Escrito el 19 de marzo (1 de abril) de 1907; «En lugar de un epílogo», entre el 19 y el 25 de marzo (1 y 7 de abril) de 1907.

Publicado en abril de 1907 en la recopilación II «Cuestiones de táctica». San Petersburgo, ed. «Nóvaya Duma». Firmado: N. Lenin

Se publica según el texto de la recopilación

No podemos dejar de agradecer a los camaradas mencheviques por haber publicado en el número 47 de «Rússkaya Zhizn» (24 de febrero) el primer proyecto de resolución (elaborado por los camaradas Dan, Koltsov, Martýnov, Mártov, Negórev y otros, con la participación de un grupo de militantes prácticos). (Existe también una edición en hoja suelta.) Para prepararse seriamente para el congreso del partido, es necesario publicar con antelación los proyectos de resolución y analizarlos detenidamente.

La resolución está dedicada a la actitud ante la Duma de Estado.

Punto 1:

«En el momento actual, después de siete meses de dominio de la más desenfrenada dictadura, que no encontró una resistencia organizada por parte de las masas populares aterrorizadas, la actividad de la Duma de Estado, al despertar la atención de estas masas hacia la vida política del país, puede y debe contribuir a su movilización y al desarrollo de su actividad política.»

¿Qué han querido decir con esto? ¿Que la Duma es mejor que la falta de Duma? ¿O es esto un preámbulo a la idea de que hay que “proteger a la Duma”? Al parecer, esa es precisamente la idea de los autores. Pero no está expresada. Solo hay una insinuación. Una resolución no se puede escribir con insinuaciones.

Punto 2:

«La tarea de la lucha directa por el poder, que está pasando (probablemente errata en lugar de: erigiéndose) a ocupar un lugar central en la revolución rusa, se reduce, en la actual correlación de fuerzas sociales, principalmente a la cuestión de la lucha por la representación popular.»

No en vano este punto ha merecido los elogios de «Rech» (editorial del 27 de febrero: «para la socialdemocracia rusa esto es un enorme paso adelante»... «un éxito de la conciencia política»). Es, realmente, un punto sencillamente monstruoso.

¡¿Cómo es posible que la tarea de la lucha por el poder se reduzca a la cuestión de «la lucha por la representación»?! ¿Qué significa «lucha por la representación popular»? ¿A qué «actual correlación de fuerzas sociales» se refieren? En el punto anterior solo se decía que «el dominio de siete meses de la más desenfrenada dictadura no encontró una resistencia organizada por parte de las masas populares aterrorizadas». ¿Acaso la ausencia de una resistencia organizada de las masas durante 7 meses, habiendo un evidente y enorme viraje a la izquierda de las masas, que se manifestó al final de esos siete meses en las elecciones, dice algo sobre la «correlación de fuerzas sociales»?

Esto revela una falta de claridad del pensamiento político casi increíble.

La correlación de fuerzas sociales ha cambiado evidentemente en el último medio año en el sentido de que el «centro», los liberales, se ha debilitado; se han fortalecido y reforzado los extremos: los centenaristas negros y la «izquierda». Las elecciones a la segunda Duma lo han demostrado de manera irrefutable. Por tanto, la correlación de fuerzas sociales, debido al agravamiento de las contradicciones políticas (y también económicas: lockouts, hambrunas, etc.), se ha vuelto más revolucionaria. ¿Por qué milagro han podido nuestros mencheviques llegar a la conclusión contraria, que les ha obligado a atenuar las tareas revolucionarias («lucha por el poder»), rebajándolas a una especie de tareas liberales («lucha por la representación popular»)?

«La desenfrenada dictadura» y una Duma de izquierda: está claro que de aquí se desprende la conclusión contraria: la tarea liberal de luchar sobre la base de la representación popular o por su conservación es una utopía pequeñoburguesa, ya que, dadas las condiciones objetivas, semejante tarea es irrealizable sin la «lucha directa por el poder».

El pensamiento político menchevique avanza como el cangrejo.

Conclusión del segundo punto: los mencheviques se han desviado de la posición de socialdemócratas revolucionarios a la posición de los liberales. La «nebulosidad» final del segundo punto («lucha por la representación popular») expresa de hecho la idea de la burguesía liberal, que, achacando su propio «terror» ante la revolución a la «aterrorización de las masas populares», se apresura, con este pretexto, a renunciar a la lucha revolucionaria («lucha directa por el poder») en favor de una lucha supuestamente legal («lucha por la representación popular»). ¡Stolypin pronto enseñará, seguramente, a los mencheviques lo que significa, «en la actual correlación de fuerzas sociales», la «lucha por la representación popular»!

Punto 3:

«Las elecciones a la 2.ª Duma, que han dado un número considerable de partidarios consecuentes de la revolución, han mostrado que en las masas populares madura la conciencia de la necesidad de esta lucha por el poder.»

¿Qué es esto? ¿Cómo es posible? ¡En el punto 2, de la actual correlación de fuerzas sociales se deducía la sustitución de la lucha por el poder por la lucha por la representación, y ahora, de los resultados de las elecciones, se deduce que madura en las masas la conciencia de la necesidad de «esa» lucha por el poder!

Esto es una confusión, camaradas. Habría que rehacerlo aproximadamente así: punto segundo: «Las elecciones a la segunda Duma han mostrado que en las masas populares madura la conciencia de la necesidad de la lucha directa por el poder.» Punto tercero: «Por eso, la aspiración de la burguesía liberal de limitar su actividad política a la lucha sobre la base de la representación popular dada expresa, desde el punto de vista ideológico, la desesperante obtusidad de nuestros liberales, y desde el punto de vista material, su aspiración (irrealizable en el momento actual) de poner fin a la revolución mediante un pacto con la reacción.» Si, además de esto, nuestros marxistas se hubieran esforzado en el punto 1 en definir qué causas económicas han provocado el agravamiento de los extremos políticos en el pueblo, entonces habría podido resultar algo coherente.

