El artículo con este título en la «Duma del Pueblo» de ayer es un modelo de exposición tranquila, clara y sencilla de divergencias realmente de principio entre los socialdemócratas. En ese terreno es tan grato y útil polemizar, como desagradable e imposible responder a la histeria de «Privet»{93} o de «Otgoloski».

Así pues, al grano. Las divergencias las suscita la valoración de los cadetes y de los populistas. En cuanto a los cadetes, las divergencias se reducen, según la opinión absolutamente correcta de «Duma del Pueblo», a la cuestión de a quién representan. «A la burguesía media y pequeña, predominantemente urbana», responde «Duma del Pueblo». «La base económica de estos partidos —dice la resolución de los bolcheviques— es una parte de los terratenientes medios y de la burguesía media, en especial la intelectualidad burguesa, mientras que una parte de la pequeña burguesía democrática urbana y rural sigue todavía a estos partidos sólo por tradición y directamente engañada por los liberales»[42].

Está claro que los mencheviques valoran a los cadetes de manera más optimista que nosotros. Ellos disimulan o niegan su vínculo con los terratenientes, nosotros lo subrayamos. Ellos subrayan su vínculo con la pequeña burguesía democrática urbana, nosotros consideramos ese vínculo extremadamente débil.

En lo que respecta a los terratenientes, «Duma del Pueblo» declara ingenuo nuestro razonamiento en el nº 7 de «Nashe Ejo», donde contamos 20 terratenientes no en la pasada (eso es un error de «Duma del Pueblo»), sino en la actual fracción cadete de la Duma[43]. Hay millonarios y generales civiles incluso entre los socialdemócratas, ironiza «Duma del Pueblo».

¡Ironía ligera! Todo el mundo comprende que los Singer, Arons, Nalivkin son fenómenos de tránsito personal de la burguesía al proletariado. Entonces, señores, ¿van a afirmar seriamente que 20 terratenientes (de 79 miembros contados de la fracción k.-d., es decir, una cuarta parte) van personalmente detrás de 60 intelectuales burgueses, y no al revés?? ¿Van a afirmar que el terrateniente lleva a cabo una política liberal-intelectual, y no que los intelectuales liberales llevan a cabo una política terrateniente?? Su broma acerca de Singer y del camarada Nalivkin es una broma simpática para encubrir una posición desesperada, nada más.

Por supuesto, la composición de la fracción de la Duma de los k.-d. no es una prueba fundamental, sino sólo un síntoma. La prueba fundamental consiste, en 1er lugar, en la historia del liberalismo terrateniente en Rusia (eso lo ha reconocido también «Duma del Pueblo»); en 2º lugar —y esto es lo principal— en el análisis de la política actual de los k.-d. «La política agraria cadete es, en esencia (obsérvese esto), una política terrateniente» («Nashe Ejo» nº 7). «El 'liberalismo' cadete es el liberalismo del abogado burgués, que concilia al campesino con los terratenientes y concilia a favor del terrateniente» (ibídem).

A este argumento, «Duma del Pueblo» no tiene nada que responder.

Sigamos. ¿Con qué demuestran el vínculo de clase entre el partido k.-d. y la pequeña burguesía democrática de las ciudades? Con las estadísticas electorales. Las ciudades dan la mayor cantidad de cadetes. Este hecho es cierto. Pero no es probatorio. En 1er lugar, nuestro derecho electoral da preferencia no a las capas democráticas de la burguesía urbana. Es bien sabido que las asambleas populares expresan con mayor exactitud las opiniones y el estado de ánimo de la «pequeña burguesía democrática de las ciudades». En 2º lugar, en la curia urbana de las grandes ciudades los cadetes son más fuertes y la izquierda más débil que en la curia urbana de las ciudades pequeñas. Así lo muestra la estadística de los electores. Y de aquí se deduce que los cadetes no son la pequeña burguesía democrática, sino la burguesía media liberal. Cuanto más grande es la ciudad, más agudo es el antagonismo del proletariado con la burguesía, y más fuerte son los cadetes en la curia urbana (burguesa) frente a la izquierda. En 3er lugar, en 22 grandes ciudades donde hubo bloque de izquierda, la derecha reunió 17 mil votos, los octubristas – 34, los k.-d. – 74 y la izquierda – 41 mil. Se pudo arrebatar de golpe tanto a los k.-d. sólo porque los k.-d. no son demócratas. Los abogados liberales en todo el mundo han engañado a la pequeña burguesía democrática, pero han sido desenmascarados por los socialistas.

