Ahora ya está claro que en las elecciones habrá tres listas principales de candidatos: la lista de las centurias negras, la lista kadete y la lista socialdemócrata.

A la primera se sumarán los octubristas; a la segunda, probablemente, los mencheviques y los socialistas populares (n.-s.); a la tercera, tal vez los trudoviques y los socialistas revolucionarios (s.-r.), aunque es muy posible que estos partidos vacilantes, que hasta ahora no han dado una respuesta definitiva, se vayan también (en parte debido a la escisión entre los socialdemócratas) con los kadetes.

¿Existe en Petersburgo el peligro de las centurias negras, es decir, el peligro de que triunfen los centurionegristas en las elecciones? Los mencheviques, que ahora se pasan de los socialistas a los kadetes, dicen que sí.

Dicen una mentira flagrante.

Incluso en el periódico kadete *Rech*, tan cauto, diplomático y defensor de los intereses de los liberales en cada nimiedad, incluso en ese *Rech*, leemos, en un artículo del señor Vergezhski, que en las asambleas electorales el octubrista está completamente arrinconado, que el elector vacila entre los kadetes y los socialistas.

Todos los datos sobre todas las reuniones preelectorales, sobre la impresión causada por la lidvaliada{130}, el juicio contra los asesinos de Herzenstein{131}, las revelaciones de las hazañas de los centurionegristas, etc., muestran claramente que, entre los electores, los partidos de derecha no gozan de respeto alguno.

Quien ahora sigue hablando del peligro de las centurias negras en las elecciones se engaña a sí mismo y engaña a la masa obrera. Ahora se ve claramente que los gritos sobre el peligro de las centurias negras son un intento kadete de atraerse a la masa poco consciente.

El peligro de las centurias negras no consiste en el peligro de una votación centurionegrista, sino en las posibles violencias del gobierno, en los posibles arrestos de los compromisarios, etc. Contra este peligro hay que buscar medios no en un acuerdo con los kadetes, sino en el desarrollo de la conciencia revolucionaria y de la decisión revolucionaria de las masas. Y los kadetes son precisamente quienes más obstaculizan el desarrollo de esa conciencia y de esa decisión.

La lucha verdaderamente seria en Petersburgo se desarrolla entre los kadetes y los socialdemócratas. Los partidos laboristas (trudoviques) han demostrado su debilidad, la han demostrado yendo detrás del partido más moderado y semikadete, el «socialista popular», y no mostrando en general independencia ni firmeza alguna.

Si los mencheviques no hubieran traicionado a los socialistas la víspera de las elecciones, es indudable que los trudoviques y los socialistas revolucionarios habrían aceptado nuestras condiciones. Es indudable que la masa de electores, compuesta en Petersburgo, como en todas partes, por la población pobre, habría seguido a los socialistas y a los trudoviques, y no a los kadetes. Las elecciones en Petersburgo tendrían entonces el significado de un combate serio, que plantearía ante toda Rusia, de forma clara y precisa, las cuestiones fundamentales sobre el futuro de la revolución rusa[50].

La traición de los mencheviques nos dificulta la tarea electoral, pero ello hace todavía más importante el significado de principio de una campaña independiente de la socialdemocracia. El proletariado no tiene ni puede tener otros medios contra las vacilaciones de la pequeña burguesía que el desarrollo de la conciencia de clase y de la cohesión de las masas, su enseñanza en la experiencia del desarrollo político.

Mientras los trudoviques vacilan, mientras los mencheviques regatean, nosotros debemos realizar con todas nuestras fuerzas una agitación independiente. Que todos sepan que los socialdemócratas se presentarán en todo caso e incondicionalmente con su propia lista. Y que todas las capas pobres de electores sepan que deben elegir entre los kadetes y los socialistas.

Los electores deben reflexionar sobre esta elección. Esta reflexión reportará en todo caso una gran conquista en el desarrollo de la conciencia de las masas, algo más importante que obtener un escaño para Fulano o Mengano de los kadetes. Si las masas de la población pobre urbana acuden una vez más a las promesas de los kadetes, si una vez más se dejan seducir por el ruido de las frases liberales y de las promesas liberales de progreso «pacífico» y de legislación «pacífica» de los señores Gurko y de los señores Kutlerov-Miliukov, los acontecimientos pronto desvanecerán las últimas ilusiones.

La socialdemocracia revolucionaria debe decir toda la verdad a las masas y seguir firmemente su propio camino. Quien aprecie las conquistas reales de la revolución rusa, logradas mediante la lucha proletaria, quien tenga el instinto de persona trabajadora y explotada, irá detrás del partido del proletariado. Y la justeza de las ideas de este partido se hará cada vez más clara para las masas en cada nueva etapa del desarrollo de la revolución rusa.