El Comité Central de nuestro partido instituyó, como es sabido por los periódicos burgueses (Továrisch y otros), un tribunal del partido para examinar mi modo de obrar, a saber, mi folleto *Las elecciones en San Petersburgo y la hipocresía de 31 mencheviques*[59], aparecido durante la escisión de la organización socialdemócrata de Petersburgo en el momento de las elecciones a la segunda Duma.

El tribunal se constituiría con tres representantes por mi parte, tres por parte de los 31 mencheviques y tres miembros del presidium designados por los Comités Centrales de la socialdemocracia letona, polaca y del Bund. Yo presenté ante este tribunal una contraacusación contra los 31 mencheviques y el camarada Dan (miembro de la redacción del Órgano Central, y a través del Órgano Central, miembro del CC) por conducta inadmisible. Esta contraacusación fue apoyada, por un lado, por la asamblea de 234 bolcheviques de Petersburgo, miembros del partido (cuya resolución, junto con su informe que resume todo el asunto, fue publicada en el núm. 13 de *Proletari*); y por otro lado, por la Conferencia socialdemócrata de Petersburgo (sin los mencheviques escindidos). La resolución de esta conferencia fue publicada en el núm. 14 de *Proletari*{161}.

El tribunal, como institución creada por el Comité Central, no se consideró con derecho a encausar por su cuenta a los 31 y al camarada Dan, y recurrió al mismo CC para que determinara su competencia en la cuestión de la contraacusación. El CC, en una sesión especial, examinó de nuevo esta cuestión y confirmó que dicho tribunal se instituía únicamente para examinar el caso de Lenin y que el nuevo encausamiento de nuevas personas dependía enteramente del CC, el cual, por supuesto, consideraría su deber someter a juicio a todo aquel contra quien dicho tribunal formulase una acusación por un acto inadmisible. También la composición de este nuevo tribunal quedaba por entero a discreción del mismo CC.

Así se ha formado todo un embrollo de incongruencias y contradicciones flagrantes. El CC menchevique desempeña el papel de institución que encausa y determina la composición y competencia del tribunal. La contraacusación ha sido presentada contra el líder de la parte menchevique del CC. ¡Unas mismas personas resultan ser las que designan el tribunal, las que actúan como fiscales y las que deciden sobre el curso de la contraacusación dirigida contra ellas mismas!

Es lógico que tales procedimientos no puedan elevar el respeto hacia el partido. Sólo el congreso del partido puede desenmarañar el embrollo de incongruencias. Por eso me dirijo al congreso con la solicitud de que invista al tribunal de toda la plenitud del poder judicial directamente por el congreso; que sitúe al tribunal fuera de toda dependencia del CC, manifiestamente interesado (en su parte menchevique) en el asunto; que conceda al tribunal el derecho de examinar el caso de manera multilateral, sin restricción alguna, y de encausar a todos los miembros del partido y a todas sus instituciones, sin excluir a la parte menchevique del CC, etc.

Para aclarar el caso a los miembros del congreso del POSDR, adjunto: 1) el texto íntegro de mi discurso de defensa (o de acusación contra la parte menchevique del CC), pronunciado por mí ante el tribunal en su primera sesión judicial. (El tribunal sólo celebró dos sesiones judiciales e interrogó a tres testigos de entre varias decenas. Las sesiones del tribunal fueron interrumpidas por el congreso.) 2) Adjunto un breve resumen de la historia real de la escisión de Petersburgo.

**I. Discurso de defensa (o de acusación contra la parte menchevique del CC) pronunciado por Lenin ante el tribunal del partido**

¡Camaradas jueces!

El CC ha presentado contra mí una acusación de intervención (en la prensa) inadmisible para un miembro del partido. Así consta en el acuerdo del CC sobre la institución del tribunal del partido. Comenzaré directamente por el fondo del asunto: leeré íntegramente la «declaración» que el CC «somete al examen del tribunal».

«...El CC hace constar que en el folleto *Las elecciones en San Petersburgo y la hipocresía de 31 mencheviques*, firmado por el camarada Lenin, se contiene una acusación directa contra 31 miembros de la organización de San Petersburgo de que entablaron negociaciones con el partido kadete «para vender a los kadetes los votos de los obreros» y de que «los mencheviques regatearon con los k.-d. para hacer pasar a su hombre a la Duma, en contra de los obreros, con ayuda de los k.-d.».

El CC hace constar que la aparición de semejante acusación en la prensa, sobre todo en vísperas de las elecciones, no puede por menos de sembrar confusión en las filas del proletariado, poniendo bajo sospecha la honradez política de miembros del partido, y que será utilizada para luchar contra la socialdemocracia por los enemigos del proletariado.

