Según la opinión de Piotr Máslov, así es necesario. «Desarrollando» a continuación su estúpida «teoría», nos adoctrina en *Obrazóvanie*:

«Si no existiera el “hecho” de la caída de la productividad de las inversiones sucesivas de trabajo en una misma superficie de tierra, aún podría, quizás, realizarse el idilio que pintan los socialistas-revolucionarios y los social-populistas: cada campesino disfrutaría de la parcela que le correspondiera e invertiría en ella tanto trabajo como quisiera, y la tierra le “retribuiría” por cada “inversión” una cantidad correspondiente de producto.» (Núm. 2, 1907, pág. 123.)

De manera que, si Marx no hubiera sido refutado por Piotr Máslov, ¡quizás los populistas tendrían razón! Éstas son las perlas a las que llega nuestro «teórico». Y nosotros, hasta ahora, pensábamos simplemente, de manera marxista, que el idilio de la perpetuación de la pequeña producción no lo refuta en absoluto la burguesa y torpe «ley de la fertilidad decreciente», sino el hecho de la producción mercantil, la dominación del mercado, las ventajas de la gran agricultura capitalista sobre la pequeña, etc. ¡Máslov ha alterado todo esto! ¡Máslov ha descubierto que, si no existiera la ley burguesa refutada por Marx, los populistas tendrían razón!

Y no solo eso. También los revisionistas tendrían razón. He aquí otra reflexión de nuestro economista autóctono:

«Si no me equivoco, he sido yo (Piotr Máslov) el primero (¡vaya manera de ser el primero!) en subrayar con especial énfasis la diferencia entre el significado del cultivo de la tierra y el del progreso técnico para el desarrollo de la economía y, en particular, para la lucha entre la gran y la pequeña producción. Si la intensificación de la agricultura, las ulteriores inversiones de trabajo y de capital, son igualmente menos productivas tanto en la explotación grande como en la pequeña, el progreso técnico, que, como en la industria, aumenta la productividad del trabajo agrícola, otorga ventajas enormes y exclusivas a la gran explotación. Estas ventajas dependen casi por completo de las condiciones técnicas…»  
Se confunde usted, mi querido señor: las ventajas de la gran producción en el aspecto comercial también tienen gran importancia.

«…Por el contrario, el cultivo de la tierra, por lo general, puede aplicarse del mismo modo tanto en la explotación grande como en la pequeña…»  
El cultivo de la tierra «puede» aplicarse.

El profundo Máslov, evidentemente, conoce una explotación en la que el cultivo de la tierra puede no aplicarse.  
«…Por ejemplo, la sustitución del barbecho trienal por la rotación de cultivos, el aumento de la cantidad de abono, la profundización de la arada, etc., se aplican del mismo modo tanto en la explotación grande como en la pequeña e influyen de igual modo en la productividad del trabajo. Pero, por ejemplo, la introducción de la segadora solo aumenta la productividad del trabajo en las explotaciones relativamente grandes, porque las pequeñas franjas de cereal pueden segarse o guadañarse con más comodidad…»

Sí, a Máslov, sin la menor duda, le ha cabido ser el «primero» en introducir una confusión tan infinita en esta cuestión.  
¡Figúrense!: el arado de vapor (profundización de la arada) es «cultivo de la tierra», y la segadora es «técnica». Resulta, según la doctrina de nuestro incomparable Máslov, que el arado de vapor no es técnica. Resulta que la segadora no es una inversión ulterior de trabajo y de capital. Los fertilizantes artificiales, el arado de vapor, la siembra de pastos: eso es «intensificación». La segadora y, en general, «la mayor parte de las máquinas agrícolas»: eso es «progreso técnico».  
Máslov «se ha visto obligado» a inventar semejante estupidez porque tenía que salir a toda costa de la «ley de la fertilidad decreciente», que es refutada por el progreso técnico. Bulgákov salía del paso diciendo: el progreso técnico es temporal, el estancamiento es permanente. Máslov sale del paso inventando la divertidísima división del progreso técnico en la agricultura en «intensificación» y «técnica».

