San Petersburgo, 21 de marzo de 1907.

La situación ha cambiado sustancialmente desde que hace tres semanas se escribió el editorial del número 14 de *Proletari*[23]. El gobierno y los kadetes, la autocracia de las centurias negras y la burguesía liberal-monárquica han dado un paso al encuentro mutuo y se disponen a unir sus manos para, mediante un esfuerzo conjunto, estrangular la revolución y, en lugar de tierra y libertad, arrojar al pueblo una mísera limosna que lo condena a un estado de semihambruna y semiesclavitud. Examinemos más de cerca la situación creada.

Dos problemas pesan como una losa sobre el corazón de la autocracia de las centurias negras: el presupuesto y la cuestión agraria. Sin la aprobación del presupuesto por la Duma no hay crédito. Sin encubrir de algún modo, aunque sea temporalmente, la llaga abierta del problema de la tierra, no hay esperanza ni siquiera de una calma poco duradera. El gobierno no se atreve a disolver la Duma sin el presupuesto y una ley agraria aprobada por ella. Teme la disolución de la Duma y al mismo tiempo la pregona, poniendo en movimiento todo el aparato centurionegrista de la Unión del Pueblo Ruso, para atemorizar a los tímidos e inclinar a la transigencia a los vacilantes. Quiere intentar arrancar una concesión a la Duma, tapándole la boca con la amenaza de disolución. Y después ya se verá qué hacer con la «alta» asamblea, cubierta de oprobio, escupida y arrojada al barro. De ahí las súplicas de que se apruebe el presupuesto, las seguridades de que el ministro de Finanzas ni siquiera piensa plantear a la Duma de Estado la cuestión de autorizar un empréstito. De ahí también los discursos correctos del señor Vasílchikov acerca de que el gobierno «protegerá la inviolabilidad de aquellas lindes donde entran en contacto» «los intereses de los individuos, de los grupos y de los estamentos particulares», pero al mismo tiempo «reconoce su deber de extender esta protección en la medida en que las lindes señaladas coincidan con los intereses generales del Estado. Allí donde estas lindes no coincidan con dichos intereses, deben ser desplazadas». En estas palabras, particularmente en el pasaje que hemos subrayado, se encierra sin duda una inclinación de cabeza apenas perceptible hacia los kadetes, una leve alusión a una cierta concebibilidad de la «expropiación forzosa» kadete.

¿Y qué responden los kadetes a todos estos avances difícilmente captables? ¡Oh! Ellos se esfuerzan con todas sus fuerzas por hacer aprehensible lo inaprehensible, por convertir lo velado de alusiones misteriosas y reticencias en algo abierto y pactado hasta el final. Y por ello, a su vez, hacen al gobierno avances incomparablemente mayores, le abren su alma, aunque, por la prudencia que les es propia, de momento solo a medias, y tienden tímidamente la mano para recibir el dedo índice que, con condescendencia, les tiende el señor Stolypin. En su número del 18 de marzo, el periódico oficioso kadete *Rech* informa al mundo entero de que el partido de la libertad popular está ultimando la elaboración de un nuevo proyecto de ley agraria que convierte a este partido en «el mejor armado para la discusión práctica de la cuestión de la tierra», y en el que «con el nuevo planteamiento del problema se ha tomado mucho más en consideración lo que suele llamarse la correlación real de fuerzas». Al día siguiente, en la sesión de la Duma, el diputado Kutler pronunció un discurso verdaderamente «de negocios» y con él levantó un tanto (aunque ni mucho menos por completo) el velo tras el cual, por ahora, se ocultan pudorosamente el «realismo» y el «carácter práctico» del nuevo fruto de la creatividad legislativa del partido kadete. Por lo que pudo entenderse, el realismo práctico en este caso se reduce, en primer lugar, a que en lugar de la «norma de consumo», en muchas localidades se dará a los campesinos mucha menos tierra, «cuanta resulte posible», como se expresa de manera muy poco clara el señor Kutler. Al parecer, el resultado es que muchos millones de desiatinas de tierras de los terratenientes pueden quedar tranquilamente sin expropiar incluso con la «expropiación forzosa». Esto significa solo «desplazar un tanto las lindes», como lo expresa el señor Vasílchikov. El segundo rasgo que caracteriza el «realismo» del nuevo proyecto de ley es descrito por el señor Kutler en los siguientes términos: «las tierras sujetas a adjudicación a los campesinos» deben «entregarse en posesión definitiva a los campesinos», de modo que «estas tierras, bajo ninguna condición, les serán arrebatadas en el futuro», serán «transferidas a los campesinos no para uso temporal, sino permanente», a la vez que será necesario «restringir únicamente el derecho de enajenación e hipoteca». Todo esto se aproxima de nuevo mucho a la «intención» del gobierno, proclamada por boca del señor Vasílchikov, de «extender los bienes que dimanan de los principios de la propiedad también a aquella enorme extensión de tierras de propiedad campesina que hasta ahora se ha visto privada de estos bienes». Y, en fin, el tercer rasgo «de negocios» del nuevo proyecto de ley agraria kadete merece una atención especial: antes se suponía el rescate de la tierra a cargo del erario, mientras que ahora «una parte conocida de los gastos que implicará la reforma agraria debe ser resarcida por los propios campesinos, aproximadamente en la mitad de su cuantía». Y bien, ¿en qué se diferencia esto del pago por los campesinos de los impuestos de redención por la mitad de su importe, establecido por el gobierno para 1906? La concordancia de principio del proyecto agrario kadete con los «planes» del gobierno aparece así con bastante claridad. Tanto menos está sujeta a duda cuanto que también la obligatoriedad kadete de la expropiación de la tierra es ficticia: ¿quién va a «obligar» en los comités agrarios kadetes cuando estos estén compuestos mitad por campesinos, mitad por terratenientes, y sus intereses serán «conciliados» por funcionarios? El trato está a punto de cerrarse. No en vano el observador de la Duma de *Rech*, en el número del 20 de marzo, comenta a propósito del discurso del señor Vasílchikov: «con tal planteamiento del problema, este pasa a un terreno práctico». ¡Y este es, a fe, el mayor elogio en boca de los kadetes de ahora!

