Si se reconoce que «los populistas son los vecinos de izquierda de los demócratas constitucionalistas», que «oscilan constantemente entre los k.-d. y los socialdemócratas», de ahí se deriva inevitablemente el reconocimiento de la política bolchevique: obligar a los populistas a ponerse del lado de los socialdemócratas contra las Centurias Negras y contra los k.-d.

Esta conclusión inevitable de sus propias concesiones, los mencheviques tratan de atenuarla o desviarla alegando que el campesinado, siendo «más revolucionario y más democrático» que los liberales, está al mismo tiempo «impregnado de utopías sociales reaccionarias» y aspira a «hacer retroceder la rueda de la historia en el terreno económico».

Este razonamiento, muy común en nuestra literatura socialdemócrata, encierra un gran error tanto lógico como histórico-económico. Se comparan arshines con puds, el carácter reaccionario de las ideas campesinas sobre la revolución socialista con el carácter reaccionario de la política liberal en la revolución burguesa.

Si en relación con las tareas del socialismo los campesinos defienden, sin duda, utopías reaccionarias, los burgueses liberales, en relación con esas mismas tareas, defienden represalias reaccionarias como las de junio de 1848 o mayo de 1871{95}.

Ahora bien, si en la presente revolución, es decir, en la revolución burguesa, el campesinado y sus ideólogos, los populistas, llevaran a cabo una política reaccionaria en comparación con los liberales, entonces ningún marxista reconocería jamás a los populistas como más de izquierda, más revolucionarios, más democráticos que los liberales.

Es evidente que aquí hay algo que no cuadra.

Comparen la política agraria de los liberales y la de los populistas. ¿Contiene ésta, en el momento actual, rasgos económico-reaccionarios? Ambos partidos coinciden en el carácter reaccionario de la aspiración a limitar la movilización de la propiedad de la tierra. Pero el carácter burocrático de la política agraria kadete (comités agrarios burocrático-terratenientes) hace que su carácter reaccionario sea mucho más peligroso práctica e inmediatamente. De modo que, en este punto, la comparación no favorece en absoluto a los liberales.

La «igualación» en el uso de la tierra... La idea de igualdad de los pequeños productores es reaccionaria como intento de buscar la solución de los problemas de la revolución socialista hacia atrás, y no hacia adelante. El proletariado no trae consigo el socialismo de la igualdad de los pequeños propietarios, sino el socialismo de la gran producción socializada. Pero esa misma idea de igualdad es la expresión más plena, consecuente y decidida de las tareas democrático-burguesas. A los marxistas que hayan olvidado esto, se les puede aconsejar que recurran al primer tomo de *El Capital* de Marx y al *Anti-Dühring* de Engels. La idea de igualdad expresa, de la manera más integral, la lucha contra todos los residuos del feudalismo, la lucha por el desarrollo más amplio y puro de la producción mercantil.

A menudo olvidamos esto entre nosotros cuando hablamos del carácter reaccionario de los proyectos agrarios «igualitarios» de los populistas.

La igualdad no solo expresa ideológicamente la realización más plena de las condiciones del capitalismo libre y de la producción mercantil. También materialmente, en el ámbito de las relaciones económicas de la agricultura que surge del feudalismo, la igualdad de los pequeños productores es la condición para el desarrollo más amplio, pleno, libre y rápido de la agricultura capitalista.

Este desarrollo se viene produciendo en Rusia desde hace tiempo. La revolución lo ha acelerado. Toda la cuestión estriba en si seguirá el tipo, por así decirlo, prusiano (conservación de la economía terrateniente con la servidumbre por deudas del campesino, que paga «según una justa valoración» por una parcela de hambre) o el tipo americano (destrucción de la economía terrateniente, paso de toda la tierra a los campesinos).

Ésta es la cuestión fundamental de toda nuestra revolución democrático-burguesa, la cuestión de su derrota o de su victoria.

