lo sé perfectamente! Pero que de la limitación de la voluntad de la Duma, de amordazar a la Duma, se ocupe quien quiera, — ¡sólo que no la propia Duma! Por supuesto, la decisión de la Duma encontrará todavía toda clase y tipo de oposición, — pero esto jamás justificará a quienes se pondrían de antemano a inclinarse y serpentear, a hacer reverencias y humillarse, amoldándose a la voluntad ajena, adaptando la decisión de los representantes del pueblo a cualquier otra voluntad ajena.

Por supuesto, no es la Duma, en última instancia, la que resolverá la cuestión agraria, no es en la Duma donde se desarrollará el acto decisivo de la lucha del campesinado por la tierra. Pero podemos y estamos obligados a ayudar al pueblo con el esclarecimiento de la cuestión, con su planteamiento claro, con la exposición completa de la verdad, con la eliminación total de todo equívoco y ambigüedad, si queremos realmente ser representantes del pueblo, y no funcionarios liberales, si queremos realmente servir a los intereses del pueblo y a los intereses de la libertad.

Y para ayudar realmente al pueblo, es necesario en la resolución de la Duma iluminar con total claridad [resolver] tres cuestiones fundamentales sobre la tierra, que he esclarecido en mi discurso y que eludió y enredó el dip[utado] Kútler.

Primera cuestión — [¿toda la tierra de los terratenientes debemos entregarla a los campesinos o no? ¿Toda] entera con deducción de 50 des[iatinas] o de la norma de trabajo, etc., o no? [Dejar abierta esta cuestión, arrojar un velo sobre el punto más agudo significa perjudicar al pueblo] sobre los setenta y nueve millones de desiatinas de tierra de los terratenientes y sobre la necesidad de entregar de ellas no menos de 70 mill[ones] de des[iatinas] a los campesinos.

Segunda cuestión — sobre el rescate. La transformación agraria sólo reportará a los campesinos un beneficio medianamente serio si reciben la tierra sin rescate. El rescate sería un nuevo lazo al cuello del campesino, sería un tributo insoportablemente pesado sobre todo el desarrollo futuro de Rusia.

Tercera cuestión — sobre el régimen democrático del Estado, indispensable para la realización de la reforma agraria, y especialmente sobre los comités locales de tierras, elegidos por voto universal, directo, igual y secreto. Sin esto, la reforma agraria será la coerción de la masa campesina a ir a la servidumbre de los terratenientes, y no la coerción de un puñado de terratenientes a satisfacer las reivindicaciones maduras de todo el pueblo.

Dije al comienzo de mi discurso que el señor ministro de agricultura Vasílchikov conciliaba a las «derechas» con los «kadetes». Ahora, cuando he esclarecido el significado de la cuestión de los 70 millones de desiatinas de tierra de los terratenientes, del rescate y, lo principal, de la composición de los comités locales de tierras, — me basta con citar un solo pasaje del discurso del señor ministro:

...«Situándonos en este terreno — dijo el señor ministro, teniendo en cuenta "la inviolabilidad de los linderos" de la propiedad terrateniente y su "desplazamiento" sólo "en interés del Estado" — situándonos en este terreno y admitiendo en ciertos casos el desplazamiento forzoso *) de los linderos, consideramos que no vacilamos... los principios fundamentales de la propiedad»...

¿Habéis reflexionado bien *), señores, sobre estas significativas palabras del s[eñ]or ministro? Vale la pena reflexionar sobre ellas... Hay que reflexionar sobre ellas... El señor Kútler ha convencido plenamente al s[eñ]or ministro de que en la palabra «forzoso» no hay nada incómodo para los terratenientes... ¿Por qué?? ¡Pues porque los que obligarán serán los mismos señores terratenientes!!

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*) En el manuscrito la palabra «forzoso» está subrayada una vez más con lápiz negro. Ed.
*) En el manuscrito la palabra «bien» está subrayada con lápiz negro. Ed.

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Espero, señores, que haya logrado esclareceros nuestra actitud s[ocia]l-d[emócrata] tanto hacia los partidos de derecha como hacia el centro liberal (kadetes) en la cuestión agraria. Debo detenerme ahora en una diferencia importante del punto de vista socialdemócrata con respecto a los puntos de vista de los trudoviques en el sentido amplio de la palabra, es decir, de todos los partidos que se sitúan en el punto de vista del «principio del trabajo», tanto de los socialistas populares como de los «trudoviques» en [el sentido] estricto y de los socialistas-revolucionarios.

