La segunda parte de la resolución examinada[28] (B) está dedicada a la cuestión del congreso obrero.

Sobre esta cuestión los mencheviques han escrito y hablado ya tanto que no habría sido ningún pecado obtener una resolución que verdaderamente hiciera balance, eliminara los equívocos y las divergencias en la interpretación de la idea, una resolución que diera una directriz clara y precisa al partido. Baste decir que en la más reciente relación de la literatura rusa sobre el congreso obrero (el folleto antes mencionado «Sobre el congreso obrero de toda Rusia») se enumeran hasta 15 títulos de folletos y revistas que han tratado esta cuestión a la manera menchevique.

Veamos, pues, los frutos de toda esa «discusión».

Punto primero de los motivos:

«Las organizaciones obreras de masas, que nacen y se constituyen sobre la base de necesidades y demandas meramente profesionales, locales (?) y en general (??) grupales (???), por sí mismas, sin la influencia de los partidos u organizaciones proletarias socialdemócratas, tienen la tendencia inmediata a reducir el horizonte intelectual y político de las masas obreras a la estrecha esfera de los intereses profesionales y, en general, privados, así como de las necesidades cotidianas de distintas capas o grupos del proletariado».

Qué organizaciones de masas pueden constituirse sobre la base de necesidades grupales, solo Alá lo sabe. Por grupo se entiende siempre algo pequeño, diametralmente opuesto a la masa. Los autores de la resolución engarzan palabras sobre palabras, sin pensar en un contenido concreto y definido.

Y luego, ¿qué significa: organizaciones de masas sobre la base de necesidades locales? Qué tipo de organizaciones se tiene aquí en mente, sigue sin estar claro. Si se trata de organizaciones como las sociedades de consumo, cooperativas y similares, su rasgo distintivo no reside en absoluto en su carácter local. El amor de los mencheviques a las frases generales, su elusión de un planteamiento concreto de la cuestión, es un rasgo puramente propio de los intelectuales. Es un rasgo ajeno en su raíz al proletariado y nocivo desde el punto de vista de este.

Según el significado literal de las palabras, las «organizaciones obreras de masas sobre la base de necesidades y demandas locales» incluyen en su seno a los Soviets de diputados obreros. Es este un tipo muy conocido en Rusia de organización obrera de masas en la época revolucionaria. Se puede afirmar con certeza que raro es el artículo sobre el congreso obrero y sobre las organizaciones obreras de masas en general que no haga mención de este tipo de organización. La resolución –como en mofa de las exigencias de un planteamiento preciso y concreto de ideas y consignas determinadas– no dice ni una palabra sobre los Soviets de diputados obreros, ni una palabra sobre los Soviets de delegados obreros, etc.

Resulta que nos han ofrecido una suerte de crítica a medias palabras de no se sabe qué organizaciones locales de masas, sin rozar siquiera la cuestión de su significado positivo, de las condiciones de su actividad, etc.

Más aún: por más que se enmiende en sus fragmentos este primer punto de los motivos, monstruosamente torpe, subsiste en él una incorrección general y de principio. «Sin la influencia de los partidos socialdemócratas proletarios», no solo las organizaciones profesionales, no solo las locales, no solo las grupales, sino también las organizaciones políticas de masas no locales «tienen la tendencia a reducir el horizonte de los obreros».

El primer punto de los motivos debe, según el designio de los autores, explicar el paso al «congreso obrero de toda Rusia»: es decir, las organizaciones locales, profesionales y otras reducen el horizonte, y he aquí el congreso obrero de toda Rusia, etc. Pero la lógica traiciona por completo a los honorabilísimos «literatos y prácticos», pues ¡la influencia o la ausencia de influencia socialdemócrata es posible en ambos casos! En lugar de una contraposición, ha resultado una confusión...

Punto segundo de los motivos:

«La idea, acogida con simpatía en los círculos obreros, de convocar un congreso obrero de toda Rusia con el objetivo de dar inicio en él a la unificación política de los obreros rusos, introducirá un principio aglutinante en la labor de construcción organizativa de las masas obreras y pondrá en primer plano ante ellas los intereses generales de la clase obrera y sus tareas en la actual revolución rusa».

En primer lugar, ¿es cierto que la susodicha «idea» ha sido acogida con simpatía en los círculos obreros? El punto 5 de los motivos de la misma resolución reza: «el afán de los propios obreros por su (del congreso obrero) convocatoria no se ha puesto aún de manifiesto mediante pasos prácticos serios de su parte para su preparación».