Los socialdemócratas exigen que toda la tierra pase a los campesinos sin rescate, es decir, luchan resueltamente por el segundo tipo de desarrollo del capitalismo, ventajoso para el pueblo. En la lucha de los campesinos contra los terratenientes feudales, el impulso ideológico más fuerte en la lucha por la tierra es la idea de igualdad, y la eliminación más completa de todos y cada uno de los residuos del feudalismo es la creación de la igualdad entre los pequeños productores. Por eso, la idea de igualdad es la idea más revolucionaria para el movimiento campesino, no solo en el sentido de estímulo para la lucha política, sino también en el sentido de estímulo para la depuración económica de la agricultura de los residuos feudales.

En la medida en que los populistas sueñan con que la igualdad pueda mantenerse sobre la base de la producción mercantil, con que esa igualdad pueda ser un elemento del desarrollo hacia el socialismo, sus concepciones son erróneas, su socialismo es reaccionario. Esto debe saberlo y recordarlo todo marxista. Pero un marxista traicionaría su propio método de examen histórico de las tareas particulares de la revolución democrático-burguesa si olvidara que esa misma idea de igualdad y todos los planes posibles de igualación son la expresión más plena de las tareas no de la revolución socialista, sino de la revolución burguesa, de las tareas de la lucha no contra el capitalismo, sino contra el régimen terrateniente y burocrático.

O bien una evolución de tipo prusiano: el terrateniente feudal se convierte en junker. El poder terrateniente se consolida en el Estado por decenios. Monarquía. Un «despotismo militar revestido de formas parlamentarias»{96} en lugar de democracia. Máxima desigualdad entre la población rural y la demás población. O bien una evolución de tipo americano. Destrucción de la economía terrateniente. El campesino se convierte en granjero libre. Soberanía popular. Régimen democrático-burgués. Máxima igualdad entre la población rural, como punto de partida y condición del capitalismo libre.

Tal es, de hecho, la alternativa histórica, maquillada por la hipocresía de los kadetes (que conducen al país por el primer camino) y por el utopismo social-reaccionario de los populistas (que lo conducen por el segundo).

Es evidente que el proletariado debe dirigir todas sus fuerzas a apoyar el segundo camino. Solo en este caso las clases trabajadoras superarán más rápidamente las últimas ilusiones burguesas, pues el socialismo de la igualdad es la última ilusión burguesa del pequeño propietario. Solo en este caso las masas populares, aprendiendo no de los libros, sino de la experiencia, experimentarán en la práctica, en el más breve plazo, la impotencia de todos y cada uno de los proyectos igualitarios, su impotencia frente al poder del capital. Solo en este caso el proletariado se sacudirá con mayor rapidez las tradiciones «laboristas», es decir, pequeñoburguesas, se librará de las tareas democrático-burguesas que hoy recaen inevitablemente sobre él y se entregará por entero a sus propias tareas, realmente de clase, es decir, socialistas.

Solo la incomprensión de la relación entre las tareas democrático-burguesas y las socialistas hace que algunos socialdemócratas teman la política de llevar hasta el final la revolución burguesa.

Solo la incomprensión de las tareas y de la esencia de la revolución burguesa engendra razonamientos como el siguiente: «Ella (nuestra revolución) ha sido engendrada en última instancia, no por los intereses de los campesinos, sino (??) por los intereses de la sociedad burguesa en desarrollo», o «esta revolución es burguesa y por eso (!!??) no puede marchar bajo la bandera y la dirección del campesinado» (*Duma Popular*, núm. 21, del 4 de abril). ¡Resulta que la economía campesina en Rusia se asienta en un terreno distinto, no burgués! Los intereses de la masa campesina son precisamente los intereses del «desarrollo de la sociedad burguesa» más pleno, rápido y amplio, del desarrollo «americano» y no del «prusiano». Precisamente por eso, la revolución burguesa puede marchar bajo la «dirección campesina» (mejor dicho: bajo la dirección proletaria, si los campesinos, oscilando entre los k.-d. y los socialdemócratas, van, en general y en conjunto, con los socialdemócratas). La revolución burguesa bajo la dirección de la burguesía solo puede ser una revolución inconclusa (es decir, hablando con rigor, no una revolución, sino una reforma). Solo puede ser una verdadera revolución bajo la dirección del proletariado y del campesinado.

*Nashe Eco*, núms. 10 y 12, 5 y 7 de abril de 1907.

Publicado según el texto del periódico *Nashe Eco*.