De todo lo dicho anteriormente, se ve ya que el partido o[brero] s[ocia]ld[emócrata] apoya por entero a la masa campesina en su lucha contra los terratenientes por la tierra, por la liberación de la explotación feudal. Los campesinos no tienen ni pueden tener aliados más seguros en esta lucha que el proletariado, que ha aportado más sacrificios a la causa de la conquista para Rusia de la libertad y la luz. Los campesinos no tienen ni pueden tener otro medio de conseguir la realización de sus justas reivindicaciones que la unión al proletariado consciente, que lucha bajo la bandera roja de la socialdemocracia internacional. Los partidos liberales en todas partes, en todos los países de Europa, han traicionado a los campesinos y han entregado sus intereses en sacrificio a los terratenientes; y en nuestro país, en Rusia, como he mostrado con el análisis del programa liberal, kadete, ocurre lo mismo.

Las diferencias de puntos de vista de los trudoviques y los socialdemócratas sobre la cuestión agraria ya las he tocado repetidamente en las partes anteriores de mi discurso. Ahora hay que analizar uno de los puntos de vista fundamentales del grupo del trabajo.

Para tal análisis me permitiré detenerme en el discurso del sacer[dote] Tijvinski. ¡Señores! Los socialdemócratas no compartimos las concepciones de la religión cristiana. Pensamos que el verdadero *) significado y contenido social, cultural y político del cristianismo se expresa más fielmente en los puntos de vista y aspiraciones de tales eclesiásticos como el obispo Evlogui 28), que en los de tal sacer[dote] Tijvinski. He aquí por qué, tanto en virtud de nuestra concepción científica, materialista del mundo, ajena a toda clase de prejuicios, como en virtud de nuestras tareas comunes de lucha por la libertad y la dicha de todos los trabajadores, nosotros, los s[ocia]l-d[emócratas], tenemos una actitud negativa hacia la doctrina cristiana. Pero, al declarar esto, considero mi deber decir de inmediato directa y abiertamente que la socialdemocracia lucha por la plena libertad de conciencia y trata con pleno respeto toda convicción sincera en materia de fe, siempre que esta convicción no se lleve a la práctica por medio de la violencia o el engaño. Tanto más me considero obligado a subrayar esto, cuanto que me propongo hablar de mis divergencias con el sace[rdote] **) Tijvinski — diputado campesino, digno de todo respeto por su sincera devoción a los intereses del campesinado, a los intereses del pueblo, que él defiende sin temor y con decisión.

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*) En el manuscrito la palabra «verdadero» está tachada con lápiz negro y está escrita encima la palabra: «real». Ed.
**) La palabra: «sace[rdote]» en el manuscrito está subrayada con lápiz negro. Ed.

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El sac[erdote] ***) Tijvinski apoya el proyecto de tierra del grupo del trabajo, construido sobre los principios de la igualdad en el uso de la tierra. Al defender este proyecto, el dip[utado] Tijvinski dijo: «He aquí cómo mira el campesinado, cómo mira el pueblo trabajador la tierra: la tierra es de Dios, y el campesino trabajador tiene derecho a ella así como cada uno de nosotros tiene derecho al agua y al aire. Sería extraño si alguien se pusiera a vender, o comprar, o traficar con el agua y el aire, — así de extraño suena para nosotros si alguien trafica, vende o compra la tierra. El sindicato campesino y el grupo del trabajo desean llevar a la práctica el principio: toda la tierra — al pueblo trabajador. Y en cuanto al rescate de la tierra — por qué vía se realizará, por la vía del rescate, por la vía de la simple expropiación sin rescate, — al campesinado trabajador no le interesa esta cuestión»...

Así habló en nombre del Sindicato Campesino y del Grupo del Trabajo el dip[utado] Tijvinski. El error, el profundo error de los trudoviques consiste precisamente en que a ellos no * ) les interesa la cuestión del rescate y de los modos de realización de la reforma agraria, — mientras que de esta cuestión depende realmente si los campesinos lograrán o no la liberación del yugo terrateniente. En cambio, les interesa la cuestión de la compra-venta de la tierra y del derecho igual de todos a la tierra, — mientras que esta cuestión no tiene ninguna importancia seria en la lucha por la liberación real del campesinado del yugo terrateniente.

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***) En el manuscrito la palabra: «sac[erdote]» está tachada con lápiz negro y está escrito encima: «dip[utado]». Ed.

