El periódico *El Pueblo Trabajador*{88}, órgano de los trudoviques y de los miembros de la Unión Campesina, define la correlación de fuerzas en la Duma en torno a la cuestión agraria, «cuestión vital» para el campesinado.

«En la cuestión agraria, en nombre de los intereses del pueblo trabajador, pueden marchar unidos los trudoviques (100), los socialistas populares (14) y los socialrevolucionarios (34); en total, 148 personas. Supongamos que también los socialdemócratas (64) estén con ellos en muchos puntos de la cuestión agraria; en total, 212 personas.

Y contra todos ellos en la cuestión agraria estarán los demócratas constitucionalistas (91), el grupo polaco (46), los sin partido (52), los octubristas y moderados (32): en total, 221 personas.

La oposición es mayor. No hemos contado ni a los musulmanes (30) ni a los cosacos (17); en el mejor de los casos, la mitad de ellos se pasará a la izquierda y la otra mitad a la derecha: de todos modos, la oposición es mayor que los partidarios de la ley agraria de los trudoviques».

En este cálculo se han omitido también los monárquicos (22), pero su inclusión no hace más que reforzar la conclusión de los trudoviques.

Esta conclusión presenta interés en dos aspectos: primero, arroja luz sobre la cuestión fundamental de la correlación de fuerzas sociales en la actual revolución rusa; segundo, ayuda a esclarecer el significado de la Duma y de la lucha en la Duma dentro del movimiento liberador.

Todos los socialdemócratas están convencidos de que nuestra revolución, por el contenido de la transformación económica y social que se está produciendo, es burguesa. Esto significa que la transformación se produce sobre la base de las relaciones capitalistas de producción y que el resultado de la transformación es inevitablemente el desarrollo ulterior de precisamente estas relaciones de producción. Dicho de forma más sencilla: la subordinación de toda la economía social al poder del mercado, al poder del dinero, subsiste incluso con la más plena libertad y con la más plena victoria de los campesinos en la lucha por la tierra. La lucha por la tierra, la lucha por la libertad, es una lucha por las condiciones de existencia de la sociedad burguesa, pues el dominio del capital subsiste incluso en la república más democrática y cualquiera que sea el modo en que «toda la tierra» pase al pueblo.

A quien no conozca la doctrina de Marx, esta opinión podrá parecerle extraña. Pero no es difícil convencerse de su justeza: basta recordar la Gran Revolución Francesa y sus resultados, la historia de las «tierras libres» americanas, etc.

Al calificar de burguesa la revolución actual, los socialdemócratas no pretenden en absoluto rebajar sus tareas ni disminuir su importancia. Al contrario. La lucha de la clase obrera contra la clase de los capitalistas no puede desplegarse con suficiente amplitud y terminar con la victoria mientras no hayan sido derrocados los enemigos históricos más antiguos del proletariado.

Por eso, la tarea principal del proletariado en el momento actual es la conquista de la libertad más plena y la destrucción más completa de la propiedad agraria terrateniente (feudal). Solo en semejante labor de demolición democrática completa de la vieja sociedad semifeudal, el proletariado puede fortalecerse plenamente como clase independiente, separar por completo sus tareas peculiares, es decir, socialistas, de las tareas democráticas generales de «todo el pueblo privado de derechos», y asegurarse las mejores condiciones para la lucha más libre, amplia e intensificada por el socialismo. Con un movimiento liberador democrático-burgués inconcluso, no llevado hasta el fin, el proletariado se ve obligado a gastar muchas más fuerzas no en tareas proletarias de clase, es decir, no en tareas socialistas, sino en tareas democráticas generales, es decir, democrático-burguesas.

Pero, ¿puede el proletariado socialista llevar a cabo de forma independiente y en calidad de fuerza dirigente la revolución burguesa? ¿Acaso el concepto de revolución burguesa no significa que solo la burguesía puede llevarla a cabo?

