[Diciembre de 1907. Finlandia.]

El trabajo del camarada Vóinov sobre la cuestión de la relación del partido socialista del proletariado con los sindicatos puede suscitar no pocas tergiversaciones. Esto sucede por dos razones: en primer lugar, llevado por la lucha contra una comprensión estrecha e incorrecta del marxismo, contra la renuncia a tomar en consideración las nuevas exigencias del movimiento obrero y a enfocar el tema con más amplitud y profundidad, el autor se expresa a menudo de un modo excesivamente generalizador. Ataca a la ortodoxia —ciertamente, a la ortodoxia entre comillas, es decir, a la pseudo-ortodoxia— o a la socialdemocracia alemana en general, allí donde en el fondo sus ataques se refieren únicamente a los vulgarizadores de la ortodoxia, tan solo al ala oportunista de la socialdemocracia. En segundo lugar, el autor escribe para el público ruso, teniendo muy poco en cuenta los distintos matices en el planteamiento de los problemas que analiza en el terreno ruso. El punto de vista del camarada Vóinov dista infinitamente de las concepciones de los sindicalistas rusos, de los mencheviques, de los socialistas revolucionarios. Mas un lector poco atento o malintencionado puede fácilmente aferrarse a frases o ideas sueltas de Vóinov, aprovechando que el autor ha tenido ante sus ojos principalmente a franceses e italianos, sin plantearse la tarea de deslindarse de toda clase de confusionistas rusos.

Como ejemplo de estos últimos señalemos, por ej., a los socialistas revolucionarios.
En el núm. 5 de «Znamia Truda» declaran con la desenvoltura de costumbre[^1]: «¡la Internacional Socialista ha aprobado el punto de vista sobre el movimiento sindical que nosotros (!) siempre (!) hemos sostenido!»[^2]. Tomemos la «Recopilación de artículos» núm. 1 (1907), de la editorial «Nasha Mysl». El señor Víctor Chernov fustiga a Kautsky, ¡silenciando tanto la resolución de Mannheim como la lucha de Kautsky contra los neutralistas oportunistas![^3]
El artículo de Kautsky, al que se abalanza el jinete eserista[^4], fue escrito en vísperas de Mannheim. En Mannheim, Kautsky luchó contra los neutralistas. La resolución de Mannheim «abre una brecha considerable en la neutralidad de los sindicatos» (expresión de Kautsky en su artículo sobre el Congreso de Mannheim, en *Neue Zeit* del 6 de oct[ubre] de 1906)[^5].
Y he aquí que en 1907 aparece un crítico que se las da de revolucionario, llamando a Kautsky «gran dogmático e inquisidor del marxismo», acusándolo —¡en perfecta consonancia con los neutralistas oportunistas!— de disminuir tendenciosamente el papel de los sindicatos, de su afán de «subordinarlos» al partido, etc.
Si a esto añadimos que los eseristas siempre han estado por la apartidariedad de los sindicatos, que ya en el núm. 2 de *Znamia Truda* (12 de julio de 1907) leemos en el editorial: «la propaganda partidista tiene su lugar fuera del sindicato»[^6], se nos perfilará toda la fisonomía del revolucionarismo de los eseristas.
Cuando Kautsky libraba la lucha contra el neutralismo oportunista y desarrollaba más, más a fondo, la teoría del marxismo, impulsando a los sindicatos hacia la izquierda, esos señores ponían por los suelos a Kautsky, repitiendo las frases hechas de los oportunistas y continuando, a la chita callando, defendiendo la apartidariedad de los sindicatos.
Cuando el mismo Kautsky empujó aún más a la izquierda a los sindicatos, corrigiendo en Stuttgart la resolución de Beer, subrayando en esa resolución las tareas socialistas de los trade unions, los señores s.-r. se pusieron a gritar: ¡la Internacional Socialista ha aprobado nuestro punto de vista!
Cabe preguntar: ¿merecen semejantes procedimientos miembros de la Internacional Socialista? ¿No testimonia esa crítica una falta de principios y una desenvoltura?[^7]

