I

El congreso del partido se celebrará, como es sabido, dentro de algunas semanas. Es necesario emprender con la máxima energía los preparativos del congreso y la discusión de las cuestiones tácticas fundamentales que el partido debe resolver en él.

El Comité Central de nuestro partido ha esbozado ya el orden del día del congreso, publicado en los periódicos. Los puntos centrales de este orden del día son: 1) «Tareas políticas inmediatas» y 2) «La Duma de Estado». En cuanto al segundo punto, su necesidad es evidente por sí misma y no puede suscitar discusión. El primer punto, en nuestra opinión, también es necesario, pero con una formulación algo diferente o, mejor dicho, con un contenido algo modificado.

A fin de iniciar de inmediato la discusión en todo el partido sobre las tareas del congreso y las cuestiones tácticas que él debe resolver, la conferencia de representantes de las dos organizaciones de la capital de nuestro partido y del colegio de redacción de *Proletari* elaboró, en vísperas de la convocatoria de la segunda Duma, los proyectos de resolución que publicamos a continuación[15]. Nos proponemos esbozar cómo entendió la conferencia sus tareas, por qué colocó en primer plano proyectos de resolución precisamente sobre tales cuestiones y cuáles son las ideas fundamentales que delineó en estas resoluciones.

Primera cuestión: «Tareas políticas inmediatas».

A nuestro juicio, no se puede plantear así la cuestión ante el congreso del POSDR en la época que estamos viviendo. Esta época es revolucionaria. Todos los socialdemócratas, sin distinción de fracciones, están de acuerdo en esto. Basta examinar la parte de principios de la resolución que fue aprobada por los mencheviques y los bundistas en la Conferencia Panrusa del POSDR en noviembre de 1906 para convencerse de lo acertado de nuestra tesis.

Y en una época revolucionaria no es posible limitarse a definir las tareas políticas inmediatas, por dos razones. En primer lugar, en tales épocas las tareas fundamentales del movimiento socialdemócrata pasan a primer plano y exigen un análisis minucioso de las mismas, a diferencia de las épocas de construcción constitucional «pacífica» y mezquina. En segundo lugar, en semejante época no se pueden definir las tareas políticas inmediatas, pues la revolución se distingue precisamente por el hecho de que son posibles e inevitables las rupturas bruscas, los virajes rápidos, las situaciones inesperadas, las explosiones agudas. Para comprenderlo, basta señalar la posibilidad y la probabilidad de la disolución de una Duma de izquierda y del cambio de la ley electoral en un espíritu de las Centurias Negras.

A los austríacos, por ejemplo, les fue fácil definir su tarea «inmediata» —la lucha por el sufragio universal— cuando todos los indicios señalaban que continuaba una época de desarrollo constitucional más o menos pacífico, consecutivo y gradual. Pero entre nosotros, ¿acaso incluso los mencheviques, en la resolución antes mencionada, no hablan de la imposibilidad de la vía pacífica, de la necesidad de elegir a la Duma no a gestores, sino a luchadores? ¿Acaso no reconocen ellos la lucha por la Asamblea Constituyente? Imagínense un país europeo con un régimen constitucional ya formado y consolidado por un tiempo determinado, en el cual pudiera hablarse de la consigna de «Asamblea Constituyente» y de la contraposición del «gestor» al «luchador» en la Duma, y comprenderán que en tales condiciones no se pueden definir las tareas «inmediatas» como se las define ahora en Occidente. Cuanto más exitoso sea el trabajo en la Duma de la socialdemocracia y de la democracia burguesa revolucionaria, tanto más probable será el estallido de la lucha extraparlamentaria, que nos coloca ante tareas inmediatas completamente distintas.

No. En el congreso del partido debemos discutir no tanto las tareas inmediatas como las tareas fundamentales del proletariado en el momento actual de la revolución burguesa. De lo contrario, nos hallaremos en la situación de personas impotentes y desorientadas ante cada viraje de los acontecimientos (como ya ha ocurrido más de una vez en 1906). Las tareas «inmediatas» no podemos definirlas de todos modos, como tampoco nadie puede predecir si la segunda Duma y la ley electoral del 11 de diciembre de 1905{55} durarán una semana, un mes o medio año. En cambio, la comprensión de las tareas fundamentales del proletariado socialdemócrata en nuestra revolución aún no ha sido elaborada por todo el partido. Y sin tal elaboración, es imposible una política firme y de principios; ninguna persecución de la definición de las tareas «inmediatas» podrá tener éxito.

El Congreso de Unificación no aprobó una resolución sobre la valoración del momento y sobre las tareas del proletariado en la revolución; no la aprobó, a pesar de que los proyectos correspondientes fueron presentados por ambas corrientes del partido socialdemócrata, a pesar de que la cuestión de la valoración del momento fue incluida en el orden del día y discutida en el congreso. Por consiguiente, todos reconocían que estas cuestiones eran importantes, pero la mayoría del Congreso de Estocolmo las consideró entonces como no suficientemente esclarecidas. Es necesario reanudar el análisis de estas cuestiones. Debemos examinar, en primer lugar, cómo es, según las tendencias fundamentales de la evolución socioeconómica y política, el momento revolucionario que vivimos; en segundo lugar, cuál es la agrupación política de las clases (y de los partidos) en la Rusia actual; en tercer lugar, cuáles son, en semejante momento y con semejante agrupación política de las fuerzas sociales, las tareas fundamentales del partido obrero socialdemócrata.

Por supuesto, no cerramos los ojos ante el hecho de que algunos mencheviques (y quizás también el Comité Central) entendían por la cuestión de las tareas políticas inmediatas, simple y llanamente, la cuestión del apoyo a la reivindicación de un ministerio de la Duma, es decir, kadete.

Plejánov, con la precipitación que le es característica —y muy encomiable, por supuesto— al empujar a los mencheviques hacia la derecha, ha salido ya en defensa de esta reivindicación en *Rússkaya Zhizn* (del 23 de febrero).

Nosotros pensamos que ésta es una cuestión importante pero subordinada, y que los marxistas no pueden plantearla por separado, sin una valoración del momento actual de nuestra revolución, sin valorar el contenido de clase del partido kadete y todo su papel político actual. Reducir esta cuestión al puro politicismo, al «principio» de la responsabilidad del ministerio ante la cámara en un régimen constitucional en general, significaría abandonar por completo el punto de vista de la lucha de clases y pasar al punto de vista del liberal.

He aquí por qué nuestra conferencia vinculó la cuestión del ministerio kadete con la valoración del momento actual de la revolución.

En la resolución correspondiente, comenzamos ante todo la motivación con una cuestión que todos los marxistas consideran fundamental: la cuestión de la crisis económica y de la situación económica de las masas. La conferencia adoptó la formulación: la crisis «no muestra signos de una rápida liquidación». Esta formulación es, quizás, demasiado cautelosa. Pero para el partido socialdemócrata, desde luego, es importante establecer hechos indiscutibles, esbozar los trazos fundamentales, dejando la elaboración científica de la cuestión a la literatura del partido.

Sobre la base de la crisis, constatamos (punto segundo de los motivos) la agudización de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía (hecho indudable, y las manifestaciones de esta agudización son de todos conocidas) y, a continuación, la agudización de la lucha social en el campo. En el campo no hay ante los ojos acontecimientos vívidos, que salten inmediatamente a la vista, tales como lock-outs, pero ya medidas del gobierno como las leyes agrarias de noviembre{56} («el soborno de la burguesía campesina») testimonian que la lucha se agudiza, que los terratenientes se ven obligados a dirigir todos sus esfuerzos a escindir al campesinado para debilitar el embate general de éste.

Adónde conducirán en última instancia estos esfuerzos, no lo sabemos. Todas las revoluciones burguesas «inconclusas» (expresión de Marx) «concluían» con el paso del campesinado acomodado al lado del orden{57}. La socialdemocracia, en todo caso, debe hacerlo todo para desarrollar la conciencia de las más amplias capas del campesinado, para que ellas esclarezcan la lucha de clases que se desarrolla en el campo.

A continuación, en el tercer punto, se constata el hecho fundamental de la historia política de Rusia durante el año: el «viraje a la derecha» de las clases altas y el «viraje a la izquierda» de las clases bajas. Pensábamos que, en particular en las épocas revolucionarias, la socialdemocracia debe, en sus congresos, hacer el balance de los períodos del desarrollo social, aplicando a éstos sus métodos marxistas de investigación, enseñando a otras clases a volver la mirada atrás y a considerar los acontecimientos políticos de manera principista, y no desde el punto de vista del interés del minuto o del éxito de algunos días, como hace la burguesía, que desprecia, en rigor, toda teoría y teme todo análisis de clase de la historia que se está viviendo.