Sin querer, se ha dicho aquí la verdad. Sobre el congreso obrero hay ya un montón de escritos de intelectuales y ningún paso práctico serio de los propios obreros. El intento de cargar sobre los obreros un invento propio de los intelectuales no fructifica.

Además. ¿Qué es el congreso obrero? Su objetivo es «dar inicio a la unificación política de los obreros rusos».

De modo que ¡ni el POSDR ha dado aún ese inicio, ni lo ha dado la manifestación de Rostov de 1902{80}, ni las huelgas estivales de 1903{81}, ni el 9 de enero de 1905, ni la huelga de octubre de 1905! Hasta ahora había historia, ¡pero ahora ya no la hay! El «inicio» se ha puesto únicamente porque Axelrod y Cía. han ideado el congreso obrero... Es inigualable.

¿Qué significa la unificación «política» de los obreros? Si los autores no han inventado una terminología nueva especialmente para esta resolución, ello significa la unificación en torno a un programa político y una táctica determinados. ¿Pero en torno a cuáles?? ¿Acaso ignoran nuestros intelectuales que en todo el mundo existen y existieron unificaciones políticas de los obreros bajo la bandera de la política burguesa? ¿O es que eso no es aplicable a la santa Rusia? ¿En la santa Rusia toda unificación política de los obreros es ya, por eso mismo, una unificación socialdemócrata?

Los pobres autores de la resolución se han enredado tan desamparadamente porque no osaron expresar de forma directa la idea que verdaderamente subyace al congreso obrero y que hace ya tiempo han manifestado sus partidarios más sinceros o más jóvenes y fogosos. Esta idea consiste en que el congreso obrero debe ser un congreso obrero sin partido. En efecto, ¿valdría la pena hablar seriamente de un congreso obrero de partido?

Pero nuestros mencheviques tuvieron miedo de decir la verdad de forma directa y abierta: «unificación política sin partido de los obreros»...

Fin del punto: la idea de convocar el congreso «introducirá un principio aglutinante en la labor de construcción organizativa de las masas obreras, pondrá en primer plano ante ellas los intereses generales de la clase obrera y sus tareas...». Primero la construcción organizativa, y luego las tareas, es decir, ¡el programa y la táctica! ¿No habría que razonar al revés, camaradas «literatos y prácticos»? Medítenlo: ¿es posible unificar la construcción organizativa si no está unificada la comprensión de los intereses y las tareas de clase? Meditándolo, se convencerán de que no es posible.

Y los distintos partidos comprenden de modo diferente los intereses generales de la clase obrera y sus tareas en la revolución actual. Estas tareas, incluso dentro del POSDR único, las comprenden de manera diferente los mencheviques, los partidarios de Trotski y los bolcheviques. Medítenlo, camaradas: ¿pueden estas discrepancias dejar de reflejarse en el congreso obrero? ¿no habrán de aflorar en él? ¿no se complicarán con discrepancias con los anarquistas, con los eseristas, con los trudoviques, etc., etc.? ¿Puede la «idea de convocar el congreso obrero» o su convocatoria superar estas discrepancias?

Y resulta que la promesa de los autores de la resolución: «la idea de convocar el congreso introducirá un principio aglutinante, etc.», es o bien el inocente ensueño de un intelectual muy joven y entusiasmado con el último libro que ha leído, o bien demagogia, es decir, el arrastre de la masa con una promesa irrealizable.

No, camaradas. Une la lucha real. Une el desarrollo de los partidos, su prolongada lucha parlamentaria y extraparlamentaria; une la huelga general, etc. Pero con el experimento de convocar un congreso sin partido no se introducirá una unificación verdadera, no se establecerá la unidad en la comprensión de los «intereses y las tareas».

Por supuesto, se puede decir: la lucha de los distintos partidos en el congreso obrero conducirá a un escenario más amplio de acción para los socialdemócratas y a su victoria. Si así ven ustedes el congreso obrero, hay que decirlo directamente, sin prometer ríos de leche y riberas de gelatina «aglutinante». Si no lo dicen directamente, se arriesgan a que los obreros, confundidos y cegados por las promesas, acudan al congreso para unificar la política, vean en la práctica discrepancias enormes e irreconciliables en política, vean la imposibilidad de una unificación inmediata de eseristas, socialdemócratas, etc., y se marchen desengañados, se marchen lanzando maldiciones contra los intelectuales que los han engañado, contra la «política» en general, contra el socialismo en general. Fruto inevitable de semejante desengaño será el grito: ¡abajo la política!, ¡abajo el socialismo!, ¡ellos desunen a los obreros, en lugar de unirlos! Con ello se fortalecerán algunas formas primitivas de tradeunionismo puro o de sindicalismo ingenuo.