¿Qué es la intensificación? Es una inversión ulterior de trabajo y de capital. La segadora, según el descubrimiento del gran Máslov, no es una inversión de capital. ¡La sembradora en líneas no es una inversión de capital! ¿La «sustitución del barbecho trienal por la rotación de cultivos» se aplica por igual en la explotación grande y en la pequeña? No es cierto. La introducción de la rotación de cultivos también exige gastos suplementarios de capital y es mucho más aplicable en la gran explotación. Véase, a este respecto, lo dicho más arriba sobre los datos de la agricultura alemana (*La cuestión agraria y los «críticos de Marx»*[89]). Y los datos rusos atestiguan lo mismo. Y la reflexión más simple nos muestra que no puede ser de otro modo, que la rotación de cultivos no puede aplicarse del mismo modo en la explotación pequeña y en la grande. No puede «aplicarse del mismo modo» el aumento de la cantidad de abono, porque la gran explotación: 1) posee más ganado mayor, el más importante a este respecto; 2) alimenta mejor al ganado y no «economiza» tanto la paja, etc.; 3) dispone de mejores instalaciones para almacenar el estiércol; 4) emplea más fertilizantes artificiales.  
Máslov, en verdad, tergiversa «con el mayor descaro» los datos generalmente conocidos sobre la agricultura moderna.  
Por último, la profundización de la arada tampoco puede aplicarse por igual en la explotación pequeña y en la grande. Basta con señalar dos hechos: en primer lugar, en la gran explotación se generaliza el empleo del arado de vapor (cf. *supra* los datos sobre Alemania[90]; y ahora, probablemente, también del arado eléctrico). Quizás también Máslov comprenda que no se aplica «de igual modo» en la explotación grande y en la pequeña. En esta última se extiende el empleo de vacas como animales de tiro. Reflexione, gran Máslov: ¿puede eso significar que la profundización de la arada sea aplicable del mismo modo? En segundo lugar, incluso cuando la explotación grande y la pequeña emplean las mismas especies de ganado de trabajo, este es más débil en la pequeña y, por consiguiente, no puede haber igualdad de condiciones en la profundidad de la arada.

En una palabra, difícilmente se hallará una sola frase de Máslov que contenga pretensiones de pensamiento «teórico» en la que no encontremos una masa inagotable de la más increíble confusión y de la ignorancia más asombrosa. Pero Máslov, sin inmutarse, concluye:

«Quien haya comprendido la diferencia entre esos dos aspectos del desarrollo de la agricultura (el perfeccionamiento del cultivo y el perfeccionamiento de la técnica), refutará fácilmente toda la argumentación del revisionismo y, entre nosotros, del populismo» (*Obrazóvanie*, 1907, núm. 2, pág. 125).

Así es. Así es. Máslov no es populista ni revisionista solo porque ha sabido elevarse por encima de los borradores de Marx hasta «comprender» los caducos prejuicios de la caduca economía burguesa. ¡La misma canción con distinta música! «Marx contra Marx», exclamaban Bernstein y Struve. No se puede refutar el revisionismo sin refutar a Marx, proclama Máslov.

Para terminar, un detalle característico. Si Marx, que creó la teoría de la renta absoluta, estaba equivocado, si no puede existir renta sin la «ley de la fertilidad decreciente», si los populistas y los revisionistas podrían tener razón, en caso de que no existiera esa ley…, al parecer, en la «teoría» de Máslov, sus «enmiendas» al marxismo deberían ocupar un lugar fundamental. Sí, lo ocupan. Pero Máslov prefiere ocultarlas a pesar de todo. Hace poco apareció la traducción alemana de su libro *La cuestión agraria en Rusia*. Sentí curiosidad por ver en qué forma presentaba Máslov a los socialdemócratas europeos sus increíbles vulgaridades teóricas. Resultó que en ninguna. Ante los europeos, Máslov se ha guardado «toda» su teoría en el bolsillo. Ha suprimido todo lo referente a la negación de la renta absoluta, a la ley de la fertilidad decreciente, etc.  
A este propósito, recordé involuntariamente el relato de un desconocido que asistió por primera vez a una conversación de filósofos antiguos y guardó silencio todo el tiempo. «Si eres inteligente —le dijo uno de los filósofos—, estás obrando neciamente. Si eres necio, estás obrando con inteligencia.»