Las capas superiores de la burguesía, atemorizadas por la revolución, apoyaron a los nobles contrarrevolucionarios. El zarismo confiaba en encontrar la ayuda y el apoyo de los elementos contrarrevolucionarios de la burguesía y de los terratenientes.

La ley electoral del 3 (16) de junio de 1907 es un ejemplo de falsificación desvergonzada. He aquí algunos datos que caracterizan esta ley:
La población está dividida en «curias»: terratenientes, habitantes urbanos de primera y segunda categoría, campesinos, cosacos, obreros. Los electores, elegidos por separado por curias (a veces
no de manera directa, sino a través de delegados), son agrupados por el gobierno en asambleas electorales de gubernia, ¡y estas últimas eligen a los diputados a la Duma!

La ley distribuye el número de electores de tal manera que, de antemano, la mayoría en las
asambleas electorales la obtienen en 28 gubernias (de 50) solo los terratenientes, y en otras,
los electores de la primera curia urbana (los grandes capitalistas).

El panorama general es el siguiente: 200 000 nobles envían a las asambleas electorales de 53
gubernias 2 594 electores, es decir, el 49,4% del total de electores; 1/2 millón o alrededor de esa cifra de capitalistas de la primera curia urbana disponen de 788 electores (15%); alrededor de 8 millones de habitantes urbanos de la segunda curia urbana envían 590 electores (11,2%); cerca de 70 millones de campesinos y cosacos disponen de 1 168 electores (22,2%) y alrededor de 12 millones de obreros, de 112 electores (2,1%).

No es de extrañar que semejante ley electoral dé una Duma «negra», contrarrevolucionaria, una verdadera «Chambre introuvable»<sup>592</sup>. Pero lo sorprendente es que no solo los liberales burgueses,
sino incluso los socialdemócratas lograran, a pesar de todo, hacer pasar a sus representantes a esta Duma.

En la curia obrera, todos los electores son socialdemócratas. Los nobles ultrarreaccionarios, que disponen de la mayoría en las asambleas electorales de gubernia, se ven obligados a admitir a los socialdemócratas (en seis gubernias la ley obliga a elegir un diputado entre los obreros; en otras gubernias los socialdemócratas obtienen mandatos mediante acuerdos con los liberales).

En la tercera Duma dominaba el partido de los octubristas, partido de los nobles reaccionarios y
de los grandes capitalistas, sumisos al zarismo. Pero incluso estos «esclavos» no pudieron satisfacer a la camarilla de Nicolás II, esa banda negra que organizaba pogromos y atentados
contra los diputados de la oposición.

El gobierno, que falsificó las elecciones para hacer pasar a la tercera Duma a
los octubristas, falsifica ahora las elecciones para enviar a la cuarta Duma a partidos más
«leales»: los «nacionalistas» y la «extrema derecha».

La presión superó todos los límites. Los popas recibieron la orden de participar masivamente en
las elecciones y de votar por los derechistas; arrestos de candidatos de la oposición, multas a la prensa, cierre de periódicos, tachaduras de sospechosos de las listas electorales, todo esto fue
aplicado con tal cinismo que incluso los derechistas, e incluso los nobles, protestaron.

Como resultado, tenemos una Duma aún más «negra», aún más derechista, pero los que salen derrotados hoy son los octubristas. La oposición liberal y la democracia revolucionaria (los obreros socialdemócratas y los demócratas burgueses campesinos) casi conservaron el *statu quo*.

Los últimos datos sobre 438 (de los 442 electos) diputados de la cuarta Duma nos permiten
hacer la siguiente comparación: