Al evaluar las tareas de la socialdemocracia en la segunda Duma rusa y las aspiraciones de los liberales rusos, el conocido marxista alemán Franz Mehring escribió que el liberalismo alemán llevaba ya 60 años andando por un camino lamentable y vergonzoso, amparándose en la consigna del «trabajo positivo». Cuando la Asamblea Nacional, en una sola noche del verano de 1789, realizó la liberación de los campesinos franceses, el genial y venal aventurero Mirabeau, el más grande héroe de la democracia constitucional, calificó este acontecimiento con la expresión alada de «orgía repugnante». Pero, a nuestro juicio (al juicio socialdemócrata), aquello fue trabajo positivo. En cambio, la liberación de los campesinos prusianos, que se arrastró a paso de tortuga durante 60 años, de 1807 a 1865, y en la cual se segó tosca y despiadadamente una innumerable cantidad de vidas campesinas, fue, desde el punto de vista de nuestros liberales, un «trabajo positivo», cuyas campanas hicieron repicar a todos los vientos. A nuestro juicio, aquello fue una «orgía repugnante».

Así escribía Mehring{69}. Y es imposible no recordar sus palabras ahora, cuando se abre la III Duma, cuando los octubristas quieren emprender en firme la orgía repugnante, cuando los kadetes están dispuestos a participar en ella con celo lacayuno, y cuando, incluso entre los socialdemócratas (para vergüenza nuestra), hay plejanovistas dispuestos a ayudar a esta orgía. Observemos más de cerca todos estos preparativos.

La víspera de la tercera Duma se caracterizó por intensas reuniones de los distintos partidos en cuanto a la táctica en la Duma. Los octubristas elaboraron, en la reunión de Moscú, el proyecto de programa de la fracción parlamentaria de la Unión del 17 de Octubre, y su orador, el señor Plevako, alzó en un banquete en Moscú «la bandera del partido liberal-constitucional ruso». Los kadetes, en tres o cuatro días, terminaron su llamado V congreso «de partido». Los kadetes de izquierda fueron derrotados de manera aplastante y completamente expulsados del Comité Central de los kadetes (y su CC está compuesto por 38 personas que manejan enteramente al «partido»). Los kadetes de derecha obtuvieron plena libertad de acción, en el espíritu del «informe sobre la táctica en la III Duma», esa notable, «histórica» justificación de la «orgía repugnante». Los socialdemócratas comenzaron a discutir la táctica en la III Duma en el CC y en la conferencia de la organización de San Petersburgo del POSDR.

El programa parlamentario de los octubristas se distingue por el sincero reconocimiento de esa política contrarrevolucionaria que, en esencia, practicaron también los kadetes en la II Duma, ocultándola con toda clase de frases y subterfugios. Por ejemplo, los octubristas declaran francamente que la revisión de las leyes fundamentales y de la ley electoral es «inoportuna»: primero, dicen, «una serie de reformas urgentes» debe traer «la tranquilidad y eliminar la lucha de pasiones e intereses de clase». Los kadetes no decían esto, pero en la II Duma actuaron exactamente así y no de otro modo. Otro ejemplo. Los octubristas defienden «atraer a la participación en el autogobierno al círculo más amplio posible de personas», pero al mismo tiempo «asegurar una representación correspondiente» a la nobleza. Esta franca contrarrevolución es más honesta que la política kadete: prometer [el sufragio] universal, directo, igual y secreto, y en realidad combatir desesperadamente tanto en la I como en la II Duma contra la elección de los comités locales de tierras según estos principios, proponiendo que dichos comités estuvieran compuestos por igual número de campesinos y terratenientes, es decir, lo mismo de «asegurar la representación de la nobleza». Otro ejemplo. Los octubristas rechazan abiertamente la expropiación forzosa de la tierra de los terratenientes. Los kadetes la «reconocen», pero la reconocen de manera que en la II Duma votan junto con las derechas contra los trudoviques y los socialdemócratas en la cuestión de cerrar los debates agrarios con una fórmula general que incluía el reconocimiento de la expropiación forzosa.

A condición de consolidar las «victorias» de la contrarrevolución, los octubristas están dispuestos a prometer todo tipo de reformas liberales. Cabe aquí «la ampliación de los derechos presupuestarios de la Duma» (¡no es broma!), y «la ampliación de sus derechos de control sobre la legalidad de las acciones del poder», y el aseguramiento de la independencia de los tribunales, y «el cese de las restricciones a las organizaciones económicas obreras y a las huelgas económicas» (que «no amenacen los intereses estatales y sociales»), y «la consolidación de los principios de la libertad civil basada en la ley», etcétera, etcétera. El partido gubernamental de los «octubres» dispensa frases «liberales» con la misma generosidad con que lo hace el propio gobierno del señor Stolypin.

