Quisiera hablar exclusivamente del aspecto político de la cuestión. Pero el último discurso del camarada Abramóvich me obliga a referirme brevemente a sus observaciones. Cuando el camarada Abramóvich hablaba del Comité Central menchevique «asediado», pensaba para mí: «¡Pobres mencheviques! Otra vez están en estado de sitio. ¡Los «asedian» no sólo cuando están en minoría, sino también cuando están en mayoría!».

¿No habrá causas internas, arraigadas en el propio carácter de la política menchevique, que obligan a los mencheviques a quejarse eternamente del asedio de que los hace objeto el partido proletario?

¿Cuáles son los hechos relativos al asedio del CC menchevique aducidos por el camarada Abramóvich? Son tres: la agitación por un congreso extraordinario, la conferencia de las organizaciones militares y de combate y, por último, «otras cuestiones organizativas», como se expresó el camarada Abramóvich.

Examinemos estos tres hechos.

La agitación por un congreso extraordinario se desplegó ampliamente cuando quedó claro que la política del CC iba sin duda contra la voluntad de la mayoría del partido. Recuerdo que esto fue después de que el CC lanzara la consigna de apoyo a un ministerio responsable. Por entonces aún no se había incorporado el Bund a nuestro partido, pero ya se habían incorporado los polacos y los letones. Unos y otros rechazaron de forma absolutamente definida la política del CC. Así pues, es un hecho totalmente indiscutible que el CC se separó entonces de la inmensa mayoría del partido. ¿Quién asediaba a quién: la mayoría del partido asediaba al CC exigiéndole rendir cuentas al congreso, o el CC, al ir contra el partido, asediaba al partido? Recuerden a qué extremo llegó entonces Plejánov. El «Sotsial-Demokrat», órgano oficial del Comité Central, reimprimió su carta contra el congreso. ¡Y en esa carta Plejánov respondía al llamamiento al congreso con recelos acerca de los motivos de la agitación y con tiradas sobre los míseros kopecs obreros! Reflexionen: ¿no estaba equivocado Plejánov al permitirse semejantes cosas contra la mayoría del partido que exigía el congreso?

Yo me limitaré a decir: tras la decisión de la Conferencia Panrusa de Noviembre del POSDR, la agitación por el congreso extraordinario cesó.

Segundo hecho: la conferencia de las organizaciones militares y de combate. De conferencias hubo dos. Es triste, por supuesto, pero ver aquí un «asedio» contra el CC es extraño. ¿No habría sido mejor explicar en qué fueron malas las resoluciones de la conferencia que se celebró al margen del CC, en vez de despachar el asunto con quejas sobre el asedio? Recuerdo que en ambas conferencias hubo representantes tanto del Comité de Moscú como del Comité de Petersburgo; es decir, ninguna fracción del partido se vinculó como fracción con una sola de las conferencias. Y las resoluciones de la conferencia bolchevique de las organizaciones militares y de combate, publicadas en noviembre de 1906, no han recibido hasta ahora críticas serias.

Tercer hecho: «otras cuestiones organizativas». ¿De qué se trata? ¿Qué contenido concreto se le da a esto? ¿No será la escisión en Petersburgo, organizada por los mencheviques con ayuda del CC durante las elecciones? Pero hablar de asedio del CC a propósito de esto sería sencillamente ridículo.

Paso al aspecto político de la cuestión. Nuestra tarea principal consiste en examinar cómo dirigió el CC la lucha de clases del proletariado y cómo aplicó en la práctica la táctica aprobada en el Congreso de Unificación.

La primera consigna que el CC entregó al partido fue la de apoyar la reivindicación de un ministerio «de la Duma» o «responsable». El camarada Mártov ha dicho aquí ante nosotros que esta consigna se lanzó para ampliar y profundizar el conflicto de la Duma con el gobierno.

¿Es cierto eso? ¿En qué debe consistir la ampliación y profundización proletarias del conflicto? Por supuesto, en señalar el verdadero terreno de lucha y de los choques que provocaron el conflicto: el terreno de la lucha de clases en general, y en este caso, de la lucha del pueblo contra el viejo poder. Para ampliar y profundizar el conflicto de la Duma, había que comprender y explicar al pueblo que el conflicto de la Duma sólo refleja de manera muy incompleta y tergiversada el conflicto del pueblo con el viejo poder, y que la lucha en la Duma es un débil eco de la lucha revolucionaria fuera de la Duma. Para ampliar y profundizar, había que elevar la conciencia política y las reivindicaciones políticas desde las consignas de la Duma hasta las consignas de la lucha revolucionaria general. El CC obró al revés. Embotó y redujo las consignas de la lucha revolucionaria a la consigna de un ministerio de la Duma. Llamó al pueblo no a luchar por el poder, aunque esta lucha se derivaba de toda la situación objetiva, sino a luchar por un acuerdo de los liberales con el poder. Voluntaria o involuntariamente, el CC llamó al partido a adoptar las consignas de la vía «pacífica» parlamentaria en un momento en que de las condiciones objetivas se derivaba en realidad la lucha revolucionaria extraparlamentaria. En la práctica, no existió ni podía existir ningún movimiento social medianamente serio por el «ministerio responsable». Incluso la fracción socialdemócrata menchevique en la Duma (de la Primera Duma) no aceptó esta consigna del CC. (Mártov: «¡No es cierto!».) No, cierto es, camarada Mártov, y una simple consulta de la resolución del CC y de los extractos taquigráficos de la Primera Duma demostrará que es cierto.