Luego, ¿qué es eso de «partidarios consecuentes de la revolución»? Es evidente que aquí se tiene en cuenta a la democracia pequeñoburguesa, principalmente campesina, es decir, a los trudovikí (en sentido amplio, incluyendo a los socialistas populares y a los socialrevolucionarios), porque la diferencia entre la segunda Duma y la primera es precisamente esa. Pero, en primer lugar, esto es de nuevo una insinuación, y las resoluciones no se escriben con insinuaciones. Y, en segundo lugar, ¡eso es falso, camaradas! Por calificar a los trudovikí de «partidarios consecuentes de la revolución», debemos acusaros formalmente de profesar una herejía furibunda. Partidario consecuente (en el sentido estricto de la palabra) de la revolución burguesa solo puede ser el proletariado, pues en la clase de los pequeños productores, de los pequeños propietarios, son inevitables las vacilaciones entre las aspiraciones de propietario y las aspiraciones revolucionarias; por ejemplo, en los socialrevolucionarios, en las elecciones de Petersburgo, entre la aspiración de venderse a los kadetes y la aspiración de luchar contra los kadetes.

Por eso, probablemente estaréis de acuerdo con nosotros, camaradas, en que hay que expresarse con más cautela, aproximadamente en el espíritu de la resolución bolchevique (véase «Nóvy Luch» del 27 de febrero):

«… los partidos del trabajo… expresan de manera más o menos directa los intereses y el punto de vista de las amplias masas del campesinado y de la pequeña burguesía urbana, oscilando entre la subordinación a la hegemonía de los liberales» (las elecciones en Petersburgo, la elección de un kadete para presidente de la Duma) «y la lucha decidida contra la propiedad terrateniente y el Estado feudal…»[19].

A propósito, no podemos dejar de señalar que en esa resolución el camarada Koltsov (junto con otros mencheviques) incluye a los trudovikí entre los partidarios consecuentes de la revolución, mientras que en el número 49 de «Rússkaya Zhizn» el mismo Koltsov incluye a los trudovikí en la democracia rural, la cual, a diferencia de la urbana (es decir, de los kadetes), «en muchísimos casos defenderá las viejas y caducas formas de producción y de sociabilidad». ¡Poco redondo resulta esto, camaradas!

Punto 4:

«La presencia en el seno de la Duma de tales partidarios consecuentes de la revolución, al elevar y fortalecer la confianza de las masas populares en esta institución, le facilita la posibilidad de convertirse en un centro efectivo de la lucha de todo el pueblo por la libertad y el poder.»

La conclusión es «simpática», qué duda cabe. Pero la lógica vuelve a cojear. Con este punto, los mencheviques ponen fin a toda la parte motivadora de la resolución. Sobre esta cuestión no dicen ni una palabra más en toda la resolución. Y la conclusión resulta coja.

Si los «partidarios consecuentes de la revolución» no constituyen en la Duma la mayoría, sino solo un «número considerable» (como dice –y dice con toda razón– el punto 3), está claro que existen también adversarios de la revolución y partidarios no consecuentes de la revolución. Así pues, existe la «posibilidad» de que la Duma en su conjunto «se convierta en un centro efectivo» de una política democrática no consecuente, y no en modo alguno de «la lucha de todo el pueblo por la libertad y el poder».

En ese caso se produciría una de estas dos cosas: (1) O bien la confianza de las masas populares en esa institución no aumentaría ni se fortalecería, sino que disminuiría y se debilitaría. (2) O bien la conciencia política de las masas populares se corrompería, porque la política de los partidarios inconsecuentes de la revolución sería percibida por las masas como una política democrática consecuente.

De aquí se desprende con toda claridad que, de las premisas planteadas por los mencheviques, se deduce inevitablemente una conclusión que ellos, por alguna razón, han omitido: el partido del proletariado, como partidario consecuente de la revolución, debe esforzarse sin desmayo por que los partidarios de la revolución no del todo consecuentes (por ejemplo, los trudovikí) sigan a la clase obrera contra los partidarios inconsecuentes de la revolución y, en especial, contra los partidarios declarados de poner fin a la revolución (por ejemplo, los kadetes).

La ausencia de esta conclusión en los mencheviques hace que les resulte imposible atar cabos. ¡Resulta que, con motivo de la presencia de un “número considerable” de “partidarios consecuentes de la revolución” en la Duma, hay que votar… precisamente por un partidario declarado de poner fin a la revolución!

¡No está nada bien eso, camaradas!

La parte final de la resolución que examinamos dice (tomemos punto por punto) lo siguiente:

«La socialdemocracia, desenmascarando las ideas ilusorias acerca de la Duma de Estado como una verdadera institución legislativa, explica a las masas populares, por un lado, el verdadero carácter de la Duma, que es de hecho una institución consultiva en materia legislativa, y por otro, la posibilidad y la necesidad de utilizar esa institución, por imperfecta que sea, para continuar la lucha por el poder popular, y participa en la labor legislativa de la Duma guiándose por las siguientes tesis…»

Es una expresión atenuada de esa idea, que está formulada con más fuerza en la resolución del IV Congreso (de Unificación) con las palabras acerca de “convertir” la Duma en un “instrumento de la revolución”, de llevar a las masas a la conciencia de la “completa inutilidad de la Duma”, etc.