En lo que concierne al presupuesto, la posición conciliadora de los kadetes con respecto a la autocracia de las centurias negras se perfila con suficiente claridad en el editorial del mismo número de *Rech* del 20 de marzo. Aquí se califica de «mentira manifiesta» el rumor «de que el partido de la libertad popular propone rechazar el presupuesto en su conjunto», aquí se expresa la seguridad de que «los representantes del pueblo aprobarán, probablemente con ciertas modificaciones, el presupuesto para 1907» y, en fin —¡escuchen, señores!—, aquí se afirma que «si la Duma obtiene pruebas de la disposición del señor ministro de Finanzas a ir al encuentro de la ampliación de sus derechos (dentro de los límites de las “leyes fundamentales”, por supuesto —véase más arriba el mismo artículo—), en su seno puede nacer una mayor confianza hacia el gobierno», y ciertamente «si la Duma tuviera motivos para confiar en el señor ministro de Finanzas, podría acceder a una fórmula que se reduzca a autorizar un empréstito por la cantidad que resulte necesaria» (las cursivas son nuestras). Esta es la joya que corona dignamente toda esa larga cadena de concesiones vergonzosas, toda esa venta al por menor de la libertad popular, venta al por menor necesaria para, al fin y al cabo, vender la libertad popular al por mayor.

Quien tenga la paciencia de seguir todos los pormenores de este vergonzoso regateo entre los centurionegristas y los burgueses liberales, en la medida en que esos pormenores se perfilan hasta el momento presente, no abrigará dudas: las fuerzas contrarrevolucionarias se organizan para asestar el golpe definitivo, el golpe mortal, al gran movimiento liberador, para quebrantar a los luchadores fuertes y audaces, y para engañar y apartar a los ingenuos, a los tímidos y a los irresolutos. Las derechas, el grupo polaco{69}, los kadetes se unen en un todo único para asestar este golpe. El gobierno atemoriza a los kadetes y a los trudoviques con el aullido de la centuria negra azuzada por él mismo, que exige la disolución de la Duma y la aniquilación de la «vil constitución». Los kadetes atemorizan a los mismos trudoviques remitiéndose a ese mismo aullido y a las supuestas intenciones de Stolypin de disolver la Duma de inmediato. Todas estas amenazas y temores son necesarios a la autocracia centurionegrista y a la burguesía liberal para ponerse mejor de acuerdo a espaldas del pueblo, para, tras un reparto amistoso, despojar a este pueblo. ¡Trudoviques de todos los matices, no os dejéis engañar! ¡Velad por los intereses del pueblo! ¡Impedid el sucio trato de los kadetes con el gobierno! ¡Camaradas socialdemócratas! Estamos seguros de que comprenderéis la situación, de que iréis al frente de todos los elementos revolucionarios de la Duma, de que abriréis los ojos a los trudoviques sobre la traición vergonzosa que está perpetrando la burguesía liberal-monárquica. Estamos seguros de que, amenazadora y rotundamente, desde la tribuna de la Duma, desenmascararéis esta traición ante todo el pueblo.

*Proletari* núm. 15, 25 de marzo de 1907.

Se publica según el texto del periódico *Proletari*.

Primera página del manuscrito de V. I. Lenin «Proyecto de discurso sobre la cuestión agraria en la segunda Duma de Estado». — 1907. (Reducido)