Considerando que semejantes intervenciones son inadmisibles para los miembros del partido, el CC somete el modo de proceder del camarada Lenin al examen del tribunal del partido.»

Este es el texto completo de la acusación. Señalaré, ante todo, que contiene una inexactitud grave, directamente de hecho, que rogaré al tribunal corrija a tenor del texto del folleto que se me incrimina. A saber: en dicho folleto se dice directa y taxativamente que yo acuso no sólo a los 31 mencheviques, sino también al camarada Dan, es decir, a un miembro del Comité Central.

El Comité Central, al redactar su acuerdo, no podía ignorar ni que el camarada Dan es miembro del CC (¿quizás incluso participó en la discusión del asunto o en el acuerdo de entregarme a juicio por acusar a Dan?), ni que yo acuso no sólo a los 31, sino también a Dan. Por consiguiente, el CC a sabiendas sustrajo de entre las personas por mí acusadas a un miembro suyo. Aquí, además de la inexactitud de hecho, hay algo peor, algo inadmisible, y más adelante me detendré pormenorizadamente en la apreciación de este aspecto del asunto y trataré de esclarecerlo precisamente con todo el material de la instrucción judicial.

Paso al fondo de la acusación.

El CC cita dos pasajes de mi folleto, y yo debo analizar cada uno de estos pasajes de la manera más minuciosa posible. Comprendo, naturalmente, que se trata de todo el mencionado folleto y no solamente de estos dos pasajes concretos. Pero los tomo, siguiendo al Comité Central, como lo fundamental y principal.

La primera cita está tomada del comienzo mismo del folleto. Me permitiré leer una página entera para mostrar en qué contexto figura este pasaje:

«En el periódico *Továrisch* se publican hoy (20 de enero) –recuerdo que los hechos ocurrieron, por tanto, cinco días antes de la formación del bloque de izquierda en San Petersburgo y 16 días antes de las elecciones a la Duma de Estado por la ciudad de San Petersburgo– amplios extractos de la proclama de los 31 mencheviques que se escindieron de la organización socialista en vísperas de las elecciones en San Petersburgo.»[60]

Subrayo que ya la primera frase del folleto coloca en primer plano el hecho fundamental de la escisión en San Petersburgo en vísperas de las elecciones. Subrayo esta circunstancia, porque más adelante tendré que señalar muchas veces su importancia.

Prosigo la cita:

«...Recordemos primero, en dos palabras, la historia real de lo que hicieron los mencheviques escindidos de la socialdemocracia después de abandonar la conferencia...». Sobre este abandono y su significado, yo había publicado, unos días antes del folleto que se examina, el folleto *La socialdemocracia y las elecciones en San Petersburgo*, así como el folleto *“Oirás la sentencia del necio”... (De las notas de un publicista socialdemócrata)*[61]. Casi la totalidad de este último folleto fue confiscada por la policía. Sólo se salvaron unos pocos ejemplares, y hago referencia a él para que el tribunal pueda estudiar el cuadro de lo ocurrido entonces en su conjunto, y no fragmentariamente.

«...1) Después de escindirse de los obreros socialdemócratas, entraron en bloque con la pequeña burguesía (socialistas revolucionarios, trudoviques y socialistas populares) con el fin de regatear conjuntamente con los kadetes los puestecillos. El acuerdo escrito sobre esta entrada de los socialdemócratas escindidos en el bloque pequeñoburgués fue ocultado por ellos a los obreros y al público.

Pero no perdíamos la esperanza de que este acuerdo fuera, de todos modos, publicado y lo secreto se hiciera manifiesto.»

Llamo la atención del tribunal sobre el hecho de que en mi folleto, que acusa a Dan y a los 31 mencheviques, se subraya de inmediato el momento de la ocultación a los obreros del acuerdo escrito. Sigamos:

«2) Como parte integrante del bloque pequeñoburgués (denominado incorrectamente en los periódicos “bloque de izquierda”), los mencheviques escindidos regatearon con los kadetes para que se concedieran a este bloque tres puestos de los seis. Los kadetes daban dos puestos. No llegaron a un acuerdo. La sesión de la “conferencia” pequeñoburguesa (expresión que no es nuestra, sino tomada de los periódicos) con los k.-d. tuvo lugar el 18 de enero. De ella informaron *Rech* y *Továrisch*. *Rech* anuncia hoy que el acuerdo queda roto (aunque nosotros, naturalmente, debemos estar preparados para que, a espaldas, las negociaciones sigan aún en curso).

