En la prensa burguesa, las risitas maliciosas a propósito de la escisión entre mencheviques y bolcheviques en el POSDR en general, y de la aguda lucha en el Congreso de Londres en particular, se han convertido en un fenómeno constante. Nadie se preocupa por estudiar las divergencias, analizar las dos tendencias, informar al público lector sobre la historia de la escisión y el carácter íntegro de la discrepancia entre mencheviques y bolcheviques. Los publicistas de *Rech* y *Továrisch*, los señores Vergezhski, E. K., Pereyaslavski y demás penny-a-liner’s (plumíferos a destajo), se limitan a atrapar al vuelo todo tipo de rumores, recogen los detalles «picantes» —para los hastiados charlatanes de salón— de los «escándalos» y se afanan por atestar los cerebros con la hojarasca de anecdotillas acerca de nuestra lucha.

En este género de burda mofa incurren también los socialistas-revolucionarios. El editorial del número 6 de *Znamia Trudá* exhuma el relato de Cherevanín sobre un caso de histeria en el Congreso de Londres, se ríe tontamente del gasto de «decenas de miles» y saborea un «cuadro no despreciable del estado interno de la socialdemocracia rusa en el momento presente». Para los liberales, semejantes presentaciones sirven de tránsito hacia la exaltación de los oportunistas *à la* Plejánov; para los eseristas, hacia la severa conminación de estos (¡los s.-r. repiten ahora los argumentos de los socialdemócratas revolucionarios contra el congreso obrero! ¡Ya lo descubrieron!). Pero el regodeo ante la dura lucha en el seno de la socialdemocracia es idéntico en unos y otros.

Digamos unas palabras sobre los héroes liberales de esta campaña y detengámonos detalladamente en los héroes eseristas de la «lucha contra el oportunismo».

Los liberales se ríen tontamente de la lucha en el interior de la socialdemocracia para encubrir su sistemático engaño al público respecto al partido de los kadetes. En ellos, el engaño es total; la lucha interna de los propios k.-d. y sus negociaciones con las autoridades se ocultan sistemáticamente. Todos saben que los kadetes de izquierda riñen a los de derecha, todos saben que los señores Miliukov, Struve y Cía. frecuentaban las antesalas de los señores Stolypin. Pero los hechos exactos permanecen ocultos. Las divergencias se taponan, de las disputas de los señores Struve con los k.-d. de izquierda no se comunica palabra. No hay actas de los congresos kadetes. Los liberales no comunican el número de afiliados de su partido, ni en total ni por organizaciones. La orientación de los distintos comités es desconocida. Tinieblas absolutas, mentira oficial absoluta de *Rech*, burla absoluta a la democracia por parte de los interlocutores ministeriales: he ahí lo que es el partido k.-d. Abogados y profesores que hacen carrera en el parlamentarismo, condenando con fariseísmo la clandestinidad, ensalzan la actividad abierta de los partidos, pero en la práctica se mofan del principio democrático de la publicidad y ocultan al público las diversas tendencias políticas existentes en su partido. Hace falta toda la miopía de un Plejánov arrodillado ante Miliukov para no ver este burdo, sucio y barnizado engaño de los kadetes a la democracia.

Y los eseristas, ¿qué? ¿Cumplen con el deber de demócratas honestos (no hablamos de socialistas cuando se trata de los s.-r.) de dar al pueblo una exposición clara y veraz de la lucha entre las diferentes tendencias políticas en el seno de quienes pretenden conducir al pueblo?

Veamos los hechos.

El congreso de diciembre de 1905 del partido s.-r. fue el primero y el único que publicó actas. El señor Tuchkin, delegado del CO, exclama: «En otro tiempo los s.-d., al parecer con toda sinceridad, estaban convencidos de que la llegada de las libertades políticas supondría la muerte política de nuestro partido… La época de libertades demostró otra cosa» (p. 28 del suplemento a las actas). ¿De veras es así, señor Tuchkin? ¿Eso demostró la época de libertades? ¿Eso demostró la política real del partido s.-r. en 1905? ¿En 1906? ¿En 1907?

¡Veamos los hechos!

