«Továrisch» del 21 de febrero publicó extractos de las resoluciones adoptadas por el último congreso extraordinario del partido socialista revolucionario (eserista){42}. Las resoluciones están dedicadas a la cuestión de la táctica en la Duma.

Sobre estas resoluciones se puede y se debe decir muchísimo. No podemos detenernos aquí en el pecado fundamental de estas resoluciones eseristas, como de todas en general: la ausencia de un análisis de clase de los distintos partidos. Una táctica que merezca el nombre de táctica no puede establecerse sin ese análisis. La comparación de las resoluciones eseristas con la plataforma de la socialdemocracia revolucionaria (resoluciones elaboradas por la conferencia de representantes de varias organizaciones bolcheviques del 15 al 18 de febrero[7]; serán publicadas en los próximos días)[8] nos dará motivo para volver más de una vez a esta idea.

Tampoco nos detendremos en el énfasis algo excesivo que ponen los eseristas en la verdad elemental de que los revolucionarios no aspiran en absoluto a «crear conflictos externos (?), no esenciales», a «acelerar la disolución de la Duma», etc. Esto es un detalle.

El quid de la táctica eserista, desde el punto de vista de las tareas apremiantes del momento, es la siguiente resolución:

«4. El congreso considera que una agrupación partidaria tajante dentro de la Duma, con la actuación aislada de cada grupo por separado y una aguda lucha entre fracciones, podría paralizar por completo la actividad de la mayoría opositora y, con ello, desacreditar ante los ojos de las clases trabajadoras la idea misma de la representación popular. El congreso estima, por tanto, necesario que los diputados de partido realicen todos los esfuerzos para organizar una actuación lo más constante y coordinada posible de todas las fracciones socialistas y de extrema izquierda; y especialmente, en las cuestiones de lucha contra la derecha de la Duma y contra el gobierno por las libertades y los derechos políticos del pueblo, procurar actuaciones aisladas, lo más coordinadas posible, del sector revolucionario-socialista de la Duma con su sector opositor, debiendo realizarse todas estas actuaciones coordinadas, tanto las duraderas como las parciales, sobre bases que no contradigan en nada los principios fundamentales del programa y la táctica del partido».

¡Una magnífica exposición de las bases de principio de la táctica pequeñoburguesa! ¡Una magnífica revelación de su completa inconsistencia!

«¡Actuaciones coordinadas duraderas (!) y parciales», «lo más constantes (!) y coordinadas posible…». ¡Qué vacías son estas palabras cuando ni siquiera hay un intento de aclarar qué comunidad de intereses de qué clases, precisamente, subyace a toda esa «coordinación»! Nosotros, los socialdemócratas revolucionarios, reconocemos las actuaciones conjuntas del partido del proletariado y de los partidos de la pequeña burguesía democrática contra las centurias negras y contra los kadetes, como partido del liberalismo traidor. Los eseristas desconocen a tal punto esta base de clase de la revolución rusa, que hablan, por un lado, en general de la coordinación de las fracciones socialistas y de extrema izquierda, es decir, de embrollar las contradicciones entre el proletario y el pequeño productor; y, por otro lado, de la coordinación contra las centurias negras del sector revolucionario-socialista y del sector opositor de la Duma.

No, con ustedes, señores, no vamos a hablar ni de acuerdos constantes ni de la coordinación de las actuaciones en general. Coordinen primero su política de lucha con la nuestra contra las centurias negras y contra los kadetes, coordínenla de hecho: tal es nuestro ultimátum. Tal es nuestra línea política en la revolución democrática. Tanto en las elecciones de Petersburgo como en cada cuestión de la revolución actual, declararemos: el proletariado va sin vacilaciones al combate tanto contra las centurias negras como contra los k. d. Mientras los pequeños burgueses vacilan, mientras van a remolque de los k. d., lucha despiadada contra los pequeños burgueses. ¿Han abandonado a sus kadetes? ¿Están de acuerdo en ir contra los kadetes? Si es así, y si no está dicho en el papel sino demostrado con hechos, entonces, y solo entonces, los socialdemócratas nos encontraremos en el combate junto a ustedes en la actuación democrática.

Pero lo más notable, quizá, es la primera parte de la resolución citada. ¡Piensen solamente que con «una agrupación partidaria tajante dentro de la Duma», con «una aguda lucha entre fracciones»[9] se puede «desacreditar ante los ojos de las clases trabajadoras la idea misma de la representación popular»! ¡Éstos ya son «Plejánov» eseristas en el sentido de «Vasílievski»![10]

No, señores. El principio de la lucha de clases es la base de todas las enseñanzas y de toda la política socialdemócrata. Proletarios, campesinos, pequeñoburgueses no son niños pequeños como para que la idea de la representación se empañe a sus ojos por las ásperas disputas y la tajante lucha de clases. No debemos ser melosos con ellos, sino, al contrario, enseñarles desde la tribuna de la Duma a distinguir claramente los partidos, a comprender su base de clase, disimulada por los hábiles burgueses.

Todo el crimen de la política menchevique en la Duma consiste precisamente en que desde la tribuna de la Duma no quieren o no saben decir al pueblo toda la verdad sobre el carácter de clase de los distintos partidos, sobre los tratos secretos de los Miliukov con los Stolypin{43}, sobre la diferencia radical en los fines de la democracia entre el campesino y el liberal, y en los fines del socialismo entre el campesino y el proletario.

Pero la política menchevique, iniciada con el callado rodar de bolas a la orden del kadete, no es, ni mucho menos, la única posible.

Ese completo desconocimiento de la base de clase del liberalismo «opositor», que en secreto está traficando la libertad y la democracia con los Stolypin y Cía., es la base de la táctica oportunista que practican los pequeños burgueses (trudoviques, socialistas populares, eseristas) y el ala pequeñoburguesa del partido obrero, los mencheviques.

La lucha contra las centurias negras sirve como cortina de humo y pretexto plausible. De hecho, esta táctica pequeñoburguesa se aplica ante la absoluta imposibilidad del triunfo de las centurias negras, como ocurrió, por ejemplo, en las elecciones de Petersburgo y en las elecciones del presidente de la Duma. Y los trudoviques (los eseristas son independientes solo en la ficción; en realidad están ligados a los trudoviques y representan solo su ala izquierda, como lo demostraron las elecciones en Petersburgo y como lo demuestra la actual agrupación de los partidos en la segunda Duma), los trudoviques y los mencheviques apoyan la hegemonía de los kadetes; he aquí la esencia de la táctica pequeñoburguesa. Los liberales, no solo en Rusia, sino en toda Europa, condujeron durante mucho tiempo tras de sí a la pequeña burguesía democrática, demasiado fragmentada, subdesarrollada, irresoluta para ser independiente, y con una mentalidad demasiado de pequeño propietario para seguir al proletariado. El talón de Aquiles de la política pequeñoburguesa es la incapacidad e ineptitud para librarse de la hegemonía ideológica y política de los burgueses liberales. Los pequeños burgueses son lacayos de los kadetes no por casualidad, sino en virtud de las características económicas fundamentales de toda sociedad capitalista. La tarea fundamental de la socialdemocracia –tarea completamente ajena a la comprensión de los mencheviques– consiste, por lo tanto, en destruir sin desmayo la hegemonía del liberal sobre el demócrata, en liberar de manera constante a la masa pequeñoburguesa de bajo el ala de los kadetes y en someterla a la acción, a la influencia de la socialdemocracia.

«Actuaciones constantes y coordinadas» nos propone el trudovique. ¡Muchas gracias! ¿Para ligarnos con gente que, como el borracho a la copa, se siente atraída hacia el kadete? ¿Con gente que durante meses suplicó entrar en bloque con los kadetes en las elecciones de Petersburgo, que fueron como corderos a la reunión kadete del 19 de febrero y votaron por el kadete que vende la democracia?[11] ¡Muchas gracias!

Escrito el 22 de febrero (7 de marzo) de 1907.

Publicado el 23 de febrero de 1907 en el periódico «Novy Luch» núm. 4

Se publica según el texto del periódico.