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El dip[utado] Tijvinski defiende el punto de vista de que la tierra no se puede comprar ni vender, que todos los trabajadores tienen igual derecho a la tierra. Comprendo perfectamente que tal punto de vista brota de los más nobles sentimientos, de la ardiente protesta contra el monopolio, contra los privilegios de los ricos holgazanes, contra la explotación del hombre por el hombre, — brota de la aspiración a lograr la liberación de todos los trabajadores de toda opresión y de toda explotación.

Por este ideal, el ideal del socialismo, lucha el partido obrero socialdemócrata. Pero este ideal no se puede alcanzar por el camino de la igualación en el uso de la tierra de los pequeños productores, con el que sueña el dip[utado] Tijvinski y sus correligionarios.

El dip[utado] Tijvinski está dispuesto a luchar honrada, sincera y resueltamente — y, espero, a luchar hasta el fin — contra el poder de los terratenientes. Pero él ha olvidado otro poder, aún más pesado, más opresivo sobre la gente trabajadora contemporánea, el poder del capital, el poder del dinero.

El dip[utado] Tijvinski dice que al campesino le parece extraña la venta de la tierra, del agua o del aire. Comprendo que en personas que viven toda la vida o casi toda la vida en la aldea, haya debido formarse tal concepción. Pero echad una mirada a toda la sociedad contemporánea, capitalista, a las grandes ciudades, a los ferrocarriles, a las minas y yacimientos, fábricas y talleres. Veréis cómo están acaparados por los ricos tanto el aire, como el agua y la tierra. Veréis cómo decenas y cientos de miles de obreros están condenados a la privación de aire fresco, al trabajo bajo tierra, a la vida en sótanos, al uso de agua corrompida por la vecindad de las fábricas. Veréis cómo crecen rabiosamente los precios de la tierra en las ciudades y cómo el obrero es explotado no sólo por los fabricantes e industriales, sino también por los propietarios de casas, quienes, como se sabe, se enriquecen mucho más con las viviendas, cuchitriles, rincones y tugurios habitados por los obreros, que con los pisos ricos. ¡Y qué hablar de la compra-venta del agua, el aire y la tierra, cuando toda la sociedad actual se sostiene únicamente en la compra-venta de la fuerza de trabajo, es decir, en la esclavitud asalariada de millones de personas!

Pensad, ¿puede hablarse de igualdad de posesión de la tierra, de prohibición de compra-venta de la tierra, existiendo este poder del dinero y poder del capital? ¿Puede liberarse el pueblo ruso de la opresión y la explotación, si a cada ciudadano se le reconoce igual derecho a una parcela igual de tierra, y al mismo tiempo un puñado de personas poseerá decenas de miles o millones de rublos, mientras la masa seguirá siendo paupérrima? No, señores, mientras se sostenga el poder del capital, — será imposible ninguna igualdad entre los poseedores de tierra, serán imposibles, ridículas y absurdas toda clase de prohibiciones de vender y comprar tierra. Todo, no sólo la tierra, sino también el trabajo humano, y la personalidad humana, y la conciencia, y el amor, y la ciencia, — todo inevitablemente se vuelve venal, mientras se sostenga el poder del capital.

Al decir esto, no quiero en absoluto debilitar la lucha campesina por la tierra, debilitar su significado, su importancia, su perentoriedad. Nada de eso. He dicho ya y repito que esta lucha es justa y necesaria, que los campesinos, tanto en su propio interés como en interés del proletariado, como en interés del desarrollo social en su conjunto, deben sacudirse de encima el yugo feudal de los terratenientes.

No debilitar, sino fortalecer quieren los obreros conscientes la lucha campesina por la tierra. No detener esta lucha aspiran los socialistas, sino llevarla aún más lejos y para ello liberar *) de toda fe ingenua en la posibilidad de igualar a los pequeños productores o prohibir la compra-venta de la tierra existiendo el intercambio, el dinero y el poder del capital.

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*) En el manuscrito a la palabra «liberar» está añadido con lápiz «se» (error gramatical corregido en la traducción). Ed.

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Contra los terratenientes apoyan por entero a los campesinos los obreros socialdemócratas. Pero no con la pequeña hacienda aunque sea igualitaria se puede salvar a la humanidad de la miseria de las masas, de la explotación y la opresión del hombre por el hombre. Para esto es necesaria la lucha por la supresión de toda la sociedad capitalista y su sustitución por la gran producción socialista. Esta lucha la llevan ahora millones de obreros conscientes socialdemócratas en todos los países del mundo. Y sólo uniéndose a esta lucha, puede el campesinado, tras haberse sacudido a su primer enemigo, el terrateniente feudal, librar una lucha exitosa contra el segundo enemigo más terrible, ¡contra el poder del capital!