«¿Es cierto —pregunta «Duma del Pueblo»— que nuestra burguesía media y pequeña está ya interesada en aplastar la revolución, para quebrar la fuerza del proletariado que la amenaza directamente?» – y responde: «absolutamente falso».

Aquí se exponen de manera absolutamente falsa nuestras opiniones. Esto ya, queridos camaradas, no es polémica de principios… Ustedes mismos saben perfectamente que nosotros distinguimos el carácter contrarrevolucionario de los cadetes del carácter contrarrevolucionario de los octubristas; — que en modo alguno extendemos a la pequeña burguesía la acusación de ser contrarrevolucionaria; — que a los terratenientes cadetes los consideramos temerosos no sólo de los obreros, sino también de los campesinos. Esto no es una objeción, sino una tergiversación.

El argumento siguiente de «Duma del Pueblo» constituye una objeción. Los cadetes se tornan más moderados y reaccionarios no con el ascenso de la revolución, sino con su descenso, es decir, no a consecuencia de su carácter contrarrevolucionario, sino a consecuencia de su debilidad. La táctica de los cadetes —escribe «Duma del Pueblo» en cursiva— «es no la táctica de una fuerza contrarrevolucionaria, es la táctica de la impotencia revolucionaria».

Resulta que los cadetes también son revolucionarios, sólo que impotentes. Conclusión monstruosa. Para llegar a esta flagrante incongruencia, había que comenzar el razonamiento con un error de raíz. Este error es negar el carácter terrateniente de los k.-d. (el terrateniente es contrarrevolucionario en Rusia o bien a la manera de los centurias negras y octubristas, o bien a la manera de los cadetes) y negar que entre los k.-d. predomina la intelectualidad burguesa. Corrigiendo estos dos errores, obtendremos la conclusión correcta: la táctica de los k.-d. es la táctica de la contrarrevolución terrateniente y de la impotencia intelectual-burguesa. Los terratenientes son una fuerza contrarrevolucionaria. Los grandes burgueses también. El intelectual burgués y el funcionario liberal son su servidor cobarde, que encubre su servilismo a la contrarrevolución con una hipocresía «democrática».

Es falso que los cadetes 'derechizaran' sólo con el descenso, y no con el ascenso de la revolución. Recuerden «Nachalo»{94}, camaradas de «Duma del Pueblo». Recuerden los artículos —en el espíritu de «Witte, agente de la bolsa; Struve, agente de Witte». ¡Eran buenos aquellos artículos! Aquel tiempo era bueno... entonces no discrepábamos de los mencheviques en la valoración de los cadetes... Para iluminar correctamente la actitud de los cadetes hacia el ascenso de la revolución o hacia los ascensos de la revolución, hay que decir: la revolución se asoma a la calle — el cadete se presenta en la antesala del ministro.

Struve en casa de Witte en noviembre de 1905. Alguien de los cadetes en casa de alguien de las centurias negras en junio de 1906. Miliukov en casa de Stolypin el 15 de enero de 1907. Así fue — así será…

Al fundamentar económicamente sus ideas sobre los cadetes, «Duma del Pueblo» concluye:

«Con el débil desarrollo de las ciudades en Rusia y con la influencia predominante de la gran industria en la producción urbana, nuestra burguesía media y pequeña urbana tiene demasiado poca influencia en la vida económica general del país como para sentirse una fuerza política autónoma del mismo modo que en su tiempo se sintió la burguesía inglesa o francesa…». Muy bien y perfectamente justo. Sólo que esto no se refiere a los cadetes. Y después, aquí desaparece por completo esa contraposición pretendidamente marxista entre la burguesía «urbana grande y progresiva» y la «rural pequeña y atrasada», con la que en más de una ocasión se intentó justificar la táctica menchevique… «Pero no puede hacer del proletariado su instrumento, porque el proletariado lucha ya bajo su propia bandera socialdemócrata…». ¡Cierto!.. «He ahí la fuente de todas sus vacilaciones, de toda su indecisión en la lucha contra el régimen autocrático feudal…». También es cierto, sólo que no con respecto a los cadetes, ¡sino con respecto a los partidos y grupos trudoviques, que se apoyan no sólo en la pequeña burguesía agrícola, sino también en la urbana!

«...Esta relativa debilidad de la democracia burguesa urbana explica también que, apenas nuestros demócratas burgueses empiezan a izquierdizarse, inmediatamente pierden el terreno urbano bajo los pies y empiezan a empantanarse en la ciénaga campesino-populista».