En las actas del congreso s.-r. (diciembre de 1905, ¡publicadas en 1906!) leemos que un grupo de literatos, con voz consultiva en dicho congreso, después del 17 de octubre «insistía ante el CC de los s.-r. en la organización de un partido abierto» (p. 49 de las actas; las citas siguientes proceden de ahí). Al Comité Central de los s.-r. «se le propuso crear, no una organización abierta del partido s.-r., sino un partido socialista popular especial, paralelo a ella» (p. 51). El CC se negó y sometió el asunto al congreso. El congreso rechazó la propuesta de los enesistas por mayoría de todos contra 1, con 7 abstenciones (p. 66). «¿Acaso es concebible estar al mismo tiempo en dos partidos?», exclamaba, golpeándose el pecho, el señor Tuchkin (p. 61). Y el señor Shevich aludió a la proximidad de los socialistas populares a los liberales, al punto de que la sangre fría comenzó a abandonar (p. 59) al enesista señor Rozhdéstvenski, quien aseguraba que «nadie tiene derecho» a llamarlos «semiliberales» (p. 59)[30].

Tales son los hechos. En 1905 los eseristas rompieron con los «semiliberales» enesistas. ¿Rompieron realmente?

El medio más importante de influencia abierta del partido sobre las masas era, en 1905, la prensa. En las «jornadas de libertad» de octubre, los eseristas editaron su periódico en bloque con los socialistas populares, ciertamente, antes del congreso de diciembre. Formalmente, los eseristas tienen aquí razón. En el fondo de la cuestión, durante el período de las mayores libertades, de la más abierta influencia sobre las masas, ocultaron al público dos tendencias diferentes en el interior del partido. Las divergencias no eran menores que dentro de los s.-d., pero los s.-d. se preocuparon de esclarecerlas, mientras que los s.-r. se preocuparon de ocultarlas diplomáticamente. Tales son los hechos de 1905.

Tomemos 1906. Período de la primera Duma, de las «pequeñas libertades». Renacen los periódicos socialistas. Los eseristas, otra vez en bloque con los socialistas populares; tienen un periódico común. La ruptura con los «semiliberales» en el congreso no fue en vano diplomática: si queréis, ruptura; si queréis, ¡ninguna ruptura! La propuesta fue rechazada, ridiculizaron la idea de «estar al mismo tiempo en dos partidos» y… continuaron estando al mismo tiempo en dos partidos, exclamando con unción: ¡gracias, Señor, porque no somos como los esdequistas, que se pelean entre sí! Tales son los hechos. Ambos períodos de prensa libre en Rusia se caracterizaron porque los eseristas marchaban en bloque con los socialistas populares, ocultando con engaño («diplomacia») a la democracia dos tendencias profundamente diferentes que se manifestaban, además, en el seno de su propio partido.

Tomemos 1907. Después de la primera Duma, los enesistas constituyeron formalmente su propio partido. Esto era inevitable, porque en la I Duma, en la primera presentación de los partidos ante los diputados elegidos por los campesinos en toda Rusia, los n.-s. y los s.-r. se presentaron con proyectos agrarios distintos (el de los 104 y el de los 33). Los enesistas vencieron a los eseristas ante los diputados trudoviques, reuniendo más del triple de firmas en apoyo de su proyecto, de su programa agrario. Y este programa, según reconoce el s.-r. Vikhliáev (*Nasha Mysl*, recopilación n.º 1, San Petersburgo, 1907, artículo: «El partido socialista popular y la cuestión agraria»), «al igual» que la ley del 9 de noviembre de 1906, «conduce a negar la premisa fundamental del aprovechamiento comunal de la tierra». Dicho programa legaliza las «manifestaciones de un individualismo egoísta» (p. 89 del artículo del señor Vikhliáev), «enturbia la amplia corriente ideológica con el fango individualista» (p. 91 del mismo artículo), se sitúa en «la vía del fomento de las corrientes individualistas y egoístas en las masas populares» (p. 93, ibídem).

¡Parece claro! Los diputados campesinos, en su aplastante mayoría, manifestaron un individualismo burgués. La primera actuación de los eseristas ante los representantes electos campesinos de toda Rusia confirmó de manera brillante la teoría de los s.-d., convirtiendo de hecho a los eseristas en el ala extrema izquierda de la democracia pequeñoburguesa.

