La cuestión de la aprobación del presupuesto por la Duma tiene una importantísima significación política. Según la letra de la ley, los derechos de la Duma son insignificantes, y el gobierno no está en absoluto vinculado por el consentimiento de la Duma en sus actos. Pero, de hecho, existe una cierta dependencia del gobierno respecto a la aprobación del presupuesto por la Duma: todos lo reconocen, y lo subrayan especialmente también los burgueses liberales, los kadetes, inclinados a sustituir con frases grandilocuentes sobre esta dependencia la definición de los modestos límites de esta modesta dependencia. El gobierno necesita dinero, el empréstito es indispensable. Y el empréstito, o bien no podrá concertarse en absoluto sin el acuerdo directo o indirecto de la Duma, o bien podrá concertarse solo con grandes dificultades, en condiciones tan onerosas que empeorarán considerablemente la situación.

Es completamente evidente que, en tales condiciones, la discusión del presupuesto por la Duma y la votación sobre el mismo tienen una doble significación política. En primer lugar, la Duma debe abrir los ojos al pueblo sobre todos los procedimientos de ese saqueo organizado, de ese expolio sistemático y desvergonzado de los bienes del pueblo por un puñado de terratenientes, funcionarios y toda clase de parásitos, que se llama «economía estatal» de Rusia. Explicar esto desde la tribuna de la Duma significa ayudar al pueblo en la lucha por la «libertad popular», de la que tanto hablan los Balalaikins del liberalismo ruso{75}. Cualesquiera que sean los destinos ulteriores de la Duma y cualesquiera que sean los próximos pasos y «designios» del gobierno, en todo caso, solo la conciencia y la organización de las masas populares decidirán en última instancia el desenlace de la lucha por la libertad. Quien no comprenda esto, toma en vano el nombre de demócrata.

En segundo lugar, la crítica despiadada y abierta del presupuesto y la votación consecuentemente democrática sobre el mismo tienen importancia para Europa y el capital europeo, incluso para las amplias capas de la media y pequeña burguesía europea, que presta dinero al gobierno ruso de los señores Stolypin y Cía. Tanto los banqueros como otros magnates del capital internacional prestan dinero a los señores Stolypin y Cía para obtener la misma ganancia por la que «arriesga» cualquier otro usurero. Si no hubiera seguridad en la preservación del dinero dado en préstamo y en la regularidad del cobro de los intereses, ningún amor al «orden» (y «Rusia» es el deseado modelo de orden sepulcral para la burguesía europea, atemorizada por el proletariado) obligaría a desembolsar a todos esos Rothschild, Mendelssohn, etc. De la Duma depende en grado muy considerable el fortalecer o debilitar en los magnates europeos del capital dinerario la fe en la solidez y en la capacidad de pago de la firma «Stolypin y Cía». Y los banqueros tampoco estarían en condiciones de dar empréstitos de miles de millones si la amplia masa burguesa de Europa no confiara en el gobierno ruso. Y a esta masa la engañan sistemáticamente los venales periódicos burgueses de todo el mundo, sobornados tanto por los banqueros como por el gobierno ruso. El soborno de los difundidos periódicos europeos en favor de los empréstitos rusos es un fenómeno «normal». Incluso a Jaurès le ofrecieron 200 000 francos por renunciar a la campaña contra el empréstito ruso: a tal punto valora nuestro gobierno la «opinión pública» incluso de aquellas capas de la pequeña burguesía en Francia que son capaces de simpatizar con el socialismo.

Toda la amplia masa pequeñoburguesa de Europa posee una ínfima posibilidad de verificar el estado real de las finanzas rusas, la real capacidad de pago del gobierno ruso, o, más exactamente, no posee casi ningún medio para descubrir la verdad. La voz de la Duma, de cuyos debates y resoluciones tendrá conocimiento inmediato todo el público europeo, tiene a este respecto una importancia colosal. Nadie podría hacer tanto para privar a los Stolypin y Cía del apoyo financiero europeo como la Duma.

El deber de la Duma «opositora» se desprende de aquí por sí mismo. Este deber lo cumplieron solo los socialdemócratas. Según el reconocimiento del semikadete «Tovarishch», fueron precisamente los socialdemócratas quienes plantearon la cuestión con mayor principio en el discurso sobre el presupuesto del diputado Alexinski. Y, contrariamente a la opinión del semikadete «Tovarishch», los socialdemócratas obraron correctamente al presentar una declaración clara, directa y precisa sobre la inadmisibilidad de que los socialdemócratas aprueben un presupuesto como el ruso. Solo habría que añadir en la declaración la exposición del punto de vista socialista sobre el presupuesto del Estado clasista burgués.

A los socialdemócratas les siguieron solo los narodnikis de extrema izquierda, es decir, los socialistas-revolucionarios. La masa de la democracia campesina, los trudoviques y los socialistas populares, vacilan, como siempre, entre el partido liberal y el proletariado: el pequeño propietario se siente atraído por la burguesía, aunque el insoportable yugo de la «opresión» feudal-fiscal lo empuja a la fuerza hacia la clase obrera en lucha.

Los liberales, mientras los trudoviques los siguen, continúan dirigiendo la Duma. A las indicaciones de los socialistas sobre el papel traicionero de los kadetes en la cuestión del presupuesto, responden... con bromas de mal gusto o con frases novovremenistas, menshikovistas, como la exclamación de Struve sobre el gesto efectista de los socialdemócratas, etc.

Pero ni con bromitas, ni con rodeos, ni con frases podrán zafarse de que las dos tareas de los demócratas que hemos señalado más arriba son pisoteadas por el liberalismo burgués.

La traición de los liberales a la revolución, como hemos explicado más de una vez, no consiste en componendas personales, no en la traición personal, sino en la política de clase de una conciliación egoísta con la reacción, de apoyo directo e indirecto a ella. Es precisamente esta política la que llevan a cabo los kadetes en la cuestión del presupuesto. En lugar de explicar la verdad al pueblo, adormecen la atención del pueblo, poniendo deliberadamente en primer plano a hombres oficinescos en un estuche como Kutler. En lugar de explicar la verdad a Europa, fortalecen la posición del gobierno, cambiando por pequeñeces su crítica y negándose así, ante los ojos de Europa, a confirmar la bancarrota de la firma «Stolypin y Cía».

En secreto, también antes realizaban los kadetes esta política cobarde, pequeñoburguesa y miserable. Durante la campaña electoral para la segunda Duma en Petersburgo, los socialdemócratas explicaron en las asambleas populares que los kadetes ayudaron al gobierno en la primavera de 1906 a tomar prestados dos mil millones de francos para las ejecuciones, los consejos de guerra y las expediciones punitivas. Clemenceau declaró a los kadetes que emprendería una campaña contra el empréstito si el partido kadete se pronunciaba formalmente por la inadmisibilidad de este empréstito para el pueblo ruso. Los kadetes se negaron a hacerlo y con ello ayudaron a conseguir dinero para la contrarrevolución. Sobre esta artimaña guardan silencio. Pero ahora en la Duma lo secreto se hace patente. Están cometiendo abiertamente en la Duma la misma maniobra inexpresablemente infame.

Es hora de desenmascararla en todos sus detalles desde la misma tribuna de la Duma y de decir toda la verdad al pueblo.

*Nashe Eco* N° 2, 27 de marzo de 1907.

Se publica según el texto del periódico *Nashe Eco*.