El fortalecimiento de los extremos significa el debilitamiento del centro. El centro no son los octubristas, como erróneamente pensaban algunos socialdemócratas (entre ellos Mártov), sino los kadetes. ¿Cuál es la tarea histórico-objetiva de este partido? Los marxistas deben responder a esta pregunta si quieren permanecer fieles a su doctrina. La resolución responde: «poner fin a la revolución mediante concesiones aceptables (pues los kadetes son partidarios de un acuerdo voluntario) para los terratenientes de las Centurias Negras y para la autocracia». En el conocido trabajo de K. Kautsky, *La revolución social*, se explicó bien que la reforma se distingue de la revolución por el hecho de que mantiene el poder en manos de la clase opresora, que aplasta la insurrección de los oprimidos mediante concesiones aceptables para los opresores sin destruir su poder.

La tarea objetiva de la burguesía liberal en la revolución democrático-burguesa es precisamente ésta: conservar, a costa de concesiones «razonables», la monarquía y la clase terrateniente.

¿Es realizable esta tarea? Depende de las circunstancias. Un marxista no puede considerarla como absolutamente irrealizable. Pero semejante desenlace de la revolución burguesa significa: 1) la mínima libertad de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa (el progreso económico de Rusia será incomparablemente más rápido con la destrucción revolucionaria de la propiedad terrateniente que con su transformación según el plan kadete); 2) la insatisfacción de las necesidades fundamentales de las masas populares, y 3) la necesidad de reprimirlas por la violencia. Sin la represión violenta de las masas, el desarrollo constitucional «pacífico» kadete es irrealizable. Debemos grabarnos esto firmemente e inculcarlo en la conciencia de las masas. La «paz social» kadete es la paz para el terrateniente y el fabricante; es la «paz» de la insurrección campesina y obrera aplastada.

La represión castrense de Stolypin y las «reformas» kadetes son las dos manos de un mismo opresor.

II

Han pasado ocho días desde la publicación de nuestro primer artículo sobre este tema, y la vida política ha traído ya toda una serie de acontecimientos importantes que han confirmado lo dicho entonces por nosotros y han arrojado viva luz —«del hecho consumado (¿o que se está consumando?)»— sobre las dolorosas cuestiones entonces abordadas.

El viraje de los kadetes a la derecha ha quedado ya plasmado en la Duma. El apoyo de Rodíchev a Stolypin mediante la prédica de la moderación, la cautela, la legalidad, la calma, el no excitar al pueblo, y el apoyo, el famoso apoyo «por todos los medios», de Stolypin a Rodíchev, se han convertido en un hecho{58}.

Este hecho confirmó brillantemente la justeza de nuestro análisis de la situación política actual, análisis hecho antes de la apertura de la segunda Duma, en los proyectos de resolución redactados del 15 al 18 de febrero. Nos negamos a seguir la propuesta del Comité Central y a discutir las «tareas políticas inmediatas»; señalamos la completa inconsistencia de semejante propuesta en una época revolucionaria; sustituimos esta cuestión de la política del minuto por la cuestión de los fundamentos de la política socialista en la revolución burguesa.

Y una semana de desarrollo revolucionario ha justificado plenamente nuestra previsión.

La vez pasada analizamos la parte motivadora de nuestro proyecto de resolución. El punto central de esta parte era la constatación de que el debilitado partido del «centro», es decir, el partido liberal-burgués de los kadetes, se esfuerza por poner fin a la revolución mediante concesiones aceptables para los terratenientes de las Centurias Negras y para la autocracia.

Todavía ayer, se puede decir, Plejánov y sus partidarios del ala derecha del POSDR declaraban que esta idea del bolchevismo, defendida por nosotros con tesón durante todo el año 1906 (e incluso antes, desde 1905, desde la aparición del folleto *Dos tácticas*[16]), era una conjetura semifantástica, engendrada por una visión insurreccional del papel de la burguesía, o por lo menos una advertencia inoportuna, etc.