Los mencheviques todavía no informan en la prensa sobre esta su “intervención” para vender a los kadetes los votos de los obreros.»

He ahí el contexto de la primera cita. Mis palabras contra los mencheviques fueron escritas el mismo día en que supe por los periódicos que el bloque de mencheviques y populistas con los kadetes contra la mayoría de la organización socialdemócrata de Petersburgo no se había concretado, y en ese mismo momento hice la salvedad de que no podía considerar el acuerdo como definitivamente fracasado, que había que estar preparado para lo peor: para la continuación de las negociaciones "a espaldas". ¿Por qué consideraba yo entonces (y sigo considerando correcta mi opinión de aquel momento) que había que estar preparado para eso peor? Porque ocultar al público el acuerdo escrito de los mencheviques con el bloque pequeñoburgués era un acto incorrecto, indigno de un socialista y que inevitablemente suscitaba las peores sospechas.

¿De qué "venta" de los votos obreros a los kadetes se habla aquí? Algunos bromistas me decían que lo habían entendido como si yo hablara de una venta por dinero. La broma, por supuesto, no carece de agudeza. Pero una persona instruida y que lea seriamente todo el folleto, y no fragmentos aislados, verá de inmediato, por el contexto, por todas las frases anteriores y posteriores, que se trata de una venta no por dinero, sino por escaños en la Duma. Por "regateo" y "compra-venta" se entiende el intercambio de equivalentes políticos, y no económicos, escaños por votos, y no dinero por votos.

Cabe preguntarse: ¿valía la pena detenerse en una circunstancia tan clara y evidente?

Estoy profundamente convencido de que valía la pena, pues en este punto nos aproximamos directamente al esclarecimiento de la cuestión planteada por el Comité Central, a saber: sobre las intervenciones permitidas o no permitidas en la prensa.

Si en el pasaje examinado del folleto se hubiera dicho: 31 vendían por dinero los votos obreros a los kadetes, entonces eso sería atribuir un modo de acción vergonzoso y criminal al adversario. Quien hiciera tal afirmación sería pasible de juicio, por supuesto, en absoluto por "sembrar la confusión en las filas del proletariado", sino por calumnia. Esto está perfectamente claro.

Por el contrario, si en el pasaje examinado del folleto se hubiera dicho: 31 actuaron para unir los votos obreros a los votos kadetes bajo la condición de un escaño en la Duma para el socialdemócrata, entonces eso sería un ejemplo de polémica leal, correcta, permitida para los miembros del partido.

¿En qué se diferencia de esta formulación la que yo elegí? Se diferencia en el tono que constituye toda la música. Precisamente, esta formulación está como calculada para provocar en el lector odio, repulsión, desprecio hacia las personas que cometen tales actos. Esta formulación no está calculada para convencer, sino para destruir las filas; no para corregir el error del adversario, sino para aniquilar, para borrar de la faz de la tierra su organización. Esta formulación tiene, en efecto, un carácter tal que suscita los peores pensamientos, las peores sospechas sobre el adversario y, en efecto, a diferencia de una formulación que convence y corrige, "siembra la confusión en las filas del proletariado".

Entonces, ¿usted reconoce que tal formulación es inadmisible? —me preguntarán—. Claro que sí —responderé—, solo que con un pequeño añadido: inadmisible para los miembros de un partido unificado. En este añadido está el quid de toda la cuestión. Toda la incorrección, diré más, la falta de honestidad de la acusación esgrimida contra mí por el Comité Central consiste precisamente en que el CC silencia la ausencia de un partido unificado en el momento en que se escribió el folleto, en la organización de la que este (no formalmente, sino en esencia) emanaba, a cuyos fines servía. Es deshonesto acusar por una "intervención en la prensa inadmisible para los miembros del partido" en una circunstancia así, cuando había una escisión en el partido.

La escisión es la ruptura de toda vinculación orgánica, que traslada la lucha de opiniones del terreno de la influencia desde dentro de la organización al terreno de la influencia desde fuera de la organización, del terreno de la corrección y la persuasión de los camaradas al terreno del exterminio de su organización, al terreno de la incitación de la masa obrera (y popular en general) contra la organización escindida.

Lo que es inadmisible entre miembros de un partido unificado, es admisible y obligatorio entre las partes de un partido escindido. No se puede escribir sobre los camaradas de partido en un lenguaje que siembre sistemáticamente en las masas obreras odio, repulsión, desprecio, etc., hacia los que piensan distinto. Se puede y se debe escribir precisamente en ese lenguaje sobre la organización escindida.