«… I а) La socialdemocracia somete a su crítica, desde el punto de vista de los intereses del proletariado urbano y rural y de un democratismo consecuente, las propuestas y proyectos de ley de todos los partidos no proletarios, y les contrapone sus propias reivindicaciones y propuestas, vinculando en esta labor las tareas políticas inmediatas con las necesidades socioeconómicas de las masas proletarias y con las demandas del movimiento obrero en todas sus formas.

Pensemos en esta condición: “una vez aplicados en la práctica”. El objetivo de su apoyo es contribuir a que el “mal menor” se aplique en la práctica. Pero, ¿acaso quien lo aplica es la Duma? ¡No, son la Duma más el Consejo de Estado{61}, más el poder supremo! Por lo tanto, no existe garantía alguna de que con su apoyo contribuyan ustedes a que el “mal menor” se aplique en la práctica. Y al apoyar el “mal menor”, al votar por él, cargan ustedes sin duda, sobre ustedes, sobre el partido proletario, con una parte de la responsabilidad por el reformismo burgués a medias, por la labor legislativa de la Duma, que es, en esencia, una comedia, ¡y que ustedes mismos han reconocido como tal!

¿A santo de qué, pues, realizar ese arriesgado “apoyo”? Porque corre el riesgo de debilitar directamente la conciencia revolucionaria de las masas, a la que ustedes mismos apelan, ¡y su utilidad práctica es “ilusoria”!

Ustedes escriben resoluciones no sobre la labor reformista en general (en ese caso bastaría con decir que la socialdemocracia no renuncia a ella), sino sobre la segunda Duma. Ya han dicho que en esta Duma hay un número considerable de “partidarios consecuentes de la revolución”. Por lo tanto, tienen en cuenta una composición partidaria de la Duma ya definida. Es un hecho. Saben que en esta Duma no solo hay “partidarios consecuentes de la revolución”, sino también “partidarios inconsecuentes de las reformas”; no solo hay izquierdas y trudovikí, sino también kadetes, y que estos últimos son, por sí solos, más fuertes que las derechas (kadetes y quienes se les adhieren, incluidos los narodovtsi, unos 150 contra 100 derechistas). Ante tal estado de cosas en la Duma, para que el “mal menor” se aplique en la práctica no necesitan ustedes[20] apoyarlo; les basta con abstenerse cuando la reacción luche contra los “partidarios inconsecuentes de las reformas”. El resultado práctico (en el sentido de que los proyectos de ley se apliquen en la práctica) será el mismo, mientras que en el plano ideológico-político es indudable que ganarán en integridad, pureza, firmeza y convicción de su posición como partido del proletariado revolucionario.

¿Acaso puede un socialdemócrata revolucionario menospreciar esta circunstancia?

Los mencheviques miran hacia arriba, en vez de mirar hacia abajo. Prestan más atención a la viabilidad del “mal menor” mediante un arreglo entre los “partidarios inconsecuentes de la reforma” y la reacción (pues tal es el significado real de aplicar los proyectos de ley en la práctica) que al desarrollo de la conciencia y de la capacidad combativa de los “partidarios consecuentes de la revolución”, que, según dicen, son “un número considerable” en la Duma. Los mencheviques observan, y acostumbran al pueblo a observar, el acuerdo de los kadetes con la autocracia (la aplicación en la práctica del “mal menor”, de las reformas), y no el llamamiento de los partidarios más o menos “consecuentes de la revolución” a la masa. No es una política proletaria, sino liberal. Es proclamar de palabra el carácter ilusorio de los derechos legislativos de la Duma y, de hecho, fortalecer en el pueblo la fe en las reformas legislativas a través de la Duma y debilitar la fe en la lucha revolucionaria.

¡Sean más consecuentes y honestos, camaradas mencheviques! Si están convencidos de que la revolución ha terminado, si de esa convicción suya (¿tal vez obtenida por vía científica?) se desprende una falta de fe en la revolución, entonces no hay nada que hablar de revolución, entonces sus tareas inmediatas deben reducirse a la lucha por las reformas.

En cambio, si creen en lo que dicen, si consideran realmente que “un número considerable” de diputados de la segunda Duma son “partidarios consecuentes de la revolución”, entonces deben poner en primer plano no el apoyo a las reformas (apoyo prácticamente inútil e ideológicamente perjudicial), sino la clarificación de la conciencia revolucionaria en esos partidarios, el fortalecimiento en ellos, mediante la presión del proletariado, de la organización y la decisión revolucionarias.

«… b) La socialdemocracia aprovecha la discusión tanto de los diversos proyectos de ley como del presupuesto del Estado para poner al descubierto no solo los aspectos negativos del régimen existente, sino también todas las contradicciones de clase de la sociedad burguesa…»

Un objetivo muy bueno. Para poner al descubierto las contradicciones de clase de la sociedad burguesa, hay que reducir los partidos a las clases. Hay que luchar contra el espíritu de una “oposición” “única” y “sin partido” en la Duma, y desenmascarar sin piedad la estrechez de clase, por ejemplo, de los kadetes, que son quienes más pretenden emborronar las “contradicciones de clase” mediante el rótulo de la supuesta “libertad popular”.

Deseemos que los mencheviques no se limiten a hablar de poner al descubierto las contradicciones de clase de la sociedad burguesa (y “no solo” las vilezas de la autocracia), sino que también lo hagan…

«… c) En la cuestión del presupuesto, la socialdemocracia se guía por el principio: “ni un kopek al gobierno irresponsable”…»

Un principio magnífico, que sería del todo bueno si en lugar de “irresponsable” figurara otra palabra que indicara no la responsabilidad del gobierno ante la Duma (eso es una ficción en esta “constitución”), sino su “responsabilidad” ante el poder supremo (eso no es una ficción, sino una realidad, porque el poder real no está en manos del pueblo, y los propios mencheviques hablan de la maduración de “la lucha por el poder”).

Había que decir: “ni un kopek al gobierno en tanto todo el poder no esté en manos del pueblo”.

«II. La socialdemocracia se vale del derecho de interpelación para desenmascarar ante el pueblo el verdadero carácter del gobierno existente y la plena contradicción de todos sus actos con los intereses del pueblo; para esclarecer la situación de la clase obrera en la ciudad y en el campo, así como las condiciones de su lucha por mejorar su situación política y económica; para poner de relieve el papel que desempeñan respecto a la clase obrera tanto el gobierno y sus agentes, como las clases poseedoras y los partidos políticos que las representan…»

Un punto muy bueno. Lástima que hasta ahora (19 de marzo) nuestros diputados socialdemócratas hayan hecho tan poco uso de ese derecho de interpelación.

… III. Apoyándose sobre la base de este trabajo en la más estrecha comunicación con las masas obreras y esforzándose, en su actividad legislativa, por ser la expresión de su movimiento organizado, la socialdemocracia coadyuva a la organización de las mismas, así como, en general, de las masas populares, para apoyar a la Duma en su lucha contra el viejo régimen y para crear condiciones que posibiliten a la Duma salir, en su actividad, más allá de los límites de las leyes fundamentales que la encadenan…

En primer lugar, no cabe hablar de actividad «legislativa» de los socialdemócratas. Habría que decir: «actividad en la Duma».

En segundo lugar, la consigna de «apoyar a la Duma en su lucha contra el viejo régimen» no concuerda en absoluto con las premisas de la resolución y es, en esencia, incorrecta.

En los motivos de la resolución se habla de la lucha revolucionaria por el poder y de la presencia en la Duma de «un número considerable de partidarios consecuentes de la revolución».

¿Por qué, entonces, la categoría revolucionaria completamente clara de «lucha por el poder» se sustituye aquí por la difusa «lucha contra el viejo régimen», es decir, una expresión que incluye directamente la lucha reformista? ¿No habría que rehacer los motivos en el sentido de que, en lugar de la lucha «ilusoria» por el poder, se erige la «tarea de la lucha por las reformas»?

¿Por qué se habla aquí de apoyar a «la Duma» y no de apoyar a los «partidarios consecuentes de la revolución» por parte de las masas? Resulta, pues, que los mencheviques llaman a las masas a apoyar a los partidarios inconsecuentes de las reformas. No está bien esto, camaradas.

Por último, las palabras sobre el apoyo a «la Duma» en su lucha contra el viejo régimen, en esencia, engendran ideas directamente erróneas. Apoyar a «la Duma» significa apoyar a la mayoría de la Duma. La mayoría son los kadetes más los trudoviques. Significa que vosotros, implícitamente, es decir, sin decirlo directamente, habéis dado una caracterización de los kadetes: ellos «luchan contra el viejo régimen».

Tal caracterización es incorrecta e incompleta. Esas cosas no se dicen a medias insinuaciones. Hay que decirlas directa y claramente. Los kadetes no «luchan contra el viejo régimen», sino que aspiran a reformar, a remozar ese mismo viejo régimen, persiguiendo ya ahora un acuerdo completamente claro y abierto con el viejo poder.

Callar esto en la resolución, dejarlo en la sombra, significa desviarse del punto de vista proletario hacia el liberal.

… IV. Coadyuvando con esta actividad suya al desarrollo del movimiento popular dirigido a la conquista de la asamblea constituyente, la socialdemocracia apoyará, como etapa en esta lucha popular, todos los esfuerzos de la Duma de Estado por subordinar a sí misma el poder ejecutivo, desbrozando de este modo el terreno para el paso de todo el poder estatal a manos del pueblo…

Este es el punto más importante de la resolución, que contiene la famosa consigna del ministerio «de la Duma» o «responsable». Hay que analizar este punto tanto desde el punto de vista de la formulación como, después, en esencia.

Este punto está formulado de modo sumamente extraño. Los mencheviques no pueden no saber que esta cuestión es de las más importantes. No pueden no saber, además, que tal consigna ya fue enarbolada una vez por el Comité Central de nuestro partido, precisamente durante la primera Duma, y que entonces el partido no aceptó esta consigna. Esto es hasta tal punto cierto que incluso la fracción socialdemócrata de la primera Duma, compuesta, como se sabe, únicamente por mencheviques y que tenía como líder a un menchevique tan destacado como el camarada Zhordania, ¡incluso esta fracción no aceptó la consigna de «ministerio responsable», no habiéndola enarbolado ni una sola vez en ningún discurso en la Duma!

Parecería que esto es más que suficiente para una actitud especialmente atenta hacia la cuestión. Y en lugar de ello, vemos ante nosotros el punto más negligentemente redactado en una resolución, en general, insuficientemente meditada.

¿Por qué en lugar de la clara consigna de «ministerio responsable» (Plejánov en «Rússkaya Zhizn») o «ministerio de la mayoría de la Duma» (resolución del CC en la época de la primera Duma) se ha elegido una formulación nueva, mucho más nebulosa? ¿Es esto sólo una versión diferente del mismo «ministerio responsable» o es algo distinto? Analicemos estas cuestiones.

¿De qué manera podría la Duma subordinar a sí misma el poder ejecutivo? O bien legalmente, sobre la base de la constitución monárquica dada (o ligeramente modificada), o bien ilegalmente, «saliendo más allá de los límites de las leyes fundamentales que la encadenan», derrocando al viejo poder, convirtiéndose en una convención revolucionaria, en un gobierno provisional, etc. La primera posibilidad significa precisamente lo que se acostumbra expresar con las palabras: ministerio «de la Duma» o «responsable». La segunda posibilidad: la participación activa de «la Duma» (es decir, de la mayoría de la Duma) en la lucha directamente revolucionaria por el poder. No puede haber otros caminos de «subordinación» del poder ejecutivo a la Duma, y no cabe plantear aquí la cuestión particular de cómo podrían entrelazarse entre sí los más diversos caminos: no estamos ante una cuestión científico-académica sobre qué situaciones son posibles en general, sino ante una cuestión práctico-política sobre qué es exactamente lo que la socialdemocracia debe apoyar y qué no debe.

La conclusión de aquí es clara. La nueva formulación parece como si estuviera inventada a propósito para ocultar la esencia de la cuestión controvertida, para ocultar la verdadera voluntad del congreso, cuya expresión debe ser la resolución. La consigna de «ministerio responsable» suscitó y suscita agudas disputas entre los socialdemócratas. El apoyo a los pasos revolucionarios de la Duma no suscitó ni suscita no ya disputas agudas, sino que, quizás, ni siquiera desacuerdo alguno entre los socialdemócratas. ¿Qué decir después de esto sobre las personas que propusieron una resolución que difumina los desacuerdos mediante la unificación de lo controvertido y lo incontrovertible bajo una fórmula general difusa? ¿Qué decir sobre las personas que propusieron plasmar la decisión del congreso en unas palabras que no deciden nada, dando la posibilidad a unos de entender bajo estas palabras los pasos revolucionarios de la Duma «que sale más allá de los límites», etc., a otros, de entender bajo esto el acuerdo de Miliukov con Stolypin sobre la entrada de los kadetes en el ministerio?

Sobre las personas que actúan así, lo más suave que puede decirse es: retroceden, arrojando un velo sobre un programa otrora claro, otrora abiertamente expresado, de apoyo al ministerio kadete.

Y en adelante, por lo tanto, dejaremos a un lado esta formulación embrollada y que embrolla irremediablemente la cuestión. Hablaremos sólo de la esencia de la cuestión, del apoyo a la reivindicación del ministerio «responsable» (o, lo que es lo mismo, kadete).

¿Con qué motiva la resolución la necesidad de apoyar la reivindicación del ministerio de la Duma o responsable? Con que esto es «una etapa en la lucha popular por la asamblea constituyente», con que esto es «el terreno para el paso de todo el poder a manos del pueblo». Esta es toda la motivación. Responderemos a ella con un breve resumen de nuestros argumentos contra el apoyo por la socialdemocracia a la reivindicación del ministerio de la Duma.

1) Es completamente inadmisible para un marxista limitarse a la contraposición abstracto-jurídica del ministerio «responsable» al «irresponsable», del «de la Duma» al autocrático, etc., como hace Plejánov en «Rússkaya Zhizn» y como hicieron siempre los mencheviques al analizar esta cuestión. Esta es una disquisición liberal-idealista y no proletario-materialista.

Hay que analizar el significado de clase de la medida discutida. Quien haga esto, comprenderá que su contenido es un acuerdo o un intento de acuerdo de la autocracia con la burguesía liberal para poner fin a la revolución. El significado objetivo-económico del ministerio de la Duma es precisamente ese. Por eso los bolcheviques tenían pleno derecho y fundamento para decir: el ministerio de la Duma o responsable, es, de hecho, el ministerio kadete. Los mencheviques se enfadaban y gritaban sobre la suplantación, el amaño, etc. Pero se enfadaban porque no querían comprender el argumento de los bolcheviques, que reducían la ficción jurídica (en realidad, el ministerio de la Duma será responsable más ante el monarca que ante la Duma, ¡más ante los terratenientes liberales que ante el pueblo!) a su base de clase. Y por mucho que se enfade el camarada Mártov, por mucho que grite sobre que ahora incluso la Duma no es kadete, no debilitará ni un ápice con ello la conclusión irrefutable: en esencia, se trata precisamente del ministerio kadete, pues el quid está precisamente en este partido liberal-burgués. La posible composición mixta del ministerio de la Duma (kadetes más octubristas, más «sin partido», más incluso un mal «trudovique» o un supuesto «izquierdista», etc.) no cambiaría en absoluto esta esencia de la cuestión. Sortear esta esencia de la cuestión, como hacen los mencheviques y Plejánov, significa sortear el marxismo.

Apoyar la reivindicación de un ministerio de la Duma o «responsable» es, en esencia, apoyar la política kadete en su conjunto y, particularmente, un ministerio kadete (tal como se decía en el primer proyecto de resolución bolchevique para el V Congreso). Quien teme reconocer esto, reconoce con ello la debilidad de su propia posición, la debilidad de los argumentos en favor de que la socialdemocracia apoye a los kadetes en general.

Siempre hemos sostenido y sostenemos que la socialdemocracia no puede apoyar arreglos de la autocracia con la burguesía liberal, arreglos dirigidos a frenar la revolución.

2) Los mencheviques consideran siempre el ministerio de la Duma como un paso hacia lo mejor, como un alivio para la lucha ulterior por la revolución, y la resolución que examinamos ha expresado claramente esta idea. Pero en esto los mencheviques cometen un error, cayendo en la unilateralidad. Un marxista no puede responder por la victoria plena de la presente revolución burguesa en Rusia: ello significaría caer en el idealismo democrático burgués y en el utopismo. Nuestra tarea es luchar por la victoria plena de la revolución, pero no tenemos derecho a olvidar que antes han existido y hoy pueden existir revoluciones burguesas inconclusas, a medias.