¡Cierto! ¡Mil veces cierto! Sobre una confirmación tan completa de la táctica bolchevique por parte de «Duma del Pueblo», no nos atrevíamos ni a soñar. «Apenas nuestros demócratas burgueses empiezan a izquierdizarse, se convierten en populistas». Esto es exactamente así: los demócratas burgueses de izquierda son precisamente los populistas. Y los cadetes sólo aparentan ser demócratas; en realidad no son en absoluto demócratas. Por consiguiente, en la medida en que el proletariado tiene que hacer la revolución burguesa conjuntamente con la democracia burguesa, en esa medida está llamado a intervenir en un 'bloque' político en sentido amplio de la palabra, incluyendo aquí no sólo los acuerdos electorales y no sólo los parlamentarios, sino también las acciones conjuntas sin acuerdo alguno con la izquierda, es decir, con la pequeña burguesía populista, ¡contra los negros y contra los k.-d.!

Quod erat demonstrandum – lo que se quería demostrar.

En la próxima ocasión conversaremos con «Duma del Pueblo» especialmente sobre los populistas.

II[44]

Si se reconoce que «los populistas son los vecinos de izquierda de los cadetes», que «oscilan constantemente entre los k.-d. y los s.-d.», de ahí se desprende inevitablemente el reconocimiento de la política bolchevique: obligar a los populistas a ponerse del lado de los s.-d. contra los centurias negras y contra los k.-d.

Los mencheviques tratan de atenuar o de desviar esta conclusión inevitable de sus propias concesiones, aduciendo que el campesinado, siendo «más revolucionario y más democrático» que los liberales, está al mismo tiempo «imbuido de utopías sociales reaccionarias» y se afana por «hacer retroceder la rueda de la historia en el terreno económico».

Este razonamiento, muy habitual en nuestra literatura socialdemócrata, encierra un gran error tanto lógico como histórico-económico. Se comparan arshines con puds, la reaccionariedad de las ideas campesinas sobre la revolución socialista con la reaccionariedad de la política liberal en la revolución burguesa.

Si con respecto a las tareas del socialismo los campesinos son, sin duda alguna, partidarios de utopías reaccionarias, los burgueses liberales con respecto a esas tareas son partidarios de represalias reaccionarias como las de junio de 1848 o mayo de 1871{95}.

Pero si en la presente revolución, es decir, en la revolución burguesa, el campesinado y sus ideólogos, los populistas, llevan a cabo una política reaccionaria en comparación con los liberales, entonces el marxista nunca reconocerá que los populistas sean más de izquierda, más revolucionarios, más democráticos que los liberales.

Es evidente que aquí hay algo que no cuadra.

Comparen la política agraria de los liberales y de los populistas. ¿Tiene en el momento actual rasgos económicamente reaccionarios? La tendencia a limitar la movilización de la propiedad agraria es reaccionaria en ambos partidos. Pero el carácter burocrático de la política agraria cadete (comités de tierras burocrático-terratenientes) hace que su reaccionariedad sea en la práctica y de modo inmediato mucho más peligrosa. De modo que en este punto, la comparación es totalmente desfavorable a los liberales.

El «igualitarismo» en el uso de la tierra... La idea de igualdad de los pequeños productores es reaccionaria, como intento de buscar hacia atrás, y no hacia adelante, la solución de las tareas de la revolución socialista. El proletariado no trae consigo el socialismo de la igualdad de los pequeños propietarios, sino el socialismo de la gran producción socializada. Pero esta misma idea de igualdad es la expresión más completa, consecuente y decidida de las tareas democrático-burguesas. A los marxistas que hayan olvidado esto, puede aconsejárseles que recurran al primer tomo de «El Capital» de Marx y al «Anti-Dühring» de Engels. La idea de igualdad expresa de la manera más íntegra la lucha contra todas las supervivencias del feudalismo, la lucha por el desarrollo más amplio y puro de la producción mercantil.

Entre nosotros se olvida esto a menudo cuando se habla de la reaccionariedad de los proyectos agrarios 'igualitarios' populistas.

La igualdad no sólo expresa ideológicamente la realización más plena de las condiciones del capitalismo libre y de la producción mercantil. También materialmente, en el terreno de las relaciones económicas de la agricultura que surge del feudalismo, la igualdad de los pequeños productores es la condición para el desarrollo más amplio, pleno, libre y rápido de la agricultura capitalista.

Este desarrollo viene dándose en Rusia desde hace tiempo. La revolución lo ha acelerado. Toda la cuestión estriba en si avanzará según el tipo, por así decirlo, prusiano (conservación de la economía terrateniente con el sojuzgamiento del siervo, que paga «según una justa valoración» por una parcela de hambre) o según el tipo norteamericano (destrucción de la economía terrateniente, paso de toda la tierra a los campesinos).