Por supuesto, la socialdemocracia, al fin y al cabo, lo vencerá todo, soportará todas las pruebas, aglutinará a todos los obreros. Pero ¿acaso es esto un argumento en favor de una política de aventuras?

Punto 3 de los motivos:

«Al introducir en los dispersos intentos organizativos de las masas socialmente activas (?vaya manera de retorcerlo „para darle importancia“?!) del proletariado un objetivo concreto unificador como la convocatoria de un congreso obrero general (¡ya no de toda Rusia, sino general! es decir, ¿de partido o sin partido? ¡No tengan miedo, camaradas!), la propaganda y la agitación en favor de su convocatoria, a su vez, darán un fuerte impulso al afán de estas capas por la autoorganización (¿es decir, sin la influencia de la socialdemocracia, pues entonces no sería autoorganización?) y elevarán su actividad en esta dirección».

A esto se le llama remitir de Herodes a Pilatos. Punto 2: el congreso obrero introducirá un principio unificador. Punto 3: la unificación en torno al objetivo concreto del congreso obrero dará impulso a la autoorganización. ¿Para qué la autoorganización? Para el congreso obrero. ¿Para qué el congreso obrero? Para la autoorganización. ¿Para qué las resoluciones literarias contra el predominio de los intelectuales? Para la autosatisfacción de los intelectuales.

Punto 4:

«En vista de la creciente popularidad en los círculos obreros de la idea del congreso obrero, una actitud pasiva y, más en particular, hostil por parte de los partidos (¿?, ¿errata?, ¿del partido socialdemócrata?) hacia los intentos de llevarla a la práctica abriría un amplio campo a los aventureros sin principios para empujar a los obreros por un camino falso, y los arrojaría en brazos de distintos demagogos».

Un punto extremadamente furibundo. Su contenido es una perplejidad furibunda. Los autores mismos no saben bien a quién increpan y, por eso, disparan contra los suyos.

Tomo la última (V) entrega de «Otgoloski»{82}. E. Charski escribe contra Y. Larin: Y. Larin «descubre de improviso una panacea organizativa»... «receta inesperada»... «embrollo»... «Y. Larin no advierte que propone consolidar mediante un acto „consciente“ las tendencias espontáneas de la revolución, directamente hostiles a la causa de la cohesión clasista de las masas obreras. Y todo esto se hace en interés del congreso obrero»... «En cualquier caso, estamos ante un terreno sumamente propicio para toda clase de “demagogia agraria”»... «Las conclusiones del pensamiento turbado del camarada Larin».

Creo que es suficiente. Larin ha sido acusado por los mencheviques tanto de demagogia como de aventurerismo, pues receta, panacea y demás cumplidos hablan precisamente de aventurerismo.

Resulta que apuntaban a uno y le dieron a otro. En verdad, los suyos no reconocen a los suyos. Tengan en cuenta, además, que si Larin cae, para los autores de la resolución, en la categoría de aventurero y demagogo, El y Cía. van aún más lejos que Larin. El escribe abiertamente («El congreso obrero de toda Rusia», M. 1907) que existen dos corrientes en la cuestión del congreso obrero, que ellos, los mencheviques moscovitas, no están de acuerdo ni con los «peterburgueses» (pág. 10) ni con Larin. Los «peterburgueses» quieren –dicen– solo un congreso de la vanguardia obrera, y esto no es más que una simple «variante del congreso del partido» (págs. 10-11). Larin «es considerado en Petersburgo un hereje y un contemporizador» (pág. 10). Larin quiere un «partido obrero de toda Rusia». Los moscovitas quieren una unión obrera de toda Rusia.

Cabe preguntarse: si en «Otgoloski» se ha dado tal «repaso» a Larin, ¿a qué categoría habrá que destinar entonces a El, Ajmet Ts., Arjánguelski, Solomin y Cía.? ¡Resulta que tanto Larin como los moscovitas caen bajo el furibundo punto 4!

Pero si se enfadan, apreciables camaradas, y censuran en su resolución el «camino falso», tienen ustedes la obligación de decir, al menos, cuál es el camino verdadero. De lo contrario, su perplejidad furibunda se vuelve del todo ridícula. Y es que ustedes, al rechazar tanto la «unión obrera de toda Rusia» como el «partido obrero de toda Rusia», ¡no dicen ni una palabra sobre con qué fin práctico quieren el congreso obrero!

