En el número cinco del órgano central de los socialistas-revolucionarios, «Znamya Truda»{58}, encontramos un editorial sobre el Congreso de Stuttgart, escrito con el habitual torrente de frases y jactancia desmedida de los s.-r. Se reproduce un telegrama en el que el Comité Central del partido de los s.-r. comunicaba a Europa que «la lucha revolucionaria le ordena permanecer en su puesto». El mismo Comité Central declara su plena satisfacción por la «habitual energía» del representante de los socialistas-revolucionarios en el Buró. «La Internacional Socialista, con su resolución, ha aprobado el punto de vista sobre el movimiento sindical que nosotros siempre hemos sostenido», asegura «Znamya Truda». En el problema de la introducción por vía legislativa del salario mínimo, el congreso, contrariamente al dogmático Kautsky, «resultó estar de nuestro lado». En tres años, «nosotros, los socialistas rusos», «nos hemos convertido en un gran partido de masas. Y esto lo ha reconocido abierta y respetuosamente (!!!) la Internacional».

En una palabra, treinta mil correos fueron enviados desde Europa para expresar respeto a los socialistas-revolucionarios.

Y los malignos socialdemócratas llevaban a cabo en la sección rusa «pequeñas intriguillas», a saber: luchaban contra la igualdad de votos para los s.-d. y los s.-r., exigida por los socialistas-revolucionarios. Los socialdemócratas exigían 11 votos para sí, 6 para los socialistas-revolucionarios y 3 para los sindicatos. El Buró decidió: 10 para los s.-d., 7 para los s.-r. y 3 para los sindicatos. «Adler y Bebel, que votaron contra nuestra demanda, declararon al mismo tiempo que de ningún modo deseaban menoscabar la importancia del PSR, al que reconocen como un factor importante del socialismo y la revolución rusos. Pero quieren ser justos y constatar la correlación aproximada de fuerzas» («Znamya Truda»).

¡Imprudentes, oh, cuán imprudentes son nuestros Jlestakovs! En el Buró no se habló ni se pudo hablar ni de la importancia de los s.-r. ni de un «factor importante». Una vez que un partido es admitido en el congreso y en el Buró, el Buró y sus miembros no han de ponerse a evaluar su significado e importancia. El Buró sólo puede evaluar la fuerza de los partidos para la distribución del número de votos. Bebel y Adler estuvieron de acuerdo con los argumentos de nuestro representante, el socialdemócrata, en el Buró, respecto a que los s.-d. y los s.-r. no son iguales en fuerza. Al aceptar estos argumentos, señalaron, por supuesto, que no juzgan principios ni tendencias, no resuelven la disputa entre el programa de los s.-d. y los s.-r., sino que sopesan exclusivamente la fuerza para la distribución de votos. Convertir una salvedad tan obvia en un reconocimiento de los socialistas-revolucionarios como «factor importante» significa actuar a lo Jlestakov.

Y tanto más imprudente es esto por parte de los s.-r., ya que, al transmitir de memoria y tergiversar el sentido de la salvedad de Bebel y Adler, silencian los argumentos sobre el fondo del asunto. Han contado con adornos lo de las salvedades de Bebel, pero han callado sobre cómo discutimos en lo esencial. ¿A qué se deberá esto?

En cuanto al fondo, nuestros representantes discutieron en el Buró de la siguiente manera. El socialdemócrata se remitió al número de diputados en la segunda Duma como el criterio más exacto de la fuerza de los partidos, haciendo la salvedad de que para los campesinos la ley electoral es más favorable que para los obreros. El s.-r. objetaba que, además de la fracción s.-r., en la Duma había casi eseristas: los trudoviques y los socialistas populares. ¡Una partecita de ellos hay que añadir —dizque— a los eseristas! Además, los eneses tienen —palabras textuales del socialista-revolucionario— «escritores de primer orden» («écrivains de premier ordre», dijo Rubánovich).

El representante s.-d. respondió a esto: sí, los n.-s. tienen «escritores de primer orden», como los tienen los radicales-socialistas y radicales{59} franceses, como Clemenceau (¡también un «escritor de primer orden»!). ¿Pero es correcto que un partido independiente se remita a un partido ajeno para demostrar su fuerza? ¿Es correcto, cuando los propios «escritores de primer orden» de los eneses ni siquiera piensan en solicitar su admisión al congreso?

¿Es correcto, añadimos por nuestra cuenta, hacerse pasar por ultrarevolucionarios en Rusia y en Europa arrastrar por los pelos a los eneses para que nos ayuden?

«Proletari» núm. 17, 20 de octubre de 1907.

Se imprime según el texto del periódico «Proletari».