Hoy todos ven que teníamos razón. La «aspiración» de los kadetes comienza a realizarse, e incluso un periódico como *Továrisch*, que odiaba al bolchevismo acaso más que nadie por su despiadada denuncia de los kadetes, dice a propósito de los rumores sobre negociaciones de los kadetes con el gobierno de las Centurias Negras, desmentidos por *Rech*[17]: «no hay humo sin fuego».

A nosotros no nos queda sino saludar esta renovación de la «semana bolchevique» en *Továrisch*. Sólo nos queda señalar que la historia ha confirmado todas nuestras advertencias y consignas; la historia ha desenmascarado toda la ligereza (en el mejor de los casos, ligereza) de aquellos «demócratas» e incluso, desgraciadamente, de algunos socialdemócratas que rechazaban con desdén nuestra crítica de los kadetes.

¿Quién decía en la época de la primera Duma que los kadetes regateaban a espaldas del gobierno? Los bolcheviques. Y después resultó que una figura como Trépov estaba a favor del ministerio kadete.

¿Quién llevó a cabo con mayor energía la campaña de denuncias a propósito de la visita de Miliukov a Stolypin el 15 de enero, en plena lucha electoral (supuesta lucha) del partido de la supuesta libertad popular contra el gobierno? Los bolcheviques.

¿Quién recordó en las reuniones preelectorales de Petersburgo y en los primeros días de la segunda Duma (véase el periódico *Novy Luch*) que el empréstito de 1906, por dos mil millones de francos, fue otorgado de hecho por Dúbasov y Cía. con la ayuda indirecta de los kadetes, que rechazaron la propuesta formal de Clemenceau de alzarse abiertamente, en nombre del partido, contra este empréstito? Los bolcheviques.

¿Quién, en vísperas de la segunda Duma, puso en el primer plano de la política del democratismo consecuente (es decir, proletario) la denuncia del «carácter traicionero de la política kadete»? Los bolcheviques.

El más leve soplo de viento barrió, como una pelusa, todas las habladurías sobre el apoyo a la reivindicación de un ministerio de la Duma, o de un ministerio responsable, o la exigencia de subordinar el poder ejecutivo al legislativo, etc. Los sueños de Plejánov de hacer de esta consigna una señal para el combate decisivo o un medio de ilustración de las masas resultaron ser los sueños de un filisteo bonachón. Seguramente, ya nadie se atreverá ahora a apoyar seriamente semejantes consignas. La vida ha mostrado —o, mejor dicho, ha comenzado a mostrar— que aquí, en realidad, no se trata en absoluto del «principio» de una aplicación más plena y más consecuente del «principio constitucional», sino precisamente de un componenda de los kadetes con la reacción. La vida ha demostrado que tenían razón quienes, bajo la apariencia liberal de un principio general supuestamente progresista, veían y mostraban los estrechos intereses de clase de un liberal amedrentado que designa con bellas palabras cosas repugnantes y sucias.

La justeza de las conclusiones de nuestra primera resolución ha sido confirmada, por tanto, mucho más pronto de lo que podíamos esperar, y de un modo mucho mejor: no por la lógica, sino por la historia; no por las palabras, sino por los hechos; no por las decisiones de los socialdemócratas, sino por los acontecimientos de la revolución.

Primera conclusión: «la crisis política que se desarrolla ante nuestros ojos no es una crisis constitucional, sino una crisis revolucionaria que conduce a la lucha directa de las masas del proletariado y del campesinado contra la autocracia».

Segunda, que se desprende directamente de la primera: «la próxima campaña de la Duma debe, por tanto, ser considerada y utilizada únicamente como uno de los episodios de la lucha revolucionaria del pueblo por el poder».

¿En qué consiste la esencia de la diferencia entre la crisis constitucional y la crisis revolucionaria? En que la primera puede ser resuelta sobre la base de las leyes fundamentales y los órdenes existentes del Estado, mientras que la segunda exige la demolición de esas leyes y de los órdenes feudales. Hasta ahora, la idea expresada en nuestras conclusiones era compartida por toda la socialdemocracia rusa, sin distinción de fracciones.