Los demagogos y aventureros son capaces de emprender la tarea del congreso obrero con fines falsos. Por eso nosotros, los socialdemócratas, debemos adoptar una actitud de simpatía hacia el congreso obrero, sin indicarle a este congreso finalidad alguna... Voto a bríos, la resolución menchevique es una verdadera colección de incongruencias de todo tipo.

Punto 5:

«Por otra parte, las cuestiones relativas a las tareas del congreso obrero, a las vías y los modos de su preparación se han esclarecido todavía muy poco en los círculos socialdemócratas (¡bueno, al menos se han esclarecido lo suficiente como para que tanto Larin como los moscovitas hayan indicado con claridad las tareas del congreso, las vías y los modos! No hay por qué esconder la cabeza bajo el ala, camaradas „peterburgueses“. ¡Los patitos incubados por Axelrod no van a salir por ello del charco a tierra firme!), el afán de los propios obreros por su convocatoria no se ha puesto aún de manifiesto mediante pasos prácticos serios de su parte para su preparación, y el congreso solo será un portavoz verdadero, y no ficticio, de la voluntad colectiva de las capas conscientes del proletariado y servirá a la causa de su unificación clasista si su convocatoria ha sido preparada por la propia actividad organizada de estos, con la colaboración intensa y planificada del partido».

A esto se le llama: empezar brindando a la salud y acabar brindando al reposo eterno. Apenas Larin y los jóvenes moscovitas habían empezado a mostrar «actividad propia», cuando ya los peterburgueses les gritan: ¡para!, ¡tú aún no eres portavoz de la voluntad colectiva!, ¡tú aún no has esclarecido bastante!, ¡la convocatoria (del congreso sin partido) aún no ha sido preparada mediante la colaboración intensa del partido!

¡Pobres camaradas El, Ajmet Ts. y Cía.! Con tanto ímpetu, con un entusiasmo juvenil tan arrebatador, se habían lanzado a la obra, habían publicado hasta dos recopilaciones enteras de artículos sobre el congreso obrero, habían examinado la cuestión desde todos los ángulos, esclarecido tanto su significado «político general» como el organizativo, la actitud hacia la Duma, la actitud hacia el partido, la actitud hacia el «elemento pequeño-burgués»..., y de repente, ¡vaya viraje con la ayuda de Axelrod!

Tememos que si hasta ahora solo Larin se había «amotinado» (recuerden: «hereje y contemporizador») contra el menchevismo oficial[29], ahora esta revuelta se convertirá en sublevación... Axelrod había prometido actividad propia y un congreso obrero verdadero contra el predominio de los intelectuales, ¡y ahora los literatos «peterburgueses» deciden y explican que hay que entender esta actividad propia... con el permiso de ese mismo partido «intelectual» tan denostado!

No es de extrañar que las conclusiones de semejante argumentación resulten sencillamente curiosas:

«Partiendo de todas estas consideraciones, el congreso del POSDR propone a los camaradas obreros e intelectuales (¿de veras? ¡qué magnanimidad por parte de los luchadores contra el “predominio” de los intelectuales!) que se ocupen (¡pero no a la manera de Larin ni a la de Ajmet!) de la discusión multifacética de las cuestiones referentes al programa y a las tareas del congreso obrero, a la labor propagandística, de agitación y organizativa para su preparación, y a las vías y modos de su convocatoria.

El congreso del partido considera al mismo tiempo obligación de las instituciones del partido prestar todo el apoyo a los intentos propagandísticos, de agitación y organizativos orientados a la preparación del congreso obrero; en cambio, reconoce como inadmisible en principio la agitación hostil contra los intentos de este tipo, por cuanto tiende a conservar y consolidar el anticuado régimen de partido en la socialdemocracia rusa, régimen ya incompatible tanto con el nivel actual de desarrollo y las demandas de los elementos proletarios que se agrupan en su interior y a su alrededor, como con las demandas de la revolución».

Y bien, ¿cómo no calificar esto de perplejidad furibunda? ¿Cómo no reírse de semejante resolución?

¡El congreso del partido prohíbe defender el anticuado régimen de partido, régimen que es confirmado por ese mismo congreso!

El congreso del partido no propone reforma alguna del régimen anticuado, incluso aplaza el susodicho «congreso obrero» (con fines de una «unificación política» incomprensible), y al mismo tiempo obliga a apoyar... ¡los «intentos»!