Los mencheviques incurren a menudo en esta opinión. Pero esta opinión es una caricatura del marxismo. El movimiento liberador que es burgués por su contenido económico-social no lo es por sus fuerzas motrices. Sus fuerzas motrices pueden no ser la burguesía, sino el proletariado y el campesinado. ¿Por qué es esto posible? Porque el proletariado y el campesinado sufren aún más que la burguesía a causa de los residuos del feudalismo, necesitan aún más de la libertad y de la destrucción de la opresión terrateniente. Por el contrario, la victoria plena amenaza a la burguesía con un peligro: el proletariado se servirá de la libertad plena contra la burguesía, y se servirá de ella tanto más fácilmente cuanto más plena sea la libertad, cuanto más completa sea la destrucción del poder de los terratenientes.

De ahí la aspiración de la burguesía a terminar la revolución burguesa a medias, con una libertad a medias, mediante un acuerdo con el viejo poder y con los terratenientes. Esta aspiración está enraizada en los intereses de clase de la burguesía. Se manifestó ya de un modo tan patente en la revolución burguesa alemana de 1848, que el comunista Marx dirigió entonces todo el filo de la política proletaria a la lucha contra la burguesía liberal «conciliadora» (expresión de Marx){89}.

En nuestro país, en Rusia, la burguesía es aún más cobarde, mientras que el proletariado es mucho más consciente y está mejor organizado que el alemán en 1848. Entre nosotros, la victoria plena del movimiento democrático-burgués solo es posible *a pesar* de la burguesía liberal «conciliadora», solo si la masa del campesinado democrático sigue al proletariado en la lucha por la libertad plena y por toda la tierra.

La Segunda Duma confirma esta valoración de modo aún más relevante. Ahora incluso los campesinos han comprendido que a los burgueses liberales, a los demócratas constitucionalistas, hay que clasificarlos en la derecha, y a los campesinos y obreros en la izquierda. Cierto es que los «trudoviques», los socialistas populares y los socialrevolucionarios vacilan constantemente entre la burguesía y el proletariado, resultando ser, con harta frecuencia, de hecho, la cola política de los liberales. (La votación a favor de Golovín, la «táctica del silencio», el acuerdo de enviar el presupuesto a la comisión, etc., etc.{90}) Estas vacilaciones no son casuales. Se derivan de la naturaleza de clase de la pequeña burguesía.

¿Por qué hay que clasificar a los demócratas constitucionalistas en la derecha en una cuestión tan candente como la agraria? Porque la política agraria demócrata-constitucionalista es, en esencia, una política terrateniente. La «expropiación forzosa» demócrata-constitucionalista es, en realidad, la imposición a los campesinos, por parte de los terratenientes, de un rescate ruinoso, pues de hecho tanto la cuantía de los rescates como la cuantía de los impuestos las determinarán los terratenientes: a nivel local, los terratenientes junto con los funcionarios predominarán en los comités agrarios (en la Primera Duma los demócratas constitucionalistas se opusieron a que fueran elegidos por sufragio universal), y en la legislación central de toda Rusia, los terratenientes ejercerán su supremacía a través del Consejo de Estado, etc. El «liberalismo» demócrata-constitucionalista es el liberalismo de un abogado burgués que reconcilia al campesino con los terratenientes, y reconcilia en beneficio del terrateniente[38].

Pasemos a la segunda cuestión. Los demócratas constitucionalistas y la derecha son la mayoría de la Duma. «¿Cómo salir de esto?», pregunta *El Pueblo Trabajador*. La respuesta es simple: para «salir de esto», hay que elevarse por encima de las puras disputas verbales de la Duma.

Esto sería necesario incluso en el caso de que las izquierdas tuvieran mayoría en la Duma, pues la Duma no tiene poder, y el Consejo de Estado «mejorará» en interés de los terratenientes cualquier proyecto de la Duma. Esto es necesario también ahora, necesario no en el sentido subjetivo-partidista, sino en el sentido histórico-objetivo: sin ello, la cuestión de la tierra solo puede resolverse a favor de los terratenientes.

*Nuestra Voz* nº 7, 1 de abril de 1907

Se publica según el texto del periódico *Nuestra Voz*