Ahora bien, ¿cómo plantearon los kadetes en su congreso la cuestión de la actitud hacia los octubristas? El puñado de kadetes de izquierda resultó compuesto de vociferadores que ni siquiera supieron plantear la cuestión con claridad. Y la masa de los caballeros derechistas del octubrismo disfrazado se aglutinó sólidamente para el más vil encubrimiento de la verdad. La impotencia de los kadetes de izquierda se expresa de la manera más nítida en su proyecto de resolución: su primer punto propone a los kadetes «mantenerse en un terreno de oposición tajante, sin buscar acercamientos con los octubristas, ajenos a ella (el partido k.-d.) por su espíritu y su programa». El segundo punto, en cambio, llama a «no negarse a apoyar los proyectos de ley que conduzcan al país por la senda de la liberación y las reformas democráticas, vengan de donde vengan». ¡Es un cómico, porque en la III Duma no pueden venir proyectos de ley capaces de reunir mayoría más que de los octubristas! Los señores kadetes de izquierda merecieron plenamente su derrota, pues se comportaron como lamentables cobardes o necios, incapaces de decir clara y directamente que en semejante Duma es indecoroso ponerse a legislar, que votar con los octubristas es apoyar la contrarrevolución. Algunas personas aisladas de entre los k.-d. de izquierda, al parecer, comprendían la cuestión, pero, como demócratas de salón, se acobardaron en el congreso. Al menos, el señor Zhilkin transmite en «Tovarishch» este discurso privado del kadete Safónov: «La fracción kadete debe ahora, a mi modo de ver, ocupar la posición del Grupo del Trabajo de la I Duma. Oposición, discursos enérgicos y nada más. En cambio, ellos se disponen a legislar. ¿Cómo? ¿Amistad, alianza con los octubristas? Una extraña deriva hacia la derecha. Todo el país es de izquierda, nosotros a la derecha» («Tovarishch», n.º 407). Evidentemente, el señor Safónov tiene momentos lúcidos de vergüenza y conciencia… ¡pero solo en privado!

En cambio, el señor Miliukov y su pandilla desplegaron en todo su esplendor sus viejas cualidades de arribistas desvergonzados y desaprensivos. En la resolución aprobada se embadurnó la esencia del asunto para engañar al gran público, como siempre engañaron al pueblo los héroes liberales de la prostitución parlamentaria. En la resolución del congreso («las tesis») no hay ni una sola palabra sobre los octubristas. Parece increíble, pero es un hecho. El clavo del congreso kadete es la cuestión del voto de los k.-d. junto con los octubristas. Todos los debates giraron en torno a esto. Pero todo el arte de los politiqueros burgueses consiste precisamente en engañar a las masas, en ocultar sus manejos parlamentarios. Las «Tesis sobre la táctica», aprobadas el 26 de octubre por el congreso de los k.-d., constituyen un documento clásico que muestra, primero, cómo los kadetes se funden con los octubristas y, segundo, cómo se escriben las resoluciones destinadas a engañar a las masas por parte de los liberales. Este documento debe compararse con el «programa parlamentario» de la Unión del 17 de Octubre. Este documento debe cotejarse con el «informe sobre la táctica», leído por Miliukov en el congreso de los k.-d. («Rech», n.º 255). He aquí los pasajes más importantes de este informe:

«Puesto en situación de oposición, el partido, sin embargo» (precisamente: ¡sin embargo!), «no desempeñará el papel de una minoría irresponsable, en el sentido en que ella misma utilizó este término para caracterizar la conducta en la Duma de los extremistas de izquierda» (traducido del lenguaje parlamentario al sencillo y directo: ¡tengan compasión, otórguennos un puestecito, señores octubristas, que nosotros solo llevamos el título de oposición!). «No mirará a la Duma como un medio para preparar acciones extradumarias, sino como un órgano supremo del Estado, dotado de una cuota de poder supremo determinada con precisión por la ley» (¿acaso no son más honestos los octubristas, que dicen directamente: la revisión de las leyes fundamentales es inoportuna?). «A la III Duma, al igual que a las dos primeras, el partido acude con la firme intención de tomar parte activa en su labor legislativa. Este tipo de actividad fue siempre considerado por el partido como el principal y fundamental, contrapuesto por igual tanto a los fines de agitación de las izquierdas como a la actividad conspirativa de las derechas.» Bueno, sobre la «conspiración» ustedes también mienten, señores, porque en las dos Dumas conspiraron con los ministros o con los lacayos de los ministros. Y la renuncia a la agitación es una renuncia plena y sin retorno a la democracia.