Una auténtica cantaleta impotente de intelectual: estoy descontento con el actual régimen anticuado del partido, ¡no quiero conservarlo y consolidarlo! – Excelente. Si no quieren conservarlo, propongan cambios concretos, los discutiremos con gusto. Digan, tengan la bondad, ¿qué tipo de congreso obrero desean ustedes? – Eso aún no está esclarecido... el afán no se ha manifestado... la convocatoria no está preparada. Hay que ocuparse de la discusión. – Excelente. Escribir resoluciones sobre el hecho de «ocuparse de la discusión», a fe que no vale la pena, caros camaradas, pues nosotros ya discutimos desde hace tiempo. Pero el partido obrero no es un club para «discusiones» de intelectuales, sino una organización proletaria de combate. Discusión, discusión, pero hay que vivir y actuar. ¿En qué organización de partido está permitido vivir y actuar? ¿en la de antes? – ¡No osen defender la organización anticuada de antes, no osen conservarla y consolidarla! – Excelente, etcétera.

El cuento de nunca acabar. El intelectual hace caprichos y se enfada por su propia irresolución, por su propia perplejidad.

Tal es la última palabra del «menchevismo oficial».

Dando vueltas y más vueltas, los literatos mencheviques han eludido felizmente la cuestión madura y planteada tanto por la vida como por la literatura: ¿partido obrero socialdemócrata independiente, o sustitución de este (variante: subordinación de este) por una organización política sin partido del proletariado?

Nuestra resolución bolchevique decide esta cuestión de manera directa y precisa, planteándola abiertamente. Eludir es aquí inútil, provenga la actitud elusiva de la perplejidad o del benévolo «conciliadorismo». Eludir es inútil, porque la sustitución ha sido propuesta y la labor en pro de tal sustitución está en marcha. Las cluecas intelectuales del menchevismo han incubado patitos. Los patitos se han echado a nadar. Las cluecas tienen que elegir: ¿por el agua o por la tierra? La respuesta que dan (respuesta que se puede reproducir con bastante fidelidad con las palabras: ni por el agua ni por la tierra, sino por el fango) no es una respuesta, sino un aplazamiento, una postergación.

Axelrod no pudo retener a Larin. Larin no pudo retener a El, Ajmet Ts. y Cía. Esta última compañía no puede retener a los anarco-sindicalistas.

¿Por el agua o por la tierra, señores?

Nosotros queremos ir por la tierra. Les predecimos que cuanto más celosamente, cuanto más resueltamente se metan ustedes en el fango, más rápido volverán a la tierra.

«Para ampliar y fortalecer la influencia de la socialdemocracia sobre las amplias masas del proletariado», nosotros proponemos no la sustitución de la socialdemocracia por un «partido obrero» de tipo sin partido, ni una «unión obrera de toda Rusia» situada por encima del partido, ni un congreso obrero para fines desconocidos, sino algo sencillo, modesto, ajeno a todo proyecto descabellado: es necesario, «por un lado, intensificar la labor de organización de los sindicatos, la propaganda y la agitación socialdemócrata en su seno y, por otro lado, atraer a capas cada vez más amplias de la clase obrera a la participación en todo tipo de organizaciones del partido» (último punto de la resolución bolchevique).

A los intelectuales blasés esto les parece demasiado «anticuado», demasiado aburrido. Que se entreguen a sus proyectos descabellados: nosotros iremos con los obreros incluso al «congreso obrero» (si llega a realizarse), mostraremos allí en la práctica lo acertado de nuestras predicciones y... y volveremos con los obreros desengañados (más exactamente: desengañados de algunos líderes intelectuales) a la labor «anticuada» en los sindicatos y en las organizaciones del partido de todo tipo.

¿Cómo se explica la corriente «congresista-obrera» en nuestro partido? Podemos aquí solo esbozar brevemente tres causas fundamentales, a nuestro juicio: 1) el cansancio intelectual-pequeñoburgués respecto de la revolución; 2) la peculiaridad del oportunismo socialdemócrata ruso, que históricamente se desarrolla en dirección a la subordinación del movimiento «puramente obrero» a la influencia de la burguesía; 3) las tradiciones no digeridas de la revolución de Octubre en Rusia.

Ad[30] 1) En una parte de los congresistas-obreros se acusa visiblemente el agotamiento de la revolución y el deseo, a cualquier precio, de legalizar el partido, de arrojar por la borda todo eso de la república, la dictadura del proletariado, etc. Un congreso obrero legal es un medio cómodo para ello. De ahí (en parte también por la segunda causa) la simpatía hacia semejante congreso por parte de los enesistas, de los bersteinianos «sin cabecera» (de «Továrisch», etc.) y de los kadetes.

