Ante todo, analicemos hasta qué punto el proyecto agrario de los 104, es decir, de los trudoviquí de la primera y la segunda Duma, expresa realmente las reivindicaciones del campesinado de toda Rusia. De ello da testimonio el carácter de la representación en ambas Dumas y el carácter de la lucha política desplegada en la arena «parlamentaria» en torno a la cuestión agraria entre los portavoces de los intereses de las distintas clases. La idea de la propiedad territorial en general, y en particular de la propiedad campesina, no solo no fue relegada a un segundo plano en la Duma, sino que, por el contrario, fue constantemente colocada en primer plano por determinados partidos. Y el gobierno, en la persona de los Sres. Stishinski, Gurko, de todos los ministros y de toda la prensa oficial, defendía esta idea, dirigiéndose especialmente a los diputados campesinos. Y los partidos políticos de derecha, empezando por el «famoso» Sviatopolk-Mirski en la II Duma, repetían constantemente a los campesinos las bondades de la propiedad campesina sobre la tierra. La distribución real de fuerzas en esta cuestión se perfiló sobre datos tan amplios que no hay posibilidad alguna de dudar de su exactitud (desde el punto de vista de los intereses de clase). En la I Duma, cuando los liberales consideraban al pueblo revolucionario como una fuerza y coqueteaban con él, el partido kadete también fue arrastrado por la corriente general hacia la nacionalización de la tierra. Como se sabe, en el proyecto agrario kadete de la primera Duma figura una «reserva estatal de tierras», a la cual pasan todas las tierras expropiadas y desde la cual se entregan en usufructo a largo plazo. Por supuesto, los kadetes no plantearon esta reivindicación en la I Duma por principio alguno –sería ridículo hablar de principios en el partido kadete–; no, esta reivindicación apareció en los liberales como un débil eco de las reivindicaciones de la masa campesina. Ya en la primera Duma los diputados campesinos comenzaron a separarse de inmediato en un grupo político especial, y el proyecto agrario de los «104» se convirtió en la plataforma principal y fundamental de todo el campesinado ruso, que se manifestaba como una fuerza social consciente. Los discursos de los diputados campesinos en la I y II Duma, los artículos de los periódicos trudoviquí («Noticias de los Diputados Campesinos»{89}, «Rusia Laboriosa»{90}) demostraron que el proyecto de los 104 expresa fielmente los intereses y las esperanzas campesinas. Conviene, por tanto, detenerse en este proyecto con algo más de detalle.

Es interesante, entre otras cosas, observar la composición de los diputados que lo suscribieron. En la I Duma vemos aquí a 70 trudoviquíes, 17 sin partido, 8 campesinos que no dieron ninguna información sobre su orientación política, cinco kadetes[59], tres socialdemócratas[60] y un autonomista lituano. En la II Duma, bajo el proyecto de los «104» hay 99 firmas, y deducidas las repeticiones, 91; de ellas, 79 trudoviquíes, 4 socialistas populares, 2 socialistas revolucionarios, 2 del grupo cosaco, 2 sin partido, 1 a la izquierda de los kadetes (Peterson) y 1 kadete (Odnokózov, campesino). Los campesinos predominan entre los firmantes (no menos de 54 de los 91 en la II Duma, no menos de 52 de los 104 en la I). Es interesante a este respecto que las expectativas especiales de P. Máslov acerca de los campesinos parcelarios (citado más arriba[61]), que no pueden aceptar la nacionalización, también quedan totalmente refutadas por la representación campesina en ambas Dumas. Por ejemplo, en la provincia de Podolia casi todos los campesinos son agricultores parcelarios (en 1905, las explotaciones de campesinos parcelarios eran 457.134, y las de comuneros solo 1.630). ¡Bajo el proyecto agrario de los «104» firmaron 13 diputados de Podolia (en su mayoría campesinos agricultores) en la I Duma y 10 en la segunda! De otras provincias con propiedad parcelaria de la tierra señalemos las de Vilna, Kovno, Kiev, Poltava, Besarabia, Volinia, cuyos diputados firmaron el proyecto de los 104. La diferencia entre comuneros y parcelarios, desde el punto de vista de la nacionalización de la tierra, puede parecer importante y esencial solo a los partidarios de los prejuicios populistas; y estos prejuicios, dicho sea de paso, en general recibieron un fortísimo golpe con la primera aparición de los diputados campesinos de toda Rusia con un programa agrario. De hecho, la reivindicación de la nacionalización de la tierra no está suscitada en absoluto por una forma particular de propiedad agraria, ni por los «hábitos e instintos comunales» de los campesinos, sino por las condiciones generales de toda la pequeña propiedad campesina (tanto comunal como parcelaria), aplastada por los latifundios señoriales.

