Los kadetes elogian a los novovremenets. Los novovremenets elogian a los kadetes. El partido de la «Libertad Popular» está satisfecho con el discurso de clausura sobre el presupuesto del señor ministro. El partido de los siempre satisfechos con todos los ministros está satisfecho con la conformidad de los kadetes, como cabecillas del «centro» de la Duma, de aprobar el presupuesto del ministerio disolvente de la Duma.

«Si fuera necesario demostrar —comienza con solemnidad el editorialista de *Rech* (28 de marzo)— que los debates generales sobre el presupuesto en la Duma de Estado no fueron infructuosos, el discurso de clausura del señor ministro de Finanzas ofrecería la más brillante prueba de ello.»

¿En qué consiste, pues, esta brillante prueba?

En que del señor ministro «no ha quedado ni sombra» del anterior «tono arrogante, aleccionador e irónicamente irritado»... La respuesta del señor ministro fue correcta en la forma, y en el contenido demostró «un tributo de respeto a la fuerza de la crítica de la Duma»; el señor ministro consoló a la Duma diciéndole que tiene más derechos de los que parece; —hizo cumplidos al partido de la Libertad Popular, «que, por lo demás, la votación posterior ha hecho merecer a la inmensa mayoría de la Duma» (que consintió en pasar el presupuesto a la comisión).

Sí, sí; he ahí las brillantes pruebas kadetes de que la labor de la Duma «no es infructuosa». No en los frutos de que haya ni sombra de perspectivas serias de mejorar la situación real de las cosas. Ni en que las masas populares hayan aprendido algo y esclarecido ciertas tareas encubiertas por la hojarasca constitucional. Nada de eso. Los frutos consisten en que el ministro se ha vuelto más decente, más amable... más amable con quienes están dispuestos a transigir en nombre de la «representación popular».

Los liberales aceptan prostituir la representación popular para reforzar las bases del dominio de las centurias negras. El gobierno de Stolypin y Cía. acepta, bajo esta condición, no disolver (por ahora...) la Duma. Ambas partes están llenas de alegría y mutuo enternecimiento.

El *Nóvoe Vremia* de hoy, sin perder la ocasión de censurar a los kadetes por la composición «judía» de la comisión de confesiones, publica al mismo tiempo largos razonamientos de su reportero en la Duma sobre por qué no es ventajosa la disolución de la Duma. «Incluso desde el punto de vista de los elementos muy derechistas, la disolución de la Duma en el momento actual es muy indeseable y perjudicial.» No se puede cambiar la ley electoral sin un golpe de Estado, y si se elige una nueva Duma según la ley electoral actual, se puede «perder el actual centro de la segunda Duma de Estado». Este centro, según el novovremenets, «comienza con los octubristas y luego, pasando por los renovadores pacíficos, los sin partido, los polacos y los kadetes, se extiende hasta los trudovikí». «El centro actual se sitúa, indudablemente, en un punto de vista estrictamente monárquico-constitucional y hasta ahora se ha esforzado por todos los medios en una labor orgánica. En todo caso, perderemos este centro (si se disuelve la segunda Duma). Perderemos, por tanto, el presupuesto aprobado por la Duma, pues doy por absolutamente indudable que el presupuesto presentado por el ministerio —con algunas insignificantes (¡escuchad!) modificaciones— será adoptado por la segunda Duma.»

Así escribe *Nóvoe Vremia*. Su razonamiento es sumamente claro. El punto de vista de los muy derechistas que desean al mismo tiempo conservar ahora la Duma está expuesto de modo excelente.

En las altas esferas de la nobleza gobernante luchan dos corrientes: disolver la Duma o, por ahora, conservarla. La primera política la ha desarrollado, expuesto y defendido *Nóvoe Vremia* desde hace tiempo, y de vez en cuando —mejor dicho: ¡por si acaso!— continúa defendiéndola ahora. Pero hay también otra política de la nobleza gobernante. Para disolverla ya habrá tiempo. En cambio, con el presupuesto aprobado por la Duma seguramente es más fácil obtener un empréstito. Así que conviene esperar. La amenaza de disolución sigue en pie, y «nosotros» presionamos a los kadetes con esta amenaza de manera inflexible, obligándolos, de modo evidente para todos, a escorarse a la derecha.

Es indudable que la segunda política es más sutil y mejor, desde el punto de vista de los intereses de los terratenientes reaccionarios. La primera política es tosca, chapucera, precipitada. La segunda es más meditada, pues la disolución se «guarda en reserva» y, al mismo tiempo, los liberales son utilizados por el gobierno. El presupuesto aprobado por la Duma equivale casi al consentimiento para renovar una letra de cambio, consentimiento que se otorga a un deudor en quiebra. Es más ventajoso obtener la letra renovada por un nuevo plazo y después disolver la Duma, que disolverla de inmediato sin intentar prorrogar la letra.

Y además del presupuesto aprobado puede haber, por cierto, otras letras de cambio similares. Por ejemplo, los kadetes ya han mejorado su proyecto agrario desde el punto de vista de los terratenientes. Que este proyecto pase por la Duma, que luego pase a examen y ulterior mejora del Consejo de Estado. Si «nosotros» disolvemos la Duma en ese momento, tendremos no una, sino dos letras renovadas. «Nosotros» tendremos la posibilidad de obtener de Europa, quizás, no uno, sino dos mil millones. Un mil millones, con motivo del presupuesto aprobado por la Duma, es decir, sobre la base de «una hacienda estatal que ha pasado por el crisol de una verificación estrictamente constitucional». Otro mil millones, con motivo de «la gran reforma agraria que pasa por el crisol de una labor creativa auténticamente constitucional de la representación popular».

El Consejo de Estado corregirá un poquito el proyecto agrario kadete. Ya ahora este proyecto está plagado de las frases más vagas que nada determinan. En la práctica todo depende de la composición de los comités locales de ordenación de tierras. Los kadetes están en contra de elegirlos por sufragio universal, directo, igual y secreto. Los kadetes están a favor de una representación paritaria de terratenientes y campesinos, bajo el control del gobierno. Al aceptar esta idea fundamental del excelente proyecto liberal, el gobierno y los terratenientes no arriesgan nada, pues semejantes comités, con la benévola colaboración del Consejo de Estado, de Stolypin y Cía., harán sin falta y de manera inexorable de la «enajenación forzosa» de la tierra de los terratenientes un forzoso avasallamiento del mujik mediante un nuevo rescate ruinoso por los arenales, pantanos y cepas que se le adjudiquen.

Tal es el verdadero significado de la política gubernamental y de la política de los kadetes. Los liberales, con su traición, ayudan a los terratenientes a amañar hábilmente el negocio. Si los campesinos —los «trudovikí»— continúan prestando oídos a los liberales, pese a la advertencia de la socialdemocracia, el engaño del mujik por el terrateniente con ayuda del abogado liberal será inevitable.

Escrito el 28 de marzo (10 de abril) de 1907.

Publicado el 29 de marzo de 1907 en el periódico *Nashe Ejo*, núm. 4.

Se reproduce según el texto del periódico.