Nuestra comisión no ha llegado a un acuerdo. A favor del proyecto de los bolcheviques se pronunciaron 6 a favor y 6 en contra. A favor del proyecto de los mencheviques, 5 a favor y 5 en contra. Uno se abstuvo. Me corresponde defender brevemente ante vosotros nuestro proyecto bolchevique, en el cual también coincidieron los socialdemócratas polacos y los letones.

Partimos de la base de que todo lo ya dicho en la resolución sobre los partidos burgueses debe ser eliminado de la resolución sobre la Duma de Estado, pues la lucha en la Duma es solo una parte, y no la parte principal, de toda nuestra lucha contra los partidos burgueses y la autocracia.

En la presente resolución hablamos solo de cuál debe ser nuestra política en la Duma. En cuanto a la evaluación de cómo llegamos a la Duma, esta parte de la resolución –el punto sobre el boicot– la hemos eliminado por las siguientes razones. A mí personalmente me parece, como a todos los bolcheviques, que en vista de la posición adoptada por toda la prensa liberal, debería darse una evaluación de cómo llegamos a la Duma. Frente a toda la burguesía liberal, el partido obrero está obligado a declarar que son precisamente las traiciones burguesas las culpables de que, por un tiempo, tengamos que contar con una institución tan monstruosa. Pero los camaradas letones estaban en contra de este punto y, para no entorpecer la rápida conclusión del trabajo (y debemos apresurarnos para clausurar el congreso mañana, como se ha decidido), eliminamos este punto. La voluntad del congreso está clara de todos modos, y la falta de tiempo no permite sostener debates de principios.

Me detendré en las ideas fundamentales de nuestra resolución. En esencia, todo esto es una repetición de lo dicho en nuestro proyecto de resolución en el Congreso de Estocolmo. En el primer punto se subraya la total inadecuación de la Duma como tal. Esta es una idea necesaria, pues sectores muy amplios del campesinado y, en general, de la pequeña burguesía, siguen depositando hasta ahora las esperanzas más ingenuas en la Duma. Desenmascarar estas ilusiones ingenuas, mantenidas por los liberales con sus fines clasistas y egoístas, es nuestro deber directo.

La segunda parte del primer punto habla de la inutilidad de la vía parlamentaria en general y de esclarecer la inevitabilidad de la lucha abierta de las masas. Aquí se esclarecen nuestras opiniones positivas sobre los medios para salir de la situación actual. Estamos obligados a subrayar esto y a repetir claramente nuestras consignas revolucionarias, pues los vaivenes y vacilaciones, incluso entre los socialdemócratas, no son una rareza en esta cuestión. Que todos sepan que la socialdemocracia permanece en su viejo camino revolucionario.

El segundo punto está dedicado a esclarecer la relación entre la labor directamente «legislativa» en la Duma y la agitación, la crítica, la propaganda, la organización. La vinculación entre el trabajo en la Duma y fuera de ella es vista por el partido obrero de un modo completamente distinto a como la ve la burguesía liberal. Esta diferencia radical de opiniones debe ser subrayada. De un lado, los politicastros burgueses, embriagados por el juego parlamentario a espaldas del pueblo. Del otro lado, uno de los destacamentos del proletariado organizado, enviado al campo enemigo y que realiza un trabajo mancomunado en relación con toda la lucha del proletariado. Para nosotros no hay más que un movimiento obrero único e indivisible, la lucha de clases del proletariado. A esta lucha debemos subordinar por completo todas sus formas parciales y aisladas, incluida la parlamentaria. La lucha del proletariado fuera de la Duma es para nosotros determinante. No bastaría con decir que tenemos en cuenta los intereses económicos y las necesidades de las masas, etc. Semejantes frases (en el espíritu de la vieja resolución menchevique) son confusas y pueden ser suscritas por cualquier liberal. Todo liberal está dispuesto a hablar de las necesidades económicas del pueblo en general. Pero ningún liberal subordinará la actividad en la Duma a la lucha de clases, y es precisamente este punto de vista el que nosotros, los socialdemócratas, debemos expresar con total nitidez. Solo por este principio nos distinguimos de hecho de toda y cada una de las variedades de la democracia burguesa.