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2) Sviatopolk-Mirski, príncipe — diputado de derecha por la provincia de Besarabia, fue el primero en intervenir en los debates agrarios el 19 de marzo (véase su discurso en «Actas taquigráficas de la Duma de Estado de la segunda convocatoria», t. I, págs. 696-707). Ese mismo día le respondió por los socialdemócratas Tsereteli, y luego con una encendida réplica («Acta taquigráfica» I, 1107-1114) intervino el 26 de marzo el socialdemócrata Fomichov (provincia de Táurida). Por eso, en su discurso Alexinski ya no se detuvo en la intervención del príncipe Sviatopolk-Mirski, sino que se abalanzó sobre un similar representante de la posesión nobiliaria feudal de la tierra, el conde Stenbok-Fermor (provincia de Jersón — derechista), quien intervino con un discurso el 2 de abril («Acta taquigráfica», I, 1486-1492).

2) Kutler, N. N., era en esa época diputado por Petersburgo, kadete, intervino en nombre de su partido también el 19 de marzo («Acta taquigráfica», I, 730-742). Kutler falleció en 1923 en el cargo de uno de los dirigentes del Banco Estatal. En 1905-1906, Kutler era administrador principal de agricultura y ordenación de tierras en el gabinete de Witte, pero tuvo que dimitir debido a que Witte hizo fracasar su proyecto de expropiación forzosa parcial de la tierra terrateniente, que Kutler quería llevar a cabo para salvar la parte restante de la posesión nobiliaria de la tierra. La intervención de Kutler en la 2ª Duma es analizada detalladamente por Vladímir Ilich en su libro «El programa agrario de la socialdemocracia en la revolución rusa de 1905-1907»). (Obras Completas, t. IX, 574-575.) Alexinski en su discurso no utilizó la crítica de la intervención de Kutler que Vladímir Ilich da en su proyecto, y esta crítica, casi textualmente, entró en el mencionado trabajo de Vladímir Ilich.

3) Karaváiev, A. L. (1855-1908) — trudovique, diputado por Ekaterinoslav, también intervino el 19 de marzo («Acta taquigráfica», I, 707-723), véase también Lenin. Obras Completas, t. IX, 586-589). Karaváiev fue asesinado el 4 de marzo de 1908 por la Unión del Pueblo Ruso de Ekaterinoslav por su actividad política.

4) Zimin — trudovique, diputado de la provincia de Simbirsk, también intervino el 19 de marzo («Acta taquigráfica», I, 761-769).

5) Kolokólnikov — sacerdote, socialista-revolucionario, diputado de la provincia de Perm, intervino el 19 de marzo («Acta taquigráfica», I, 782-783).

6) Baskin — socialista popular, diputado de la provincia de Perm, intervino el 19 de marzo («Acta taquigráfica», 1, 755-761).

7) Tijvinski — sacerdote, progresista, diputado de la provincia de Viatka, intervino el 19 de marzo en nombre de los trudoviques y del Sindicato Campesino («Acta taquigráfica», I, 785-789). De aquella parte del proyecto de discurso (véase su final) que estaba dedicada a Tijvinski, Alexinski no se sirvió. (Véase también Lenin. Obras Completas, t. IX, 581.) Por sus intervenciones en la Duma contra la pena de muerte, Tijvinski fue objeto de persecuciones por parte del clero y fue despojado del rango sacerdotal.

8) Tsereteli, I. G. — socialdemócrata, menchevique, diputado de la provincia de Kutaisi, líder de los mencheviques en la 2ª Duma de Estado. Por el proceso de la fracción socialdemócrata de la segunda Duma fue deportado a trabajos forzados. Al regresar a Rusia en 1917, estuvo junto con Dan al frente de los mencheviques «revolucionarios» defensistas. Enemigo irreconciliable de la Revolución de Octubre, tras la cual partió hacia Georgia, donde fue uno de los jerarcas en los tiempos del dominio menchevique. Actualmente en la emigración. Es uno de los más activos enemigos de la URSS, cuyas actividades comienzan a provocar protestas incluso entre los dirigentes de la Segunda Internacional. Sobre la cuestión agraria intervino dos veces — la primera vez el 19 de marzo («Acta taquigráfica», 1, 723-730), la segunda vez el 26 de mayo al concluir los debates sobre la cuestión agraria («Acta taquigráfica», II, 1220-1236). Una valoración general de la intervención de Tsereteli la da Lenin en Obras Completas, t. IX, 608-609, su segundo discurso con argumentos a favor de la municipalización de la tierra es analizado en el mismo lugar, en las págs. 611-613.

