De los ocho discursos socialdemócratas pronunciados en la II Duma sobre la cuestión agraria, solo dos contenían una defensa de la municipalización, y no una simple mención de la misma. Fueron el discurso de Ozol y el segundo discurso de Tsereteli. Los demás discursos consistieron, principal y casi exclusivamente, en atacar la propiedad terrateniente en general y en esclarecer el aspecto político de la cuestión agraria. Sumamente característico a este respecto es el sencillo discurso del campesino derechista Petróchenko (22.ª sesión, 5 de abril de 1907), que expone las impresiones generales de un diputado rural sobre los discursos de los oradores de los distintos partidos. «No fatigaré su atención enumerando lo que aquí se ha dicho; permítanme que lo diga con palabras sencillas. El diputado Sviatopolk-Mirski pronunció aquí un largo discurso. Este discurso, al parecer, nos preparaba para algo. Para decirlo en pocas palabras, resulta que la tierra que me pertenece o que yo poseo, no tienen derecho a quitármela, y yo no la entregaré. A esto, el diputado Kutler dijo: "ese tiempo ya pasó, hay que dar, entréguenla y recibirán dinero". El diputado Dmovski dice: "con la tierra hagan lo que quieran, pero la autonomía es imprescindible". Al mismo tiempo, el diputado Karaváiev dice: "se necesita lo uno y lo otro, pero amontónenlo todo junto, y luego repartiremos". Tsereteli dice: "no, señores, no se puede repartir, ya que el gobierno sigue siendo el viejo, y él no lo permitirá. Mejor procuremos hacernos con el poder, y luego repartiremos como queramos"» (pág. 1615).

El campesino captó, por consiguiente, como única diferencia entre el discurso del socialdemócrata y el del trudovik, la aclaración de la necesidad de la lucha por el poder en el Estado, la «toma del poder». ¡Las demás diferencias no fueron percibidas por él, le parecieron insignificantes! En el primer discurso de Tsereteli vemos, efectivamente, la revelación de que «nuestra nobleza burocrática es también la nobleza terrateniente» (725). El orador mostró cómo «a lo largo de varios siglos el poder estatal distribuyó en propiedad privada tierras que pertenecían a todo el Estado, tierras que constituían propiedad de todo el pueblo» (724). La declaración presentada por él al final del discurso en nombre de la fracción socialdemócrata y que repetía nuestro programa agrario, quedó sin motivar y sin ser contrapuesta a los programas de otros partidos de «izquierda». Constatamos esto no para acusar a nadie —al contrario, consideramos el primer discurso de Tsereteli, breve, claro, centrado en esclarecer el carácter de clase del gobierno terrateniente, como sumamente logrado—, sino para explicar por qué para el campesino derechista (y probablemente para todos los campesinos) desaparecieron los rasgos específicamente socialdemócratas de nuestro programa.

El segundo discurso socialdemócrata sobre la cuestión agraria fue pronunciado en la siguiente «sesión agraria» de la Duma (16.ª sesión, 26 de marzo de 1907) por el obrero Fomichev (de la provincia de Táurida), quien decía con frecuencia: «nosotros, los campesinos». Fomichev dio una réplica apasionada a Sviatopolk-Mirski, cuyas célebres palabras: los campesinos sin terratenientes son «un rebaño sin pastor», agitaron a los diputados campesinos mejor que varios otros discursos de «izquierda». «El diputado Kutler en un extenso discurso desarrolló la idea de la expropiación forzosa, pero con indemnización. Nosotros, los representantes del campesinado, no podemos aceptar la indemnización por la razón de que la indemnización es una nueva soga al cuello del campesino» (1113). Como conclusión, Fomichev exigió «la entrega de todas las tierras en manos de los trabajadores en las condiciones propuestas por el diputado Tsereteli» (1114).