Sólo en el último tiempo se ha fortalecido entre los mencheviques una corriente que se inclina hacia un punto de vista directamente opuesto: a desechar todo pensamiento de lucha revolucionaria, a permanecer dentro de la presente «constitución» y a actuar sobre su base. He aquí los puntos significativos del proyecto de resolución sobre la actitud hacia la Duma de Estado, redactado por los «camaradas Dan, Koltsov, Martínov, Mártov, Negórev y otros, con la participación de un grupo de prácticos», y publicado en el núm. 47 de *Rússkaya Zhizn*[18] (existe también una edición en hoja aparte):

«…2) la tarea de la lucha directa por el poder, que se eleva al lugar central en la revolución rusa, se reduce (?), en la presente correlación de fuerzas sociales (?), principalmente a la cuestión (?) de la lucha por (?) la representación popular;

…3) las elecciones a la segunda Duma, que dieron una cantidad considerable de partidarios consecuentes (?) de la revolución, han demostrado que en las masas populares madura la conciencia de la necesidad de esta (?) lucha por el poder…»

Por muy confusa, por muy embrollada que sea la exposición de estos puntos, la tendencia se transparenta con claridad: en lugar de la lucha revolucionaria del proletariado y del campesinado por el poder, se reducen las tareas del partido obrero a una lucha liberal por la representación popular dada, o sobre su base. Queda por ver si todos los mencheviques reconocen efectivamente en la actualidad, o en el quinto congreso del partido, semejante planteamiento de la cuestión.

En todo caso, el viraje de los kadetes a la derecha y la aprobación «por todos los medios» de los mismos por Stolypin pronto obligarán al ala derecha de nuestro partido a plantear la cuestión con crudeza: o continuar la política de apoyo a los kadetes y situarse de esa manera definitivamente en la senda del oportunismo, o romper por completo con el apoyo a los kadetes y adoptar la política de la independencia socialista del proletariado y de la lucha por la liberación de la pequeña burguesía democrática de la influencia y la hegemonía de los kadetes.

La tercera conclusión de nuestra resolución reza: «La socialdemocracia, como partido de la clase avanzada, no puede en ningún caso apoyar en el momento actual la política kadete en general y el ministerio kadete en particular. La socialdemocracia debe hacer todos los esfuerzos para poner al desnudo ante las masas el carácter traicionero de esta política; explicarles las tareas revolucionarias que tienen ante sí; demostrarles que sólo con una elevada conciencia y una sólida organización de las masas las posibles concesiones de la autocracia pueden convertirse, de instrumento de engaño y corrupción, en instrumento de ulterior desarrollo de la revolución».

No negamos en general la posibilidad de concesiones parciales, ni renunciamos a utilizarlas. El texto de la resolución no deja a este respecto ninguna duda. Es posible también que el ministerio kadete pueda encajar, en uno u otro aspecto, en la categoría de «concesiones de la autocracia». Pero el partido de la clase obrera, sin renunciar a aceptar «el pago a plazos» (expresión de Engels){59}, no debe olvidar en ningún caso la otra cara del asunto, particularmente importante y que con particular frecuencia pierden de vista los liberales y los oportunistas, a saber: el papel de las «concesiones» como instrumento de engaño y corrupción.

El socialdemócrata que no quiera convertirse en un reformista burgués no puede olvidar esta cara. Los mencheviques la olvidan de manera imperdonable al decir en la resolución antes citada: «…la socialdemocracia apoyará todos los esfuerzos de la Duma por subordinar a sí el poder ejecutivo…» Los esfuerzos de la Duma de Estado significan los esfuerzos de la mayoría de la Duma. La mayoría de la Duma, como ya ha mostrado la experiencia, puede componerse de derechistas y kadetes contra la izquierda. Los «esfuerzos» de una mayoría semejante pueden subordinar a sí el «poder ejecutivo» de tal manera que empeoren la situación del pueblo o lo engañen de modo manifiesto.

Esperemos que los mencheviques se hayan dejado llevar aquí simplemente por el entusiasmo: no apoyarán todos los esfuerzos de la mayoría de la actual Duma en la dirección indicada. Pero es característico, desde luego, el hecho de que eminentes dirigentes del menchevismo hayan podido adoptar semejante formulación.

El viraje de los kadetes a la derecha obliga de hecho a todos los socialdemócratas, sin distinción de fracciones, a adoptar la política de negarse a apoyar a los kadetes, la política de desenmascarar su traición, la política de un partido independiente y consecuentemente revolucionario de la clase obrera.

*Proletari*, núms. 14 y 15, 4 y 25 de marzo de 1907.

Se publica según el texto del periódico *Proletari*.