Si ahora comparamos, con el fundamento económico esbozado más arriba, los programas agrarios que han presentado las distintas clases en la revolución, veremos inmediatamente que existen dos líneas en estos programas, en correspondencia con los dos tipos señalados de evolución agraria.

Tomemos el programa de Stolypin, compartido por los terratenientes de derecha y los octubristas. Es un programa abiertamente terrateniente. Pero ¿puede decirse que sea reaccionario en sentido económico, es decir, que excluya o pretenda excluir el desarrollo del capitalismo? ¿Que impida la evolución agraria burguesa? De ningún modo. Al contrario, la célebre legislación agraria de Stolypin, dictada en virtud del artículo 87, está impregnada por entero de un espíritu puramente burgués. Sin duda alguna, sigue la línea de la evolución capitalista, facilita esta evolución, la impulsa, acelera la expropiación del campesinado, la disolución de la comunidad rural y la formación de una burguesía campesina. Esta legislación es indudablemente progresiva en el sentido científico-económico.

¿Quiere esto decir que los socialdemócratas deban «apoyarlo»? No. Sólo el marxismo vulgar, cuyas semillas siembran tan afanosamente Plejánov y los mencheviques —que cantan, claman, vociferan y predican: hay que apoyar a la burguesía en su lucha contra el viejo orden—, podría razonar así. No. En nombre de los intereses del desarrollo de las fuerzas productivas (ese criterio supremo del progreso social), no debemos apoyar la evolución burguesa de tipo terrateniente, sino la evolución burguesa de tipo campesino. La primera significa el mayor mantenimiento posible de la servidumbre y el régimen feudal (reformados a la manera burguesa), el desarrollo menos rápido de las fuerzas productivas y un desarrollo capitalista más lento; significa calamidades y tormentos inconmensurablemente mayores, una explotación y opresión más grandes de las amplias masas del campesinado y, en consecuencia, del proletariado. La segunda significa el desarrollo más rápido de las fuerzas productivas y las mejores condiciones de existencia (en la medida en que sean posibles en general bajo el régimen de producción mercantil) para la masa campesina. La táctica de la socialdemocracia en la revolución burguesa rusa no está determinada por la tarea de apoyar a la burguesía liberal, como creen los oportunistas, sino por la tarea de apoyar al campesinado en lucha.

Tomemos ahora el programa de la burguesía liberal, es decir, el programa kadete. Fieles a la divisa «¿qué desea usted?» (es decir, qué desean los señores terratenientes), en la primera Duma presentaron un programa y en la segunda, otro. Para ellos, cambiar de programa es tan fácil e imperceptible como para todos los arribistas carentes de principios de la burguesía europea. En la primera Duma, la revolución parecía fuerte, y el programa liberal le tomó prestado un pedacito de nacionalización (el «fondo estatal de tierras»). En la segunda Duma, la contrarrevolución parecía fuerte, y el programa liberal echó por la borda el fondo estatal de tierras, se orientó hacia la idea stolypiniana de una propiedad campesina sólida y aumentó y amplió los casos de excepción a la regla general de la expropiación forzosa de la tierra de los terratenientes. Pero esta duplicidad de los liberales la señalamos aquí de paso. Lo que importa destacar aquí es otra cosa: la base de principio común a los dos «rostros» del programa agrario liberal. Esa base de principio común es: 1) el rescate; 2) el mantenimiento de las haciendas de los terratenientes; 3) el mantenimiento de los privilegios de los terratenientes al llevar a cabo la reforma.