La consigna del CC fue en realidad, con independencia de los deseos y motivos del CC, una adaptación a la política liberal. Y de esta adaptación no podía salir ningún resultado, porque la política liberal no expresaba el movimiento social real de aquel tiempo, sino el sueño de poner fin a la revolución, aunque la revolución no había cesado en absoluto. La marcha de los acontecimientos demostró que toda esta historia del «ministerio responsable» fue un intento con medios inadecuados.

La segunda consigna del CC corresponde a la época de la huelga de julio{168}. No se puede reprochar al CC el fracaso de aquella acción. No es un reproche, sino más bien un elogio para un CC como el menchevique, que aun así salió entonces al encuentro de la revolución. No es culpa del CC que, desde Petersburgo, no conociera el estado de ánimo del proletariado en toda Rusia. Tampoco se puede calificar de error el que creyéramos entonces en la insurrección y la esperáramos. La insurrección realmente tuvo lugar, y nuestras consignas previas, nuestra política antes de la insurrección, fueron uno de los elementos del éxito o el fracaso de esta insurrección.

El error del CC lo veo en que trató de encerrar la lucha revolucionaria, que había llegado a la insurrección, en el marco de consignas no revolucionarias o revolucionarias recortadas. Eso se expresó en la consigna del CC de «acciones de masas parciales». Y se expresó más aún en la consigna «por la Duma como órgano de poder para convocar una Asamblea Constituyente». Lanzar consignas tan desprovistas de vida significaba adaptar la política proletaria a la política de la burguesía liberal. Y, una vez más, los acontecimientos demostraron toda la inutilidad y toda la impotencia de los intentos de semejante adaptación. Entre nosotros resuenan a menudo quejas y lloriqueos sobre la impotencia del partido obrero. ¡Y yo digo: por eso mismo sois impotentes, porque embotáis vuestras consignas! (Aplausos en los escaños de los bolcheviques.)

Sigamos adelante. Veamos la cuestión de los bloques con los k.-d. en las elecciones a la II Duma. Mártov, en el informe del CC que ha leído, se ha librado de esta cuestión con un formalismo sorprendentemente bonachón: ¡es decir, el CC decidió que los bloques eran admisibles, y los bloques, sobre la base exacta de la directriz del CC, se admitían! (Risas.) No estaría de más que en un informe político del CC se apelara no a la legalidad formal de las resoluciones, sino a la verificación por la vida de la justeza de dicha política en su esencia. Los bolcheviques hemos afirmado todo el tiempo que el tan manoseado peligro de las centurias negras en la práctica se reduce a una defensa liberal contra el peligro por la izquierda, y que al guiarnos en nuestra política por el miedo al peligro de las centurias negras, caemos en realidad en el anzuelo de los liberales. Los resultados de las elecciones demostraron que teníamos razón. En toda una serie de ciudades las estadísticas electorales refutaron las patrañas de los liberales y los mencheviques. (Exclamaciones: «¡Y Kiev, Polonia, Vilna!».) No tengo tiempo para ocuparme de localidades aisladas; hablaré de los resultados políticos generales. El estadístico Smirnov ha calculado para 22 ciudades el número de votos: por el bloque de izquierda, 41.000; por los k.-d., 74.000; por los octubristas, 34.500, y por los monárquicos, 17.000. En otras 16 ciudades, de 72.000 votos, el 58,7 % fue para la oposición y el 21 % para la reacción. Las elecciones desenmascararon el carácter ficticio del peligro de las centurias negras, y la política de bloques con los k.-d., supuestamente «admisibles» a modo de excepción, resultó ser una política de dependencia del proletariado respecto a la burguesía liberal.

Y yo os digo: no despreciéis las discusiones teóricas, no hagáis un gesto de desdén ante las invenciones fraccionales acerca de las divergencias. Nuestras viejas discusiones, nuestras divergencias teóricas y sobre todo tácticas, se convierten constantemente en el curso de la revolución en las más inmediatas divergencias prácticas. En la política práctica no se puede dar un solo paso sin tropezar con las mismas cuestiones fundamentales sobre la valoración de la revolución burguesa, sobre la relación entre los k.-d. y los trudoviques, etc. La vida práctica no borra las divergencias, sino que las agudiza y las reaviva. Y no es casualidad que mencheviques tan destacados como Plejánov llevaran hasta el absurdo la política de bloques con los k.-d. Plejánov, al lanzar su tan manoseada «Duma con plenos poderes», predicaba una consigna común para el proletariado y para la burguesía liberal. Plejánov no hace más que expresar de manera más nítida y más fuerte la esencia interna, la tendencia fundamental de toda la política menchevique: la sustitución de la línea independiente de la clase obrera por la adaptación a la burguesía liberal. La bancarrota de nuestro CC fue ante todo y sobre todo la bancarrota de esta política de oportunismo. (Aplausos de parte del centro y de los bolcheviques.)