¿Por qué se debe? Porque la escisión obliga a arrancar a las masas de bajo la dirección de los escindidos. Me dicen: usted sembró la confusión en las filas del proletariado. Respondo: yo, deliberada y calculadamente, sembré la confusión en las filas de aquella parte del proletariado petersburgués que seguía a los mencheviques escindidos en vísperas de las elecciones, y siempre actuaré de esa manera en caso de escisión.

Con mis duros y ofensivos ataques contra los mencheviques en vísperas de las elecciones en San Petersburgo, efectivamente hice vacilar a las filas del proletariado que confiaba en ellos y los seguía. Ese era mi objetivo. Ese era mi deber, como miembro de la organización socialdemócrata de San Petersburgo, que llevaba a cabo la campaña del bloque de izquierda. Pues, después de la escisión, para llevar a cabo esta campaña era necesario destruir las filas de los mencheviques que conducían al proletariado detrás de los kadetes, era necesario sembrar la confusión en sus filas, era necesario despertar en la masa odio, repulsión, desprecio hacia esas personas, que habían dejado de ser miembros de un partido unificado, que se habían convertido en enemigos políticos que ponían trabas a nuestra organización socialdemócrata en su campaña electoral. Contra tales enemigos políticos, yo libré entonces —y en caso de repetición o desarrollo de la escisión libraré siempre— una lucha de exterminio.

Si después de la escisión organizada por los mencheviques en San Petersburgo no hubiéramos sembrado la confusión en las filas del proletariado dirigido por los mencheviques, no habríamos podido llevar a cabo nuestra campaña electoral del bloque de izquierda. Y sólo lamento que, al encontrarme fuera de Petersburgo, no ayudara lo suficiente a esta tarea de arrancar a las masas de la influencia de los mencheviques escindidos, pues con un cumplimiento más celoso y exitoso de esta tarea el bloque de izquierda habría obtenido la victoria en San Petersburgo. Esto está probado por los datos numéricos sobre los resultados de las elecciones.

El error lógico fundamental (y no solo lógico, por supuesto) de la acusación consiste justamente en que se soslaya con astucia la cuestión de la escisión, se silencia el hecho de la escisión, se intenta presentar exigencias legítimas desde el punto de vista de la unidad del partido en condiciones en las que no hay unidad, no hay un solo partido, y además —lo demostraré más adelante— ¡por culpa del propio CC acusador, que organizó y encubrió la escisión!

Si alguien pretendiera aplicar la medida de la lucha permitida dentro del partido a la lucha sobre la base de la escisión, a la lucha dirigida desde fuera contra el partido o (en caso de escisión local) contra la organización partidaria dada, habría que considerar a esa persona o infantilmente ingenua o hipócrita. Desde el punto de vista orgánico, la escisión significa la ruptura de toda vinculación orgánica, es decir, el paso de la lucha que persuade a los camaradas dentro de la organización, a la lucha que destruye la organización enemiga, que aniquila su influencia sobre las masas del proletariado. Desde el punto de vista psicológico, está completamente claro que la ruptura de toda vinculación orgánica entre camaradas ya significa el grado extremo de mutua exasperación y hostilidad que ha pasado al odio.

Y en la escisión de Petersburgo había además dos circunstancias especiales que decuplicaban la agudeza y la implacabilidad de la lucha.

La primera circunstancia: el papel del Comité Central del partido. "Según los estatutos", él debía unificar, y toda escisión local debía conducir no a la lucha sobre la base de la escisión, sino a una queja ante el CC o, hablando en general, a recurrir al CC en busca de colaboración para restablecer la unidad. De hecho, el CC en San Petersburgo fue, en vísperas de las elecciones, el iniciador y partícipe de la escisión. Precisamente esta circunstancia, desarrollada detallada y documentalmente en la motivación de la decisión de la conferencia de presentar una contraacusación, es la que nos obliga a reconocer la escisión de Petersburgo como una escisión deshonesta. Hablaré de ello por separado más adelante e insistiré en que el tribunal plantee las cuestiones que se derivan de la naturaleza jurídica de esta acusación presentada por el acusado contra el acusador.