Los mencheviques formulan, en cambio, su resolución de manera tal, que el ministerio de la Duma resulta ser una etapa obligatoria en la lucha por la asamblea constituyente, etc., etc. Esto es directamente incorrecto. Un marxista no tiene derecho a examinar el ministerio de la Duma únicamente desde este lado, pasando por alto la posibilidad objetiva de dos tipos de desarrollo económico de Rusia. La transformación democrático-burguesa en Rusia es inevitable. Pero ésta es posible sea manteniendo la hacienda terrateniente y su paulatina transformación en hacienda capitalista junker (la reforma agraria stolypiniana y liberal), o bien con la destrucción de la hacienda terrateniente y la entrega de las tierras al campesinado (revolución campesina, apoyada por el programa agrario socialdemócrata).

Un marxista está obligado a examinar el ministerio kadete no desde uno, sino desde ambos lados: como etapa posible de la lucha por la asamblea constituyente y como etapa posible de la liquidación de la revolución burguesa. Según las intenciones de los kadetes y de Stolypin, el ministerio de la Duma debe desempeñar el segundo papel; según la situación objetiva de las cosas, puede desempeñar tanto el segundo como el primero[21].

Al olvidar la posibilidad (y el peligro) de una limitación liberal y de la detención de la revolución burguesa, los mencheviques se desvían del punto de vista de la lucha de clases del proletariado hacia el punto de vista de los liberales, que embellecen también la monarquía, el rescate, las dos cámaras, la detención de la revolución, etc., etc.

3) Pasando del aspecto económico-clasista al aspecto jurídico-estatal del problema, ha de decirse que los mencheviques examinan el ministerio de la Duma como un paso hacia el parlamentarismo, como una reforma que perfecciona el régimen constitucional y alivia al proletariado su utilización para su lucha de clase.

Pero éste es, una vez más, un punto de vista unilateral de los «fenómenos alentadores». En el acto de nombramiento de ministros surgidos de la mayoría de la Duma (justamente tal nombramiento era el que reivindicaban los kadetes en la primera Duma) falta un rasgo muy sustancial de la reforma: no hay un reconocimiento legislativo de un determinado cambio general en la constitución. Es – en cierta medida – un acto singular, incluso personal. Se apoya en acuerdos, negociaciones, condiciones entre bastidores. No en vano «Rech» ha reconocido ahora (¡en marzo de 1907!) que en junio de 1906 hubo negociaciones de los k.-d. con el gobierno, que todavía (!) no eran susceptibles de ser divulgadas. Incluso la voz sekundaria de los kadetes, «Továrisch», reconoció inadmisible este juego de escondite. Y no es de extrañar que Pobedonóstsev (según informaciones periodísticas) pudiera proponer una medida semejante: ¡nombrar ministros liberales, kadetes, para disolver luego la Duma y cambiar el ministerio! Esto no sería una revocación de una reforma, un cambio de la ley; sería un «acto constitucional» plenamente legal del monarca. Apoyando las aspiraciones kadetes al ministerio de la Duma, los mencheviques, en la práctica, contrariamente a su voluntad y conciencia, apoyaban las negociaciones entre bastidores y los acuerdos a espaldas del pueblo.

Los mencheviques no contraían ni podían contraer «compromiso» alguno con los kadetes al hacer esto. Les regalaban su apoyo, se lo daban a crédito, introduciendo turbación y corrupción en la conciencia de la clase obrera.

4) Hagamos otra concesión a los mencheviques. Admitamos el mejor caso posible: a saber, que el acto de nombramiento de ministros de la Duma resulte no solo un acto personal, no solo un engaño al pueblo y un acuerdo de fachada, sino el primer paso de una reforma constitucional real, que mejore realmente las condiciones de lucha del proletariado.

Incluso en este caso, de ningún modo se puede justificar que la socialdemocracia enarbolara la consigna de apoyar la reivindicación del ministerio de la Duma.

Esto es una etapa hacia lo mejor, un terreno para la lucha ulterior, ¿decís vosotros? Admitámoslo. ¿Y acaso no sería, sin duda, una etapa hacia lo mejor el sufragio universal, pero indirecto? ¿Por qué no declarar entonces que la socialdemocracia apoya la reivindicación del sufragio universal, pero indirecto, como «etapa» en la lucha por la «fórmula de los cuatro miembros», como «terreno para el tránsito» hacia esta fórmula? ¡En eso nos acompañarían no solo los kadetes, sino también los pederaki{62} y una parte de los octubristas! ¡Una etapa «nacional-general» hacia la lucha popular por la asamblea constituyente: he aquí lo que significa el apoyo de la socialdemocracia al sufragio universal, pero indirecto y no secreto!

Decididamente, no hay ninguna diferencia de principio entre apoyar la reivindicación del ministerio de la Duma y apoyar la reivindicación del sufragio universal, pero indirecto y no secreto.

Justificar el enarbolamiento de la consigna «ministerio responsable» porque es una etapa hacia lo mejor, etc., significa no comprender los fundamentos de la cuestión sobre la actitud de la socialdemocracia ante el reformismo burgués.

Toda reforma es reforma (y no una medida reaccionaria ni conservadora) solo en la medida en que significa un determinado paso, una «etapa» hacia lo mejor. Pero toda reforma en la sociedad capitalista tiene un carácter dual. La reforma es una concesión que hacen las clases gobernantes para detener, debilitar o sofocar la lucha revolucionaria, para dispersar la fuerza y la energía de las clases revolucionarias, para ofuscar su conciencia, etc.

Por eso, la socialdemocracia revolucionaria, sin renunciar en absoluto a utilizar las reformas en interés del desarrollo de la lucha revolucionaria de clase («aceptamos también los pagos a cuenta», wir nehmen auch Abschlagszahlung, decía Friedrich Engels{63}), en ningún caso «hace suyas»[22] las consignas reformistas burguesas a medias.

