El programa agrario actual del partido socialdemócrata, adoptado en el Congreso de Estocolmo, da un gran paso adelante en una cuestión importante en comparación con el anterior. A saber: al reconocer la confiscación de las tierras de los terratenientes[54], el partido socialdemócrata se ha situado así decididamente en el camino de reconocer la revolución campesina agraria. Las palabras del programa: «apoyando las acciones revolucionarias del campesinado hasta la confiscación de las tierras de los terratenientes...» expresan de manera muy definida este pensamiento. En los debates del Congreso de Estocolmo, uno de los ponentes, Plejánov, quien, junto con John, llevó adelante el programa actual, habló directamente de la necesidad de dejar de temer la «revolución campesina agraria» (véase el informe de Plejánov en las «Actas» del Congreso de Estocolmo, Moscú, 1907, pág. 42).

Este reconocimiento de que nuestra revolución burguesa en el ámbito de las relaciones agrarias debe ser considerada como una «revolución campesina agraria», parecería que debería poner fin a las mayores discrepancias entre los socialdemócratas en torno al programa agrario. Sin embargo, en la práctica, las discrepancias han resurgido en torno a la cuestión de si los socialdemócratas deben apoyar el reparto de las tierras de los terratenientes en propiedad de los campesinos, la municipalización de las tierras de los terratenientes o la nacionalización de todas las tierras. Y, por consiguiente, debemos ante todo establecer aquella premisa, olvidada con extraordinaria frecuencia por los socialdemócratas, de que estas cuestiones sólo pueden ser resueltas correctamente desde el punto de vista de la revolución campesina agraria en Rusia. No se trata, por supuesto, de que la socialdemocracia renuncie a la determinación independiente de los intereses del proletariado como clase particular en esta revolución campesina. No. Se trata de representarse con claridad el carácter y la significación precisamente de la revolución campesina agraria como una de las variantes de la revolución burguesa en general. No podemos «inventar» ningún «proyecto» especial de reforma. Debemos estudiar las condiciones objetivas de la transformación agraria campesina en la Rusia que se desarrolla por la vía capitalista, separar, sobre la base de este análisis objetivo, la ideología errónea de unas u otras clases del contenido real de los cambios económicos, y determinar qué exigen, sobre el terreno de estos cambios económicos reales, los intereses del desarrollo de las fuerzas productivas y los intereses de la lucha de clases del proletariado.

En el programa agrario actual del POSDR se reconoce (de una forma especial) la propiedad social sobre las tierras confiscadas (nacionalización de bosques, aguas y del fondo de colonización, municipalización de las tierras de propiedad privada), al menos para el caso de un «desarrollo victorioso de la revolución». Para el caso de «condiciones desfavorables» se reconoce el reparto de las tierras de los terratenientes en propiedad de los campesinos. En todos los casos se reconoce la propiedad de los campesinos y de los pequeños terratenientes en general sobre sus tierras actuales. Por consiguiente, en el programa se lleva a cabo una doble estructura agraria en la renovada Rusia burguesa: propiedad privada de la tierra y (al menos para el caso de un desarrollo victorioso de la revolución) propiedad social en forma de municipalización y nacionalización.

¿Con qué explicaban los autores del programa esta dualidad? Ante todo y sobre todo con los intereses y las reivindicaciones del campesinado, con el temor a separarse del campesinado, a sublevar al campesinado contra el proletariado y contra la revolución. Al esgrimir este argumento, los autores y partidarios del programa se situaban con ello en el terreno del reconocimiento de la revolución campesina agraria, en el terreno del apoyo del proletariado a determinadas reivindicaciones campesinas. ¡Y este argumento lo esgrimían los partidarios más influyentes del programa, con el camarada John a la cabeza! Para convencerse de ello, basta con echar un vistazo a las actas del Congreso de Estocolmo.

El camarada John, en su informe, esgrimió este argumento de manera directa y resuelta. «Si la revolución –decía– condujera a un intento de nacionalizar las tierras de reparto de los campesinos o de nacionalizar las tierras confiscadas a los terratenientes, como propone el camarada Lenin, semejante medida conduciría a un movimiento contrarrevolucionario no sólo en las regiones fronterizas, sino también en el centro. Tendríamos no una sola Vendée, sino una insurrección universal del campesinado contra el intento de intervención del Estado en la disposición de sus propias (cursiva de John) tierras de reparto campesinas, contra el intento de nacionalizarlas» (pág. 40 de las «Actas» del Congreso de Estocolmo).

Está claro, ¿no? ¡La nacionalización de las propias tierras de los campesinos habría conducido a una insurrección universal del campesinado! He aquí la razón por la cual el proyecto municipalizador inicial de X, que proponía entregar a los zemstvos no sólo las tierras de propiedad privada, sino, «si es posible», todas las tierras (citado por mí en el folleto «Revisión del programa agrario del partido obrero»[55]), fue sustituido por el proyecto municipalizador de Máslov, que excluía las tierras campesinas. En efecto, ¡cómo no tener en cuenta este hecho, puesto de manifiesto después de 1903, sobre lo inevitable de una insurrección campesina contra los intentos de nacionalización total! Cómo no situarse entonces en el punto de vista de otro destacado menchevique, Kostrov, que exclamaba en Estocolmo:

«Ir a los campesinos con ella (la nacionalización) significa apartarlos de nosotros. El movimiento campesino seguirá su curso al margen o en contra de nosotros, y nos encontraremos fuera de la revolución. La nacionalización debilita a la socialdemocracia, la separa del campesinado y, de ese modo, debilita también a la revolución» (pág. 88).

Es imposible negar la fuerza de convicción de esta argumentación. ¡En plena revolución campesina agraria, intentar nacionalizar contra la voluntad del campesinado sus propias tierras! No es de extrañar que el Congreso de Estocolmo rechazara esta idea, toda vez que creyó a John y a Kostrov.

Pero, ¿no creyó en vano en ellos? Sobre esto, en vista de la importancia de la cuestión de una Vendée de toda Rusia{85} contra la nacionalización, no está de más aportar una pequeña referencia histórica.