Pero, ¿acaso los eseristas, después de que los enesistas se apartaran de ellos e impusieran su programa en el Grupo del Trabajo, se deslindaron de ellos con total precisión? No. Las elecciones a la II Duma en Petersburgo demostraron lo contrario. Los bloques con los kadetes fueron entonces la manifestación más notoria del oportunismo socialista. El peligro de las centurias negras era una ficción que encubría la política de subordinación a los liberales. La prensa kadete lo puso de relieve con especial claridad, subrayando la «moderación» de los mencheviques y de los enesistas. ¿Cuál fue la actitud de los eseristas? Nuestros «revolucionarios» marchaban en bloque con los enesistas y trudoviques; las condiciones de este bloque se ocultaban al público. Nuestros revolucionarios se arrastraban tras los kadetes, exactamente igual que los mencheviques. Los representantes de los s.-r. propusieron a los kadetes un bloque (reunión del 18 de enero de 1907. Cf. el folleto de N. Lenin *Oirás la sentencia de un necio*, San Petersburgo, 15 de enero de 1907[31], en el que se constata que los eseristas se condujeron políticamente de manera deshonesta en la cuestión de los acuerdos, al negociar simultáneamente con los s.-d., que el 7 de enero de 1907 declararon la guerra a los kadetes, y con los kadetes). Los eseristas entraron en el bloque de izquierda contra su voluntad, por la negativa de los kadetes.

Así pues, después de una ruptura total con los enesistas, los eseristas en la práctica llevan la política de los enesistas y de los mencheviques, es decir, de los oportunistas. Su «ventaja» consiste en que ocultan a la luz pública los motivos de esa política y sus propias corrientes internas de partido.

El congreso extraordinario del partido eserista, en febrero de 1907, no solo no planteó esta cuestión de los bloques con los k.-d., no solo no evaluó el significado de semejante política, sino que, al contrario, ¡la confirmó! Recordemos el discurso de G. A. Gershuni en ese congreso, oportunamente elogiado por *Rech* de manera idéntica a como elogia siempre a Plejánov. Gershuni dijo que se mantenía «en la vieja opinión: los kadetes todavía no son nuestros enemigos» (p. 11 del folleto: *Discurso de G. A. Gershuni en el congreso extraordinario del partido s.-r.*, 1907, pp. 1-15, con el lema partidista de los s.-r.: «en la lucha hallarás tu derecho»). Gershuni prevenía contra la lucha recíproca en el seno de la oposición: «no vaya a ser que el pueblo pierda la fe en la posibilidad misma de gobernar por medio de la representación popular» (ibídem). Evidentemente, animado por este amante de los kadetes, el congreso de los s.-r. adoptó una resolución en la que, entre otras cosas, se dice:

«El congreso considera que una aguda agrupación partidista en el seno de la Duma, con la actuación aislada de cada grupo por separado y una encarnizada lucha entre fracciones, podría paralizar por completo la actividad de la mayoría opositora y desacreditar así a los ojos de las clases trabajadoras la idea misma de la representación popular» (n.º 6 de *Partínye Izvestia* de los s.-r., 8 de marzo de 1907).

Esto es ya oportunismo puro, peor que nuestro menchevismo. Gershuni, de manera algo más tosca, hizo que el congreso s.-r. repitiera el plejánovismo. Y toda la actividad de la fracción dumista de los s.-r. reflejó ese espíritu de táctica kadete de velar por la unidad de la oposición nacional. La diferencia entre el s.-d. Plejánov y el eserista Gershuni es solo que el primero es miembro de un partido que no encubre semejante decadentismo, sino que lo desenmascara y lucha contra él, y el segundo es miembro de un partido en el que todos los principios tácticos y las concepciones teóricas están embrollados y ocultos a los ojos del público por una espesa cortina de diplomacía de círculo. «No lavar los trapos sucios en público» es cosa que los señores eseristas dominan. Pero tampoco pueden sacarlos, ¡pues no hay más que suciedad! No pudieron decir toda la verdad sobre sus relaciones con los enesistas en 1905, 1906 y 1907. No pueden revelar cómo un partido… partido, y no un círculo… puede adoptar hoy, con 67 votos contra 1, una resolución archioportunista, y mañana deshacerse en gritos «revolucionarios».