Proceder así, significa actuar completamente al modo de Bernstein (¡Plejánov tendrá que rehabilitar a Bernstein para defender su política actual! ¡No en vano el órgano de Bernstein, «Sozialistische Monatshefte»{64}, no se cansa de elogiar a Plejánov!), significa convertir a la socialdemocracia «en un partido democrático-socialista de reformas» (conocida sentencia de Bernstein en sus célebres «Premisas del socialismo»).

La socialdemocracia examina las reformas y utiliza las reformas como subproducto de la lucha revolucionaria de clase del proletariado.

Y aquí llegamos a nuestro último argumento contra la consigna examinada:

5) ¿Con qué puede la socialdemocracia, en la práctica, acercar la realización de toda suerte de reformas en general, de las reformas constitucionales en Rusia en particular, del ministerio de la Duma y de sus resultados útiles para el proletariado, en especial? ¿Haciendo «suyas» las consignas de los reformistas burgueses, o bien rehusando resueltamente «hacer suyas» semejantes consignas, continuando librando de manera inflexible la lucha revolucionaria de clase del proletariado bajo la bandera de las consignas plenas, íntegras? La respuesta a esta pregunta no es difícil.

«Haciendo nuestras» las consignas siempre a medias, siempre mutiladas, siempre bifaces del reformismo burgués, en la práctica no reforzamos, sino que debilitamos la probabilidad, la posibilidad y la cercanía de la realización de la reforma. Pues la fuerza real que engendra las reformas es la fuerza del proletariado revolucionario, de su conciencia, de su cohesión, de su decisión inexorable en la lucha.

Estas cualidades del movimiento de masas las debilitamos y paralizamos al lanzar a las masas consignas reformistas burguesas. El sofisma burgués habitual consiste en que, cediendo en algo de nuestras reivindicaciones y consignas revolucionarias (planteando, por ejemplo, un “ministerio de la Duma” en lugar del “poder autocrático del pueblo” y de la asamblea constituyente, como “etapa”, etc.), acrecentamos la probabilidad de realizar dicha medida atenuada, ya que por ella, se dice, se alzarían tanto el proletariado como una u otra parte de la burguesía.

Esto es un sofisma burgués, afirma la socialdemocracia revolucionaria internacional. Por el contrario, con ello debilitamos la probabilidad de realizar la reforma, pues en nuestra persecución de las simpatías de la burguesía, que siempre hace concesiones solo a la fuerza, debilitamos la conciencia revolucionaria de las masas, la corrompemos, la enturbiamos. Nos adaptamos servilmente a la burguesía, a su pacto con la monarquía, perjudicando con ello el desarrollo de la lucha revolucionaria de las masas. El resultado que siempre se obtiene es que, con tal táctica, las reformas o bien están ausentes o bien resultan ser un puro engaño. El único apoyo sólido de las reformas, la única garantía seria de que no sean ficticias, de que se utilicen para el bien del pueblo, es la lucha revolucionaria independiente del proletariado, que no rebaja sus consignas.

Los mencheviques, desde junio de 1906, lanzan a las masas la consigna de apoyar la reivindicación de un ministerio de la Duma. Con ello debilitan y enturbian la conciencia revolucionaria de las masas, rebajan la envergadura de la agitación, disminuyen la probabilidad de que esta reforma se realice y la posibilidad de utilizarla.

Hay que intensificar la agitación revolucionaria entre las masas, lanzar más ampliamente, desarrollar con mayor claridad nuestras consignas completas, no recortadas; con ello, en el mejor de los casos, aproximaremos la victoria completa de la revolución, y en el peor, arrancaremos algunas concesiones a medias (como el ministerio de la Duma, el derecho electoral universal pero no directo, etc.) y nos aseguraremos la posibilidad de convertirlas en instrumento de la revolución. Las reformas son un producto secundario de la lucha de clases del proletariado revolucionario. Hacer de la obtención del producto secundario una causa “propia” significa caer en el reformismo liberal-burgués.

El último punto de la resolución:

«V. Considerando la actividad en la Duma como una de las formas de la lucha de clases, la fracción socialdemócrata en la Duma conserva su plena independencia, entrando en cada caso particular en acuerdos para acciones agresivas con aquellos partidos y grupos cuyas tareas, en el momento dado, coinciden con las tareas del proletariado, y para acciones defensivas dirigidas a proteger la representación popular misma y sus derechos, con aquellos partidos que estén interesados en la lucha contra el viejo régimen por el triunfo de la libertad política».

Tan buena es aquí la primera parte (hasta la palabra «entrando»), como mala y directamente absurda es la segunda.

¿Qué es esa ridícula diferenciación entre acciones «agresivas» y «defensivas»? ¿Acaso nuestros mencheviques no recordaron el lenguaje de «Ruskiye Vedomosti»{65} de los años 90 del siglo pasado, cuando los liberales argumentaban que el liberalismo en Rusia «protege», mientras que la reacción es «agresiva»? Piénsese solamente: ¡los marxistas, en lugar de las “viejas” divisiones de las acciones políticas en revolucionarias y reformistas, revolucionarias y contrarrevolucionarias, parlamentarias y extraparlamentarias, nos obsequian una nueva clasificación: las acciones “defensivas” “protegen” lo dado; las “agresivas” van más allá! ¡Teman a Dios, camaradas mencheviques! ¡Hasta qué punto habría que haber perdido todo instinto de la lucha de clases revolucionaria para no notar el vulgar regusto de esta diferenciación entre lo “defensivo” y lo “agresivo”!