El rescate es un tributo impuesto al desarrollo social, un tributo a los dueños de los latifundios feudales. El rescate es la realización, garantizada por la burocracia y la policía, de los métodos feudales de explotación en forma de un «equivalente universal» burgués. Además, el mantenimiento en uno u otro grado de las haciendas de los terratenientes es visible en ambos programas kadetes, por más que los politicastros burgueses se esfuercen en ocultar este hecho al pueblo. En tercer lugar, los privilegios de los terratenientes al realizar la reforma están expresados con toda claridad en la actitud kadete hacia la elección de los comités locales de tierras mediante el sufragio universal, directo, igual y secreto. No podemos entrar aquí en detalles[45], que corresponden a otro lugar de nuestra exposición. Aquí nos basta con determinar la línea del programa agrario kadete. Y a este respecto es necesario señalar que la cuestión de la composición de los comités locales de tierras tiene una importancia cardinal. Sólo párvulos políticos podrían dejarse seducir por el sonido de la consigna kadete de «expropiación forzosa». La cuestión estriba en quién forzará a quién: los terratenientes a los campesinos (a pagar tres veces más por tierras arenosas) o los campesinos a los terratenientes. Los discursos kadetes sobre «la representación equitativa de intereses contrapuestos» y sobre la inconveniencia de «la violencia unilateral» muestran más claro que claro la esencia del asunto: ¡que en la expropiación forzosa kadete, son los terratenientes quienes fuerzan a los campesinos!

El programa agrario kadete sigue la línea del progreso burgués stolypiniano, es decir, terrateniente. Esto es un hecho. No comprender este hecho es el error fundamental de aquellos socialdemócratas que, al igual que algunos mencheviques, son capaces de considerar la política agraria kadete más progresiva que la de los populistas.

En los representantes del campesinado, es decir, en los trudovikí, en los social-narodnikis y en parte en los socialistas revolucionarios (eseritas), vemos en ambas Dumas, a pesar de las numerosas vacilaciones y titubeos, una línea totalmente clara de defensa de los intereses del campesinado frente a los terratenientes. Existen, por ejemplo, vacilaciones en torno a la cuestión del rescate, admitido en el programa de los trudovikí, pero, en primer lugar, éste se interpreta a menudo en el sentido de una asistencia social a los terratenientes incapacitados para el trabajo[46]; y en segundo lugar, en las actas de la II Duma se puede encontrar toda una serie de discursos campesinos sumamente característicos que rechazan el rescate y proclaman la consigna: ¡toda la tierra para todo el pueblo![47] En lo tocante a los comités locales de tierras —cuestión fundamental de quién fuerza a quién—, los diputados campesinos son los iniciadores y partidarios de la idea de elegirlos mediante el sufragio universal.

No abordamos por ahora la cuestión del contenido del programa agrario de los trudovikí y de los socialistas revolucionarios, por un lado, y de los socialdemócratas, por otro. Ante todo debemos constatar ese hecho indiscutible de que los programas agrarios de todos los partidos y clases que han actuado abiertamente en la revolución rusa se dividen con toda nitidez en dos tipos fundamentales, en correspondencia con los dos tipos de evolución agraria burguesa. La línea divisoria entre los programas agrarios «de derecha» y «de izquierda» no pasa entre los octubristas y los kadetes, como a menudo suponen, de manera totalmente errónea, los mencheviques (dejándose aturdir por el tintineo de las palabras «constitucional-democrático» y sustituyendo el análisis de clase por el análisis de los nombres de los partidos). La línea divisoria pasa entre los kadetes y los trudovikí. Son los intereses de las dos clases fundamentales de la sociedad rusa que luchan por la tierra —los terratenientes y el campesinado— los que determinan esta línea. Los kadetes mantienen la propiedad terrateniente de la tierra y defienden una evolución agrícola burguesa culta, europea, pero terrateniente. Los trudovikí (y los diputados obreros socialdemócratas), es decir, los representantes del campesinado y los representantes del proletariado, defienden la evolución agrícola burguesa campesina.

Hay que distinguir rigurosamente el ropaje ideológico de los programas agrarios, sus diversos detalles políticos, etc., de la base económica de dichos programas. Ahora la dificultad no consiste en comprender el carácter burgués tanto de las reivindicaciones y programas agrarios de los terratenientes como de los campesinos: esa labor ya la hicieron los marxistas antes de la revolución y la revolución la ha confirmado. La dificultad radica en darse cuenta cabal de la base de la lucha de las dos clases en el terreno de la sociedad burguesa y de la evolución burguesa. Esta lucha no puede comprenderse como fenómeno social sujeto a leyes si no se la reduce a las tendencias objetivas del desarrollo económico de la Rusia capitalista.

Ahora, una vez mostrado el vínculo entre los dos tipos de programas agrarios en la revolución rusa y los dos tipos de evolución agraria burguesa, debemos pasar a examinar un aspecto nuevo, de suma importancia, del problema.