La segunda circunstancia: la campaña electoral en Petersburgo durante la escisión. Cuando la escisión no va acompañada de una acción política inmediata, abierta y de masas, o de una acción política general del partido, puede a veces no significar la necesidad de una guerra inmediata, despiadada y de exterminio. Pero cuando existe una acción de masas como, por ejemplo, las elecciones, cuando es preciso a toda costa intervenir inmediatamente en las elecciones y llevarlas a cabo de una u otra manera, entonces la escisión significa una guerra de exterminio incondicional e inmediata, una guerra por quién dirigirá las elecciones: si la organización socialdemócrata local o el grupo escindido de ella. En tal escisión, la tarea no puede posponerse ni un solo instante: hay que arrancar a las masas de la influencia de los escindidos, desarticular su organización, reducirlos a ceros políticos. Y sólo gracias a la fuerza despiadada del ataque bolchevique contra los mencheviques, después de su escisión del 6 de enero, se obtuvo una campaña electoral en la capital relativamente unida, medianamente partidista, o al menos parecida a una socialdemócrata.

Se dice: luchad, pero no con armas envenenadas. Es una expresión muy hermosa y efectista, sin duda. Pero es o bien una linda frase vacía, o bien expresa de manera vaga y nebulosamente confusa la misma idea sobre la lucha que siembra odio, aversión, desprecio en la masa hacia los adversarios, la lucha inadmisible en un partido único, e inevitable y necesaria en caso de escisión, debido a la esencia misma de la escisión, idea que ya desarrollé al principio de mi discurso. Por más que le deis vueltas a esta frase, o a esta metáfora, no le sacaréis ni un ápice de contenido real, salvo la misma diferencia entre el modo leal y correcto de lucha mediante la persuasión dentro de la organización y el modo de lucha mediante la escisión, es decir, la destrucción de la organización hostil, suscitando en la masa odio, aversión, desprecio hacia ella. Las armas envenenadas son las escisiones deshonestas, no la guerra de exterminio que dimana de una escisión consumada.

¿Existen límites admisibles en la lucha basada en la escisión? No hay ni puede haber límites partidistamente admisibles para tal lucha, porque la escisión es la cesación de la existencia del partido. Resulta incluso ridícula la mera idea de que por vías partidarias, mediante una decisión del partido, etc., se pueda combatir los métodos de lucha que derivan de la escisión del partido. Los límites de la lucha basada en la escisión no son partidarios, sino políticos generales, o más exactamente, cívicos generales, los límites de la ley penal y nada más. Si vosotros os habéis escindido conmigo, no podéis exigir de mí más que de un kadete, o de un socialrevolucionario, o de un transeúnte, etc.

Explicaré aún más mi idea con un ejemplo concreto. En el próximo número de «Proletari» aparecerá una correspondencia enviada desde el terreno sobre las elecciones en la ciudad de Kovno. El corresponsal está muy descontento con el bloque que el Bund ha hecho con los «logristas»{162} contra los socialdemócratas lituanos y critica duramente al Bund. ¿Qué crítica es admisible para los miembros de un partido único? El descontento debería haberse expresado aproximadamente así: los bundistas obraron incorrectamente al aliarse en un bloque con los burgueses judíos contra los socialistas de otra nación; en esta conducta se manifiesta la influencia de las ideas del nacionalismo pequeñoburgués, etc., etc. Mientras estemos en un partido único con el Bund, sería completamente inadmisible lanzar a las masas, en vísperas de las elecciones, un folleto contra ellos, tratando a los bundistas como traidores al proletariado. Pero si se repitiese la historia de 1903 —la historia por lo general no se repite, y tomo un ejemplo imaginario— y el Bund se escindiese del partido, ¿acaso podría alguien después plantear seriamente la cuestión de la inadmisibilidad de folletos destinados a infundir en las masas obreras bundistas odio, aversión, desprecio hacia sus dirigentes, tachándolos de burgueses disfrazados que se venden a la burguesía judía y por medio de ella introducen a los suyos en la Duma, etc.? A quien presentase semejante queja, le reirían en la cara: ¡no provoquéis una escisión, no pongáis en juego el «arma envenenada» de la escisión, o no os quejéis luego de que quienes alzaron la espada envenenada, por la espada envenenada perezcan!