El siguiente discurso lo pronunció también un obrero, Izmáilov, que salió por la curia campesina de la provincia de Nóvgorod (18.ª sesión, 29 de marzo de 1907). Respondió a su paisano, el campesino Bogátov, que aceptaba la indemnización en nombre de los mujiks de Nóvgorod. Izmáilov rechazó con indignación la indemnización. Relató las condiciones de la «liberación» de los campesinos de Nóvgorod, que recibieron 2 millones de desiátinas de los 10 millones de desiátinas de tierras de cultivo y 1 millón de desiátinas de los 6 millones de desiátinas de bosque. Describió la penuria de los campesinos, llegada al punto de que no solo «desde hace decenas de años queman en sus hornos los cercados alrededor de sus chozas», sino que «aserran las esquinas de sus propias isbas», «convierten las grandes y antiguas isbas en pequeñas solo para, al reconstruirlas, economizar de algún modo un brazado de leña para calentarse» (1344). «He aquí la situación de nuestros campesinos, y los señores derechistas se han puesto a añorar la cultura. El mujik, según ellos, se ha cebado con la cultura. ¡Pero cómo va a preocuparse de la cultura un mujik hambriento y aterido! Y así, en vez de tierra, quisieran ofrecerle esa cultura; pero yo tampoco me fío de ellos, creo que también consentirán en vender sus tierras, pero regatearán para que el mujik pague por la tierra lo más caro posible. Y he aquí por qué consienten. En mi opinión —y el campesinado debe saberlo especialmente— no se trata en absoluto de la tierra, señores. Creo que no me equivocaré si digo que detrás de la tierra se oculta algo distinto, otra fuerza, que los terratenientes-nobles feudales temen entregar al pueblo, temen perder junto con la tierra, esto es, señores: el poder. Entregarán la tierra y quieren entregarla, pero de modo que sigamos siendo sus esclavos como antes. Si nos endeudamos, no podremos librarnos del poder de los terratenientes-feudales» (1345). ¡Difícilmente se puede imaginar algo más gráfico y certero que esta revelación de la esencia de los planes kadetes por parte de un obrero!

El socialdemócrata Serov, en la 20.ª sesión, el 2 de abril de 1907, criticó principalmente las opiniones de los kadetes como «representantes del capital» (1492), «representantes de la propiedad capitalista de la tierra». El orador mostró detalladamente, con cifras en la mano, lo que fue la indemnización en 1861 y rechazó «el principio elástico» de la evaluación justa. Serov dio una respuesta irreprochablemente correcta, desde el punto de vista marxista, a Kutler sobre el argumento de que no se puede confiscar la tierra sin confiscar el capital. «Nosotros no aducimos en absoluto los argumentos de que la tierra no es de nadie, de que la tierra no es creación de las manos humanas» (1497). «El proletariado, cuyo representante es aquí el partido de los socialdemócratas, habiendo alcanzado la autoconciencia, rechaza por igual toda explotación, tanto la feudal como la burguesa. Para él, el proletariado, no existe la cuestión de cuál de estas dos formas de explotación es más justa; para él, la cuestión se reduce constantemente a si han madurado las condiciones históricas para la liberación de la explotación» (1499). «Según cálculos de los estadísticos, con la confiscación de las tierras pasarían a manos del pueblo hasta 500 millones de rublos de renta no laboral de los terratenientes. El campesinado emplearía esta renta, naturalmente, en mejorar su economía, en ampliar la producción, en aumentar sus necesidades» (1498).

En la 22.ª sesión de la Duma (5 de abril de 1907) se pronunciaron los discursos agrarios de Anikin y Aleksinski. El primero subrayó la relación entre «la alta burocracia y la gran propiedad terrateniente» y demostró la indisociabilidad de la lucha por la libertad y por la tierra. El segundo, en un extenso discurso, esclareció el carácter feudal de la economía de aparcería, predominante en Rusia. El orador expuso así la base de las concepciones marxistas sobre la lucha del campesinado contra la propiedad terrateniente, luego mostró el doble papel de la comuna («supervivencia del pasado» y «aparato para presionar sobre las fincas de los terratenientes»), la importancia de las leyes del 9 y 15 de noviembre de 1906 (unir al kulak al terrateniente como «puntal»). El orador mostró con cifras en la mano que «la escasez de tierra de los campesinos es la abundancia de tierra de los nobles», y explicó que la expropiación «forzosa» kadete es «coacción del pueblo en beneficio de los terratenientes» (1635). Aleksinski se refirió directamente al «órgano kadete "Rech"» (1639), que reconoció la veracidad kadete sobre la composición terrateniente de los comités de tierras deseables para ellos. Y el kadete Tatarínov, que habló una sesión después de Aleksinski, fue arrinconado por esto, como ya vimos.