9) Vasílchikov B., príncipe, nacionalista, fue en 1906-1908 el administrador principal de agricultura y ordenación de tierras. Vasílchikov intervino con la declaración gubernamental sobre la cuestión agraria el 19 de marzo («Acta taquigráfica», I, 753-755).

10) «Továrisch» — periódico diario, se publicaba en Petersburgo de 1906 a 1910. Oficialmente no pertenecía a ningún partido, pero en esencia era el órgano del bloque de los mencheviques con los liberales y reformistas del tipo de Prokopóvich. En este periódico, durante el período de la campaña electoral para la 2ª Duma de Estado, Plejánov actuó contra la plataforma electoral del CC del POSDR; más tarde, Mártof, Cherevanin y otros mencheviques defendieron en «Továrisch» los acuerdos preelectorales con los kadetes y con la ayuda de este periódico llevaron a cabo la escisión de hecho de la organización de Petersburgo en las elecciones a la 2ª Duma de Estado. Después del golpe de Estado del 3 de junio, «Továrisch» se convirtió en el órgano de la intelectualidad socialdemócrata renegada, futuros líderes del liquidacionismo.

11) El trabajo de Y. A. Janson con dicho título salió a la luz en enero de 1877 y debía haber sido el discurso de un acto en la Universidad de Petersburgo el 8 de febrero de 1877, pero no fue pronunciado. El «Ensayo» fue considerado no del todo conveniente «por su extensión y por el carácter mismo de las conclusiones».

12) Del trabajo de Korolenko para caracterizar el sistema de otrabotki se sirvió Vladímir Ilich en «El desarrollo del capitalismo». En la pág. 145 de Obras Completas, t. III, nota 2, encontramos el mismo pasaje que se cita en el proyecto y en el discurso mismo; igualmente es utilizado también en el libro «El programa agrario de la socialdemocracia rusa» (Obras Completas, t. IX, 302).

13) Vetchinin — derechista, representaba en la Duma de Estado el distrito de Elets de la provincia de Oriol, precisamente el mismo distrito de donde está tomada la ilustración de Korolenko, de lo cual hay una indicación en el discurso de Alexinski («Acta taquigráfica», I, 1625). El discurso de Vetchinin (7 y 16 de mayo, «Acta taquigráfica» II, *290-292) es analizado por Vladímir Ilich en «El programa agrario» (Obras Completas, t. IX, 572,).

14) El título completo de dicho trabajo: «Influencia de las cosechas y de los precios del grano en algunos aspectos de la economía nacional rusa» bajo la red. de A. I. Chuprov y A. S. Posnikov, t. 1 y 2, SPB. 1897. El libro fue compilado por economistas populistas y liberales (N. Annenski, V. Grigóriev, N. Karýshev, L. Maress, N. Ósipov, M. A. Plótnikov, V. I. Pokrovski, D. Rijter, A. F. Fortunátov, A. I. Chuprov y F. Scherbina) por encargo del ministerio de finanzas, y según la declaración de A. I. Chuprov (véase «Influencia de las cosechas y de los precios del grano en diferentes aspectos de la vida económica». Informe del prof. A. I. Chuprov y debates en la 3ª secc. de la Sociedad Económica Libre el 1 y 2 de marzo de 1897. Acta taquigráfica. SPB. 1897, pág. 3), esta nota (sobre el papel de las cosechas, etc.) en algunas de sus partes sirvió posteriormente como material para el informe más respetuoso del ministro de finanzas sobre la estimación estatal de ingresos y gastos para 1895. Los datos sobre la difusión del sistema de otrabotki son aportados por N. Annenski en su artículo en el mencionado trabajo (t. I, pág. 170); sobre la base de estos datos Vladímir Ilich compiló una tablita sobre la difusión del sistema de otrabotki en «El desarrollo del capitalismo» (Obras Completas, t. III, pág. 147).

15) El título completo del trabajo de Karýshev: «El arriendo parcelario campesino». Derpt, 1892.

16) Un análisis más detallado de la posesión de la tierra en la Rusia europea, véase en «El programa agrario de la socialdemocracia en la revolución rusa de 1905-1907». Obras Completas, t. IX, capítulo I, sección I.