Para legislar en la III Duma hay que unirse, de un modo u otro, directa o indirectamente, con los octubristas y situarse por completo en el terreno de la contrarrevolución y la defensa de sus victorias. Los kadetes se esfuerzan por callar esta cosa evidente. Sin embargo, se les escapa en otro lugar del informe: «El uso de la iniciativa legislativa debe ponerse en dependencia de la previa aclaración de la viabilidad práctica de los proyectos del partido.» La viabilidad práctica depende de los octubristas. Aclarar la viabilidad significa acercarse por la puerta trasera a los octubristas. Poner su iniciativa en dependencia de esta aclaración significa recortar sus proyectos a gusto de los octubristas, significa poner su política en dependencia de los «octubres».

No hay término medio, señores. O bien un partido de oposición real, y entonces minoría irresponsable. O bien un partido de legislación contrarrevolucionaria activa, y entonces lacayismo ante los octubristas. Los kadetes han elegido lo segundo, y en recompensa por ello la Duma de las centurias negras, se dice, promueve al kadete derechista Maklákov a la presidencia. Maklákov se lo ha ganado.

Pero ¿cómo pudieron hallarse socialdemócratas capaces de hablar ahora, incluso, de apoyar a los kadetes? A tales socialdemócratas los engendró el mezquino espíritu pequeñoburgués de la intelectualidad, el mezquino espíritu de toda la vida rusa. A tales socialdemócratas los formó la vulgarización plejanovista del marxismo. En la conferencia de la organización socialdemócrata de San Petersburgo se puso de manifiesto que los mencheviques, a remolque de la Duma derechista, van aún más a la derecha. ¡Están dispuestos a apoyar a los octubristas, es decir, al partido gubernamental! ¿Por qué no votar los socialdemócratas por Jomiakov, que es mejor que Bobrinski? ¡Es una cuestión de conveniencia! ¿Por qué no votar por Bobrinski si solo hay elección entre él y Purishkévich? ¿Por qué no apoyar a los octubristas contra los centurias negras, cuando Marx enseñó a apoyar a la burguesía contra los feudales?{70}

Sí, es vergonzoso confesarlo y pecado ocultarlo, pero Plejánov ha llevado a sus mencheviques a un infinito deshonor de la socialdemocracia. Como genuino hombre del estuche, repitió palabras aprendidas sobre el «apoyo a la burguesía» y con su mazo embotó todo entendimiento de las tareas especiales y las condiciones particulares de la lucha del proletariado en la revolución y en la lucha contra la contrarrevolución. En Marx, todo el análisis de las épocas revolucionarias gira en torno a la lucha de la verdadera democracia, y especialmente del proletariado, contra las ilusiones constitucionales, contra la traición del liberalismo, contra la contrarrevolución. Plejánov reconoce un Marx… falsificado a la manera de Struve. ¡Que recoja ahora Plejánov lo que sembró!

El carácter contrarrevolucionario del liberalismo en la revolución rusa está demostrado por todo el curso de los acontecimientos antes del 17 de Octubre y, especialmente, después del 17 de Octubre. La tercera Duma obligará a ver incluso a los ciegos. El acercamiento de los kadetes a los octubristas es un hecho político. Ningún pretexto ni subterfugio puede emborronarlo. Dejemos que el periódico de los romos bernsteinianos, «Tovarishch», se limite a un gimoteo impotente sobre esto, mezclando ese gimoteo con empujones a los kadetes hacia los octubristas, con alcahuetería política. La socialdemocracia debe comprender las causas de clase de la contrarrevolución del liberalismo ruso. La socialdemocracia debe desenmascarar implacablemente en la Duma todos los acercamientos de los kadetes a los octubristas, toda la vileza del liberalismo que se pretende democrático. ¡El partido obrero desechará con desprecio toda clase de consideraciones sobre «guardar la llamita» y desplegará la bandera del socialismo y la bandera de la revolución!

«Proletari» n.º 19, 5 de noviembre de 1907.

Se publica según el texto del periódico «Proletari».