Sí, señores «jueces», no envidiamos vuestro derecho formal a la exultación con motivo de la aguda lucha y las escisiones en el seno de la socialdemocracia. Mucho de malo hay en esa lucha, no hay palabras. Mucho de funesto tienen esas escisiones para la causa del socialismo, es indiscutible. Y, con todo, ni por un minuto desearíamos cambiar esta dura verdad por vuestra mentira «ligerita». La grave enfermedad de nuestro partido es la enfermedad del crecimiento de un partido de masas. Pues no puede haber partido de masas, partido de clase, sin una claridad total de los matices esenciales, sin una lucha abierta entre las diferentes tendencias, sin que las masas conozcan qué dirigentes del partido, qué organizaciones del partido, siguen una línea u otra. Sin esto no puede construirse un partido digno de ese nombre, y nosotros lo estamos construyendo. Hemos logrado que las concepciones de nuestras dos corrientes aparezcan ante todos de manera veraz, clara, nítida. La aspereza personal, la trifulca y la riña fraccionales, los escándalos y las escisiones, todo eso es una minucia comparado con el hecho de que, en la experiencia de dos tácticas, aprenden las masas verdaderamente proletarias, aprenden realmente todos los que son capaces de adoptar una actitud consciente ante la política. Nuestras peleas y escisiones se olvidarán. Nuestros principios tácticos, afinados y templados, pasarán a la historia del movimiento obrero y del socialismo de Rusia como piedras angulares. Pasarán años, tal vez incluso decenios, y sobre un centenar de las más diversas cuestiones prácticas se rastreará la influencia de una u otra orientación. La clase obrera de Rusia y todo el pueblo saben con quiénes tienen que vérselas en la persona del bolchevismo o del menchevismo.

¿Saben con quiénes se las ven en los kadetes? Toda la historia del partido k.-d. es un continuo malabarismo político con silencios sobre lo más importante, con una eterna preocupación: ocultar a toda costa la verdad.

¿Saben con quiénes se las ven en los eseristas? ¿Volverán mañana los s.-r. a unirse en bloque con los social-kadetes? ¿No están ahora en ese bloque los s.-r.? ¿Se deslindan ellos del «fango individualista» de los trudoviques, o llenan cada vez más a su partido con ese fango? ¿Se mantienen, como antes, en el terreno de la teoría de la unidad de la oposición nacional? ¿Adoptaron esa teoría solo ayer? ¿La abandonarán mañana, por unas semanas? Nadie lo sabe, los propios señores eseristas no lo saben, porque toda la historia de su partido es un absoluto, sistemático e ininterrumpido difuminar, embrollar, taponar las divergencias con palabras, frases y más frases.

¿A qué se debe esto? No a que los eseristas sean arribistas burgueses, como los kadetes. No, de su sinceridad, como círculo, no cabe dudar. Su desgracia es la imposibilidad de erigir un partido de masas, la imposibilidad de convertirse en partido de clase. La situación objetiva es tal que no les queda sino ser solo un ala de la democracia campesina, un apéndice no autónomo, un apéndice desigual, un «grupo junto a» los trudoviques, y no un todo autocontentado. El período de tempestad y asalto no ayudó a los eseristas a erguirse en toda su estatura: ese período los arrojó a los tenaces abrazos de los enesistas, tan tenaces que ni siquiera la escisión los rompe. El período de la guerra contrarrevolucionaria no templó su vínculo con determinadas capas sociales: solo provocó nuevas (ahora intensamente ocultadas por los eseristas) vacilaciones y titubeos respecto al carácter socialista del mujik. Y cuando uno lee los artículos, cargados de patetismo, de *Znamia Trudá* sobre los héroes del terror eserista, se dice involuntariamente: vuestro terrorismo, señores, no es consecuencia de vuestra revolucionaridad. Vuestra revolucionaridad se limita al terrorismo.

¡No, semejantes jueces están lejos de poder juzgar a la socialdemocracia!

*“Proletari”* n.º 19, 5 de noviembre de 1907.

Se imprime según el texto del periódico *“Proletari”*.