El discurso de Ozol en la 39.ª sesión (16 de mayo de 1907) nos da un ejemplo de a qué argumentación, indecorosa para los marxistas, empujó a una parte de nuestros socialdemócratas Máslov con su famosa «crítica» de la teoría de la renta de Marx y la correspondiente tergiversación del concepto de nacionalización de la tierra. Ozol objetaba a los eseristas así: «su "proyecto" resulta, en mi opinión, desesperado, pues se suprime la propiedad privada sobre los medios de producción, en este caso sobre la tierra, al tiempo que se conserva la propiedad privada sobre los edificios fabriles, no solo sobre los edificios fabriles, sino incluso sobre las casas y construcciones. En la página 2 del proyecto leemos que todas las construcciones erigidas en la tierra y explotadas de manera capitalista permanecen como propiedad privada; entonces cualquier propietario privado dirá: hagan el favor, paguen todos los gastos por las tierras nacionalizadas, por el empedrado de calles, etc., y yo recibiré la renta de estas casas. Esto no es nacionalización, sino simplemente facilitar la obtención de rentas capitalistas en la forma capitalista más desarrollada» (667).

¡He ahí el maslovismo! En primer lugar, se repite el vulgar argumento de los derechistas y kadetes de que no se puede destruir la explotación feudal sin tocar la explotación burguesa. En segundo lugar, se revela una asombrosa ignorancia económica: la «renta» de las casas urbanas, etc., contiene la parte del león de la renta del suelo. En tercer lugar, nuestro «marxista», siguiendo a Máslov, ¿olvida por completo (o niega?) la renta absoluta. En cuarto lugar, ¡resulta que el marxista refuta la conveniencia de «la forma capitalista más desarrollada», defendida por el eserista! Perlas de la municipalización maslovista...

Tsereteli, en un extenso discurso final (47.ª sesión, 26 de mayo de 1907) defendió la municipalización, por supuesto, de manera más reflexiva que Ozol, pero precisamente la defensa minuciosa, sopesada y clara de Tsereteli puso especialmente de relieve toda la falsedad de los argumentos básicos de los municipalizadores.

La crítica a los derechistas, hecha por Tsereteli al comienzo del discurso, era totalmente correcta desde el punto de vista político. Fue magnífica su observación contra los charlatanes del liberalismo, que asustaban al pueblo con sacudidas como las de la Revolución Francesa. «Él (Shingariov) olvidó que precisamente después de la confiscación y como consecuencia de la confiscación de las tierras de los terratenientes, Francia renació a una nueva y pujante vida» (1228). Fue también totalmente correcta la consigna básica de Tsereteli: «la completa destrucción de la propiedad terrateniente y la completa liquidación del régimen burocrático terrateniente» (1224). Pero ya al pasar a los kadetes empieza a manifestarse la errónea posición del menchevismo. «El principio de la expropiación forzosa de la tierra —dijo Tsereteli— es objetivamente el principio del movimiento de liberación, pero no todos los que están por este principio tienen conciencia o quieren reconocer todas las conclusiones a las que obliga dicho principio» (1225). Esta es la concepción básica del menchevismo: que la «línea divisoria» de las divisiones políticas fundamentales en nuestra revolución pasa a la derecha de los kadetes, y no a la izquierda, como pensamos nosotros. Y que esta concepción es errónea se ve con especial claridad a partir de la clara formulación de Tsereteli, pues es absolutamente indiscutible, tras la experiencia de 1861, la posibilidad de una expropiación forzosa con preponderancia de los intereses de los terratenientes, con la conservación de su poder, con la consolidación de una nueva servidumbre. Aún más incorrecta es la declaración de Tsereteli: «en la cuestión de las formas de utilización de la tierra, nosotros (los socialdemócratas) estamos más lejos de ellos (los narodnikis)» (1230), que de los kadetes. El orador, tras estas palabras, pasó a la crítica de las «normas», laboral y de consumo. En esto tenía mil veces razón, pero precisamente en esto los kadetes no son en absoluto mejores que los trudoviks, pues los kadetes abusan mucho más de las «normas». Y no solo eso. En los kadetes, el manoseo de las estúpidas «normas» es resultado de su burocratismo y de su tendencia a traicionar al mujik. En el mujik, las «normas» han sido traídas desde fuera por la intelectualidad narodniki, y vimos más arriba, en el ejemplo de los diputados de la I Duma, Chizhevski y Poyarkov, cómo los prácticos rurales critican certeramente toda clase de «normas». Si los socialdemócratas hubieran explicado esto a los diputados campesinos, si hubieran presentado una enmienda al proyecto trudovik que negara las normas, si hubieran mostrado teóricamente el significado de la nacionalización, que nada tiene que ver con las «normas», entonces los socialdemócratas se habrían convertido en dirigentes de la revolución campesina contra los liberales. En cambio, la posición del menchevismo es la subordinación del proletariado a la influencia liberal. ¡En la II Duma era particularmente extraño decir que nosotros, los socialdemócratas, estábamos más lejos de los narodnikis, pues los kadetes se pronunciaron por la limitación de la venta e hipoteca de las tierras!

