El camarada Lenin partía de la premisa de que las tareas objetivas de la revolución rusa no estaban resueltas, de que el período de reacción sobrevenido imponía al proletariado la tarea, con particular firmeza y en contraposición a las vacilaciones generales, de defender la causa de la democracia y la causa de la revolución. De ahí el punto de vista de que la Duma debía ser utilizada a favor de la revolución, utilizada, principalmente, para la amplia difusión de las concepciones políticas y socialistas del partido, y no para realizar "reformas" legislativas que, en todo caso, representarían un apoyo a la contrarrevolución y todo tipo de recortes a la democracia.

Según palabras del camarada Lenin, la «clave» de la cuestión de la Duma debía consistir en esclarecer las tres tesis siguientes: a) cuál es la composición de clase de la Duma, b) cuál debe ser y será la actitud de los centros de la Duma hacia la revolución y la democracia, y c) cuál es el significado de la actividad de la Duma en el curso del desarrollo de la revolución rusa.

Respecto a la primera cuestión – basándose en el análisis de la composición de la Duma (según los datos sobre la pertenencia de los diputados a uno u otro partido), el camarada Lenin subrayó que la puesta en práctica de las concepciones de la mal llamada «oposición» sólo es posible en la III Duma con una condición: mediante la colaboración conjunta de al menos 87 octubristas con los kadetes y la izquierda. A los kadetes y a la izquierda les faltan 87 votos para obtener la mayoría necesaria en la votación de los proyectos de ley. Por consiguiente, de hecho, la actividad legislativa en la Duma es factible únicamente con la participación indispensable de la abrumadora mayoría de los octubristas. Está claro en qué puede desembocar semejante actividad legislativa y a qué picota vergonzosa clavará a la socialdemocracia la marcha conjunta con los octubristas. No se trata aquí de un principio abstracto. Hablando en abstracto, se puede, y a veces se debe, apoyar a los representantes de la gran burguesía. Pero en el caso dado es necesario tener en cuenta las condiciones concretas del desarrollo de la revolución democrático-burguesa rusa. La burguesía rusa emprendió hace tiempo el camino de la lucha contra la revolución y del compromiso con la autocracia. El último congreso kadete arrancó definitivamente todas las hojas de parra con que se cubrían los señores Miliukov, y constituye un gran acontecimiento político, pues los kadetes declararon con cínica franqueza que entran a legislar en la Duma octubrista-centurionegrista, mientras que contra los «enemigos de la izquierda» lucharán. De este modo, las dos mayorías posibles en la Duma, la octubrista-centurionegrista y la kadete-octubrista, ambas, por caminos distintos, procurarán apretar el nudo de la reacción: la primera, tendiendo a la restauración de la autocracia; la segunda, mediante componendas con el gobierno y reformas ilusorias que encubren las aspiraciones contrarrevolucionarias de la burguesía. Así pues, la socialdemocracia no puede adoptar el punto de vista del apoyo a las reformas legislativas, lo que equivaldría a apoyar al partido gubernamental, octubrista. La vía de las «reformas» sobre un terreno político dado y con la correlación de fuerzas dada significa no el mejoramiento de la situación de las masas, no la ampliación de la libertad, sino la reglamentación burocrática de la falta de libertad y del sometimiento de las masas. Tales son, por ejemplo, las reformas agrarias de Stolypin en virtud del artículo 87{72}. Son progresivas, porque allanan el camino al capitalismo, pero ningún socialdemócrata se ha atrevido a apoyar semejante progreso. ¡Los mencheviques han martillado un solo cliché: los intereses de clase de la burguesía deben chocar con la autocracia! Pero en ese llamado marxismo vulgar no hay ni un gramo de verdad histórica. ¿Acaso Napoleón III y Bismarck no supieron satisfacer por un tiempo los apetitos de la gran burguesía? ¿Acaso con sus «reformas» no apretaron durante largos años el dogal al cuello de las masas trabajadoras? ¿Qué fundamentos hay para pensar que el gobierno ruso, en su componenda con la burguesía, sea capaz de consentir reformas de otro tipo?