Entre los s.-d., da ejemplo de desenvoltura el profundamente estimado por los liberales ex revolucionario Plejánov[^8]. En el prólogo al folleto «Nosotros y ellos», declara con una satisfacción de sí mismo inigualable e incomparable[^9]: ¡la resolución de Stuttgart (sobre los sindicatos) con mi enmienda priva de valor a la resolución de Londres (del Congreso de Londres del P.O.S.D.R.)![^10]
Probablemente, muchos lectores, después de leer esta declaración, de nuestro magnífico Narciso, creerán[^11] que la lucha en Stuttgart giró precisamente en torno a la enmienda de Plejánov y que, en general, esa enmienda tuvo alguna importancia seria.
En realidad, esa enmienda («hay que tener siempre presente la unidad de la lucha económica») no tuvo seria importancia alguna, ni siquiera guardaba relación con la esencia de los problemas discutidos en Stuttgart, con la esencia de las discrepancias en el seno del socialismo internacional.
En realidad, los entusiasmos de Plejánov a propósito de «su» enmienda tienen un sentido muy vulgar: despistar a los lectores desviando su atención[^12] hacia otro lado, de las cuestiones realmente discutibles del movimiento sindical, encubrir la derrota de la idea del neutralismo en Stuttgart.
El Congreso de Estocolmo del P.O.S.D.R. (1906), en el que vencieron los mencheviques, se situó en el punto de vista de la neutralidad de los sindicatos. El Congreso de Londres del P.O.S.D.R. adoptó otra posición, proclamando la necesidad de tender a la partidariedad de los sindicatos. El Congreso Internacional de Stuttgart adoptó una resolución que «pone fin para siempre a la neutralidad», como justamente se expresó K. Kautsky[^13].
Plejánov acudió a la comisión del Congreso de Stuttgart a defender la neutralidad, tal como lo relata detalladamente Vóinov. Y Clara Zetkin escribe en el órgano del movimiento obrero femenino de Alemania «Die Gleichheit» que «Plejánov intentó justificar cierta limitación de este principio con argumentos bastante desafortunados»[^14] (es decir, del principio de la más estrecha aproximación de los sindicatos al partido).

Por tanto, el principio de la neutralidad defendido por Plejánov sufrió un fiasco. Sus argumentos fueron reconocidos como «desafortunados» por los s.-d. alemanes revolucionarios. Y él, [con desparpajo,] recreándose en sí mismo[^15], declara: ¡han aprobado «mi» enmienda, la resolución de Londres pierde su valor...!
Sí, sí, en cambio, la desfachatez nozdriviana del socialista estimado por los liberales, al parecer, no pierde en absoluto su valor[^16].

El camarada Vóinov no tiene razón, en mi opinión, cuando dice que los ortodoxos alemanes consideran nociva la idea del asalto, que la ortodoxia «había hecho suyo casi todo el espíritu del nuevo economismo». De Kautsky eso no puede decirse, y el mismo camarada Vóinov reconoce lo acertado de las concepciones de Kautsky. El propio camarada Vóinov, al reprochar a los alemanes que «han hablado sobrado poco del papel de los sindicatos como organizadores de la producción socialista», recuerda en otro lugar la opinión de Liebknecht padre, que reconoció ese papel en los términos más enérgicos.
También en vano el camarada Vóinov dio crédito a Plejánov en la especie de que Bebel, adrede, silenció la revolución rusa en su discurso de salutación, de que Bebel no quiere hablar de Rusia. Esas palabras de Plejánov no eran más que una burda bufonada del socialista profundamente estimado por los liberales[^17], y en ningún momento debieron tomarse en serio, [ni siquiera admitir] ni siquiera debió admitirse la posibilidad de que en esas palabras hubiera una brizna de verdad. Por mi parte, puedo atestiguar que durante el discurso de Bebel, van Kol, representante del ala derecha de los socialistas que estaba sentado junto a mí en la mesa, estuvo pendiente precisamente de si Bebel mencionaba a Rusia. Y apenas Bebel terminó, van Kol se dirigió a mí manifestando su sorpresa; no dudó (como no dudó ningún miembro serio del congreso) de que Bebel se hubiera olvidado de Rusia fortuitamente. Los lapsus los tienen hasta los mejores y más experimentados oradores. Calificar de «característico» el olvido del viejo Bebel por parte del camarada Vóinov es, a mi entender, injusto hasta el más alto grado.
De igual modo, es profundamente injusto hablar en general del «actual» Bebel oportunista. No hay datos para semejante generalización.
Mas, para no suscitar equívocos, diré acto seguido que si alguien intentase aprovechar estas expresiones del camarada Vóinov contra los s.-d. alemanes revolucionarios, sería un arrancar frases sueltas de mala fe. El camarada Vóinov ha demostrado de sobra con todo su folleto que está de parte de los marxistas alemanes revolucionarios (como Kautsky), que trabaja junto con ellos en la eliminación de viejos prejuicios, de clisés oportunistas y de la autosuficiencia miope. He ahí por qué también yo en Stuttgart fui solidario en todo lo esencial con el camarada Vóinov, y ahora soy solidario con él en todo el carácter de su crítica revolucionaria. Tiene mil veces razón cuando dice que ahora tenemos que aprender no solo de los alemanes, sino también en los alemanes. Solo personas ignorantes, que aún no han aprendido nada de los alemanes y por ello desconocen el abecé, pueden sacar de aquí una «divergencia» en el seno de los s.-d. revolucionarios. Debemos criticar sin temor y abiertamente los errores de los dirigentes alemanes, si queremos ser fieles al espíritu de Marx y ayudar a los socialistas rusos[^18] a estar a la altura de las tareas actuales del movimiento obrero. Bebel, indudablemente, también se equivocó en Essen, al defender a Noske, al sostener la división entre guerra defensiva y guerra ofensiva, al atacar el modo de lucha de los «radicales» contra van Kol, al negar (junto con Singer) el fracaso y lo erróneo de la táctica de la delegación alemana en Stuttgart[^19]. No debemos ocultar esos errores, sino mostrar con su ejemplo que los s.-d. rusos deben aprender a evitarlos, deben satisfacer las exigencias más rigurosas del marxismo revolucionario. Y que no intenten los anarquistizantes y sindicalistizantes rusos, los liberales y los eseristas regodearse con motivo de nuestra crítica a Bebel. Nosotros les diremos a esos señores:

[^1]: Las palabras: «con la desenvoltura de costumbre» están tachadas a lápiz en el manuscrito. — *Red.*
[^2]: 2
[^3]: 3
[^4]: En el manuscrito, las palabras: «se abalanza el jinete eserista» están tachadas a lápiz, y a lápiz, de puño y letra de N. K. Krúpskaya, se sustituyen por: «ataca Chernov». — *Red.*
[^5]: 4
[^6]: 5
[^7]: Este párrafo está tachado a lápiz en el manuscrito. — *Red.*
[^8]: En el manuscrito, esta frase está corregida a lápiz de puño y letra de N. K. Krúpskaya del siguiente modo: «Entre los s.-d., se empeña en embrollar la cuestión de la relación entre el partido y los sindicatos el camarada Plejánov». — *Red.*
[^9]: Las palabras: «con una satisfacción de sí mismo inigualable e incomparable» están tachadas a lápiz. — *Red.*
[^10]: 6
[^11]: Las palabras: «de nuestro magnífico Narciso, creerán» están tachadas a lápiz y, a lápiz de puño y letra de N. K. Krúpskaya, sustituidas por una sola palabra: «pensarán». — *Red.*
[^12]: El comienzo de este párrafo está corregido a lápiz de puño y letra de N. K. Krúpskaya del siguiente modo: «En realidad, el empeño de Plejánov en exagerar la importancia de esta enmienda persigue el fin de desviar la atención de los lectores». — *Red.*
[^13]: *Vorwärts*, 1907, núm. 209, suplemento, informe de Kautsky a los obreros de Leipzig sobre el Congreso de Stuttgart. Véase «Calendario para todos» de 1908, ed. «Zerná», pág. 173, en mi artículo sobre el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart. [Véase V. I. Lenin, Obras, t. XI, pág. 89. — *Red.*]
[^14]: Véase el mismo «Calendario para todos», pág. 173, así como la recopilación «Zarnitsy» (San Petersburgo, 1907), donde se ha traducido íntegramente este artículo de «Die Gleichheit».
[^15]: La expresión: «recreándose en sí mismo» está tachada a lápiz. — *Red.*
[^16]: Este párrafo está tachado a lápiz. — *Red.*
[^17]: Las palabras: «del socialista profundamente estimado por los liberales» están tachadas a lápiz. — *Red.*
[^18]: «Ayudar a los socialistas rusos» está corregido con tinta de puño y letra de Lenin de «educar a los socialistas rusos». — *Red.*
[^19]: 7