No hay necesidad de detenerse en la segunda cita, después de todo lo dicho. Dice así: «Los mencheviques regatearon con los kadetes para introducir a su hombre en la Duma, en contra de los obreros, con ayuda de los kadetes: he ahí la simple clave de todas estas andanzas de la socialdemocracia al bloque pequeñoburgués, del bloque pequeñoburgués a los kadetes»[62]. Intentad analizar esta cita formal y externamente, desde el punto de vista del partido único, y vosotros, por supuesto, diréis: en lugar de «regatearon», tratándose de miembros del partido, debería escribirse «entablaron negociaciones»; en vez de «introducir», «elegir»; en lugar de «su hombre», «diputado socialdemócrata», etc., etc. Pero ¿acaso tal «análisis» de la cita o tal «juicio» sobre el modo de expresión pueden provocar otra cosa que una sonrisa? ¿No está claro que la manera de expresarse más ofensiva, despectiva, que presupone todo en el peor sentido y no en el mejor, es la lucha basada en la escisión para aniquilar a la organización que boicotea la campaña política del proletariado socialdemócrata local? ¡Las quejas sobre el carácter ofensivo, insultante y suspicaz de tales expresiones serían semejantes a la queja de un esquirol contra la actitud hostil hacia él! Examinar las quejas o acusaciones en este plano equivaldría a que condenásemos, por inadmisible, la palabra «esquirol», sin haber dilucidado en esencia la cuestión de si la conducta de la persona en cuestión fue realmente esquirolesca.

Hay escisión y escisión. Ya he empleado más de una vez la expresión: escisión «deshonesta». Ahora me detendré en este aspecto de la cuestión. El Comité Central escribe en su acusación que yo pongo en duda la honestidad política de los miembros del partido. Es una formulación demasiado débil e incorrectamente aplicada a las citas aducidas. Yo no sólo «pongo en duda la honestidad política» de los 31 y de Dan. Con todo el contenido de mis «folletos electorales» los acuso de una escisión políticamente deshonesta o partidistamente deshonesta. Y mantengo esta acusación. Serán vanos todos los intentos de desplazar el centro de gravedad de esta acusación, de la cuestión general, esencial y cardinal sobre los organizadores de la escisión, a cualesquiera cuestiones menudas, particulares, derivadas.

Toda escisión es el mayor crimen contra el partido, porque aniquila el partido, rompe los vínculos partidistas. Pero hay escisión y escisión. La expresión «escisión deshonesta», que he usado varias veces, puede no aplicarse a toda escisión. Lo explicaré con un ejemplo.

Supongamos que en el partido luchan desde hace tiempo dos corrientes, partidarias, digamos, de apoyar la política de los kadetes o de oponerse a ella. Tiene lugar un importante acontecimiento político que agudiza las tendencias kadetes, que aproxima el pacto entre los kadetes y la reacción. Los partidarios del apoyo a los kadetes rompen con los adversarios del apoyo. Tal escisión provocará inevitablemente, como toda escisión, la lucha más exacerbada, enconada, que siembra el odio, etc., pero no se la podrá considerar una escisión deshonesta, porque, aparte de la agudización de las divergencias de principio, en el trasfondo de esta escisión no hay nada más.

Imaginad otra escisión. Suponed que dos corrientes del partido han coincidido en permitir en distintos lugares distintas tácticas. Si este acuerdo común es roto en uno de esos lugares, si lo rompen a escondidas, a traición, comportándose de manera pérfida con los camaradas, entonces cualquiera convendrá, seguramente, en calificar esa escisión de deshonesta.

En Petersburgo, los mencheviques organizaron precisamente esa escisión deshonesta en vísperas de las elecciones. En primer lugar, en la Conferencia Panrusa, ambas corrientes del partido prometieron solemnemente someterse a la táctica local de las organizaciones locales en las elecciones. Sólo los mencheviques de Petersburgo, en toda Rusia, infringieron esta promesa. Esto es deshonesto. Esto es una felonía hacia el partido.

En segundo lugar, el Comité Central, en lugar de unificar al partido, llevó una política fraccional hasta tal punto que ayudó directamente a la escisión menchevique, y el miembro del CC Dan tomó en ella una participación activísima. Esto es deshonesto. Significa emplear contra el partido el poder otorgado por el partido. Significa asestar a escondidas, a traición, una puñalada envenenada, mientras de palabra se es guardián de la unidad del partido.

He aquí los dos hechos fundamentales que me obligaron a tratar despectivamente tanto a 31 como a Dan, considerándolos políticamente deshonestos. Toda mi obra está impregnada precisamente del espíritu de ese trato despectivo.

Y sostuve esa acusación ante el tribunal. Dedicé todos mis esfuerzos a que la investigación judicial revelara a los jueces toda la situación de la escisión en Petersburgo, permitiendo decidir con plena convicción: ¿fue aquella una escisión honesta o no? ¿Fueron quienes organizaron la escisión los que recurrieron al «arma envenenada», o fueron aquellos que libraron contra sus organizadores la guerra más implacable y destructiva?