A veces se señala (especialmente los bundistas, fingiendo ser conciliadores) que hay que señalar también lo contrario: la relación de la lucha socialdemócrata fuera de la Duma con el trabajo de la fracción socialdemócrata en la Duma. Yo afirmo que esto es incorrecto y solo podría sembrar las más nocivas ilusiones parlamentarias. La parte debe ajustarse al todo, y no al revés. La Duma puede ser temporalmente una de las arenas de la lucha de clases en su conjunto, pero solo si ese conjunto no se pierde de vista, si no se desdibujan las tareas revolucionarias de la lucha de clases.

El siguiente punto de nuestra resolución está dedicado a la política liberal en la Duma. La consigna de esta política –«conservar la Duma»– solo encubre la unión de los liberales con las centurias negras. Esto debe decirse directamente y explicarse al pueblo. La consigna liberal corrompe sistemáticamente la conciencia política y de clase de las masas. La lucha implacable contra esta niebla liberal es nuestro deber. Arrancar la máscara al liberalismo, mostrar que detrás de la frase sobre la democracia se oculta la votación codo a codo con las centurias negras, significa separar a los restos de la democracia de los traidores burgueses a la libertad.

¿Por qué debemos guiarnos al definir nuestra política en la Duma? Nuestra resolución, apartando toda idea de provocar conflictos por los conflictos mismos, da una definición positiva de la «oportunidad» en el sentido socialdemócrata de la palabra: hay que tener en cuenta la crisis revolucionaria que se desarrolla fuera de la Duma, en virtud de las condiciones objetivas.

El último punto está dedicado al célebre «ministerio responsable». Esta consigna fue lanzada no por casualidad, sino inevitablemente por la burguesía liberal, para utilizar en su provecho los momentos de calma con el fin de debilitar la conciencia revolucionaria de las masas. Esta consigna fue apoyada por los mencheviques tanto en la primera como en la segunda Duma, y Plejánov escribió directamente en el periódico menchevique durante la segunda Duma que los socialdemócratas debían «hacer suya» esta reivindicación. De este modo, esta consigna desempeñó un papel muy determinado en la historia de nuestra revolución. Definir su actitud ante esta consigna es necesario para el partido obrero. No puede uno guiarse por el hecho de que ahora los liberales no la plantean: la han retirado temporalmente, por consideraciones oportunistas, pero, en esencia, aspiran con más fuerza aún a un pacto con el zarismo. Y la consigna del «ministerio de la Duma» expresa con el mayor relieve estas tendencias inmanentes del liberalismo al pacto.

No negamos, ni podemos negar, ni que el ministerio de la Duma pueda resultar una etapa de la revolución, ni que las circunstancias puedan obligarnos a utilizarlo. No se trata de eso. La socialdemocracia utiliza las reformas como producto secundario de la lucha revolucionaria de clases del proletariado, pero no es asunto nuestro llamar al pueblo a reformas a medias, irrealizables sin la lucha revolucionaria. La socialdemocracia debe desenmascarar toda la inconsecuencia de tales consignas incluso desde un punto de vista puramente democrático. La socialdemocracia debe esclarecer al proletariado las condiciones de su victoria, y no atar de antemano su política a la posibilidad de una victoria incompleta, a la posibilidad de una derrota parcial –y tales son precisamente las condiciones de la realización problemática del «ministerio de la Duma».

Que los liberales cambien la democracia por monedas de cobre y arrojen el todo por los vulgares e impotentes, mezquinos sueños de una mísera limosna. La socialdemocracia debe reavivar en el pueblo la conciencia de las tareas democráticas integrales y conducir al proletariado hacia metas revolucionarias claramente conscientes. Debemos ilustrar la conciencia de las masas obreras y desarrollar su disposición a la lucha, no oscurecer la conciencia embotando las contradicciones, embotando las tareas de la lucha. (Aplausos.)