En cuanto al contenido de su folleto, tanto a mí como a toda nuestra gente nos ha gustado extraordinariamente. Una cosa sumamente interesante y excelentemente escrita. Solo una cosa: hay muchas imprudencias externas, por así decirlo, es decir, de esas a las que se agarrarán toda clase de eseristas, mencheviques, sindicalistas, etc. Deliberamos colectivamente: ¿retocar o hacer una salvedad en el prefacio? Decidimos esto último, pues retocar sería una lástima; significaría alterar demasiado la integridad de la exposición.

Por supuesto, un lector concienzudo y atento sabrá comprenderle correctamente, pero aun así debería usted deslindarse especialmente frente a los falsos intérpretes, pues su nombre es legión. Por ejemplo, a Bebel, por supuesto, debemos criticarlo, y no apruebo a Trotski, que nos envió hace poco un panegírico completo a propósito de Essen y de la socialdemocracia alemana en general. Está usted en lo cierto al señalar que Bebel no tenía razón en Essen, ni en la cuestión del militarismo, ni en la cuestión de la política colonial (más exactamente, sobre el carácter de la lucha de los radicales en Stuttgart en este punto 117). Pero hay que hacer la salvedad al mismo tiempo de que estos son errores de un hombre —con el que marchamos por un mismo camino y que solo son corregibles en esta vía, la marxista, la socialdemócrata. Pues tenemos mucha gente (usted probablemente no ve su literatura) que se ríe con malicia de Bebel para glorificar al eserismo, al sindicalismo (à la Ezierski, Kozlovski, Krichevski —véase "Obrazovánie", etc.), al anarquismo.

A mi juicio, todas sus ideas pueden y deben exponerse siempre de modo que la crítica no se dirija contra la ortodoxia, ni contra los alemanes en general, sino contra el oportunismo. Entonces no podrán interpretarle torcidamente. Entonces quedará clara la conclusión: el bolchevismo, aprendiendo no solo de los alemanes, sino también en los alemanes (¡esta exigencia suya es mil veces acertada!), sabrá tomar todo lo vivo del sindicalismo para matar el sindicalismo ruso y el oportunismo. Precisamente a nosotros, los bolcheviques, nos resulta de lo más fácil y natural hacer esto, pues en la revolución fuimos quienes más luchamos contra el cretinismo parlamentario y el oportunismo de Plejánov. Y solo nosotros podemos, desde un punto de vista revolucionario, y no pedantesco-cadete al estilo de Plejánov y Cía., refutar el sindicalismo, que acarrea una oscuridad de confusiones (especialmente peligrosa para Rusia).

Ha salido el número 17 de "Proletari" y se le ha enviado. Han salido las "Zarnitsy" 118 y se le han enviado. ¿Las ha recibido? ¿Lee usted "Továrisch"? ¿Cómo le gusta ahora? ¿No le apetecería sacudirse el polvo de antaño, burlarse de ellos en verso? Le ruego que escriba.

Le estrecho fuertemente la mano. Su Lenin

1907

(Finlandia) a Italia

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Escrito entre el 2 y el 11 de noviembre

Enviado desde Kuokkala

Publicado por primera vez en 1934

en Léninski Sbórnik XXVI

Se imprime según el manuscrito