Crece poco a poco el número de órganos de prensa diaria que se sitúan a la izquierda de los kadetes. Se escucha con más fuerza la voz del ala izquierda de la Duma, situada entre los k.-d. y los socialdemócratas.

Una novedad ha sido la prensa diaria de los «socialistas populares». Su periódico «La Causa Pública» (domingo 1 de abril) adoptó de inmediato un tono sumamente característico y significativo de queja, pesar y arrepentimiento.

¿De qué se quejan? De que la Duma «es anémica» (es decir, hablando en ruso, tiene poca sangre y está raquítica).

¿De qué se lamentan? Del largo predominio de la consigna «¡Conservad la Duma!».

¿De qué se arrepienten? De su colaboración con la táctica kadete.

Es cierto que este arrepentimiento está lejos de ser un arrepentimiento pleno, verdadero y sincero, ese arrepentimiento que, según un conocido refrán, constituye la mitad de la enmienda. El arrepentimiento de los «socialistas populares» es tan poco sincero que en su mismo primer número, el de la penitencia, nos responden con un virulento exabrupto: que nosotros, los socialdemócratas bolcheviques, «resolvemos las discrepancias llamando al adversario ignorante, lastimoso», etc., que «con inexactitud fáctica» le atribuimos al adversario «haber emprendido el camino del conciliacionismo».

Por supuesto, no habríamos entretenido al lector con esta cuestión de la sinceridad de la penitencia populista si no estuviera vinculada del modo más estrecho y directo a cuestiones de importancia decisiva para la valoración de toda la segunda Duma y, más aún, para la valoración de toda la revolución rusa.

Los populistas son tres fracciones de la Duma, solidarias en toda una serie de cuestiones fundamentales, que llevan a cabo una política común más o menos concertada y que reflejan, de uno u otro modo, los intereses y el punto de vista de la inmensa masa del pueblo ruso.

Entre esta categoría de diputados hay sobre todo campesinos, y difícilmente puede discutirse que la masa amplia del campesinado ha expresado con la mayor exactitud sus necesidades (y sus prejuicios) precisamente a través de esta, y no de alguna otra, categoría de diputados de la Duma. Por consiguiente, la cuestión de la política de los populistas en la Duma está ligada a la cuestión de la política de la masa campesina, sin cuya participación no puede ni hablarse de la victoria del movimiento de liberación.

Los socialistas populares dicen una mentira manifiesta y flagrante cuando afirman que los socialdemócratas resuelven las divergencias con insultos o atribuyen calumniosamente a los trudoviques (es decir, a los populistas) el conciliacionismo. Eso no es verdad, señores, porque desde el comienzo mismo de la actividad de la segunda Duma, con total independencia de los populistas y de la lucha contra ellos, los socialdemócratas ya expresaron la valoración de la manida consigna «¡Conservad la Duma!», valoración a la que vosotros ahora os acercáis cojeando.

««¡Conservad la Duma!», escribía el 21 de febrero nuestro colega N. R., «he ahí la exclamación que brota constantemente de labios de los electores burgueses y que repite la prensa burguesa, no solo la kadete, sino también la de "izquierda", como *Tovórisch*… El secreto de conservar la Duma ha sido descubierto hace tiempo por la prensa de las Centurias Negras y octubrista y por el gobierno. Es fácil conservar la Duma si es "apta para el trabajo" y "obediente a la ley", es decir, si se postra servilmente ante el gobierno, sin atreverse a nada más que a tímidas solicitudes y peticiones humillantes. Es fácil conservar la Duma si traiciona la causa de la liberación de todo el pueblo y la entrega en sacrificio a la camarilla de las Centurias Negras. Solo en ese caso se puede conservar la Duma, si el poder queda en las viejas manos. Esto debe estar claro para todos, no se puede olvidar. Pero ¿acaso se puede conservar la Duma a costa de la traición? A esta pregunta la socialdemocracia responde en voz alta y con claridad: ¡nunca! El proletariado y el campesinado no necesitan una Duma traicionera. No en vano los campesinos de Moscú declararon en las instrucciones a su diputado: "Que os disuelvan, pero no traicionéis la voluntad del pueblo". Si la Duma se preocupa principalmente de no irritar al gobierno, perderá la confianza del pueblo, no cumplirá la tarea que tiene ante sí: ayudar en la medida de lo posible a la organización de las masas populares para la victoria sobre la reacción y para el triunfo del movimiento de liberación… Solo a los fuertes se teme. Y solo a los fuertes se respeta. Los gritos histéricos de "¡conservad la Duma!" no son dignos de un pueblo libre ni de sus elegidos».