El esclarecimiento a fondo de esta cuestión, hasta sus últimas raíces y motivaciones profundas, por parte de los delegados de los partidos socialdemócratas nacionales que ingresan por primera vez de hecho en el POSDR, puede tener importancia decisiva para el establecimiento de relaciones auténticamente partidarias en nuestra organización, en lugar de una escisión mal disimulada.

El contenido del presente juicio no es una cuestión formal, ni una cuestión jurídica en sentido estrecho. En realidad, el quid no reside en si dentro de un partido unido se debe escribir, regatear o negociar, conducir o introducir subrepticiamente, vender votos a cambio de cargos o sumar votos bajo condición de recibir un puesto, etc. Tal interpretación de la cuestión, por supuesto, solo podría ser acogida con una sonrisa.

El quid reside en si valoramos realmente la unidad de nuestro partido, o si transigimos con las escisiones, respondiendo a ellas con fórmulas burocráticas, deshaciéndonos de esta lacra con un subterfugio formal. De su veredicto, camaradas jueces, depende —y quizá en no poca medida— que la escisión de Petersburgo resulte ser el último eco, realmente el último, de una época ya pasada de escisión general en el partido, o… o bien será el comienzo de una nueva escisión y, por lo tanto, de una nueva lucha generalizada con armas envenenadas.

De su veredicto depende que se debilite o se fortalezca la vacilante unidad del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia.

II. Breve compendio de la historia de hecho de la escisión de Petersburgo

En la conferencia de noviembre (1906) del POSDR se decidió por unanimidad que en materia electoral todos se subordinan a las resoluciones de las organizaciones socialdemócratas locales.

Lenin declara en la misma conferencia: «¡Que ni siquiera el distrito de Výborg (informe de la parte menchevique de la organización socialdemócrata en San Petersburgo) infrinja las resoluciones del Comité de Petersburgo!», advirtiendo así la reciprocidad de la obligación.

En el número 8 de «Proletari» (noviembre de 1906), en un artículo especial se llama a los bolcheviques a una crítica tajante de los bloques con los cadetes, pero a la subordinación a las organizaciones locales.

En ese mismo mes de noviembre de 1906, el camarada Dan, miembro del Comité Central, participa «de manera absolutamente privada (según declaró en el juicio)» en una reunión organizada por el ingeniero Fedórovich, en la que están presentes Miliukov y Nábokov (dirigentes del CC y del CP de los cadetes), un líder de los socialistas revolucionarios y Peshejónov (líder de los enesistas). Se habló de las elecciones, pero no de Petersburgo (según palabras del camarada Dan). El camarada Dan no consideró necesario informar de esta reunión ni al Comité Central ni al Comité de Petersburgo.

En diciembre de 1906, el camarada Dan acude a una reunión informativa sobre la cuestión electoral, en la que se hallaban representantes del CP del POSDR y también de los cadetes, socialistas populares y socialistas revolucionarios. Dan declara ser representante del CC, pero expone «su punto de vista personal» sobre la conveniencia de acuerdos por distritos en San Petersburgo.

El 4 de enero de 1907, en una reunión del CC se adopta la decisión de exigir de forma ultimátum a la conferencia de la organización socialdemócrata de Petersburgo su división en urbana y provincial. Los miembros del CC, bolcheviques (Maksímov, Zimín, Stróiev) presentan una protesta contra este paso, que equivalía de hecho a escindir la organización de Petersburgo por el Comité Central.

El 6 de enero de 1907 se celebró la conferencia de la organización socialdemócrata de San Petersburgo, que decidió la cuestión electoral. Había 39 bolcheviques y 31 mencheviques. Los mencheviques abandonaron la conferencia por dos razones formales: 1) consideraban incorrecta la distribución de mandatos; 2) debido a la negativa de la conferencia a dividirse en urbana y provincial, como exigía el CC.

Para valorar estas razones para la escisión, aducimos tres hechos: 1) En la conferencia del 6 de enero fueron aprobados 42 mandatos de bolcheviques y 28 de mencheviques. Los propios mencheviques, en un volante que editaron, declararon que debían haberse contado 35 bolcheviques y 32 mencheviques, es decir, reconocieron el predominio de los bolcheviques. 2) Como consecuencia de la escisión, la siguiente conferencia de la organización socialdemócrata en San Petersburgo fue elegida bajo el control especial de una comisión, designada especialmente por el Comité Central. Las elecciones dieron a la conferencia del 25 de marzo 92 bolcheviques y 41 mencheviques. Las nuevas elecciones confirmaron un predominio aún mayor de los bolcheviques. 3) En ninguna ciudad de Rusia, ni en Vilna, ni en Odesa, ni en Bakú, el CC exigió la división de la conferencia. Esta exigencia ultimátum fue tanto ilegal como claramente motivada por consideraciones fraccionales únicamente contra Petersburgo.

