Por más que Maslov esté lleno de conciencia de la importancia de sus notables descubrimientos en el ámbito de la teoría de la economía política, no obstante, al parecer, alberga ciertas dudas acerca de si existe tal vínculo. Por lo menos, en el artículo citado (revista *Obrazovanie* n.º 2, pág. 120) niega la relación de la municipalización con el «hecho» de la fertilidad decreciente. Resulta algo extraño: ¡la «ley de la fertilidad decreciente» está vinculada a la negación de la renta absoluta, está vinculada también a la lucha contra el populismo, pero no está vinculada, supuestamente, al programa agrario de Maslov! Sin embargo, es fácil convencerse también por la vía directa de lo erróneo de esta opinión sobre la ausencia de vínculo entre la teoría agraria general y el programa agrario ruso de Maslov.

La negación de la renta absoluta es la negación de la importancia económica de la propiedad privada de la tierra bajo el capitalismo. Quien reconoce la existencia únicamente de la renta diferencial, llega inevitablemente a la conclusión de que las condiciones de la economía capitalista y del desarrollo capitalista no cambian en absoluto en función de que la tierra sea propiedad del Estado o de particulares. En ambos casos, desde el punto de vista de la teoría que niega la renta absoluta, existe solo una renta diferencial. Es comprensible que semejante teoría deba conducir a la negación de toda importancia de la nacionalización como medida que influye en el desarrollo del capitalismo en el sentido de su aceleración, en el sentido del desbroce del camino para él, etc. Pues tal punto de vista sobre la nacionalización se deriva del reconocimiento de dos tipos de renta, la capitalista, es decir, no eliminable bajo el capitalismo aunque sea en tierra nacionalizada (renta diferencial), y la no capitalista, vinculada a un monopolio innecesario para el capitalismo, que estorba el pleno desarrollo del capitalismo (renta absoluta).

Por eso Maslov llegó inevitablemente, partiendo de su «teoría», a la conclusión de que «da lo mismo llamarla (a la renta agraria) absoluta o diferencial» (*Obrazovanie* n.º 3, pág. 103), que la cuestión reside solamente en si se ha de ceder esta renta a las instituciones locales o al poder central. Pero semejante punto de vista es fruto de la ignorancia teórica. De manera completamente independiente de la cuestión de a manos de quién será cedida la renta y con qué objetivos políticos se utilizará, existe además una cuestión incomparablemente más profunda acerca de los cambios en las condiciones generales de la economía capitalista y del desarrollo capitalista, provocados por la abolición de la propiedad privada sobre la tierra.

Esta cuestión puramente económica no ha sido ni siquiera planteada por Maslov, no ha sido comprendida por él ni podía serlo al negar la renta absoluta. De aquí la reducción deformemente unilateral, «politiquera», podría yo decir, de la cuestión de la confiscación de la tierra terrateniente exclusivamente a quién tomará la renta. De aquí el dualismo deforme en el programa, calculado para el «desarrollo victorioso de la revolución» (expresión de la resolución táctica añadida en el Congreso de Estocolmo al programa de Maslov). El desarrollo victorioso de la revolución burguesa presupone ante todo transformaciones económicas fundamentales que arrasen, en efecto, todos y cada uno de los residuos del feudalismo y de los monopolios medievales. Mientras tanto, en la municipalización vemos un auténtico bimetalismo agrario: la combinación de la propiedad parcelaria más vieja, anticuada y caduca, medieval, con la ausencia de la propiedad privada sobre la tierra, es decir, con el ordenamiento más avanzado, teóricamente ideal, de las relaciones agrarias en la sociedad capitalista. Este bimetalismo agrario es un absurdo teórico, algo imposible desde el punto de vista puramente económico. La unión de la propiedad privada sobre la tierra con la propiedad social es aquí puramente mecánica, «inventada» por un hombre que no ve ninguna diferencia en el propio modo de la economía capitalista bajo la propiedad privada de la tierra y sin la propiedad privada. Para semejante «teórico» la cuestión radica exclusivamente en cómo repartir la renta, «da lo mismo llamarla absoluta o diferencial».

En realidad, en un país capitalista es imposible dejar la mitad de la tierra (138 millones de desiatinas de 280) en propiedad privada. Una de dos. O la propiedad privada sobre la tierra es realmente exigida por este grado de desarrollo económico, corresponde realmente a los intereses fundamentales de la clase de los empresarios capitalistas en la tierra. Entonces es inevitable la propiedad privada sobre la tierra en todas partes y en todo lugar, como base de una sociedad burguesa configurada según tal o cual tipo.

O bien la propiedad privada sobre la tierra no es obligatoria en la presente etapa del desarrollo capitalista, no se deriva con inevitabilidad de los intereses de la clase de los agricultores arrendatarios, contradice incluso a estos intereses, – entonces es imposible la conservación de esta propiedad en su forma anticuada.

Conservar el monopolio sobre una mitad de la superficie cultivable, crear un privilegio para un grupo de pequeños propietarios, perpetuar en una sociedad libremente capitalista una «zona de residencia» que separe a los propietarios y a los arrendatarios de tierra pública, es un absurdo indisolublemente ligado al absurdo de la teoría económica de Maslov.

Y debemos pasar ahora al examen del significado económico de la nacionalización, relegado a un segundo plano por Maslov y sus partidarios[91].