Ad 2) Tómese la primera forma histórica del oportunismo socialdemócrata ruso. El inicio del movimiento obrero de masas (segunda mitad de la década de 1890) engendró este oportunismo bajo la forma del «economismo» y del struvismo{83}. El nexo entre uno y otro fue puesto de relieve más de una vez en aquel entonces tanto por Plejánov como por Axelrod y todos los viejos iskristas{84}. El célebre «Credo»[31] de Prokopóvich-Kúskova (1899-1900) expresó este nexo de manera nítida: que los intelectuales y los liberales lleven a cabo la lucha política, y los obreros, la económica. El partido obrero político es un invento del intelectual revolucionario.

En este clásico «Credo» está expresado vívidamente el sentido histórico, clasista, del apasionamiento intelectual por el movimiento «puramente obrero». Este sentido consiste en la subordinación de la clase obrera (en nombre de las tareas «puramente obreras») a la política y a la ideología burguesas. El «apasionamiento» de los intelectuales expresaba las tendencias capitalistas de subordinar a los obreros no desarrollados a los liberales.

Ahora, en una etapa superior de desarrollo, vemos exactamente lo mismo. Los bloques con los kadetes, en general la política de apoyo a los kadetes, y el congreso obrero sin partido son dos caras de una misma moneda, vinculadas de la misma manera que el liberalismo y el movimiento puramente obrero en el «Credo». En la práctica, el congreso obrero sin partido expresa la misma tendencia capitalista de debilitamiento de la independencia de clase del proletariado y de subordinación de este a la burguesía. Esta tendencia se manifiesta con nitidez en los planes de sustitución de la socialdemocracia por una organización obrera sin partido, o de subordinación de aquella a esta última.

De ahí la simpatía de los enesistas, de los «sin cabecera», de los eseristas, etc., hacia la idea del «congreso obrero».

Ad 3) La revolución burguesa rusa creó organizaciones de masas del proletariado singulares, que no se asemejan a las europeas corrientes (sindicatos y partidos socialdemócratas). Se trata de los Soviets de diputados obreros.

Al desarrollar esquemáticamente tales instituciones hasta convertirlas en un sistema (como hacía Trotski), o al simpatizar en general con el auge revolucionario del proletariado y entusiasmarse con la frase «de moda» del «sindicalismo revolucionario» (como hacen algunos congresistas-obreros moscovitas), es fácil llegar, no por vía oportunista, sino por vía revolucionaria, a la idea del congreso obrero.

Pero esto es una actitud acrítica hacia una grande y gloriosa tradición revolucionaria.

En realidad, los Soviets de diputados obreros y las instituciones análogas a ellos fueron órganos de la insurrección. Su fuerza y su éxito dependían por entero de la fuerza y del éxito de la insurrección. Su surgimiento solo fue no una comedia, sino una hazaña del proletariado, cuando la insurrección estaba en ascenso. Si se produce un nuevo auge de la lucha, al pasar esta a dicha fase, semejantes instituciones son inevitables y deseables, desde luego. Pero su desarrollo histórico debe consistir, no en la prolongación esquemática de los Soviets de diputados obreros locales hasta un congreso obrero de toda Rusia, sino en la transformación de los órganos embrionarios del poder revolucionario (y precisamente tales órganos eran los Soviets de diputados obreros) en órganos centrales del poder revolucionario victorioso, en un gobierno provisional revolucionario. Los Soviets de diputados obreros y su unificación son necesarios para la victoria de la insurrección. La insurrección victoriosa creará inevitablemente otros órganos.

Renunciar a participar en el congreso obrero, la socialdemocracia rusa, por supuesto, no debe, pues el desarrollo de la revolución transcurre por un camino sumamente zigzagueante y puede acarrear las situaciones más diversas y singulares. Pero una cosa es estudiar con detenimiento las diversas condiciones de la revolución, ora en ascenso ora en descenso, y tratar de utilizarlas, y otra muy distinta es entregarse a proyectos descabellados, embrollados o antisocialdemócratas.

Escrito en abril de 1907.

Publicado en abril de 1907 en la recopilación II «Cuestiones de táctica». San Petersburgo, ed. «Nóvaya Duma». Firmado: N. Lenin

Se reproduce según el texto de la recopilación.