¡Y qué divertidamente, como un objeto en un espejo cóncavo, se refleja en esta fórmula impotente aquella verdad amarga (para los mencheviques) que no quieren reconocer abiertamente! Los mencheviques se han acostumbrado a hablar de los partidos en general, temiendo nombrarlos con precisión y delimitarlos claramente, acostumbrados a echar el velo de una denominación general: «partidos democráticos de oposición», tanto sobre los kadetes como sobre los de izquierda. Ahora sienten que se avecina un cambio. Sienten que los liberales, en esencia, ahora solo son capaces de proteger (¡mediante genuflexiones, como “Ruskiye Vedomosti” “protegía” al zemstvo en los años 80!) la Duma actual y nuestra actual, perdonen la expresión, “constitución”. Los mencheviques sienten que la burguesía liberal no puede ni quiere ir más lejos (ser “agresivos” — ¡existen también estos términos viles!). Y esta conciencia confusa de la verdad por parte de los mencheviques se ha reflejado en una fórmula divertida y sumamente embrollada, por cuyo significado literal resulta que ¡los socialdemócratas son capaces de entrar alguna vez en acuerdos para acciones cuyas “tareas” no coinciden con las tareas del proletariado!

Este acorde final de la resolución menchevique, este ridículo temor a decir directa y claramente la verdad —a saber, que la burguesía liberal, los k.-d., han dejado completamente de ayudar a la revolución—, expresa magníficamente todo el espíritu de la resolución que acabamos de analizar.

En lugar de un epílogo

Las líneas precedentes ya estaban escritas cuando recibí las resoluciones de la conferencia de febrero (1907) de la «Unión del Territorio de Estonia» del POSDR{66}.

En esta conferencia intervinieron (al parecer, como delegados del Comité Central) los camaradas mencheviques M. y A. Durante la discusión de la cuestión de la Duma Estatal, visiblemente presentaron la misma resolución que yo analizaba más arriba. Y he aquí que es sumamente instructivo observar qué cambios introdujeron en esta resolución los camaradas socialdemócratas estonios. Citamos íntegramente la resolución adoptada por la conferencia:

Sobre la actitud hacia la Duma Estatal

«Para satisfacer las necesidades populares, la Duma Estatal no tiene ningún poder ni fuerza, ya que todo el poder se encuentra como antes en manos de los enemigos del pueblo: la autocracia zarista, la burocracia y un puñado de terratenientes. Por ello, la socialdemocracia debe destruir sin piedad las ilusorias esperanzas en la fuerza legislativa de la actual Duma Estatal y explicar al pueblo que solo una asamblea constituyente de todo el pueblo con plenos poderes, elegida libremente por el propio pueblo tras la abolición de la autocracia zarista, está en condiciones de satisfacer las reivindicaciones populares.

Sin embargo, con los fines de desarrollar la autoconciencia de clase del proletariado, la educación política de las masas populares, el desarrollo y la organización de las fuerzas revolucionarias, la socialdemocracia debe utilizar también esta impotente, débil Duma Estatal. En vista de ello, la socialdemocracia participa en la actividad de la Duma Estatal sobre las siguientes bases:

I. La socialdemocracia, partiendo de los intereses del proletariado urbano y rural y de los principios del democratismo consecuente, critica todas las propuestas y proyectos de ley del gobierno y de los partidos burgueses y el presupuesto estatal, y les contrapone sus propias reivindicaciones y proyectos de ley, partiendo constantemente para ello de las reivindicaciones y necesidades de las amplias masas populares, desenmascarando con tal actividad la inutilidad del régimen existente y las contradicciones de clase de la sociedad burguesa.

II. La socialdemocracia se sirve del derecho de interpelación para poner al desnudo la esencia y la naturaleza del actual gobierno y mostrar al pueblo que toda su actividad está dirigida directamente contra los intereses del pueblo, para esclarecer la situación de falta de derechos de la clase obrera y arrojar luz sobre el papel que el gobierno y las clases dominantes y los partidos que en ellas se apoyan desempeñan en relación con la clase obrera. Entre otras cosas, la socialdemocracia debe luchar contra el partido conciliador y traidor de los kadetes, desenmascarando su tibieza y su hipócrita democratismo, para liberar así de su hegemonía e influencia a la pequeña burguesía revolucionaria, obligándola a marchar tras el proletariado.

III. Como partido de la clase proletaria, la socialdemocracia debe actuar siempre de manera independiente en la Duma Estatal. La socialdemocracia no debe concluir ningún acuerdo o pacto permanente con otros partidos revolucionarios y de oposición en la Duma Estatal que coarte la libertad de acción de la socialdemocracia. En casos particulares, cuando las tareas y los pasos de otros partidos coincidan con las tareas y los pasos de la socialdemocracia, los socialdemócratas pueden y deben entablar negociaciones con otros partidos respecto a dichos pasos.

IV. Puesto que el pueblo no puede tener ningún acuerdo con el actual gobierno de la servidumbre y solo una asamblea constituyente con plenos poderes está en condiciones de satisfacer las demandas y necesidades populares, la conferencia no considera tarea del proletariado luchar por un ministerio responsable ante la actual Duma impotente. El proletariado debe luchar no bajo la bandera del ministerio responsable, sino bajo la bandera de la asamblea constituyente.

V. Luchando de esta manera, la fracción socialdemócrata en la Duma Estatal debe vincularse del modo más estrecho con las masas proletarias y las amplias masas populares fuera de la Duma y, contribuyendo a la organización de estas masas, crear un ejército revolucionario para derrocar la autocracia.

Los comentarios sobran. En mi artículo traté de mostrar cómo no se deben escribir resoluciones como la analizada. En su resolución, los socialdemócratas revolucionarios estonios mostraron cómo se deben corregir las resoluciones inadecuadas.