17) Véase Prokopóvich, S. N., «La cuestión agraria en cifras» (Biblioteca del Bien Público, serie 2ª, Nº 27, SPB. 1907, pág. 118).

18) Del 3er cuaderno del apéndice indicado no disponemos (parte de las páginas del cuaderno están arrancadas). Cabe suponer que las cifras detalladas entraron en el capítulo I de «El programa agrario» (Obras Completas, t. IX, pág. 440-472); allí mismo se encuentran también las dimensiones del posible aumento de la superficie de uso de la tierra campesina. De estos datos Alexinski no se sirvió.

19) Del análisis detallado del discurso de Kutler no se sirvió Alexinski.

20) Savéliev, P. F. — miembro de la 1ª Duma de Estado por la ciudad de Moscú, socialdemócrata.

21) Shuválov, I. E. — miembro de la 1ª Duma de Estado por la provincia de Samara, socialdemócrata.

22) El artículo de «Rech» pertenece a Miliukov (véase la recopilación de sus artículos «Un año de lucha», SPB, 1907, págs. 457-460 — artículo «Las tareas de los comités agrarios locales en la concepción de los socialdemócratas y los kadetes»). El artículo se cita en Obras Completas de Lenin, t. IX, pág. 464, nota 1.

23) El artículo pertenece a G. A. Alexinski.

24) Cabe suponer que Vladímir Ilich tiene en vista los siguientes pasajes de Chernyshevski. En «Cartas sin dirección» (véase Obras de Chernyshevski, t. X, p. II, pág. 316, carta V) hay una indicación de que los campesinos liberados pagarán a su terrateniente 1 rublo 10 kopeks en lugar de cada rublo que pagaban bajo el anterior derecho de servidumbre. Más arriba Chernyshevski señala el carácter de clase (diríamos ahora) de la política de los comités nobiliarios. Por otra parte, en el «Prólogo del Prólogo» tenemos dos fragmentos referentes a esto. Ambos están puestos en boca de Volguin, bajo cuyo nombre Chernyshevski, como se sabe, se representó a sí mismo. En la disputa con Sokolovski, Volguin dice a propósito de «la lucha entre progresistas y el partido terrateniente sobre si liberar a los campesinos con tierra o sin ella». Esto, según la opinión de Sokolovski, es una diferencia colosal. «No, no colosal, sino insignificante, consideraba Volguin. Sería colosal si los campesinos recibieran la tierra sin rescate. Tomar una cosa a un hombre o dejársela, — pero tomar un pago por ella — es lo mismo. El plan del partido terrateniente difiere del plan de los progresistas sólo en que es más simple, más corto. Por eso es incluso mejor. Menos trámites, probablemente, también menos carga para los campesinos. Los campesinos que tengan dinero — se comprarán la tierra. Los que no lo tengan — no hay por qué obligarlos a comprarla. Esto sólo los arruinará. El rescate — es la misma compra. Si se ha de decir la verdad, mejor que sean liberados sin tierra.» (Obras de Chernyshevski, t. IX, p. I, pág. 164.)

25) Las informaciones más detalladas sobre el rescate se dan en el libro de A. Lositski «La operación de rescate», SPB., ed. «Dielo» 1906, págs. 12-19. Dado que la cuestión del rescate ya había sido tocada en su discurso del 2 de abril («Acta taquigráfica», 1495-1497) por el socialdemócrata bolchevique Serov (en 1907 deportado a trabajos forzados; fusilado por Semiónov en Transbaikalia en agosto de 1918), Alexinski no se detuvo en esta cuestión.

26) Kokoshkin, F. F. — miembro de la 1ª Duma de Estado por la ciudad de Moscú, kadete, profesor asociado de derecho estatal de la Universidad de Moscú, en 1917 miembro del Gobierno Provisional de Kérenski.

27) Kotliarevski, S. A. — miembro de la 1ª Duma de Estado por la provincia de Sarátov, kadete, profesor de derecho estatal de la Universidad de Moscú. Actualmente trabaja en el Comisariado del Pueblo de Asuntos Exteriores.

28) Evlogui — obispo, miembro de la Duma de Estado por la población rusa de parte de las provincias de Lublin y Siedlce, llamada de otro modo Rusia de Jolm y separada en una provincia especial ya bajo la 3ª Duma de Estado. Uno de los más extremistas de derecha. Evlogui fue miembro de la 3ª y 4ª Dumas de Estado, actualmente ha emigrado y es uno de los líderes del clero contrarrevolucionario en el extranjero.