Esta es la cuestión fundamental de toda nuestra revolución democrático-burguesa, la cuestión de su derrota o de su victoria.

Los socialdemócratas exigen el paso de toda la tierra a los campesinos sin rescate, es decir, luchan decididamente por el segundo tipo de desarrollo del capitalismo, ventajoso para el pueblo. En la lucha de los campesinos contra los terratenientes feudales, el impulso ideológico más fuerte en la lucha por la tierra es la idea de igualdad, — y la eliminación más completa de todos los restos y residuos del feudalismo es la implantación de la igualdad entre los pequeños productores. Por eso la idea de igualdad es la idea más revolucionaria para el movimiento campesino no sólo en el sentido de estímulo para la lucha política, sino también en el sentido de estímulo para la depuración económica de la agricultura de las supervivencias feudales.

En la medida en que los populistas sueñan con que la igualdad puede mantenerse sobre la base de la producción mercantil, con que esa igualdad puede ser un elemento de desarrollo hacia el socialismo, en esa medida sus concepciones son erróneas, su socialismo es reaccionario. Esto debe saberlo y recordarlo todo marxista. Pero el marxista traicionaría su tarea de examen histórico de las tareas especiales de la revolución democrático-burguesa si olvidara que esta misma idea de igualdad y toda suerte de planes igualitarios son la expresión más plena de las tareas no de la revolución socialista, sino de la revolución burguesa, de las tareas de la lucha no contra el capitalismo, sino contra el régimen terrateniente y burocrático.

O bien la evolución de tipo prusiano: el terrateniente feudal se convierte en junker. El poder terrateniente queda consolidado en el Estado por décadas. Monarquía. «Despotismo militar revestido de formas parlamentarias»{96} en lugar de democracia. Máxima desigualdad en la población rural y en el resto. O bien la evolución de tipo norteamericano. Destrucción de la economía terrateniente. El campesino se convierte en granjero libre. Soberanía popular. Régimen democrático-burgués. Máxima igualdad entre la población rural, como punto de partida y condición del capitalismo libre.

Tal es en realidad la alternativa histórica, coloreada por la hipocresía de los cadetes (que llevan al país por el primer camino) y por el utopismo social-reaccionario de los populistas (que lo llevan por el segundo).

Está claro que el proletariado debe orientar todas sus fuerzas al apoyo del segundo camino. Sólo en ese caso las clases trabajadoras se desprenderán más rápidamente de las últimas ilusiones burguesas, — pues el socialismo de la igualdad es la última ilusión burguesa del pequeño propietario. Sólo en ese caso las masas populares, aprendiendo no de los libros, sino de la experiencia, comprobarán en la práctica, en el más breve plazo, la impotencia de todos y cada uno de los proyectos igualitarios, impotencia — ante el poder del capital. Sólo en ese caso el proletariado se sacudirá con la mayor rapidez las tradiciones «trudoviques», es decir, pequeñoburguesas, se librará de las tareas democrático-burguesas que inevitablemente recaen ahora sobre él y se consagrará por entero a sus propias tareas, realmente de clase, es decir, socialistas.

Sólo la incomprensión de la correlación entre las tareas democrático-burguesas y las tareas socialistas hace que algunos socialdemócratas teman la política de llevar hasta el fin la revolución burguesa.

Sólo la incomprensión de las tareas y de la esencia de la revolución burguesa engendra razonamientos como los siguientes: «Ella (nuestra revolución) en última instancia no ha sido engendrada por los intereses de los campesinos, sino (??) por los intereses de la sociedad burguesa en desarrollo» o «esta revolución es burguesa y por eso (!!??) no puede marchar bajo la bandera y la dirección campesinas» («Duma del Pueblo», nº 21, del 4 de abril). ¡Resulta que la economía campesina en Rusia se asienta en un terreno distinto, no burgués! Los intereses de la masa campesina son precisamente los intereses del más pleno, rápido y amplio «desarrollo de la sociedad burguesa», del desarrollo «norteamericano», y no del «prusiano». Precisamente por eso la revolución burguesa puede marchar bajo la «dirección campesina» (más exactamente: bajo la dirección proletaria, si los campesinos, vacilando entre los k.-d. y los s.-d., marchan en general y en conjunto detrás de los s.-d.). La revolución burguesa bajo la dirección de la burguesía sólo puede ser una revolución inacabada (es decir, no una revolución, sino una reforma, hablando con rigor). Sólo puede ser una revolución verdadera bajo la dirección del proletariado y del campesinado.

«Nashe Ejo» nºs 10 y 12, 5 y 7 de abril de 1907.

Se imprime según el texto del periódico «Nashe Ejo»