Esto fue escrito el segundo día después de la apertura de la segunda Duma. ¡Y parece que está escrito con claridad!

Los populistas, que representan tanto en su literatura como en su política general y en la Duma los intereses de distintas capas de la pequeña burguesía, de los pequeños propietarios (en la ciudad, pero sobre todo en el campo, es decir, los campesinos), empiezan ahora a comprender que los socialdemócratas decían la verdad. Los acontecimientos han confirmado nuestra política.

Pero, para «no llegar demasiado tarde», para no convertirse en un político «de retaguardia», no basta con aprender de los acontecimientos. Hay que comprender el curso de los acontecimientos, comprender las correlaciones fundamentales entre las clases que determinan la política de los distintos partidos y de toda la Duma.

«Conservad la Duma» es la consigna kadete, que expresa la política kadete. ¿En qué consiste su esencia? En un acuerdo con la reacción contra las reivindicaciones del pueblo. ¿En qué se expresa este acuerdo? En la sumisión a las instituciones y a los marcos de actividad establecidos por la reacción. En convertir las reivindicaciones de libertad y las reivindicaciones del pueblo en «reformas» mezquinas, miserables y falaces que caben dentro de esos marcos. ¿Por qué los socialdemócratas califican esta política de los liberales de traicionera? Porque la derrota de todas las revoluciones burguesas fracasadas siempre ha resultado posible únicamente gracias al acuerdo de los liberales con la reacción, es decir, a su paso efectivo de la libertad popular a la reacción. El reformismo liberal en la revolución es una traición a la libertad popular. Y no es fruto del azar, sino de los intereses de clase de la burguesía y de una parte de los terratenientes, que temen al pueblo y, en especial, a la clase obrera.

La consigna «Conservad la Duma» tiene importancia precisamente porque expresa de manera nítida la línea general de esta política traicionera. Algunas manifestaciones suyas: la táctica del silencio como respuesta a la declaración, el cercenamiento de las tareas de las comisiones de abastecimiento y de desempleo, el cercenamiento de los discursos en la Duma, la dilución de la Duma en comisiones, la entrega del presupuesto a una comisión, etc.

Los populistas, representantes de la pequeña burguesía, han apoyado y siguen apoyando esta política de los kadetes. Los populistas votaron a favor de Golovin en lugar de abstenerse. Los populistas participaron en la lamentable «táctica del silencio», y los enéses y los eseristas también. Solo bajo la reiterada influencia de los socialdemócratas los populistas empezaron a desmarcarse de los k.-d. Pero incluso ahora tanto los trudoviques como los n.-s. y los s.-r. vacilan en toda su política, sin comprender la tarea de luchar contra los kadetes y de desenmascararlos desde la tribuna de la Duma.

Estas vacilaciones son resultado de la anemia del pequeño burgués.

La «anemia» del pequeño burgués, en parte cansado de la revolución, en parte vacilante e inestable por su naturaleza (social), es la causa fundamental de la «anemia de la Duma». Y nosotros diremos a los populistas: no tienes por qué culpar al espejo…

¡No seáis anémicos en vuestra política, romped con los kadetes, id resueltamente tras el proletariado, dejad a los liberales que conserven la Duma, y defended vosotros abiertamente, con audacia y firmeza, los intereses y las tradiciones del movimiento de liberación, entonces sí que vuestro arrepentimiento será verdadera «mitad de la enmienda»!

*Escrito el 2 (15) de abril de 1907.*

*Publicado el 3 de abril de 1907 en el periódico «Nuestro Eco», núm. 8.*

*Se publica según el texto del periódico.*