Al criticar, a continuación, la nacionalización, Tsereteli adujo tres argumentos: 1) «un ejército de funcionarios», 2) «la mayor injusticia respecto a las pequeñas nacionalidades», 3) «en caso de restauración» «darían un arma en manos del enemigo del pueblo» (1232). Esta es una exposición concienzuda de las opiniones de quienes aprobaron nuestro programa de partido, y Tsereteli, como hombre de partido, debía exponer estas opiniones. La inconsistencia de estas opiniones, la superficialidad de esta crítica exclusivamente política la mostramos más arriba.

A favor de la municipalización, Tsereteli adujo seis argumentos: 1) con la municipalización, «el empleo efectivo de estos medios (es decir, de la renta) para las necesidades del (!) pueblo estará asegurado» (sic! pág. 1233) —afirmación de carácter optimista; 2) «las municipalidades se esforzarán por mejorar la situación de los desempleados», como, por ejemplo, en la democrática y descentralizada América (?); 3) «las municipalidades pueden apoderarse de estas (grandes) haciendas y organizarlas como haciendas modelo», y 4) «en el momento de la crisis agraria... entregarán la tierra en arriendo gratuito a los campesinos sin tierra y desposeídos» (sic! pág. 1234). Esto ya es demagogia peor que la eserista, el programa del socialismo pequeñoburgués en la revolución burguesa. 5) «Baluarte de la democracia» —algo así como el autogobierno cosaco; 6) «la expropiación de las tierras de reparto... puede provocar un terrible movimiento contrarrevolucionario» —probablemente contra la voluntad de todo el campesinado que se ha pronunciado por la nacionalización.

Balance de las intervenciones socialdemócratas en la II Duma: un papel dirigente en la cuestión de la indemnización, en la cuestión de la relación entre la propiedad terrateniente y el poder del Estado contemporáneo, y un programa agrario propiamente dicho que deriva hacia el kadetismo, demostrando incomprensión de las condiciones económicas y políticas de la revolución campesina.

Balance de todos los debates agrarios en la II Duma: los terratenientes derechistas revelaron la más clara comprensión de sus intereses de clase, la conciencia más precisa de las condiciones, tanto económicas como políticas, para la conservación de su dominación como clase en la Rusia burguesa. Los liberales, en esencia, se sumaban a ellos, intentando entregar al mujik en manos del terrateniente mediante los procedimientos más despreciables e hipócritas. Los intelectuales narodniki introducían en los programas campesinos un regusto de burocratismo y de racionalismo pequeñoburgués. El campesinado expresó de la manera más impetuosa y directa el espontáneo carácter revolucionario de su lucha contra todos los residuos del medioevo y todas las formas de la propiedad medieval de la tierra, sin tener una conciencia plenamente clara de las condiciones políticas de esta lucha e idealizando ingenuamente la «tierra prometida» de la libertad burguesa. Los nacionales burgueses se sumaban a la lucha campesina de manera más o menos tímida, estando en considerable medida imbuidos de las estrechas concepciones y prejuicios generados por el aislamiento de las pequeñas nacionalidades. Los socialdemócratas defendían resueltamente la causa de la revolución campesina, esclarecían el carácter de clase del poder estatal contemporáneo, pero no estuvieron en condiciones de dirigir consecuentemente la revolución campesina debido al carácter erróneo del programa agrario del partido.