Tras abandonar la conferencia, los mencheviques eligieron su propio órgano ejecutivo, empezaron a publicar sus volantes (con la participación de los miembros mencheviques del CC y del camarada Dan entre ellos) y emprendieron una campaña electoral independiente. Entablaron, sin los bolcheviques, un acuerdo con los partidos narodnikis (socialistas populares, socialistas revolucionarios y trudoviques) para un acuerdo conjunto con los cadetes.

La prensa burguesa de Petersburgo («Rech», «Straná», «Továrisch», etc.) acogió calurosamente a los mencheviques por la escisión, los llamó «partido socialista moderado», exhortó a luchar valientemente contra los bolcheviques, se regocijó por el aislamiento de estos «blanquistas», etc. Los bolcheviques, habiendo propuesto el 6 de enero un bloque a los narodnikis contra los cadetes, no participaron en ninguna negociación.

El 14 de enero el periódico «Rech», en su editorial, promete a los mencheviques un puesto de la curia obrera en caso de éxito del bloque contra los bolcheviques.

Los mencheviques, en reunión del 17 de enero, acuerdan: todos los puestos que obtengan, ponerlos a disposición de la curia obrera. El 19 de enero «Továrisch» publica esto.

El 15 de enero Miliukov obtiene una audiencia con Stolypin, tras lo cual los cadetes giran claramente a la derecha.

El 18 de enero se celebró una conferencia de mencheviques, narodnikis y cadetes. Los cadetes ofrecían 2 puestos, de ellos se exigían 3. Ruptura con los cadetes.

El 20 de enero «Továrisch» publica extractos del volante menchevique, dirigido contra los bolcheviques y encaminado a minar su campaña electoral. Yo escribo ese mismo día la obra —«Las elecciones en San Petersburgo y la hipocresía de los 31»;— que sale a la luz unos tres días después.

El 25 de enero se pacta el bloque de izquierda en Petersburgo. El 28 de enero tiene lugar la reunión de los elegidos (el 7 y el 14 de enero) por la curia obrera de la ciudad de San Petersburgo, delegados de fábricas y talleres. Asisten entre 200 y 250 personas de un total de 271. Por amplia mayoría, frente a 10 o 12, se aprueba la resolución a favor del bloque de izquierda. La resolución hace un llamamiento especial a los mencheviques para que «no presten su apoyo a los cadetes, aunque sea de forma encubierta».

Los mencheviques, que habían prometido el 17 de enero ceder «sus» puestos a la curia obrera, no solo no atendieron la voz de la reunión de todos los delegados, sino que la calificaron abiertamente de «aquelarre socialista revolucionario y bolchevique».

El 30 de enero se celebra la reunión de los delegados socialdemócratas. Los candidatos del CP son designados como compromisarios.

El 29 de enero el bloque de izquierda consigue que los electores progresistas sin partido del sector Kolómenski rompan su contrato escrito con los mencheviques, puesto que en dicho contrato (así como en el volante impreso menchevique) figura la condición: «los compromisarios mencheviques no se consideran vinculados por las estipulaciones del bloque narodniki-bolchevique relativas al reparto de los cargos de diputado» (punto II, apartado 3). Esta condición es un intento flagrante de asegurarse la posibilidad de votar en la segunda fase con los cadetes contra el bloque de izquierda.

El 7 de febrero se celebran las elecciones en Petersburgo. El peligro centuronegro queda definitivamente descartado. Los cadetes obtuvieron 28 798 votos, el bloque de izquierda —16 703, los octubristas —16 613 y los monárquicos —5270. Al bloque de izquierda le faltaron 1573 votos de los cadetes en 5 sectores para vencer en todo Petersburgo. En el sector Kolómenski el bloque de izquierda obtuvo solo 196 votos menos que los cadetes.

Tal es el breve resumen de los hechos. De ellos se desprende claramente que, en esencia, la campaña electoral en San Petersburgo fue saboteada por los mencheviques. En esencia, la conspiración para la escisión se inició ya en noviembre, y la inició el miembro del CC, Dan. En esencia, fueron precisamente Dan, más los miembros mencheviques del CC, quienes llevaron a cabo en San Petersburgo la escisión contra la mayoría de la organización local…

Publicado en abril de 1907 como folleto independiente. Firmado: N. Lenin

Se imprime según el texto del folleto.