Entre los diputados de la I y II Duma que presentaron el proyecto nacionalizador de los 104, vemos representantes de todas las regiones de Rusia, no solo del centro agrícola y de las provincias industriales no chernoziómicas, no solo de las del norte (Arjánguelsk, Vólogda, en la II Duma), de las fronteras orientales y meridionales (provincias y regiones de Astracán, Besarabia, el Don, Ekaterinoslav, Kubán, Táurida, Stávropol), sino también de las provincias de la Pequeña Rusia, del suroeste, del noroeste, de Polonia (prov. de Suwalki) y de Siberia (prov. de Tobolsk). Es evidente que la opresión del pequeño campesino por la propiedad latifundista señorial, expresada con mayor fuerza y de manera más directa en el centro agrícola puramente ruso, se hace sentir en toda Rusia, suscitando en todas partes el apoyo de los pequeños agricultores a la lucha por la nacionalización de la tierra.

El carácter de esta lucha presenta rasgos evidentes de individualismo pequeñoburgués. A este respecto es necesario subrayar especialmente el hecho que con demasiada frecuencia se ignora en nuestra prensa socialista, a saber: que el «socialismo» de los socialistas revolucionarios sufrió el golpe más fuerte precisamente en la primera intervención de los campesinos en la abierta arena política de toda Rusia con un programa agrario independiente. Una minoría de los diputados campesinos avanzados se pronunció por el proyecto eserista de socialización de la tierra (proyecto de los «33» en la I Duma){91}. La inmensa mayoría se situó del lado de los 104, del proyecto de los enesistas, de cuyo programa dicen los propios eseristas que es individualista.

Todo esto es justo. Solo que en vano piensan los eseristas que con palabras «enérgicas» pueden disimular el hecho de que la esencia del asunto no está en el oportunismo de los señores Pesejónov y Cía., sino en el individualismo del pequeño agricultor. La cuestión no es que los Pesejónov enturbien la corriente ideológica del eserismo, sino que la mayoría de los diputados campesinos avanzados reveló el verdadero contenido económico del populismo, las verdaderas aspiraciones de los pequeños agricultores. El fracaso del eserismo al aparecer ante una amplia representación, auténticamente de toda Rusia, de las masas campesinas: he aquí lo que nos mostraron los proyectos agrarios de los 104 en la I y en la II Duma[62].

Al pronunciarse por la nacionalización de la tierra, los trudoviquíes revelan en su proyecto con gran claridad las aspiraciones «egoístas e individualistas» de los pequeños agricultores. Las tierras de nadiel y las pequeñas tierras de propiedad privada las dejan en manos de sus actuales poseedores (§ 3 del proyecto agrario de los 104), con la única condición de que se tomen medidas legislativas que aseguren «su paso gradual a la propiedad de todo el pueblo». Esto significa, traducido al lenguaje de las relaciones económicas reales, lo siguiente: partimos de los intereses de los verdaderos dueños, de los agricultores reales y no solo nominales, pero queremos que su actividad económica se despliegue con toda libertad sobre la tierra nacionalizada[63]. El párrafo 9 del proyecto, que dice que «en la adjudicación se da preferencia a la población local frente a la foránea, y a la agrícola frente a la no agrícola», muestra una vez más que los intereses de los pequeños propietarios rurales ocupan el primer plano para los trudoviquíes. El «derecho igualitario a la tierra» es una frase; los créditos y subsidios estatales «a las personas que no dispongan de medios suficientes para procurarse todo lo necesario para la hacienda» (§ 15 del proyecto agrario de los 104) son piadosos deseos, pero en la práctica quienes inevitablemente y a la fuerza saldrán ganando son aquellos que ahora pueden convertirse en fuertes propietarios rurales, que pueden transformarse de agricultores sojuzgados en agricultores libres y acomodados. Por supuesto, los intereses del proletariado exigen apoyar aquellas medidas que más contribuyan al paso de la agricultura en Rusia de manos de los terratenientes señoriales y de los agricultores sojuzgados, aplastados por la ignorancia, la miseria y la rutina, a manos de granjeros. Y el proyecto de los «104» no es otra cosa que la plataforma de lucha por convertir a la parte acomodada del campesinado sojuzgado en una clase libre de granjeros.