En el congreso socialista internacional de Stuttgart se discutió, como es sabido, la cuestión del militarismo y, en relación con ella, la de la propaganda antimilitarista. La resolución adoptada al respecto dice, entre otras cosas, que el congreso considera un deber de las clases trabajadoras «contribuir a que la juventud obrera sea educada en el espíritu de la fraternidad de los pueblos y del socialismo y esté imbuida de conciencia de clase». En ello ve el congreso la garantía de que el ejército dejará de ser un instrumento ciego en manos de las clases gobernantes, del que éstas disponen a su antojo y que en cualquier momento pueden lanzar contra el pueblo.

Hacer propaganda entre los soldados en servicio activo es extraordinariamente difícil, a veces casi imposible. La vida en el cuartel, la vigilancia estricta, las escasas salidas dificultan enormemente las relaciones con el mundo exterior; la disciplina militar, la absurda instrucción embrutecen y atemorizan a los soldados; los jefes militares ponen todo su empeño en arrancar del «ganado gris» todo pensamiento vivo, todo sentimiento humano, en inculcarle sentimientos de obediencia ciega y un odio insensato y salvaje hacia los enemigos «exteriores» e «interiores»… Abordar a un soldado apartado de su ambiente habitual, solo, ignorante, amedrentado, al que han martillado en la cabeza las ideas más salvajes sobre cuanto lo rodea, es mucho más difícil que acercarse a los jóvenes en edad de reclutamiento, que viven en el seno de su familia y sus camaradas, estrechamente ligados a ellos por intereses comunes. La propaganda antimilitarista entre la juventud obrera da en todas partes excelentes resultados. Y esto tiene una importancia enorme. Un obrero que entra en las filas del ejército como socialdemócrata consciente es un pésimo apoyo para los detentadores del poder.

En todos los países europeos existen uniones de la juventud obrera socialista. En algunos países, como Bélgica, Austria y Suecia, estas uniones son grandes organizaciones que desempeñan una importante labor de partido. Por supuesto, el objetivo principal de las uniones juveniles es la autoeducación, la formación de una concepción socialista del mundo clara y completa. Pero, al mismo tiempo, las uniones juveniles realizan también un trabajo práctico. Luchan por mejorar la situación de los aprendices y procuran protegerlos de la explotación desmesurada de los patronos. Las uniones de la juventud obrera socialista dedican aún más tiempo y atención a la propaganda antimilitarista.

Para ello tratan de establecer vínculos estrechos con los jóvenes soldados. Esto se consigue del siguiente modo. Mientras el joven obrero aún no ha ingresado en el ejército, es miembro de la unión y paga sus cotizaciones. Cuando se convierte en soldado, la unión sigue manteniendo con él relaciones permanentes, le envía con regularidad una pequeña ayuda en metálico (el «sou del soldado», como lo llaman en Francia) que, por pequeña que sea en sí misma, tiene para él una importancia sustancial. A cambio, él se compromete a informar periódicamente a la unión de todo lo que ocurre en su cuartel y a escribir sus impresiones. De este modo, incluso después de incorporarse a filas, el soldado no pierde el vínculo con la organización de la que fue miembro.

Siempre se procura enviar al soldado a servir lo más lejos posible de su lugar de origen. Se hace con el cálculo de que el soldado no esté ligado por ningún interés a la población local, de que se sienta ajeno a ella. Así es más fácil obligarle a obedecer la orden de disparar contra la multitud. Las uniones de la juventud obrera tratan de destruir este alejamiento del soldado respecto a la población local. Las uniones juveniles están vinculadas entre sí. Al llegar a una nueva ciudad, el soldado que fue miembro de la unión juvenil en su lugar de origen es recibido por la unión local como un huésped deseado; de inmediato se le introduce en el círculo de los intereses locales, se le ayuda en todo lo posible. Deja de ser un extraño, un forastero. Sabe también que, si le sucede alguna desgracia, le ayudarán, lo apoyarán. Esta conciencia le infunde valor, se comporta con más audacia en el cuartel, defiende con más valentía sus derechos y su dignidad humana.

Los estrechos vínculos con los jóvenes soldados permiten a las uniones juveniles hacer una amplia propaganda antimilitarista entre los soldados. Esto se lleva a cabo principalmente mediante la literatura antimilitarista, que las uniones juveniles editan y difunden en cantidades enormes, sobre todo en Francia, Bélgica, y también en Suiza, Suecia, etc. Esta literatura es del más diverso contenido: tarjetas postales con imágenes de contenido antimilitarista, cancioneros antimilitaristas para soldados (muchas de estas canciones están muy difundidas entre los soldados), un «catecismo del soldado» (en Francia se difundió en más de 100.000 ejemplares), folletos de todo tipo, proclamas y hojas sueltas; periódicos y revistas semanales, quincenales y mensuales para soldados, algunos de ellos ilustrados. «El Cuartel», «El Recluta», «El Joven Soldado», «Piupiú» (apodo cariñoso del joven recluta), «Adelante» tienen una difusión muy amplia. En Bélgica, por ejemplo, los periódicos «El Recluta» y «El Cuartel» tiran cada uno 60.000 ejemplares. Sobre todo aparecen muchas revistas en vísperas del reclutamiento. Números especiales de periódicos para soldados se envían a las direcciones de todos los reclutas. La literatura antimilitarista se hace llegar a los soldados en los cuarteles, se les entrega en la calle; los soldados la encuentran en cafés, tabernas, en todas partes donde van.

Se dedica especial atención a los reclutas. Se organizan para ellos despedidas solemnes. Durante el reclutamiento, por la ciudad transitan procesiones. Así, por ejemplo, en Austria los reclutas, vestidos de luto, desfilan por toda la ciudad al son de una marcha fúnebre. Delante de ellos avanza un carro engalanado de rojo. Por las paredes se pegan carteles rojos, en los que se lee con grandes letras: «¡No dispararéis contra el pueblo!». En honor de los reclutas se organizan veladas en las que se pronuncian encendidos discursos antimilitaristas. En una palabra, se hace todo para despertar la conciencia del recluta, para inmunizarlo contra la perniciosa influencia de las ideas y sentimientos que, por todos los medios justos e injustos, se le inculcarán en el cuartel.

Y el trabajo de la juventud socialista no cae en saco roto. En Bélgica existen ya entre los soldados unas 15 uniones de soldados, afiliadas en su mayoría al partido obrero socialdemócrata y estrechamente vinculadas entre sí. Hay regimientos en los que dos tercios de los soldados están organizados. En Francia, el estado de ánimo antimilitarista se ha hecho masivo. Durante las huelgas en Dunkerque, Le Creusot, Longwy y Montceau-les-Mines, los soldados enviados contra los huelguistas manifestaron su solidaridad con ellos…

Cada día se cuentan más socialdemócratas en las filas del ejército, y el ejército se vuelve cada vez menos fiable. Cuando la burguesía tenga que verse cara a cara con la clase obrera organizada, ¿de qué lado estará el ejército? La juventud obrera socialista, con toda la energía y el ardor propios de la juventud, trabaja para que esté del lado del pueblo.

«Vperiod» n.º 16, 8 de octubre de 1907.

Se imprime según el texto del periódico «Vperiod».